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foto policía AVC

Es perverso comparar la poderosa fuerza militar y policial de la época del nefasto presidente León Febres Cordero (1984-1988) con la precariedad e ingenuidad de un minúsculo grupo de alzados en armas bajo el nombre de Alfaro Vive Carajo (AVC).

Es perverso que la actual cúpula de las Fuerzas Armadas, presuntamente de confianza del Presidente de la República, quien los escogió y nombró, pretenda intimidar al poder político y a los operadores de justicia al apoyar abiertamente a los ocho generales (siete de las Fuerzas Armadas y uno de la Policía Nacional) acusados de cometer un crimen de lesa humanidad.

Es perverso que los comandantes activos hayan asistido a la primera audiencia, los comparecientes la boicoteen con su ausencia y los militares ejerzan el mal llamado espíritu de cuerpo, que tanto daño hizo en los países latinoamericanos como herramienta para ocultar lo que ocurrió en las décadas de los 70 y 80 cuando los militares decidieron tomar el poder en una decena de países, con nefastos ejemplos como los de los generales Augusto Pinochet, en Chile, y Jorge Videla en Argentina.

Es perverso imaginar juntos, férreamente unidos, amenazando al régimen democrático y en idéntica posición de “defensa de la institución” a militares de supuesta ideología tan disímil como Paco Moncayo, Lucio Gutiérrez, Fausto Cobo, José Gallardo, Guillermo Rodríguez Lara, Alberto Molina o Ernesto González (exjefe del comando conjunto nombrado por el presidente Correa).

Es perverso seguir acusando de asesinos a quienes, como los exAVC, han admitido su culpa y reconocido sus errores, muchos de ellos fruto de la alta temperatura política de aquellos años en Ecuador y fruto también de la inmadurez política de jóvenes de izquierda que optaron por la ilegalidad armada.

Es perverso justificar la legitimidad de las acciones de las FF.AA. y de la Policía con la Ley de Seguridad Nacional, ideada en la Escuela de las Américas de Panamá, dirigida por el Pentágono estadounidense.

Es perverso recordar el silencio que mantuvieron los grandes medios de información frente a la tortura, desaparición y muerte de decenas de militantes de AVC y el rol de cómplices que cumplieron al omitir, callar o sesgar las oscuras decisiones del poder político en aquel conflicto.

Es perverso no recordar que en el gobierno socialdemócrata presidido por Rodrigo Borja la organización político-militar se autodisolvió e incluso devolvió sus armas.

Es perverso no admitir que hace 25 años desapareció o desaparecieron al compañero Gustavo Garzón Guzmán, apenas dos meses después de sobreseído de cargos de los que fue acusado pero nunca le comprobaron, y hasta ahora no saber nada, no tener ni un solo rastro de él.

Es perverso boicotear un proceso histórico del cual podría surgir una petición de perdón que enaltecería a quienes desde la cúpula militar admitirían sus excesos -sino ilegales, inmorales- contra quienes sufrieron torturas, desapariciones y muertes en una desigual “guerra antiterrorista” que segó para siempre la vida de decenas de jóvenes que pudieron estar equivocados pero que no merecían una respuesta tan brutal por parte del Estado.

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