Un perverso modelo para los canales de televisión

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Rubén Darío Buitrón

Un documento de Harvard Business School (2004) narra el caso de Christine Day, vicepresidente senior de administración de la empresa cafetera Starbucks, de Estados Unidos, quien en 2002, mientras su jefe, Howard Schultz, se jactaba de que su negocio “era a prueba de recesión”, se alistaba para presentar un plan a Schultz y a Orin Smith, director general de la empresa.

El proyecto de Christine Day, que debería presentarse en dos días a sus superiores, pretendía “invertir anualmente 40 millones de dólares adicionales en los 4.500 locales de la compañía, lo cual permitiría que cada local añadiera el equivalente de veinte horas de trabajo a la semana. ‘La idea es mejorar la velocidad de servicio y, por consiguiente, aumentar la satisfacción del cliente”, pensaba Day.

Lo que en el fondo ocurría, sin embargo, era que Schultz y Smith manejaban el boyante negocio con la suposición de que Starbucks daba un buen servicio al cliente, pero Day estaba convencida de que habían “comenzado a perder de vista al consumidor (…). Debido a nuestro foco en construir la marca e introducir productos nuevos, simplemente hemos dejado de hablar acerca del cliente. Hemos perdido la conexión entre satisfacer a nuestros clientes y hacer crecer al negocio”.

¿Sobre qué argumentos podría Day sostener sus argumentos frente a los máximos directivos de la empresa? Según el documento que estamos analizando, “la estructura organizativa también implicaba que que el mercado y las tendencias relativas al cliente muchas veces pasaban por alto. “Tendemos a ser muy buenos en recopilar datos del mercado –advertía Day-, pero no siempre usamos esta información para informar la toma de decisiones”.

El tema de fondo, para Day y muchos de los “socios” o empleados de Starbucks, era que les llegaba información de los estudios de mercado que contradecían ciertas suposiciones fundamentales acerca de nuestra marca y de nuestros clientes. El problema fue que esta evidencia estaba por todos lados –pero nadie estaba mirando la ‘película completa’. Como consecuencia, perdimos mucho tiempo antes de que nos diéramos cuenta”.

Lo mismo ocurre con los medios convencionales en el mundo. Sus directivos siguen manejando las empresas de comunicación e información a base de supuestos y de percepciones.

“Muchos canales de televisión se amodorraron en conceptos de programación que no cambian, mientras la gente sí lo hace… (Rey, 2005)”.

En el libro “Del consumidor al ciudadano”, el sociólogo y periodista colombiano Germán Rey asegura que la prensa tradicional no cambia bajo la presunción de que tienen su público cautivo y que no es necesario arriesgar:

“Los públicos se han segmentado. La uniformidad de las audiencias ha desaparecido para dar paso a la creación de parrillas a la orden y a la existencia de comunidades específicas de televidentes. Grandes transformaciones se han vivido en la cultura y en la vida social. Al lado de la urbanización, la revolución de las mujeres, la secularización de la vida cotidiana, el auge de las culturas masivas. Vivir en la ciudad, ser joven, mujer u homosexual, pasar del barrio a la ciudadela, la aparición de los centros comerciales, los conciertos masivos o la renovación de las relaciones afectivas… Todo esto tiene relación con ver televisión”.

Parecería, sin embargo, que muchos directivos, propietarios o accionistas de los canales de televisión no se han percatado de estos cambios esenciales en la vida cotidiana, en los hábitos de la gente. Y que, aferrados a un poco creíble medición de audiencias o “rating”, prefieren cerrar los ojos ante la realidad.

En el estudio “El rating es un misterio en el Ecuador”, del 14 de febrero de 2012, publicado en https://tvparami.wordpress.com, queda claro que el manejo de este tipo de medición presenta fragilidades y es poco transparente, pues depende de factores que, en verdad, no permiten al propietario o dueño del medio mirar y valorar sus cifras con precisión para diseñar planes de cambio en función de esos datos.

Leamos un fragmento del estudio citado: “La percepción ciudadana contrasta con la realidad cuando se intenta determinar cuál es el canal de televisión más visto en el Ecuador. En un sondeo rápido, de 250 personas consultadas, más del 40 por ciento opinó que dicho canal es Ecuavisa y solo el 1,6 por ciento pensó en TC Televisión. No obstante, el canal con mayor sintonía en el territorio nacional –refiriéndose a la oferta local, por supuesto, es TC.

“En eso concuerdan los directores de programación de siete frecuencias en el mercado ecuatoriano (Ecuavisa, RTS, Teleamazonas, Gama, TC, Canal Uno y Ecuador TV), quienes disponen de datos de medición de audiencias en el país, información proporcionada por la única compañía dedicada a medir el rating en Ecuador: la empresa brasilera Ibope, la más grande empresa de investigación de mercados en Latinoamérica, según afirma en su propia página web.

“Si existen tales estudios, ¿a qué se debe la desinformación de los televidentes? La respuesta se anida en las políticas de Ibope, que solo otorga los datos de rating a los canales que contratan sus servicios. Los beneficiarios manejan la información con secretismo, a veces reservándola para instancias gerenciales, sin transparentarla ante su clientela (los televidentes) y en algunos casos hasta manteniéndola oculta de los propios empleados.

“La periodista y catedrática de Teorías de la Comunicación, Torffe Quintero, dice que la estrategia de Ibope apunta, igual que los medios de televisión, a ocultar los datos para que los televidentes se conformen con aquello de que los medios ‘dan lo que pide’ el público.

“Quintero considera que si un usuario no sabe realmente cuál es el rating de un programa debe limitarse a creer lo que el mismo medio dice, lo que contribuye a disminuir la criticidad del público. Lastimosamente –concluye Quintero- la sociedad se acostumbró a recibir información del poder, desde el poder y favorecedora al poder”.

Así que, al igual que los grandes ejecutivos de Starbucks, que se concentraban en mirar el bosque y no los árboles, abandonando sus valores fundacionales y perdiendo la perspectiva de la necesidad de las transformaciones externas, los canales de TV “no están interesados en reflejar la realidad sino en competir entre ellos. Una cadena televisiva no puede permitirse carecer de la noticia que posee su rival directo y, en consecuencia, todos acaban observando no la vida real sino a la competencia”. (Kapuscinski, 2003).

La urgencia de los directivos de los canales ecuatorianos de TV es tomar decisiones de cambio en función de los nuevos tiempos, así como  Shultz transformó sus conceptos, pero no todo logra redondearse cuando el propietario no termina por entender que vivía una crisis de estancamiento pese al crecimiento económico, asunto que  Christine Day lo tuvo claro siempre:

“He tenido que tomar decisiones duras y he llegado a la conclusión de que los intereses de la organización son contrarios a los intereses de una persona o un grupo. Sacrificar los sentimientos de las personas y, en más de una ocasión, una relación personal por el bien de miles de socios ha sido uno de los elementos más dolorosos de mi trabajo en Starbucks. Se hacía necesario un cambio de rumbo”. (Schultz, 2011).

