El caso Diario HOY y la desmemoria de la sociedad

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foto Diario HOY

El caso de los trabajadores del Diario Hoy es una de las repetidas tragedias del país: la desmemoria social.

Un año después del cierre del periódico, en agosto pasado, ninguna autoridad ha sido capaz de resolver el problema de cientos de gente que exige a quien fue su propietario, Jaime Mantilla Anderson, expresidente de la poderosa Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que pague sus liquidaciones.

Entre sus sofismas, Mantilla acusó al Gobierno y a la Ley de Comunicación (que apenas lleva dos años en vigencia) de ser los culpables de la crisis de la empresa.

Según él, las causas fueron la falta de publicidad gubernamental y el retiro de contratos estatales para imprimir libros escolares.

Lo que Mantilla no admite es que arrastraba la crisis al menos una década atrás. Y que, como se ve ahora, la autoclausura fue una evasión de responsabilidades tributarias y laborales.

Un diario que el 7 de junio de 1982 se inauguró como “independiente, plural, crítico e irreverente” y que en un momento jugó un papel decisivo para educar y movilizar a la población, terminó convertido en actor proselitista.

El rol de un medio es de velar por el bien común, no de arrimarse a un gobierno o combatir a otro, no es el de ser partido político. Por eso tuvo sus instantes memorables, cuando los periodistas que pasaron por ahí diferenciaban con claridad la información de la opinión y daban luces, a través de las dos, para entender la realidad.

HOY, finalmente, no lo entendió y extravió el rumbo: fue antifebrescorderista pero fue borjista y un grupo de sus periodistas terminaron en el gobierno, fue antisixtista y antibucaramista, pero fue promahuadista (y su director, Benjamín Ortiz, pasó a ser canciller de Mahuad y a firmar el convenio que entregó por diez años a la Armada de Estados Unidos la base de Manta). Nunca criticó al alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, y fue uno de los puntales en la campaña electoral del banquero Guillermo Lasso.

Y así continuó el periódico, de un bandazo a otro.

Con la llegada del presidente Rafael Correa, HOY se puso en las filas antigobiernistas, muchas veces sin argumentos sólidos, confundió (?) información con opinión y todos los días, en especial en instantes clave, hizo titulares claramente sesgados. Uno de ellos escrito por su entonces emblemático editor general, hoy convertido en opaco secretario ejecutivo (?) de la moribunda AEDEP.

Así, en ese proceso de oportunismo político bipolar, fue perdiendo la credibilidad y los lectores.

Y como dicen los dueños de los periódicos, que no aman el periodismo sino el dinero que les produce hacer de la información una mercancía, ya no pudo “vender audiencias”, se desfinanció y se autoclausuró.

Sus colegas de la AEDEP lanzaron el grito al vacío: pretendieron hacernos creer que era un atentado a la libertad de expresión y de prensa. No. Fue un atentado al mal manejo financiero del diario.

Y luego  callaron. Callaron para siempre. Ningún medio de la gran prensa ecuatoriana ha dado la voz a empleados y trabajadores. Ninguno le ha exigido que sea honesto a su colega, que incluso fue presidente de la AEDEP. Tampoco le importa el problema a Fundamedios, a la UNP o a los que salen a gritar a la Shyris sin ideas concretas de lo que gritan.

En todo este proceso, lo más antiético ha sido la actitud de Jaime Mantilla contra los intereses de quienes lo sirvieron con lealtad y hasta con cariño durante más de 30 años, creyendo que era realidad el proyecto de un periódico contemporáneo, democrático y alternativo.

Sin embargo, también, es inexplicable la indiferencia estatal para exigirle al expropietario que pague a los abandonados extrabajadores.

¿Dónde está el Ministerio de Relaciones Laborales? ¿Dónde está la Contraloría? ¿Dónde están el Cordicom y la Supercom?

Hay gente que viene sufriendo durante más de un año. Que se quedó sin empleo para siempre. Que no tiene dinero para mantener a su familia.

Pero, en el Ecuador, la enfermedad colectiva más grave es la desmemoria social.

Dorrit Harazim, la reportera más respetada del Brasil

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foto Dorrit Harazim I

Dorrit Harazim estuvo en Vietnam durante la guerra y en Sudáfrica durante el apartheid. Fue testigo, en Santiago de Chile, del bombardeo del Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973 y —exactamente 28 años después— estaba en Nueva York cuando las Torres Gemelas fueron atacadas.

Ser testigo de la historia, sin embargo, no es lo mismo que ser protagonista de ella. No así para Dorrit Harazim. En sus 47 años como periodista, ya fuera que hiciera un reportaje sobre la periferia de São Paulo o sobre las trincheras de Camboya, nunca usó en sus textos el pronombre personal yo.

De ahí que, entre periodistas jóvenes, no sea raro encontrar a quien se refiera a Dorrit como él en vez de ella. Quien no sepa cómo es su fisionomía. «Me cansé de corregir la pronunciación del nombre de ella. Es Dôrrrrrrit, no Dórit», cuenta Cristina Tardáguila, reportera del periódico O Globoque trabajó con Harazim en la revista Piauí durante cinco años.

Ese tipo de confusión con el nombre de una de las periodistas más respetadas de Brasil da una idea de su personalidad. «No conozco mejor combinación de estilo de vida y escritura: la misma elegancia, la misma discreción, el mismo recato», señaló el escritor Zuenir Ventura en 2010, cuando Dorrit Harazim fue la homenajeada del Congreso Internacional de Periodismo Investigativo de São Paulo.

Antes que nada, el nombre de Dorrit Harazim resulta extraño para la sonoridad brasileña porque ella nació en la extinta Yugoslavia. A los 5 años llegó a Brasil con sus padres, dos hermanos y una horda de inmigrantes de la Segunda Guerra Mundial.

Pero aunque hubiese tenido un nombre corriente, Harazim sigue el principio de que no importa la carpintería del reportaje, sino el reportaje en sí. Y si no importa la carpintería, no importa el carpintero: el comentario que Dorrit Harazim publica cada domingo en el diario O Globo no lleva en lo alto de la página el pertinaz retrato de la autora de la columna; tampoco suele aparecer en televisión; no está acostumbrada a entrevistas; tampoco se ha unido a las redes sociales. Como resume Cristina Tardáguila: «Dorrit es idolatrada en la oscuridad».

Dorrit Harazim se volvió reportera por casualidad, al vivir otro momento histórico: mayo de 1968.

Como quería ser lingüista, Harazim dejó Brasil para estudiar en la Universidad de Heidelberg, en Alemania. De allí siguió hacia París, para proseguir sus estudios en La Sorbona. Envuelta en el debate de izquierda de aquellos tiempos, salía con un militante que era buscado por terrorista en tres países. Su destino cambió allí.

Llevada en cierta ocasión a la Sûreté nationale, tras haber sido fichada perdió su puesto de secretaria en la Alianza Francesa. Consiguió otro trabajo como investigadora de L’Express, revista semanal que fue un éxito de ventas en los años 60. Dirigida por Jean-Jacques Servan-Schreiber, la publicación tuvo como colaboradores a Albert Camus y Jean-Paul Sartre.

Fue en L’Express donde Dorrit Harazim, que a la sazón contaba 24 años, conoció a dos ítalo-brasileños, Roberto Civita y Mino Carta, que estaban de paso en París para enterarse del engranaje del semanario francés. Planeaban lanzar una revista en Brasil.

Ya habían visitado Der Spiegel, en Alemania, y se dirigían a Estados Unidos para conocer el funcionamiento de Newsweek y Time. Del encuentro con sus coterráneos salió una invitación para que regresara a Brasil y trabajara en esa revista que aún no tenía nombre. Ella quedó en que lo pensaría.

La «década de agitación estudiantil» —como el historiador Eric Hobsbawm llamó a los años 60— culminaría, meses después del encuentro de Harazim con los periodistas brasileños, con las sucesivas protestas de estudiantes y trabajadores de mayo de 1968. Con la agitación vino la represión. Fichada por el servicio de contraespionaje y sintiéndose cada vez más acosada, decidió que era hora de probar suerte en otro lugar.

En octubre de ese mismo año desembarcó en São Paulo para trabajar por primera vez como reportera en la nueva publicación brasileña, que recibió el nombre de Veja y llegaría a ser el semanario más vendido del país.

«Arrendó un cuartito y, todas las noches, cuando entraba en él, pensaba: “Ha pasado un día más y no se han dado cuenta de que no soy capaz de hacer lo que quieren”.

Nunca se dieron cuenta porque Dorrit aprendió rápido», cuenta el editor y fundador de la revista Piauí, Mario Sergio Conti, en el libro Notícias do Planalto.

Mino Carta, el jefe, le enseñaba a ser periodista y a comportarse. Uno de sus mandamientos era: «Nunca te pongas sandalias, porque solo una mujer en un millón tiene los pies bonitos». Ya José Roberto Guzzo, editor de internacional de Veja, la ayudaba con su portugués oxidado. «Antes de las computadoras, los jefes te garabateaban el texto. Después de la tercera versión que viene con correcciones en rojo, uno piensa: “Esa palabra debe de ser una porquería”.

Hoy en día, uno difícilmente tiene tiempo de releer lo que se ha editado en la computadora, y las oportunidades de un aprendizaje cotidiano son escasas. En aquel entonces esa enseñanza era más gráfica».

En Veja, el proceso de aprendizaje fue rápido: formaba parte de una publicación nueva, con un equipo joven, que apostaba por la importancia de vivir lo que se describía y que aún no estaba dominada por las jerarquías de los medios consolidados.

En 1970, Dorrit Harazim, con 27 años, ya publicaba relatos de guerra. «El no haberme quedado en una redacción tan jerarquizada como la de los cubículos europeos fue un privilegio. En Brasil fue todo más elástico», dice.

