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PORTADA CIEN AÑOS DE DIARIO EL COMERCIO
La versión de que se había vendido la mayoría de las acciones de diario El Comercio de Quito circuló con fuerza desde mediados del año pasado en el ambiente mediático y político del Ecuador.
Pero nadie la confirmaba y no era posible hablar de este histórico episodio sin fundamentos ni bases.
Por fin, gracias a la publicación de un modesto portal (OMU), se tuvo la noticia como tal: diario El Comercio vendió el 70 por ciento de sus acciones por 45 millones de dólares a un personaje mexicano misterioso y polémico conocido como “El fantasma”: Ángel Remigio González, de quien es difícil encontrar información y que, según el mito, nunca da entrevistas ni se deja fotografiar.
¿La información debe preocuparnos como ciudadanos y lectores o nos debe tranquilizar porque la venta estabilizará la economía del principal periódico de la capital ecuatoriana, un referente mediático que acaba de cumplir en este enero 115 años? ¿Mantendrá su línea editorial o la cambiará? ¿Hacia dónde y en beneficio de quiénes?
En esta primera entrega del dossier “Por qué se vendió Diario El Comercio de Quito”, que este blog desarrollará en tres partes, vamos a conocer una de las pocas versiones periodísticas que existen en América Latina sobre el comprador.
Por ahora, las conclusiones a las que puede llevar este acercamiento al perfil de “El fantasma” mexicano las dejo para ustedes.
El reportero Miguel Alejandro Gutiérrez, del portal argentino Tribuna de periodistas, que vive en México, publicó el 22 de enero de 2007 (casi hace ocho años) esta nota titulada ¿Testaferro del poder?, con el subtítulo: Remigio González González, el sospechoso comprador de Canal 9.
He aquí la nota:

“Remigio Ángel González González nació hace 61 años (hoy tendría 69, NDLR) en Monterrey, al norte de México, se describe como un conservador y se autodenomina “un Robin Hood que paga impuestos”. Tiene casas en Miami, Nueva Orleáns, Ciudad de México y Ciudad de Guatemala. Sobre su apodo de “el fantasma” hay dos versiones muy distintas entre sí.
La primera, se basa sobre el constante rechazo de este empresario a las entrevistas y las fotografías, tanto así que no hay fotos del empresario. La segunda versión, tiene que ver más con rumores nunca probados, pero que recorren con fuerza en toda América: “lo acusan de haber obtenido parte de su fortuna por lavado de dinero, de su forma de adquirir propiedades sin utilizar su nombre, de sus acusaciones por monopolio, de influir directamente en el gobierno guatemalteco, hasta de haber estado en prisión en 1985 por compras irregulares de materiales televisivos”.
El hecho concreto es que él nunca ha salido al paso para desmentir una a una las acusaciones. Sólo se contabilizan dos entrevistas para medios escritos americanos: El Mercurio de Chile, en 2004 por el asunto de la compra fallida de Canal 13, y en 2003 a Naples Daily News.
En consulta hecha con periodistas de varios países, he encontrado el mismo patrón de conducta de los empleados de Remigio Ángel González: “sus empleados cercanos forman un férreo y fiel círculo de hierro, en donde no sale palabra sobre su jefe”. En el caso de Costa Rica, es notorio que los periodistas de Repretel y Fernando Contreras cumplen eso.
En datos duros: González posee cuatro estaciones televisivas (3, 7, 11 y 13) en Guatemala, en Nicaragua es dueño del canal 10, socio mayoritario del 4 y participa en la programación del 12. En Perú está presente con ATV y la señal 13 (en disputa), en Paraguay con 9, en Ecuador es propietario de dos estaciones (Telesistema y radios tropicales como Tropicálida y Galaxia), en Costa Rica tiene tres señales bajo el nombre de Repretel, en Chile compró Red TV.
Sin embargo, su poder e influencia en los medios de comunicación latinoamericanos no es un secreto para nadie a estas alturas.

Pero ésta es su historia

El seudo empresario comenzó a construir su imperio en Guatemala en 1981, cuando compró su primer canal, allí también conoció a su esposa (de apellido Rabbé) y ahí se denuncian las primeras “irregularidades”. En 1985 se dice que aportó toda la inversión publicitaria en televisión al candidato a la presidencia Vinicio Cerezo por sus lazos de amistad, quien salió elegido y que le habría pagado con más frecuencias para radio y televisión. También en Perú tuvo una pugna por la propiedad de un canal de televisión.
Su historial en Guatemala es negro. En 1988, el Telenoticiero Siete Días, Transmitido por Canal 7, fue forzado al cierre. El director de ese medio, Gonzalo Marroquín Godoy, denunció que recibía fuertes presiones para censurar toda información que perjudicara al entonces alcalde Álvaro Arzú. Marroquín pidió al Congreso de la República la modificación de la Ley de Radiocomunicaciones para impedir que los extranjeros controlaran los medios de comunicación y ofrecer en subasta pública la adquisición de acciones por parte de guatemaltecos. La bancada mayoritaria de la Democracia Cristiana rechazó la solicitud.
En Guatemala, González se convirtió en el hombre fuerte de la televisión guatemalteca, sin encontrar con mayores obstáculos políticos, a pesar de que la legislación prohibía a extranjeros la adquisición de medios de comunicación.
A finales de los años noventa González controlaba todos los canales de televisión de cobertura nacional incluyendo los noticieros. Igualmente se adueñó de 22 frecuencias de radio, entre ellas, la única radio puramente informativa del país, Radio Sonora.
La forma de operar de González es mantener buenas relaciones con el gobierno de turno. Ordena en los telenoticieros un trato favorable a los candidatos presidenciales con más posibilidades de ganar y les ofrece condiciones especiales para la propaganda política, de forma que ninguna campaña electoral pueda funcionar sin el apoyo de González. Si el presidente de turno se mostraba descontento por la emisión de informaciones perjudiciales para el gobierno, González se encargaba de suprimir estas informaciones. Este mecanismo se ha vuelto casi rutinario en algunas redacciones.
Durante la campaña presidencial de 1999, González puso todo el poder de su monopolio a favor de la candidatura del probable vencedor, Alfonso Portillo, donando probadamente la mayoría de sus publicidades. En compensación, de acuerdo con interpretaciones de la prensa local, el cuñado y asesor legal de González, Luis Rabbé, fue nombrado ministro de comunicaciones e infraestructura, encargado de la tarea de regular la operación de los canales de su cuñado.
Rabbé fue despedido en junio de 2001, tras que el congreso probara maniobras corruptas de su parte. A pesar del compromiso del presidente Portillo de licitar dos frecuencias de televisión de propiedad del Estado, el monopolio de González permanece intacto.
En febrero del 2001, la prensa guatemalteca publicó evidencias de la corrupción del ex Ministro de Comunicaciones y Obras Públicas, Luis Rabbé, cuñado de Ángel González, dueño de canales de televisión.
Denunció que “gracias a este vínculo familiar, llegó sin ningún tipo de experiencia a ser director de un noticiero televisivo. En ese mismo año comenzamos a investigar y nos dimos cuenta que este señor había creado una serie de empresas fantasmas, empresas de papel, que las había pagado en efectivo.
Las empresas resultaron ser totalmente fantasmas, y lo pudimos comprobar cuando fuimos a rastrear las direcciones. Los representantes legales no existían.
Se pagaron aproximadamente $100 millones a estas empresas fantasmas. Fuente: Libertad de prensa. Las acusaciones no sólo quedaron ahí. Se menciona que tiene canales de televisión en Venezuela y Perú; en donde estuvo involucrado con el régimen de Fujimori y de Montesinos. En Guatemala, se renuevan las concesiones cada cierto tiempo y “comprando voluntades políticas este señor ha llegado a tener un monopolio de televisión, que realmente ha sido un arma espectacular para los gobernantes de turno, para desprestigiar a la prensa”.
Así se refieren en la ACNUR, órgano de la ONU, sobre González y su intervención en Guatemala: existe una gran concentración de la propiedad de los medios en ese país. El magnate de medios Remigio Ángel González, de origen mexicano, controla los medios audiovisuales. A través de empresas pantalla, González es dueño de los cuatro canales de televisión abierta, lo cual viola las cláusulas constitucionales que no permiten los monopolios ni la propiedad de medios en manos de extranjeros. González, quien también posee una de las principales cadenas radiales, ejerce una enorme influencia sobre los políticos guatemaltecos.
Según versiones de la prensa local, González es tan poderoso que los candidatos políticos a menudo buscan asegurar su aval antes de las elecciones porque saben que él controla todos los canales de televisión y puede decidir cuánto espacio recibirán en los medios.
Desde Guatemala, ha construido un imperio que, en promedio, comprendería más de 30 estaciones televisivas, sin contar las más de 70 señales de radio, cines, restaurantes, acciones en tiendas de departamentos y distribuidoras de material envasado. Hoy maneja su señorío comunicacional desde una oficina de un edifico en Miami. En ese espacio sólo lo acompañan cinco secretarias que gozan de la total confianza de González. Nada de grandes construcciones ni burocracias. Los ejecutivos de sus canales en el mundo acceden a hablar directamente con él en cualquier momento del día, tal como lo hace Fernando Contreras desde Costa Rica.
En una publicación del diario estadounidense Naples Daily News, fechada en el 9 de junio de 2002, se estima que el valor neto del patrimonio de González es de US$ 350 millones. En ese mismo artículo, “el fantasma” es entrevistado telefónicamente por el periodista Will Weissert, de la Associated Press, sobre sus negocios en Latinoamérica.
Allí, el seudo empresario declaró que éste es sólo el comienzo para su holding y que “dentro de los próximos 10 años controlaremos tres estaciones más por año”.
Además, Will Weissert afirma que el estilo de González no es interesarse en adquirir la propiedad más grande de la región, sino que prefiere comprar canales pequeños, de esta forma un día llegará a “controlar más estaciones televisivas que cualquiera”.

