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Ember candlelight vigil

Brett Morian, de Daytona Beach, abraza a otro asistente a una vigilia en Ember por las 50 víctimas mortales de una balacera en un club nocturno gay de Orlando, el 12 de junio de 2016. (Joshua Lim/Orlando Sentinel via AP)

El tiroteo que el domingo desencadenó los asesinatos de Orlando, Florida, resulta escalofriante por su escala: 50 muertos en una sola noche.

Pero no es inusual que docenas de estadounidenses mueran por armas de fuego en un solo día.

En Estados Unidos los homicidios por armas son una causa común de fallecimiento que mata a tantas personas como los choques de autos (sin contar los incidentes con furgonetas, camiones, motocicletas o autobuses).

Algunos hechos llaman más la atención que otros, por supuesto.

Si contamos los tiroteos masivos que llegan a los titulares y los miles de estadounidenses asesinados, los homicidios por armas de fuego alcanzaron el número de 11.961 en 2014, según el FBI.

Este nivel de violencia hace que Estados Unidos sea un fenómeno atípico y extremo si se compara con las experiencias de otros países avanzados.

En todo el mundo esos países tienen tasas de muerte por el uso de armas mucho más bajas.

En Alemania ser asesinado con un arma es tan poco frecuente como morir golpeado por un objeto que cae desde un edificio en Estados Unidos.

Alrededor de dos personas por cada millón mueren por el uso de armas de fuego en Alemania.

Los homicidios con armas también son muy raros en otros países europeos como los Países Bajos y Austria.

En Estados Unidos, dos por millón equivale aproximadamente a la tasa de muertes por hipotermia o accidentes aéreos.

En Polonia e Inglaterra la tasa de personas que mueren en homicidios por armas de fuego es de aproximadamente uno por millón, cifra que se asemeja a las estadísticas estadounidenses de muertes por accidentes agrícolas o caídas en escaleras.

En Japón, donde los homicidios por armas de fuego son aún más raros, la probabilidad de morir así es casi la misma que la que tiene un estadounidense de fallecer porque le caiga un rayo —aproximadamente uno por cada 10 millones.

En Estados Unidos la tasa de mortalidad por homicidios con armas es de aproximadamente 31 por cada millón de personas —el equivalente a que 27 personas sean tiroteadas todos los días del año.

Los homicidios incluyen las pérdidas humanas en asesinatos masivos como el ataque perpetrado en Orlando el domingo, o el de San Bernardino, California,en diciembre.

Y, por supuesto, también incluyen los homicidios de una sola víctima que son mucho más comunes.

Los ataques de París en los que murieron 130 personas el año pasado, representan casi la misma cantidad de fallecidos por armas de toda Francia en un año normal.

Pero, incluso si Francia tuviese un tiroteo masivo tan mortal como esos ataques todos los meses, la tasa anual de fallecimientos por el uso de armas de fuego sería menor que la de Estados Unidos.

La tasa de la violencia armada en Estados Unidos no es la más alta del mundo.

En algunas naciones de América Central, África y Oriente Medio, los números son más elevados —cercanos a las cifras estadounidenses de muertes por ataques al corazón y cáncer de pulmón.

En México, donde se vive una lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, 122 personas por cada millón mueren por homicidios con armas.

Sin embargo, los países con niveles de violencia como los de Estados Unidos son muy distintos si se mide el PIB, la esperanza de vida y la educación.

Entre las democracias desarrolladas, Estados Unidos es un caso atípico.

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Nota de Rubén Darío Buitrón

Penosamente, o a propósito, The New York Times olvida, en este reportaje, el contexto de la venta libre de armas y el hecho de que uno de los principales financistas de las campañas presidenciales y legislativas en la Asociación Nacional del Rifle, que con su enorme influencia política y económica, además de su composición social en la que tiene mucho que ver el Estado de Israel, impide cualquier intento de hacer una ley contra la venta y el portar armas libremente a cualquier ciudadano.