Cuando la prensa te dice lo que debe doler o lo que no…

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Naufragio

Y lo que más te dolerá es lo que deberá dolerte, según los cálculos de rating o ventas de ejemplares o visitas al medio digital.
Y el éxito mediático se medirá en porcentajes de audiencia, en cifras de ventas, en entradas a la web.
Y entonces dirán, con mueca indescifrable, que acertaron en elegir esa noticia y no otra, lejana e irrelevante porque aquellos muertos, esos pobres, esos indocumentados, esos “nadie”, como decía Galeano, poco importan.
Y se sentirán orgullosos de vender noticias como podrían vender zapatos o papas o electrodomésticos contrabandeados.
Y sus amos los felicitarán por comerciar los sentimientos de la gente.
Y ellos se dejarán palmotear las espaldas mientras sus amos les ofrecerán bonos y salarios adicionales.
Y entonces estos fariseos seguirán controlando las puertas del templo de la verdad.
Y, mientras tanto, nos indigna la complicidad mediática que nos impone lo que debe dolernos más y lo que debe dolernos menos.

¿Existe alternativa a las crisis de contenidos en los medios?

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Por Cristina Pereda *

Nuevos medios relanzan este género compartiendo el objetivo de descifrar las informaciones de actualidad más complejas, sin que su éxito dependa de exclusivas ni de noticias de última hora.

También atesoran las mismas armas: periodismo de datos, la mejor narrativa online y un diseño exquisito, realizados por equipos de periodistas experimentados combinados con nativos digitales, diseñadores gráficos e ingenieros de datos.

Estados Unidos puede presumir de empezar a vivir el principio del final de la crisis de los medios de comunicación.

Gracias al nacimiento de nuevas publicaciones y a la presentación de interesantes secciones dentro de las cabeceras tradicionales más importantes, el sector es testigo del renacer de un género, el del periodismo explicativo, capaz de ilusionar a profesionales y audiencias por igual.

Este 2014 ha visto nacer cuatro proyectos, tres de ellos llegaron en el plazo de apenas un mes, que tienen el mismo objetivo: explicar y descifrar las informaciones de actualidad más complejas, sin que su éxito dependa de exclusivas ni de noticias de última hora.

Se trata de FiveThirtyEight, el blog que Nate Silver impulsó en The New York Times y que ahora es una entidad independiente financiada por ESPN; The Upshot, la sección con la que el Times ha respondido a la marcha de Silver; Vox, creado por la joven estrella de The Washington Post, Ezra Klein, y Storyline, la reacción correspondiente del diario de la capital.

Todos emplean las mismas armas: periodismo de datos, la mejor narrativa online y un diseño exquisito. Combinan equipos de periodistas experimentados y reputados con nativos digitales, diseñadores gráficos e ingenieros de datos.

Piensan de principio a fin en la versión digital de su trabajo. Y responden a la demanda de los nuevos lectores, que llegan mayoritariamente desde las redes sociales y no desde su fidelidad a la portada de la edición digital, que prefieren el teléfono móvil o la tableta para navegar antes que el ordenador y que prescinden de la televisión.

Piensan de principio a fin en la versión digital de su trabajo

La abundancia de información en medios digitales de todo el mundo ha hecho que sea cada vez más difícil para las publicaciones tradicionales diferenciarse cualitativamente de las demás.

Este nuevo contexto, junto con la experiencia adquirida por editores y periodistas durante las últimas décadas, ha desembocado en el nacimiento de nuevos medios o proyectos digitales totalmente nativos, vinculados desde la raíz a la web, y cuya ambición radica en explicar la información a la audiencia.

Sus responsables aseguran que los lectores quieren descubrir y compartir la información, pero también quieren entender.

Ken Doctor, el máximo especialista en modelos de negocio del nuevo ecosistema de medios en EE. UU., lo explicó con asombrosa sencillez en la revista del Centro Nieman de Periodismo de la Universidad de Harvard.

La mayoría de las noticias de actualidad responden a cuatro de las seis preguntas clave del periodismo: qué, quién, cuándo y dónde. Pocas resuelven las otras dos: cómo y por qué.

El periodismo explicativo, dijo Doctor, quiere contestar estas últimas. “Quizás resulte gracioso que estemos hablando entre nosotros de qué es exactamente el periodismo explicativo o cómo se diferencia del periodismo puro y tradicional”, reflexionó. “Y puede que ahí mismo esté nuestra oportunidad”.

Los creadores de Storyline en The Washington Post, apunta el analista, defienden el eje sobre el que se mueve este género: la intersección entre las personas y la política. “Es un buen resumen y debería ser precisamente lo que logran las noticias a diario. Esa es la contribución del periodismo a la democracia, al menos cuando está bien hecho. Quizás el periodismo explicativo o narrativo ayude a recordar a las redacciones y los periodistas ese mandato básico”.

La llegada de este nuevo periodismo coincide además con el desarrollo de acontecimientos extremadamente complejos y que han desafiado la capacidad de los medios tradicionales para servir a sus lectores explicando el verdadero alcance de la noticia.

Según los defensores del género, la información se habría quedado demasiado pegada a la política y muy lejos de las personas. Uno de esos ejemplos es la crisis que en 2007 abocó a EE. UU. a la recesión económica. Otro es la ambiciosa reforma del sistema sanitario que impulsó el presidente Obama al llegar a la Casa Blanca y que, años después, sigue enfrentándose a obstáculos legales y logísticos.

Desde entonces, la filtración de Edward Snowden acerca de las escuchas masivas de la Agencia Nacional de Seguridad, la crisis internacional en Ucrania o cualquiera de los debates sobre la deuda estadounidense suponen un reto para la habilidad de los medios a la hora de atrapar la atención de los lectores, los principales afectados por las consecuencias de aquello que es noticia, trasladar las implicaciones de la información y cumplir, por tanto, con su función de servicio público.

El nuevo género pretende responder precisamente a esta necesidad. Y su rostro más conocido es Ezra Klein, un periodista joven, de 29 años, que había alcanzado un éxito significativo en The Washington Post con sus análisis políticos en la sección Wonkblog y atraía una buena proporción del tráfico a la web del periódico.

Para muchos, el periódico cometió un gran error al dejarlo ir, especialmente ahora que está inmerso en una profunda transformación, dada la adquisición por parte de Jeff Bezos, dueño de Amazon. Para otros, Klein estaba atrapado en una maquinaria anticuada, sin posibilidad de crecer ni de impulsar el nuevo rumbo del Post.

Dean Starkman, analista de Columbia Journalism Review, aseguró que la salida de Ezra Klein de The Washington Post no fue una señal de la falta de imaginación de sus responsables –tal como concluyeron desde Slate–, sino una decisión económica. “Les hubiera encantado seguir contando con su estilo tan popular, pero no al precio que habría costado”, afirmó.

Parte de ese precio radica en la tecnología que necesita este nuevo periodismo, basado por igual en la narrativa como en la interacción con datos y un diseño inteligente.

“La tecnología se ha convertido en un factor crucial en las redacciones y no todos los sistemas han sido diseñados igual. Las organizaciones que nacieron en la era impresa han atado entre sí sistemas dispares que producen páginas con gráficos, acceso a redes sociales y comentarios”, se lee en una autocrítica de The New York Times. Los nuevos medios exigen una tecnología creada desde cero para el mundo digital.

“Se trata del ascenso de una nueva generación de publicaciones liberadas del legado de la era industrial: la cultura, los costes y las marcas”, apuntó Starkman, con una ventaja añadida: “Son capaces de interpretar como el mayor especialista qué tipo de contenido funciona en el nuevo contexto y qué tecnología será la mejor para apoyarlo”.

