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Por Rubén Darío Buitrón

Cada vez es más grave lo que ocurre en la televisión ecuatoriana: la obsesión de elevar el rating ha vuelto a este medio de (in)comunicación en una manera de analfabetizar a los espectadores, al público, a los ciudadanos.

Es una manera de estupidizar a la sociedad: hacer que se preocupe de cosas irrelevantes, dejar que su tiempo diario se consuma en frivolidades, contravalores, obsesión por creer que es verdad lo que se ve en la pantalla, e impedirle que aprenda a reflexionar sobre los hechos más trascendentes de su vida, desde lo cotidiano hasta la alta política.

El rating, muchas veces interesado y mentiroso, porque las empresas encargadas de medirlo favorecen a quienes pagan más por ese trabajo, tiene directa relación con la publicidad, la publicidad tiene directa relación con los ingresos económicos de las empresas mediáticas y los ingresos económicos tienen directa relación con la influencia que la prensa pueda ejercer sobre (o contra) el poder político.

“(La telebasura”) es antiética porque manipula y menosprecia al público al negarle las partes de la verdad que estimulan su pensamiento. Recibe solo las partes sórdidas o triviales de la realidad”, dice Javier Darío Restrepo.

Existe en el Ecuador un creciente malestar por la cantidad de telebasura que se emite en los canales abiertos, pero también en decenas de estaciones de televisión por cable, las cuales repiten películas viejas de mala calidad o difunden programas que se copian entre ellos (¿han visto la cantidad de espacios dedicados a la cocina que, en el fondo, traslucen un machismo solapado porque están dedicados a las amas de casa bajo el supuesto de que no tienen más que hacer que mirar televisión?).

El problema, sin embargo, como suele ocurrir con muchas situaciones que molestan a los ciudadanos, es que estamos haciendo activismo de sofá, mientras los canales actúan, de hecho, y siguen produciendo esos desechos, y los auspiciantes continúan colocando publicidad porque aquella basura es la más fácil de digerir junto con la basura -también- que venden al público las empresas cómplices.

Qué fácil es quejarse por Twitter o por Facebook y hasta crear “trending topics” (tendencias temáticas seguidas por mucha gente en las redes) donde los que se rebelan contra la telebasura lo hacen cómodamente desde su zona de confort.

Cuando realmente se quiere cambiar una realidad que creemos perjudica a la sociedad hay que actuar en lo concreto y no solo en las palabras. Hay que salir a pelear.

¿Qué tal si nos organizáramos y una noche de alto rating, como la de los domingos, armáramos un apagón nacional?

¿Les parece buena idea?

Entonces, hay que convocar (solo convocar) desde las redes sociales, pero lo esencial es levantarse del sofá, activar reuniones para organizarnos, planificar, coordinar y actuar.

¿Estamos dispuestos a hacerlo?

Si no lo estamos, dejemos de quejarnos desde nuestra zona de confort.