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Rubén Darío Buitrón

Conste que digo “los dueños de los medios” y no “los dueños de la prensa” ni “los dueños de la opinión pública”.

Porque no lo son.

No son dueños de la opinión pública. A lo mucho, de la información que se les antoja publicar, es decir, de la opinión publicada, que no es otra cosa que la sinuosa línea editorial que manejan según sus intereses y los intereses de los publicistas, los accionistas y los financistas que los protegen.

No son dueños de la libertad de expresión.

A lo mucho, de la libertad de tener una gigantesca máquina a la que le veneran y hasta le crearon una fecha: el día de la libertad de prensa.

A lo mucho, son dueños de su libertad de censurar lo que no les parece conveniente.

Son dueños de los medios de producción (la prensa, el papel, las tintas, las computadoras, las impresoras, las conexiones eléctricas y electrónicas, el edificio, sus esclavos periodistas, la infraestructura), pero nunca han sido, son ni serán los dueños de mis puntos de vista, de mis conceptos, de mi forma de ver la vida, de mis deseos de llegar a vivir en un país justo, de no contemplar sus riquezas (que, además, las exhiben con arrogancia), sino de competir con ellos, aunque sea en circunstancias difíciles y desiguales.

Yo tengo un arma: el internet. Un medio alternativo que puede causarles escozor. Y que puede competir directamente con ellos.

Tengo mi cuenta de Twitter @rd_bui. Tengo mi blog rubendariobuitron.com. Tengo mi fanpage @RDBuitron. Y he abierto un portal para formar y capacitar y mantener actualizados a los periodistas -que es lo que deberían hacer los dueños de los medios de producción- que se llama loscronistas.net

Los medios digitales son baratos, muy baratos, y a través de ellos periodistas podemos comunicarnos, podemos comunicar, podemos decir con plena libertad lo que pensamos -siempre con respeto a la dignidad de los otros-, podemos publicar muchos textos y escritos que nunca aparecerían en los medios de los dueños de los medios.

Y de allí están naciendo los ciudadanos mediáticos. Los que ya tienen posibilidad de discertir entre la trampa y la verdad, entre la ética y la antiética, entre lo real y lo falso, entre las medias verdades y las medias mentiras.

Los dueños de los medios creen que tienen el poder. Pero no lo tienen.

Es más, hace rato que lo han ido perdiendo y no porque ningún gobierno se los haya quitado, sino porque se lo quitaron ellos mismos al configurar en su imaginación la idea de que el país, la sociedad, la política y la economía podía controlarse desde sus titulares y sus editoriales. Y la gente va dejando de creerles.

Y aunque pudieran recuperar su calidad de titiriteros de los gobiernos de turno, como casi siempre lo hicieron, nunca más podrán competir con las redes sociales, con el Twitter, con el Facebook, con el Fanpage, con los portales.

Ahí estamos nosotros, los del otro lado, los que vivimos y vimos tantas atrocidades y tantas mentiras, tanto poder y tanto ego, tanta vanidad y tanta soberbia, tanto dinero en manos de ellos y tan poco en manos de quienes los enriquecimos por muchos años.

Ya es hora de que entiendan que ser dueño de los medios no es ser dueño de los medios de comunicación, porque la comunicación y la información van muchísimo más allá de sus alcances, incluso de su comprensión, incluso de sus arbitrariedades, incluso de su propotencia para sacar a la gente que les es incómoda.

El mundo cambia, señores dueños de los medios. Y un día, pronto, sus medios se esfumarán. Y ya no serán ni siquiera dueños de los medios. No serán dueños de nada.

Los conceptos, las ideas, la filosofía, la información, la comunicación masiva. Nada les pertenece y no les pertenecerá.

No crean que esto durará muchos años más.

Como en cualquier aspecto de la vida, tendrán que rendir cuentas. Y, puedo asegurarles, que el juzgamiento no será positivo para ustedes.

Ya lo dijo el maestro del periodismo Rizjard Kapuscinski: “Cuando los ricos se dieron cuenta de que difundir noticias era un buen negocio, lo convirtieron en otra vil forma de acumular dinero, no de servir a la gente”.

Buenas noches, señores dueños de los medios.

Los saludo, pero sin ninguna reverencia ni admiración a sus ancestros ni a los retratos de sus fundadores, porque pocos saben cómo obtuvieron su fortuna.

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