En la primera semana de junio de 1970, Veja anunció el relato de su enviada especial a las regiones de Neak Luong, Kompong Cham y Tonle Bet, en Camboya, en plena guerra:

“Una vez en marcha, los camboyanos se percataron rápidamente de que en cualquier momento podía venir una ráfaga de la artillería enemiga. La prueba más palpable estaba en el descubrimiento de escondrijos vietcongueses, que fueron encontrados a medida que las columnas avanzaban y habían sido abandonados poco antes por el enemigo, todavía con pistolas, radios, linternas y almohadas. La marcha prosiguió por cuatro aldeas del bosque, súbitamente desiertas. Solo se encontró a una joven camboyana agonizante que había recibido dos tiros, uno en la cabeza y otro en el pecho”.

Transplantada a conflictos en países distantes y complejos, siendo tan joven y con poca o ninguna tecnología para comunicarse con la redacción en Brasil (en otra misión, pidió que la redacción le enviase más dinero a Manama, la capital de Baréin, pero la transferencia se hizo a Managua, en Nicaragua), Harazim fue aprendiendo a base de errores. «Al desembarcar, yo no conocía nada, ni la geografía del lugar», recuerda.

Viéndose al lado de reporteros avezados, procuraba que no se transparentara su falta de experiencia. «Allí tu publicación no vale nada, tu nacionalidad no vale nada. Caes en paracaídas en el anonimato más desértico. ¿Qué haces en un ambiente en el que todos son periodistas veteranos? Tu autodefensa es simular saber mucho. Yo siempre supe que no sabía nada, pero fingía que sabía como defensa, para no denotar ignorancia».

Quien puso sus pies en el suelo —literalmente— fue el reportero Henry Kamm, del New York Times. Kamm (ganador del Pulitzer en 1978 por su cobertura de la guerra de Vietnam) la agarró por los tobillos y la arrastró hasta una zanja en el curso de una incursión en Tonle Bet. Él era de la generación de corresponsales veteranos de aquella guerra.

«Mira, no sé cómo ni por qué viniste a parar aquí. Supongo que para informar sobre la guerra. Pero si quieres mandar reportajes a tu periódico, es mejor que aprendas a tirarte al suelo como todos nosotros», recuerda Harazim que le dijo su colega. «En aquel momento me di cuenta del ridículo que estaba haciendo y aprendí a no llegar tan mal preparada».

Con la experiencia, pasó a armar bases de datos, a hacer exhaustivas investigaciones previas y a pensar en cada detalle. En 2006, antes de embarcarse hacia Pekín, donde iba a cubrir los Juegos Olímpicos, insistió en que la redacción de la revista Piauí, en la que trabajaba como editora, mandase imprimir tarjetas de visita con su nombre y datos de contacto en mandarín.

Con cada error —y lección aprendida—, Harazim acumulaba bagaje para desenvolverse en nuevas culturas y contextos, desde ir solita, en 1973, a una entrevista a medianoche con el emir de Abu Dabi en el palacio de verano de Al-Bahr a circular entre diez mil quinientos atletas en las Olimpiadas de Londres.

Aprovechaba su conocimiento de varias lenguas y su experiencia como inmigrante para causar cada vez menos extrañeza al introducirse en un ambiente distinto. «Ser diferente te deja enseñanzas valiosísimas y te ayuda en la profesión de las maneras más insospechadas. No llegas con un bagaje establecido. Curiosamente, puede que tu interlocutor no racionalice lo que está ocurriendo, pero baja la guardia», dice.

En 1980, a los 30 años, Harazim llegó a la Unión Soviética para informar sobre un tema que se volvería su especialidad: la cobertura de deportes olímpicos. Moscú fue sede de la Olimpiadas, y Harazim vio en el seguimiento de los Juegos la posibilidad de escribir sobre la política desde dentro del régimen.

«Moscú pensaba obtener, con la competición, algo así como un aval definitivo y elocuente de la comunidad internacional al régimen instalado por la Revolución de 1917», escribió en la introducción del artículo de portada que publicó en la revista Veja.

De Moscú, Dorrit heredó el gusto por la cobertura deportiva y también por una inmigrante rusa, que meses después de las Olimpiadas se presentó en la redacción de Veja para pedir asilo a la reportera a la que había conocido en Moscú.

Renata Lesnik, una escaparatista que se arriesgó a llevar a la periodista a conocer su casa de noche, desafiando las órdenes del régimen, quería llegar a Francia saliendo de Moscú y haciendo escala en Cuba.

Había conseguido una visa de salida casándose con un colega brasileño. Al no conseguir embarcarse hacia París, se fue a Brasil; pero allí no la pudo hospedar el marido de mentira (el chico estaba casado de verdad). Sin tener adónde ir, buscó a Harazim en la sede de Veja en São Paulo. Ella y su marido, el también periodista Elio Gaspari, alojaron a Lesnik durante una temporada y luego le compraron el pasaje que por fin la llevó a París.

Después de Moscú, Harazim cubrió ocho olimpiadas más. «Halló la manera de hacer el seguimiento de deportes olímpicos en un semanario», escribe Mario Sergio Conti en Notícias do Planalto. Pero así como descubrió un estilo propio de hacer reportajes deportivos, tuvo que enfrentarse a los retos y riesgos de hacerlo para una publicación semanal.

En las Olimpiadas de Seúl de 1988, Dorrit Harazim cuenta haber visto «uno de los momentos más sublimes de la máquina humana» cuando Ben Johnson, un canadiense nacido en Jamaica, fulminó su marca de 9,83 con la que había vencido el Mundial de Roma un año antes, corriendo cuatro centésimas más rápido. «¡Lo que sucedió en la pista fue totalmente inimaginable! Era la portada obvia para todos los semanarios. La imprenta retuvo la tirada para esperar la conferencia de prensa. Éramos quince mil periodistas acreditados», recuerda.

Al día siguiente fue a otra ciudad para seguir la competición de vela. En el barco de la prensa oyó a un italiano contestar el celular, aparato raro en aquel entonces, y conversar a gritos con quien daba la impresión de ser su editor: Johnson había caído en la prueba antidoping —el primer gran escándalo olímpico— y había sido descalificado.

El estadounidense Carl Lewis era el nuevo campeón, con lo que las portadas que se habían enviado a la imprenta estaban equivocadas. «Las revistas norteamericanas pudieron hacer una segunda portada, Veja no. Hoy, en Internet, uno corrige el error en una hora. En un periódico, el error dura un día. En una revista, uno tiene que convivir con ese error una semana».

El bagaje que fue adquiriendo en cada olimpiada fue sofisticando su visión de los deportes y los deportistas. Sus reportajes no se limitan a las reglas de las competencias y sus vencedores. Harazim analiza la política deportiva de cada país, la personalidad de los equipos, la fragilidad emocional de los atletas, en general muy jóvenes, que dedican su corta vida a romper récords por milésimas de segundo.

Y lo maneja todo con extrema delicadeza: sabe que está tratando con jóvenes poco expuestos a los medios, que pueden hablar más de lo que deben y a los que hay que proteger de sí mismos. «Una persona no preparada te da frases que son titulares. A mi entender, salvo que sea relevante para lo que uno está averiguando, no se puede dejar en evidencia innecesariamente a una persona solo porque eso sea lo más sabroso».

En Rotina de 15 mil braçadas, retrato del nadador brasileño César Cielo realizado cuando él se preparaba para competir por primera vez en una olimpiada, Harazim muestra esa sensibilidad desde el principio del texto.

En el párrafo de introducción, Cielo sueña que un australiano bate el récord mundial de su especialidad, los 50 metros libre, y se despierta cuando su técnico abre la puerta de un puntapié. En Sídney, Eamon Sullivan, australiano de 22 años, ha roto el récord de la prueba con un tiempo de 21 segundos y 56 centésimas. O sea, que Cielo no soñaba, sino que oyó la noticia mientras dormía.

Brett Hawke, el técnico, explica a Harazim por qué despertó así a su pupilo, de forma abrupta y brusca, pocas horas antes de que él disputara esos mismos 50 metros libre en el Grand Prix de Misuri: «No quería que se llevara una sorpresa en la piscina porque alguien le soplara la noticia poco antes de competir». La frase de Hawke está allí, en las primeras líneas del artículo, porque es clave para entender cómo funciona la cabeza de un competidor que aspira a romper récords por milésimas de segundo:

Aquella misma mañana, Cesão —apodo familiar del brasileño— iba a disputar los mismos 50 metros libre en el Grand Prix de Misuri. Al llegar al parque acuático para el calentamiento, se cruzó con el eterno bad boy de la natación, el estadounidense Gary Hall, dueño de la prueba en su país.

—¿Te enteraste de que hoy cayó el récord mundial? —le lanzó Cielo sin ningún tipo de inocencia.

—¿Hoy? —balbuceó Gary con cara de sueño.

—Sí, el de los 50 libre. Fue Eamon. 21,5.

El estadounidense abrió bien los ojos, se llevó la mano a la cabeza y salió.

—Rápido. Ya le echamos a perder el día —le comentó el brasileño al nadador francés Fred Bousquet, su colega en Auburn.

Resultado de aquella mañana: Gary Hall en último lugar, Bousquet en tercero, y Cielo en primer lugar, con un tiempo de 22,01. Además, también salió vencedor en los 100 metros.

El retrato de Cielo se publicó en la revista Piauí en junio de 2008. En agosto, el brasileño fue campeón olímpico de los 50 metros libre en los Juegos Olímpicos de Pekín.

Para ese reportaje, César Cielo dejó que Harazim lo acompañase hasta que entendiese la cultura alrededor de una piscina. Elementos que para un lego pueden parecer simples herramientas o accesorios (como el agua de la piscina, el body o el gorro de un competidor) se convierten casi en personajes vivos.

