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Al alcalde socialcristiano le encanta condecorar.

Y si es para rendir homenaje a los periodistas que están en su misma línea política e ideológica, mejor.

O sea, él que tanto defiende la libertad de prensa y de expresión (en especial de prensa, por los grandes medios que abiertamente se subyugan ante él),

Lo hizo hace pocos días con el periodista argentino Jorge Lanata, quien, en un exceso del “burgomaestre”, fue declarado “huésped ilustre” de Guayaquil.

¿Por qué “huésped ilustre”? ¿Hizo algo por América Latina? ¿Ha defendido al Ecuador o al “puerto principal” en algún escenario internacional por algún asunto grave? ¿Es un gran maestro que ha escrito libros y que nos ha enseñado periodismo honesto con su ejemplo?

Fue, sin duda, la respuesta de la extrema derecha ecuatoriana, encabezada por Nebot, a la condecoración que la Asamblea Nacional le concediera días atrás a la expresidenta argentina Cristina Fernández, de la misma línea política del actual gobierno.

El problema no es, sin embargo, la guerra de condecoraciones, más allá de que estemos o no de acuerdo con una u otra.

El problema de fondo es que existan periodistas que acepten que el poder los premie.

¿El poder premiando a los comunicadores por qué, por cumplir su trabajo o porque a ese poder dichos periodistas le resultan útiles, manejables, serviciales, peones de la batalla ideológica entre la oligarquía y el proyecto socialista?

¿No es antiético que el poder premie a comunicadores y más antiético que los comunicadores lo reciban?

¿Desde cuándo se otorgan llaves de la ciudad, declaraciones de huéspedes ilustres y medallas de honor a quienes no hacen nada más que cumplir su deber?

Lanata, además, vino a Guayaquil a dictar cátedra de periodismo independiente, cuando fue pieza esencial del triunfo del nefasto Mauricio Macri en Argentina.

Y tuvo la desfachatez  de decir que los gobiernos populistas “se creen dueños de la verdad”. ¿No es él quien se cree dueño de la verdad al ofender a la expresidenta no por su gestión, que como ciudadano pueda cuestionarla, sino porque “está vieja y enferma”, como si esto tuviera que ver con el ejercicio del poder o del contrapoder?

“Lanata, gordo, barbudo e hiriente, se tomó 11 minutos para hilar el evidente paralelismo entre los países que han sucumbido ante el socialismo del siglo XXI, que él reduce a la condición de populismo”.

Habló de que “el periodismo forma parte de un complot” durante los gobiernos de izquierda, cuando él mismo es un complotador al servicio de Macri.

Y, como suele ocurrir con quienes dicen lo que les sale del hígado, dijo que su misión es ir a los países “donde no existe libertad de prensa y que en Ecuador él no podría ejercer porque iría preso”.

¿No es una contradicción tener toda la libertad para pronunciar semejante aseveración e irse de vuelta a su país sin que nadie lo tocara?

Deploro y me avergüenzo de periodistas como Lanata, que reciben condecoraciones del poder al que dicen combatir como esencia de su oficio.

Deploro que se condecore al “pabellón” de Diario El Universo como ejemplo de “libertad de prensa y de imparcialidad, sirviendo a la ciudadanía sin importar ideologías políticas”.

¿Imparcialidad? ¡¡¡¡Por favor!!!!

¿Sin importar ideologías políticas? ¡¡¡¡¡Por favor!!!!

Y así, el gran condecorador ha entregado preseas a decenas de periodistas en los últimos años.

Pero, insisto, lo grave es que existan periodistas o medios que los acepten.

Como Ismael Cala, de CNN, hoy convertido en una suerte de Paolo Coelho, a quien premió “por su valiosa labor profesional y como muestra de libertad y afecto al libérrimo pueblo de Guayaquil” (¿).

Como Patricia Estupiñán, de la revista Vistazo.

Como Diego Oquendo, de Radio Visión.

Como Gonzalo Rosero, de Radio Democracia.

Como Alfonso Espinosa de los Monteros, de Ecuavisa.

Como otros que seguirán desfilando para tener una medallita con cinta celeste y blanca para colgar en la sala de su casa sin acordarse, como dice el gran periodista británico David Randall, que jamás debes aceptar nada de las fuentes, porque, al final, saben cómo cobrarte.

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