¿Hasta qué punto Schultz resuelve la situación y en qué medida ha dejado su obsesión por ganar a pesar de su descuido con los clientes?

“La normalización se celebra con mucho bombo como cultura global y se utiliza contra los intereses de los empleados, que quieren una remuneración decente y condiciones de trabajo humanas. Si alguien opone resistencia, le recuerdan la ideología de la ‘gran familia’ o, si eso no da resultado, lo silencian con controles y despidos”. (Wallraff, 2010).

La lección final es que el equilibrio es la clave para el éxito, pero un éxito que debe basarse en la satisfacción de todos: propietarios, socios, empleados y clientes, no sobre la explotación de uno de los dos últimos.

Schultz lo logra, en apariencia, a costa de la explotación de sus empleados. El dueño de un medio, en cambio, como  Day, está obligado a conseguir el justo medio, el punto donde el modelo de negocio es una circunferencia que abraza a todos por igual.

En el caso de los medios, “la transformación social que ya venía en camino –y sobre la cual no hay dudas- está rompiendo los viejos monopolios de la comunicación y del poder para crear nuevas posibilidades de expresión libre y democracia política porque la clave es entender que el carácter del público cambió y este selecciona y desecha rápidamente lo que le gusta o no”. (Starr, Paul, en “El fin de los periódicos”).

La fijación de Shultz o la sensatez de Christine Day. He ahí los dos caminos que los medios tienen para su futuro inmediato.

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Bibliografía

-“Starbucks: Brindando servicio al cliente”, ensayo de Youngme Moon y John Quelch. Harvard Business School, febrero 2014.

-La TV, del consumidor al ciudadano. Compilador: Omar Rincón. La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2005.

https://tvparami.wordpress.com/2012/02/14/el-rating-es-un-misterio-en-ecuador/

-“Los cínicos no sirven para este oficio”. Riszard Kapuscinski. Editorial Anagrama, Barcelona, 2003.

– “El desafío Starbucks”, por Howard Schultz. Prisa Ediciones, Madrid, 2011.

-“Con los perdedores del mejor de los mundos”, Günter Wallraff. Anagrama, Barcelona, 2010.|

¿Qué revolución se juega en el Ecuador después del domingo 19 de febrero?

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Corrupción, política y periodismo

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Rubén Darío Buitrón

Un escandaloso caso de corrupción con fondos del Estado ha dejado en evidencia, otra vez, pero ahora con más claridad, que hay dos tipos de periodistas: los que se venden y sirven a intereses oscuros y los periodistas que mantienen incólume su actitud y su trabajo y su esfuerzo por el bien común.

No hablo de periodismo privado ni “público”. Con excepción de lo que está haciendo la radio gubernamental bajo la dirección de Giovanna Tassi y algunos programas aislados y uno o dos espacios de EcuadorTV, donde brillan Carlos Rabascall, Rodolfo Muñoz o Mariuxi Mosquera, nada o casi nada los diferencia del viejo pero siempre vigente estilo (?) de las parrillas de programación de los tradicionales y poderosos canales privados.

Igual puedo decir de los periódicos. ¿Qué les diferencia a los privados y al supuesto “diario público”?

¿Sus líneas editoriales sesgadas, sus titulares a conveniencia, sus actores y protagonistas según el interés de unos u otros, su manera de ver fragmentos de la realidad (pero solo fragmentos) y su poder para crear portadas que influyan en una o otra dirección política a los lectores?

Por eso sostengo, aún a mi pesar, que en estos diez años de gobierno de la revolución ciudadana sus directivos, en especial los encargados de manejar la comunicación (no la propaganda, que es totalmente otra cosa), no han podido armar un proyecto de información creíble que incida en la sociedad, que nos haga sentir a todos como parte de eso que llaman “medios públicos”, pero que no lo son.

Tres medios privados han sido noticia esta primera semana de febrero: Ecuavisa, con Tania Tinoco; Teleamazonas, con Janeth Hinostroza; y Diario Expreso, con su conocido reportero Andersson Boscán y un misterioso y oscuro periodista español llamado Ricardo Árquez.

¿Por qué? Cada uno por su lado (al menos, es lo que parece, pero no puedo asegurar lo contrario) fueron a Miami, el refugio de los corruptos latinoamericanos, a entrevistar a Carlos Pareja Yanuselli, exfuncionario gubernamental y mano derecha del vicepresidente Jorge Glas, quien lo designó para que encargara de conducir uno de los ministerios esenciales de nuestra economía.

Ese ministerio fue el de Petróleos y Pareja Yanuselli, que burdamente creó empresas y desvió dinero a las cuentas de una empresa CAPAYA (fíjense el apuro o la poca imaginación de este delincuente).

Pareja resultó un corrupto que creó grandes empresas fantasmas y se apropió de millones de dólares junto con una banda (no cabe llamarlos de otra manera) de pillos integrada por su familia directa y por parientes y amigos de otro corrupto, este sí en prisión, Alex Bravo, quien en menos de medio año se convirtió en uno de los más millonarios del país con empresas, mansiones, dinero escondido hasta en los techos de las casas de otros funcionarios cómplices.

Glas, quien es candidato de nuevo a la vicepresidencia de la República con Lenin Moreno, exvicepresidente de Rafael Correa y hoy de nuevo aspirante a ser mandatario, ha dicho muchas veces que él “es el funcionario más auditado e investigado de la historia”.

¿Con eso quiere decir que él no tiene ninguna responsabilidad en el caso? No, necesariamente. Porque hasta ahora nadie nos ha dicho cómo y por qué Glas o el presidente Correa resolvieron seleccionar a Pareja.

Y ahí es donde entran los grandes medios o la gran prensa, como yo la llamo irónicamente.

Grande por su poder económico, no por su trascendencia ni por su actitud patriótica. Grande porque hasta hace diez años ponía presidentes, ministros, embajadores, funcionarios en puestos clave para que la favorecieran, por ejemplo en que sus empresas no paguen impuestos por la importación de papel o que tengan información privilegiada que les permitiera hacer negocios, entre otras ventajas. Un ejemplo: ¿con cuánta anticipación conocieron los dueños de los medios que el país iba a dolarizarse y cuánto ganaron al comprar dólares?

Pareja, en cambio, siempre deambuló entre la burocracia de gobiernos pasados, siempre (quizás buscando la oportunidad idónea para dar su golpe) quedándose pocos meses y, esto es una presunción, conociendo la telaraña de los trámites estatales para volverse millonario y empresario off shore cuando fuera oportuno.

Pero deambuló también por la gran prensa, en especial por diario Expreso, que lo acogió y lo mantuvo como uno de los “expertos petroleros” más significativos e importantes de su plantilla. Tenía sus páginas dominicales con grandes análisis y mantenía columnas donde era articulista, siempre centrado en el tema del petróleo.

