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Nunca, como ahora, se ha desnudado el papel de los medios y de sus periodistas en el Ecuador.

Sin ningún prejuicio, equilibrio, rigor, contrastación o verificación de los hechos están cumpliendo un libreto deleznable en favor de lo que, justamente, han dicho que lucharon durante los diez años del gobierno de Rafael Correa (en varias elecciones legítimas).

¿Cómo es posible que Ecuavisa, el canal de televisión que se jacta de cumplir 50 años de experiencia y que dice ser el de mayor sintonía y de “share” (televisor encendido) entre los televidentes del país, esté participando en el complot mediático y político para no reconocer el legítimo triunfo del presidente electo Lenín Moreno?

¿No quieren aceptarlo porque no era su candidato? ¿Debe tener un medio de comunicación un candidato preferido y actuar en contra del ganador si no triunfa ese candidato preferido?

Puede tenerlo, claro, porque los medios, los periodistas y cualquier ciudadano tiene derecho a optar por una alternativa electoral, pero, en el caso del periodismo, lo puede hacer solo si su decisión es ideológica y reflexionada, no si responde a los intereses económicos y financieros tanto del candidato al cual se le dio 80 por ciento de espacio durante seis meses frente al 20 por ciento que se les concedió a las vocerías del candidato del oficialismo.

Ecuavisa, como Teleamazonas, como RTS, como Canal Uno, vienen haciendo periodismo mercenario desde hace diez años, cuando sus amigos, allegados, financistas, empresarios, miembros de las cámaras de industrias, socios del Club de la Unión y analistas sesgados porque fueron ministros de la partidocracia vieja, perdieron el poder.

“El periodismo mercenario confunde prudencia y paciencia en el análisis con neutralidad. Objetividad con inmediatez. Visión de país con conciencia de clase. Arbitrariedad con subjetividad. Redundancia con honestidad intelectual. Militancia con neurosis. El Yo del periodismo mercenario se llena con el dios al cual identifica, al cual se funde, en este caso al libre mercado, al neoliberalismo, a las promesas de un individualismo abstracto, formal y excluyente. El periodismo mercenario se apropia o genera disputas de poder y se pone del lado del grupo al que obedece o se pertenece. El periodismo mercenario usa (este es el caso de la gran prensa en el Ecuador) la  tradición, el prestigio y la reputación –falsas o reales- de las que goza convirtiéndolo en servilismo disimulado. La honestidad, de la que se jacta, no es más que vulgar cinismo”.

https://leonardosai.wordpress.com/2011/04/06/periodismo-mercenario/

Periodismo mercenario es el diario Expreso, que publica, sin vergüenza alguna, el perfil del “presidente electo Guillermo Lasso”, al día siguiente, 12 horas después de que ya se conocía que el Consejo Nacional Electoral diera el triunfo legítimo a Lenín Moreno.

¿Por qué lo hizo? ¿Se equivocó? No lo creo. Es parte de la colusión de los medios para posicionar, a cualquier costo, a Lasso como presidente, pese a que el país y el mundo ya le han dado la espalda y nadie ni siquiera lo reconocer como parte beligerante.

Solo basta fijarse en el panegírico escrito a favor del candidato perdedor a la vicepresidencia de la República: Páez, nacido en Ibarra, figura como el ala dura del proceso de cambio que, desde el próximo 24 de mayo, liderará el presidente electo Guillermo Lasso”¿Cuál es la fuente de diario Expreso para asegurar semejante mentira y publicarla? ¿Quién le dijo a este periódico que Páez era “vicepresidente electo”?

http://www.expreso.ec/actualidad/el-fiscalizador-de-la-decada-del-correismo-GB1210787

O lo que hizo este mismo periódico al publicar un supuesto exit poll de Informe Confidencial, que según los directivos de esta entidad nunca realizó, como aclararon al periódico al día siguiente ellos, indignados por la falsedad.

http://www.expreso.ec/opinion/cartas-de-lectores/de-iesop-informe-confidencial-GE1215976

¿Qué decir de las portadas de este y otros periódicos llamados “la gran prensa nacional” cuando publican la información oficial entregada por el CNE acerca de los resultados y en sus titulares informativos (¿informativos o malintencionados?) colocan entre comillas la palabra “irreversible”, cuando el presidente del Consejo no dio los resultados como si fueran una posibilidad sino una realidad.

http://www.elcomercio.com/actualidad/cne-resultados-elecciones-balotaje-juanpablopozo.html

Si todo este juego que están haciendo los medios no es mercenario y no es a cambio de los miles de dólares en publicidad del Banco Guayaquil y no es por odio a quien ejerce ahora el poder político, se podría entender que son errores o puntos de vista respetables de la llamada gran prensa.

Por ejemplo, cuando el reportero de Teleamazonas, Freddy Paredes, le dice al presidente electo que “en el eventual gobierno suyo”, cuando el CNE ya dijo que es el mandatario escogido por el pueblo, ¿hay o no mal intención?

Por ejemplo, cuando el radiodifusor Diego Oquendo, preocupado porque hay un proceso para revertir su frecuencia de Radio Visión, se convierte en el por muchos tan aborrecido Paco Velasco de  Radio La Luna en tiempos de los forajidos y abre los micrófonos para soliviantar a que la gente salga a las calles, ¿hay o no mala intención?

Pero cuando miran hacia otro lado mientras las fuerzas de choque de CREO continúan sitiando Quito, mientras la gente que pasa cerca del edificio del CNE es agredida si no grita la palabra “fraude”, mientras las autoridades del Estado –especialmente el fiscal Galo Chiriboga, a quien nadie ha visto en estos días- no decidan (casi una semana después) qué proceso iniciar a Ecuavisa y a Cedatos, la encuestadora que al equivocarse de manera rotunda pretendió suplantar al CNE y generó tres horas de incertidumbre, desmentidos y hasta, como dice Expreso, discursos del “presidente electo Guillermo Lasso”, tenemos que decir lo que estamos diciendo.

El periodismo mercenario en el Ecuador está actuando, como asegura en este post, el estudioso Leonardo Sai:

“El periodismo mercenario se apropia o genera disputas de poder y se pone del lado del grupo al que obedece o se pertenece. El periodismo mercenario usa la  tradición, el prestigio y la reputación –falsas o reales- de las que goza convirtiéndolo en servilismo disimulado. La honestidad, de la que se jacta, no es más que vulgar cinismo”.