fotografía Estefanía Camelos

La valiente lucha de Estefanía Camelos, estudiante universitaria de 24 años, riobambeña y animalista convencida, se convirtió en pocas horas en una lucha colectiva de los grupos sociales y de miles de personas en todo el Ecuador.

Acusada judicialmente por supuesto desprestigio y deshonra a una conocida hostería de Riobamba luego de que ella publicó un comentario en la página de Facebook de ese establecimiento, fue denunciada penalmente por sus propietarios.

Sin embargo, cuando los activistas antitaurinos y los animalistas conocieron la reacción de la hostería activaron las redes sociales y despertaron la indignación de miles de personas que se pusieron a favor de Estefanía y deploraron la actitud del empresario.

Pero fue declarada inocente y esta decisión legal le ha dado más impulso a su convicción de rechazar las corridas y todo lo que implique la muerte violenta de animales en manos de seres humanos (¿seres humanos?) con espíritu sangriento que gozan viendo morir toros, toriles, gallos y aves y otras especies a las que disparan por hobby.

Estefanía ahora es una celebridad y una heroína, sobre todo porque tuvo la valentía de aceptar la demanda y estar dispuesta a ir a la cárcel por sus convicciones.

Eso es lo que mucha gente no entiende: la humanidad será mejor cuando cada uno de nosotros seamos coherentes entre lo que hacemos y entre lo que decimos.

El caso produjo polémica en Riobamba y luego se extendió por el país: un nuevo round entre los taurinos, aquellos que creen que por sus venas corre “sangre española” y, por tanto, aristocrática (¿) y quienes objetan y pelean porque en el Ecuador queden abolida la mal llamada “fiesta brava”.

Estefanía expresó, en aquel comentario, su desaprobación por las corridas de toros que se realizan allí.

“Un lugar que en sus instalaciones maltratan y torturan animales. Muchos inocentes han muerto ahí. No la recomiendo”, escribió.

El propietario reaccionó de inmediato porque, según él, el comentario afectaba gravemente la reputación y el prestigio de su empresa y presentó en la Unidad Judicial Penal de Riobamba una querella.

Según el empresario, “en el texto se dice que muchos inocentes han muerto ahí. Hay que tomar en cuenta el número de visitas que tuvo esa publicación y el daño que nos causa”.

Pésima estrategia de crisis la de la hostería.

En lugar de responder a Estefanía con respeto y consideración y expresar su punto de vista por la misma vía del Facebook, al responderle públicamente con una amenaza judicial que podía terminar con la chica en la cárcel por al menos un mes, la hostería lanzó un boomerang que, como siempre sucede, terminó golpeándola con dureza.

¿Quién ganó y quién perdió?

Estefanía recibió una sentencia como inocente, mientras que la hostería derrumbó su nombre y su trayectoria al actuar en forma violenta, amenazante y prepotente.

La misma actitud que pocos días atrás, y por coincidencia (¿o por actitud?) se produjo en la misma ciudad donde la obsoleta aristocracia y los hacendados aplaudieron al obispo de la ciudad, un cura español que no actúa como pregona en los medios donde tiene espacios de opinión, cuando este decidió cambiar de lugar (al menos eso se sabe, aunque aún no está claro el destino) del mural del Cristo Indio, que por muchos años estuvo en la catedral y que recordaba al Obispo de los Indios, monseñor Leonidas Proaño.

El juez de la Unidad Penal, Franklin Ocaña, resolvió que “el Facebook se hizo para expresar nuestro descontento sobre cualquier tema” y la dejó libre de cualquier presunto delito.

Los grupos que apoyaron a Estefanía, entre ellos el movimiento Juventud Contracorriente, emitieron su opinión: “Nos pudo pasar a cualquiera de nosotros, que somos activistas y nos expresamos en Facebook”.

El atentado del obispo español contra nuestra memoria histórica y social y la prepotente demanda de la hostería ubicada en la vía Penipe-Baños contra Estefanía Camelos no parecen aislados.

Hay encopetados y racistas que aún cree vivir en la era de las poderosas haciendas donde se esclavizaba y explotaba sin misericordia a los indígenas.

Así puede entenderse por qué Riobamba no avanza ni progresa, porque quienes poseen las haciendas de la provincia solo miran por sus intereses.

Así puede entenderse, también, por qué la oligarquía nacional y los enriquecidos a costa del trabajo de otros quieren recuperar el poder el próximo 17 de febrero.

fotografía Estefanía Camelos II