El periodismo en tiempos de telebasura y de propaganda

Periodismo en tiempos de telebasura y propaganda.

Gabriel Romano Burgoa*

Apenas nos conectamos y ya estamos relacionados con una avalancha de estímulos. La información llega frenéticamente sin apenas poder hacer algo para que esto sea de otra manera. Hace mucho tiempo que los contenidos en los medios dejaron de tener mesura con el receptor, por el contrario prima la espectacularidad, el interés por llamar la atención y por transformar lo cotidiano en una trama en la que el show determina todo.

Se trata de un nuevo paradigma en el que estamos arrojados (no sabemos cómo diablos). La memoria nos falla, no recordamos cuándo fue el momento en que apareció aquella propaganda, el programa o el comentario que inició el estado actual de las cosas.

Solo notamos que estamos en un momento en el que todo se maneja al límite. Es el tiempo de los contenidos basura (aquello que nos intenta decir mucho y no nos lleva necesariamente a algún lado) y de la propaganda (no necesariamente comercial).

La telenovela de amor ya no es la preferida, en su lugar está el reality que impacta o la serie que nos habla del mundo del narco.

Los noticieros mutan, están provistos de una formalidad aparente que combina la calamidad de la crónica roja con el espectáculo en fracción de segundos.

En las redes pasa lo mismo, por ejemplo, las firmas reconocidas de noticias interactúan mostrando la realidad espectacularizada y en ocasiones confunden información con la desgracia de alguien; penetran en la intimidad de las personas con el dolor que causa el aguijón.

La política en los medios y en las redes no está exenta de estas condiciones, tienen mucho de contenido basura y propaganda. Cada vez se la asocia más con categorías que la alejan de lo epistemológico (ciencia política) y que la vinculan con la espectacularidad de un reality. Enaltece el insulto, la amenaza y la denuncia (muchas veces irracional) como una prioridad para salir al espectro de difusión. Lo público se convierte en un gran teatro que convive con la realidad de las cosas donde urge el discernimiento fino.

En este diagnóstico aleatorio que refleja algunas situaciones que no son del todo coherentes en el panorama mediático surgen estas preguntas: ¿Cómo esto afecta a la praxis periodística? ¿En qué medida esta ruta abierta por los nuevos paradigmas afecta el modo de entender el periodismo? ¿Cuál es la dosis sensata de la espectacularidad en una noticia y cuál la que se debe aplicar para la mesura reflexiva? ¿En qué medida el estilo de la telebasura y de la propaganda condiciona al periodismo?

Parto de la idea de que ponernos a pensar sobre estas cuestiones abre, fundamentalmente, dos frentes. Uno que debe tener en cuenta a quienes están en el ejercicio diario de la profesión, de aquellos que conocen cómo se hacen las cosas en lo cotidiano y que “juegan en cancha”, pero el otro desde la reflexión académica que toma en cuenta a quienes se forman para el periodismo y los que tenemos la posibilidad de enseñar periodismo.

Enseñar periodismo en los tiempos de la telebasura y la propaganda (no únicamente comercial) supone un desafío importante porque plantea seguir una ruta distinta a lo que se hace. Es decir, no dar por cerrada esta influencia (pasiva) casi generalizada del “nuevo paradigma” y contentarnos con aceptar lo que se va imponiendo bajo términos de adecuación, sino de tener la capacidad de formar personas, crear contenidos, formatos y estilos que influyan sobre lo que se está dando (propuesta y condición activa).

Esta tarea decidió asumirla desde agosto la Universidad Franz Tamayo, cuando abrió una de las pocas carreras (si no la única) de Periodismo a escala nacional. Se trata de la primera dedicada a formar periodistas a nivel de pregrado, pensando en la profesionalización del sector y en la generación de capacidades de los elementos humanos. Algo desafiante ante un mercado laboral aparentemente saturado por la oferta de comunicadores, pero muchas veces carente de profesionales de la información.

La formación de profesionales periodistas en Bolivia supone, a mi juicio, la posibilidad de sentar soberanía en el área. Eso implica una estructura para pensar la labor desde la praxis y la academia. No es malo que en Bolivia existan especialistas que hablen del periodismo desde sus campos del saber, incluso que lo hagan los políticos, pero resulta todavía mejor que lo hagan los futuros periodistas desde sus propios conocimientos y desde su propia realidad con conocimiento de causa.

La enseñanza del periodismo en el ámbito universitario abre la posibilidad de contribuir el estadio de formación primordialmente empírico, de manera que el conocimiento de la experiencia (pensemos en los colegas que se formaron haciendo cobertura) se interrelacione con lo académico de manera que ambos polos se complementen y generen nuevas propuestas del saber. Implica un espacio en el que se dialogue sobre la experiencia del sector, pero que también se tenga en cuenta la sistematización de ese saber.

Enseñar periodismo a largo plazo establecerá una sana diferencia entre el profesional de la información con aquellos actores de la comunicación que no son periodistas. Debe quedar claro que un presentador de televisión no es necesariamente periodista, un animador no es necesariamente periodista, un locutor no siempre es un periodista, el periodista es un especialista de la información y por lo tanto aquellos deben asumir esa diferencia. Considero que este proyecto abre la posibilidad a revalorar la labor del periodista dentro de los medios, que muchas veces es confundida con el encomendero de noticias.

Finalmente, la profesionalización del periodismo abre a posibilidad a la constante interpelación de la conciencia ética de la profesión ante las figuras “deformadas” que aparecen en los medios se hacen normales.

Concebir al periodista como el profesional que no hace propaganda por nadie ni para nadie, como aquel que es capaz de ser libre de contar lo que sucede y no de sacrificar la verdad a la noticia. Hacer que el periodista actúe sin acaloramientos innecesarios evitando que se transforme en un agitador sectorial.

*Gabriel Romano Burgoa es periodista y profesor universitario

La narrativa, el cuento, la leyenda y la política en los jóvenes

Guerra de las galaxias
 
Por Rubén Weinsteiner*
 
Es imposible no comunicar. Enviamos señales y significados todo el tiempo, que se traducen en sentimientos, ideas y narrativa en la cabeza de las personas, ya sea que diseñemos esa narrativa de manera estratégica o que se articule por default, caótica, aleatoria y espontáneamente.
 
Cuando hablamos de la personalidad de la marca política hablamos del “quién”. Cuando hablamos de la narrativa hablamos del “qué”.
 
La narrativa que viene a relatar la marca política, incluye y articula las palabras emitidas, los textos escritos, los slogans y taglines, los tonos de voz, el vestuario, la gestualidad y el lenguaje no verbal, la kinesia y la proxemia.
 
El gran desafío de la narrativa de la marca es presentar de la manera más eficaz la promesa de la marca.
 
Con argumentos se conquista la mente, con historias se conquista el corazón, los argumentos intervienen sobre la necesidad, las historias sobre el deseo y el voto en el segmento joven se define por deseo.
 
La narrativa política puede y debe virtualizar realidades y escenarios, construir sentido y valores simbólicos. La narrativa política crea la realidad, la define, la explica y la hace sustentable.
 
Los componentes estructurales de la Narrativa política son cuatro
 
1) Mensaje: La narrativa política debe bajar un mensaje, en lo posible solo uno, que ancle emocionalmente en las personas. El mensaje debe ser claro, con referencias empíricas y reales de la vida cotidiana y establecer un posicionamiento, es decir, ocupar un lugar en el imaginario de los segmentos objetivos.
Debe ser una cuestión del debate público, que esté en la agenda y que preocupe a diferentes segmentos, por distintos motivos.
En el caso del voto joven el mensaje debe plantearse desde el clivaje autenticidad-impostura, los otros son la impostura. Por eso el mensaje debe ser conceptualmente lineal y directo, oraciones cortas donde cada palabra luche por su supervivencia.
 
Para que el mensaje sea eficaz debe:
 
a) estar alineado con la promesa de la marca
 
b) encarnar valores que se van a comunicar activamente
 
c) tener en cuenta la competencia de marcas políticas que se da, qué posiciones están disponibles y que posiciones en situaciones de debilidad
 
d) microsegmentar los públicos objetivo de nuestro mensaje
 
e) enunciar la personalidad de la marca emisora
 
f) contar con un equipaje de palabras potente
 
g) revelar visualidad, simbología y ritualidad, colores y formas alineados homogénea y estratégicamente con el diseño de la marca política.
 
2) Conflicto: Los conflictos son los que generan interés en la narrativa: sin malos no hay buenos, sin amenazas no hay salvadores, sin comilonas no hay hepatalgina, sin manchas no hay Ariel, sin problemas no hay soluciones para ofrecer.
El conflicto plantea la pregunta: ¿cómo se resuelve esto? Esta pregunta genera incertidumbre, tensión, ansiedad, emoción, instalando un clima de interés que hace que nos comprometamos afectivamente con la historia.
 
El conflicto narrativo muestra a un protagonista que lucha contra otros personajes, contra de sus propios principios o sentimientos, o bien contra su destino o una fatalidad.
En definitiva, el conflicto es un suceso que enfrenta al personaje principal con fuerzas antagónicas durante una trama, cuya resolución tiene un desenlace.
Una narrativa sin conflicto nunca puede ser dramática. Es una descripción. La intensidad del conflicto es producto de la naturaleza del motivo y del carácter del personaje. Cada intención tiene obstáculos que superar para lograr el objetivo. El conflicto es el resultado de la intención y la dificultad.
 
Existen tres tipos de dificultades esenciales en el conflicto:
 
a) El obstáculo: Es circunstancial, como un río que se debe cruzar, la falta de dinero o la imposibilidad de entender otro idioma. La desventaja de este obstáculo es ser de tendencia estática, no poder soportar cambios repentinos (el río no va a desaparecer ni podemos aprender un idioma nuevo de golpe).
 
b) La complicación: Es accidental: un avión que debe aterrizar por el mal tiempo, un mensajero que se fractura una pierna. Su desventaja es que, al ser accidental, genera frustración, ya que no la planea ni la desea nadie, el personaje no la puede evitar ni prever, no es una prueba del poder del héroe.
 
c) La contraintención: Es la intención de la contrafigura de evitar el cumplimiento de la intención del héroe. Es la dificultad más efectiva dramáticamente hablando, ya que es la más dinámica y la que da más posibilidades de ampliar la historia y de dar giros nuevos.
 
3) Personajes: En toda narrativa intervienen personajes que juegan roles, le dan vida a la historia, credibilidad, textura, color, posibilidad de vivencia e identificación. La fortaleza de los personajes potencia la intensidad y el involucramiento emocional.
 
Los cuentos infantiles y los mitos clásicos tienen formatos de personajes esquematizados que, además de ofrecer un carácter universal a tales personajes, los hace cercanos y comprensibles.
Y esto es así porque estos personajes representan lo que Carl Gustav Jung denominó arquetipos. Jung estableció una división de la psiquis humana en tres partes: el consciente, el inconsciente y el inconsciente colectivo.
 
En esta última es donde aparecen los arquetipos.
 
Algunos de los arquetipos que aparecen en las obras narrativas, y muy fuertemente en los cuentos clásicos, son:
 
a) El viejo sabio: Son hombres, adultos y dotados de autoridad que se presentan como guías del héroe.
 
b) El padre: Puede ser un viejo sabio, una metáfora de la historia, la tradición o el reason why del protagonista. También puede encarnar la debilidad que plantea un problema puesto en el padre, alter ego viejo del protagonista.
 
c) La madre: El amor incondicional, el compromiso sin límites, la propia historia, la posibilidad de retorno a las fuentes. Puede ser la construcción arquetípica en cuya figura se fusionan las costumbres morales y sociales de una época.
 
d) El héroe: El protagonista central, entraña la épica, encarna la misión, y sobre él está puesto el foco. Según la acepción griega, el héroe era un hombre divinizado que llega para restaurar el orden quebrantado por la fuerzas del mal. Los héroes también tienen marcas —las marcas del héroe—, que los ayudan a superar los obstáculos sin hacerlos totalmente invulnerables. Pueden ser físicas, como en el caso de Aquiles, o psicológicas: la fértil imaginación de Ulises y la piedad religiosa en Eneas.
 
e) El guerrero: Acompaña al héroe, lo complementa o suplementa. Encarna aquellas virtudes o aptitudes que el protagonista no puede revelar porque entrarían en contradicción con su esencia, identidad o misión. El guerrero puede no ser tan cumplidor de la ley como el héroe, o tan prolijo o no tan sabio. El guerrero va al combate para defender el orden y la justicia, en consecuencia, sus actos tienen un sentido de liberación política y social.
f) La princesa: La figura femenina joven, promesa y desafío. Es la pareja la que da sentido a la estructura primaria familiar o de clan, por la que el héroe da sus batallas.
 
g) El demonio: El mal absoluto y poderoso, que explica también la acción del héroe, pero no la define como si lo hace la sombra
 
h) La sombra: Es el arquetipo que personifica los rasgos personales que el héroe niega de sí mismo. Si el héroe es generoso, por lo tanto no egoísta, ese rasgo egoísta, que indudablemente tiene en algún lugar el héroe, lo deposita en la sombra. De esa manera se va construyendo un negativo fotográfico del héroe, una imagen que almacena todas aquellas cosas que no nos gustan y que rechazamos.
En un primer estadio, esta sombra puede aparecer como un ser monstruoso que nos acecha para hacernos daño (los dragones, gigantes, bestias marinas, de los cuentos) pero, una vez que nos percatamos de su existencia y la vamos aceptando se convierte en algo más cercano a un ser humano, y cada vez se va pareciendo más a nosotros mismos, a quienes somos en realidad.
En la literatura, el antagonista arquetípico del héroe no es el demonio sino la sombra. El demonio explica la presencia del héroe, pero no tiene la incidencia en la acción que tiene la sombra.
 