Para Felix Salmon, de Reuters, la sorpresa dentro del sector periodístico estadounidense estaba justificada “porque el blog de Klein era lo único que leían y que les gustaba de todo el Post, eran más leales a esa página que a la edición digital del diario y sabían, por intuición, que en un universo mediático cada vez más fragmentado, los productos que inspiran esa fidelidad valen su peso en oro”.

Además, recalcó otro factor que deben considerar los grandes medios: cuanto más se aprecia un proyecto, los lectores y los anunciantes también valoran más el medio que lo acoge.

La marcha de Klein del Post supone un antes y un después en la trayectoria digital del diario, como lo fue la despedida de Silver en el Times el año pasado. El anuncio de que Klein iba a lanzar una cabecera propia no sorprendió al sector, aunque sí lo hizo que Vox Media fuera una iniciativa empresarial que aglutina publicaciones de deportes y entretenimiento, gracias a una ronda de financiación como las que alimentan los sueños de las startups [empresas emergentes] en Silicon Valley.

El paso de este joven periodista es el mismo que han dado poco antes otras grandes firmas que habían logrado convertir su apellido en una marca prestigiosa e independiente en la red.

Casi de manera sistemática, su crecimiento profesional ha ido seguido de la creación de proyectos.

Es el caso de otros dos fundadores de Vox, Melissa Bell y Dylan Matthews, ambos provenientes del Post; Andrew Sullivan, cuyo blog The Daily Dish ayudó a consolidar la presencia de The Atlantic en la web y se convirtió en publicación independiente; David Pogue, analista de tecnología de The New York Times; Felix Salmon, analista de Reuters, o el mismo Nate Silver.

“Durante décadas, el negocio de los medios ha estado limitado tanto física como conceptualmente. Siempre ha habido mucho énfasis en lo nuevo y una fe profunda en las virtudes de la objetividad y la imparcialidad”, escribió Salmon. “Y aunque los periodistas pudieran tener un conocimiento especializado, dejaban sus opiniones a un lado para que las pronunciaran los expertos. Mientras se erosionan estas realidades, son los especialistas los que quedan al frente de la creación de un nuevo tipo de periodismo”.

Klein enfatizó la importancia de esa nueva libertad en su texto de presentación de Vox. Para la prensa, sostuvo, “las limitaciones de la actualidad son cruciales”, pero la web carece de ellas. “Hay espacio para decirle a los lectores lo que ha ocurrido hoy y lo que tuvo que pasar para llegar hasta aquí”, explicó.

Parte de la responsabilidad de esos límites recae en la tecnología que han adoptado las redacciones de periódicos durante la era digital, que sigue reforzando el ritmo de trabajo en torno al medio impreso. “Hemos hecho que las noticias lleguen más rápido, sean más bellas y más accesibles. Pero, al mismo tiempo, hemos arrastrado los límites de una tecnología anticuada a la nueva”.

El razonamiento detrás de The Upshot es el mismo. La marcha de Nate Silver y su blog FiveThirtyEight amenazó con dejar un importante hueco en la edición digital de The New York Times, especialmente en un momento en el que las audiencias empiezan a valorar el trabajo de periodismo con datos y presentaciones interactivas.

El Times ha respondido de manera contundente. Este año, con apenas unas semanas de diferencia desde el nacimiento de Vox, presentó The Upshot, su web especializada en el género más explicativo de la información, “en un lenguaje llano y directo, casi con la misma voz con la que escribimos un correo electrónico a un amigo”.

Al frente está David Leonhardt, ganador de un Premio Pulitzer en 2011 por sus análisis económicos, acompañado de una veintena de periodistas, analistas y diseñadores.

The Upshot avanzó su modelo matemático de predicción para las elecciones legislativas de 2014, con un gráfico interactivo que hasta el mismo día de los comicios ha permitido al lector hacer sus propios cálculos con las diferentes alternativas posibles.

“Los lectores quieren comprender historias grandes y complejas –como la reforma sanitaria, las desigualdades, las campañas electorales o la bolsa– hasta el punto de poder explicar los cómos y los porqués a sus familiares y sus compañeros”, dijo Leonhardt.

“Internet y la abundancia de datos digitales han creado nuevas oportunidades para los periodistas”, justificó Leonhardt.

El periodismo de datos, recordó, solía ser una herramienta para los reporteros que podían investigar durante meses analizando estadísticas hasta encontrar una exclusiva. “Pero el mundo produce actualmente tantos datos, y los ordenadores pueden analizarlos tan rápido, que este tipo de periodismo merece convertirse en una de las grandes áreas de la información de actualidad”.

The Washington Post ha resuelto la ausencia de Klein con Storyline, una sección de reportajes y análisis aglutinados por temas y capítulos o fases de una misma noticia.

Storyline, presentado meses después de la llegada de Bezos, complementa la cobertura del diario. Si la actualidad del día está relacionada con un aspecto de la reforma sanitaria de Obama, los periodistas de Storyline responden a una pregunta sencilla: cómo afecta a los ciudadanos haber conseguido un nuevo seguro médico. La sección rompe con el modelo de navegación de la cabecera tradicional, pero la rigidez de algunas de sus presentaciones impide considerarlo como un proyecto nativo.

Mientras que The Upshot se apoya directamente sobre los datos y las posibilidades gráficas que ofrecen, Vox ha apostado por la narrativa, las explicaciones y el contexto que dan peso a una noticia más allá de los hechos y que no siempre tienen cabida en el espacio limitado de una publicación. FiveThirtyEight, aunque más lejos de la política y mucho más cerca de los deportes, siempre intentó ser una intersección entre los dos modelos.

La llegada de tantos proyectos similares al mismo tiempo también ha sido recibida con escepticismo. James Ball, analista de The Guardian, se preguntaba, ante la llegada del tercer proyecto especializado en periodismo explicativo en apenas un mes, cuántos medios de datos tendríamos ahora, a finales de año.

No han llegado más, pero los recién nacidos se han consolidado en este breve plazo de tiempo. En pocos meses, Vox ha superado los 17 millones de usuarios únicos. The Upshot tiene un hueco diario en la edición impresa, a pesar de que todo el material nace con formato digital. En la actualidad, llegan a crear media docena de historias al día, pensadas de principio a fin para la web.

“Se trata de un movimiento hacia la próxima fase del periodismo digital, una que reconozca nuestra mejor versión y que puede aportar además una ruta de negocio hacia el futuro”, explicó Ken Doctor, analista del Nieman Lab. “Y en un momento en el que los robots están aprendiendo a resolver algunas tareas básicas de periodismo, puede que también sea una ruta hacia la creación de empleo”.

En 2013, en Estados Unidos se contrató a unos 5.000 periodistas en 468 medios

Las cifras del sector respaldan esta perspectiva. Independientemente del modelo de financiación que apoye a los nuevos medios, la creación de cabeceras y la mejor situación económica de grandes publicaciones contribuyó a que en Estados Unidos, solo en 2013, se contratara a cerca de 5.000 periodistas a tiempo completo en 468 medios, según el Informe Anual del Estado de los Medios, del Centro Pew.

De momento, la conversación está aún lejos de si estos nuevos proyectos son la esperanza del periodismo y sigue anclada en el análisis de por qué han surgido en este momento y con la misma dirección.

Entre las diferentes iniciativas que representan el auge de este nuevo periodismo explicativo, Vox ha robado más atención estos últimos meses que el resto.

FiveThirtyEight es un modelo consolidado cuya única incógnita es hacia dónde puede llevar la información deportiva estadounidense, contagiada desde el pasado Mundial de Fútbol de Brasil por la pasión por los datos.

