CONCENTRACIÓN DE PERIODISTAS EN TENERIFE

Por Rubén Darío Buitrón

No es la primera vez que sucede. Recuerdo que cuando ganó la presidencia Jamil Mahuad, la Democracia Popular (DP) postuló a un animador de uno de los peores programas de la historia de la televisión ecuatoriana, uno que  bajo el nombre de “Haga Negocio Conmigo” humillaba y humilla a la gente más pobre.

En aquel tiempo hubo una denuncia de que la gente de la DP había pagado a ese animador una muy alta cantidad de dinero para que aceptara ser diputado. La denuncia quedó en el aire. Y la duda también.

Pero, lo peor, fue la altísima votación que obtuvo el burdo animador.

¿Eso es democracia? ¿Así se emboba a los ciudadanos?

¿Qué experiencia política tenía ese señor como para convertirlo en “un padre de la Patria”? Luego, tras la merecida caída del presidente que quebró al país, los partidos y los políticos no aprendieron.

Y siguiendo el mal ejemplo de la DP, el alcalde guayaquileño llevó al mismo personaje como concejal de Guayaquil, cargo que ha ostentado durante varios períodos.

Y lo mismo se repite en muchos concejos municipales del país y hasta en la Asamblea.

Por eso es tan importante aplicar en el país, pero en serio y no solo en el discurso, la meritocracia.

Por eso es tan importante exigir que quienes llegan al poder, a cualquier poder político o administrativo en el Estado, pasen por rigurosos filtros. ¿No estamos ahora mismo sufriendo por eso en los casos de Pareja Yanuselli y su banda en Petroecuador?

Porque en el antiguo Congreso, en la Asamblea Constituyente de Montecristi y en la actual Asamblea Nacional han participado animadores (?) de TV y periodistas en diversos partidos, de derecha y de izquierda y de centro.

Es una aberacción de la política ecuatoriana: privilegiar la popularidad -conseguida porque son populares gracias a que son ampliamente conocidos por su rol en la pantalla, pero debido a su papel como lo que en realidad son, personajes de la farándula superficial y frívola, no personajes del ejercicio honesto y patriótico de la política.

Ahora que vienen las inscripciones de las listas para las elecciones de febrero de 2017, la  tosudez de los partidos hace que vuelvan a buscar y postular a “talentos de pantalla”(?) que ni siquiera tienen una ideología definidao que su ideología es la del mejor postor.

Basta referirse a un reportero y conductor de noticias de Ecuador TV, Gustavo Espinosa, quien trabaja para el canal estatal y, por tanto su gestión ha sido favorable a las tesis del Gobierno y de pronto, no sé si como producto de la ambición personal, la vanidad o si cree que tiene los dones para ser asambleísta, aparece en la lista para de un partido contrario al oficialista Alianza PAIS.

¿Qué ética hay allí? Ninguna.

¿Y María Mercedes Cuesta? ¿Con los roldosistas “religionados”?

¿Y Nataly Toledo, de Teleamazonas? ¿Y Paola Veintimilla y Patricia Terán, de Mundo FM? ¿Y Yaco Martínez, director de un diario en Carchi?

¿Y Marcela Holguín, de Gama TV, entrevistadora oficial de los ministros del régimen y de los funcionarios de AP y hoy candidata por AP?

¿Y Jorge Yunda, de radio Canela, exsuperpoderoso de las frecuencias durante este gobierno y hoy candidato de AP?

¿Y tantos y tantas etcéteras?

Existe el deseo irrefrenable de poder de quien acepta, pero también el oportunismo poco inteligente y facilista de quienes lo nominan.

Lo peor de todo es que muchos de estos seudoperiodistas, que por ejemplo son concejales en los municipios del país, siguen en la pantalla.

¿Cómo hacen para ser tan cínicos? Su curul en el Cabildo se la deben a un partido y van a los noticieros a fingir y fungir de reporteros o presentadores de noticias “objetivos, veraces e imparciales”.