Ahora es fácil saber para qué lo hacía. Tuvo la astucia de esperar muchos años hasta consolidarse como un imprescindible ciudadano que debía integrar la filas de la revolución ciudadana en calidad de sabio del manejo del petróleo. Se posicionó así. Y llegó a las alturas.

No olvidemos nunca esa imagen en la que Pareja está a la derecha y Bravo a la izquierda. Al fondo, la refinería de Esmeraldas, repotenciada a un costo muy superior al previsto.

En la mitad de ellos, emocionado, el vicepresidente Jorge Glas, encargado siempre de los sectores estratégicos del Estado, levantando las manos de Pareja y de Bravo y diciendo al país: “Lo logramos, Carlos y Alex, lo logramos”.

¿Qué pensará ahora Jorge Glas cuando ve esa repetida imagen? ¿Por qué nadie le ha preguntado sobre aquello? ¿Cómo se sentirá?

Hago un salto en la historia.

Meses después de que la Interpol supuestamente lo estaba buscando, con etiqueta roja (la más grave) porque huyó del país y se presumía que estaba en España, según los mismos funcionarios estatales, Pareja aparece en un hotel de Miami.

Aparece en calidad de víctima. Y en calidad de “testigo”, pero de testigo cobarde que no se atreve a decir lo que, según él, tiene que decir sobre la corrupción gubernamental.

Apenas si se arriesga a decir que “todo lo que se decidía en los sectores estratégicos lo conocía y lo avalaba Jorge Glas”. ¿Puede demostrarlo?

“El resto me me lo llevaré a la tumba”, dice el prófugo que, según se sabe ahora, mantenía correspondencia con el Presidente pidiéndole clemencia (aunque queda el sabor agridulce de que el Mandatario no nos contó ese pequeño pero clave detalle de los mails que iban y venían).

¿Capaya se lo llevará a la tumba junto con los millones de millones dólares que robó? Y, entonces, ¿para qué el show del polígrafo? Que lo aproveche en el infierno.

Pero voy al punto que más me interesa tocar: el de que hay una conspiración mediática para desprestigiar al Gobierno apenas a dos semanas de las elecciones.

Decir eso, aunque su mentor sea el venerable Atilio Borón, es ligero y poco sustentado, además de previsible.

¿No bastaron diez años de guerra abierta contra la prensa privada para restar la credibilidad de esta?

¿No fue capaz la revolución ciudadana de construir, pese a la amplia red de medios con los que cuenta, de construir una información no sesgada -igual que la de la privada- para que el país crea en su palabra?

¿Se confiaron o confundieron (voy más por la segunda) de que la maquinaria propagandística era suficiente?

Y ahora estamos presenciando las consecuencias de una comunicación gubernamental manejada desde el periodismo más con el hígado que con la razón.

Más con arrogancia intelectual que con la necesidad de demostrar a su competencia que sí se puede hacer periodismo público pero cuando se cuenta con el público, no cuando se toman decisiones (igual que lo hace la prensa privada) desde una mesa de editores donde priman la sabiduría, la percepción, la prepotencia y el carácter intuitivo de quienes manejan medios cuyo rating y cuya venta (en el caso del periódico) son mínimos frente a la prensa privada.

Se ha dicho mucho sobre los mercenarios del periodismo que fueron en busca de Pareja a Miami. Y hay decenas de preguntas:

¿Quién pagó el viaje de los mercenarios?

¿Cómo y quién los contactó?

¿Por qué se prestaron a lavar la imagen de un poderoso corrupto y van contra los intereses del país y contra el bien común?

¿Cómo es posible que se autodenominen “periodistas” y no sean capaces de cumplir el manual básico del periodismo que es constrastar, verificar?

¿Por qué se arriesgaron a ser cómplices del corrupto al conocer dónde está y no informar a la lenta (o calculadora) fiscalía ecuatoriana que ahora dice (este es otro problema que despierta sospechas desde el otro lado) que ya tiene los nombres del otro escándalo, el de Odebrecht, pero que aún “no puede revelar”?

¿Por qué la gran prensa no se atreve a publicar al menos una crónica, sino se arriesga a hacerlo con la entrevista, en sus medios, de manera formal, y lanzan a la víctima corrupta o al corrupto que hoy quiere aparecer como víctima, al aire desde espacios fantasmas en las redes sociales o, en el caso del periódico de marras, que grita a enormes titulares de que no publicaron por “ética”, cuando en realidad no lo hacen para que no les cayera el peso de la Ley de Comunicación ni un juicio penal como el que enfrentó El Universo cuando Emilio Palacio huyó a Miami después de fungir de “valiente editorialista”?

Cuando la gente escribe en redes sociales que los medios ecuatorianos son corruptos y que los periodistas también lo son, yo rechazo, públicamente, esas opiniones.

No son periodistas los que están dando la cara y los que están detrás.

Los que están detrás son titiriteros, son manipuladores, son compradores de conciencias, son auspiciantes de candidatos de extrema derecha, son corruptos en sus maneras de actuar, son cómplices de los autodenominados periodistas que son, en realidad, mercenarios y fanáticos enceguecidos en contra el gobierno de Rafael Correa.

Y los dueños de los tres medios implicados, ahora tan inocentes y tan morales y tan transparentes, usan misteriosas redes sociales para no comprometer su marca ni su empresa: lo ocurrido con Tania Tinoco es una vergüenza nacional. En un extraño “editorial” leído con tono admonitorio contra su compañera en el noticiero de la noche del domingo, dijo que “Ecuavisa no conoció del viaje de Tinoco (nótese el trato por el apellido) ni se responsabiliza del tema porque ella lo hizo a título personal).

En Ecuavisa, señores, como decía Pinochet, no se mueve una hoja de árbol sin la orden del jefe máximo, en este caso “Don Xavier”. Así que si Tania Tinoco no renuncia o no la botan, será otra de las tantas mentiras del Canal del Cerro.

Pero, en el fondo de todo, me quedan dos sensaciones devastadoras.

Una, que en diez años no hayamos sido capaces (me incluyo como ciudadano y como periodista) de vencer en la batalla contra la gran prensa.

Dos, que si no hay una revolución profunda, la cloaca de la corrupción en el Ecuador será más grande y más amplia cada día, como una enorme mansión abandonada en Samborondón.

Hay que cambiar el chip social y estar claros de que ofrecerle al agente de tránsito 10 dólares para que no nos multe es tan corrupto como llevarse millones de dólares de las arcas del Estado. Se trata de una actitud honesta y transparente en cada acto de la vida.

De lo contrario, la corrupción seguirá como uno de los grandes males históricos del país que nunca pudimos combatir.