The Upshot cuenta con el respaldo de una institución como The New York Times, con toda su maquinaria tecnológica y la experiencia de periodistas y diseñadores que marcan la pauta a medios de todo el mundo. Asimismo, el formato de estos dos proyectos está anclado a los datos y la infografía, mientras que Vox ha apostado con mucha fuerza por la narrativa.

Sin embargo, críticos como Ken Doctor invitan a abrir el prisma y evitar que este movimiento parezca limitado a Vox, FiveThirtyEight, The Upshot y Storyline. “No son quienes lo definen. Esta oleada solo despierta de nuevo nuestra apreciación por la tendencia”, aseguró. Ese giro responde a factores más allá de la maduración de los periodistas en internet o la evolución de la tecnología: la audiencia ha cambiado radicalmente.

El 71 % de los estadounidenses entre 18 y 29 años consultan las noticias de actualidad principalmente a través de internet, según un estudio reciente del Pew Research Center. Un tercio de los encuestados además ve vídeos informativos online, casi la misma proporción que ve las noticias en televisión.

El 50 % de los adultos también considera que es una fuente de información primordial y, a pesar de que la televisión sigue dominando por encima de cualquier otro medio, sigue perdiendo fuerza ante la red, que ya ha superado a prensa y radio en EE. UU.

“El resultado es que la nueva regla del contexto digital es generar lealtad y conseguir que regresen los usuarios: aquellos que visitan la página regularmente y consumen una parte importante de la información”, explicó Salmon.

“Los blogueros descubrieron hace una década que tenían ese tipo de lectores. La nueva burbuja solo refleja una decisión por parte de los grandes medios para aprovechar las posibilidades de esa fidelidad y crear un producto a su alrededor”.

Esa decisión se basa también en otro de los datos más significativos que aportó Pew en su último informe. El 60 % de los estadounidenses recurre directamente a internet cuando quiere consultar noticias de última hora. Y en ese caso, no distinguen entre el uso de un ordenador, un móvil o una tableta, pero no encienden la televisión.

Salmon encuentra razones por las que la creación de nuevos medios tiene sentido: internet requiere de medios digitales nativos; cuanta más especialización haya, mejor será su calidad; la especialización rompe los límites de lo posible, atrae audiencias muy leales; y la burbuja, si existe, todavía es muy pequeña.

Técnicas de narración y presentación de la información diseñadas solo para la web

Ante la promesa de ese “nuevo periodismo”, la mayoría de los críticos coinciden en que, después de todo, ni Klein, ni Silver, ni Leonhardt han inventado nada. El periodismo explicativo formó parte de los Premios Pulitzer como categoría independiente entre 1985 y 1997. Al año siguiente, pasó a llamarse “excelencia en periodismo explicativo”.

La diferencia ahora es la consolidación de este modelo en técnicas de narración y presentación de la información pensadas y diseñadas exclusivamente para la web.

En 2008, Jay Rosen, profesor de la Universidad de Nueva York especializado en medios, ya dedicó un ensayo de su prestigioso blog a este género. “Hay noticias que soy incapaz de abarcar hasta que no he leído toda la información”, decía Rosen. Para él, el periodismo explicativo “debía equivaler al armazón de conocimiento sobre el que cualquier otra noticia pueda sostenerse”.

Las limitaciones que imponen los soportes del periodismo tradicional impidieron en ese momento, en plena crisis económica de los medios y cuando todavía no se había decidido una respuesta al desafío digital, que cualquier publicación se adelantara con una estrategia como la adoptada ahora por estas nuevas cabeceras. El contexto actual, de mayor flexibilidad y libertad, debido también a nuevas formas de financiación y la madurez de los periodistas digitales, sí favorece la apuesta por un nuevo formato.

Redes sociales, imprescindibles para ganar tráfico y fidelizar a la audiencia

Los datos de Pew revelan también que apenas un 7 % de los estadounidenses ha publicado su propio vídeo en una red social o lo han enviado a un medio de comunicación.

Pero la mitad de los usuarios de redes sociales comparten noticias y vídeos informativos en sus perfiles, convirtiendo estas plataformas en un factor del que los medios –tradicionales o nativos– no pueden prescindir a la hora de consolidar la fidelidad de las audiencias y el tráfico a su contenido.

Medios como ProPublica han sabido aprovechar esta intersección entre las nuevas audiencias y el nuevo periodismo, creando vídeos para desgranar la complejidad de una noticia. Su clip Fracking, the Music Videoacumula más de 335.000 visitas en YouTube en apenas tres años y ha servido de complemento a una de las investigaciones de la publicación.

La respuesta de Vox al nuevo contexto, mucho más allá de la concepción de la cabecera, está representada simbólicamente por una sección: las tarjetas. Es uno de los elementos de la publicación que más reacciones ha despertado.

La atractiva apuesta del equipo es quizás el gesto más valiente a la hora de explicar la actualidad: una página cuyo diseño recuerda a pequeñas cartulinas que se emplean para recordar conceptos, a modo de entradas en un diccionario, incluso con frases subrayadas, y con las que Vox resume los aspectos más importantes de una noticia.

“Las encontrarán junto con los artículos, en las que se añadirá información crucial de contexto”, explicó el equipo. “Además, cada una de ellas se puede compartir en redes sociales de manera independiente”.

La idea de Vox es ambiciosa. Es la primera vez que el diseño de un proyecto se ajusta de manera tan transparente a su concepto. Pero no es nuevo. Desde Bloomberg hasta las páginas temáticas de The New York Times, los “explainers” de The Economist o la aplicación de noticias Cir.ca han probado el concepto. Puede que Vox sea, simplemente, el que mejor haya sabido aprovecharlo.

Cualquiera de estas iniciativas se enfrentará a partir de ahora al mismo obstáculo para consolidarse. Más allá de la ausencia de un modelo de negocio o la dificultad para afianzar proyectos en un contexto mediático todavía inestable, varias voces han coincidido en una pregunta: ¿cuánta información es demasiada?

Para los lectores mejor informados, disputó Ball desde The Guardian, el contenido especializado les puede parecer superficial y no regresarán. No obstante, “si respondes complicando aún más los artículos, contentarás a los más exigentes, pero sacrificarás un sector importante de la audiencia. Existe el riesgo de entrar en un círculo vicioso”.

“Los medios especializados tienen otro problema: sus lectores son precisamente quienes ya tienen un buen nivel de conocimiento de las noticias”, aclaró Ball en su análisis. “Tienes que ser un lector bastante bien informado (y humilde) para leer una noticia y, después, buscar otra página para entenderla aún mejor”.

Las elecciones legislativas celebradas en EE. UU. demostraron todo lo contrario. Fue el primer escenario periodístico en el que se han enfrentado tantos medios nuevos, con las mismas ganas de explicar la actualidad y con un despliegue de datos desconocido hasta ahora.

Vox presentó una página con más de 40 mapas de resultados y datos relevantes para los electores y votantes. The Upshot logró colocar en portada de Nytimes.com su modelo de predicciones y, tras el cierre de las urnas, los mapas más detallados –y actualizados en directo– que se hayan visto en los medios estadounidenses.

Este despliegue en una cabecera tradicional como The New York Times puede representar para muchos el triunfo de un modelo de periodismo que aspira cada vez más a explicar la información al detalle, más allá de narrar la actualidad, dejando en manos del lector todos los datos disponibles.

Para otros, es la “última burbuja” de la información online. Salmon, otra de las firmas periodísticas convertidas en marca, plantea que es más “un acto de desesperación de ejecutivos asustados que no quieren aparentar estar alejados de las tendencias y que siguen sin tener ni idea de lo que están haciendo”.