El caso del exportero de Barcelona, Carlos Luis Morales, es patético: se ha movido con astucia entre Alianza PAIS y Centro Democrático.

Lo peor de todo es que, en los hechos como el que citamos, siguen apareciendo y seguirán apareciendo en la pantalla. Doble salario. ¿Doble moral?

Les invito a mis lectores a que miren las listas que estos días de noviembre, a punto de vencer el plazo para las inscripciones, cómo los dirigentes de los partidos (de todos los partidos) evalúan por encuestas a los personajes más populares o más conocidos por la gente (que no quiere decir ni a los más preparados ni a los más inteligentes ni a los que conocen de teoría ideología y ejercicio político) y les proponen ser candidatos.

En esas listas figuran, incluso, gente de la farándula y del morbo en los canales de la telebasura.

Es una vergüenza nacional. Es la inmadurez de nuestra democracia. Es el facilismo de los dirigentes políticos.

Y aquí no se salva ningún partido, ni de derecha  ni de izquierda ni de centro ni populista. Ninguno.

¿Después pretendemos o exigimos calidad parlamentaria en el debate y pedimos que se presenten proyectos de ley en beneficio del pueblo? ¿Cómo? ¿Con qué capacidad?

¿Qué ideas importantes puede generar un “talento de pantalla” que se hizo popular por chismear y especular de la vida privada de los demás?

Termino con dos reflexiones.

Una, quien vota por esas personas está infringiéndose un enorme daño como ciudadano e infringiendo un enorme daño al futuro del Ecuador. No lo haga, por favor. Vote por quien merece por su gestión, por su trayectoria y por su posibilidad de ayudar a construir un país mejor.

Dos, como periodista y como ciudadano rechazo de forma tajante (no “tácita”, como dicen esos politiqueros improvisados que ni siquiera conocen de léxico) que un periodista de verdad, conocido por su gestión como periodista y no como político, use o manipule esa popularidad mediática para saltar al campo de la política donde, seguramente, con el mal ejemplo histórico pasado y presente, pensará en su bien personal y no en el bien común.

Como dice J.M. Poirer, “el periodista que se hace candidato traiciona la vocación por el oficio. O se aprovechó de ella y nunca la sintió de verdad”.

Como dice la tuitera Sara Silva (@SaraSilvaCajas), “esto se debió contemplar en la Ley de Comunicación. Cómo es posible que quien tiene oportunidad como periodistas o presentadores (profesionales o empíricos) en medios que tienen alta acogida, aprovechan un tiempo en pantalla para difundir su imagen (es lo que vende la televisión: imágenes) y luego candidatos.

Considero poco ético, por decir lo menos, entrar en una competencia tan desleal, cuando muchos de los candidatos jamás han tenido la oportunidad ni siquiera de acudir a un canal de televisión, peor aún aparecer en pantalla. Lamento que esta selección se dé por “figuras” y no por personas y que el movimiento al que me pertenezco (AP) tampoco sea la excepción.

Mi llamado desde una visión de género también. Quienes defendemos la equidad y justicia nos oponemos a que en el caso de las mujeres sean utilizadas por sus dotes físicas para estos fines, pero parece que a muchas mujeres poco o nada les importa ser ‘utilizadas’, simplemente hemos perdido toda ética y lo que cuenta es la apariencia y desde luego el dinero. Mucha gente sin pizca de preparación para el parlamento participará y nuestra obligación es negarles el voto“.

Porque los periodistas de verdad somos periodistas siempre y para siempre.

Porque amamos nuestro oficio y conocemos nuestro rol en la sociedad.

Porque cada día nos jugamos la vida por informar, no por figurar ni por hacernos famosos.

Y, en el fondo, es mejor que abandonen los medios. Porque sabemos que los cínicos no sirven para este oficio, como ya lo dijo Kapuscinski.

Mi repudio para los oportunistas que, en el fondo, muestran que nunca fueron periodistas,pero que usaron este noble oficio para escalar posiciones.

Mi repudio para los arribistas y oportunistas que, en ningún caso, tienen derecho a representar al pueblo.