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Rubén Darío Buitrón
1.
En los últimos años, quizás por una mala interpretación de las políticas estatales sobre la educación superior o porque esta se encuentra mal diseñada, los periodistas se han dedicado más a la formación académica que al verdadero aprendizaje del oficio: en las calles.
Apremiados por obtener su título de licenciados para trabajar y ganar mejores salarios, han extraviado su propia vocación.
2.
Esta obsesión por legalizar su condición de profesionales puede convertirse en una que tienen los medios y la crisis que estos viven, atrapados entre el ser o no ser verdaderos medios de información o partidos políticos opositores.
3.
La “titulitis” solamente servirá para que nadie piratee el oficio, pero esa fiebre tampoco es la solución a los complejos problemas que tiene el periodismo ecuatoriano.
Ser licenciado, ser magíster o ser PhD no tiene nada que ver con la calidad, el rigor, la ética, el equilibrio, la verificación, el pluralismo en las fuentes, la creatividad, la búsqueda de un periodismo diferente que mire al futuro, el acompañamiento a la sociedad que evoluciona cada día.
4.
“Ya soy licenciada en Comunicación Social”, escribía hace poco una feliz graduada, “y ahora voy por mi maestría y mi doctorado en periodismo”.
Por estos días le tocó reemplazar a un compañero suyo en un periódico y le pareció que era la oportunidad de su vida.
Estaba feliz: era en la sección de Cultura, donde haría maravillas porque es el área que más le gusta. Pero chocó con la realidad cuando la maltrataron no solo las fuentes, sino sus jefes y los dueños del diario.
En Facebook concluyó: “Hay que desvivirse por el periodismo, pero no por el medio”.