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ilustración Nicolay Alexander

A pocos meses de cierto exceso de triunfalismo y de una escasa o ninguna autocrítica de la dirigencia de PAIS, aparece por fin el rostro completo de quienes enfrentarán al oficialismo el 2017, con un nefasto líder como el alcalde de Guayaquil en unión de un variopinto grupo con el expresidente del IESS y exministro de Industrias y amigo (¿ex?) del presidente Rafael Correa.

El tema se vuelve de análisis urgente.

Luego de celebrar “la década ganada” -cuyo lema es digno de otro análisis- del gobierno de la Revolución Ciudadana, es notoria la sensación de orfandad que empiezan a sentir los militantes del movimiento que gobierna el país.

Todo lo que ocurre después de la celebración tiene un toque de nostalgia, de incertidumbre, de un “no sé qué irá a suceder en el 2017”, de un algo absurdo para despistar (?) a los adversarios, pues mientras Rafael Correa cada vez que declara a los periodistas expresa tajantemente que no irá a las elecciones del próximo año y que “le reelección de 2017 debe ser al proceso”, no a él.

Solo en mentes afiebradas como las de dos señoritas manejadas por un mediocre titiritero, asesor de la Presidencia, puede, entonces, caber la “estrategia” de marear al rival con una supuesta recolección de firmas para pedir una consulta popular que permita reformar las leyes y candidatizar de nuevo a Rafael Correa.

Más allá de este ridículo show, la orfandad política es lo único real que, de alguna manera, es lógica, porque el presidente Correa ha dado sus mejores años de vida como mandatario y ha calado hondo, incluso para sus enemigos, en la historia contemporánea.

¿Qué pasará por la cabeza del Mandatario ahora?

¿A quién dejar la herencia del mando presidencial?

¿En qué manos depositar la confianza de la dirección del movimiento?

¿Cómo afianzar el proceso de cambio?

¿Por qué no es posible que AP y sus dirigentes dejen su aferrarse al poder y empiecen un verdadero proceso de rigor autocrítico, depuración, meritocracia y extirpación de los corruptos?

Rafael Correa seguirá trabajando hasta el último día de su mandato, eso no queda duda. En las recientes sabatinas se lo ve recuperado, impulsivo, decidido.

Pero PAIS desde ya se enfrenta a sí mismo y a su destino: ¿será capaz de mostrar que sin Rafael Correa es un movimiento sólido, que en estos diez años ha logrado formar cuadros dirigenciales, que en esta década hubo verdadera formación ideológica en las bases pobres y de clase media, más allá del sistemático trabajo de propaganda y de mercadeo políticos?

LOS ESCENARIOS

PAIS tiene amenazadas externas, obvias, y evidentes. Pero la más grave es la interna: aún es una fanesca ideológica y política, aún tiene en sus filas a mucha gente de la partidocracia que tanto dice repugnar.

El Gobierno y su movimiento tienen un compromiso muy delicado para este año: hacer lo que los ciudadanos de a pie y las bases vienen pidiendo desde mucho tiempo atrás, y más desde el 23 de febrero de 2013, cuando AP perdió sus bastiones electorales.

Y es urgente: debatir y criticar el manejo de AP de forma transparente y sincera, depurar los liderazgos que han fracasado, cambiar a quienes no han dado resultado en los puestos y funciones del Estado y, sobre todo, acumular fuerzas sociales para asegurar su triunfo en las elecciones del 2017.

Y aunque se diga que sí existe autocrítica, los ciudadanos de a pie, que creemos en el proceso pero no tenemos carnet ni nos vestimos de verde, queremos ver los resultados de esa autocrítica, porque sabemos que hacerla no es fácil en un país lleno de subjetividades e hipersensibilidades como el nuestro.

PAIS debería estar consciente de que si no es ahora no será nunca.

Que si la derecha vuelve, no volverá a soltar el poder de ninguna manera.

¿PAIS entiende, por ejemplo, que la oposición apuntará al modelo de Venezuela, donde primero se ha ganado la mayoría en la Asamblea para luego enfrentar, desde un espacio democrático como es el poder legislativo, al gobierno central?

LAS DUDAS

La Revolución Ciudadana celebró este sábado nueve años en el poder, pero dejó algunas dudas.

Políticamente son correctas las proclamas, la fiesta, pero lo esencial son las acciones, el ser y el parecer.

¿Cuánta gente, en realidad, hubo ese sábado? ¿Cuál es el análisis que hace PAIS de esas presencias y de esas ausencias? ¿Qué significado real tiene que a la concha acústica de Los Samanes hayan asistido militantes y seguidores, empleados y funcionarios? ¿Cuánto fue el porcentaje de cada sector y cómo valorarlo políticamente?

Nadie -ni seguidor ni opositor- puede negar que el país cambió a partir de la llegada a la escena pública del proyecto liderado por el presidente Correa.

