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fotografía de periodismo colombiano

Por Germán Ayala *

Es un enorme error subvalorar el poder de penetración -y de daño- de las empresas mediáticas. Y creo que en Colombia lo hemos hecho por largo tiempo.

De cara a la firma del fin del conflicto, la implementación de lo acordado en La Habana y la consecuente reincorporación de las Farc y la participación política de varios de sus miembros, entre otros asuntos, es urgente empezar a establecer condiciones que garanticen, por fin, una verdadera pluralidad informativa en el país.

Si bien es claro que los noticieros Noticias RCN y Caracol Noticias cada vez más pierden audiencias, hasta el punto de que quienes consumen sus informativos vienen dudando de sus tratamientos periodístico-noticiosos, el país necesita escuchar otras voces, fuentes, voceros y, sobre todo, otro discurso periodístico y político.

No es sano que el país empiece a caminar hacia la construcción de escenarios de postconflicto bajo la hegemonía informativa de esos dos canales privados. El periodismo necesita oxigenarse y las audiencias deben empezar a ver y oír a otros actores políticos.

Es pertinente que en el marco de lo acordado en La Habana se definan y se otorguen espacios de opinión y de información para las FARC y para otras expresiones de poder.

La izquierda debe contar con el espectro electromagnético para dar a conocer a sus audiencias su ideario político y sus propuestas de paz y reconciliación.

Una vez dadas esas condiciones dentro del espectro electromagnético -que es del Estado- los periodistas deberán revisar y modificar sus rutinas de producción periodística-noticiosa.

En esa dirección, los noticieros de televisión deben dejar de lado la clásica y rentable “fórmula” con la que “examinan” los hechos que alcanzan el siempre caprichoso estatus de noticia. Esa “fórmula” M+G+C debe desaparecer para dar vida a una nueva fórmula para entender los hechos públicos: A+P+CC.

Una vez abiertos y asegurados los espacios informativos para la izquierda, para las FARC y ojalá para el ELN, el tipo de periodismo que vayan a emprender deberá aplicar la nueva fórmula informativa.

No pueden caer los periodistas que estarán detrás de esos nuevos noticieros, por ejemplo, el del Movimiento Bolivariano para la Nueva Colombia (partido político de las FARC), del ELN o de otro sector diferenciado de la izquierda, en la trampa de recoger las rutinas de producción periodística que acompañan a la manida, vieja y dañina “fórmula” M+G+C.

Mientras ello sucede, el Estado debería de asumir la tarea de formar audiencias y una opinión pública que sean capaces de discernir sobre estos asuntos relacionados con el conflicto armado interno, las negociaciones de paz de La Habana y las que se adelanten con el ELN y la búsqueda de una paz estable y duradera.

Y para hacerlo, el Ministerio de Educación, junto con el de Comunicaciones, entre otras instancias, deben emprender la labor de re-educar a los anunciantes y a los propios consumidores.

Ese proceso de re-educación tiene como norte el cambio hacia una cultura de paz, sostenida en principios de pluralidad informativa, respeto a la diferencia, comprensión del contexto de la guerra interna, de un nuevo sentido de lo público y la valoración ética y moral del momento histórico por el cual atraviesa Colombia.

Así mismo, esa nueva cultura de paz deberá servir para exponer nuevas relaciones entre el hombre y la naturaleza y entre lo masculino y lo femenino.

Los espacios informativos y de análisis que se les asignen a las FARC y al ELN una vez constituidos como partidos políticos, no podrán seguir los parámetros y las perniciosas lógicas noticiosas que vienen aplicando de tiempo atrás los hegemónicos noticieros en Colombia.

Es hora de modificar sustancialmente las maneras como opera el periodismo en un país como Colombia, en donde los medios masivos de comunicación fungen cada vez más como actores políticos que usan la información para ocultar hechos y decisiones políticas y económicas y para seguirle el juego a una cultura dominante que hace rato deviene en una profunda crisis desde las perspectivas ética y moral. 

Por eso es urgente cambiar de fórmula.

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* conlaorejaroja.com