fotografía incierto futuro

Por Santiago Gallur *

América Latina, desde siempre, ha sido vista como un “continente” lleno de posibilidades, riquezas y recursos naturales sin fin.

Pero a la vez todas estas bondades han sido, paradójicamente, el motivo que atrajeron a los imperios europeos (primero) y a las potencias europeas, norteamericanas y del resto del mundo (después) a dominar económicamente los países a través de empresas transnacionales.

Todo ello, que fue apoyado por una parte relevante de las élites de los países latinoamericanos, acaba provocando que, como uno de los muchísimos ejemplos, el mexicano Carlos Slim sea uno de los hombres más ricos del mundo (desbancado hace poco del primer puesto por Bill Gates) mientras en su país existen más de cincuenta millones de pobres (casi la mitad de la población) y otros cuarenta millones están en riesgo de caer en la pobreza.

Así, una revisión histórica en el caso concreto de México (situación que comparten también muchos otros países) confirma que las propias élites económicas y políticas han fomentado desde siempre la incursión de empresas extranjeras en el país.

Esto que ha sido común en toda América Latina, ha traído como consecuencia una relevante inequidad que a la vez repercute en la poca cohesión social.

A su vez, los medios tienen una forma de funcionar que provoca que conviva un periodismo de gran calidad (que usa frecuentemente las nuevas tecnologías para socializar y difundir la información, para que llegue a un público mucho más amplio que aquel al que tendría acceso utilizando los métodos de difusión tradicionales que se arriesga a sacar a la luz situaciones que ponen en riesgo la propia vida del periodista, mientras otros medios se acoplan perfectamente al poder sirviendo de “portavoces” de las clases poderosas de los países.

De este modo la prensa se enfrenta a un reto que tiene que ver con una elección profesional, e incluso “vital” en algunos casos, para los propios periodistas: asumir su deber y responsabilidad con los códigos deontológicos, a través de los cuales la sociedad deposita en los medios la confianza de que estos garantizan el derecho fundamental a la información y la libertad de expresión.

Y así, surgiría la gran pregunta que desde hace ya algunos años muchos se hacen: ¿cuál es el futuro del periodismo y los periodistas?

Dudas como estas se unen a aquellas que se plantean sobre el propio futuro de América Latina en un mundo globalizado donde la realidad es inestable de un día para otro, planteando nuevas perspectivas y posibles cambios para poder seguir adaptándose a las necesidades de una sociedad dominada por el capital y los intereses económicos.

No olvidemos que los medios de comunicación viven en un perpetuo dilema: son empresas, por lo que su fin último es la obtención de beneficios económicos, pero, a la vez, estas corporaciones se deben en todo momento a los intereses de la sociedad, por su obligación de garantizar el derecho fundamental a la información.

Y si bien este concepto es universal, su significado en América Latina adquiere un significado muy particular, ya que cumplirlo supone muchas veces un riesgo para la propia vida.

De este modo, cuando es evidente que la autonomía y la transparencia del periodismo están puestas en entredicho, nos podemos hacer la pregunta para este contexto en concreto: ¿hacia dónde va el periodismo en América Latina?

Este futuro necesariamente tiene que pasar por una profunda reflexión sobre el propio sentido humanista del periodismo y sobre qué ideas se deben contar en los medios para cambiar el “mundo”, para evitar por una parte que se oculten los hechos que afectan a la propia sociedad y por otra, para que las medios no se llenen de sangre, tanto fuera como dentro de los propios formatos periodísticos.

Y es que en múltiples ocasiones, con la excusa de informar a la sociedad, se impone la idea de vender, aunque para ello se coloquen en las portadas imágenes llenas de sangre mediante cabezas cortadas, cuerpos desmembrados y decapitados colgados de puentes, o incluso mensajes cínicos y amenazantes grabados en sangre sobre los cuerpos sin vida, a veces incluso de los propios periodistas.

Todo ello marca un camino posible y deseable, el de la calidad periodística en los medios de comunicación de la mano de una interacción novedosa con las audiencias, que demandan más participación en los medios de la mano de la ética periodística.

En esta época donde la comunicación se convierte en algo no sólo posible si no habitual, los ciudadanos empiezan a reclamar un papel que consideran propio: el de reportero.

Esto alcanza una lógica evidente en un momento histórico en el que los celulares vienen con cámaras con tanta calidad y resolución que pueden tomar fotos o grabar vídeos con los elementos técnicos suficientes como para ser utilizados por los medios.

Así, cuando en las primeras noticias de una manifestación o movilización popular las foto o vídeos pertenecen a alguna persona anónima que se encontraba en dicho evento, ya nadie se sorprende.

Ante las nuevas formas de conflicto social sucedidas como consecuencia de las características de los tiempos convulsos de globalización que vivimos, la sociedad se está adelantando al reto que tienen por delante los medios, y ante un panorama mediático que muchas veces refleja “mentiras”, manipulaciones, “teatros” y medias verdades, una parte relevante de la población reacciona, empleando nuevas formas de “periodismo” poco habituales previamente.

De este modo, se le está trasmitiendo un mensaje muy claro tanto a los medios de comunicación como a los periodistas: es necesario que los medios atiendan a las demandas éticas planteadas por la sociedad.

Aquí, en un punto en el que el poder político debería convertirse en un facilitador para que los medios pudiesen cumplir dichas demandas sociales, se convierte en realidad un obstáculo para la calidad del periodismo en América Latina.

El problema es que si hablamos de calidad debemos empezar por plantearnos cuáles son los modelos o indicadores de calidad en el periodismo en América Latina que deberíamos tener en cuenta como referencia.

Y aquí aparece un problema encadenado al anterior, ¿qué criterios tomaremos como ejemplo?

