fotografía set de televisión

Por Rubén Darío Buitrón

El destino de los noticieros de televisión, al menos como están estructurados hoy, es muy corto.

Sus formatos, que no han cambiado desde hace al menos dos décadas y que los nuevos canales (incluso los gubernamentales e “incautados”) siguen su estructura al pie de la letra.

Para demostrarlo solo bastaría mirar los noticieros de unos y otros con el volumen en silencio.

Alguien dirá que estoy omitiendo “los contenidos” y mezclando dos cosas que no tienen nada que ver, pero el juego es importante: ¿un medio alternativo no debería ser alternativo en todo?

¿No debería armar otra estructura?

¿No debería tener otro ritmo, otros tiempos, otro ordenamiento lógico?

Por eso, la muerte de los noticieros de televisión es inminente: una de las razones es el avance de la tecnología del “streaming”, que consiste en la transmisión audiovisual en directo de cualquier hecho que ocurra desde un simple teléfono celular o “smartphone”.

Si la gente cuenta con este servicio en tiempo real, si puede escuchar sin ediciones ni palabras dichas en pocos segundos, si ya sabe de qué se trata lo que le anuncian, ¿qué le informarán de nuevo los noticieros de los canales de televisión convencionales, incluidos en ellos los oficialistas y los “incautados”?

¿Podrán editar a su antojo los hechos grabados para sesgarlos y omitir lo que no les conviene que se publique y solamente dejar lo que sí favorece a sus intereses empresariales, políticos o comerciales?

No, ya no podrán hacerlo. Y, si lo hicieran, cada vez perdieran más y más credibilidad. ¿Cómo ser fiel a los hechos, cómo ser equilibrados, cómo ser justos sin seguir una línea editorial sesgada que ataca u omite todo lo que no conviene a sus intereses?

Entonces ganaremos otra final: tendremos un público activo, que no permitirá la mentira, las medias verdades, las ediciones y los cortes intencionados, las declaraciones con las palabras cortadas según la conveniencia del medio y del dueño y del patrón.

El ciudadano será más dueño de la realidad porque la vio en vivo, porque ya sabe que mañana y en el futuro no le podrán engañar, porque ya conocerá previamente el tema, porque ya sabrá de qué le están hablando y porque ya ni siquiera necesitará que un reportero de voz impostada y con corbata intente contarle qué es lo que pasó.

Es una buena noticia que los informativos de televisión y de radio se enfrenten a sí mismos.

Frente a un público capaz de informarse a sí mismo y en tiempo real, a los medios audiovisuales les queda solo una alternativa: o se reinventan o mueren.