foto afro chiquito navidad

Dos días después del demencial día de compras y compromisos forzados.

Dos noches después de esa vil y escondida competencia familiar por quién da el mejor regalo de “navidad” (con minúscula y comillas).

Dos jornadas después del hipócrita espectáculo de mostrar quién ofrece a sus parientes el mejor pavo y el banquete más opíparo.

Es 27 de diciembre. Pasaron ya 48 horas. Y siguen los centros comerciales abarratados.

¿Qué pasó?

¿De quién se olvidaron?

¿Alguien que no previeron les regaló algo y tienen que devolver el gesto?

¿Se les pasó cumplir un “compromiso diplomático”?

¿Y si el Jefe se enoja porque el lunes no le llevan un regalo?

¿Omitieron a una persona importante e influyente en la lista de obsequios para agradecer los favorcitos?

¿Les toca a última hora invitar a esa persona que puede resentirse y nunca más hacerles el juego a sus triquiñuelas?

La navidad, vista desde esta perspectiva, es tan miserable como quienes lucran de ella y quienes caen en el juego del consumo.

¿Y el “niño Dios”?

Bien, gracias.

¿Y el verdadero sentido de la Nochebuena?

Mal, gracias.