Para muchos el proceso ha sido positivo. Para otros no. Esa es la democracia.

Un debate nacional amplio y plural también arrojaría el mismo resultado: el viejo Ecuador quedó atrás y hoy todos los ecuatorianos miramos al futuro, incluso quienes no quisieran que continuara el proceso de transformación profunda conducido por Alianza PAIS.

No obstante, por estas fuerzas que quisieran un “modelo Macri” en el 2017, AP tiene la obligación de escuchar a los ciudadanos, lo cual la gran mayoría de dirigentes se niega (¿inconscientemente, para no ver la realidad?).

Hay observaciones, aun dentro de la organización, para que AP realice una autocrítica honesta y radical.

Y aunque puedan decir que ya lo han hecho o que sistemáticamente lo hacen, no se ven los resultados.

Gente militante con acceso a la cúpula de PAIS me ha dicho que hay preocupación porque ya no existe el entusiasmo de los primeros años y porque perciben cierto cansancio y alguna desilusión en los simpatizantes del Gobierno, porque no se sienten escuchados.

Un amplio sector de simpatizantes reclama de AP desarrollar mecanismos de valoración y depuración profundas, análisis de quiénes están adentro por convicción y quiénes por oportunismo y para aprovecharse del poder.

Un amplio sector exige una verdadera meritocracia, donde lleguen al poder los mejores ciudadanos, los más capacitados.

Si el Ecuador es mucho mejor que hace nueve años se debe a Rafael Correa.

Si el Ecuador es distinto al de hace nueve años se debe a Rafael Correa.

Pero, sobre todo, los grandes cambios se deben a los ciudadanos que creen en el proceso y que sin tener ningún puesto en ministerio alguno han defendido, algunos con su vida, la profunda necesidad de acabar con la grave injusticia social.

LA DERECHA VIENE CON TODO

El presidente argentino Mauricio Macri lleva apenas semanas en el cargo, pero sus actitudes, gestos y decisiones muestran que la derecha no tiene ningún escrúpulo cuando recupera el poder, más aún si sufrió la nostalgia y el vacío durante 12 años de kirchnerismo.

En los primeros días de gobierno, Macri ha tomado resoluciones y ha dictado decretos destinados a favorecer a quienes, precisamente, durante esos 12 años fueron paulatinamente perdiendo el poder hasta que casi se les esfumó.

La oligarquía exportadora y los grandes medios de comunicación, en especial la empresa editora de Clarín, el periódico más influyente de su país, son los dos grandes beneficiarios de la recuperación del poder por parte de la derecha criolla y, tras bambalinas, de los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

El triunfo de Macri, por la vía electoral, es irrefutable desde una perspectiva legal y democrática, pero es cuestionable desde el uso ética del poder aunque, es necesario admitirlo, el gobierno de Cristina Fernández cometió errores estratégicos que mermaron su popularidad.

La oligarquía, la derecha y EE.UU. ahora tienen a Macri y por eso han apretado el acelerador: el nuevo presidente ya ha devaluado la moneda para favorecer a los exportadores y empobrecer a la clase media y pobre de sueldo fijo.

Ha mostrado en Mercosur su rol de pieza de ajedrez de la derecha continental al condenar la política interna de Venezuela.

Y acaba de mover sus piezas para borrar del mapa la la Ley de Medios y devolver a Clarín y a otras grandes corporaciones mediáticas todos los privilegios de la era pre-Kirchner.
Los todavía sorprendidos perdedores pueden decirle a Macri de todo en redes sociales, ofenderlo, insultarlo, incluso sacarse en cara –como lo hacen- el haber votado en blanco, pero mientras el kirchnerismo no acierta a entender qué pasó (¿no hubo autocrítica, no hubo depuración, no hubo meritocracia, no se detectaron a tiempo los malos elementos enquistados en lo más profundo del movimiento?), Macri sigue arrasando para volver a la Argentina de los omnipoderes del pasado.

Que las alarmas se enciendan en Ecuador porque en el 2106-2017 nuestro país será el siguiente objetivo geoestratégico de los Estados Unidos y de la derecha latinoamericana.

¿En serio PAIS está haciendo algo serio, profundo, estratégico al respecto?

¿Empezando, por ejemplo, por señalar a quienes confiaron tanto en Ramiro González para dejarlo llegar a la cúpula del Gobierno y armar su propio partido, Avanza, hoy en filas del enemigo?

¿Empezando, también, por quiénes son los responsables de las desafiliaciones en Cotopaxi o las desconocidas razones que llevaron a dos asambleístas a renunciar al movimiento?

¿Dejando claro que si PAIS no se une de verdad, sin fingir una consistencia que no existe y cuya fragmentación es evidente, el 2017 puede ser electoralmente trágico para su proceso?

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El centinela, ilustración de Nykolai Alexander