La actitud de la “gran prensa” en el Ecuador es tan obvia como fanática.

Mantiene con el Gobierno una pugna desde que este desenmascaró la manera oscura e interesada en la que aquella se mueve y desde entonces ha decidido no informar (o, al menos, restar importancia a) las buenas noticias que el Régimen genera.

Al actuar de esa forma, lo que la “gran prensa” consigue es, justamente, perder autoridad moral cuando se queja de que el poder político se vea obligado a realizar los enlaces sabatinos o a imponer espacios solicitados de los cuales “este medio no se hace responsable”.

¿Cómo puede la “gran prensa” quejarse de la aprobación de la enmienda donde queda claro que la información y la comunicación social son un bien público, si cuando le toca cumplir su deber actúa de forma mezquina e impone una forma de hacer periodismo como si a los hechos se los pudiera minimizar o magnificar según su interés privado y hasta corporativo?

¿No fue la misma “gran prensa” la que llevó a que el poder político, en representación de una amplia mayoría ciudadana, la que provocó que la ley tenga que ser así de explícita para que los dueños de los medios no se sientan dueños de nuestra obligación de mantenernos informados?

Cuando el poder mediático se comporta de esa manera, callando lo positivo, omitiendo lo que a su juicio no debe destacarse para no darle más vuelo al Gobierno, lo que en realidad está haciendo es mostrar a sus propias audiencias que no es objetiva ni veraz ni imparcial (esas falacias con las que históricamente han querido engañarnos), sino que pone en primer plano sus estrategias de atacar al poder político desde la omisión de los hechos.

Cuando los directivos, analistas y jefes de esa “gran prensa” se quejan de lo que ellos consideran excesivos controles y abusos del Gobierno en su contra, no se dan cuenta que son ellos mismos quienes provocan que el poder político responda frontalmente a quienes intentan subestimar sus obras y sus proyectos.

Que el Régimen inaugure una obra de trascendencia nacional cuyos beneficiarios somos todos, sin dedicatorias ni banderías políticas, es una noticia de relevancia y jerarquía.

¿Eso -informar cuando les sale del hígado o del bolsillo- es lo que llaman “independencia”?

No publicar noticias importantes para Ecuador es una omisión antiética e inmoral de la “gran prensa”. No es egoísmo. Es estrategia política.

Ya lo estamos viendo en Argentina. En su primera semana como presidente, el neoliberal Mauricio Macri prometió a la “gran prensa” argentina, comandada por el todopoderoso grupo Clarín, derogar la Ley de Medios para que estos recuperen todo lo que perdieron cuando los kirchneristas aprobaron la legislación.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha salido ahora en defensa de la “gran prensa” ecuatoriana debido a que esta se queda sin piso tras la aprobación de la enmienda que cataloga a la comunicación como un servicio público.

Edison Lanza, Relator especial para la Libertad de Expresión de la CIDH, ha dicho que “no hay que confundir comunicación con libertad de expresión (…). Para los ecuatorianos puede llegar a ser un problema porque esa norma está dirigida a regular y controlar a los medios, en principio, además de otras cosas porque la ambigüedad es tal que podría pensarse que hasta la comunicación interpersonal estaría abarcada por el control de calidad del Estado”.

Es fácil desglosar las ideas de Lanza, exmiembro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y subdirector de un periódico uruguayo que colaboró con el fascismo militar cuando las FF.AA., siguiendo el ejemplo de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, entre otros, tomó el poder para reprimir, encarcelar, perseguir, torturar, desaparecer y matar. Si no me creen, pregúntenle al éticamente intachable José Mujica, que pasó 13 años (sí, 13 años) encerrado en una mazmorra de un cuartel en Montevideo.

Así que hay que aprestarse a las ya monótonas denuncias que harán la “gran prensa” y sus fundaciones defensoras de su libertad de expresión ante la SIP, la CIDH y otros organismos internacionales.

Se podría contraargumentar que la enmienda tiene dedicatoria y que no toca a los llamados “medios públicos” (que aún no existen en el Ecuador) y que, en realidad, son medios gubernamentales.

Se podrá decir que esta prensa oficialista solo dice lo que le conviene al Gobierno, pero la actitud de los medios gubernamentales es una respuesta, precisamente, a las omisiones, a los sesgos, a las mentiras, a los titulares tendenciosos, a las “investigaciones periodísticas” que escandalizan pero no profundizan y solo tienen el interés de desacreditar al Régimen sin pruebas contundentes.

Se podrá argüir que en los medios  no privados también hay sesgos, también hay falta de equilibrio, también hay solo versiones interesadas.

Pero la “gran prensa” ha provocado esas respuestas porque frente a los vacíos intencionales de información de interés público por parte de los medios privados se tensó la cuerda tanto que era necesario buscar espacios informativos que equilibren la comunicación masiva y llenen los vacíos.

Los ciudadanos, al menos una buena parte, ya saben de qué lado está cada medio y cuál ha sido la razón política para contrastar.

Porque la “gran pensa” ignora, definitivamente, que los medios no se manejan a su capricho, pero lo siguen haciendo como si sufrieran del síndrome del niño resentido.