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Rubén Darío Buitrón

Un viejo zorro del periodismo me enseñó que uno debe enamorarse del oficio, pero jamás del medio de comunicación donde trabaja.

Y lo explicaba así: “Tu pasión por el oficio y tu vocación tienen que ser los amores de tu vida profesional, pero no de la empresa donde trabajas, porque nadie, ni tú, sabes dónde estarás mañana. Por esos amores tienes que jugarte porque esa pasión y esa certeza son una certeza consistente cuando realmente está enamorado del periodismo.

Entendí que teóricamente decirlo era fácil. Él trabajaba para un medio importante pero nunca se creyó el cuento de que la empresa “es una familia” o que “hay que ponerse la camiseta por la compañía”.

Sin embargo, en la cotidianidad, en el trabajo diario, no es tan fácil la decisión. Primero, porque me parece que lo uno no choca con lo otro: yo sí soy orgulloso de donde he trabajado, aunque ahora (ahora, no antes) le digan “prensa corrupta” (muchas veces con razón).

A diferencia del amor del pareja, en el periodismo llegas a enamorarte del oficio pero, por el orgullo que sientes cuando el medio hace un trabajo de calidad o tú mismo publicas algo de excelencia, sí llegas a sentir un fuerte sentimiento de pertenencia que, al final, puedo decir con entera certidumbre que es una ingenuidad.

Los primeros meses o años no te das cuenta. Defiendes a muerte tu trabajo, tus temas, el esfuerzo de tus compañeros, tu gente, el producto periodístico que ayudas a parir todos los días, y lo haces con más entusiasmo y pasión porque la línea periodística del medio (esto e raro) coincide con la tuya.

Pero un día te dices que no, que a tal persona o funcionario o autoridad no puedes tocarla porque es la que pone el mayor porcentaje de publicidad. O que no pongas a tal otra persona o funcionaria o que minimices lo que hace porque “no con la nueva línea editorial del medio”.

Y entonces recuerda al viejo zorro, mentalmente le das la razón, alzas la frente con dignidad y te vas para siempre mientras te recuerdan que nunca te integraste del todo a “la familia” y hasta te piden que devuelvas la camiseta.