Los cuatro grandes proyectos deben demostrar aún su viabilidad económica

Intento desesperado o acierto, los cuatro grandes proyectos del género deberán demostrar todavía su viabilidad económica. El grupo Vox Media, creado en 2008, ha recaudado desde entonces casi 80 millones de dólares en diferentes rondas de financiación. Klein ha manifestado en repetidas ocasiones que el objetivo de Vox es servir de filtro para la información. “Eso suena posible”, afirmó Starkman, de Columbia Journalism Review. “La cuestión es si también es viable económicamente”.

The Upshot parece estar en una posición mucho mejor que los demás, ya que aprovecha los recursos y el modelo de The New York Times, aunque estén tan agotados como los de cualquier otro diario”, aseguró Mathew Ingram, analista de GigaOm. La suerte de Nate Silver, agregó, podría ser similar por la potencia de ESPN, si bien tanto él como Klein en Vox deberán demostrar todavía la viabilidad de un proyecto prometedor, pero recién nacido.

Roy Peter Clark, periodista de St. Petersburg Times y uno de los primeros analistas del periodismo explicativo de los años 80, reconoció muchas de las cualidades y desafíos de la tendencia actual en varios intentos anteriores.

“Doy la bienvenida a cualquier tipo de cambios que hayan despertado interés en este modelo”, escribió en Poynter. Y remató: “Solo quiero recordar a los recién llegados que no tienen por qué empezar desde cero. Existe una base ya establecida sobre la que pueden construir. Ahora deben subir el nivel”.

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Cristina F. Pereda es periodista de “El País” en Washington (EE. UU.).

Cómo hacer periodismo deportivo de calidad

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DEL JUEGO AL ESTADIO LIBRO

Por Jorge Luis Rojas Torrijos *

Las noticias extraordinarias, las provenientes de modalidades que no ocupan el carril mediático o simplemente aquellas que son practicadas por mujeres, suelen plantear al periodismo deportivo un auténtico examen.

Constituyen, cada vez que se producen, una oportunidad para evaluar si los criterios que utilizan estos medios en la selección y jerarquización de los contenidos son noticiosos o meramente mercantilistas; si en ellos se prioriza la transmisión a la sociedad de resultados y logros o más bien la recreación de anécdotas o rumores envueltos con celofán pseudonoticioso; si, en definitiva, este tipo de periodismo responde a su objeto social de contar el deporte en su diversidad y hacer honor a su apellido o si, por el contrario, desplaza e invisibiliza historias que tienen que ver con la actividad física de los atletas en favor del espectáculo y el entretenimiento.

En función del grado de aplicación de criterios noticiosos, del tratamiento que se haga de las noticias sobre resultados de competiciones y del alejamiento de otras que nada tienen que ver con el deporte, el periodismo deportivo será, en primer lugar, más periodístico, y en segundo término, más deportivo.

La futbolización de la información deportiva, la banalización de los contenidos y la ligereza en el empleo de las fuentes, el sexismo y la fijación de estereotipos raciales o culturales, la incitación a comportamientos violentos a través del empleo del lenguaje o la prevalencia de formatos extraperiodísticos en el panorama deportivo audiovisual son cuestiones esenciales que afectan a la calidad de la información.

Y son asuntos sobre los que es preciso reabrir cada cierto tiempo un debate que tiene que ver directamente con la ética profesional y con la responsabilidad social que cumple este tipo de periodismo por su especial repercusión y enorme interés que suscita entre los ciudadanos.

Por todo ello, es necesaria y bienvenida la reflexión que plantean el periodista Jacobo Rivero y Claudio Tamburrini, investigador del Centre for Healthcare Ethics de la Universidad de Estocolmo (Suecia) en el libro Del juego al estadio. Reflexiones sobre ética y deporte (2014).

Se trata de una obra que aborda el comportamiento del periodismo deportivo en un contexto ético entendiendo “el deporte como un espacio útil para la comunidad, como proceso de socialización y de protección”, como “un lugar importante que existe hoy en día en multitud de iniciativas deportivas que viven alejadas de los focos y las informaciones”.

Este texto planta sobre la mesa ciertas cuestiones normalmente olvidadas o, cuando menos, alejadas del debate diario en los medios y que tienen que ver con el modo de hacer su trabajo, así como del funcionamiento en general de las estructuras federativas y de la gestión del deporte profesional, porque a menudo se trata de contar verdades incómodas, de exponer públicamente que las prácticas de unos y otros son manifiestamente mejorables.

Tal como señala Rivero, “en un mundo sobreinformado deportivamente no parece existir una especial preocupación por hablar de la relación entre la ética y el deporte, más allá de momentos puntuales en que el foco mediático se pone en alguna excentricidad o circunstancia excesiva en la que se trata el asunto -habitualmente- de forma superflua o tendenciosa en los medios de comunicación”.

Los autores, que recorren episodios recientes del deporte de alta competición para reflexionar sobre comportamientos y actitudes de atletas, federaciones y medios de comunicación (“la mano de Dios” de Maradona en 1986, el cabezazo de Zidane en la final del Mundial de 2006, el caso de la atleta hermafrodita sudafricana Caster Semenya en 2009, Kathrine Switzer como icono de lucha por la igualdad en el deporte, en el maratón de Boston en 1967, el dopaje, la homosexualidad de Jason Collins en la NBA,…), inciden en la importancia de los periodistas como amplificadores de esos valores inherentes a la actividad fisica y que tienen a los deportistas profesionales como referentes sociales por su proyección pública.

“La responsabilidad de cómo se cuenta, de qué se cuenta y de por qué se cuenta es innegable”.

A juicio de Rivero, “más allá de la noticia, impera la forma” “lo habitual -desgraciadamente- es que se imponga el grito, la banalidad o la ocurrencia ridícula”, que muchas veces se aleja de lo que podría ser considerada realmente como información deportiva.

Advierte de la peligrosa espectacularización de los contenidos, especialmente en formatos televisivos, que en ocasiones va acompañada de otras prácticas desdeñables, como la proyección estereotipada de la mujer deportista:

“La responsabilidad social del periodista tendría que ver con poner en conexión a la sociedad con el deporte, no con ser un mero altavoz de la idiosincrasia particular de un mundo que parece ajeno a las transformaciones sociales que se producen a su alrededor”.

Igualmente subrayan la misión clave del periodismo en aquellos casos en los que el deporte provoca desórdenes que ponen en riesgo la paz social:

“Teniendo en cuenta esa realidad el periodista tiene una responsabilidad en función de cómo informa del acontecimiento deportivo, para que no sea precisamente la desinformación o infracalidad informativa la que aliente esa violencia o puede ser utilizada como excusa (…) Los casos de violencia en el deporte se suceden y su tratamiento mediático a veces se sintetiza hasta el extremo de la perversión, donde lo que se busca es la curiosidad del espectador manifestada a golpe de visitas a la página, más que información sobre cómo sucedió o por qué sucedió. Interesa el morbo más que el desarrollo de la noticia y su trasfondo”.

 Efectivamente, “la manera de informar también puede servir como pedagogía de los entornos sociales relacionados con el deporte”; el periodismo halla aquí un terreno abonado para cumplir con su función social de informar, formar y entretener, para contribuir a la erradicación de comportamientos indeseados y para generar una cultura en torno a la diversidad de modalidades y competiciones que existen.

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Periodista y profesor de Periodismo en la Universidad de Sevilla y en el Centro Universitario EUSA. Técnico de Comunicación en la Oficina del Portavoz del Gobierno de la Junta de Andalucía. Experiencia profesional en las redacciones de Radio Nacional de España, Canal Sur Radio, Estadio Deportivo, Sports.com y jefatura de Prensa en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Sevilla.