«Yo me puse su body. Claro que él es enorme, y me quedó muy grande. Pero me lo quise poner para comprender cómo se siente en la piel. Claro que, como yo no uso la palabra yo, no lo vas a saber. Pero para que el lector tome nota de que yo sabía de qué hablaba, el caso es que me lo puse».

En Notícias do Planalto, tal vez el libro más conocido sobre los entretelones de la prensa en Brasil, se describe a Dorrit Harazim como «una de las claves del éxito de Veja».

Ella «ideó un enfoque de los temas femeninos, apartándose de los dogmas del feminismo norteamericano y de las fórmulas de las revistas nacionales que consideraban a las mujeres como consumidoras de productos y servicios.

Con una delicada sensibilidad hacia las miserias de la vida nacional —tal vez derivada de su visión como extranjera no acostumbrada a los mecanismos de explotación del patriarcalismo—, realizó innumerables reportajes que captaban el heroísmo cotidiano de brasileños anónimos.

De temperamento didáctico y disciplinado, enseñó a decenas de reporteros a no darse por satisfechos con nada que no fuera lo excelente, lo mejor. En un medio predominantemente masculino, se impuso por su profesionalidad.

Una profesionalidad por la que era temida (sus broncas escocían) y admirada (sus reportajes y ediciones especiales eran modelos de solidez y rigor). Dorrit servía también de referencia emocional en la redacción. Acogía en su sala a colegas con dificultades familiares, sicológicas, profesionales e incluso monetarias».

Flávio Pinheiro, hoy en día director del Instituto Moreira Salles, colecciona anécdotas que muestran ese rigor, esa insatisfacción con lo que no fuera excelente, lo mejor. «La devoción de Dorrit a la información es patológica», dice.

En una de ellas, los dos —Pinheiro como jefe de la sucursal de Veja en Río de Janeiro y Harazim como editora de la revista en São Paulo— estaban terminando un artículo de portada sobre el actor Paulo Autran, patrón del teatro brasileño. Esos últimos toques, como de costumbre, seguían entrada la madrugada, cuando la extensión de Flávio Pinheiro sonó. Era Dorrit. «O la foto está mal o Paulo Autran tiene ojos de colores distintos».

A pesar de que el reloj marcaba las dos de la mañana, Pinheiro se vio obligado a telefonear a la casa del actor. No de un actor, sino del mayor del país. El periodista se acuerda de un Paulo Austran que se despertó sin furia, pero sí arrastrando un molesto enfado. «Tengo ojos de distintos colores», fue todo lo que dijo, y colgó. Pinheiro estaba avergonzado, pero la portada se había salvado.

Anécdotas como esa surgen entre los que formaron parte del equipo de Harazim, ya fuera en Veja, en el Jornal do Brasil o en Piauí. Está la historia de que un avezado reportero que trabajaba para ella en la redacción de Internacional colocaba la mano en el tubo de escape del carro de ella para saber si había llegado mucho antes que él.

Ella no niega la fama: «Yo era terrorífica como jefe, terrible». Con el tiempo se suavizó. «Yo cambié en mi trato de los demás. Cambié conmigo misma, porque el rigor también valía para mí. Y cambié en mi forma de comunicarme con los otros. Pero no en el rigor. No es necesario, ni obligatorio, ni útil que el rigor se verbalice de manera categórica. Es posible conseguir el mismo resultado manteniendo el rigor y siendo más agradable con el interlocutor».

Después de esta primera fase en Veja, Harazim trabajó en el Jornal do Brasil en Río de Janeiro y regresó a la revista en 1975. «Fui una periodista de diario que escribía mejor habiendo trabajado en una revista y viceversa. Cuando volví a Veja, había adquirido agilidad, me había deshecho de vicios de la lengua típicos de una revista, lo que me ayudó a ser una mejor reportera de revista».

En 1988, de vuelta en Veja, se mudó a Estados Unidos con su esposo, Elio Gaspari, y la hija de ellos, Clara. Pasaron cinco años en Nueva York, Harazim como jefa de la oficina de la editorial Abril (que engloba las principales revistas del país, desde publicaciones noticiosas como Veja hasta masculinas como Playboy) y Gaspari como corresponsal de Veja.

La experiencia de Estados Unidos cambió su forma de ver el reportaje. Para Mulher, Crime e Castigo, que fue artículo de portada de la revista en 1995, Harazim convenció al entonces nuevo secretario de Seguridad de Río de Janeiro para que la dejase pasar una semana en la prisión Talavera Bruce, en Bangu.

Quería hablar del sistema penitenciario sin necesidad de que se lo dictara una rebelión o el encarcelamiento de un bandido conocido. Quería hablar, especialmente, de un aspecto del sistema penitenciario aún menos explorado: el femenino.

«La gente cree que para hacer un reportaje tiene que suceder algo. No es así. Uno tiene que narrar, narrar lo que ve, saber escuchar. En mi opinión, solo ese universo es un tema tan indispensable para comprender la sociedad como un robo de 5 millones de dólares. Eso es lo que me gusta de la profesión de periodista. Me proporciona un placer tan grande como entrevistar al Papa».

Al salir de São Paulo, donde vivía, para dirigirse a Río, donde está la Talavera Bruce, Dorrit no sabía cómo vestirse y optó por ponerse jeans y camiseta. «Fue una pifia. No sé cómo lo hice», recuerda. Los vaqueros eran la ropa típica de los funcionarios de la cárcel. Al llegar a la penitenciaría, «donde los rumores se esparcen en segundos», me tomaron por una espía de la policía. Por suerte, había visitado la misma prisión años antes con Herbert José de Sousa, conocido como Betinho, famoso activista de los derechos humanos, y una presa me reconoció. Otra vez, en cuestión de segundos, otro rumor recorrió la cárcel: Dorrit era de confianza.

A lo largo de aquella semana se volvió sicóloga, confidente y hasta recadera de las reclusas: salió del edificio con mensajes para los novios de las presas. Una vez más, consiguió incorporarse a un medio hostil. «Fui a parar, joven, mujer, blanca y soltera, al mundo árabe de los años 70. Como inmigrante y en el ejercicio de la profesión, uno aprende de la diversidad, del multiculturalismo. Tal vez por eso siempre logré integrarme, ya fuera en la prisión, ya fuera en el mundo árabe».

Durante ocho días durmió en la cárcel, comiendo lo que comían las reclusas, durmiendo cada noche en una celda distinta. A los pocos días ellas la buscaban, ávidas de hablar, hablar y hablar.

Conoció así historias como la de Djanira Metralha, condenada a 200 años de cárcel, y la de Marta Pistola, «la musa del amor bandido».

Dorrit ganó, por ese reportaje, un Esso, el principal premio de periodismo de Brasil. «A mí eso me encanta porque considero un privilegio ser periodista por eso. Te pone en situaciones en las que no te verías jamás si no fueses periodista».

En una profesión en la que por lo general se comienza cubriendo temas de ciudad y cultura y se culmina la carrera con temas de política y economía nacional y, quizá, haciendo una corresponsalía de guerra, Harazim siguió el camino inverso.

«En mi caso fue exactamente al revés. Pero creo que tuve el buen sentido de percatarme a tiempo del privilegio que representaba hacer lo que normalmente se considera lo máximo: cumbres, elecciones americanas, viajes, guerras, revoluciones. De pronto eres ni más ni menos que la reportera estrella con la que se fantasea en las novelas. En determinado momento entendí que lo que debería ser el ápice de la carrera me había dado la sabiduría, la cualificación profesional para querer cubrir a la mujer que vende productos Avon en el interior de Pará».

En 1999 Dorrit Harazim comenzó a incursionar en el cine documental. «La primera vez que vi a Dorrit fue en el 98. Ella vino a Videofilmes para hacer un reportaje para Veja sobre el documental Futebol, de João [Moreira Salles, dueño de la productora], que estábamos lanzando. La recuerdo bien vestida, siempre elegante y perfumada. Me pareció una profesora de alemán, de las buenas, seria, concentrada y competente, de las que hablan pausadamente y no desperdician ni una palabra. Su expresión ya viene editada, afilada y certera», recuerda Raquel Zangrandi, que trabajó de productora de los documentales de Harazim.

Contratada por Videofilmes para participar en un proyecto que unía a directores y periodistas en una producción especial que inicialmente iba a ser sobre los 500 años del Brasil, ella y la directora Izabel Jaguaribe acompañan a un inmigrante nordestino que trabaja en un restaurante de São Paulo y vuelve a su casa de Piauí para visitar a su familia, en un viaje en bus que dura tres días. El filme se titula Passageiros.

Seguidamente, Harazim trabajó en una serie de seis documentales sobre temas brasileños. Uno de sus trabajos más bonitos es la serie de documentales titulada Travessias, producida por Videofilmes y que apareció en el canal GNT.

En Travessia do Silêncio, un matrimonio joven y prometedor espera su primer hijo, que nace sordo. Travessia da Dor cuenta la saga de dos nadadores de alto rendimiento que procuran conseguir una plaza en las Olimpiadas de Atenas.

En Travessia do Ar se expone la ardua rutina de unos atletas de gimnasia olímpica. Los otros tres documentales de la serie son Travessia da Vida (sobre la labor de Zilda Arns en la Pastoral da Criança), Travessia do Tempo (la última semana de un preso que cumple una pena de 37 años y su primera semana de libertad) y Travessia do Escuro (sobre un grupo de adultos analfabetos que aprenden a leer).

«Los documentales son el reflejo de mi interés por el brasileño invisible», dice Harazim. En Família Braz, Dorrit Harazim y Arthur Fontes radiografían a una típica familia brasileña de clase media, con cuatro hijos, de la periferia de São Paulo.