En La Guerra de las Galaxias, el héroe es Luke Skywalker, que conoce a un viejo sabio, Obi Wan Kenobi.
El arquetipo del Guerrero lo encarna Han Solo y su nave, el Halcón Milenario. La sombra: Darth Vader, que tiene un gran poder y una gran maldad, es el “negativo” de Luke.
Al final del enfrentamiento, descubrimos que Luke y Vader son padre e hijo. El arquetipo de la sombra se hace bueno y complementa definitivamente a Luke, que se ha convertido en el gran héroe salvador del universo.
 
La sombra es el malo perfecto, porque su atractivo reside en que complementa al héroe. Luke y Vader, Sherlock Holmes y Moriarty, Jekyll y Hide, Yago y Otelo, incluso Batman enfrentándose a un guasón desordenado y caótico, representante de todo aquello que Batman no puede ser.
 
4) Trama: toda narrativa articula una sucesión de eventos que se insertan en tres componentes:
 
a) Introducción: se da a conocer el ambiente en el que la historia se desarrolla, se detallan las características de personajes, lugar, tiempo y comienzo de la historia.
 
b) Desarrollo: Es donde tiene lugar el punto culminante, la acción transformadora de la historia. Es el momento donde la tensión narrativa llega a su punto más alto. La tensión finalmente explota, supliendo la carencia indicada en el marco escénico y transformando la situación problemática que motivó la trama.
 
c) Desenlace: es la sección final donde se alivia la tensión narrativa, y se le da sentido a las consecuencias de la acción transformadora, y se describe la situación final de los personajes de la historia. Casi siempre implica una inversión de la carencia inicial.
 
En La Ilíada, Ulises vive con Penélope y su hijo Telémaco en Ítaca. Su vida es feliz, pero un día tiene que marcharse a la guerra de Troya, dejando a su familia. Después de innumerables aventuras, de luchar contra monstruos terribles, de enfrentarse a la traición, a la tentación y a todo tipo de pruebas, Ulises regresa a su hogar (su meta u objetivo). Encuentra un trono invadido que deberá reestablecer en un apasionante final para recuperar el trono y a su familia.
 
Belleza americana: El protagonista es un hombre débil, con una mujer a la que detesta y una hija a la que no entiende. La llegada de un nuevo vecino a la casa de al lado, y la atracción que sentirá por una de las amigas de su hija, le sacuden la vida. Todo esto provoca cambios, comienza a hacer deporte, cambia su modo de vestir, su actitud se transforma en proactiva, se enfrenta a su esposa y todo cambia.
 
Este esquema narrativo mitológico, de héroes, guerreros, aliados, sombras y villanos, lo vemos en: Blade Runner, Terminator, La historia interminable, Spiderman, Trainspotting, Full Monty, Moulin Rouge, Ciudadano Kane, El fantasma de la ópera, París, Texas… y una larga lista de ejemplos, apoyados en los mitos clásicos que fundamentan nuestra cultura.
 
La Historia de Obama
 
La historia de Barack Obama diseñada para la primera campaña, de 2008, comienza más o menos así: Barack Obama fue criado por su madre soltera y sus abuelos, no tenían mucho dinero, le inculcaron valores, esos valores tradicionales de Kansas, donde nació.
 
El inicio plantea el escenario, las dificultades y valores, construyendo la expectativa del conflicto que se plantea de movida. Es negro en un mundo dominado por los blancos, es pobre, su padre ausente. Cuando aparece el conflicto, nos plantea la tensión: ¿cómo va a terminar esto?
 
Sigue la historia. Pidió préstamos para estudiar, terminó sus estudios y se fue a trabajar para iglesias cristianas en Chicago, ayudando a las comunidades que quedaron devastadas luego del cierre de las acerías.
Volvió a estudiar un postgrado tomando préstamos. Al finalizar, desestimó ofertas económicas importantes de estudios de abogados muy reconocidos, para volver a Chicago y desarrollar acciones de militancia de afiliación para el partido Demócrata.
Se unió a una pequeña firma de abogados, se hizo docente universitario, y guiado por su fe cristiana, se volvió muy activo en su comunidad.
 
La narrativa de Obama nos plantea como el héroe se sobrepone a las dificultades, rechaza las tentaciones del camino corporativo a favor del trabajo social, tiene éxito y sin embargo no olvida sus raíces.
 
Se casa con la bella Michelle, y tienen dos hermosas hijas: Sasha y Malia, las personas que más ama y el reason why de su carrera. Música para los oídos del votante en EE.UU.
 
Esta historia conquistó al votante americano. Casas más, casas menos y 45 años de diferencia, JFK también presentó una narrativa que conquistó el corazón de los votantes, interpelando el deseo, eje instrumental del voto.
 
En el caso de Obama la pregunta específica a instalar fue: ¿cómo hizo para llegar hasta aquí, a pesar de las adversidades? La estrategia narrativa basada en el “american dream”, propuso un héroe que surgió de la nada, quiere y puede llegar a lo más alto y está en los votantes, en su deseo y acción, hacer que eso pase.
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*Tomado de marcapolitica.com

No existe el periodismo imparcial

escritorio de periodista

Por Marco Levario Turcott *

Disfruto mucho de esa cadencia reposada de palabras que llamamos matices, es decir, me gusta leer aquello que resulta del pensamiento atemperado y elaborado, sobre prácticamente cualquier partitura temática.

Prefiero adentrarme en el lienzo de los grises y sus derivaciones, que no mandan señales tajantes, blanco o negro. Ni enarbolan banderas ni consignas.

Ya alguna vez acuñó Dante Alighieri: “No menos que el saber me place el dudar”.

Como cualquier actividad humana, así entiendo al periodismo, sobre la base desde luego de que cada quien lo moldea según sus valores, prioridades y expectativas (eso es lo que, visto en conjunto, entendemos como pluralidad).

Así comprendo al periodismo, como una hechura de contenidos que incentiven al ejercicio razonado del otro.

Descreo del fanatismo, lo he dicho infinidad de ocasiones, al que considero una de las amenazas más serias para el intercambio civilizado en las sociedades modernas: su esencia es la fe, ya sea laica o religiosa, y la confección de proclamas en vez de ideas.

Por eso casi siempre tiende a buscar la eliminación de los otros que no creen en lo mismo.

Pero también descreo de ese tipo de periodismo que se erige en vocero del poder y que, en tal vocación abyecta, permite que sus contenidos se llenen con los designios de la versión oficial, del juicio en apariencia mesurado sobre las encendidas fauces de las criaturas que se le oponen.

Ese perfil acomodaticio y medroso que se expresa en nuestra profesión tampoco nos adentra a la aventura de pensar.

Sus notas atufadas con el aliento del poderoso que dicta las letras me parecen una de las expresiones más denigrantes del periodismo.

Desde luego que en el ámbito de las preferencias no aludo a una dimensión desconocida: no existe el periodismo imparcial y, sobre esa base, prefiero el que busca exhibir las falencias de cualquier tipo de poder, que sea al que pretende congraciarse con este o, peor aún, al que solo lo mueve la crítica a los militantes que actúan contra ese poder.

Prefiero los matices, lo reitero.

Un ejemplo: la transición a la democracia mexicana no se explica sin los movimientos opositores que han existido en el país, por lo menos en los últimos treinta años.

Es imposible no ver las groseras elaboraciones de quienes apenas pueden hilar más de dos frases seguidas para concluir en la confabulación o la conjura de los otros –casi siempre perfecta– para explicar la fuente de todos los males.

Son grotescos sus enfoques y sus prácticas. En particular es deleznable para mí la forma que tienen para atizar al otro en la hoguera de sus convicciones.

Pero no son menos grotescos los aduladores del poder, y dentro de ellos esas pequeñas correas transmisoras que también renunciaron a pensar: sus adjetivos contra el mundo crítico se emparentan con el vocabulario de ese mundo opuesto.

Los puentes entre esas formas de ser, está claro, se encuentran rotos, pero existen desde luego, cada uno por su lado, como parte de esas regiones soliviantadas al grito de sostener para sí la única razón posible.

Son un mercado y hay medios que los atienden, para decirlo en palabras de Rosa Montero, porque no les importa halagar los bajos instintos de la gente, y eso no lo sabe hacer cualquier persona o grupo de personas, para referirnos a los medios, se necesita un talento especial para la desfachatez.

Dije que me gusta mirar los lienzos claroscuros, los grises y todas las tonalidades posibles de ese color, y creo que lo hallo revisando los medios en conjunto: hay trabajos notables casi siempre, día con día.

Me divierto también, con las imprecisiones propias y las ajenas, los deslices de la pasión en todos lados y destacar en el mundo del clic digital, que también aborrece los matices.

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* Periodista mexicano

Chile, el golpe militar, los gringos y Salvador Allende

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Allende, Salvador

Por Gabriel García Márquez *

A fines de 1969, tres generales del Pentágono cenaron con cuatro militares chilenos en una casa de los suburbios de Washington.

El anfitrión era el entonces coronel Gerardo López Angulo, agregado aéreo de la misión militar de Chile en los Estados Unidos, y los invitados chilenos eran sus colegas de las otras armas. La cena era en honor del Director de la escuela de Aviación de Chile, general Toro Mazote, quien había llegado el día anterior para una visita de estudio.

Los siete militares comieron ensalada de frutas y asado de ternera con guisantes, bebieron los vinos de corazón tibio de la remota patria del sur donde había pájaros luminosos en las playas mientras Washington naufragaba en la nieve, y hablaron en inglés de lo único que parecía interesar a los chilenos en aquellos tiempos: las elecciones presidenciales del próximo septiembre.

A los postres, uno de los generales del Pentágono preguntó qué haría el ejército de Chile si el candidato de la izquierda Salvador Allende ganaba las elecciones. El general Toro Mazote contestó: “Nos tomaremos el palacio de la Moneda en media hora, aunque tengamos que incendiarlo”.

Uno de los invitados era el general Ernesto Baeza, director de la Seguridad Nacional de Chile, que fue quien dirigió el asalto al palacio presidencial en el golpe y quien dio la orden de incendiarlo.

Dos de sus subalternos de aquellos días se hicieron célebres en la misma jornada: el general Augusto Pinochet, presidente de la Junta Militar, y el general Javier Palacios, que participó en la refriega final contra Salvador Allende. También se encontraba en la mesa el general de brigada aérea Sergio Figueroa Gutiérrez, luego ministro de obras públicas, y amigo íntimo de otro miembro de la Junta Militar, el general del aire Gustavo Leigh, que dio la orden de bombardear con cohetes el palacio presidencial. El último invitado era el almirante Arturo Troncoso, gobernador naval de Valparaíso, que hizo la purga sangrienta de la oficialidad progresista de la marina de guerra, e inició el alzamiento militar en la madrugada del 11 de septiembre.

Aquella cena histórica fue el primer contacto del Pentágono con oficiales de las cuatro ramas chilenas.

En otras reuniones sucesivas, tanto en Washington como en Santiago, se llegó al acuerdo final de que los militares chilenos más adictos al alma y a los intereses de los Estados Unidos se tomarían el poder en caso de que la Unidad Popular ganara las elecciones. Lo planearon en frío, como una simple operación de guerra, y sin tomar en cuenta las condiciones reales de Chile.

El plan estaba elaborado desde antes, y no sólo como consecuencia de las presiones de la International Telegraph & Telephone (I.T.T), sino por razones mucho más profundas de política mundial. Su nombre era “Contingency Plan”.

El organismo que la puso en marcha fue la Defense Intelligence Agency del Pentágono, pero la encargada de su ejecución fue la Naval Intelligency Agency, que centralizó y procesó los datos de las otras agencias, inclusive la CIA, bajo la dirección política superior del Consejo Nacional de Seguridad.

