fotografía sala de redacción II

Por Rubén Darío Buitrón

¿Cambiaría el periodismo si quienes lo manejaran, en su mayoría, fuesen mujeres?

No necesariamente, porque no es un asunto de género.

¿Cambiaría el periodismo si quienes lo manejaran, en su mayoría, fueran mujeres comprometidas con la gente?

Sí, definitivamente, porque es un asunto de cómo se mira el mundo, de cómo cambiar sus injusticias, discriminaciones e inequidades, de cómo exponer en los medios la realidad sin omitir ni sesgar.

En mi carrera viví dos experiencias bajo dirección femenina (en un país como Ecuador donde en la prensa mandan los hombres) y en comparación con otras vivencias y medios periodísticos donde el mando lo tuvieron los varones, nunca observé cambios sustanciales según si quien mandaba era de un género u otro.

Lo que ocurre en los medios se parece mucho a lo que sucede en la política.

Los dones y sensibilidades distintas que poseen las mujeres en relación con los hombres no tienen relevancia a la hora de las decisiones finales, porque no son las mujeres, por más jefas que fueran, las que intervienen en el proceso de decisiones y edición del producto que llega al público.

En el caso de mis experiencias, en el primero se trataba de una revista de amplia circulación.

Mi jefa directa en Quito (de quien aprendí muchísimo) y la editora general (con base en Guayaquil) eran mujeres, pero quien tenía la última palabra era el dueño de la revista.

Él, con esferográfico en mano y mirando, tachando o acomodando línea por línea y página por página, decía sí o no a cualquier tema. Y eran el sí o no definitivos.

Quitaba párrafos o fotografías que no le agradaban.

Ordenaba que un tema no saliera porque afectaba a su ideología o porque el tema era contrario a los intereses económicos y de poder de él o de su grupo.

Pedía cambios si la nota tocaba a ciertos anunciantes poderosos.

¿Puedo enorgullecerme de haber tenido dos excelentes jefas que me enseñaron mucho? Sí, en especial de quien dirigía la corresponsalía en Quito.

¿Puedo enorgullecerme de que en ciertas circunstancias su esfuerzo, y el mío, fuera inútil? No. Porque era evidente que se cuidaban intereses particulares y no se pensaba en el interés general o en el bien común.

Mi segunda experiencia la viví algunos años en un periódico quiteño que, en determinado momento histórico, fue decisivo para el país.

En este caso, las condiciones parecían mucho más propicias para que fueran diferentes las miradas de la realidad: una mujer madura era la dueña de la mayoría de acciones,  era la presidenta de la empresa y  la directora del medio.

Si extrapolaríamos las cosas y fuéramos ingenuos, ella habría tenido que establecer líneas editoriales con visiones distintas de los hechos y habría tenido que estructurar una sala de redacción plural y democrática en todo sentido, desde pensamientos políticos plurales y democráticos hasta la selección de personal con propuestas periodísticas cercanas a lo social y a distintas voces. Pudo hacer un periódico democrático.

Pero nunca fue así. Era mujer, mas sus intereses económicos, su entorno empresarial y su ideología conservadora no la diferenciaban del director (hombre) del medio anterior.

El periodismo sería mejor, mucho mejor, si lo liderasen personas (mujeres u hombres, indistintamente) que se jugaran por los sueños y necesidades de la gente común, por los objetivos de la mayoría de la sociedad. Si fueran, al menos, líderes con formación anti-establishment.

Porque no es un asunto de género. Es de ideología. Es de compromiso con los que pobres, con los rezagados y con los que no tienen voz.

Puedo apostarlo.