Diez años después, en el momento de pujanza del gobierno de Lula, ambos directores vuelven con esa familia para mostrar cómo ha cambiado su vida. En una de las escenas, los seis integrantes de la familia aparecen delante de su vivienda al lado de un carro usado, el único de la casa. En la escena filmada diez años después, delante del mismo portón aparecen los mismos seis acompañados de cuatro carros. Dois Tempos ganó el premio É Tudo Verdade de 2011.

Del trabajo con Videofilmes, del documentalista João Moreira Salles, surgió otro proyecto: el de fundar una revista. Así fue cómo nació Piauí. «Dorrit siempre estuvo en el ADN de la revista y, para mí, lo sigue estando. En todo lo que hago siempre pienso: “¿Qué haría ella?”, y me escribo con ella casi a diario», dice Zangrandi, aún hoy en día secretaria de redacción de Piauí.

Piauí es una revista mensual cuyo ropaje se cosió con lo que Harazim más preció a lo largo de su carrera profesional: el tiempo para pensar en un tema, el celo por hacer averiguaciones, la precisión del texto, el rigor de la verificación y la corrección gráfica. «También indagamos lo que se hacía en América Latina y descubrimos que estábamos llegando tarde. Revistas como Etiqueta Negra ya lo hacían, mayor motivo para que Piauí comenzara a existir enseguida».

En Piauí, Harazim escribió sobre la vida de los expresidentes de la República y sobre el Torneo Americano de Crucigramas, publicó un retrato de un diputado que luchaba contra las milicias de Río de Janeiro y un análisis de un discurso del presidente boliviano Evo Morales en cruzada contra el pollo industrial, la papa holandesa y la Coca-Cola, «agentes y síntomas de una civilización a la deriva».

Desde la batalla judicial entre Brasil y Estados Unidos por la tutela de un niño hasta la historia de la última fábrica de máquinas de escribir, los textos de Harazim para Piauí se destacan por el mismo rigor.

Para redactar un artículo sobre la decisión de la alcaldía de Río de cambiar las canecas públicas de la ciudad, por ejemplo, pidió ayuda a los reporteros para conseguir incluso la parte gráfica. «Después hizo cálculos con diversas hipótesis para ver qué productos cabrían o no en las nuevas canecas», recuerda Tardáguila. Un fragmento del texto dice:

“El vecino que desafíe las leyes de la física y trate de meter un coco verde por la abertura de la simpática caneca tendrá dificultades. Podrá golpearlo todo lo que quiera, que no conseguirá hacer pasar la fruta por la boca del receptáculo, la cual mide 11 centímetros. Con mayores obstáculos se encontrará el ciudadano que pretenda librarse de una botella de PET de dos litros que mató su sed estival: no entrará ni por su anchura ni por su circunferencia. Las botellas de un litro tampoco son aceptadas fácilmente por los recipientes”.

«El juicio de Dorrit parece probar todas las hipótesis en busca de la veracidad», analiza Flávio Pinheiro. Cristiana Tardáguila concuerda con ello y lo ha experimentado en carne propia. Otra hipótesis que Harazim quiso probar para ese reportaje fue la siguiente: si la caneca fuera menor, ¿cuántas veces más tendría que pasar el camión para recoger la basura? Para eso le pidió a Tardáguila que fuese a la avenida Rio Branco, la principal de Río de Janeiro, y contase cuántos tachos de basura había a ambos lados de la calzada, información que al final no usó en el texto.

«Ella no debe de usar ni el 10% de lo que averigua», dice Tardáguila. En cierta ocasión, orientada por Harazim, la periodista cubrió la competencia de bowling en los Juegos Panamericanos de Río. Cuando regresó, no supo aclarar las dudas de la editora sobre las reglas del juego. «Me dijo: “Pero ¿estuviste al lado de los mejores de América y no preguntaste?” Respondí que pensaba que no me iba a hacer falta, y ella me dio una lección: “Pero te puede hacer falta, entonces mejor preguntarlo todo».

Incluso hoy en día, Tardáguila, como muchos reporteros que han trabajado para Harazim, la consulta como a una gurú.

«Ella dice que el periodista tiene el síndrome del medallista olímpico, que consiste en pasar mucho tiempo dedicado a un asunto y aun así tener que volver a empezar al día siguiente. El periodista tiene dificultades para entender que no basta con hacer un reportaje muy bueno en una ocasión. Cuando acaba, tiene que comenzar otra vez todo el proceso. Su humildad tiene que quedar allá abajo y resurgir. Ella me enseñó que hacer periodismo es recomenzar todos los días».

En su paso por Piauí, un reportaje que engloba todas las cualidades del trabajo de Harazim es Sobras de Guerra. La experiencia de haber estado en conflictos armados le dio credenciales para entrar en un hospital para heridos de guerra. Por su capacidad de crear empatía consiguió acceder a la intimidad de un estadounidense, aun siendo mujer, mayor que él, extranjera, de una revista brasileña todavía desconocida como era Piauí.

“Entrar en el apartamento del marine estadounidense Travis Greene, en San Diego, incomoda. El visitante siente que invade el sombrío refugio de alguien que se esconde de la vida. En plena mañana de sol californiana, en una ciudad tan abierta como Río, todas las persianas de la sala están cerradas, vedando la entrada de cualquier atisbo de luz procedente del mundo exterior. El residente del 303 prefiere la iluminación indirecta.

Él abre la puerta, vestido con una camiseta de manga corta que le acentúa el tórax. Excampeón universitario de los 100 metros y 400 metros vallas en el estado de Idaho, Travis Greene lleva puestas unas bermudas beige que le cubren la pelvis. Las dos piernas con las que conquistó los trofeos de atleta quedaron en Irak, a casi 13 mil kilómetros de distancia, entre la chatarra de un blindado en una carretera de Ramadi”.

«Me gané la confianza de un individuo mutilado, un individuo lleno de heridas físicas y emocionales. Puedes pensar: “Vaya, pero comparado con descubrir un desfalco de 50 millones en las arcas de Brasil, eso no es nada”. ¿Quieres que te diga algo? A mí me parece maravilloso. Muestra que he aprendido mucho en mi profesión y que la he honrado, porque sé que no hice nada impropio en ese reportaje», explica.

Otro acierto del reportaje es que ella no cae en lugares comunes, clichés y sentimentalismos. «Podría haber contado detalles indebidos, descrito escenas que presencié y que no es preciso describir». Dice: «La ética periodística es la misma para ti y para un florista. La ética es sustancial».

Harazim es, hoy en día, colaboradora frecuente de la revista Zum de ensayos y fotografía y publica una columna semanal en el periódico O Globo.

Escribe los domingos con una fórmula propia: deja los asuntos que le interesan en baño María antes de escribir sobre ellos.

Así, hay «hechos de la semana que sobreviven a la masacre de la diseminación y llegan fresquitos e inéditos al domingo», como explica Flávio Pinheiro.

Lo más prodigioso de sus artículos, dice Pinheiro, es la vivacidad de estilo con que presenta información que no apareció en el radar de otros periodistas. «En sus artículos, lo que a veces parece accesorio no es ornamental, sino esencial».

El secreto de los textos de Dorrit Harazim es que muestran, en los detalles, la explicación de todo. Su carrera siguió el mismo curso: comenzó por las estruendosas guerras y las altas cúpulas para encontrarse luego en la periferia de los asuntos, en personajes incógnitos, como si la explicación del mundo no estuviese en los grandes acontecimientos, sino en sus detalles más insignificantes.

«Lo que considero curioso en mi caso como periodista fue haber empezado en un nivel extraordinario —una novata que circulaba entre periodistas de los principales diarios del mundo— y después decidir buscar lo menudo. Y en ese sentido, tengo la alegría de decir que, después que me metí en esto, he sido siempre feliz».

Por Carol Pires

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“Con dinero baila el perro”. Excepcional crónica de Alma Guillermoprieto sobre la fuga del Chapo Guzmán

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  • El final del túnel de una milla a través del cual el capo de la droga Joaquín Guzmán Loera escapó. Almoloya de Juárez, México. 12 de julio de 2015 / Fotografía de Arturo Hernández, Demotix, Corbis
  • El final del túnel de una milla a través del cual el capo de la droga Joaquín Guzmán Loera escapó. Almoloya de Juárez, México. 12 de julio de 2015 / Fotografía de Arturo Hernández, Demotix, Corbis
  • Por Alma Guillermoprieto
  • Luego de unas pocas horas de su relajado escape de la prisión de más alta seguridad de México durante la mañana del sábado, Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido como “El Chapo” por su complexión pequeña, estaba de vuelta en Twitter, dando saltos por el éter, cacareando y burlándose como una especie de caricatura frenética. “Nunca digan nunca”, exclamó el traficante de drogas más buscado del mundo en @ElChapOGuzmán. “No hay jaula para este chapo tan grande”. Le mandó saludos a su familia, agradeció a sus colaboradores, alabó a sus hijos, ansió volver a trabajar con su compadre, Ismael “el Mayo” Zambada, que había dirigido el Cartel de Sinaloa desde el arresto de El Chapo; y Don Rafa —Rafael Caro Quintero, un patriarca del negocio de las drogas que ahora es un fugitivo— fue escandalosamente liberado de prisiónhace dosaños por un juez. Degradándose momentáneamente a un estado amargo y reflexivo,Guzmán hizo referencias groseras al presidente Enrique Peña Nieto: “Y tú @EPN no me vuelvas a llamar delincuente porqué yo doy trabajo a la gente no como tu pinche gobierno corriente” [sic]. De vuelta al estado frenético, el embaucador se burló: “Mas vale maña que fuerza y eso a mi me a funcionado.” [sic]Si los tweets fueron escritos por Guzmán, que se sabe que es escasamente alfabetizado, o dictados, con constantes errores de ortografía, por secuaces, no es el problema. Él y sus hijos igualmente presuntuosos han tenido las mismas cuentas durante algunos años. Los tweets fueron considerados auténticos y provocaron fervientes respuestas de cualquier cantidad de mujeres jóvenes twitteando emojis de corazones y hombres jóvenes alabando su coraje y exclamando: “¡Bienvenido, Gran Señor!” Otra forma de acatamiento twitteado era común entre los hombres, que se unían para exclamar ¡Eres la Verga! en respuesta a las misivas de su héroe.
  • Había un tweet vengativo de Guzmán de hace más tiempo, ofreciendo, en mi opinión, la evidencia más convincente de que él no se había entregado a sí mismo en el curso de un acuerdo arreglado, sino que había sido capturado por fuerzas especiales del Ejército y de la Marina. “Ahora si no hayan ni donde meterse aquellos que me juzgaron ni el marino que me llevo al helicóptero ni el puto que me puso” [sic] una expresión narco que significa el que me traicionó al posicionarme para mi captura. Inmediatamente después citó un viejo dicho español que simboliza tanto su modus operandi como la condición humillante en la que se encuentra México actualmente. “Con dinero baila el perro.”“Ese escape debe haber costado unos cincuenta millones de dólares”. Este estimado altamente profesional vino de un hombre llamado Jhon Jairo Velásquez Vásquez, más conocido como Popeye, el guardaespaldas más cercano de Pablo Escobar, sicario e intermediario. Fuera de prisión luego de veintidós años tras las rejas, compulsivamente hablador, un poco tenso, discutió el caso de Joaquín Guzmán con un reportero de Univisión, la red televisiva estadounidense en idioma español. “Eso es un caso muy delicado”, dijo. “En prisiones de alta seguridad no puedes hacer túneles, porque en el cuarto de control donde tienen las cámaras tienen sensores que detectan excavaciones inmediatamente. Ese escape fue sobre dinero… [involucrando] a los guardias de seguridad y mucha gente afuera”.

