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Las “Gatitas miau”, un supuesto grupo de música y baile que participó este domingo 20 en el programa franquicia “Ecuador Tiene Talento IV” (ETT), de Ecuavisa, fue otro vergonzoso episodio de televisión-basura.

En el video fíjense cómo las cámaras siguen a las supuestas agresivas por los pasillos del canal hacia la calle. Hay música de suspenso. Se encienden los reflectores.

¿Eso fue espontáneo o parte de un burdo espectáculo para ganar rating?

La Superintendencia de Comunicación (Supercom) reaccionó de inmediato con una “amonestación escrita”, es decir, solo con un papelito que a Ecuavisa le importará menos que lo que le importa su rating dominical, armado de tal forma que la audiencia “no se mueva de su asiento”: ETT IV, noticiero y Visión 360. Y a dormir repleto de mediocridades, sesgos, distorsiones y basura.

Yo no creo que la “amonestación escrita” de la Supercom sirva porque el problema es mucho más profundo: ¿por qué tiene tanta sintonía ETT IV? ¿Por qué la audiencia presente en el estudio se apasiona y divierte con semejante espectáculo, burdo y torpe, en el que tres chicas hacen el papelón (el guión del papelón) a cambio de qué?

Pero no es el único pecado de este bodrio de programa. El domingo anterior al de las “chicas Miau”, una adolescente se presentó a cantar y luego de su audición una jurado, María Fernanda Ríos, le averiguó si creía en Dios y la joven respondió que no.

Según la denuncia de la Asociación Ateísta, los otros jurados le hicieron bullying a la chica tras esa respuesta. Wendy Vera, en torno burlón y de madrastra, le increpó: “Pues deberías empezar a creer para ver si te hace el milagrito”.

¿Qué derecho tienen los “jurados” (con comillas) y qué tipo de preparación psicológica, social, filosófica, intelectual, para actuar con semejante intolerancia?

http://ondadelporto.com/concursante-discriminada-por-no-creer-en-dios-a-carolina-pena-en-ecuador-tiene-talento.html

¿Por qué después de tamaña humillación el público miró el programa de la semana siguiente?

El quid está en educar a los televidentes o, mejor, que nosotros mismos nos eduquemos.

Hay formas, hay maneras, hay herramientas. Siempre lo he dicho: ¿por qué a los gobiernos de turno y sus ministerios de Educación no se les ha ocurrido crear una cátedra llamada, por ponerle un nombre, “lectura crítica de contenidos”?

¿Se imaginan cuánto ganaría la sociedad ecuatoriana con ciudadanos críticos, reflexivos, capaces de discernir entre lo que le sirve y es útil para su formación, para su sano entretenimiento o para su vida cotidiana?

¿Se imaginan el esfuerzo que tendrían que hacer los canales de televisión -todos los canales- si supieran que al presentar un producto malo o burdo o chabacano la gente va a decirles no y cambiar de canal o apagar el televisor o mirar mejores producciones -que las hay- en la televisión por cable o en la televisión por internet?

Una obligación ciudadana es motivar foros, reuniones, encuentros, talleres de reflexión.

Hay que ponernos a pensar en lo que vemos. Es necesario crear espacios para que debatamos en la familia, con los vecinos, con el barrio, con los colegas de trabajo, con los compañeros del colegio y la universidad.

¿Qué estamos viendo? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene? Si la respuesta (que es la usual) es que “simplemente es divertido”, ¿por qué nos entretiene? ¿Burlarnos, juzgar, estigmatizar, tratar mal a quien está en el escenario, condenarlo porque se atreve a decir que no cree en Dios, es divertido?

Los ciudadanos (no Supercom ni Cordicom) debemos aprender a elegir lo que es formativo, digno, trascendente, interesante, sin morbo de por medio, sin contenidos vacíos, sin programas que no te dejen nada importante en la cabeza.

Ese es nuestro deber como seres humanos conscientes de que no podemos llenarnos la cabeza de basura.

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El otro lado, lo que debe ser: