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La periodista húngara Petra Lázslo, del canal húngaro N1TV, de ultraderecha, que este martes 8 de septiembre agredió a niñas y ancianos inmigrantes mientras cubría una redada policiaca en contra de los recién llegados desde Siria, ha creado un nuevo género periodístico que no puede denominarse de otra manera: el periodismo vil e infame.

Mientras ella y sus colegas reporteaban la presencia temerosa y aterrada de miles de inmigrantes sirios en la frontera con Bosnia, cuando la policía húngara intentaba hacerlos retroceder la frontera, Petra Lázslo no solamente que se complacía captando decenas de imágenes en primer plano de los angustiados rostros de ancianos y niños, sino que intervino en forma directa en esa realidad.

Pateaba, empujaba y golpeaba a los inmigrantes que buscaban evitar la captura de la Policía. Lo hacía con gesto violento pero, al mismo tiempo, morboso.

No solamente era un acto xenófobo, no solamente era su odio hacia el extranjero.

Era una actitud antiética destinada a crear una realidad más dramática, destinada a que las imágenes que su camarógrafo captara se volvieran más duras y estremecedoras.

Esa es, en todas partes del mundo, la forma que tienen los medios de comunicación de ganar rating o audiencias en radio o TV o de generar mayor venta de ejemplares impresos. Mostrar en primer plano rostros de niños con ataques de pánico o gestos indefensos de adultos mayores es un buen negocio. Las audiencias parecen lamentarse y no se despegan del medio que les muestra aquello, pero, en lo profundo, gozan con un morbo especial de ver que a otros les ocurren tragedias y a ellos no.

En busca de ese efecto más sensacionalista, la reportera Petra Lázslo puso una zancadilla a una niña que, desesperada, trataba de escapar de los toletazos de los gendarmes, asida a una mano de su abuelo.

Cuando la niñita siria cayó y con ella también su abuelo,Petra Lázslo y sus colegas se acercaron con sus cámaras y aprovecharon todas las posibilidades que les daba la escena.

Así, los fotógrafos y camarógrafos captaron el dolor y la angustia que sentían una pequeña y un hombre mayor arrojados al piso.

No me venga Hungría con el cuento de que se despidió del canal público a la reportera y con eso se lavan la cara ante el mundo.

El propio régimen húngaro y la mayoría de ciudadanos de ese país se han mostrado particularmente hostiles a la llegada de inmigrantes sirios que huyen de una guerra manipulada por los Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y la OTAN.

Los propios húngaros, que tanto sufrieron en las guerras mundiales, que fueron desplazados por millones de sus antiguos territorios, que sufrieron la represión y la crueldad de los nazis, de los estalinistas, de los gringos, que fueron mirados con recelo cuando cayó el muro de Berlín y volvieron al capitalismo, ellos son los que ahora más se oponen a que lleguen a su país miles de inocentes que huyen de la masacre del Ejército Islámico (ISIS), grupo terrorista entrenado, armado y guiado por Estados Unidos para derrocar al gobierno pro ruso de Al Asad.

Lázslo, por tanto, no está sola en sus vilezas y actitudes canallas. Lázslo no es la única que siente ese odio y lo expresa en sus gestos personales y profesionales.

Quizás la gran mayoría de húngaros y ciudadanos de los países de la Unión Europea deberían desfilar por las calles de París, lo que tanto les gusta a los dueños del mundo, tomados de los brazos reclamando paz cuando son ellos mismos, los cínicos, los que atizan las guerras.

¿Lázslo despedida de su trabajo? No tiene ninguna importancia. En Hungría este momento hay millones de Lázslos y en los medios de comunicación hay centenares de Lázslos.

Y aunque digan que la han despedido, porque frente a la evidencia vista por el mundo no les quedaba otro remedio,Petra Lázslo y sus colegas consiguieron lo que se propusieron.

Los medios donde trabajan,  también.

Pero quienes vieron desde sus casas la TV o leyeron los diarios, insuflados de patrioterismo y de xenofobia, no supieron que esas tremendas imágenes las consiguieron Petra Lázslo y sus colegas con el acto inhumano jamás visto antes en contra de los refugiados y los inmigrantes, en contra de los seres más frágiles y más hambrientos y más pobres que intentan ganar un metro cuadrado en un continente que grita, orgulloso, “todos somos Petra Lázslo”.

¡Hipócritas!

https://www.youtube.com/watch?v=KOdj_NKuigE