Era normal que el proyecto se encomendara a la marina, y no al ejército, porque el golpe de Chile debía coincidir con la Operación Unitas, que son las maniobras conjuntas de unidades norteamericanas y chilenas en el Pacífico. Estas maniobras se llevaban a cabo en septiembre, el mismo mes de las elecciones y resultaba natural que hubiera en la tierra y en el cielo chilenos toda clase de aparatos de guerra y de hombres adiestrados en las artes y las ciencias de la muerte.

Por esa época, Henry Kissinger dijo en privado a un grupo de chilenos: “No me interesa ni sé nada del Sur del Mundo, desde los Pirineos hacia abajo”.

El Contingency Plan estaba entonces terminado hasta su último detalle, y es imposible pensar que Kissinger no estuviera al corriente de eso, y que no lo estuviera el propio presidente Nixon.

Ningún chileno cree que mañana es martes

Chile es un país angosto, con 4.270 kilómetros de largo y 190 de ancho, y con 10 millones de habitantes efusivos, dos de los cuales viven en Santiago, la capital. La grandeza del país no se funda en la cantidad de sus virtudes, sino el tamaño de sus excepciones.

Lo único que produce con absoluta seriedad es mineral de cobre, pero es el mejor del mundo, y su volumen de producción es apenas inferior al de Estados Unidos y la Unión Soviética. También produce vinos tan buenos como los europeos, pero exportan poco porque casi todos se los beben los chilenos.

Su ingreso per cápita, 600 dólares, es de los más elevados de América Latina, pero casi la mitad del producto nacional bruto se lo reparten solamente 300.000 personas. En 1932, Chile fue la primera república socialista del continente, y se intentó la nacionalización del cobre y el carbón con el apoyo entusiasta de los trabajadores, pero la experiencia sólo duró 13 días. Tiene un promedio de un temblor de tierra cada dos días y un terremoto devastador cada tres años.

Los geólogos menos apocalípticos consideran que Chile no es un país de tierra firme sino una cornisa de los Andes en una océano de brumas, y que todo el territorio nacional, con sus praderas de salitre y sus mujeres tiernas, está condenado a desaparecer en un cataclismo.

Los chilenos, en cierto modo, se parecen mucho al país. Son la gente más simpática del continente, les gusta estar vivos y saben estarlo lo mejor posible, y hasta un poco más, pero tienen una peligrosa tendencia al escepticismo y a la especulación intelectual.

“Ningún chileno cree que mañana es martes”, me dijo alguna vez otro chileno, y tampoco él lo creía. Sin embargo, aún con esa incredulidad de fondo, o tal vez gracias a ella, los chilenos han conseguido un grado de civilización natural, una madurez política y un nivel de cultura que son sus mejores excepciones. De tres premios Nobel de literatura que ha obtenido América Latina, dos fueron chilenos. Uno de ellos, Pablo Neruda, fue el poeta más grande de este siglo.

Todo esto debía saberlo Kissinger cuando contestó que no sabía nada del sur del mundo, porque el gobierno de los Estados Unidos conocía entonces hasta los pensamientos más recónditos de los chilenos.

Los había averiguado en 1965, sin permiso de Chile, en una inconcebible operación de espionaje social y político: el Plan Camelot.

Fue una investigación subrepticia mediante cuestionarios muy precisos, sometidos a todos los niveles sociales, a todas las profesiones y oficios, hasta en los últimos rincones del país, para establecer de un modo científico el grado de desarrollo político y las tendencias sociales de los chilenos.

En el cuestionario que se destinó a los cuarteles, figuraba la pregunta que cinco años después volvieron a oír los militares chilenos en la cena de Washington: “¿Cuál será la actitud en caso de que el comunismo llegue al poder? -La pregunta era capciosa. Después de la operación Camelot, los Estados Unidos sabían a cierta que Salvador Allende sería elegido presidente de la República.

 Chile no fue escogido por casualidad para este escrutinio. La antigüedad y la fuerza de su movimiento popular, la tenacidad y la inteligencia de sus dirigentes, y las propias condiciones económicas y sociales del país permitían vislumbrar su destino.

El análisis de la operación Camelot lo confirmó: Chile iba a ser la segunda república socialista del continente después de Cuba. De modo que el propósito de los Estados Unidos no era simplemente impedir el gobierno de Salvador Allende para preservar las inversiones norteamericanas. El propósito grande era repetir la experiencia más atroz y fructífera que ha hecho jamás el imperialismo en América Latina: Brasil.

 Doña cacerolina se echa a la calle

El 4 de septiembre de 1970, como estaba previsto, el médico socialista y masón Salvador Allende fue elegido presidente de la República. Sin embargo, el Contingency Plan no se puso en práctica. La explicación más corriente es también la más divertida: alguien se equivocó en el Pentágono, y solicitó 200 visas para un supuesto orfeón naval que en realidad estaba compuesto por especialistas en derrocar gobiernos, y entre ellos varios almirantes que ni siquiera sabían cantar. El gobierno chileno descubrió la maniobra y negó las visas. Este percance, se supone, determinó el aplazamiento de la aventura.

Pero la verdad es que el proyecto había sido evaluado a fondo: otras agencias norteamericanas, en especial la CIA y el propio embajador de los Estados Unidos en Chile, Edward Korry, consideraron que el Contingency Plan era una operación militar que no tomaba en cuenta las condiciones actuales de Chile.

El triunfo de la Unidad Popular no ocasionó el pánico social que esperaba el Pentágono.

Al contrario, la independencia del nuevo gobierno en política internacional, y su decisión en materia económica, crearon de inmediato un ambiente de fiesta social.

En el curso del primer año se habían nacionalizado 47 empresas industriales, y más de la mitad del sistema de créditos. La reforma agraria expropió e incorporó a la propiedad social 2.400.000 hectáreas de tierras activas. El proceso inflacionario se moderó: se consiguió el pleno empleo y los salarios tuvieron un aumento efectivo de un 40 por ciento.

El gobierno anterior, presidido por el demócrata cristiano Eduardo Frei, había iniciado un proceso de chilenización del cobre. Lo único que hizo fue comprar el 51 por ciento de las minas, y solo por la mina de El Teniente pagó una suma superior al precio total de la empresa.

La Unidad Popular recuperó para la nación con un solo acto legal todos los yacimientos de cobre explotados por las filiales de compañías norteamericanas, la Anaconda y la Kennecott. Sin indemnización: el gobierno calculaba que las dos compañías habían hecho en 15 años una ganancia excesiva de 80.000 millones de dólares.

La pequeña burguesía y los estratos sociales intermedios, dos grandes fuerzas que hubieran podido respaldar un golpe militar en aquel momento, empezaban a disfrutar de ventajas imprevistas, y no a expensas del proletariado, como había ocurrido siempre, sino a expensas de la oligarquía financiera y el capital extranjero.

Las fuerzas armadas, como grupo social, tienen la misma edad, el mismo origen y las mismas ambiciones de la clase media y no tenían motivo, ni siquiera una coartada, para respaldar a un grupo exiguo de oficiales golpistas. Consciente de esa realidad, la Democracia Cristiana no solo no patrocinó entonces la conspiración de cuartel, sino que se opuso resueltamente porque la sabía impopular dentro de su propia clientela.

Su objetivo era otro: perjudicar por cualquier medio la buena salud del gobierno para ganarse las dos terceras partes del Congreso en las elecciones de marzo de 1973. Con esa proporción podía decidir la destitución constitucional del presidente de la República.

La Democracia Cristiana era una gran formación interclasista, con una base popular auténtica en el proletariado de la industria moderna, en la pequeña y media industria moderna, en la pequeña y media propiedad campesina y en la burguesía y la clase media de las ciudades. La Unidad Popular expresaba al proletariado obrero menos favorecido, al proletariado agrícola, a la baja clase media de las ciudades.

La Democracia Cristiana, aliada con el Partido Nacional de extrema derecha, controlaba el Congreso. La Unidad Popular controlaba el poder Ejecutivo. La polarización de esas dos fuerzas iba a ser, de hecho, la polarización del país.

Curiosamente, el católico Eduardo Frei, que no cree en el marxismo, fue quien aprovechó mejor la lucha de clases, quien la estimuló y exacerbó; con el propósito de sacar de quicio al gobierno y precipitar al país por la pendiente de la desmoralización y el desastre económico.

El bloqueo económico de los Estados Unidos por la expropiaciones sin indemnización y el sabotaje interno de la burguesía hicieron el resto.

En Chile se produce todo, desde automóviles hasta pasta dentífrica, pero la industria tiene una identidad falsa: en las 160 empresas más importantes, el 60 por ciento era capital extranjero, y el 80 por ciento de sus elementos básicos importados.

Además, el país necesitaba 300 millones de dólares anuales para importar artículos de consumo, y otros 450 millones para pagar los servicios de la deuda externa.

Los créditos de los países socialistas no remediaban la carencia fundamental de repuestos, pues toda industria chilena, la agricultura y el transporte, estaban sustentados por equipo norteamericano. La Unión Soviética tuvo que comprar trigo de Australia para mandarlo a Chile, porque ella misma no tenía y a través del Banco de la Europa del Norte, de París, le hizo varios empréstitos sustanciosos en dólares efectivos.

Cuba, en un gesto que fue más ejemplar que decisivo, mandó un barco cargado de azúcar regalada. Pero las urgencias de Chile eran descomunales. Las alegres señoras de la burguesía, con el pretexto del racionamiento y de las pretensiones excesivas de los pobres, salieron a la plaza pública haciendo sonar sus cacerolas vacías. No era casual, sino al contrario, muy significativo, que aquel espectáculo callejero de zorros plateados y sombreros de flores ocurriera la misma tarde que Fidel Castro terminaba una visita de 30 días que había sido un terremoto de agitación social.

 La última cueca feliz de Salvador Allende

El Presidente Salvador Allende comprendió entonces, y lo dijo, que el pueblo tenía el gobierno pero no tenía el poder. La frase más alarmante, porque Allende llevaba dentro una almendra legalista que era el germen de su propia destrucción: un hombre que peleó hasta la muerte en defensa de la legalidad, hubiera sido capaz de salir por la puerta mayor de la Moneda, con la frente en alto, si lo hubiera destituido el congreso dentro del marco de la constitución.

La periodista y política Rossana Rossanda, que visitó a Allende por aquella época, lo encontró envejecido, tenso y lleno de premoniciones lúgubres, en el diván de cretona amarilla donde había de reposar el cadáver acribillado y con la cara destrozada por un culatazo de fusil. Hasta los sectores más comprensivos de la Democracia Cristiana estaban entonces contra él. “¿Inclusive Tomic?” -le preguntó Rossana. -“Todos”, contestó Allende.

En vísperas de las elecciones de marzo de 1973, en las cuales se jugaba su destino, se hubiera conformado con que la Unidad Popular obtuviera el 36 por ciento. Sin embargo, a pesar de la inflación desbocada, del racionamiento feroz, del concierto de olla de las cacerolinas alborotadas, obtuvo el 44 por ciento.

Era una victoria tan espectacular y decisiva, que cuando Allende se quedó en el despacho, sin más testigos que su amigo y confidente, Augusto Olivares, hizo cerrar la puerta y bailó solo una cueca.

Para la Democracia Cristiana, aquella era la prueba de que el proceso democrático promovido por la Unidad Popular no podía ser contrariado con recursos legales, pero careció de visión para medir las consecuencias de su aventura: es un caso imperdonable de irresponsabilidad histórica.

Para los Estados Unidos era una advertencia mucho más importante que los intereses de las empresas expropiadas; era un precedente inadmisible en el progreso pacífico de los pueblos del mundo, pero en especial para los de Francia e Italia, cuyas condiciones actuales hacen posible la tentativa de experiencias semejantes a las de Chile: todas las fuerzas de la reacción interna y externa se concentraron en un bloque compacto.

En cambio los Partidos de la Unidad Popular, cuyas grietas internas era mucho más profundas de lo que se admite, no lograron ponerse de acuerdo con el análisis de la votación de marzo.

El gobierno se encontró sin recursos, reclamado desde un extremo por los partidarios de aprovechar la evidente radicalización de las masas para dar un salto decisivo en el cambio social, y los más moderados que temían al espectro de la guerra civil y confiaban en llegar a un acuerdo regresivo con la Democracia Cristiana.

Ahora se ve que esos contactos por parte de la oposición no eran más que un recurso de distracción para ganar tiempo.

 La CIA y el paro patronal

La huelga de camioneros fue el detonante final. Por su geografía fragorosa, la economía chilena está a merced de su transporte rodado. Paralizarlo es paralizar el país. Para la oposición era muy fácil hacerlo, porque el gremio del transporte era de los más afectados por la escasez de repuestos, y se encontraba además amenazado por la disposición del gobierno de nacionalizar el transporte con equipos soviéticos.

