fotografía periodismo argentino

Qué mal hace la mayoría de periodistas y comentaristas deportivos argentinos (muchos de ellos, exfutbolistas sin preparación académica) cuando infoxica a sus audiencias.

Las envenenan. Les mienten. Les crean falsas expectativas. Les presentan espejos que distorsionan las imágenes reales. Les trasladan su complejo de superioridad que, como ya sabemos, en realidad es un complejo de inferioridad.

Los argentinos, por idiosincracia, son apasionados, en especial los porteños, que dicen llevar en su sangre el ADN italiano y europeo.

Pero de ahí hay un abismo a creer que esa condición les convierte en seres de un planeta superdotado o que eso les hace superiores a los demás habitantes de América Latina. En fútbol, en literatura, en periodismo, en cultura.

Un día después del partido que Boca Jr. perdió ante el modesto pero guerrero Independiente exploro las portadas de los periódicos bonaerenses, miro segmentos de los programas deportivos que pasan en TV por cable y leo diarios digitales.

Todos, los pro Macri o los pro Kirchner (menos poderosos estos), manejan la misma matriz argumental: el equipo que derrotó al supuestamente imbatible Boca Jr. no existe porque es ecuatoriano, porque es esconocido, porque es humilde y, sobre todo, porque se atrevió a eliminar al campeón reinante (River Plate) y a Boca Jr. en sus estadios de Buenos Aires.

Para vender humo a las audiencias, minimizan la derrota de Boca Jr. e ignoran al Independiente del Valle.

Y aunque suene un poco cruel, al día siguiente el atentado de un loco que atropelló y mató a casi cien personas en Francia les dio la portada que esperaban para evitar la vergüenza deportiva.

El legendario Diego Maradona los llamó alguna vez “periodismo carroñero”.

Lionel Messi, estrella mundial, es una de las víctimas: se siente tan presionado por la prensa deportiva de su país natal que ya no puede más y decide renunciar a la selección.

Ante la pregunta de un periodista argentino de la cadena FOX, que porqué el equipo ecuatoriano clasificó a la final, el jugador manabita Junior Sornoza le encaró y le dijo: “Algunos colegas suyos nos daban por eliminados pero clasificamos… porque tenemos los huevos bien grandes” y lo calló de la forma más contundente.

El periodismo deportivo es, por esencia, apasionante y apasionado.

Pero cínico, mentiroso e infoxicante, no. Falto de autocrítica, no. Patriotero, no. Arrogante, no.

Mirarse el ombligo y alentar el narcisismo ha hecho mucho daño histórico a los argentinos. No solamente en lo futbolístico, sino también en lo político.

Por eso hay mucha gente que todavía le cree a los poderosos clanes mediáticos Clarín, El Nacional y al arrogante Jorge Lanata, todos fieles al presidente Macri, la extrema derecha y el dolo, que, entre otros factores, ganó la presidencia de la República el año pasado por el apoyo de estos medios y por el voto de quienes los creen.

Por eso hay mucha gente ingenua, también en América Latina, que les sigue a los “grandes escritores argentinos”, presuntos pensadores y cronistas notables, que en sus tuits insultan a los chilenos y lo subestiman por ganarle a Argentina o dicen que el terremoto de Ecuador es un castigo de los dioses por la trágica y casual muerte de las dos chicas argentinas en las playas de Montañita.

Por eso y muchas cosas más está claro lo que les pasa a los argentinos.

Pero, qué pena, ni siquiera los periodistas de ese país aprenden que en la vida hay que ser humildes y autocríticos para dejarse de mirar el ombligo.