Y no hemos podido hacer porque ni la derecha ni el progresismo de izquierda ha creado una estructura política autocrítica, que depure sus malos cuadros, que forme nuevos líderes honestos, que expulse a los expertos en moverse en las pantanosas aguas de la vieja y de la nueva partidocracia y que, realmente, haya un gobierno de manos limpias, bien limpias.

Y sin justificar que el problema de la corrupción es histórico ni pensar -qué ingenuo sería- que Carlos Pareja Yanuselli y su banda son los únicos que en estos diez años mancharon sus manos limpias y sus corazones ardientes.

‘Las crónicas e historias tienen gran futuro en medios digitales’

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Nueve lecciones de Martin Baron, director de The Washington Post *

Hemos sobrevivido a los cambios tecnológicos

Los cambios tecnológicos han provocado un auténtico tsunami en el periodismo que no solo no es posible ignorar, sino que es necesario acoger, aceptar y tomarlo con entusiasmo.

Baron dice que en los últimos 12 años hemos sido testigos de cómo los avances tecnológicos han causado una devastación en el periodismo. Unos cambios abrumadores, pero a los que hemos sobrevivido.

Hemos sobrevivido, pero, en muchos aspectos, apenas si lo hemos logrado. Así que ciertamente no hay espacio para la satisfacción ni para la complacencia.

De todo este cambio surge una conclusión ineludible. Ignorarla sería temerario. Sería negligencia profesional.

Esta es la conclusión: estamos en una sociedad digital y será mejor que nos adaptemos. No solo adaptarnos, sino acoger el cambio con entusiasmo.

Resistirse a los cambios es inútil

La segunda lección se refiere a la actitud de los periodistas ante estos cambios. La actitud personal todavía que se ve en algunos periodistas hacia esta nueva forma de hacer periodismo a la que nos tenemos que adaptar.

Baron habla de negligencia profesional de aquellos periodistas que se resisten a reconocer que la profesión ha cambiado, que sienten nostalgia del periodismo que se hacía en el pasado.

Es obvia la dirección que debe seguir nuestra profesión, aunque todavía haya muchos periodistas que se resisten a las demandas que trae el futuro. Sienten que el pasado los jala. Están apegados a cómo solían ser las cosas. Están cómodos de esa manera.

Yo tuve mi propia etapa de duelo por lo que pensaba se estaba perdiendo en medio de todos estos cambios. Era difícil no sentir nostalgia. Sin embargo, el luto debe terminar en algún momento. Debemos seguir adelante. Así ocurre cuando afrontamos la pérdida de un familiar cercano o de un amigo. Y así también ocurre en nuestra profesión.
Lo cierto es que resulta inútil, e incluso contraproducente, resistirse a los inevitables cambios en nuestra profesión.

El futuro es móvil

Baron afirma que nuestra sociedad no es solo una sociedad digital, sino sobre todo una sociedad móvil, a pesar de que el smartphone no tiene ni una década de vida.

La nuestra no es solo una sociedad digital. Es una sociedad móvil. Tenemos que apropiarnos también de esa realidad. Para 2020, es decir, dentro de solo cuatro años, se estima que el 80 por ciento de los adultos en la Tierra tendrá un teléfono inteligente. 

Internet, prácticamente de la noche a la mañana, ha dado origen a un nuevo medio. Está dando lugar a una nueva forma de periodismo.

Internet ha cambiado las reglas de juego y hay que asumirlo

Cuando llegó Internet, y más adelante las conexiones de banda ancha de alta velocidad, la industria periodística reaccionó como si no hubiera ocurrido nada”, explica Baron. “Vimos a Internet como una nueva forma de distribuir nuestro trabajo pero, por alguna razón, no pensamos en él como un nuevo medio”.

Hoy debemos reconocer, de una vez por todas, que estamos frente a un medio completamente nuevo. 

Este nuevo medio reclama sus propias formas de contar historias, de la misma manera que la radio y la televisión tienen las suyas. 

Y puede que resulte que los móviles representen un nuevo medio por sí mismos, con narrativas distintas a las que uno encuentra navegando el Internet desde un computador.

Por tanto, las empresas informativas, los medios de comunicación deben pensar desde ya en los móviles: cómo crear contenido específico, qué tipo de contenido, cómo lo van a distribuir. Porque Baron lo tiene claro: el futuro es móvil.

Los móviles van a dominar. Hay empresas de capital de riesgo que no financiarán ningún producto digital que no esté pensado principalmente para móviles. Los medios deberán tener una mentalidad enfocada en la experiencia móvil.

Las redes sociales son un aliado

Para el director de The Washington Post las redes sociales son un aliado. Los periodistas y los medios nos quejamos mucho del imperio que están forjando las redes sociales, Facebook, por ejemplo, a costa de un contenido que toman prestado de los medios. Sin embargo, para Baron “las personas están conversando en las redes, así que los medios debemos entender profundamente cómo funcionan”.

Además, los periodistas debemos asumir que la gente ya no va al medio a buscar noticias, sino que espera a que las noticias los encuentren a ellos, por lo que Baron propone algo muy sencillo: escuchar.

Las redes sociales mantendrán una posición de supremacía en la manera en que las personas consumen las noticias y el tipo de noticias que consumen. La gente no considera que les corresponda a ellos buscar la información y las noticias. Ni siquiera lo consideran necesario. La gente espera que la información y las noticias relevantes los encuentren a ellos, a través de las redes sociales.

Tecnología y periodismo van unidos de la mano

Durante su intervención expuso cómo The Washington Post tiene un equipo de ingenieros que trabaja codo con codo con los periodistas de la redacción para crear herramientas, plataformas y productos que enganchen a la gente.

“Si nos quedamos tecnológicamente rezagados, seremos perdedores”, alerta Baron. Por eso anima a los periodistas en general a formarse.

Pero además, hace una llamada a una alianza de los medios con las empresas tecnológicas, que algunos, sobre todo aquí en España, siguen viendo como sus enemigas.

La tecnología de punta será la clave de nuestro éxito. Sin ella, el éxito no será posible. 

No podemos quedarnos atrás. Tenemos que ser líderes. Si nos quedamos tecnológicamente rezagados, seremos perdedores.

Los medios necesitarán personal que maneje tecnología de punta al interior de las redacciones. Tendremos que responder rápidamente a los cambios. Tendremos que crear nuevos productos atractivos para los lectores y para los anunciantes, y tenemos que hacerlo rápido. Como parte de nuestra rutina, tendremos que trabajar en alianza con empresas tecnológicas como Facebook, Apple, Twitter, Google, Snapchat y seguramente muchas otras que aún no han nacido.

El tráfico, las visitas, la audiencia por la audiencia en los sitios web no lo es todo

Por supuesto que es necesario tener lectores, tener público, pero Baron advierte de que esta búsqueda de la audiencia debe ir acompañada de otros factores.

Debo decir que el aumento de tráfico por sí solo no se traducirá en éxito. Si queremos ganar dinero, la innovación y la creatividad en el área de ingresos deberán coincidir con lo que observamos en la sala de redacción.