 

El crimen perfecto del febresborjismo

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GG y RDB

Gustavo Garzón fue mi hermano en la poesía y el relato y la lectura y, por tanto, en la vida.

Con él, ambos veinticincoañeros, y unos 15 compañeros más (Huilo Ruales, Pablo Salgado, Galo Galarza, Alfredo Noriega, entre otros), hicimos la “maestría” en literatura durante tres años bajo la tutoría del querido maestro Miguel Donoso, quien no solo nos enseñó a escribir textos sino a que la escritura y la vida son actos de rebelión incesante.

Poco antes de terminar los 36 meses de taller, Miguel recopiló lo que para él eran nuestros mejores cuentos elaborados en esa etapa y editorial El Conejo publicó El libro de posta.

Y luego, como si fueran nuestras tesis de grado, bajo su mirada rigurosa e irreverente, Miguel y la Casa de la Cultura, dirigida por el mejor presidente que ha tenido la institución, Edmundo Ribadeneira, publicaron nuestros primeros libros.

El de Gus, a quien yo lo llamaba “el monstrito tierno”, se llamó Brutal como el rasgar de un fósforo, una serie de cuentos dedicados a los guerrilleros de aquellos años. El mío, Instrucciones para llegar al orgasmo (instrucciones que, en realidad, eran una provocación experimental, un intento de bofetada a la sociedad hipócrita y mojigata de aquellos años).

Cuando concluyó el taller de Miguel nos sentimos huérfanos, solos.

No había otra manera de seguir que juntándonos de nuevo.

Y entonces, Gustavo y otros compañeros (entre ellos Rubén Vásquez, médico, dibujante y poeta exquisito; Byron Rodríguez, periodista, novelista y un maestro de la crónica; y Ramiro Pérez, un personaje singular e indescriptible) fundamos nuestra propio taller y revista literaria, La Mosca Zumba, una expresión y un espacio de todo lo que aprendimos con el maestro.

Alcanzamos a publicar cuatro números. Todo un récord en el Ecuador.
Con orgullo recuerdo que nuestra mosquita más brillante en esa segunda etapa fue Lucrecia Maldonado, quien hoy es, sin duda, una de las mejores escritoras contemporáneas del Ecuador.

A Gustavo lo encarcelaron por supuesta tenencia ilegal de armas y la policía “antisubversiva” le robó su camioneta. Un año después quedó libre por falta de pruebas.

Luego de la cárcel quería terminar su doctorado en Literatura en la U. Católica y seguir escribiendo.

Rodrigo Borja (Izquierda Democrática) ya era presidente dos años antes. Y pese al simulacro que este hiciera al cerrar el tenebroso Servicio de Investigación Criminal (SIC) como un gesto de poner fin al pasado oprobioso, represivo y de terror de Febres Cordero, algún oscuro grupo militar o policial desapareció a Gustavo el 9 de noviembre de 1990.

Dejó unos diez o doce cuadernos con decenas de poemas, cuentos y un borrador de novela. Todo inédito hasta hoy, aunque existen ciertas ediciones de escasa circulación u otras que hizo el Municipio de Quito, pero que quedaron embodegadas para que se devoraran los roedores.

Con su madre, doña Clorinda, y grupos de amigos y compañeros, lo buscamos por todas partes. Los criminales del Estado no dejaron un solo indicio. Aprendieron a matar sin dejar huella.

Una vez fuimos al cuartel de paracaidistas en Latacunga, donde desde la época del conservador Osvaldo Hurtado ya torturaban a los detenidos por sospecha de rebelión armada.

No estaba allí. Ni acá. Ni allá. Ni en ninguna parte.

Nunca más apareció. Nunca más lo vimos.

Los funcionarios del gobierno socialdemócrata no supieron o no quisieron explicar por qué mantuvieron la estructura criminal-represiva de Febres Cordero.

Por eso yo acuso de la desaparición de Gustavo Garzón al presidente Rodrigo Borja. A sus ministros. A sus generales. A sus jueces. A sus fiscales. A sus diputados. A todos los que desgobernaron el país de 1988 a 2002.

Porque en este caso de tanta nostalgia no hay inocentes: el febresborjismo cometió el crimen perfecto.

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Fotografía: Archivo particular (a la izq., Rubén Darío Buitrón. A la der., Gustavo Garzón)

Las redes sociales y el internet, el poder de los sin poder…

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La reciente dimisión del extitular de Conagua mexicano, David Korenfeld, luego de ser fotografiado y denunciado en Facebook por su vecino, en el momento de utilizar recursos públicos para fines particulares, pareciera un triunfo de los ciudadanos.

La delación política, a través del nuevo espacio público que representan los social media, contribuye al incremento de la vigilancia pública sobre la política formal.

En su libro Política Vigilada (2011), Antoni Gutierréz-Rubí reinterpreta el significado de “El poder de los sin poder” una expresión de Václav Havel, en el nuevo contexto del uso de la internet y las redes sociales.

Gutiérrez-Rubí señala que se abre paso lentamente una nueva fuente de conflictividad y de observancia crítica.

El descrédito de la política formal y el deterioro de la reputación de sus representantes puede dar pie a la ruptura de la cultura corporativa que protege y preserva el estatus laboral o profesional de los representantes políticos.

En algunos casos, las trampas o los excesos de confianza han jugado un papel clave. Esta disfunción entre lo que se piensa, se dice y se hace, deteriora enormemente la credibilidad política. Veamos tres casos más en México:

  1. La #LadyProfeco Andrea Benítez, hija de quien fue titular de la Procuraduría Federal del Consumidor, desató un escándalo al pedir al personal de la Profeco que acudiera a un restaurante donde no le dieron la mesa que quería. Luego de la clausura del establecimiento, llovieron las críticas en redes sociales y vino la remoción de Humberto Benítez Treviño. escandalo01
  2. Heliodoro Díaz Escárraga renunció a su cargo de coordinador regional en el Infonavit, tras publicar en Facebook una foto de su hijo en un Porsche con un comentario que indicaba que él había regalado ese auto. Ambos renunciaron a sus respectivos cargos; el hijo, de nombre Heliodoro Díaz Aguirre, al de subdirector jurídico de Liconsa.escandalo02
  3. Gilberto Sánchez Ortíz duró sólo 22 horas en el cargo de director del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, luego de la filtración de unas publicaciones en su cuenta en la red social Facebook en contra del magisterio oaxaqueño, e imágenes de mujeres semidesnudas.#ladyprofeco

Es evidente que estos representantes públicos se enfrentaron al escrutinio de unos ciudadanos críticos y atentos a los abusos del poder.

El poco cuidado de las implicaciones que tiene convertir su vida privada en pública los enfrenta ante la vergüenza de quedar al descubierto por la falta de prudencia o desconocimiento de los medios sociales.

Lo relevante es que la política es vigilada desde dentro y fuera de las instituciones.

Tanto por los empleados como por los ciudadanos. La política será denunciada anónimamente y púbicamente. Los ciudadanos ya no están indefensos; tienen un móvil en la mano que puede filmar y fotografiar pero, sobre todo, compartir en la red y viralizar de manera instantánea.

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Por Javier Sánchez Galicia                                                               Mexicano. Consultor en comunicación política para gobiernos estatales y municipales, especializado en Comunicación de Crisis. Con 17 años de experiencia, ha participado en mas de 120 campañas electorales. Director General de Kratos, consultoría en Estrategia y Comunicación y presidente del Instituto de Comunicación Política.

Libertad de prensa, un mito políticamente manoseado

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Libertad de prensa, un mito manoseado (FOTO) Alexandra Manukyan

Hay una creencia generalizada que es necesario analizar porque muchos la repiten como si fuera una verdad irrefutable: que en Estados Unidos la prensa, por más deficiente que fuese, puede decir lo que quiera y decirlo como quiera, sin que ello tenga consecuencias políticas o jurídicas. Y, claro, que cualquiera puede ser dueño de un medio.

Viéndolo desde el mito, el país del norte sería el paraíso de la libertad de prensa. Pero no es así.

El famoso científico social estadounidense Noam Chomsky, una de las voces más respetadas en el mundo, afirma que en su país existen al menos cinco filtros desde que se produce el hecho hasta que llega al público.

Cinco filtros. ¿En realidad podemos hablar de libertad de prensa?

De esos cinco filtros, el tamiz más difícil de pasar es el de la idea de que la información que llegue a la audiencia implique un elemento que se esconda entre los entrelíneas y llegue al inconsciente del público: existe el peligro permanente de que está por atacarnos un enemigo terrible y, por tanto, debemos cobijarnos bajo el manto del poder nacional.

En otras palabras, todos los medios de comunicación que hacen informaciones u opiniones deben manejar esa matriz ideológica como requisito tácito (ojo que digo tácito) en la producción de sus contenidos.

Chomsky, quizás sin proponérselo, también habla de otros modelos de comunicación en el mundo, por ejemplo un segundo filtro que usan los poderes políticos y fácticos y los gobiernos en muchas naciones:

“Siempre hace falta algo para asustar a las personas, para evitar que presten atención en lo concreto. Hay que encontrar el modo de sembrar el miedo y el odio para canalizar todo la furia, o al menos el malestar que generan las condiciones socioeconómicas”.

La información que le llega a la audiencia, por tanto, está muy lejos de ser “libre” y en la mayoría de países del mundo está expresa o sutilmente controlada por diversos factores.

Esos factores van desde los intereses de quienes manejan el Estado –que en el caso de EE.UU. no son los gobernantes sino quienes están más arriba de ellos: los grandes poderes económicos como la industria de armamentos, la del petróleo (como los productores internos y sus aliados en el mundo (Arabia Saudita, por ejemplo), la industria de los alimentos “fast food” y los grandes capitales sionistas que financian las campañas electorales norteamericanas a cambio de suculentas ventajas tributarias y de que Israel sea su letal Policía para vigilar en el Oriente Medio a los estados musulmanes y fundamentalistas).

El tema de si existe “prensa buena o mala” trasciende, entonces, los adjetivos calificativos.

Lo que en realidad tenemos que preguntarnos es a quién sirve la prensa, de qué lado está (porque también es falso el mito de lo objetivo, veraz e imparcial), quiénes la comandan, quiénes trazan sus líneas ideológicas y editoriales, a quiénes se debe, quiénes son sus propietarios y quiénes sus financistas, qué realidad exhiben en sus espacios y quiénes terminan siendo favorecidos con esos fragmentos de realidad escogidos desde las direcciones de los medios y desde las jefaturas de las salas de redacción.

“Lo que importa, en realidad, son los deseos y conveniencias de quienes poseen y controlan los medios de comunicación”, reflexiona Chomsky, porque quienes los poseen y controlan los usarán, en todos los casos, en su beneficio o en beneficio de sus aliados, estén a favor o en contra de un gobierno, de unas políticas estatales o de unos intereses que van desde el fortalecimiento de sus negocios mediante la venta de espacios publicitarios, hasta la consecución de ventajas como la influencia en las decisiones que toma el poder político mediante la colocación de personajes que en apariencia sirven al país pero representan y ejecutan aquellos intereses particulares.

Cuando los mandatarios autoalaban su modelo de democracia mediática, aseguran que en su país sí existe la libertad de prensa. En consecuencia, un modelo que no repita sus parámetros es aquel donde no existe democracia mediática y tampoco libertad de prensa.

Pero los gobernantes debieran reflexionar en profundidad cuán sincero y cuán real es lo que afirman, como nos hace pensar Chomsky (lo que va entre paréntesis es mío):

“La forma más inteligente de mantener una población pasiva y sumisa es cuando los medios limitan estrictamente el espectro de opiniones aceptables (escogidas por el aparato político o por los dueños de los medios, según la conveniencia de cada uno). Así permiten un debate enardecido sobre los temas de interés nacional, pero según cómo les conviene a unos u otros, fomentando las posturas más disímiles y críticas (y creando un escenario de aparente libertad de expresión)”.

“(Lo que no se dan cuenta quienes defienden la libertad de prensa en unos países y critican su falta en otros es que) así se genera la idea de que en los medios hay libre pensamiento, pero (pocos se percatan) dentro de los límites previamente impuestos al espectro del debate (desde el mismo poder mediático y desde quienes controlan y manipulan ese poder de enmarcar las fronteras de la deliberación)”.

¿En Estados Unidos no se compran medios para defender intereses particulares, como The New York Times y The Boston Globe se vendió a Jeff Bezos (el multimillonario dueño de Amazon.com) y un enorme paquete de acciones a Carlos Slim (uno de los empresarios más ricos del mundo, propietario de la telefonía celular Claro)? ¿Qué tan democráticos serán Bezos y Slim si un periodista de su medio se atreviera a tocar sus intereses económicos en un artículo o noticia?

¿O qué diremos de aquella prensa (toda la gran prensa norteamericana) que ocultó durante seis meses, por orden del corrupto presidente Nixon, las atrocidades del ejército de EE.UU. en Vietnam y la humillante derrota militar que sufrió el país más poderoso del mundo a manos de un pueblo heroico y digno?

¿De esa “libertad de prensa” (o de empresa) estamos hablando?

Preguntémonos, entonces, ¿qué es, entonces, la libertad de prensa? ¿Cómo funciona? ¿Quiénes determinan si su concepto idealista se ajusta a la realidad real?

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Ilustración de Alexandra Manukyan

El ridículo debate mundial sobre un gato y unas escaleras

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Horyon Lee (Polémica del gato)

Las supuestas y tan de moda “grandes polémicas de las redes sociales” no son más que distractores muy bien pensados para mantenernos en la superficie de esas redes y no utilizarlas como una herramienta de reflexión social.
Veo que el debate hoy ha sido una foto de un gato y unas gradas. Amplia discusión sociológica acerca de si el gato está subiendo o bajando las escaleras.
Hace poco “el mundo entero” (¿el mundo entero?) deliberaba si un vestido era azul o blanco.
En días anteriores se hablaba, con la superficialidad más ramplona, de que el copiloto del avión que se estrelló en los Alpes era depresivo “y por tanto era lógico que haya querido suicidarse”, cuando los científicos de la medicina saben que por lo general un suicida se mata en soledad.
Y así, se nos impone hablar de cualquier cosa. Por ejemplo, tantas horas desperdiciadas hablando de que un animador de la TV farandulera de Miami se refiriera a Michelle Obama como “simio”.
Se chismoseó en el mundo sobre una fiesta cualquiera, la que dio Cristiano Ronaldo por su cumpleaños. Ayer se habló de un imposible: las 80 valijas gigantes que necesitaría Messi en el caso hipotético de que el jugador se retirara este rato del fútbol y llevara su dinero de regreso a Argentina.
Se ha discutido con pasión si las nalgas de Kim Kardashian son verdaderas o postizas o si es el mismo Miller Bolaños el que jugó contra México y falló un penal o el que jugó contra Argentina e hizo un gol.
Claro que hay que reírnos de la vida, reírnos de lo superfluo y hasta pensar sobre el vestido o la trascendencia aparente del significado de un gato, pero hay espacios y momentos.
No planteo que seamos unos amargados intelectuales que todo lo ven como objeto de análisis semiótico o para un estudio faucoliano.
Pero planteo algo más grave: los “mass media” siempre encuentran la manera de distraernos de lo esencial y vamos olvidándonos, por ejemplo, de Tamaulipas, de Ayotzinapa, de Kenia (o ni siquiera eso: lo ignoramos).
Les recomiendo mirar en Netflix la película La Dictadura Perfecta, producida y actuada por ex estrellas de Televisa, que conocen por dentro cómo se fabrican historias de “enorme conmoción social” mientras con ellas se distrae al pueblo y se prepara al siguiente mandatario mandante de los que realmente mandan en México.
He ahí lo que trato de decir y quizás se me entienda mejor.

O, si quieren seguir en esa línea, miren la fotografía y pintura del artista coreano Horyon Lee que acompaña este texto y armen otra polémica: ¿la chica está moviendo los pies hacia arriba o hacia abajo? ¿Está leyendo un libro o mirando un álbum de fotos? ¿Está semidesnuda a propósito o solo posó para el artista? ¿Las piernas que se ven arriba son las mismas que las de abajo? ¿Los movimientos son de una o dos mujeres?
No podrán negarme que son preguntas de fondo. Absolutamente trascendentes para el futuro de la incomunicación inhumana.

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Fotografía y pintura de Horyon Lee

Anatomía de un fracaso periodístico en Rolling Stone

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Christophe Segura (Rolling Stone)

“Anatomía de un fracaso periodístico”. Así se titula el informe independiente que ha forzado a la revista Rolling Stone a retirar su reportaje sobre un caso de violación en la Universidad de Virginia.

Aquella exclusiva, que tenía el objetivo de denunciar los abusos a mujeres en el entorno universitario, ha acabado convertida en el peor episodio para la revista estadounidense y en un manual de prácticas incorrectas del periodismo de investigación.

El reportaje de Rolling Stone, titulado ‘Una violación en el campus’ y publicado el pasado 19 de noviembre, giraba en torno a una estudiante identificada con el seudónimo ‘Jackie’ y que alegaba haber sufrido la violación por parte de siete alumnos en la sede de una hermandad del campus.

La historia encendió el debate sobre los abusos a jóvenes en las universidades del país, pero a los pocos días de salir a la luz varios medios empezaron a cuestionar el testimonio de la supuesta víctima. El 5 de diciembre los editores anunciaron que retiraban su respaldo a las declaraciones de Jackie.

Según las conclusiones de la investigación, publicadas el domingo por la noche, la revista cometió tres fallos graves que “podía haber evitado”: el uso de seudónimos, la falta de verificación de información y la ausencia de datos que corroboraran o contradijeran la versión aportada por la supuesta víctima y que sirve de columna vertebral para la exclusiva.

De haber cumplido con estos principios, afirma el autor, Rolling Stone podría no haber llegado a publicar la noticia.

El editor de Rolling Stone Will Dana ha calificado el informe como “una lectura dolorosa”.

“Pedimos disculpas a todos nuestros lectores y a aquellas personas que hayan podido resultar dañadas por nuestro reportaje y sus consecuencias”, declaró en un comunicado Will Dana, editor jefe de Rolling Stone. Dana hace referencia especialmente a los miembros de la hermandad donde Jackie dijo haber sido víctima del ataque y a todos los estudiantes y trabajadores de la Universidad de Virginia.

El periodista y ganador del premio Pulitzer Steve Coll ha sido el encargado de liderar una investigación de cuatro meses y el informe que disecciona el trabajo de la periodista Sabrina Erdely y de sus superiores.

A pesar de que Rolling Stone se ha retractado del reportaje y su página ahora enlaza directamente a la investigación, respaldada por Columbia Journalism Review (CJR), la revista no ha despedido a ninguno de los periodistas implicados en el trabajo.

Errores en prácticas periodísticas “básicas e incluso rutinarias”

“El rechazo de la revista hacia la narrativa principal de ‘Una violación en el campus’ es una historia de fracaso periodístico que podía haberse evitado”, escribe Coll, autor de la investigación. “El reportaje pasó por alto los agujeros del reportaje utilizando seudónimos y omitiendo dónde habían obtenido la información más importante”.

Jackie se negó, por ejemplo, a dar el nombre de la persona que había organizado la fiesta donde fue supuestamente violada, alegando que todavía tenía miedo de su agresor.

Esto provocó tensión entre la protagonista y la reportera, quien temió que dejara de declarar. El documento de CJR concluye que este obstáculo fue resuelto “cuando los editores decidieron seguir adelante con la publicación sin conocer el nombre del joven ni verificar su existencia”.

“¿Qué hicimos mal?” dice la cabecera de la página de ‘Rolling Stone’ donde han sustituido el reportaje por el duro informe que ha obligado a retirarlo.

La supuesta víctima sólo proporcionó el nombre de su agresor cuando la exclusiva ya había salido a la luz. Pero no fue capaz de deletrearlo. “Eso despertó todas las alarmas”, declaró Erdely a los investigadores. Al mismo tiempo, el diario The Washington Post preparaba su propio reportaje desde la Universidad de Virginia, un trabajo que anuló la ya fracasada exclusiva de Rolling Stone.

Consecuencias para el debate sobre los abusos

Cinco meses después de la publicación de una exclusiva que convirtió en debate nacional los abusos sufridos por jóvenes universitarias y la impunidad con la que sus agresores permanecen en los centros, el reportaje de Rolling Stone puede haber minado la confianza en las denuncias de las víctimas y su voluntad para sacar a la luz las agresiones.

El informe es ya un manual a seguir en cualquier trabajo de investigación. Dana lo ha calificado como “una lectura dolorosa” y “un documento fascinante sobre un fracaso periodístico”, asegura en su mensaje que las agresiones sexuales “son un problema serio” en las universidades estadounidenses y lamenta que las víctimas se sientan menos cómodas a la hora de denunciarlos “por nuestros errores”.

La investigación no atribuye el fracaso de la exclusiva a “una falta de recursos”, sino a “un error de metodología”.

Coll concede que los casos de violación son algunos de los más difíciles de investigar para un periodista. “Erdely tuvo dificultades para decidir hasta dónde podía corroborar los detalles de la versión de Jackie sin poner en peligro su colaboración”. La periodista justificó su falta de verificación del testimonio de Jackie por no “volver a traumatizarla” al revivir su experiencia, pero el autor de la investivación ofrece varias medidas que podrían haber servido para, como mínimo, hacer entender a los lectores hasta donde confiaba Rolling Stone en el testimonio de una sola persona.

La reputación herida de Rolling Stone

Coll afirma que sus propias conclusiones suponen una “conmoción más a la credibilidad del periodismo” y destacan la necesidad de alcanzar un nuevo consenso “en redacciones viejas y nuevas” sobre las mejores prácticas periodísticas.

Rolling Stone ha recortado su plantilla un 25% desde 2008, pero el informe no atribuye el fracaso de la exclusiva a “una falta de recursos” sino a “un error de metodología, agravada por un ambiente en que que varios periodistas con décadas de experiencia no cuestionaron ni debatieron problemas en su investigación”.

El autor denuncia también que los editores no resolvieron las preguntas planteadas por una fact-checker, la figura encargada de verificar el trabajo de un periodista. Según Coll, el editor confió plenamente en Erdely, a quien considera “una periodista minuciosa y quisquillosa que ha trabajado historias extremadamente complicadas y con diferentes puntos de vista”.

