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foto Los 33

Está la soledad, está la solidaridad, está el dolor, está la incertidumbre, está la frustración, está el amor, está la fraternidad, está la sobrevivencia, está el liderazgo, está la envidia, está la equidad, está la valentía, está la ambición, está la culpa, está la conmoción, está el triunfo, está la esperanza, está la felicidad, está el vacío y el brusco retorno a la misma realidad de pobreza y angustia de quienes hacen ese trabajo y de sus familias.

Está el homenaje a los 21.000 mineros que mueren cada año en el mundo bajo las montañas adoloridas e indignadas de tanta ambiciosa explotación de sus recursos por parte de compañías privadas o estatales inescrupulosas e indolentes.

Está la denuncia a las grandes empresas mineras del planeta, a las cuales ni la tragedia ocurrida en Chile les conmovió y nunca pagaron ni siquiera una indemnización ni un seguro de vida por todo lo que los 33 mineros debieron pasar.

Está el silencio consensuado de los poderosos medios de comunicación que callaron durante un día la tragedia en un acto de cobardía y de silencio a la espera de que el gobierno les dijera que podían difundir la información.

Está la indolencia y la falta de firmeza de un régimen de derecha presidido por uno de los hombres más millonarios de Chile, que no fue capaz de exigir a esos dueños de las empresas mineras que al menos paguen a sus trabajadores todo lo que les costó a esos 33 héroes vivir casi tres meses en estado de shock.

Está la decisión de no rendirse por parte de las personas que nos quieren (con razón, el líder de los 33, Mario Sepúlveda, reflexiona en una parte de la película que lo único que tenemos los seres humanos es la familia y que ella es lo que nos mueve a pelear cada segundo de la existencia).

Está la necesidad de que solamente mirando a los demás valoremos lo que tenemos a nuestro alrededor, la gente que nos quiere, las personas dispuestas a jugarse la vida por nosotros.

Está un país entero pendiente de que la vida no frustre los sueños y las existencias de quienes trabajan en uno de los más peligrosos oficios del mundo.

Está el gesto de artistas, futbolistas y periodistas que enviaron su energía positiva a quienes adentro luchaban por no dejarse morir.

Está un poder político y un gobierno incapaces de exigir a los dueños de la mina que asumieran las consecuencias de su irresponsabilidad por horadar y socavar más de un siglo en busca de acumular ambiciones.

Están los grandes medios de comunicación del mundo, “preocupados” del suceso, con enviados especiales, porque mantener al público más de dos meses con noticias diarias lo que podía o no podía suceder les daba un altísimo rating.

Está el libro del periodista y novelista Héctor Tobar, premio Pulitzer, quien cuenta la increíble historia de los 33 mineros chilenos atrapados 600 metros bajo tierra durante más de dos meses y medio y su extraordinario rescate.

Está la calidad de Tobar para «sumergir al lector en un mundo de incertidumbre con una prosa visceral en tiempo presente y un ritmo cuidado», según el The New York Times Book Review.

Está la notable actuación de Antonio Banderas como el líder del grupo, Mario Sepúlveda.

Están Rodrigo Santoro, Juliette Binoche, Kate del Castillo y Mario Casas.

Está la directora mexicana Patricia Riggen.

Y con ellos está la lección más importante para un grupo de personas en situación extrema: el egoísmo mata.

Pero está la lucha colectiva que nos vuelve más sensibles, más profundos, más seres humanos, mejores individuos.

Está todo, o casi todo, en la película “Los 33”.