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Hace hoy 10 años murió Julio Nudler. Hay varios motivos para que lo recordemos: además de buena persona y buen amigo, fue, en la opinión de muchos colegas, uno de los mejores periodistas de los últimos 40 años.

Lo fue no solamente porque manejara con destreza las técnicas del oficio ‒eso lo hacen bien unos cuantos‒ sino, especialmente, porque las empleaba con un rigor pocas veces visto, siempre orientado a la búsqueda de la verdad.

Aunque tenía una cultura general muy amplia, Julio esquivó ese molde arquetípico que nos define a los periodistas como aquellos que sabemos muy poco de muchas cosas.

Escribió sobre las tres materias de las que más sabía ‒y sabía mucho‒: economía, tango y política internacional. Y nunca lo hizo de taquito: para cada nota, por pequeña que fuera, se documentaba como si estuviera preparando una tesis.

A una década de su desaparición física, Julio Nudler sigue vigente.

Lo está para los colegas que alguna vez trabajamos con él y también para aquellos que no tuvieron esa suerte, pues muchas de sus notas, sobre todo las de sus últimos años, están disponibles en internet.

Pero, al margen de lo que sigue siendo como modelo de periodista (técnica más valores), Julio está más vigente que nunca por el carácter profético de aquel incidente que, nueve meses antes de su muerte, desnudó las peores características del todavía flamante ‒y, para muchos, esperanzador‒ kirchnerismo y le costó el ostracismo en las páginas de Página/12.

El director del diario resolvió no publicar en la edición del 23 de octubre de 2004 el panorama económico que Nudler escribía y firmaba todos los sábados, y que en esa ocasión reseñaba fundadas sospechas de corrupción ‒que el mismo autor había publicado anteriormente en el mismo periódico‒ sobre el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el recién designado síndico general de la Nación, Claudio Moroni.

Julio interpretó esa decisión como un acto de censura y la denunció públicamente. Se generó un debate que causó un gran revuelo y, aunque no fue despedido como empleado, no volvió a firmar el panorama económico y, excepto un par de notas menores en las semanas siguientes, ningún otro artículo en Página/12.

Las declaraciones que Nudler hizo entonces ante los numerosos periodistas que lo consultaron por el caso fueron, lamentablemente, premonitorias. Las que cito corresponden a la extensa entrevista que publicó el 11 de noviembre de 2004 el sitio web La Vaca:

‒  Creo que el Diario se estaba suicidando con su postura de alineamiento ciego con el oficialismo. Tan indisimulado que incluso resulta estúpido y contraproducente para el Diario,  y para el propio oficialismo.”

‒ “El problema no es Página/12, sino la falta de instituciones republicanas en este país, con un gobierno que a la vez es corrupto y corruptor, que manipula los medios con todas las armas que tiene a su alcance y con medios que se dejan corromper para hacer su negocio. Y entre todos traicionan al lector, al oyente, al televidente.”

‒ “Uno de los mecanismos para soliviantar y volcar a la gente contra alguien es convencerlos de que ese alguien los está atacando. Esto lo hizo Hitler con los judíos: los judíos nos atacan. Lo hizo Bush: decirle a los norteamericanos que hay un tipo llamado Saddam Hussein que los está atacando con armas de destrucción masiva, le granjeó inmediatamente el apoyo a la invasión a Irak.”

‒ “Es una gran estupidez tomar esa actitud de pensar: “Roban pero hacen”’. Roban, roban, roban. Eso no cambió. El bochorno con China también tiene que ver con la corrupción oficial.”

‒ “Este es un gobierno como era el de Menem, pero este proclama que es un país en serio.”

‒ “Si hay cajas paralelas, uno puede suponer que gente con aspiraciones necesitan financiamiento independiente. Mi tímida conclusión, tentativa, es que muchas de estas familias se convierten en millonarias.”

‒ “En el ambiente empresario, apenas surgió lo de China, el primer comentario fue averiguar de qué nivel serían las cometas. No es que lo diga yo, es lo que la gente da por cierto. Y no nos olvidemos que, por lo que se sabe, China es un país bastante corrupto, entonces un negocio con China puede implicar jugosos retornos para funcionarios de ambos lados. No digo que los vaya a haber, pero no estoy tranquilo si los organismos de contraloría están paralizados.”

‒ “Si no resolvemos ese problema institucional, todo lo demás no va a servir para nada. Durante el menemismo hubo enormes inversiones en la Argentina, y terminamos en un colosal desastre. Los chinos no van a invertir lo que se dijo, pero, aunque lo invirtieran, este país no se va a desarrollar con eso. Mucho más importante es que haya instituciones funcionando, y eso implica que no haya corrupción, o que haya la menor corrupción posible. Y no que el Gobierno esté asociado con la corrupción.”

Cualquier parecido con cosas que ocurrieron en los últimos 10 años no es pura coincidencia.

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Por Alejandro Lomuto