Erdely escribe para Rolling Stone desde 2008 y está especializada en reportajes sobre crimen. Su exclusiva atrajo más de 2.7 millones de visitas, un récord para la revista.

Pero ya queda muy lejos el prestigio logrado con numerosos reportajes desde su fundación en San francisco en 1967, incluido el trabajo sobre el General del Ejército estadounidense Stanley McChrystal, que acabó forzando su dimisión en 2010.

Dana, responsable de aquel éxito y también de este último fracaso, declaró a Coll que el análisis de la exclusiva sobre los abusos en la Universidad de Virginia demuestra un “fracaso” a nivel individual, de procedimiento e institucional.

“Todos los implicados tuvimos la oportunidad de hacer más preguntas, indagar un poco más y nadie lo hizo”.

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Tomado de Diario El País de España

Ilustración en este blog de Christophe Segura

La soledad, tan solitaria

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Martin Stranka (La soledad)

Cae de pronto sobre ti, como un peso infame. Como una sombra gigantesca que te envuelve.

Y aquí estás, hablándole a la sombra, hablándote a ti mismo, tratando de entender por qué la soledad es un vil ataque por la espalda a tu cotidianidad o a tus hábitos o a tus costumbres.

Estás solo y apenas si escuchas sonidos rutinarios. El susurro interminable de la refrigeradora. Una y otra gota de agua que se niegan a dejar de caer en el lavabo de la cocina. El motor de una motocicleta que sube la calle y que hace un estruendo arrogante.

No hay música. No hay nadie. Solo tú.

¿Extraviado en tus propias contradicciones? ¿Víctima de una maldición de la que no puedes escapar? ¿Recordando a tu tío abuelo rosacruz que adivinaba las cartas y un día te dijo que pese a cualquier intento que hagas no podrás huir del mismo destino que le tocó vivir a tu padre?

Solo tú. Huérfano de las hijas que tanto amaste, que tanto amas, y que no ves hace mucho tiempo. Huérfano de tu familia que si te dio amor ni tú fuiste capaz de darle simplemente no existe. Huérfano de tu compañera que decidió no soportar más tus repentinos e impensados comportamientos de macho o de insensato adolescente.

Y empiezas a entender (¿entender?) ese peso enorme que cayó sobre ti y que, quizás, no fue de pronto. Que lo fuiste construyendo con tu incapacidad de consagrarte a tus propias promesas de amor, de lealtad, de compromiso, de un querer responsable y maduro y apacible.

¿Apacible es igual a previsible? ¿Previsible es igual a deducible? ¿Deducible es igual a inasible? ¿Inasible es igual a imposible?

La existencia así, en medio de los rumores del motor de la refrigeradora y de las gotas de agua y de uno que otro vehículo con gente que quizás no salió de la ciudad o está volviendo de su paseo o va de visita a su madre o busca un restaurante para comer fanesca.

La soledad también es no comer fanesca. Es gracioso. Real pero gracioso. Fanesca empieza con la sílaba “fa”, de familia. Familia que no la tienes aunque esté allí en una actitud tan parecida a la tuya, caprichosa, incapaz de proponer un perdón histórico por tanto desamor acumulado.

La soledad es sentarte a ver pasar tu soledad e intentar comprenderla. O sentarte frente a ella. O dejarte envolver por ella porque alguna razón debe tener para haber caído sobre ti.

Saber si te la mereces. Si la buscaste. Si la provocaste. Si cometiste un error tan grave como para que estés aquí, solo, hurgando en ti mismo los motivos que te condujeron y que te trajeron a esta suave pero inclemente vorágine.

No vayas a decirme que no te la mereces. Que eres una víctima. Que te compadeces de ti.

Mira cómo llegaste a este punto, a esta vastedad de frustración y excesivo silencio.
Trata de hacerlo. Intenta aprender cómo sobrellevarla cuando ya no se la puede revertir.

Podrías salir a caminar. Ir al cine. Comer algo. Observar a las personas en sus aparentes felicidades individuales, en sus programaciones dominicales cumplidas de forma cronológica y sin mayor reflexión. Un restaurante. Una sala de cine. Un centro comercial.

Pero quieres estar aquí, mirándote al espejo, con la barba de tres días sin afeitar, con el hambre y la sed que no sientes, con el pensamiento en aquellas que amas y que nunca volviste a ver o que acaban de decirte que ya, basta, nunca más.

La soledad es esto, no lo que imaginas cuando se te atraviesa la idea de ser solo tú y tomar las decisiones por ti mismo y disfrutar de cualquier capricho y ponerte a trabajar en tu estudio a la hora que se te apetezca.

Una “soledad solidaria” habías dicho alguna vez que era lo que necesitabas. No es eso, ¿ves?

Una “soledad de dos” también habías dicho que era lo que Ella y tú requerían para olvidar al mundo unos días.

Pero la soledad es, a veces, tan solitaria, que te llega a doler profundo en alguna parte.
Tan solitaria que no sabes cómo enfrentarla. Y talvez, en lugar de que haga sentirme incómodo, decidas acompañarla.

No te queda más. No sentirla como un peso. Ni como un vacío. Ni como parte de una maldición o un presagio.

Solo te resta ser tan solitario como ella. Y acompañarla. Y compartirla.

Porque, como decía Tsun Su, “pelea solo las guerras que puedes ganar”.

Y esta la has perdido.

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Fotoilustración de Martin Stranka

Wlado, la sensibilidad popular de sus miradas fotográficas

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Wlado Cristo del Consuelo II

La pluma, los pinceles y la paleta de Wladimir Torres, de este inmenso y estremecedor Wlado, se convierten esta mañana en una cámara, en filtros, en sofisticados lentes, en fotómetros.

Pero, sobre todo, en sensibilidad, la herramienta más difícil que maneja un artista, un pintor como es él, un fotógrafo como es él, un artista como es él, un observador como es él.

Y va y llega y se confunde entre la gente y es uno y es otro porque tiene la capacidad de percibir situaciones insólitas desde adentro y desde afuera, en avistar escenas que pasan en instantes y que no vuelven y que él tiene que capturarlas en una centésima de segundo para que permanezcan para siempre en el corazón, no en los ojos, de quienes sentirán en su estética o en su espiritualidad o en su escepticismo o en sus creencias.

La procesión del Cristo del Consuelo es un pretexto de Wlado para sentir y hacernos sentir más humanos, menos encerrados en nosotros mismos, capaces de saber que sí es posible sentir que alguna solidaridad aún nos atraviesa el alma, que alguna certeza aunque sea estética te deja la semana santa gracias a aquellas pinturas y escenas que sólo él es capaz de dibujar con su cámara como si lo que nos deja fueran sentimientos y no simples fotografías.

Wlado es también un penitente de la procesión, un hombre que requiere pronunciar alguna plegaria, que quizás tiene poco por agradecer y mucho por pedir o al revés, pero que está ahí.

Está ahí también mojándose de piedad, de dolor, de arrepentimiento, de esperanza, de fe, de futuro, aunque él no aparezca en ninguna de sus conmovedoras y tan cercanas escenas de la cotidianidad misteriosa, silente, secreta y sufriente de un viernes santo.

Al día siguiente leo las crónicas y miro las fotos de las procesiones en Guayaquil y Quito. No hay duda de lo que Wlado nos mostró con sus fotografías: mientras más pobre, enferma, hambrienta o llena de carencias es la gente, mayor es su desconocimiento de que la realidad no cambia porque “Diosito lo quiere”, sino porque uno la transforma.

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Fotografía de Wlado (Wladimir Torres)

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