Su forma de operar

González tiene delineado un estilo único en todo su conglomerado de canales: el broadcasting, es decir, la compra y venta de películas. “La proporción entre programación propia y envasada varía según el canal. Puede ser de 40 y 60 ó 30 y 70, pero siempre el enfoque central va por el tema de las películas”, afirmó Marcelo Sandoval.
La figura de González es influyente en el mercado de las comunicaciones gracias a su estrategia de negocios; tiene una relación directa con los ejecutivos de los principales estudios hollywoodenses, visita las ferias televisivas más importantes del mundo (donde se negocia el material) y compra importantes paquetes para su conglomerado.
Por ende, es el distribuidor “estrella” de la región, teniendo la posibilidad de adquirir los estrenos más taquilleros. ¿El precio? $12 millones por título, con una de deuda a 10 años. Pero al venderlos y exhibirlos en sus numerosos canales al mismo tiempo le hace ahorrar muchos costos. De hecho, Ángel González no registra ninguna deuda en el sistema bancario.
Luego de adquirir las producciones, entran a la cancha los diferentes ejecutivos de cada canal. Ellos eligen de esos paquetes lo que mejor se acomoda a la idiosincrasia de cada país y, directamente junto con González, delinean la programación de los estrenos en los horarios prime (alta audiencia). ¿Por qué? Por que en ese periodo se concentra el 70% de los auspicios. Por ejemplo en el caso de Repretel: VIP Brother.