    El Centro de Rehabilitación Social de alta seguridad en Altiplano, mejor conocido como Almoloya, tiene paredes de casi un metro de ancho y comunicaciones restringidas, y de hecho, todos los jefes apresados de organizaciones rivales a la de Guzmán están recluidos ahí en celdas de confinamiento solitario. Guzmán, que es el jefe de “La Federación” (una variedad de clanes de drogas que trabajan juntos en el estado de Sinaloa) fue enviado inmediatamente a Almoloya luego de su arresto en el 22 de febrero de 2014. Hubo una persecución de una semana en el estado natal de Guzmán, terminando en un hotel residencial en la orilla de la playa de la hermosa ciudad de centros turísticos Mazatlán. Era la víspera del carnaval de Mazatlán, que presenta varios concursos de belleza —Guzmán es afín a las reinas de belleza, está casado con una— y cuando le preguntaron qué estaba haciendo en un lugar tan público, simplemente respondió que no había visto a sus dos pequeñas durante un tiempo. Con esto se entendió que había tomado un riesgo heroico para ir a ver a su familia, pero también podía significar que Guzmán procedía como de costumbre, tomándose un tiempo para ver el concurso de belleza desde el balcón de un hotel en la compañía de su esposa e hijos, sin miedo al peligro.

    En el helicóptero que lo llevaba a Almoloya el año pasado —ya se había escapado de una prisión de alta seguridad una vez, en 2001— el traficante más infame del mundo comentó de manera insensible que era responsable de unos mil asesinatos, pero sólo fue sentenciado en varias cortes mexicanas por tráfico de drogas y crimen organizado. Mientras las investigaciones previas al juicio emprendían su torpe progreso a través del sistema legal, el prisionero estaba confinado a una celda sin ventanas equipada con una cámara de video las 24 horas. Era llevado al patio para ejercitarse una vez al día y le permitían visitas familiares sólo una vez al mes, cada una dependiente de la autorización específica del juez. A pesar de estas restricciones, se ha reportado que logró organizar una huelga de hambre durante el verano pasado para protestar por las pésimas condiciones en la prisión, una huelga que el gobierno reconoce, aunque niega que él estuvo involucrado. Planes para su escape ya estaban en progreso. De hecho, parecen haber empezado casi tan pronto como fue arrestado y se basaban, descaradamente, en el mismo recurso que se ha convertido en el distintivo de Guzmán: un túnel bien iluminado equipado con un riel de transportación.

    Una de las fotografías más interesantes tomadas luego del bulesco escape de Guzmán, deja ver al Fiscal General de México, Arely Gómez, agachado al lado de una apertura cuadrada de 20 pulgadas, reforzada y muy bien esculpida en el suelo de una casa de bloque no terminada. La casa está en la mitad de un maizal a plena vista, pero a casi dos kilómetros de distancia de Almoloya y a menos de un kilómetro de un regimiento del Ejército. En la foto, Gómez melancólicamente observa el hueco, como esperando que un conejo blanco repentinamente salga de él. El conejo, sin embargo, se había ido en un modo de transportación desconocido unas doce horas atrás. “Hasta ese momento —según el suplicante comunicado oficial, emitido cerca de la medianoche del sábado— el día había sido bastante normal. [Guzmán] incluso había recibido su dosis diaria de medicación”. Un detalle útil es que Alejandro Rubido, el Comisionado para la Seguridad Nacional, no presentó el domingo en la conferencia de prensa matutina en la cual se confirmó el escape y no se permitieron preguntas, fue la hora exacta en la cual el escape del prisionero fue percibido por los guardias. A las 8:52 pm, según la declaración oficial, la cámara de 24 horas en su celda registró que Guzmán se retiró al área de las duchas de la prisión “donde regularmente lavaba los platos”. Convenientemente, el punto ciego de la cámara está justo en ese sitio. “Una vez que se notó la larga ausencia de la visión de la cámara —dice el reporte oficial— se implementaron medidas de emergencia siguiendo el protocolo de seguridad”. Seguir el protocolo puede consumir largas horas y pudo ser durante ese tiempo que Guzmán se fue por la entrada de su túnel, se arregló en una ducha improvisada, escogió ropa limpia y nueva que lo esperaba en  su refugio y atravesó caminos de barro y tierra hasta la autopista principal —o un helicóptero que lo esperaba, ¿quién sabe? La persecución ni siquiera había empezado.

    Todo lo que le quedó por hacer a la policía fue maravillarse ante el túnel que las tropas de Guzmán habían cavado con increíble precisión, casi veinte metros por debajo de donde estaban parados, debajo de campos de maíz, pastos, la prisión y todo el trayecto hacia ella, hasta el espacio de poco menos de un metro cuadrado que ocupaba la ducha en la celda de Guzmán. Él y sus ingenieros parecen tener interés por las tuberías; el acceso a su primera obra, una creación de 60 metros que cruzaba la frontera de Sonora hasta Arizona para transportar marihuana, se activaba con una palanca disfrazada como un grifo fuera de una casa privada. Días antes de su arresto el año pasado, pudo evadir a sus perseguidores usando un túnel escondido debajo de una bañera con un sistema mecánico en una de sus muchas residencias en Sinaloa.

    Requirió de admirables habilidades para cavar lo que puede ser el túnel de escape más largo de la historia, a veinte metros bajo la superficie. Tuvieron que evadir todas las tuberías, desagües y cables de la prisión. Y Guzmán, a pesar de todo su afán por las bromas, ha revelado que los detalles son una obsesión para él, algo que se ve reflejado en las dimensiones del túnel: 1.7 m de alto, para que no tuviera que agacharse (ya que mide un poco menos de 1.68 m) y 70 cm de ancho. El túnel estaba equipado con ductos de ventilación y electricidad, además de una motocicleta enganchada a un robusto riel, permitiendo a Guzmán llegar sumamente rápido y con mucho estilo a su refugio. El Universal, un periódico de Ciudad de México, ha estimado que se habrían requerido 291 viajes de un camión para remover los 2.040 metros cúbicos de tierra que se extrajeron en el proceso de construcción. Ya hay en YouTube canciones alabando el segundo escape de El Chapo Guzmán.

    Las consecuencias más graves de la más reciente gran aventura de Guzmán no serán sufridas por el gobierno del cada vez menos popular presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, ni por aquellos con quien El Chapo tiene cuentas pendientes, ni las tropas de carteles enemigos con quienes necesariamente tendrá que batallar, ni los soldados, periodistas, jueces, políticos o policías que pueda mandar a matar, aunque puede que sumen miles de nuevos muertos al cementerio del narcotráfico en México. Los carteles de droga de Sinaloa no sufrieron mucho durante el tiempo que pasó en prisión y los negocios parecen mantenerse estables; el mundo de la droga se reconfiguró a sí mismo y es probable de que podamos ahorrarnos un considerable aumento en la violencia cuando, como parece inevitable, Guzmán sea recapturado o asesinado.

    “¿Qué está pasando ahora con el  Sr. Chapo Guzmán?” Preguntó Popeye retóricamente. “Cuando [Escobar y su gente se escaparon de prisión en Colombia en 1992 y] la CIA nos perseguía, la DEA también nos persiguió. Eso es lo que pasará con el Sr. Chapo Guzmán. Le doy unos dieciocho meses de libertad. El Chapo Guzmán debe estar sintiendo lo que yo sentí luego de que nos escapamos de prisión. Ahora se siente muy bien, Pablo Escobar se sentía bien, pero [Guzmán] sabe que… están buscando a su familia, a su esposa. Va a tener que romper con todos sus viejos lazos. Sólo va a poder reunirse con sus socios del tráfico de drogas y con la gente a cargo de su equipo militar. Va a ser difícil capturarlo [pero] los americanos van a ofrecer una recompensa de 20 millones de dólares por su captura. Cualquier persona [por ese tipo de recompensa] por su captura caerá.”