Volver a las historias profundas

Baron se declara abiertamente optimista respecto al futuro del periodismo. Y explica las razones que justifican este optimismo.

Con frecuencia me preguntan si me siento optimista acerca de nuestra profesión. Yo digo que sí. Aquí les cuento por qué.

Las nuevas narrativas están demostrando que son efectivas a la hora de enganchar a los lectores. La conexión con las historias puede llegar a ser sorprendentemente alta.

El uso del vídeo, las redes sociales, los gráficos interactivos, los documentos originales – todo ello- pueden generar narrativas más vívidas, más viscerales. Incluso más creíbles, porque significa que podemos mostrar, no solo contar.

Las presiones de nuestra industria nos están forzando a prestarle gran atención a nuestros consumidores –lectores, espectadores, oyentes- y eso es algo bueno. Ya no hay espacio para la autoindulgencia. El trabajo que hacemos debe resonar en un público que de manera rutinaria es impaciente, se distrae fácilmente y se aburre rápido.

Así que tenemos un público que se aburre y se distrae fácilmente. Es lógico, los medios de comunicación no solo compiten entre ellos, sino que compiten con las redes sociales, Youtube, Spotify y otras aplicaciones para conseguir la atención de la audiencia.

Entonces, si luchamos por conseguir un poco de atención, la pregunta sería: ¿qué tipo de contenido tenemos que hacer los periodistas? Y aquí el director de The Washington Post lo tiene claro: apuesta por volver a las historias profundas.

Esto no significa que únicamente debamos hacer historias cortas. No tiene que significar que hagamos titulares engañosos. En absoluto. Las historias largas pueden atrapar lectores, y retenerlos, pero deben ser escritas de manera convincente y presentarse en formatos que tengan en cuenta la forma en la que hoy la gente consume la información. Todo lo que hagamos debe merecer el tiempo y la atención que el público le dedica.

Hay una nueva generación de periodistas con un gran potencial

Respecto a las nuevas generaciones de periodistas, las palabras del director de The Washington Post no pueden ser más optimistas y motivadoras. Sus halagos hacia los jóvenes periodistas son claros y directos.

“También me siento alentado por lo que veo en la nueva generación de periodistas que entran a nuestro campo. Llegan con las habilidades necesarias, con las sensibilidades adecuadas. Pueden pensar bien, escribir bien. Son brillantes, enérgicos, entusiastas. Aman lo que el periodismo puede lograr. Entienden su rol vital en la sociedad. Aprecian que haya nuevas formas de contar historias altamente efectivas, que aprovechan las poderosas herramientas que tenemos disponibles”.

Estos jóvenes periodistas son verdaderos nativos digitales. Se nota. Y están determinados a lograr que el periodismo funcione para la gente de su generación. Por eso, no puedo estar más agradecido. 

Los retos más importantes: recuperar la credibilidad y buscar la verdad

Y el último aspecto que quería destacar del discurso de Baron es lo que él considera como el reto más grande que tiene ahora mismo la profesión. Y ese no es otro que recuperar la credibilidad ante la audiencia y buscar la verdad con sus informaciones.

Ahora es posible, como lo anota Applebaum, “vivir en una realidad virtual”, donde las mentiras son aclamadas como la verdad oculta.

De todos los retos que hoy enfrentamos en los medios, éste es el más grande.

Es más grande que nuestro reto de la financiación, es más grande que nuestro reto tecnológico.

Esta es la razón por la cual los periodistas debemos permanecer fieles a nuestro propósito central. Puede que seamos objeto de sospecha, puede que nuestra verificación de datos no tenga acogida, pero se necesita que alguien siga diciendo las cosas como realmente son.

Y no podemos ser tímidos. En medio de la conversación acerca de cómo debemos ser justos en nuestro rol de periodistas – y sí, debemos serlo-, por encima de todo nuestra obligación es ser justos con el público.

Esto significa que debemos perder el miedo a contarle a la gente lo que hemos aprendido, y contárselo de la manera más sencilla posible.

Este es nuestro deber hacia el público. No importan las dificultades y los retos que enfrentemos, es un deber que no debemos abandonar nunca.

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* Tomado del blog del maestro Enrique Bullido

Más Orwell y menos Trump

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El gran oponente de Donald Trump, el presidente tuitero, el gran antiintelectual de nuestra época, no es Hillary Clinton, ni Bernie Sanders ni Barack Obama, sino George Orwell, el escritor y reportero y librero y soldado antifascista que murió en 1950 pero está más vivo que nunca.

Cuando en 2013 se reveló que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) de Estados Unidos nos estaba espiando de un modo indiscriminado, las ventas de la novela 1984 se multiplicaron por siete en Amazon.

Y en pleno proceso actual de transformación de la distopía en realidad, como siempre a través del lenguaje (desde los tuits sobre Corea del Norte hasta la firma de la orden ejecutiva para construir un nuevo muro), la expresión “hechos alternativos” en boca de Kellyanne Conway —que en pocos días pasó de dirigir la campaña electoral a asesorar en el Despacho Oval—, ha situado el libro sobre el Gran Hermano y el Ministerio del Amor y el doblepiensa en el más vendido del megasupermercado online.

No es La conjura contra América, de Philip Roth, una ucronía de estilo realista que fabula el ascenso a la Casa Blanca de un presidente fascista, aliado de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. No son los Diarios de Victor Klemperer, el filólogo que anotó y desmenuzó, sabia y maniáticamente, cada una de las palabras que eran adulteradas y envenenadas por la retórica nazi.

Se trata de una novela futurista sobre la censura y la vigilancia, sobre el nacionalismo y el totalitarismo, que anticipa la omnipresencia de los helicópteros como vehículos de biocontrol y de las pantallas panópticas, y que da por descontado que, en un futuro en guerra, la gran alianza de Gran Bretaña sería con los Estados Unidos y no con Europa.

Una novela sobre el lenguaje como un líquido viscoso que se filtra por los poros de los pliegues del cerebro: es la neolengua la que permite el doblepiensa, una disciplina mental que logra que creas simultáneamente en dos verdades contradictorias.

“Lo que vi en España no me ha vuelto escéptico, pero me ha convencido de que el futuro se presenta muy negro”, escribió Orwell en una carta al escritor y productor de radio Rayner Heppenstall el 31 de julio de 1937.

A partir de ese momento, Homenaje a Cataluña (1938), Rebelión en la granja (1945) y, finalmente, 1984 (1949) comparten la obsesión por desenmascarar el estalinismo.

En unos años en que todos escribían contra Hitler, Orwell lo hacía contra Stalin.

En unos años en que todos veían la paja en el ojo ajeno, Orwell —quien era británico— publica el artículo “Antisemistismo en Inglaterra” (1945).