El peligroso Remigio

Sin lugar a dudas, el seudo empresario González es un personaje tremendamente interesante. Como saben, vivo en México, por lo tanto, he buscado información sobre él en las Cámaras empresariales de México, con periodistas mexicanos, con personas del área empresarial y nadie lo conoce.
Definitivamente, es un fantasma. Es de esos millonarios que nadie sabe explicar de dónde obtuvieron su fortuna. Para mí, es extraño que en México no tuviera ni una tienda de ropa y que luego, de la noche a la mañana, aparezca como el “gran empresario”.
Para quienes hemos estudiado el narcotráfico en México y América Latina, no nos sorprende este tipo de “empresarios”. Y es que existe una conexión entre el narco entre Costa Rica, Guatemala y México. Recuerdo que el mayor narco mexicano opera en estos tres países y no ha sido capturado porque las autoridades de los países centroamericanos están ligadas con el narco.
Definitivamente, el Sr. González sabe muy bien como manipular a la sociedad a través de programas chatarra y pagando la corrupción de los políticos. No tengo ninguna duda, de que la clase política costarricense está en su juego y el patrón de dominio vía empresas pantalla, es todo una táctica del gobierno y los defensores del TLC con Estados Unidos.
El monopolio de la verdad es peligroso, y el monopolio de González ha sido objeto de críticas de la OEA y de la Sociedad Interamericana de Prensa. Profundizando un poco más, encontré una conexión interesante. La entrada de capitales de González, ha estado relacionada con las operaciones de Televisora Azteca de México. Por ejemplo, en Costa Rica, en un principio canal 4 era de TV Azteca, luego pasó a ser de Repretel. En otros países, sucedieron cosas parecidas, incluso en Chile.
Conociendo del tema, tengo la impresión de que es una compra ficticia, para dar el espejismo de una supuesta competencia entre televisoras, cosa que es muy común en México, sobre todo la forma en cómo Salinas Pliego y González han usado, en el pasado, las señales de sus canales de televisión para beneficio propio o de sus intereses. En otro aspecto, me llama la atención que el Sr. González no tenga televisoras en Estados Unidos, lo cual me parece muy extraño.
Además, eso de esconderse de la prensa y de las cámaras, me llevan a pensar de que es un hombre que opera en las sombras: “golpea a traición, con matonismos, con corrupción e impunidad”.
Las hipótesis son varias. Es posible que Remigio Ángel González González sea un prestanombre de alguien más. Y buscando, la forma de operar, de negociar favores políticos a cambio de campañas publicitarias en TV y otras características más, encuentro una conexión entre él y Ricardo Salinas Pliego, el dueño de TV Azteca.
Debido a que la Comisión de Valores de Estados Unidos, encontró culpable a Salinas Pliego de delitos financieros, por sacar 107 millones de dólares de TV Azteca sin pagar impuestos y sin rendir cuentas a sus accionistas minoritarios, lo que le costó que su empresa saliera de la Bolsa de Nueva York y además unos 10 millones de dólares en multas.
Por lo tanto, su empresa está bien “revisadita” en los Estados Unidos, por la costumbre de robar el dinero de sus accionistas y de simular pérdidas para evadir impuestos.
En México, el caso debió de haber costado muchos sobornos, ya que, fue exonerado de todos los cargos, gracias a miles de comerciales y notas a favor de la pareja presidencial. Y es que esa forma de operar a través de los canales de TV, para obtener favores e impunidad, es muy mexicana.
La falta de información en torno al caso hace pensar a más de un analista que el gobierno del presidente Vicente Fox negoció la acusación con Salinas Pliego a fin de evitar una confrontación con el empresario de la televisión, uno de los hombres más poderosos e influyentes del país y cuya fortuna está valuada en 2,600 millones de dólares, de acuerdo a la revista de negocios estadounidense Forbes.
La columnista política Denise Dresser describió a Salinas Pliego “como la versión mexicana de los oligarcas rusos, esos que doblegan al Estado; esos que se sienten por encima de la ley y por encima del gobierno que los creo”, en el periódico Reforma.
A Ricardo Salinas Pliego se le adjudicó la televisora IMEVISION, hoy TV Azteca, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Esa operación fue criticada porque “hubo una manipulación”. La compra de la televisora, en 1993, fue por 669 millones de dólares, de los cuales 29.8 millones de dólares, fueron de un “préstamo” de Raúl Salinas de Gortari, investigado en Francia y México por lavado de dólares, a través de cuentas bancarias en Panamá e Islas Caimán.
El último caso de uso de los medios de comunicación como arma política fue cuando Salinas Pliego en cooperación con Emilio Azcárraga promovieron la aprobación en el 2006 de la denominada Ley Televisa en donde se les otorgan beneficios para mantener un oligopolio en México, marginando la intervención del Estado y representando una claudicación del compromiso social del poder político frente a los privilegios del poder mediático”.

http://periodicotribuna.com.ar/2685-testaferro-del-poder.html