El paro se sostuvo hasta el final, sin un solo instante de desaliento, porque estaba financiado desde el exterior con dinero efectivo.

La CIA inundó de dólares el país para apoyar el paro patronal, y esa divisa bajó en la bolsa negra, escribió Pablo Neruda a un amigo en Europa. Una semana antes del golpe se habían acabado el aceite, la leche y el pan.

En los últimos días de la Unidad Popular, con la economía desquiciada y el país al borde de la guerra civil, las maniobras del gobierno y de la oposición se centraron en la esperanza de modificar, cada quien a su favor, el equilibrio de fuerzas dentro del ejército.

La jugada final fue perfecta: 48 horas antes del golpe, la oposición había logrado descalificar a los mandos superiores que respaldaban a Salvador Allende, y habían ascendido en su lugar, uno por uno, en una serie de enroques y gambitos magistrales a todos los oficiales que habían asistido a aquella la cena de Washington.

Sin embargo, en aquel momento el ajedrez político había escapado a la voluntad de sus protagonistas.

Arrastrados por una dialéctica irreversible, ellos mismos terminaron convertidos en ficha de un ajedrez mayor, mucho más complejo y políticamente mucho más importante que una confabulación consciente entre el imperialismo y la reacción contra el gobierno del pueblo.

Era una terrible confrontación de clases que la habían provocado, una encarnizada rebatiña de intereses contrapuestos cuya culminación final tenía que ser un cataclismo social sin precedentes en la historia de América.

El ejército más sanguinario del mundo

Un golpe militar, dentro de las condiciones chilenas, no podía ser incruento. Allende lo sabía. No se juega con fuego, le había dicho a la periodista italiana Rossana Rossanda. Si alguien cree que en Chile un golpe militar será como en otros países de América, como un simple cambio de guardia en la Moneda, se equivoca de plano. Aquí, si el ejército se sale de la legalidad. habrá un baño de sangre. Será Indonesia. Esa certidumbre tenía un fundamento histórico.

Las fuerzas armadas de Chile, el contrario de lo que se nos ha hecho creer, han intervenido en la política cada vez que se han visto amenazados sus intereses de clase y lo han hecho con un tremenda ferocidad represiva. Las dos constituciones que ha tenido el país en un siglo fueron impuestas por las armas y el reciente golpe militar era la sexta tentativa de los últimos 50 años.

El ímpetu sangriento del ejército chileno le viene de su nacimiento, en la terrible escuela de la guerra cuerpo a cuerpo contra los araucanos, que duró 300 años.

Uno de los precursores se vanagloriaba, en 1620, de haber matado con su propia mano, en una sola acción, a más de 2.000 personas.

Joaquín Edwards Bello cuenta en sus crónicas que durante una epidemia de tifo exantemático, el ejército sacaba a los enfermos de sus casas y los mataba con un baño de veneno para acabar con la peste. Durante una guerra civil de siete meses en 1891, hubo 10.000 muertos en una sola batalla.

Los peruanos aseguran que durante la ocupación de Lima, en la guerra del Pacífico, los militares chilenos saquearon la biblioteca de don Ricardo Palma, pero que no usaban los libros para leerlos, sino para limpiarse el trasero.

Con mayor brutalidad han sido reprimidos los movimientos populares. Después del terremoto de Valparaíso, en 1906, las fuerzas navales liquidaron la organización de los trabajadores portuarios con una masacre de 8.000 obreros.

En Iquique, a principios del siglo, una manifestación de huelguistas se refugió en la teatro municipal, huyendo de la tropa y fue ametrallada: hubo 2.000 muertos.

El 2 de abril de 1957 el ejército reprimió una asonada civil en el centro de Santiago causando un número de víctimas que nunca se pudo establecer, porque el gobierno escamoteó los cuerpos en entierros clandestinos. Durante una huelga en la mina de El Salvador, bajo el gobierno de Eduardo Frei, una patrulla militar dispersó a bala una manifestación y mató a seis personas, entre ellas varios niños y una mujer encinta. El comandante de la plaza era un oscuro general de 52 años, padre de cinco niños, profesor de geografía y autor de varios libros sobre asuntos militares: Augusto Pinochet.

El mito del legalismo y la mansedumbre de aquel ejército carnicero había sido inventado en interés propio de la burguesía chilena. La Unidad Popular lo mantuvo con la esperanza de cambiar a su favor la composición de clase de los cuadros superiores.

Pero Salvador Allende se sentía más seguro entre los carabineros, un cuerpo armado de origen popular y campesino que estaba bajo el mando directo del presidente de la República.

Solo los oficiales más antiguos de los Carabineros secundaron el golpe. Los oficiales jóvenes se atrincheraron en la escuela de suboficiales de Santiago y resistieron durante cuatro días, hasta que fueron aniquilados desde el aire con bombas de guerra.

Esa fue la batalla más conocida de la contienda secreta que se libró dentro de los cuarteles la víspera del golpe.

Los golpistas asesinaron a los oficiales que se negaron a secundarlos y a los que no cumplieron las órdenes de represión. Hubo sublevaciones de regimientos enteros, tanto en Santiago como en la provincia, que fueron reprimidas sin clemencia y sus promotores fueron fusilados para escarmiento de la tropa. El comandante de los coraceros de Viña del Mar, coronel Cantuarias, fue ametrallado por sus subalternos. El gobierno actual ha hecho creer que muchos de esos soldados leales fueron víctimas de la resistencia popular.

Pasará tiempo antes de que se conozcan las proporciones reales de esa carnicería interna, porque los cadáveres eran sacados de los cuarteles en camiones de basura y sepultados en secreto. Solo medio centenar de oficiales de confianza, al frente de tropas depuradas de antemano, se hicieron cargo de la represión.

Numerosos agentes extranjeros tomaron parte en el drama. El bombardeo del palacio de La Moneda, cuya precisión técnica asombró a los expertos, fue hecho por un grupo de acróbatas aéreos norteamericanos que habían entrado con la pantalla de la operación Unitas, para ofrecer un espectáculos de circo volador el próximo 18 de septiembre, día de la independencia nacional.

Numerosos policías secretos de los gobiernos vecinos, infiltrados por la frontera de Bolivia, permanecieron escondidos hasta el día del golpe y desataron una persecución encarnizada contra unos 7.000 refugiados políticos de otros países de América Latina.

Brasil, patria de los gorilas mayores, se había encargado de ese servicio. Había promovido, dos años antes, el golpe reaccionario en Bolivia que quitó a Chile un respaldo sustancial y facilitó la infiltración de toda clase de recursos para la subversión.

Algunos de los empréstitos que han hecho los Estados Unidos al Brasil han sido transferidos en secreto a Bolivia para financiar la subversión en Chile. En 1972, el general William Westmoreland hizo un viaje secreto a La Paz, cuya finalidad no se ha revelado.

No parece casual, sin embargo, que poco después de aquella visita sigilosa, se iniciaran movimientos de tropa y material de guerra en la frontera con Chile y esto dio a los militares chilenos una oportunidad más de afianzar su posición interna y de hacer desplazamientos de personal y promociones jerárquicas favorables al golpe inminente.

Por fin, el 11 de septiembre, mientras se adelantaba la operación Unitas, se llevó a cabo el plan original de la cena de Washington, con tres años de retraso, pero tal como se había concebido: no como un golpe de cuartel convencional, sino como una devastadora operación de guerra.

Tenía que ser así, porque no se trataba de tumbar a un gobierno, sino de implantar la tenebrosa simiente del Brasil, con sus terribles máquinas de terror, de tortura y de muerte, hasta que no quedara en Chile ningún rastro de las condiciones políticas y sociales que hicieron posible la Unidad Popular.

Cuatro meses después del golpe, el balance era atroz: casi 20.000 personas asesinadas; 30.000 prisioneros políticos sometidos a torturas salvajes, 25.000 estudiantes expulsados y más 200.000 obreros despedidos. La etapa más dura, sin embargo; aún no había terminado.

La verdadera muerte de un presidente

A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.

La contradicción más dramática de su vida fue ser, al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa. La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un presidente sin poder.

Resistió durante seis horas, con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás. El periodista Augusto Olivares, que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la Asistencia Pública.

Hacia las cuatro de la tarde, el general de división Javier Palacios logró llegar al segundo piso, con su ayudante, el capitán Gallardo y un grupo de oficiales.

Allí, entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de dragones chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando, estaba en mangas de camisa, sin corbata, y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía bien al general Palacios. Pocos días antes, le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los Estados Unidos. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: “Traidor” y lo hirió en una mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esta patrulla. Luego, todos los oficiales, en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último, un suboficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que a la señora Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 años en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros y era de una galantería un poco a la antigua, con esquelas perfumadas y encuentros furtivos.

Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la libertad de los partidos de oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los latinoamericanos de este tiempo y que se quedó en nuestras vidas para siempre.

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Tomado del Diario El Espectador, de Colombia

El periodista que combate la corrupción es blanco de los corruptos

Periodismo amargo

CIUDAD DE MÉXICO — El presidente Enrique Peña Nieto estaba sentado ante los empresarios más importantes de México y sonrió.

La élite empresarial mexicana ha invertido cantidades récord de dinero en el país y ha apoyado la promesa que hizo el mandatario de un renacimiento económico. Así han generado un espacio de oportunidad en el entorno lleno de escándalos que atormenta al presidente.

Sin embargo, Peña Nieto necesitaba algo más de los principales líderes empresariales del país, quizá sus aliados más importantes. Necesitaba lealtad. De acuerdo con cinco personas que narraron la reunión privada que se realizó el 11 de mayo en Los Pinos, el presidente se dirigió a Claudio X. González Laporte, un empresario respetado en México.

Tu hijo, le dijo el presidente, debería dejar de ser tan crítico con la corrupción.

Todos guardaron silencio.

El hijo de González Laporte, Claudio X. González Guajardo, ha pasado casi dos décadas combatiendo la corrupción y la impunidad que tanto deterioran a México.

Pero su proyecto más reciente, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, una organización de periodismo de investigación que ha revelado contratos corruptos de aliados del gobierno, estaba haciendo demasiado ruido para gusto del presidente.

“La sociedad civil no debe pasar tanto tiempo hablando de corrupción”, le dijo el presidente a González Laporte. El poderoso grupo se quedó atónito ante el ataque asestado contra uno de los suyos.

“Estoy orgulloso de mi hijo y del trabajo que está haciendo”, respondió el empresario.

Incluso en México, donde el Estado a menudo ejerce presión con mano dura, se consideró muy extraño que el presidente intentara silenciar, abiertamente, a un miembro de una de sus bases electorales más confiables.

La oficina del presidente negó que Peña Nieto estuviera presionando directamente a González Guajardo, sino que simplemente hizo un comentario de manera general ante su audiencia y a la que invitó a enfocarse tanto en los errores como en los logros de su gobierno.

Pero el comentario del presidente solo fue el intento más reciente de silenciar a González Guajardo y obstaculizar su trabajo.

Entre dichos intentos se cuentan auditorías fiscales y haberlo atacado con tecnología de espionaje que el gobierno mexicano adquirió con el propósito de investigar a terroristas y miembros del crimen organizado.

En dos ocasiones en 2016, González Guajardo recibió mensajes en su celular cuyo objetivo era instalar un programa de espionaje; los mensajes llegaron poco después de que su grupo publicara reportajes perjudiciales, de acuerdo con un análisis forense independiente de los mensajes.

“Estamos asediados”, dijo González Guajardo en una declaración escrita a The New York Times; rechazó ser entrevistado. “Sin embargo, seguiremos denunciando la corrupción y la impunidad cuando las encontremos, sean públicas o privadas”.

“México no está condenado a ser corrupto”, agregó.Una manifestación en contra del espionaje, en Ciudad de México. Periodistas, académicos y abogados de derechos humanos han sido blanco de un programa conocido como Pegasus, que el gobierno adquirió por decenas de millones de dólares. CreditMiguel Tovar/LatinContent, vía Getty Images

El escándalo de espionaje ha sacudido a México. Casi dos docenas de personas, incluyendo a algunos de los periodistas más reconocidos del país, académicos y abogados de derechos humanos, así como funcionarios internacionales que investigan crímenes en México han sido blanco de una cibertecnología conocida como Pegasus, que el gobierno adquirió por decenas de millones de dólares.

El gobierno ha dicho que desconoce esta situación y que no es responsable, y ha comenzado su propia investigación para determinar quién autorizó y ejecutó la campaña de espionaje.

No obstante, el caso de González Guajardo quizá sea el más claro ejemplo en que el presidente ha criticado abiertamente a alguien y en que ha intentado silenciar a un objetivo de espionaje, lo que acerca potencialmente a Peña Nieto al escándalo del ataque informático más que ningún otro caso.