    Era una de esas soleadas mañanas en Ciudad de México cuando parecía que el mundo es como se supone que debería ser, con niños de vacaciones saltando por las aceras y con el tráfico casi manejable, un mirlo trinando dulcemente sobre los cables de teléfono. Emmanuel del Rey, el tecladista de una de las bandas más idolatradas de México, Café Tacvba, consideró las consecuencias de la siniestra broma jugada por el narcotraficante durante el fin de semana. Café Tacvba tiene mucha influencia en la juventud de los vecindarios más pobres de México, y eran estos niños a quienes Emmanuel del Rey se refería. “El mensaje que el escape le va a dejar a todos esos muchachitos que trabajan con el tráfico de drogas o que piensan hacer una vida con el crimen organizado, y que piensan que El Chapo es más inteligente, más astuto, más poderoso, más adinerado, y también mucho más divertido, ¡es que lo es! Van a pensar que El Chapo Guzmán es prueba de que, como en la Guerra de las Galaxias, el lado oscuro es más poderoso. Y eso es algo terrible”.

    Mantener a un criminal peligroso en prisión debería ser algo sencillo, pero Joaquín Guzmán Loera ni siquiera duró dieciocho meses en su jaula. Como dice acerca de su última travesura una de las canciones que lo alaba de manera anónima en YouTube:

    El dinero es muy bonito.
    No hay policía que se resista.
    ¡Cómo admiran el billete!
    Les agarra una risita.

    Uno solamente se ríe, hasta que llega la ira.

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    Tomado de Prodavinci

    Texto publicado en inglés en The New York Review. Traducción de Mario Trivella Galindo

     

Elogio de los signos de puntuación

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foto signos de puntuación

El colegio, los mensajes de texto, el correo electrónico e incluso los correctores están propiciando el lento ocaso de varios signos de puntuación.

¿Qué perdemos cuando ya nadie sepa cómo utilizarlos?

Si usted, que con tanta amabilidad surca estas líneas con los ojos –en el caso de que lea en braille diríamos “con las yemas” (o sea la punta de los dedos [de uno, de dos o de tres; no lo sé])–, si usted, digo, que ¿con cierta incomodidad producida por la acumulación de incisos? recorre estas palabras a toda velocidad y, al acabar el párrafo, lo considera un modo de empezar demasiado arduo pero aun así ha llegado hasta aquí, podemos felicitarnos: «¡Aún no está todo perdido!».

Sin embargo es muy dudoso que algún corrector/a estampe su nihil obstat en un fragmento introductorio en el que, si no me equivoco…, aparecen diseminados casi todos los signos de puntuación que admite nuestra gramática.

Con el afán propio del oficio tal como lo enseñan (?) ahora, diríase que la corrección de textos consiste en tapar los poros enyesando los originales mediante el uso de un papel de lija uniformador, con lo cual todas las traducciones suenan igual y todas las prosas con el mismo martilleo: tac-tacatac, tac-tacatac, tac; salto de párrafo; tac-tacatac, tac-tacatac, tac; etcétera.

Puede pensarse que quizá esta pasión por la frase enclenque y los párrafos minúsculos se corresponde con la invención retórica de Alejandro Dumas, que saltaba como un canguro porque cobraba por página y la esponjosidad visual le resultaba de lo más rentable, pero no.

Llámenme paranoico (¡a la cara!) porque me parece que la aniquilación calculada de algunos signos de puntuación forma parte de la conjura internacional profetizada por Adorno en “Signos de puntuación”, donde decía lo siguiente:

El miedo a períodos largos, de a página, es un miedo suscitado por el mercado, el miedo al cliente que no quiere esforzarse y al que fueron adaptándose primero los redactores y luego los escritores, para ganarse la vida, hasta inventar, al final de su adaptación, ideologías como la de la lucidez, la dureza objetiva, la precisión comprimida.

Pero en esta tendencia son inseparables el lenguaje y la cosa. Con el sacrificio del período el pensamiento mismo se hace de poco aliento.

 

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Por Carles Álvarez Garriga 

El acoso de la prensa privada británica contra la BBC

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foto BBC acoso

Mientras que los medios de comunicación británicos se muestran muy críticos con su Gobierno por crear una comisión para revisar la Ley de Libertad de Información, ven con satisfacción que la cadena BBC reduzca su tamaño y cambie su modelo de financiación.

El principal rotativo del país, “The Guardian”, y personalidades del mundo de la cultura, sí han mostrado su temor a que los cambios puedan convertirla en irrelevante.

El ministro de Cultura británico, John Whittingdale, presentó en el Parlamento un documento en el que propone la mayor reestructuración de la radiotelevisión pública de la última década.

La BBC, una de las cadenas más prestigiosas del mundo, ve ahora cómo el Gobierno cuestiona desde su tamaño y financiación hasta sus contenidos.

Las reacciones en la prensa no han tardado. “The Guardian” pone de manifiesto que los medios de propiedad de Rupert Murdoch, que posee la cadena rival Sky News, han apoyado unánimemente la decisión del Gobierno.

“The Times” asegura que por el bien del país y de la propia cadena, sería muy acertado reducir su tamaño, enfatiza que se ha hecho un uso indebido del dinero público y cataloga su expansión como “un riesgo para la sana competencia”.

“The Sun”, por su parte, aunque reconoce que era, “y de vez en cuándo es”, una “emisora admirable”, aboga por una reforma que incluya su modo de financiación.

“The Daily Telegraph” insiste en este tema, asegurando que si va a seguir siendo financiada por el Estado, “tiene que explicar qué la hace única” con contenidos que justifiquen su situación privilegiada.

A los que opinan que esta reestructuración responde a algún tipo de trama del Gobierno contra la radiotelevisión pública, “The Telegraph” responde que más bien “es un intento de salvar una institución venerable”, que se ha visto salpicada por escándalos.

“The Daily Mail”, además, critica a las celebridades que han firmado una carta de apoyo a la cadena pública, celebridades “que reciben decenas de millones de libras al año de los contribuyentes”. En su editorial, se plantea si el canon universal que cada hogar con un televisor en casa debe pagar se ha quedado obsoleto en la era multiplataforma.

Solo “The Guardian” y “Daily Mirror” muestran su desacuerdo con la decisión del Gobierno.

“Daily Mirror” sigue la línea de la carta de las personalidades del mundo de la cultura y pide “una campaña para salvar la BBC”, porque “la cultura y la política de Gran Bretaña serían mucho más pobres” sin ella.

“The Guardian” considera que los defectos de la BBC son “insignificantes” y que lo que realmente preocupa a los otros medios es el impacto que tiene la cadena en el mercado, y más concretamente en el digital, ya que perjudica los muros de pago de sus rivales.

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Por Rosa Muñoz, de Media Tics

Solos y mal pagados: la grave situación de los periodistas regionales en México

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Hacer periodismo en las regiones es un viacrucis. A los problemas económicos se suma el hostigamiento por parte de autoridades y caciques, y los despidos de los medios locales. Por ello, y porque varios tienen la pasión por este oficio, están proliferando sitios informativos en internet.
Hacer periodismo en el interior del estado es casi un apostolado. Los salarios difícilmente superan los cinco mil pesos mensuales, y en muchos casos hay quienes tienen que trabajar de cajeros, meseros, profesores o en una estética para subsistir. En el resto del día se dedican a su pasión de informar. A las precarias condiciones económicas, se suma la vulnerabilidad en la que realizan sus labores periodísticas, porque son blanco directo de agresiones e intimidaciones por parte de funcionarios, alcaldes y caciques.En ciudadesmediascomoAutlán,CiudadGuzmán, Lagos deMorenooTepatitlán, periodistas críticos que salieron de los medios tradicionales —algunas veces a petición de los alcaldes—, abrieron sus propios medios digitales, que se convierten en el único contrapeso a los grupos de poder. Pero su labor cotidianaesunviacrucis.“Acá en la región Costa Sur y Sierra de Amula, no hay un reportero que gane más de seis mil pesos mensuales.EnAutlán te pagan 35 pesos por nota y limitan a recibirte dos al día. Hay reporteros que lo hacen porque les gusta, pero sus ingresos los obtienen porque son despachadores de paletas por las tardes o tienen clases en laescuelaPaulino Navarro, o incluso hay una reportera que tiene su estética y pone uñas. No te puedes mantener con el sueldo que te pagan. Y no le puedes apostar a grandes investigaciones. Acá da lo mismo si presentas una crónica o un reportaje. Todo te lo pagan a 35 pesos”, explicaCarmenAggi, del portaldeinternet Letra Fría, fundado por periodistas de la zona con el objetivo de que existiera un medio con línea editorial independiente.CarmenAggi presentó a principios de julio una denuncia ante laFiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión, después de recibir amenazas. Alguien le advirtió que dejara de publicar información sobre el ayuntamiento que encabeza el alcalde SalvadorÁlvarez. También sufrió ataquescibernéticos para sacar de circulación la página y difamaciones en redes sociales.Detalla que en la región hay medios que censuran o que hasta cobran por no publicar investigaciones de sus reporteros. “Lo que más irrita a los funcionarios, es que se divulgue información que tiene que ver con ejercicio indebido de recursos, mala calidad en las obras o licitaciones irregulares”.

A los reporteros que se les ha ocurrido luchar por dignificar las condiciones laborales del medio, los despiden. “Nadie en la Costa Sur tiene seguridad social, ni aguinaldos, ni vacaciones. No tenemos un respaldo fuerte. No es lo mismo trabajar para un medio estatal o nacional, que trabajar para uno local, y los funcionarios te pueden intimidar fácilmente, porque te consideran aislado. También está el riesgo de la inseguridad (…). No hay nadie que nos dé un abrazo o un apoyo como reportero. Estamos solos”.

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De día, Norberto Servín reportea para su propia página de internet. De noche,  administra un restaurant bar para sostenerse. “En Tepatitlán no se puede vivir del periodismo”, indica. Estuvo en casi todos los medios locales, pero por su línea abiertamente crítica y sus trabajos de investigación siempre tuvo que salirse.