No obstante, sus tres obras mayores constituyen un testamento que supera las encarnaciones históricas del totalitarismo.

El Fascismo es una fuerza superior que se metamorfosea y sobrevive.

Él creía y defendía un socialismo democrático que, si llegó a existir, fue enterrado por el capitalismo huracanado y de ficción.

Tal vez haya dos tipos de clásicos, esos textos ajenos a los spoilers, esos textos que nunca pasan de moda: los que invitan a ser reimaginados y los que invitan a ser reactivados. La novela 1984 pertenece a esta segunda categoría.

Durante las últimas décadas su crítica política ha provocado tanto adaptaciones directas (televisivas, cinematográficas, radiofónicas) como versiones libres (del film Brazil de Terry Gilliam al cómic V de Vendetta de Alan Moore y David Lloyd), porque pocos libros contienen tantas ideas perturbadoras que hayan logrado ir cobrando formas familiares, opresivamente inmediatas.

Que la presidencia de Trump haya sido recibida con una compra masiva de 1984 se puede interpretar como una gran performance colectiva: como una manifestación de la incipiente resistencia civil, que activa un título talismán, para usarlo como arma de la polis contra el tirano que atenta contra el periodismo y contra la literatura y contra el mero pensar.

Pero eso, por supuesto, es una lectura humanista de un dato revelador. Toda cara tiene su cruz: que en un mundo con decenas de canales de telerrealidad, en que son grabados todos y cada uno de nuestros pasos físicos y materiales, midamos en los términos que propone Amazon conceptos como la resistencia no puede más que significar el triunfo final de Gran Hermano.

La moneda está en el aire: ¿Qué eliges, cara o cruz?

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Por Jorge Carrión, The New York Times

La gran farsa de la concesión de frecuencias de radio y televisión

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Por Guillermo Navarro Jiménez

El debate sobre la distribución de frecuencias, ha concentrado su atención en la asignación de frecuencias por tipos de medios y en lo procedimental, relegando a un segundo plano los principios fundamentales que contiene la Constitución respecto a la comunicación, así como normas expresas de la Ley Orgánica de Comunicación.

Efectivamente, en tanto las fuentes oficiales consideran que lo importante para la recuperación de derecho a la comunicación es el establecimiento de “un nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico” mediante un reparto equitativo: 33% para medios públicos, 33% para medios privados y el 34% para medios comunitarios, como lo establece la Ley Orgánica de Comunicación en el artículo 106, los potenciales afectados en la asignación de frecuencias defienden su  derecho, reclamando que el proceso  ha carecido de transparencia y que han sido objeto de un tratamiento discriminatorio.

El debate se ventila en la esfera pública, mediante una serie de declaraciones y comunicados emitidos por las fuentes oficiales, en tanto los posibles afectados han acudido, incluso, a movilizaciones en procura del apoyo político de fuerzas de la oposición, lo que no se ha hecho esperar, como es previsible en este momento en que se desarrolla el proceso electoral para designar Presidente de la República.

Por lo mencionado, el presente análisis pretende develar, sobre la base de los principios y las disposiciones constitucionales aprobadas respecto a la comunicación, y las disposiciones que contiene la Ley Orgánica de Comunicación,  si se han respetado o no los principios y disposiciones de esos cuerpos legales, para, sobre esa base, juzgar la pertinencia o no de la posición oficial, así como si el reclamo presentado por potenciales afectados,  tiene o no razón de ser.

Monopolización y oligopolización

La Constitución vigente contiene tres principios fundamentales, a saberse:

  1. El fomento de la pluralidad y la diversidad de voces;
  2. La garantía que la asignación de frecuencias se producirá “a través de métodos transparentes y en igualdad de condicionesprecautelando que en su utilización prevalezca el interés colectivo”; y,
  3. La decisión de no permitir: “…. el oligopolio o monopolio, directo ni indirecto, de la propiedad de los medios de comunicación social y del uso de frecuencias”.

El mandato constitucional de no permitir la concentración de frecuencias, se desarrolla en forma taxativa, inequívoca en el artículo 113 de la Ley Orgánica de Comunicación (en adelante LOC), cuando dispone:

“Art. 113.- Prohibición de concentración. – Está prohibido que las personas naturales o jurídicas concentren o acumulen las concesiones de frecuencias o señales para el funcionamiento de estaciones matrices de radio y televisión.

La autoridad de telecomunicaciones no podrá adjudicar más de una concesión de frecuencia para matriz de radio en AM, una frecuencia para matriz de radio en FM y una frecuencia para matriz de televisión a una misma persona natural o jurídica en todo el territorio nacional.

Quien sea titular de una concesión de radio, ya sea en AM o FM, puede participar en los concursos públicos para la adjudicación de no más de una frecuencia de onda corta.

En una misma provincia no podrá concesionarse una frecuencia para el funcionamiento de una matriz de radio o televisión a familiares directos de un concesionario con el que tengan parentesco hasta el segundo grado de consanguinidad y segundo de afinidad.”

Sin embargo, de lo explícito de las disposiciones antes mencionadas, tanto CORDICOM como ARCOTEL, argumentan que: “…  la ciudadanía recupera los derechos (el acceso y a la libre expresión GNJ) bajo un nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico mediante un reparto equitativo: un 33% para medios públicos, 33% para medios privados y el 34% para medios comunitarios”, a lo que agregan: “Es por ello que el Concurso Público de Frecuencias, convocado por ARCOTEL  el 16 de abril de 2016, es un  proceso histórico de distribución técnica, equitativa y transparente que garantiza la participación de todas y todos los ecuatorianos”.

En consecuencia, según CORDICOM y ARCOTEL, la desconcentración se produce por el nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico y no por el cumplimiento de las disposiciones constitucional y legal que prohíbe la asignación concentrada de frecuencias en determinadas personas, naturales o jurídicas. Siendo esto así, el recordar que la monopolización u oligopolización reduce el número de prestadores de servicios de comunicación y, concomitantemente, controlar los contenidos de los productos comunicacionales, es irrelevante para ARCOTEL y CORDICOM.

Percepción no sólo ilegal e inconstitucional, sino también equívoca, ya que la realidad demuestra que, en el caso del sector privado, inexorablemente, se observa una tendencia a la monopolización o a la oligopolización, como quedó demostrado en el Informe de la Comisión Auditora de la Concesión de Frecuencias.

Restricción a la diversidad de voces que igualmente se registra en el caso de los denominados “Medios de Comunicación Públicos de Carácter Oficial”, cuya definición y funciones se establecieron ilegalmente en la LOC en el artículo 83[1], puesto que éstos se han convertido en medios de propaganda gubernamental, en voces únicas, antes que en medios que apoyen a la diversidad de voces.