Pero esa no es la única medida que el gobierno ha tomado contra González Guajardo.

En este año, en un solo día, las autoridades anunciaron nueve auditorías distintas de organizaciones en las que González Guajardo está involucrado y el gobierno ha indicado que podría revocar a algunas de ellas su estatus de organización no gubernamental (ONG). Algunos donantes ya están considerando frenar sus contribuciones, temerosos de que parezca que están en contra el gobierno.

“Si combates la corrupción, esta te combatirá a ti”, agregó González Guajardo, quien recibió una auditoría personal del gobierno el mismo día en que sus organizaciones. “El cambio tiene un precio”.

La oficina de presidencia rechazó que se haya tratado de intimidar “en modo alguno” a González Guajardo o a cualquier otra persona crítica del gobierno en México. Asimismo, negó haberse referido en específico a González Laporte o a su hijo en la reunión y afirmó que Peña Nieto simplemente le dijo a los asistentes que el reconocimiento de los logros del país “era tan necesario” como destacar “la deficiencias en el quehacer gubernamental”.

“Te aseguro que el presidente no hizo ningún comentario a Claudio X. González sobre el trabajo de su hijo en Mexicanos contra la Corrupción”, dijo Eduardo Sánchez, vocero de la presidencia y quien estuvo en la reunión de mayo.

Peña Nieto llegó al poder hace cinco años con la promesa de solucionar los problemas de México, modernizar su economía, enmendar su reputación de violencia y reparar su deteriorado Estado de derecho. La transparencia acabaría con la corrupción, prometió. Su partido, sinónimo de un gobierno autocrático que estuvo en el poder durante siete décadas, sería el agente de cambio que México necesitaba con tanta desesperación.

Sin embargo, la violencia ha aumentado y la libertad de expresión se ha silenciado con dinero y asesinatos. México es uno de los países más peligrosos del mundo para los periodistas y casi todos los homicidios siguen sin resolverse. En todo el país, la violencia por el narcotráfico ha alcanzado el punto más crítico en 20 años, con lo que se acabó la imagen del nuevo México que Peña Nieto ha intentado promover con tanto esfuerzo.

Las iniciativas contra González Guajardo y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad ponen en evidencia los intentos del gobierno por acabar con las críticas, incluso en los círculos de las élites más altas de la sociedad mexicana.

 Un hombre fue asesinado en Acapulco, el 13 de agosto. En todo México la violencia ha alcanzado su punto más álgido en 20 años. CreditBernandino Hernandez/Associated Press

Claudio X. González Laporte, de 83 años, es una de las figuras más respetadas —y uno de los hombres más ricos— en el mundo empresarial mexicano, fue presidente de Kimberly-Clark de México durante más de 40 años. Su hijo, Claudio, de 54 años, es una rareza en sus círculos de élite. Las personas ricas en México a menudo son criticados por su indiferencia en cuanto a las causas sociales y por su tendencia a someterse a la voluntad del gobierno en asuntos sociales.

Sin embargo, González Guajardo ha aprovechado su posición privilegiada, presionando a sus iguales para que se comprometan. Comenzó una organización sin fines de lucro, Mexicanos Primero, para promover la educación pública en México, que está entre las peores de todos los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Hace dos años cofundó el grupo anticorrupción que se enfoca en el periodismo de investigación, averiguaciones y acciones legales. El grupo contrató a algunos de los periodistas más importantes del país y les dio autorización para ir tras los blancos que creyeran adecuados, una libertad inusual en un entorno mediático que depende de cientos de millones de dólares en publicidad del gobierno.

Entre los reportajes que ha publicado Mexicanos Contra la Corrupción están: una investigación sobre toma de tierras por un gobernador en Tulum; revelaciones que empresas cercanas al gobierno recibieron información filtrada para ayudarlos a ganar licitaciones; y un reportaje sobre un engañoso mecanismo de competencia que permitió que Carlos Peralta Quintero, un amigo del presidente, obtuviera contratos públicos que ascienden a más 650 millones de dólares.

González Guajardo ha alzado la voz incansablemente. En la Universidad Iberoamericana en Ciudad de México, el pasado 1 de febrero, señaló personalmente al presidente y le dijo a un pánel que “si existiera un salón de la infamia, Peña Nieto estaría en los diez primeros lugares”.

Semanas más tarde, el 27 de febrero, las autoridades fiscales anunciaron nueve auditorías relacionadas con cinco organizaciones que habían sido fundadas o dirigidas por González Guajardo en los últimos 20 años. Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, sorprendentemente, no estaba entre ellas. La auditoría a ese grupo llegó después.

De acuerdo con personas cercanas a él, González Guajardo estaba atónito y le pidió a un economista que calculara las probabilidades de tener siquiera cinco auditorías que ocurrieran aleatoriamente el mismo día, todas contra organizaciones con las que él estaba afiliado. La respuesta que obtuvo: la probabilidad era del 0,0000000000000000000000000204 por ciento.

El gobierno mexicano dice que no puede hablar de casos individuales, pero destacó que las autoridades tributarias iniciaron con una serie de auditorías a organizaciones de la sociedad civil para evitar el lavado de dinero a través de donaciones. La iniciativa se anunció menos de dos semanas después de que González Guajardo y sus organizaciones recibieron las auditorías.

El artículo 69 del Código Fiscal de la Federación impide hacer pública información derivada de la actuación de la autoridad sobre casos específicos de contribuyentes.

Para los involucrados en las organizaciones, las auditorías eran una táctica de intimidación evidente, una manera explícita de amenazar sus actividades.

Pero incluso antes de eso, en el verano de 2016, alguien que utilizó software gubernamental había intentado hackear y tomar el control del celular de González Guajardo.

En julio y de nuevo en agosto de 2016, su celular fue blanco de Pegasus, un software que NSO Group, un fabricante israelí, le vendió al gobierno de México con la condición de que solo se usara para monitorear a criminales y terroristas.

 Familiares en el velorio de Pedro Tamayo Rosas, un reportero asesinado el año pasado. México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Daniel Berehulak para The New York Times

Cuando los que reciben el ataque hacen clic en una mensaje de texto, el software infecta el celular del usuario y registra cada detalle de la vida digital de la persona, incluyendo mensajes cifrados. Incluso puede utilizar la cámara y el micrófono para espiar al usuario.

Los intentos de hackeo llegaron semanas después de la publicación de investigaciones periodísticas hechas por Mexicanos Contra la Corrupción y Animal Político, otro sitio de noticias, que atacaron a aliados del presidente, incluyendo al entonces gobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien ahora está bajo arresto y acusado de dirigir un vasto imperio de corrupción.

Dos reporteros de Mexicanos Contra la Corrupción también fueron objetivos del programa espía, de acuerdo con un análisis de investigadores de R3D, un grupo de derechos digitales en México, y el Citizen Lab de la Munk School de la Universidad de Toronto.

En meses recientes, ha surgido evidencia forense de una gran campaña de hackeo contra oponentes del gobierno. Entre los blancos de espionaje hay abogados que investigan los casos de los 43 estudiantes que desaparecieron después de un enfrentamiento con la policía, una periodista que reveló un cuestionable acuerdo de bienes raíces por parte de la esposa del presidente, académicos que combaten la corrupción y los miembros de las familias de los críticos, incluyendo un adolescente.

El gobierno mexicano ha iniciado su propia investigación, pero esta ha consternado a las víctimas de los ataques informáticos: en lugar de pedir a las agencias gubernamentales que compartan los nombres de quienes fueron espiados así como la información que obtuvieron, las autoridades están pidiendo que cualquier persona que crea que fue espiada entregue su teléfono.

Las víctimas del hackeo sienten que la petición tiene la intención de intimidarlos aún más, pues de manera efectiva le proporcionarían al gobierno toda la información que intentaban robar.

En cambio, el gobierno mexicano dice que necesita los teléfonos para verificar la presencia del programa espía en los celulares y dice que es una parte “indispensable” para determinar si se cometió o no un crimen.

Hay evidencia que sugiere que esa petición no es necesaria. En una investigación similar hecha en Panamá, donde se acusa al expresidente de utilizar Pegasus contra más de 150 de sus adversarios, jamás se requirió que las víctimas entregaran sus celulares, de acuerdo con documentos de la corte y entrevistas con varios de los blancos en aquel país.

“Es absurdo que las autoridades de México les pidan a los blancos que entreguen sus celulares”, dijo Balbina Herrera, un blanco de espionaje y candidata presidencial que compitió contra Ricardo Martinelli, el expresidente panameño acusado del espionaje. “Simplemente los están revictimizando”.

Los expertos forenses también dicen que el gobierno de México no necesita los celulares de las víctimas para llevar a cabo su investigación.

“No se necesitan los celulares para demostrar que alguien fue objeto, de manera ilegal, del programa espía de NSO”, dijo John Scott-Railton, un investigador sénior de Citizen Lab que confirmó el uso de Pegasus contra González Guajardo. “En la investigación de Panamá, a las víctimas les mostraron lo que el gobierno había obtenido y les pidieron que confirmaran si era su información”.

“En la investigación, lo primero que pide el fiscal son los celulares que el mismo gobierno está acusado de haber intentado espiar”, agregó.

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Tomado de The New York Times

Paulina Villegas colaboró con este reportaje.

El buen periodismo, más urgente hoy que ayer

Futuro del periodismo

 Hernán Restrepo (relator)

Introducción

Con el fin de discutir el futuro del proyecto Red Ética Segura de la Fundación Gabriel García Márquez de manera que siga teniendo un impacto relevante en el quehacer de los periodistas iberoamericanos, se reunieron en la Universidad Icesi directivos de la FNPI, maestros de periodismo, reporteros y editores.

El objetivo era compartir ideas sobre el estado de la ética periodística a la luz de la transformación digital y de los procesos electorales que han dejado en entredicho la credibilidad de los medios.

A partir de ahí, se revisaron las estrategias, métodos, pedagogía y logros de la FNPI en sus temas de ética periodística para reorientarlas y/o confirmarlas según los resultados de la reflexión.

Al final de la jornada el maestro Javier Darío Restrepo realizó cuatro propuestas específicas para definir el futuro del periodismo ejercido éticamente. Se destina un último capítulo a consignar las propuestas específicas de los asistentes al encuentro.