“Hoy es difícil que te dejen escribir con libertad, y acá difícilmente encontrarás una radiodifusora que te quiera pagar por informar. Si acaso te permiten aparecer como favor de amigos y con la condición que no afectes intereses comerciales. Y en la televisión es más complicado. En los impresos se ha ido cerrando la independencia, no quieren pegarle a las autoridades o, peor aún, si no les pagan no hablan bien de ellos”.

Servín creó la página Detrás de la puerta. Periodismo independiente, luego de que su anterior sitio de internet fue atacado y neutralizado. Esto le representó otro gasto que sufragó de su bolsillo.

Luchador incansable por la causa de Temacapulín, suele acudir a los barrios marginados de la región a escuchar las necesidades de la gente. Por ello, no faltan las autoridades que se incomodan, pues gracias a sus investigaciones ha logrado frenar proyectos plagados de presuntas anomalías.

“Un caso paradigmático en 2014 fue la intención de construir una nueva central camionera, había movimientos con empresarios que a largo plazo iba a darles beneficio. A pesar de la cerrazón obtuve documentos oficiales. Y varios regidores me pidieron que les presentara esa información y gracias a eso se dieron cuenta de que el proyecto iba a perjudicar al erario y beneficiar por muchos años a particulares. Cuando exhibes la opacidad genera mucha molestia”.

Servín reflexiona: “Poca vida social hago. De mi otra actividad me voy a la casa y a escribir e investigar. Y al paso del tiempo dices: ¿qué hago solo? Pero es algo que me gusta y apasiona. Y así seguiré”.

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El 25 de julio, cumplirá un año el portal NotiAltos. Fundado por el periodista José Luis González Atilano, de reconocida trayectoria en la región Altos Norte, tiene cobertura en Lagos de Moreno, Encarnación de Díaz, Unión de San Antonio, Ojuelos, Teocaltiche y Villa Hidalgo. Él trabajaba en un diario regional, pero su línea crítica le costó el empleo, a petición de funcionarios.

“Surge por una necesidad de tener un medio libre. Internet  está creciendo pero acá no había un canal en forma para informar. A nosotros nos cuesta el mantener el sitio y pagar el hospedaje, además del dinero para sacar la nota, gasolina, comida, cámara, grabadora. Somos dos personas de planta y tres colaboradores”.

González Atilano también tiene que obtener sus ingresos en un trabajo de ocho horas en una institución de Educación Superior:  “De ahí como. El periodismo acá es muy mal pagado, en todos los sentidos”.

Su página ha recibido ataques para intentar sacarlo del ciberespacio y para desprestigiarlo; alguna vez mandaron mensajes de texto a celular con noticias apócrifas atribuidas a NotiAltos.  El candidato a diputado Jesús Hurtado también los acusó de ser mentirosos. No falta el hostigamiento verbal de funcionarios, o de plano les niegan la entrada a eventos o incluso hasta un simple boletín.

“Utilizamos mucho el periodismo de datos y eso los encontramos en la misma red. Las páginas de Transparencia son una de nuestras fuentes de notas y la clásica negativa de información la solventamos utilizando estos recursos”.

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Jorge Díaz Ponce, de 25 años,  trabajó en El Juglar, de Ciudad Guzmán, un medio que alcanzó a sobrevivir seis años, el último de éstos en versión digital. Ante el pago de 50 pesos por nota que recibían los reporteros, el todavía estudiante de la licenciatura en Periodismo combinaba su actividad con un trabajo como cajero en una tienda departamental.

“No había anunciantes. Los periódicos fuertes se sostienen principalmente por la publicidad de los ayuntamientos de Gómez Farías, Zapoltitic, Tuxpan, Tamazula, Zapotlán  o Tecalitán. Y nosotros al ser un medio crítico, no teníamos patrocinio y los socios se enfadaron. Sólo dos reporteros nos quedamos manejándolo y cuando nos dijeron adiós nos la vimos dura. No había a donde ir”.

Cuando cerró El juglar en abril del 2014, él se dedicó a hacer Contragolpe, una revista de deportes, con Mario Galindo, otro reportero. Ellos mismos diseñaban, subían vídeos a internet, redactaban e iban de puerta en puerta vendiendo publicidad. “Lo movíamos como si fuera birote”.

Pero en diciembre también lo cerraron. “Acá los patrocinadores no valoran el trabajo de uno”.

Actualmente, Jorge y Mario tienen un programa deportivo en el Canal 4, la televisora más tradicional  de la región y también publican en redes sociales.

“En los periódicos locales todos sacan el mismo boletín del ayuntamiento. Todo es muy seco, muy alineado. Sí hay algunos periodistas que tienen perfil crítico, pero los medios no pueden salirse mucho del esquema oficialista”, contextualiza.

Jorge Díaz también se sostiene vendiendo fotografías de los equipos o DVD´s de las finales de las Ligas Amateurs. “Pero aunque tenga poca paga, estoy generando experiencia y eso es para mí muy valioso, para cumplir mi sueño de estar en un gran diario”.

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Para quien no recibe un salario justo por su trabajo, sólo hay un pago que lo vale todo: y ese es el reconocimiento social.  Norberto Servín lo sabe: “Si me mantengo en esto es por el ánimo de la gente.

Me los encuentro en la calle, me platican sus situaciones y al verlo en mis medios se sienten que los tomaron en cuenta, cosa que no hacen los políticos. La gente quiere ser escuchada e informarse con la verdad”.

En el caso de Notialtos, su fundador José Luis González,  explica que tienen casi 250 mil visitas al mes e incluso ya  organizan un festejo por el primer año en el que invitarán al caricaturista Helguera a dar una conferencia.

“Falta que la sociedad y los patrocinadores apoyen con recurso. La libertad de expresión también tiene que ver con que podamos llevar la comida a la casa”.

Y Carmen Aggi tampoco se rendirá en su lucha y en ejercer el oficio al que Gabriel García Márquez definió como el más bello del mundo: “Hay quienes nos llaman chismosos. Pero muchos son nuestros fieles lectores y  seguidores. Nos hemos ganado el respeto denunciando irregularidades y lo que hacen mal los gobernantes. Letra Fría a tres años de que nació ha crecido. Tenemos cien mil visitas al mes. Siempre hay alguien que agradece y valora tu trabajo. Yo me quedo con eso. Con una persona a la que le sea útil la información que yo publico, con eso estamos del otro lado”.

Por Julio Ríos

¿Qué es el periodismo disruptivo?

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tapa-periodismo-disruptivoEl terremoto digital que comenzó a mediados de la última década del siglo XX tras el surgimiento de Internet, y que se extiende hasta hoy con la revolución de las redes sociales y los dispositivos móviles, erosiona tanto la relevancia social como la sustentabilidad económica de la industria de los medios de comunicación.

Acostumbrados por décadas a exitosos modelos industriales de producción y distribución de las noticias, con altos niveles de rentabilidad y confianza pública, los ejecutivos de las compañías de medios y los periodistas deben adaptarse ahora a nuevas formas de consumo propiciadas por la aceleración tecnológica.

La prensa de calidad necesita refundar sus modelos periodísticos, organizacionales y de negocio para atravesar con éxito la transición digital.

Reconvertir el portafolio de productos, y principalmente la propuesta de valor social, junto a una transformación de la cultura y los perfiles profesionales, son imperativos de la época.

Los compiladores y autores de este libro, cada uno desde su campo profesional o académico, ofrecen miradas y reflexiones para comprender la naturaleza disruptiva de los cambios que enfrentan los medios de comunicación.

En conjunto, construyen un plan de acción inmediato para el futuro sustentable de los medios.

Porque el momento es ahora.

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Tomado de la página web de La Crujia

El libro trae prólogo de Rosental Alves y fue editado por La Crujía (B. Aires)

Cómo sentirte ganador en los debates de las redes sociales

ganar discusiones en internet

Fotografía: BlueSkyImage – Shutterstock

 

Es importante aclarar que estas herramientas sirven de poco o casi nada en contra de los trolls de internet.

En ese caso, no hay argumento que exponer ni ideas que transformar, sólo hay una persona con gana de ejercer poder y de hacerte sentir mal.

En ese caso, don’t feed the troll, lo mejor que puedes hacer es ignorarlo. Pero las discusiones importantes, ya sea en internet o en la vida real, pueden ser ganadas con ciertos cambios, relacionados con dejar de pelear y comenzar a debatir. Un buen argumento no es suficiente, sino que hace falta exponerlo de la forma adecuada.

Los tipos de discusiones

Existen varios tipos de discusiones, tal cual como plantea Dan Cohen en su Ted Talk. En primer lugar tenemos el modelo dialéctico, que resulta el más común: las personas esgrimen sus argumentos como arma y en poco tiempo la discusión se transforma en una batalla campal, donde son comunes los gritos y las agresiones personales. Esta es la forma de discusión más popular, pero también la menos efectiva.

En segundo lugar están los argumentos basados en pruebas. Las personas exponen las pruebas que tienen para respaldar su opinión, sin obtener siquiera confrontación o discusión. Se trata sólo de dar tu parecer sin tener en cuenta el feedback de los otros. Pero hay una tercera forma de debate, que es un poco más efectivo: el modelo retórico, en el que la persona expone su argumento ante una audiencia, adaptándolo a las personas que le escuchan, como lo haría un abogado frente a una corte.

 Ganar o perder es relativo

Después de entender las formas de discusión, es importante tener una premisa en mente: ganar es relativo. Cuando ‘pierdes’ una discusión, en realidad estás adquiriendo nuevo conocimiento, hay una ganancia cognitiva pues estás adquiriendo una idea nueva; pero cuando ‘ganas’ una discusión, apenas estás disfrutando de un sentido momentáneo de poder, estás comprobando que tienes la razón y nada más. Es una satisfacción pasajera.

