El problema de llamar “nuevo” a algo es que pronto se vuelve obsoleto, y cuando llega lo siguiente… no hay cómo llamarlo.

Después de que Tom Wolfe llamara El Nuevo Periodismo a lo que hacían él y sus amigos en los años 60 y 70, ¿cómo llamar lo que se hace ahora?

Robert Boynton lo llamó “El nuevo Nuevo Periodismo”, y en la colección Periodismo Activo de la editorial de la Universidad de Barcelona acabamos de presentar la primera edición integral en castellano.

Todo nació en la ciudad de Tampere, en Finlandia, en mayo de 2013.

Yo asistía a la Conferencia de la Asociación Internacional de Estudios de Periodismo Literario y su conferenciante estrella era Robert Boynton.

Ya era un fan de The New New Journalism, y allí le escuché una conferencia precisa, elegante, personal y reveladora sobre el periodismo que fue, el que es y el que será.

Esa noche le propuse hacer una traducción completa de su libro y publicarlo en esta colección, que acababa de nacer.

Hoy se convierte en el sexto y más ambicioso libro de la colección.

Primero, una rápida definición: El nuevo Nuevo Periodismo es tan distinto a El Nuevo Periodismo como Robert Boynton es distinto a Tom Wolfe.

El libro de Wolfe era como él: lleno de respuestas.

Era el manifiesto de una revolución.

Contenía una antología de los maestros de la generación de Wolfe: Truman Capote, Norman Mailer, Hunter Thompson, Joan Didion, Joe McGinnis, Michael Herr, Gay Talese y por supuesto, el mismo Tom Wolfe.

Entre todos, muestran un gran abanico de posibilidades a partir de unas cuantas reglas básicas:

Contar en vez de explicar, narrar por escenas, la descripción como forma de orientar y enganchar al lector, transformar a fuentes en personajes y a declaraciones en diálogos.

Y sobre todo, la inmersión: pasar mucho tiempo con los personajes, conocerlos a fondo y escribir sobre ellos como un novelista escribiría sobre los personajes que surgen de su imaginación.

El libro nos obliga a mirar atrás, a aquel volumen pionero de Tom Wolfe, que trajo al castellano el gran editor Jorge Herralde y que se llamó “El Nuevo Periodismo”.

Y así como el de Wolfe estaba lleno de respuestas, este de Robert Boynton está lleno de preguntas.

Boynton es un periodista de alma. Investiga, cuenta y opina con conocimiento y pasión sobre los cambios sociales en Estados Unidos, y ha dedicado los últimos seis años a una investigación en la misteriosa Corea del Norte, el último refugio del estalinismo.

Pero estas lecciones de buen periodismo parten también de su otra vocación: es un maestro.

Desde hace años dirige el programa de la Universidad de Nueva York en la que jóvenes de todo el mundo buscan abrirse camino en las crónicas, los reportajes y los perfiles de revistas. Allí enseña los caminos del periodismo en profundidad.

¿Qué es El nuevo Nuevo Periodismo?

Es una sagaz sucesión de entrevistas a fondo con los herederos de la generación de Tom Wolfe. Uno solo se repite en ambos libros, porque ya era genial hace 40 años y sigue haciendo periodismo del indispensable: Gay Talese.

El resto son periodistas literarios que irrumpieron entre finales del siglo pasado y la primera década de este.

Ted Conover, Jon Krakauer, Michael Lewis, Adrian Nicole Le Blanc, Susan Orlean, Richard Ben Kramer, William Langewische, Jane Kramer… 19 en total.

Solo hay tres mujeres, lo cual es inquietante, aunque en la antología de Tom Wolfe era todavía peor: si mal no recuerdo, solo estaba Joan Didion.

Estos autores son sometidos a una presentación y análisis de sus carreras y obras: son relatos y son ensayos.

De cada uno rescata aquello que los movió a meterse en su porción de realidad, a indagar por asuntos actuales y eternos, y a encontrar el estilo por el que son celebrados.

Y después, lo fundamental: las entrevistas.

Pregunta un poco por el qué, pero más pregunta por el cómo.

Aunque muchas de las preguntas se repiten, parecen nuevas, parecen hechas para cada autor.

Mi amigo y gran cronista argentino Leo Faccio, que leyó con deleite el libro, me comentó que uno de los gustos es saber que cada autor va a tener que responder a esas preguntas, tan precisas, tan difíciles, sobre por qué y cómo hacen lo que hacen.

Pero por supuesto muchas otras preguntas son únicas; tienen que ver con el tipo especial de periodismo narrativo que hace cada uno.

Y también hay un estado de alerta que conocen todos los buenos entrevistadores: la repregunta, el saltar sobre lo que queda poco claro, o a abrir la puerta al secreto y a las razones últimas por las que cada uno hace así su trabajo.

Con todos empieza pidiéndoles una autodefinición.

Y llama mucho la atención el énfasis en la modestia: buscan entender, contar, transmitir.

No la Verdad ni el Arte con mayúsculas. Y una gran diferencia con Wolfe: él mismo se decía representante de una revolución, que cortaba con el periodismo del pasado. Su nuevo periodismo era contra el viejo, era un desafío. Era The Times They Are A’Changin’ de Bob Dylan hecho periodismo. En el libro de Boynton, sus autores se reconocen en la generación anterior. Se ven como una continuidad. Si cabe, un desarrollo.

Entre las muchas cosas que me quedan más claras tras leer el libro de Robert Boynton, destaco esta: si a partir de El Nuevo Periodismo el diálogo central era entre periodismo y literatura, en El nuevo Nuevo Periodismo se agrega a este un nuevo diálogo: entre el periodismo literario y las ciencias sociales.

Los nuevos cronistas se sumergen en las calles de sus propias ciudades y en lejanos poblados como un antropólogo, estudian las relaciones y las conductas como sociólogos y psicólogos, aprenden del pasado para entender el presente como historiadores, y en sus libros analizan y piensan en pluma alta, a la par que cuentan.

Son narradores y ensayistas. Tal vez esto tenga que ver con que estos nuevos nuevos periodistas pasaron todos por la universidad, y también que muchos enseñan, siguen en la academia.

Pero no llevan la calle al lenguaje de las revistas científicas y las tesis. Al revés: llevan la profundidad y la teoría a las calles y al lenguaje de los lectores.

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Tomado de Periodista Narrativo