  1. LA RELACIÓN CON LAS AUDIENCIAS
  • La mayoría de preguntas que nos planteamos no tienen respuesta. Por ejemplo, una fundamental: ¿quiénes son nuestras audiencias?
  • La rabia, la molestia social, la incomodidad de las audiencias siempre ha existido. Pero hemos visto un cambio en la forma en que los medios pueden entender y explicar los motivos de esas inconformidades, permitiendo que todas las voces ciudadanas se vean reflejadas.
  • Quizás la gran lección del 11 de septiembre fue el 12 de septiembre, cuando los periodistas y los medios volvimos a hacer el tipo de periodismo que hacíamos el 10 de septiembre: un periodismo que se creía encerrado y poderoso, dándole poca participación a la audiencia.
  • Es necesario rescatar un concepto de Javier Darío Restrepo: el periodismo de esperanza. Es decir, reconocer que nuestro oficio no consiste solamente en realizar denuncias y destapar escándalos de violencia y corrupción, sino en mostrarle a la audiencia por qué es que vale la pena también salir de la cama todos los días. Este es un periodismo que busca consolidar y fortalecer la democracia, por medio de un activismo.
  • El periodismo por la esperanza necesita trabajar a favor de una ética social. Esto involucra una defensa colectiva de la verdad, a pesar del individualismo característico de los periodistas.
  • El periodismo ético no es una ilusión. Debe ser una meta cotidiana si queremos tener un mañana. Pero debe ser algo que debemos medir a diario con la audiencia. Esta confrontación entre los medios y la audiencia es constante. Tomemos por ejemplo lo que dicen los columnistas: a veces son racistas y misóginos. Los medios debemos saber cómo reaccionar cuando cosas así suceden.
  • Es necesario que le expliquemos a las audiencias qué entendemos por ética y para qué tenemos en los medios figuras como la del defensor del lector o el editor de audiencias.
  • Un aspecto que debe cambiar es el ego de los periodistas. Necesitamos bajar de nuestro pedestal y escuchar lo que los lectores quieren decirnos, entender por qué nos critican. A veces trabajamos más para obtener reconocimiento y premios que para servir a ese lector que es el fin último de nuestro trabajo.
  • No pensemos tanto en qué notas están siendo más leídas, sino en cuáles son las notas que más deberían ser leídas, en razón de nuestro afán por servir al lector. Si sirviéramos solo a la dictadura del clic, todos terminaríamos haciendo revistas de espectáculos.
  • Lo que está ocurriendo es que por primera vez en la historia las audiencias nos ponen en evidencia a los periodistas con una enorme facilidad. Antes estábamos en un sistema de intermediación que no le permitía a las audiencias filtrar el mensaje periodístico.
  • El periodismo siempre ha estado ligado a la definición de ciudadano. Luego se convirtió en un negocio y construyera su propia identidad. Pero no podemos olvidar que el periodismo es algo distinto a otras actividades de generación de contenido. Entonces concluiría que lo que hay que preservar es la identidad del periodismo, más que al periodista. Hay una realidad en la calle. Pero también hay una realidad en las redes, que no podemos ignorar.
  • Pasamos de multitudes que gritaban “libertad para la prensa”, a multitudes que piden “libérenme de la prensa”.
  • Cuando la gente quiere que se descubra algo, que se investigue algo, acuden a los periodistas, a la prensa. Ese es un servicio público que nos habla sobre la naturaleza que prevalece en el oficio.
  • Algo cambió cuando los medios dejaron de pertenecer a partidos o a familias. Al ser adquiridos por compañías se rodearon de un muro de opacidad que los alejó de la gente.
  • Vivimos un proceso de uberización del periodismo, donde los periodistas vamos de un lado para el otro, de acuerdo a donde se necesite de nuestros servicios, adaptándonos a las necesidades de información que se presenten. Así como todavía hay peluquerías grandes que conviven con peluqueros a domicilio; seguiremos viendo medios grandes, pequeños e independientes, informando de acuerdo a las necesidades de diversas audiencias.
  • La diferencia hoy radica en que antes hablábamos de la audiencia como una categoría abstracta, pero no la conocíamos, no la escuchábamos. Ahora sí o sí enfrentamos sus comentarios y reacciones en las redes sociales. Puede que no les hagamos caso, pero tenemos que escucharlos, saber qué están diciendo sobre los contenidos que publicamos.
  • Los periodistas debemos no solo escuchar, sino conocer a nuestras audiencias tan bien, que podamos ofrecerles contenidos que sean de utilidad para pequeñas comunidades. Algo similar a la transformación que ha permitido la supervivencia de la industria editorial, dedicada a satisfacer nichos de audiencias.
  • Hay un problema en la conexión con las audiencias: en redes sociales pareciera que todo el mundo es de izquierda, cuando puede que en la realidad no sea así. Nos arriesgamos a sacar productos que le gusten a la gente de Twitter, pero a los suscriptores del diario no.
  • Las audiencias ahora nos auditan más que nunca, por eso debemos ser más éticos que nunca. Podrá cambia el soporte del periodismo, pero la ética seguirá siendo la misma. La identidad del periodista no puede ser una en el medio donde trabaja, y otra en las redes sociales.
  1. LAS FUENTES DE FINANCIAMIENTO
  • Estábamos en un momento en el que el sistema que se había profesionalizado y organizado al interior de los medios como poder social, sostenido por robustos códigos éticos, que hoy en día se ha visto afectado por los cambios en los modelos de negocio periodísticos.

Aunque todavía permanecen vestigios de ese antiguo sistema, los procesos de intercambio de opiniones en las redes sociales y los modelos de distribución de información a través de internet han dado lugar a un escenario complejo donde el papel del periodismo necesita resolver cuál será su rol.

  • El periodismo necesita aprender a hacer empresa. La transparencia económica y política debe ser evidente en los medios.
  • El periodismo enfrenta una crisis de independencia, pues no busca servir al lector, sino sostener al statu quo. Por eso los lectores prefieren acudir a medios alternativos o a las redes sociales, que a los medios tradicionales.  La connivencia de los medios con los grandes poderes económicos ha limitado el ejercicio del periodismo libre en América Latina.

Al mismo tiempo, los medios independientes y digitales se ven tentados a someterse a la dictadura del clic para sostenerse. La revolución entonces debe venir desde abajo, convenciendo a los periodistas que producen los contenidos de la necesidad de hacerlo éticamente, para reconquistar nuevamente a los lectores.

  • Es necesario involucrar al debate ético a los propietarios de medios, debido a que son ellos quienes son responsables de garantizar las condiciones para poder hacer un periodismo libre, ético y transparente.
  • No podemos ignorar que los periodistas siguen siendo comprados: por el narco, por industrias farmacéuticas, entre otros. No podemos aceptar que haya periodistas trabajando para grupos de interés enemigos de la ciudadanía.
  • Pongamos en duda una certeza: ¿existirá el periodismo para siempre?… La discusión sobre la ética futura debe involucrar la reflexión sobre de qué vivimos los periodistas y cómo se sostienen los medios. Los periodistas estamos a punto de convertirnos en esos señores que arreglan televisores de tubos. El resultado de las elecciones en Estados Unidos es un escenario ideal para estudiar la relevancia del periodismo.
  • Gabo nos dejó clara una cosa: no son lo mismo los periodistas que los medios. Cada medio tiene su propio ecosistema con mayor o menor libertad.
  • Los medios lograron el matrimonio entre el periodismo y la publicidad, el cual fue feliz mientras duró. Pero eso se acabó. Sin embargo, esto no es una mala noticia para el periodismo. El periodismo debería sobrevivir a los medios, porque nació antes de los medios.
  • La ética pasa por el modelo de negocio. Medios que no sean sostenibles no actuarán éticamente.
  • Hay una reflexión que debemos hacer sobre la calidad de nuestro periodismo: habrá un cambio cuando, si el dueño del medio aparece en los Panamá Papers, hacemos claridad sobre el tema antes de que se destape el escándalo, no después.
  1. LA VERDAD EN LA ERA DE LA POST-VERDAD
  • La identidad profesional, el compromiso con la verdad, la independencia y la responsabilidad social son los cuatro puntos cardinales trazados por Javier Darío Restrepo para guiar la conducta ética del periodista.
  • Aunque la búsqueda de la verdad es un tema capital en la ética periodística, el más importante de todos es el servicio al lector.
  • Creíamos que lo importante en el periodismo era la neutralidad y la imparcialidad. Pero hay un reclamo de las audiencias cada vez mayor por esa neutralidad, pero con ausencia de transparencia.
  • Es necesario convencer a las universidades y escuelas de periodismo de que la ética no es un tema accesorio. Por eso debemos profundizar en la formación de especialistas en la ética periodística, ya que el problema está en construcción.
  • Debemos reforzar el aprendizaje a mantener la distancia, a no mezclarnos con las fuentes, distinguir lo que es marketing y comunicación de lo que es periodismo. No podemos perder el horizonte. El periodismo, o es de servicio público o no es periodismo.
  • Necesitamos señalar a quienes mienten, así sean compañeros. Esto está relacionado con el esfuerzo por la transparencia: investigar de dónde proviene el dinero que sostiene las mentiras.
  • Muchos periodistas consideran que la ética se reduce a no mentir. Va mucho más allá de eso. Por eso hace falta un código de ética marco emitido desde la FNPI.
  • No nos olvidemos que la búsqueda de la verdad tiene muchos matices. Gabo nos advirtió que no debíamos casarnos con una sola verdad. Cada vez hay más medios y periodistas que se dicen independientes, cuando en realidad no lo son. Lo que está en juego no es la supervivencia del periodismo. Es la supervivencia de la democracia.
  • Antes los periodistas nos reconocíamos todos. Todo el mundo sabía quién era periodista y cuáles eran los medios. Para comunicar necesitabas una licencia, un permiso del Gobierno, una relación con el poder. Hoy en día cualquiera puede poner en marcha estrategias de generación de la mentira.
  • Las mismas estrategias que utilizan las empresas para vender sus productos por internet, son utilizadas por los medios para darle difusión a las noticias.
  • El problema está en que la prensa amarilla, que antes se diferenciaba por formato y mecanismos de distribución de la prensa seria, ha contaminado a los medios tradicionales. Vemos cómo en las páginas web de medios serios, se publican historias que jamás se publicarían en la versión impresa. Esto ha hecho que la frontera entre lo que es periodismo y lo que no lo es, se difumine.
  • Los influenciadores no tienen ningún código ético, ¿para qué van a querer someterse a uno? Por eso es necesario que los periodistas tengamos un código ético que nos diferencie de aquellos que no hacen periodismo. Estamos cayendo en la trampa de contribuir a la confusión. ¿Cómo no se olvida un código ético?… Practicándolo todos los días.
  • Las normas tienen el riesgo de quedarse ahí, y luego ser olvidadas. Estamos en una guerra, con tropas, francotiradores. No podemos quedarnos en el diálogo sobre una ética del oficio periodístico. Necesitamos pensar cómo podemos poner a dialogar esa ética con la ética del resto de la sociedad.
  • Es necesario que la ética periodística alimente una ética de la comunicación ciudadana, en donde el periodismo sea un eje o referente.
  • Todo esto tiene que ver con una ética colectiva. Los periodistas no podemos pretender ser puros y castos en una sociedad llena de mentiras.
  • El periodismo no es el soporte: papel, radio, televisión o internet. Por lo tanto, nuestra ética no puede estar definida por la identidad del soporte. Lo debe estar por la función que cumplimos en la sociedad, por la responsabilidad que tenemos con ella. El periodismo es el vínculo entre los ciudadanos. El periodismo es una forma de ejercer la ciudadanía. Así las cosas, verificamos la información porque al hacerlo estamos ejerciendo responsablemente el vínculo que tenemos con la audiencia. Chequear la información debe ser tan natural para nosotros, como lo es al espejo reflejar la imagen de nuestro rostro.
  • Internet permitió que circulara más información, pero no toda esa información es periodística. Ahí está una de las funciones y valores del periodismo hoy: ayudar a la gente a navegar adecuadamente en ese mar  de información.
  • Debemos hablar de las dimensiones ciudadanas, empresariales e individual de la ética. Si no, estaremos hablando de ética de supermercado.
  1. EL ROL DEL PERIODISMO HOY
  • Se destacarán aquellos periodistas y medios que puedan mantenerse equilibrados, sólidos en el sentido común, con la capacidad de evitar el conflicto personal.
  • Todo proyecto periodístico y proceso de conocimiento de lo real es, antes que nada, una toma de conciencia de nosotros mismos. Debe ser así porque cuando vamos a hablar de temas tan complejos como la condición humana vulnerada, necesitamos entendernos y entender al otro.
  • Hemos pensado mucho en cómo las nuevas tecnologías están afectando y afectarán al periodismo. Pero como formadores de nuevos periodistas desde las universidades, debemos tener claro que nada puede reemplazar a la experiencia para saber hacer periodismo.
  • ¿Qué podemos rescatar o dar testimonio a las nuevas generaciones sobre lo valioso que había en la forma en que se hacía periodismo?:
    • Rescatar la cuestión de la sensibilidad. De los periodistas y medios hacia las audiencias. Recuperar esos 5 sentidos del periodista de los que hablaba  Kapuściński.
    • Rescatar la cuestión de las emociones. Un periodista sensible es un periodista ético. Un periodista emocionado, si tiene las herramientas, tendrá una intención honesta de la búsqueda de la verdad.
    • Rescatar la cuestión de las representaciones. Preocuparnos por el papel de espejo que funge el periodismo hoy. Pero no un espejo que refleja una única imagen, sino capaz de generar distintas representaciones sociales que construyan sentido.
  • El periodismo no está en extinción. Si algo ha dejado sobre la mesa el triunfo de Donald Trump, es que el periodismo es hoy más necesario que ayer. Sin periodismo, ¿quién va entonces a revelar los conflictos de interés? ¿Quién contará entonces las historias de los latinos deportados?
  • Se proponen cuatro ejes para estudiar el rol ético del periodismo:
    • Celebrar que se cuestione el rol del periodismo en la democracia. Esto nos va a permitir entender en qué estamos fallando. A veces, las denuncias que nos hemos acostumbrado a hacer, solamente aumentan el escepticismo de los ciudadanos.
    • Definir en el contexto actual qué significa el periodismo como servicio público.
    • Pensar cómo vamos a reaccionar contra la industria de la mentira que se ha desarrollado en las redes sociales. Necesitamos desenmascarar qué herramientas tienen y cómo se financian.
    • Además hay una industria de la defensa de la riqueza. También es necesario desentrañarla.
  • Tenemos que intentar analizar cómo se construye la agenda. No es algo que nos traiga la cigüeña. Hay temas que algunos no quieren que se difundan, que se sepan. Si no entendemos que el poder se manifiesta con distintas formas de carcomer el periodismo, no vamos a poder reaccionar ante este nuevo desafío.
  • Para Gabo, era responsabilidad del periodista dar a conocer las historias de las víctimas, pero también de los victimarios. Es necesario explicar qué circunstancias llevaron a los victimarios a realizar esos actos atroces.
  • Es cierto, los victimarios te van a querer manipular. Pero eso no debe impedir que contemos sus historias. Si acudimos a ellos con la intención sensata de contar sus historias, nos sorprenderemos de todo lo que pueden decirnos.
  • Estamos en un momento en el que ni siquiera los directores de los medios tienen forma de controlar la manera en que circula la información. La esencia del periodismo está totalmente subvertida: la diferencia entre el periodismo y la comunicación/marketing ha sido dinamitada.
  • Los medios ya no son indispensables ni para enterarse de las noticias, ni para dar a conocer mensajes publicitarios. Pero los medios no son el periodismo.
  • Ya no podemos hablar de periodistas digitales. Todos los periodistas tenemos que ser digitales. Si hay algún periodista que se resiste a hacer trabajo para digital, es muy difícil cambiarles el chip, lo mejor es prescindir de ellos.
  • Al final, todos los periodistas hemos sido resistentes al cambio, pues no esperábamos que la avalancha digital implicara algo más que dejar de usar la máquina de escribir.
  • El periodismo está llamado a recuperar su prestigio, porque lo importante es que el periodismo se respete. ¿Para qué somos entonces periodistas? Para influir a través de la argumentación bien fundamentada.