Si lo antes aseverado podría ser objetado por ARCOTEL y CORDICOM, vale acudir a la realidad de las concesiones que han aprobado, las cuales muestran, en forma fehaciente e irrefutable, que, en evidente violación de la Constitución y de la Ley Orgánica de Comunicación, han concedido frecuencias a determinadas personas que conforman conglomerados monopólicos a nivel nacional, como es el caso de las frecuencias de radio y de televisión  concedidas al señor Jorge  Yunda Machado (candidato a asambleísta por PAIS) para sus estaciones de radio y televisión que operan bajo la denominación de Canela, o al señor Remigio Ángel González González, quien, de acuerdo a la información proporcionada por el diario El Universo, no sólo controla medios de comunicación radiales o televisivos, sino también medios impresos[2].

El Universo afirmaba que: “Con la venta del Grupo El Comercio, en diciembre pasado, se desveló en el país la figura de Remigio Ángel González González, un empresario mexicano-estadounidense de 71 años que en Ecuador maneja 16 medios de comunicación, diez de ellos nacionales (el 16%), incluyendo al diario capitalino, con el que se estrena en el mundo de los impresos en el país.

Entre los medios que controla están, según los registros de la Superintendencia de Compañías revisados por este Diario hasta el jueves pasado, tres canales de televisión (RTS, Red TV Ecuador y Tropical TV), once radios (Galaxia, Fabu, Alfa Stereo, Joya Stereo, Metro Stereo, Platinum, La Fabu, Tropicálida, RQP, Arpeggio y Radio Quito) y dos diarios (El Comercio y Últimas Noticias).

 En la mayoría de los medios ejerce su control a través de parientes, abogados o empleados, una práctica que se repite en los países donde tiene negocios y que él mismo ha reconocido.

 “¿Por qué mentir? En Guatemala utilizo el nombre de mi esposa, en Chile tengo a chilenos, en Perú tengo a peruanos (…). Yo manejo un consorcio de compañías y dejo que mis amigos y parientes controlen todo. Yo no violo ninguna ley”, le aseguró al periodista Will Weissert, corresponsal de la agencia Associated Press, en el 2002.[3]

Concentración que se profundiza y consolida con la salida al aire, el 1 de febrero del 2016 del nuevo canal Televicentro, que puede ser visto en los canales 5 en Quito y 11 en Guayaquil, que presenta tres noticieros con el sello editorial de diario El Comercio. Esta concesión comprueba una vez más que ARCOTEL concedió esta frecuencia sin que medie un concurso público que dispone la LOC. A lo que debemos agregar que para posibilitar la salida al aire de Televicentro, ARCOTEL autorizó que se mueva la señal de RTS del canal 5, al canal 11, canal que no existía en el norte de Quito, en tanto que en Guayaquil le asignaron el canal 11.

Es ineludible agregar que esas frecuencias estaban concesionados a GamaTV, razón por la cual y en el objetivo de posibilitar la concesión a Gonzáles, el gerente de GamaTV, Claudio Moya Rossel, solicitó el 5 y el 7 de agosto del 2016, el canje del canal 11, cuya concesión mantenía en el sur de Quito y el sur de Guayaquil, por otras frecuencias, petición en la que insiste el 17 de agosto, la misma que fue aprobada el 18 de agosto. El mismo 17 de agosto, fecha en la cual GamaTV solicitaba el canje, las empresas de González solicitaron las frecuencias de esos canales que hoy ocupan RTS y Televicentro, replicando el ilegal denominado procedimiento “devolución- concesión”, denunciado en el Informe de la Comisión de Auditoría de la Concesión de Frecuencias.

En conclusión, ARCOTEL y el CORDICOM insisten en que la redistribución por tipo de medios es el mecanismo idóneo para fomentar la pluralidad y la diversidad, puesto que si hubiesen reconocido y respetado  el principio constitucional y la disposición legal sobre concentración y monopolización, no podrían haber concedido frecuencias sin concursos públicos, a conglomerados que concentran una gran cantidad de medios nacionales tanto de radio como de televisión como quedó demostrado.

Observaciones al procedimiento

Tanto la Ministra de Telecomunicaciones Alexandra Ávala, como CORDICOM y la Directora de ARCOTEL, Ana Proaño, sostienen que el procedimiento para la concesión de frecuencias contempla dos fases, una primera que se inicia con la presentación por parte de los postulantes, a y según ARCOTEL, del plan de gestión, de viabilidad financiera y el estudio técnico, y, una segunda en que CORDICOM evalúa el proyecto comunicacional y elabora el informe vinculante[4].

Al respecto es ineludible señalar que los responsables de los organismos mencionados no se atienen a dispuesto en la LOC respecto al procedimiento a seguir. Efectivamente, si bien la LOC contempla las dos fases, la responsabilidad atribuida al ARCOTEL y al CORDICOM, no son los que señalan las autoridades en sus comunicados y declaraciones.

Efectivamente, si se estudia el contenido del artículo 110 de la LOC, todos los solicitantes deben presentar al ARCOTEL para participar en el concurso público para la concesión de frecuencias:

“1. El proyecto comunicacional, con determinación del nombre de medio, tipo de medio, objetivos, lugar de instalación, cobertura, propuesta de programación e impacto social que proyecta generar;

  1. El plan de gestión y sostenibilidad; y,
  2. El estudio técnico”.

En consecuencia, si es cierto que ARCOTEL sólo exigió a los solicitantes la presentación del plan de gestión, la viabilidad financiera y el estudio técnico, como lo afirmó la directora de ARCOTEL, y obvió la presentación del proyecto comunicacional, no sólo incumplió lo dispuesto en el artículo 110 de la LOC, por lo que los concursos serían ilegales, sino además porque impediría el desarrollo de la segunda fase del concurso y la definición de las concesiones solicitadas. Conclusión que contraría la posición de la directora de ARCOTEL, quien asevera que no existen argumentos jurídicos para detener el proceso en marcha.

En relación a la segunda fase del concurso, la CORDICOM, en su carta publicada en los medios de comunicación social, asevera que: “La Ley determina como obligación del Cordicom la evaluación del proyecto comunicacional y la elaboración de del informe vinculante para la asignación de frecuencias”. 

Es  válido afirmar que se desconoce lo dispuesto en la LOC.

Efectivamente, la LOC dispone que la CORDICOM, una vez que ARCOTEL remita los expedientes de hasta los cinco solicitantes mejor puntuados, debe revisar el proyecto comunicacional, esto es una vez que ARCOTEL lo haya calificado en la primera fase del concurso.

Revisión que por definición, debería tener por objetivo determinar lo que se debe corregir, enmendar o reparar. Como a lo expuesto puede acotarse que la LOC también dispone que el CORDICOM en base a su evaluación emita el informe vinculante, vale preguntarse: ¿Cómo puede el CORDICOM revisar y evaluar los proyectos comunicacionales si ARCOTEL no exigió su presentación para su análisis en la primera fase del proceso? ¿Para qué sirve la primera fase el concurso si se omite le proyecto comunicacional? ¿Cabe en la segunda fase volver a recalificar a los solicitantes sobre la base de un solo requisito, el mismo que no fue solicitado como lo exige la LOC? ¿Es factible comparar cualidades distintas, cuyos objetivos son igualmente distintos como es el caso de los medios privados y los comunitarios? ¿No será que la segunda fase es una suerte de instancia inquisitorial, en la que se decide quien sí o quién no puede acceder a una frecuencia, de acuerdo a criterios ideológicos o políticos?, como lo advertimos oportunamente.

