Es absurdo y hasta inoportuno exigirle a un ciudadano ecuatoriano común, ensimismado en sus problemas cotidianos o preocupado por su trabajo o su familia, que tome conciencia de que el pasado domingo 25 de octubre de 2015 América Latina dio un giro inesperado en su presuntamente irreversible proceso de camino al socialismo del siglo XXI, al socialismo democrático y más justo.

De repente aparece en Guatemala (como resultado de la corrupción de un expresidente “serio”, ahora procesado por corrupción) un popular payaso (literal) convertido en Primer Mandatario y ligado con la extrema derecha de su país, una sanguinaria derecha militarizada que mató a miles en los años 80, y con una tendencia religiosa populista y proestadounidense, como un clon de Bucaram mezclado con Álvaro Noboa y León Febres Cordero.

De repente, 15 años después de que la izquierda controlara el poder local en Bogotá, gana la derecha.

De repente, el socialismo latinoamericano se sorprende de que el candidato oficialista del kirchnerismo izquierdista, que aparentemente “lo tenía todo bajo control”, no logre la votación para ganar en primera vuelta y ahora deba enfrentarse en segunda vuelta al poder de la extrema derecha y los grandes medios de comunicación.

Ese ciudadano no tiene por qué saber que aquel día sucedieron las cosas al revés, o al menos no como el triunfalismo fanático de izquierda lo presagiaba.

¿Caímos en la sobrevaloración?

¿Subestimamos al rival?

¿No somos capaces de  trazar escenarios y entender cómo enfrentarlos si ocurriera algo parecido en otros países como en Ecuador?

¿Creemos que basta con tener a Rafael Correa de Presidente pero no exigimos mayor autocrítica a su movimiento PAIS y más rigor a su equipo de trabajo, que tiene la obligación de representar a la llamada “meritocracia” pero que no siempre lo hace?

Y qué pasa con el periodismo? ¿El periodismo de izquierda lo entiende mejor que el periodismo de derecha o al revés? ¿Entendemos nuestra obligación

Pero los periodistas sí tenemos la obligación de entenderlo y reflexionarlo. Y muchos, al menos en el Ecuador, ni siquiera entendieron lo que ocurrió. En Argentina, el candidato del oficialismo kirchnerista, con toda su maquinaria, solo alcanza una votación que le lleva a segunda vuelta. En Guatemala se vuelve al pasado más absurdo. En Bogotá la izquierda pierde credibilidad.

NUESTRO DEBER PEDAGÓGICO (IV)

La globalización demanda un tipo de periodista que no solo informe, sino que analice. Que no solo sepa, sino que contextualice. Ese es nuestro deber pedagógico con la gente preocupada de sus cotidianidades: sacarle de su ensimismamiento y decirle lo que pasa y cómo puede afectarle lo que pasa. La pregunta es: ¿los periodistas estamos preparados para cumplir ese deber?