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foto Macchu Picchu I

 

No tengas rencores.

No sufras remordimientos.

Aleja las frustraciones.

No reniegues de lo que no pudo ser en el 2015.

Si fue así, tuvo que serlo así.

Si no llegó, fue porque no debió llegar.

Si crees que merecías más, no lo merecías. Algo te faltó.

Si falló tu gente fue porque no fue tu gente en realidad o no estuvo a tu altura.

¿Quién eres tú para juzgarte, sentenciarte, condenarte?

¿Quién eres tú para flagelarte, latiguearte, llorar porque debió ser mejor?

El 2015 estaba escrito que sería de aprendizajes, de tropiezos, de lecciones, de cambios de perspectiva, de reconstrucciones espirituales de ti mismo.

Fue eso.

Nada más.

Ahora ya es 2016.

Aplica lo que aprendiste en el 2015.

O sigue lamentándote.

Como si tú no fueras capaz de ser tú.