Los youtubers son influyentes, pero no lo hacen periodísticamente. Lo hacen de acuerdo a sus intereses. En cambio el periodismo de opinión también busca influir, pero a partir de ejercicios de argumentación y contraste de información.

  • El bien público sobre el que el periodismo tiene responsabilidad es la diferenciación entre información relevante de aquella que no la es. Y la relevancia no es algo propio del periodismo, es un bien común.

INTERVENCIÓN DE JAVIER DARÍO RESTREPO

El maestro Javier Darío Restrepo, director del Consultorio Ético, planteó en medio de la discusión cuatro conclusiones sobre cómo superar la crisis que enfrenta el modelo de negocio del periodismo, ante los fenómenos de pérdida de circulación y reducción de la publicidad, las cuales compartimos a continuación.

  1. Hay que cambiar la estructura financiera de los medios

La actual está conspirando constantemente contra la credibilidad de los medios. Medios sin credibilidad son medios desechables. Esto implica que los medios no se financien ya más con publicidad, patrocinios o ayudas de las empresas. Solo con suscripciones. Para cambiar de sistema financiero, hay que afianzar al máximo la independencia. Ahí está la importancia de la ética. Pero la ética no necesariamente asociada a los códigos, sino a su incorporación en la práctica diaria.

  1. El contenido tiene que cambiar

No podemos quedarnos en el sistema de las noticias diarias que se reducen a contar lo que pasó. Ahora que cualquier ciudadano con un teléfono puede publicar información, los medios perdieron el monopolio de la distribución de noticias. Ahí radica la diferencia entre el periodista profesional y aquel ciudadano cualquiera que publica un tweet. La información que publica un periodista profesional procura dar a conocer toda la verdad. En cambio el periodista ciudadano publica apenas una parte de la información, la parte aparente de la realidad. En cambio, el periodista de verdad revisa debajo de las piedras. Ese compromiso con la verdad va más allá de no decir mentiras. El periodismo tiene que llegar a producir una información tan valiosa, que los lectores quieran recortarla con tijeras y conservarla.

Los periodistas solemos conformarnos cuando obtenemos una entrevistica. Creemos que con registrar una declaración de la fuente ya cumplimos. Nos importa más publicar frases de nuestras fuentes, que ponerlas en contexto, confirmar si es verdad lo que dijeron.

Esto explica el fenómeno Trump. La prensa lo magnificó. Replicamos sus frases porque vendían, sin reflexionar en cómo estábamos ayudándolo en su ascenso al hacerlo.

  1. Tiene que cambiar radicalmente la relación con las audiencias

Cambiar la línea vertical por una línea horizontal. Hasta ahora, la relación de los periodistas con la gente ubicaba al primero arriba, en el poder, con las fuentes, entregándoles la información a los lectores que se ubicaban abajo.

El periodismo se creyó que era un poder, y al hacerlo se corrompió. Esta convivencia con el poder lo distrajo de su esencia, la de ser un servidor público, un fiscalizador del poder. Pero la esencia del oficio periodístico es servicio, no poder.

La línea ahora debe ser horizontal. Todos difundimos noticias. Es un hecho, no lo podemos cambiar. Esto descarta la utilización del periodismo como un factor de poder o de enriquecimiento. Así las cosas, el lector ya no es un cliente sino un socio.

  1. Esto solo es posible si tenemos una identidad profesional renovada

Esa identidad está siendo cuestionada por la cultura digital, la cual nos está entregando en las manos instrumentos tremendamente poderosos. Al recibirlos nos preguntamos ¿qué hago con eso? Para responder, el periodista debe reflexionar profundamente sobre el papel que tiene. No es copiar a ‘Mr. Google’ todos los días cuando está de afán.

El periodismo no está para ser bufón. No está para darle al lector lo que prefiera. Eso es la desfiguración total de lo que uno tiene que hacer como periodista. No estamos para satisfacer a las audiencias, sino para informarlas. Debemos estar pendientes es del interés de la gente para acercarse a la realidad, y de la voluntad para cambiar esa realidad. Ayudarlos a que dejen de ser objetos para convertirse en sujetos de la historia.

Es muy oportuno que pensemos en una formación ética que permita un aprovechamiento adecuado de las tecnologías. Para esto es necesario reforzar las relaciones con las universidades y las redacciones. Al hacerlo, el periodista podrá obrar como un ensamblador de verdades, porque uno de los grandes problemas éticos es el facilismo, el miedo al trabajo, la comodidad. Y mostrar todas las caras de una noticia es algo que toma trabajo.

PROPUESTAS ESPECÍFICAS

Crear un nuevo código de ética propuesto desde la FNPI hacia los medios de comunicación, enfocado en fortalecer la sostenibilidad, la ética y la credibilidad.

  • Realizar una evaluación de impacto de los talleres realizados por la FNPI. Para esto, es necesario involucrar a los directores de los medios, porque de no ser así, lo aprendido en los talleres difícilmente podrá ser implementado.
  • Que los encuentros de directores de medios sean a nivel latinoamericano. Se sugiere que se aproveche el espacio del espacio anual del Festival Gabo para esto.
  • Es muy oportuno que pensemos en que en los programas de la Fundación haya una formación ética que permita un aprovechamiento adecuado de las tecnologías. Se propone que sean webinars dirigidos a las redacciones.
  • Javier Darío Restrepo lamenta que no haya habido una sola reacción de a quienes se les han respondido preguntas. Se aclara que aquí hay un problema tecnológico de la plataforma del Consultorio Ético para que sea posible notificarles a quienes preguntan que se les ha respondido.
  • Reforzar las relaciones con las universidades y las redacciones. Poniendo a disposición de las escuelas de periodismo los recursos, talleres y publicaciones de la FNPI.
  • Que la Fundación realice un estudio sobre cómo se está enseñando ética periodística en las universidades. Seguro hallaremos que se trata de un tema absolutamente secundario para ellos.
  • Realizar una especie de juego multimedia donde la gente pueda enfrentarse a dilemas éticos reales tomados del Consultorio Ético.
  • __________________________________
  • Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)

Cinco libros que hieren el ego del macho alfa

LOOLA PÉREZ, Madrid *

Les molesta que nos rebelemos, que reclamemos nuestra habitación propia, como apuntaba Virginia Woolf, o que aprendamos a ser nosotras prescindiendo del sexismo y los tradicionales estereotipos femeninos.

La solución más drástica para espantarlos es a menudo la más sencilla: autoestima, pensamiento crítico y cultura feminista. Aquí va una pequeña selección de libros para motivar tu compromiso (y hacerles rabiar):

1.- Devenir perra. Iziar Ziga.- Una lectura deslenguada, fresca y subversiva para quienes exploran la feminidad y el género más allá de la norma, sin importar si el rímel está corrido o si eres más de hijab que de tanga.

Aumenta el sentimiento de inferioridad del macho alfa al apelar a la unión colectiva de las mujeres: “¿Para qué voy a competir con una mujer si puedo follar con ella?”.

2.- Yo también soy una chica lista. Lucía Lijtmaer.- Estamos ante un manual que obliga (o casi) a jóvenes modernas a reírse de sí mismas mientras analiza y cuestiona las desigualdades y violencias que, aun disfrazadas de colores pastales, todavía hoy nos persiguen. Actual y necesario.

Aparentemente, puede que el machito de turno no se sienta amenazado porque crea que es un libro “para mujeres”. Pero, ¡pobre ingenuo! Bajo la etiqueta “para mujeres” se esconden reflexiones más eficaces para la liberación de la mujer que una metralleta.

3.- Como ser mujer. Caitlin Moran.- Original y divertido. Un relato iniciático, en clave autobiográfica, que indaga en la construcción de la identidad femenina y los roles de género.

Entre derroches de gracia, te anima a identificar las humillaciones cotidianas y ese machismo sutil que a veces no vemos…

Menstruación, aborto, depilación femenina, relaciones tóxicas e ideales de belleza son los grandes temas sobre los que ironiza la autora.

Provoca serias rabietas en ese público masculino acostumbrado a ridiculizar a las mujeres por su físico: “Estoy gorda porque cada vez que me follo a tu padre me da una galleta.”

4.- Miedo a volar. Erica Jong.- Novela con moraleja feminista. Ambientada en los años setenta, cuenta la historia de una ficticia escritora, Isadora Wing. Adúltera y en lucha contra los remordimientos, nos acerca a la sexualidad de las mujeres sin censura.

Una historia que humaniza el deseo y placer femenino más allá de las categorías misóginas de frígida o guarra.

5.- Todos deberíamos ser feministas.- Chimamanda Ngozi Adichie. Es la propuesta menos irreverente de esta selección, pero no subestimes el contenido. Breve, pedagógico y humano.

Desmonta la idea de que el feminismo es solo un asunto de mujeres. O dicho de otra forma, ese hombre blandengue que tanto incomodaba a El Fary es justamente el que sí necesitamos a nuestro lado las mujeres.

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* Tomado de Tribus Ocultas

El periodismo digital aún no aprende a contar historias

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En la “nueva era de la información” el reto del periodismo que se ejerce a través de la web, es crear contenidos que atiendan a la inmediatez y, a la vez, profundicen en las informaciones que la gente necesita.

En esta idea coincidieron los participantes del foro “Nueva era de la información: comunicación digital y redes sociales“, realizado por iniciativa de la Fundación Premio Nacional de Periodismo (Fpnp) y la Escuela Latinoamericana de Imagen, Palabra y Sonido (Elips), ambas adscritas al Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información, en cuya sede tuvo lugar el encuentro.

“Se supondría que en los medios digitales, tenemos toda la capacidad para producir contenido (respecto a la prensa, radio y televisión que tienen una extensión limitada), pues, paradójicamente, nos dicen: ‘No, son 140 caracteres’. Y resulta que estos medios terminan imponiéndonos la simplicidad. Solo el dato eventual que se difumina inmediatamente”, criticó el premio nacional de periodismo, Víctor Hugo Majano.

El creador del portal La Tabla, manifestó su preocupación por el hecho que plataformas con espacios limitados para la escritura, como Twitter, estén reglamentando las maneras de comunicar de los periodistas y las de adquirir información con la superficialidad.

Nuestras notas cada vez son más breves, sin contexto, porque suponemos que el contexto es muy actual, pero no profundizamos en el contenido para que se convierta en conocimiento, en memoria”,explicó Majano, quien fue ponente junto al periodista Ernesto Navarro y el informático Luigino Bracci.

En este sentido, Majano destacó la importancia de utilizar la multimedialidad (textos, imagen, sonido) para crear contenidos explicativos que profundicen en los hechos noticiosos. Por ejemplo: infografías, entrevistas y reportajes sobre casos de corrupción como los relacionados con Cencoex y Cadivi.

Alertó, que un texto sin imagen no es atractivo para los nuevas formas cognitivas, sin embargo, un contenido audiovisual sin explicación textual puede prestarse para interpretaciones equivocadas.

Autocrítica

Partiendo de que se hace un periodismo con ideología, que no se oculta tras el término engañoso de la objetividad, los periodistas dijeron que es necesario permitir la autocrítica sobre las formas actuales de hacer periodismo para el pueblo y acerca de los hechos cuestionables que se presentan en el proceso revolucionario.

“Debemos dejar de hacer periodismo para los convencidos. ¿Por qué no abordamos periodísticamente el tema de la corrupción?”, cuestionó Navarro.

Al ser interrogado acerca de la vulnerabilidad del periodista, crítico ante el poder, Navarro concluyó que se deben sostener los argumentos con pruebas y enfrentar con valentía las consecuencias.

De la urgencia a la calma

Navarro, también reflexionó sobre la urgencia permanente en la que se encuentra el periodismo debido a las coyunturas políticas del país.

