Allende en su laberinto

Asistir a la exhibición de la película “Allende en su laberinto” no significa solo apoyar a quienes la promueven y se juegan porque el buen cine se difunda en el país.

Es aprender y reaprender la historia contemporánea, es conocer más sobre cómo la oligarquía chilena y el gobierno de los Estados Unidos conspiraron para asesinar (así como acá lo hicieron con el presidente Jaime Roldós) al mandatario Salvador Allende.

Allende fue el primer Jefe de Estado socialista elegido en las urnas y su legitimidad constitucional estaba absolutamente clara.

Pero, ya lo sabemos, un gobierno con esa línea ideológica y política no les conviene a quienes han manejado y manipulado en su provecho los recursos de los países latinoamericanos, saqueando y manteniendo empobrecida y analfabeta a la mayoría de la población.

Allende cometió un error: creyó en la presunta solidez de la institucionalidad chilena.

Y en esa creencia, pensó que las Fuerzas Armadas jamás lo traicionarían, creyó que los poderes fácticos, en especial la gran prensa (con diario El Mercurio a la cabeza), no conspirarían para asesinarlo, sin darse cuenta de que el propio director de El Mercurio, el oscuro y poderoso señor Agustín Edwards, fue a vivir a Washington para armar desde allí el golpe de Estado.

Un golpe de Estado con asesoría y financiamiento de la CIA (ver documental El Diario de Agustín, en la que los propios directivos de El Mercurio admiten que recibían un millón de dólares anuales de la CIA para desestabilizar a Allende) https://www.youtube.com/watch?v=6Hs60_o_Yv0

Para eso sirven los altos militares y los grandes medios cuando los manejan desde la Casa Blanca y desde sus ambiciones más abyectas.

Para hacernos daño y destruir los sueños de nuestros países, como está ocurriendo ahora mismo en Argentina tras el triunfo electoral  de la extrema derecha comandada por Mauricio Macri, quien en apenas un mes ha desmantelado buena parte de la arquitectura del Estado edificada por el kirchnerismo en 12 años de gobierno.

Por eso, cada vez es más imprescindible que aprendamos y reaprendamos la historia. Que veamos buen cine, que leamos buenos libros y artículos, que busquemos buena programación en la televisión por cable donde podamos aprender, reflexionar, pensar, contar con elementos para tomar decisiones justas en función de la justicia social.

Veamos cómo actúan los hombres de bien (Allende, que luchó hasta el final y fue asesinado con tal vileza que se armó un entramado para que el mundo creyera que se suicidó) y los hombres del mal (Pinochet, quien le había jurado lealtad democrática al Presidente un día antes, cuando lo nombró comandante de las Fuerzas Armadas Chilenas, y luego fue un sangriento dictador).

La ciudad de Ibarra tiene desde este viernes el privilegio de ser la primera en el Ecuador donde se exhibirá la película. Se pasará en dos funciones diarias solo desde este viernes 8 hasta el jueves 14.

Si la asistencia a las salas de la cadena Star Cine es masiva, la película permanecerá en cartelera y luego irá luego a las salas de cine de todo el país. De lo contrario, quizás no se la pueda observar ni en Quito ni en Guayaquil ni en ninguna otra ciudad.

Por eso, y porque es nuestra historia contemporánea, no verla será un pecado histórico y social.

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