Pues probablemente acabará pasando como siempre y se terminarán usando modelos similares a los de los grandes medios de comunicación de las grandes potencias mundiales, europeos o estadounidenses.

Modelos exitosos, es cierto, pero de un éxito efímero, ya que hoy ni los medios más prestigiosos del mundo hacen del todo bien su trabajo.

Existen millones de noticias que se excluyen de las parrillas informativas por intereses claramente económicos de los medios, puesto que estos están obviamente vinculados al poder económico y por ende al poder político, tanto nacional como internacional.

Los propios periodistas, encargados de garantizar el derecho, se enfrentan a unas condiciones laborales tan duras que los someten, en países como México a jornadas de trabajo interminables, a bajos salarios y a un desamparo institucional obvio.

Lo positivo de todo esto es que, precisamente estas condiciones provocan que los profesionales de la información empiecen a buscar opciones alternativas de organización, como son las redes de colaboración entre ellos, consiguiendo de algún modo escapar al estricto control de las dinámicas productivas en los medios.

Sin embargo, es una alternativa a largo plazo, ya que mientras existen muchas reformas legales que deben hacerse en los países para garantizar el trabajo de los periodistas, ya que no se puede tener transparencia en los gobiernos ni derecho a la información.

as.Todo ello implica cambios en las condiciones laborales, pero también una mayor revisión del cumplimiento de los códigos éticos sobre todo en los casos de la llamada “prensa roja” o “nota roja”, así como evitar que los medios se conviertan en plataformas para la propaganda de las ideas políticas o económicas.

Y es que el panorama periodístico en América Latina tiene un gran futuro por delante, eso sí, lleno de retos, dificultades, dilemas en esta llamada sociedad de la información, cuyo futuro en la región ofrece perspectivas y tendencias que necesitarán también de un impulso y apoyo social.

La anterior es la perspectiva más halagüeña, ya que existe otra tendencia desde el punto de vista teórico que señala que de seguir la situación como hasta ahora en América Latina, en unos años es posible que se produzca la “muerte” de la libertad de información como tal en la región.

Esta situación, que quizás no se dará de modo homogéneo en todos los países si, ocurrirá en una parte de ellos, debido a la dinámica actual de violencia contra los periodistas, sobre todo en el caso de México y en concreto en la prensa (probablemente debido al carácter de investigación que lleva asociado su periodismo).

  • Y es que después de las celebraciones de los Bicentenarios de las independencias en América Latina han quedado en el aire muchas preguntas sobre la propia evolución de los Estados, hasta el punto que las voces más críticas señalan que precisamente ahora es eso lo que queda por hacer: construir el Estado como tal y la democracia que debe acompañarlo.
  • Paradójicamente, en un mundo globalizado como es este, los países y las regiones deben asociarse con otras para conseguir obtener nuevas oportunidades de progreso y de futuro, en un mercado mundial realmente competitivo.

Así, en los últimos años se han alzado muchas voces que señalan que precisamente América Latina debe aprovechar sus nexos culturales e históricos con España y Portugal para hacer frente a los retos que tiene a nivel político y sobre todo económico.

En el caso de Latinoamérica, España y Portugal pueden representar la puerta de entrada a Europa, con la importancia que tiene este gran mercado a nivel mundial.

Para España y Portugal, es algo muy similar.

El mercado de América Latina, además de enorme, tiene unas perspectivas de crecimiento realmente prometedoras por lo que se sitúa como una gran posibilidad de futuro en todos los aspectos, incluido el de los medios de comunicación.

Como todos los grandes mercados, Latinoamérica cuenta con una movilización importante de recursos económicos pero también humanos, hasta el punto de que en los últimos años se le ha prestado especial atención el estudio de la cobertura que los medios de comunicación llevan a cabo sobre los movimientos migratorios en todo el territorio latinoamericano.

Y es que en general, América Latina, a pesar de la gran diversidad cultural, lingüística, étnica, política y social que tiene, padece una serie de problemas comunes a casi todos los países. Uno de ellos es el machismo y la desigualdad de género.

Sin embargo, a la vez que esto sucede, en los últimos años han surgido medios de comunicación en distintos países latinoamericanos que han apostado seriamente por un cambio tanto en la cobertura informativa como en la forma de llevarla a cabo.

Así, la agencia de noticias mexicana Comunicación e Información de la Mujer, A. C., (CIMAC), ha conseguido sacar a la luz un sinfín de problemas a los que se enfrentan las mujeres en México y en toda América Latina, apostando además por una cobertura de la realidad femenina con perspectiva de género.

De este modo, una realidad frecuentemente invisibilizada en la mayor parte de los medios de comunicación, ha empezado a salir a la luz, acompañada por la versión de los hechos de las mujeres como fuentes, y gracias sobre todo a la apuesta por la transmisión y difusión de contenidos.

La problemática de la discriminación femenina no solo aborda el tema de la falta de cobertura de las noticias que afectaban a las mujeres, sino también una falta de reconocimiento a sus versiones como fuentes válidas para las noticias.

Hace falta plantear la necesidad de vincular el género a la comunicación con total naturalidad, ya que los problemas que enfrentan las mujeres en todo el mundo son muy específicos y concretos, y en muchas ocasiones completamente distintos de aquellos a los que enfrentan los hombres.

Esto obliga a revisar los paradigmas de producción informativa tradicionales que, bajo patrones claramente patriarcales han mantenido y todavía hoy mantienen a las mujeres lejos del panorama informativo, tanto por las temáticas que tratan, como por el hecho de que en muy pocas ocasiones son utilizadas como fuentes de información y, por lo tanto, su versión de la realidad es silenciada, con todo lo que ello supone.

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  • Fragmento de un trabajo académico de Santiago Gallur, catedrático mexicano.