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Rubén Darío Buitrón

Cuando Álvaro Noboa, con su conocida torpeza para leer un mal texto quizás escrito por su abogada de confianza, informó que esta vez no “correría” por las elecciones presidenciales (eso de “correr” es un término gringo mal traducido y mal utilizado por el empresario bananero), muchos nos alegramos.

Fue una decisión anunciada en el marco del melodrama, pues, según él, lo hacía para no dispersar más votos de la derecha y evitar el triunfo de Lenin Moreno, el candidato del oficialismo.

Cosa curiosa, durante toda la semana anterior había estado publicando en la prensa nacional avisos pagados en los que mostraba presuntas encuestas en las que todos los precandidatos bajaban y el único que subía era él.

Si eso era cierto, ¿por qué no se presentó y ganó?

Pero, diciéndolo en términos populares, la alegría del pobre dura poco: al día siguiente, el torpe pero económicamente poderoso bananero y harinero presentó su lista de candidatos para asambleístas.

¿No dijo que no quería dividir la votación de la derecha?

Más grave aún, el listado de nombres quedará registrado en la historia del absurdo de la política ecuatoriana: modelos, exreinas, jóvenes musculosos del programa Combate, presentadores de televisión, animadoras, bailarinas…

¿Lo hizo a propósito, para burlarse del país, para desacreditar a la democracia, o en realidad midió la popularidad de esos personajes, el rating de esos personajes en el área de entretenimiento mediático, y cree que ese rating puede transformarse en votos para contar con un bloque de alzamanos que hagan lo que él les ordene en su exclusivo beneficio?

Burdo o perverso, Noboa concentró las críticas ciudadanas por esa lista, aunque en las horas siguientes aparecieron otros partidos con candidatos que también provocaban un aire de farsa teatral y melodrama telenovelesco.

¿La intención es desprestigiar la Asamblea y volver, literalmente, al circo que ha sido casi toda la vida republicana?

Es probable, aunque del movimiento oficialista -que se jacta de haber dignificado el Parlamento- también hubo sorpresas como la candidatura de Wendy Vera, jurado de un programa de concursos en el que destacó por humillar a una adolescente que confesó ser atea.

Otras novedades de PAIS fueron un exfutbolista, un árbitro y un payaso, Tiko Tiko, postulado por la alianza entre el viejo partido Socialista con AP.

La década ganada, que el Gobierno reinvindica con mucho énfasis, no es total.

Al menos no lo es en la falta de iniciativas para que durante 10 años Alianza PAIS no ha podido estructurar un sistema o un mecanismo de formación de cuadros y líderes que le permita, como en un partido de fútbol, hacer los recambios, renovar y refrescar las líneas del equipo cuando la dinámica del juego lo exige.

Pero quizás es peor lo que ha ocurrido con los partidos de la oposición, tanto de los llamados de “centro”(?) como de los de la derecha.

Dejar que transcurran 10 años y no haber sido capaces de estructurar o reestructurar sus partidos es un pecado político que puede costar mucho el momento en el que los ciudadanos decidan su voto y se acerquen a las urnas el próximo 19 de febrero de 2017.

¿Cómo es posible que con todo su dinero, el empresario bananero Álvaro Noboa no haya podido armar un partido, aunque sea con su torpeza ideológica, que le hubiera permitido presentar candidaturas dignas y probas para las elecciones de asambleístas?

¿Y el candidato Guillermo Lasso, que ya lleva seis años en campaña, por qué tuvo que recurrir a alianzas de última hora y a incorporaciones de políticos oportunistas a los cuales tuvo que cederles espacios importantes a cambio de, supuestamente, fortalecer la presencia del partido CREO en la Sierra?

A la larga, tras la década en la que el enfrentamiento entre izquierda y derecha ha sido consistente y profundo por las visiones totalmente opuestas entre una y otra respecto del presente y futuro del país, ni los unos ni los otros han logrado armar y fortalecer partidos políticos con estructuras sólidas, con militantes destacados, con jóvenes que tengan visiones de largo plazo, con líderes capaces de sustituir, sin mayor drama ni patetismo, a los fundadores y a los caudillos de las organizaciones.

Muchos dicen que este análisis es exagerado porque “el pueblo ya sabe votar”. ¿Están seguros? ¿Han olvidado tan pronto lo que ocurrió el 23F en las elecciones para alcaldes?

Tampoco se puede culpar a los votantes cuando, según nosotros, se equivocan.

Si ni siquiera dentro de los partidos hay formación, peor la gente común va a contar con las herramientas ideológicas, políticas y mediáticas para discernir y votar con madurez.

Para mí, todo partido y movimiento político que han inscrito candidaturas de gente improvisada serán culpables de que la próxima Asamblea sea mediocre.

La tragedia de la democracia inmadura.

La tragedia de que los partidos se hayan convertido en una élite de especialistas en mandar y los demás seamos la masa de especialistas en obedecer.

La tragedia, también, de que seamos irresponsables como ciudadanos. De que seamos pasivos y no luchemos para formar nuestra conciencia y nuestra ideología por nosotros mismos.

¿Qué clase de política y de los políticos se vienen ahora? Mediocres faranduleros sin ninguna experiencia política que logran desilusionar a los ciudadanos porque los caudillos de cada partido le dan la espalda al pueblo que eligió a sus candidatos y toman decisiones desde arriba, no desde abajo.

Los partidos deben servir para incluir a los ciudadanos y hacerlos participar en las decisiones del Estado, pero eso no ocurre en el Ecuador: son esos partidos y sus dirigentes los únicos que terminan decidiendo lo que está bien y lo que está mal.

Otros dicen que si se produjera la tragedia de que volviera la derecha al poder y la Asamblea se llenara, literalmente, de payasos, será culpa de la “mala memoria que es típica de los ecuatorianos”.

Yo no estoy de acuerdo. Si tenemos mala memoria es porque no luchamos por mantenerla fresca, lúcida, despierta, atenta, estudiosa.

Recordemos que depende de los ciudadanos no solo el voto, sino la construcción de un verdadero país.

No dependamos de los políticos ni de las organizaciones incapaces de construir estructuras nuevas, frescas, distintas al caudillismo, al populismo, a la demagogia.

Se impone la necesidad de movimientos auténticamente horizontales, democráticos, meritocráticos, plurales.

Se impone la necesidad de crear verdaderas instancias ciudadanas alejadas de la política tradicional, sea vieja o nueva, que se una a quienes en verdad son orgánicos y estructurados.

Porque lo demás, como dijo Sartori, “es la mayoría de políticos que no conoce sobre la realidad mucho más que una persona común que lee un diario y escucha un noticiero radial”.