“Cuando miro Ecuavisa me arrepiento de haber estudiado periodismo, les queda muy grande el término de prensa libre”, dice Adriana Zambrano Mera en su página de Facebook.

No conozco a Adriana, pero la veo en su foto de perfil: joven, de rasgos finos en su rostro, sus comentarios son interesantes e importantes.

Pero este, el que se refiere a Ecuavisa, me parece esencial: marca un punto de inflexión que debe apuntar hacia la renovación total de la tenencia de las frecuencias de los medios de comunicación.

No es posible que se deje en el olvido lo ocurrido este domingo 2 de abril: el caso del fraude mediático de Ecuavisa, Cedatos y el candidato presidencial perdedor para posicionarlo como ganador y engañar al país.

Pero más allá de que existan sanciones penales y legales contra estos tres protagonistas de un abortado golpe mediático (y político, claro) en contra del proceso de la revolución ciudadana, corresponde ahora repensar en que nuestros jóvenes, como en el caso de Adriana Zambrano Mera, no se decepcionen del periodismo sino de una forma obsoleta y maliciosa de hacer lo que ellos, la gran prensa, llaman periodismo.

Tampoco se trata de defender a la revolución ciudadana como si fuera un proceso intachable en el cual se debe creer a ciegas.

No. Este blog ha sido reiteradamente claro en exigir a los mandatarios y a quienes han estado a la cabeza del movimiento gobernante, Alianza PAIS (AP), cambios radicales que van desde la manera cómo se eligen a los altos dirigentes de AP, que han fallado al no lograr la construcción de un partido o de una tendencia sólida, consistente y plural.

Adriana Zambrano se decepciona del periodismo y espero que no deje de seguir su camino en el oficio, pero detrás de su decepción de cómo se maneja la gran prensa, la que defiende los más poderosos intereses económicos y financieros y comerciales de la oligarquía ecuatoriana arropada ahora en una peligrosa y violenta derecha ideológica.

Esa derecha ideológica que logró reunir, alrededor de Lasso, desde los grupos fascistas extremos y el Opus Dei hasta el extremismo infantil de grupos indígenas militantes de la debilitada Conaie y una izquierda enceguecida y fanatizada incoherente cuya actitud se dibuja con claridad cuando subió a la tarima de campaña presidencial y llegó a cantar, tomada de la mano con el banquero y excandidato, el himno de los pobres, el himno de los desposeídos: “El pueblo unido jamás será vencido”.

Pero la decepción de Adriana Zambrano hay que curarla con nuestra actitud ciudadana frente a los medios de comunicación no solamente privados, tradicionales y, muchas veces, voceros de actitudes y posiciones mercenarias.

Es esencial, en este momento, que comprendamos que hemos perdido tiempo, como Estado y como ciudadanos, en la construcción de un poderoso sistema público de medios de comunicación e información que se convierta en una alternativa contundente y absolutamente confiable.

La UNESCO es muy clara en sus conceptos sobre la prensa pública que, como insisto siempre, no es gubernamental ni estatal, sino ciudadana:

“Los medios públicos y comunitarios deben estar protegidos institucionalmente y deben tener garantizado su financiación para que puedan ejercer sus funciones centrales para la consolidación de las democracias.

Los medios públicos son medios hechos, financiados y controlados por el público, para el público. No son comerciales ni de propiedad gubernamental, son libres de la interferencia política y la presión a partir las fuerzas comerciales.

A través de los medios públicos, los ciudadanos son informados, educados y también entretenidos. Cuando garantizada con pluralismo, diversidad, independencia editorial, financiación apropiada, rendición de cuentas y transparencia, la radiodifusión de servicio público (RSP) puede servir como una piedra angular de la democracia”.

http://www.unesco.org/new/es/office-in-montevideo/comunicacion-e-informacion/desarrollo-de-los-medios/medios-publicos-y-comunitarios/

Esa es la construcción que aún no empieza. O, que si ha empezado, no ha tenido el empuje suficiente en la medida en que los ciudadanos no son conscientes de que ellos, y no ningún grupo político ni financiero, son los dueños, los propietarios, los directivos, los editores y los constructores de las agendas informativas.

¿Cómo se construyen esas agendas informativas en un medio público?

Con la participación directa de un grupo plural de ciudadanos que tengan formación y que lleguen a las instancias directivas sobre la base de concursos de méritos y conocimientos pero, sobre todo, con la comprensión de lo que el resto de ciudadanos que conforman la sociedad quiere y demanda conocer sin sesgos, sin intereses ocultos, sin patrones que diseñan líneas editoriales pensando en sus propios bolsillos.

Hacia esa ruta hay que caminar.

No es fácil, porque, incluso, algún sector del gobierno no logra asumir que los medios públicos en el Ecuador no existen y no existirán en tanto no se deje a los ciudadanos edificar una prensa nueva, fresca, distinta, con alta credibilidad pero también con alta calidad en sus contenidos y en sus puestas en escena.

Mientras eso no suceda, la joven Adriana Zambrano Mera tendrá razón en decepcionarse de lo que tiene a la mano: medios oscuros y sinuosos que se dejan utilizar para fraudes mediáticos, medios comprometidos con el pasado y no con el futuro.