Desde esta perspectiva, el primer truco para ganar las discusiones en internet es entender tus motivaciones y comprender que discutir algo no es una batalla campal en la que se debe ganar a toda costa. De hecho, cuando colocas a la otra persona contra la pared e intentas convencerla de que tu opinión es la correcta, obtienes exactamente el efecto contrario.

Cuando intentas obligar a alguien a que cambie su forma de pensar, que acepte que está equivocado sólo lograrás que esa persona asuma una posición defensiva.

A nadie le gusta la derrota, mucho menos que venga otra persona a imponer sus ideas.

Intentar ganar una discusión no sirve de nada, porque en realidad no hay nada que ganar. En la medida en que intentes obligar a alguien a aceptar que tienes la razón, estarás ganándote un enemigo en vez de lograr tu objetivo.

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¿Cómo ganar discusiones en internet?

Asumamos que ya comprendiste que no hay ganadores ni perdedores en una discusión, que tienes un argumento sólido que puedes respaldar con pruebas pero que pelear no sirve de nada, entonces ¿qué debes hacer? La respuesta es simple: persuasión.

La persuasión es la verdadera arma para hacerte entender en una discusión, pues es de esta forma en la que lograrás que tu mensaje sea escuchado y que de verdad logre influir en el otro.

¿Has escuchado ese dicho que dice “se atrapan más moscas con miel que con hiel”? Pues de eso se trata la persuasión. Hay muchas técnicas de persuasión, pero la más sencilla es la que busca hacer que tu interlocutor se identifique con tus postulados para lograr influir en ellos.

El primer paso es la escucha activa: escucha atentamente a la otra persona. Intenta ponerte en su lugar y hazle entender que intentas comprender sus argumentos. Luego de esto, puedes crear empatía, es decir, hacerle ver que entiendes de dónde vienen y cómo se sienten.

Luego puedes hacer rapport. El rapport se trata de hacer que ellos sientan empatía por ti, explicar cómo te sientes y por qué piensas de esa manera. La idea es lograr que haya un sentimiento de confianza, hacerles ver que no eres su enemigo ni su contrincante.

Sólo cuando alcances esto, puedes comenzar a influir en ellos. Esto no se logra a través de la imposición, todo lo contrario. En este paso lo más importante es avanzar juntos hacia una solución, que englobe tu forma de pensar y la de ellos.

No se trata de ganar o perder, sino de llegar juntos a una conclusión. De este modo, ambos ‘ganan’ la discusión: tú serás capaz de entender la posición del otro, sus motivaciones, mientras que la otra persona logrará irse con una nueva idea. El secreto para ganar las discusiones es precisamente ese, no dejarse atrapar en la trampa del ego y lograr una solución efectiva a un dilema.

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Autora: Ame Rodríguez, de Hipertextual

Cuatro consejos de Tom Wolfe para un periodismo honesto

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foto Tom Wolfe

Realismo: tendencia artística y literaria que consiste en representar fielmente la realidad y crear cierta tensión emocional sin llevar a cabo ninguna idealización.

En la época en que comenzaba el periodismo en las ciudades de Europa también surgió en literatura un movimiento opuesto al Romanticismo. Se llamó Realismo Social o Literario y se trasladó a otras artes, como la pintura. Empezaba también la fotografía. S. XIX.

Interesa eso del Realismo Social porque fue el movimiento en que se fijaron algunos periodistas de Estados Unidos en los 60′, que revolucionaron las formas y que Tom Wolfe bautizó como “Nuevo Periodismo”.

Tom Wolfe, Gay Talese, John Sack, Truman Capote. Releyeron a Henry Fielding,Honoré de Balzac, Charles Dickens, Fedor Dostoievski o Nikolai Gogol para deslizar en sus reportajes los aciertos que reflejaban fielmente la realidad, la época y sus protagonistas. Lo hicieron “a base de instinto más que de teoría”, escribió Wolfe.

¿Y qué ofrecía la novela realista que interesara a esos periodistas? “La inmediatez, la comunicación emotiva y su capacidad para apasionar y absorber”.

Se preguntaron por qué el periodismo no podría tener esas cualidades. ¿Qué periodista, maldita sea, no quiere apasionar, absorber y emocionar, además de reflejar fielmente la realidad?

Tom Wolfe señala que sólo cuatro procedimientos acercan el periodismo a la fuerza de la realidad que plasmaron Balzac, Dickens o Dostoievsky.

1. Construcción escena por escena

El procedimiento fundamental. Así compusimos el reportaje sobre Marcos Ana. Wolfe lo dice así: “contar la historia saltando de una escena a otra y recurriendo lo menos posible a la mera narración histórica”.

Este requisito obliga a un nuevo modo de recolección de datos: “proezas a veces extraordinarias para conseguir su material los nuevos periodistas para ser efectivamente testigos de escenas de la vida de otras personas”.

2. Registrar el diálogo completo

La evolución lógica del procedimiento anterior. El diálogo, sin narrador, es una escena en sí misma. Para Tom Wolfe el diálogo realista “capta al lector de forma más completa que cualquier otro procedimiento individual. Al mismo tiempo afirma y sitúa al personaje con mayor rapidez”.

De Dickens se ha dicho que describía todos los pormenores de sus personajes, pero que un buen análisis revelaba cómo había empleado únicamente tres frases a describirlos físicamente. El resto lo conseguía el diálogo.

3. El punto de vista en tercera persona

El objetivo: meter al lector en la piel del personaje y experimentar la realidad emotiva de la escena.

Para Wolfe, el punto de vista en primera persona “significa una grave limitación para el periodista, ya que sólo puede meter al lector en la piel de un único personaje (él mismo), un punto de vista que a menudo se revela ajeno a la narración e irritante para el lector”.

Para conseguir penetrar en los pensamientos de otro, la tercera persona, dice Wolfe, es ideal. Y para conseguir esa información no hay más remedio que entrevistar a la persona sobre sus pensamientos y emociones junto con todo lo demás. Cómo logres que te hable de ello se consigue con experiencia.

Sobre el punto de vista en primera persona en periodismo narrativo hay al menos una honrosa excepción a la tesis de Wolfe: Juan José Millás.

4. El estatus

Los gestos cotidianos muestran más del personaje que la descripción. Wolfe registra los hábitos y los modales, la forma de vestir y las costumbres, el comportamiento con los niños, con superiores y con iguales, las miradas, las formas de andar. En suma, los detalles simbólicos que muestran, no dicen, el status de vida de aquella persona.

Reproduzco un párrafo completo que Wolfe incluye sobre cómo Balzac mostraba el estatus de sus personajes en sus obras:

“Balzac acumula detalles tan implacablemente y al mismo tiempo con tanta meticulosidad (difícilmente habrá un detalle que no arroje luz sobre peculiaridades de estatus) que dispara los recuerdos del lector sobre su propio estatus, sus propias ambiciones, inseguridades, deleites, desastres, además de las mil y una humillaciones y golpes que su condición recibe en la vida cotidiana, y los dispara una y otra vez hasta crear una atmósfera rica y absorbente”.

Quizás el secreto sea ese: evocarle al propio lector quién es y quién podría haber sido. Que el relato le concierna, aunque se hable de otro.

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Tomado de http://www.vidasajenas.es

El 63% de ciudadanos lee noticias en las redes sociales

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foto Facebook II

Las redes sociales ya no son sólo para compartir fotos de las vacaciones.  Se están afianzando, de hecho, en ser fuentes de información (y hasta en medios de comunicación).

Es lo que revelan los últimos datos publicados por Pew Research, que muestran que el porcentaje de usuarios de Facebook en Twitter que obtienen noticias de sus plataformas ha aumentado en los dos últimos años, y ya son mayoría en las dos.

Así, según una encuesta de Pew Research, un 63% de los usuarios de ambas redes asegura obtener información de ellas, frente a los datos de 2013, cuando un 52% de los de Twitter y un 47% de los de Facebook decía lo mismo.

Esto se debe, apuntan desde Pew, a múltiples factores:

Cambios de comportamiento de usuarios

De los propios medios y de las propias plataformas, que han cambiado sus algoritmos y sistemas de filtrado en los últimos años: quieren ser fuentes de información. Algo que ha desembocado en una mayor exposición a noticias, que conforman cada vez una parte más importante de lo que se difunde por estas redes.

No obstante, aunque pueda parecer que Twitter y Facebook empatan, no es del todo así. Como señalan desde Pew Research, la red social de Zuckerberg cuenta con muchísimos más usuarios que Twitter, por lo menos en EEUU.

Por lo que la proporción entre la población general de los que obtienen información por Facebook es de cuatro de cada diez americanos. Sólo uno de cada diez estadounidenses obtiene noticias por Twitter, dado que su uso está menos extendido entre la población.

Modos distintos de dar información

Según Pew, aunque ambas redes se consolidan como fuentes de información, difieren en la forma de hacerlo. Así, los datos muestran que Twitter especializa en la información de última hora, con seis de cada diez tuiteros asegurando que usa esta red para esta función. En Facebook sólo dice esto tres de cada diez.

Además, Twitter gana en variedad. Así, dos de cada tres tuiteros (un 67%) aseguró haber visto seis de las 11 categorías de noticias en sus ‘feeds’, mientras que sólo un 57% de los usuarios de Facebook decía lo mismo.

Hay diferencias en las temáticas que más se suelen ver en las dos redes.

El entretenimiento destaca en ambas, seguida por deportes y temáticas locales, pero Twitter, más variado, supera a Facebook en casi todas las categorías. No obstante, como muestra el gráfico, Facebook ha triunfado por encima de Twitter a la hora de mostrar noticias locales y de la comunidad a sus usuarios, la información sobre crimen, de gobierno y política local y de salud y medicina.

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Tomado de 233grados.com

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