Desde su experiencia en medios públicos y privados, Navarro consideró que se debe dejar de hacer el periodismo del “golpe de Estado”, que, explicó, es una práctica reactiva que no suma al conocimiento de las realidades profundas del pueblo y que impide mirar más allá de lo que ocurre en Caracas.

En cuánto al trabajo que se realiza en medios públicos e instituciones del Estado, opinó: “Nuestros medios tienen una deuda, que no cuentan las historias de la gente y terminan siendo medios para la burocracia”.

Por su parte, Bracci comentó: “Este conflicto que estamos viviendo no es para nada usual. Es una resistencia a una potencia extranjera y, como periodistas, estamos haciendo todo lo posible para enfrentarla, pero también hay problemas internos que tenemos que esforzarnos en dar a conocer”.

Resguardo de datos

El periodista por ejercicio, e informático de profesión, Luigino Bracci, fue enfático en la importancia de resguardar las informaciones que se producen en todos los medios públicos y portales dedicados a la labor de informar.

Explicó que dichas informaciones representan un importante archivo que registra lo que acontece y permite entender el devenir histórico.

En este sentido, señaló que los periodistas deben escribir e investigar siendo conscientes que sus contenidos pueden ser leídos en el futuro por personas que deseen saber cuáles son los antecedentes de un hecho, o lectores en otros países.

“No solo escribimos para personas de otros países, sino para el futuro. La información puede ser consultada en 5 años”, advirtió, e hizo referencia a una nota sobre las acciones violentas de calle de 2014 (guarimbas), publicada en la página de la emisora Alba Ciudad, que recibió decenas de miles de visitas este año.

Igualmente, destacó lo importante que es, sobre todo para los comunicadores, tener un espacio propio en la web para postear sus contenidos.

“Yo soy defensor de los sitios web, porque son nuestros. Las cuentas en redes sociales son de Twitter, Facebook… Esas cuentas no son nuestras”, insistió.

Argumentó que no se debe depender de las plataformas de las redes sociales, cuyos usuarios pueden ser bloqueados o borrados en cualquier momento llevándose consigo toda la información.

“Sin embargo, tenemos que estar en las redes sociales, porque la gente está ahí”, agregó.

Que cada quien eche su cuento

Los ponentes también coincidieron en que es necesario, cada vez más, que las personas se apropien de las herramientas tecnológicas para contar sus historias constructivas, que se retome la capacidad narrativa inherente al ser humano.

Que la gente se atreva a contar. Que así como puede contar el chisme, puede contar cuando recibió su bolsa del Clap (Comité Local de Abastecimiento Popular) y cuándo fue al CDI (Centro de Diagnóstico Integral), si lo trataron mal o bien”, sugirió Majano.

En este sentido, recordó que el Comandante Chávez fue un “echador de cuentos”, que encontró la manera de volver mediáticas las historias del pueblo.

Sobre este aspecto, Navarro destacó que la Revolución se ha encargado de enfrentar discursivamente a los medios de comunicación, que anteriormente eran tenidos como poseedores de la verdad, en favor de que se escuche la voz del pueblo y las mayorías; a la vez que promovió el surgimiento de los medios comunitarios y posibilitó que cada vez más personas tuvieran acceso a herramientas como computadoras, teléfonos inteligentes e internet.

Formación

Andrea Hermosoviceministra de Comunicación Digital, destacó la importancia que se realicen actividades como esta para desarrollar el debate sobre los desafíos del periodismo actualmente, así como abonar a la formación de estos profesionales, que tienen la labor de contar la historia del pueblo.

“Es necesario organizarnos. Debemos asumir el tema de la formación y formar nuevos equipos para contar nuestras historias”, señaló.

Invitó a profesionales y docentes del área a ser parte de la conformación de la Universidad Latinoamericana de la Comunicación, plataforma idónea para el desarrollo de esta materia en el país y en la región.

Prensa Digital Mippci

¿Periodismo sensato o propaganda del terror?

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Informar o no sobre las actuaciones terroristas. Es un viejo dilema en la profesión que las nuevas tecnologías han enterrado.

Quienes estudiamos Periodismo en la Universidad a finales de los 90 escuchábamos y leíamos a Miquel Rodrigo Alsina con fascinación. Sus estudios sobre la construcción mediática del terror eran referencia, y más en los años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, cuando la voluntad espectaculadora de ETA alcanza su culmen.

Rodrigo Alsina explicaba por qué el terrorismo busca el impacto mediático. Porque sin él no existiría, concluía. El dilema estaba servido: qué hacer, informar o no sobre las acciones terroristas.

La solución parecía fácil: si lo que buscan es aparecer en los medios y así intensificar el miedo no les demos cobertura, obviemos sus acciones o reduzcámoslas al mínimo. Esa era, en principio, la decisión más lógica. Sin embargo, la duda persistía: ¿qué pasa con los ciudadanos?, ¿podemos hurtarles esa información?, ¿esa información les salva precisamente la vida?

Fruto de ese debate, nunca resuelto, es, sin embargo, la reciente tendencia a evitar la emisión de las imágenes más escabrosas.

La sangre, los cadáveres y los cuerpos mutilados no añaden datos nuevos: solo incrementan el terror, justo lo que, por definición, buscan los terroristas.

En las primeras portadas después del atentado de Barcelona hemos visto heridos, sí, pero no muertos, no personas identificables, no sangre. Y las había, claro que había esas imágenes. Sin embargo, cuando, salvo excepciones, después de décadas de discusiones sobre el tema, se ha llegado a ese mínimo consenso, surgen nuevos desafíos que complican el debate.

La tecnología lo complica, siempre lo complica. En este caso, las llamadas nuevas tecnologías. Pero es que la televisión también lo complicó cuando, a mediados de los cincuenta, emergió como nueva tecnología. A partir de entonces la violencia empezó a llegar de forma más directa y a mucha más gente.

No tuvo el mismo impacto ciudadano el intento de asesinato de Alfonso XIII en 1906, en el que fallecieron 25 personas, que las muertes de la Guerra de Vietnam, cuya emisión televisada, desde finales de los sesenta, puso contra las cuerdas al gobierno de Nixon.

Ahora es el turno de internet y su capacidad para socavar las normas del periodismo cuando el periodismo al fin se había puesto de acuerdo.

Lo sabían muy bien quienes, desde el primer minuto, pidieron en twitter que no se divulgasen imágenes ni de las consecuencias del atentado ni del operativo policial.

En el actual paradigma tecnológico es imposible el anterior debate.

Ahora que el torrente es imparable no se puede dejar de informar. Ahora cualquiera puede difundir imágenes y datos, unas veces ciertas; otras, en plena ola de fake news, no tanto.

En este tipo de situaciones los medios no siempre logran la precisión total pero, si no es así, los serios, al menos, rectifican. Lo hacen muchas veces de manera vergonzante: sin reconocer que se han equivocado. Pero lo hacen. Nada de eso se plantean los propagadores de bulos; los propagandistas, conscientes o no, del terror.

Su labor destructora termina en el momento de la emisión. Por eso ahora la única salida es la que, después de tantos debates, siempre ha sido: informar. Y dejar que los ciudadanos sepan dónde está la información real.

Porque al final siempre lo saben. Lo dicen una y otra vez los datos de las audiencias que se generan después de este tipo de situaciones. Ahí se puede ver que los ciudadanos lo tienen claro: frente al terror, periodismo.                                                               ____________________

Por Cristóbal Ruitiña, periódico Información

El fenómeno de la canción “Despacito” en la era Trump

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Recientemente, “Despacito”, el éxito musical de los cantantes puertorriqueños Luis Fonsi y Daddy Yankee, se convirtió en el video más visto en la historia de YouTube, con más de 3000 millones de vistas. Además, lo logró más rápido que cualquier otro video musical que haya estado en esa plataforma.

Hace unas semanas Universal Music anunció que también era la canción que más se había escuchado en línea en la historia, si combinamos la cantidad de veces que la gente reprodujo el tema o el video en una versión remix en la que canta el intérprete canadiense Justin Bieber.

El ascenso de “Despacito” es extraordinario por varias razones: con excepción de la introducción de Bieber, el tema es en español (según la manera en que se interprete la letra, la canción habla de cómo uno lo haría lento con alguien que le gusta).

El video tiene como escenario un barrio pobre de Puerto Rico llamado La Perla y muestra a un alegre elenco multiétnico. Tal vez lo más excepcional es que la canción ha cobrado fama internacional en un momento en que crece el nativismo, la ansiedad en lo que respecta a las fronteras y la inmigración, y en el que el poder ejecutivo de Estados Unidos parece estar decidido a blanquearse.

El éxito de la canción subraya el lugar común de que el sentimiento que motiva a tantos de nosotros, ese que nos hace movernos, que anima nuestras vidas, que nos une en algunas formas como una comunidad global —la música pop— es lo opuesto del nativismo. Es promiscuo, no respeta fronteras ni pertenece a categorías raciales. Toma prestado a discreción, alentando la fecundación mutua de culturas y estilos. Se abre paso con energía desde la diáspora africana. Y esos miles de millones de vistas dicen que la gente, una gran mayoría estadounidense, no se cansa de escuchar la canción.

Claro que el éxito de la canción no quiere decir que el proyecto del presidente Donald Trump fracasará ni que el nativismo cascarrabias dará paso a un multiculturalismo feliz. La mayoría de la gente podría estar dispuesta a ver un video de artistas puertorriqueños y aun así no querer tener un vecino que hable español (aunque Puerto Rico es un territorio estadounidense, así que, si eres estadounidense, supéralo).

Sin embargo, el éxito de la canción sí enfatiza un lado de la humanidad que, en estos tiempos, suele verse ensombrecido por tendencias más desagradables. Sabemos que los humanos podemos ser tribales, que nos organizamos de un momento a otro en grupos de personas afines y ajenas, que podemos tratar a esos grupos que no nos son afines con crueldad e incluso con violencia. Estas tendencias probablemente son anteriores a nuestra condición humana. Hasta grupos de chimpancés hacen la guerra entre sí.

También tenemos este otro lado que es curioso, que no teme a la diferencia, sino que se inspira en ella. Un lado trascendente que se alegra de unir partes dispares para crear y jugar.

Tomemos “Despacito” como ejemplo. Comienza con una guitarra puertorriqueña de cuerdas de acero conocida como cuatro, que seguramente proviene de un instrumento que los moros llevaron a España desde el norte de África. El vibrante ritmo del reguetón salió de Jamaica y, mucho antes de eso, probablemente se originó en África occidental.

Al rapear, Daddy Yankee emplea una forma de arte que desarrollaron los afroamericanos en las urbes y lo infunde con el sentimiento único del español y la jerga de Puerto Rico. La sugerente letra de Fonsi que podría pertenecer a una tradición que se remonta a los trovadores despechados de la España medieval y todavía más atrás.

Cuando observamos con detenimiento las fronteras que delimitan a esas entidades supuestamente discretas, nos encontramos con que son sorprendentemente porosas.

La canción es una fusión, una amalgama. Como tal, no solo ilustra el genio de la música pop, sino que además es un ejemplo de cómo funciona la creatividad en general. La innovación suele involucrar la organización de piezas antiguas en nuevas configuraciones. Las empresas de tecnología como Apple y Google lo saben. Por eso es que enfatizan en la polinización cruzada, sus espacios de trabajo abierto y áreas públicas diseñadas para fomentar la mezcla.

Así era también como, hasta hace poco, se concebía el proyecto estadounidense. Después vino el presidente Donald Trump y la noticia de que algunos todavía pensaban que Estados Unidos era fundamentalmente una nación blanca, cristiana y con raíces europeas.

¿Eso qué quiere decir exactamente? La genética moderna nos dice que los estadounidenses somos una mezcla de distintos pueblos, una población de recolectores y cazadores mezclada con agricultores que, hace miles de años, emigró de lo que hoy conocemos como Turquía (cerca de Siria) y acabó de completarse con pastores de lo que ahora es la estepa rusa. El cristianismo, el supuesto pegamento de Europa, se importó del Levante. Y escribí esto originalmente en un idioma —el inglés— que consiste en el francés y el latín injertados en una base anglosajona, salpicada con nórdico antiguo y una pizca de celta.

Sí, las naciones existen. Sí, tienen fronteras. Sí, surgen diferentes culturas e idiomas. Hay ideas fundamentales que tal vez podemos llamar occidentales. Sin embargo, cuando observamos con detenimiento las fronteras que delimitan a esas entidades supuestamente discretas, nos encontramos con que son sorprendentemente porosas.

En una batalla por nuestros corazones y mentes representada por la música pop, obviamente no es necesario decir todo esto. “Despacito” se aseguró el éxito.

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* Moisés Velásquez-Manoff es el autor de “An Epidemic of Absence: A New Way of Understanding Allergies and Autoimmune Disease” y es columnista de opinión del diario Thew New York Times.