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La ya famosa frase pronunciada por la exconcejal de Quito y precandidata a asambleísta confirma aquella vieja teoría de los políticos corruptos clásicos:

“La política es el arte de pedir dinero a los ricos para llegar al poder y pedir el voto a los pobres para proteger a los ricos del peligro de los pobres”.

La precandidata, a quien le aterroriza que llegue al poder “un muerto de hambre”, ahora se ha unido al partido del banquero que se cansó de contar plata y se autoproclama “salvador de la Patria” siguiendo la línea del platanero que agotado de vender bananas ya va por su sexto frustrado intento de alcanzar el único juguete que no le compró su padre y que nunca lo tendrá: la Presidencia de la República.

Porque, según ella, un país solo lo puede manejar “un empresario probo”.

¿Qué edad tendría o que poca memoria le queda acerca de aquel discurso que los ricos lograron contagiar a los pobres para que el ingeniero mecánico León Febres Cordero (PSC, el mismo partido de la señora de marras) ganara al doctor en Derecho Rodrigo Borja Cevallos (ID)?

En 1984 venció Febres Cordero en segunda vuelta porque, al igual que la declaración que estamos criticando ahora, se decía que había que votar por León “porque él ya tiene mucho dinero y no robará en el gobierno”.

Sin embargo, en ese régimen se produjeron graves escándalos de corrupción, como los que han ocurrido y siguen ocurriendo en los altos poderes.

Si analizamos qué quiso decir con “muerto de hambre” la ex (exreina de Quito, exconcejala, expresentadora de noticias de televisión, exesposa de cantante y ahora presunta activista del partido del Opus Dei), hay un elemento psicológico inconsciente: la exseñora está convencida de que llegar al poder es para saciar el hambre.

Y si está convencida de eso se debe, potencialmente, a que cuando fue concejala del partido socialcristiano fue la defensora tenaz de las causas de los poderosos empresarios que dominan Quito y sus áreas de influencia, sus ansias de digerirlo todo quedaron satisfechas.

Ahora, la que antes abrazaba y besaba en las mejillas al actual presidente de la República y al candidato a Presidente por AP, ha decidido volver a la escena política para pedir el voto a los muertos de hambre, a aquellos ingenuos y poco reflexivos ciudadanos que le han dado el voto para edil municipal  y que ahora le darán el voto para legisladora.

¿A quién representará en la Asamblea Nacional? ¿A los muertos de hambre reales, a los muertos de hambre que los banqueros oportunistas dejaron sin casa, sin trabajo y sin comida a millones de ecuatorianos en los años noventa?

No. Representará a los muertos de hambre de poder.

A los analfabetos políticos.

A los arribistas.

A los que sufren de nostalgia desde hace diez años por no tener en sus manos el poder para matar de hambre a millones de ecuatorianos.

Muerta de hambre de poder, será la vocera de la vieja clase partidista que, desde el piso más alto del edificio central donde están las elegantes oficinas de un banco, se inventó un nuevo partido con nombre alusivo a una oración de los católicos que ha sido mal interpretada (creo en los banqueros poderosos/dueños del cielo y de la tierra/).

Muerta de hambre de poder, si llegara a ocupar una curul, se vengará de que en Carondelet le cerraron las puertas durante diez años cada vez que iba a golpearlas para tratar de conseguir algún cargo a costa de sonrisas que ahora ha olvidado pero que las fotografías impiden al país borrarlas de la memoria social.

Muerta de hambre de poder no tiene escrúpulos para alinearse con quien sea, a cambio de una pizca de influencias, una mendrugo de espacio para aprovechar su posición, un pedazo del pastel que, como siempre, se llevarán los que llegan a las más altas posiciones para saciar sus deseos más bajos.

Muerta de hambre de poder, ha humillado a los verdaderos muertos de hambre, que son millones.

Muerta de hambre de poder, ha humillado a los olvidados por el poder, a los que piden limosna en las calles, a los subempleados y a los desempleados, a quienes sueñan con una vida digna pero no pueden alcanzarla, a los que no tienen cuenta en el banco, a los que cuentan las monedas para tomar un bus, a los que viven en una habitación miserable en algún barrio adonde aún no llega la energía eléctrica, el agua potable, el alcantarillado, el transporte público, las escuelas, los centros de salud.

Muerta de hambre de poder.