La instancia que decide la concesión o no de una frecuencia, es un organismo en el cual actúan hoy sólo 3 de sus 5 miembros, ante lo cual cabe preguntar: ¿tres ecuatorianos sobre cuya sapiencia en el campo de la comunicación expresamos nuestras reservas, deben ostentar el poder de asignar o negar frecuencias sobre la base de su opinión sobre el proyecto comunicacional? Amén, por cierto, de las prácticas corruptas que denunció el ex asambleísta Gerardo Morán respecto a las coimas solicitadas por el consejero de la CORDICOM, Marcos Párraga Quinteros, delegado ante ese organismo por su calidad de asesor del Vicepresidente de la República.

Porcentaje por acciones afirmativas

Tanto la Ministra de Telecomunicaciones como la directora de ARCOTEL y los directivos de CORDICOM, admiten que se estableció un porcentaje inicial de 15% en favor de los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios.

Acción que califican como acción afirmativa, disposición que se admite casi sin reparo alguno, sin considerar que la Constitución de la República establece que: todas las personas, en forma individual o colectiva, tienen derecho a acceder al uso de frecuencias del espectro radioeléctrico en igualdad de condiciones (artículo 16), disposición que se reitera en el artículo17, en el cual se establece que el Estado, para fomentar la pluralidad y la diversidad en comunicación: “

“1. Garantizará la asignación, a través de métodos transparentes y en igualdad de condiciones, de las frecuencias del espectro radioeléctrico, para la gestión de estaciones de radio y televisión públicas, privadas y comunitarias, así como el acceso a bandas libres para la explotación de redes inalámbricas, y precautelará que en su utilización prevalezca el interés colectivo”.

Principios constitucionales que se reitera en la LOC, tanto en el segundo como en el sexto considerando como en el artículo 34, por lo que el otorgar un porcentaje sólo para quienes solicitan se les asigne una frecuencia para medios comunitarios, desacata el principio igualdad de condiciones, el cual se expresa en forma reiterada en la Constitución vigente y se desarrolla en la LOC.

Adicionalmente a lo antes expresado, es necesario precisar que si bien la LOC establece el Principio de acción afirmativa cuando dispone en el artículo 11:

“Art. 11.- Principio de acción afirmativa. – Las autoridades competentes adoptarán medidas de política pública destinadas a mejorar las condiciones para el acceso y ejercicio de los derechos a la comunicación de grupos humanos que se consideren fundadamente, en situación de desigualdad real; respecto de la generalidad de las ciudadanas y los ciudadanos.

Tales medidas durarán el tiempo que sea necesario para superar dicha desigualdad y su alcance se definirá para cada caso concreto.”

Simultáneamente lo limita a favor de los “… grupos humanos que se consideren en situación de desigualdad real; respecto de la generalidad de las ciudadanas y los ciudadanos, por lo que establecer el porcentaje en favor de todos los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios viola este principio.

Ejemplificando, si se han presentado solicitudes por parte de congregaciones religiosas, es evidente que se viola la LOC, puesto que aquellas no se hallan en situación de desigualdad real, por el contrario, disponen de un poder económico e ideológico que las ubica en una posición privilegiada y, de ninguna manera, en una situación de desigualdad real, como lo exige la LOC.

Adicionalmente a lo antes expresado, es necesario señalar que la LOC, en aplicación del principio de acción afirmativa, acota los alcances de las acciones afirmativas, cuando dispone en el artículo 86, primer párrafo:

“Art. 86.- Acción afirmativa.- El Estado implementará las políticas públicas que sean necesarias para la creación y el fortalecimiento de los medios de comunicación comunitarios como un mecanismo para promover la pluralidad, diversidad, interculturalidad y plurinacionalidad; tales como: crédito preferente para la conformación de medios comunitarios y la compra de equipos; exenciones de impuestos para la importación de equipos para el funcionamiento de medios impresos, de estaciones de radio y televisión comunitarias; acceso a capacitación para la gestión comunicativa, administrativa y técnica de los medios comunitarios”.

Disposición que limita las acciones afirmativas a la creación y fortalecimiento de los medios de comunicación comunitaria, a la vez que dispone que éstas se relacionarán, entre otras, al crédito, exenciones de impuestos, acceso a capacitación comunicativa, administrativa y técnica. Disposición que, en respeto al principio de igualdad de condiciones, no incluye como acción afirmativa la concesión de un porcentaje favorable a los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios, como si lo hace, en el artículo 107, a favor de:

“Las personas jurídicas o naturales concesionarias de las frecuencias de radio y televisión abierta, cuyo plazo expiró, podrán concursar para obtener o renovar su propia frecuencia u otra diferente respetando la distribución que haga la autoridad de telecomunicaciones para medios privados y comunitarios. A estas personas se les reconocerá un puntaje adicional equivalente al 20% de la puntuación total establecida en el correspondiente concurso como reconocimiento a la experiencia e inversión acumulada en la gestión de un medio de comunicación”.

En consecuencia, la inclusión del porcentaje observado en favor de todos quienes solicitan una frecuencia para medios comunitarios, viola la LOC por lo antes expresado.

Igualmente, cuando el CORDICOM califica como acción afirmativa en el reglamento para la concesión de frecuencias, probó el porcentaje en mención, irrespetó el principio constitucional de igualdad de oportunidades y los alcances que la LOC estableció en el artículo 86 para las acciones afirmativas, violación que proporciona otro argumento legal adicional por el cual debe detenerse el proceso de adjudicación de frecuencias. Proceso que debería reiniciarse corrigiendo el irrespeto a las disposiciones constitucionales y todas las ilegalidades que hemos mencionado y precisado, y el incumplimiento por parte de ARCOTEL de lo dispuesto en la Décima Disposición Transitoria de la LOC, que reza:

“DÉCIMA.- De conformidad con el informe presentado el 18 de mayo de 2009 por la Comisión para la Auditoría de las Concesiones de las Frecuencias de Radio y Televisión, creada por disposición constitucional las frecuencias de radio y televisión que no hayan sido otorgadas por autoridad competente; las que no han iniciado la operación en el plazo señalado en el contrato de concesión; las que no hayan pagado las tarifas de uso de concesión durante seis meses consecutivos; las que se hayan arrendado por más de dos años o transferido bajo cualquier modalidad el uso de la frecuencia a terceros; y, las que han convertido estaciones repetidoras en matrices o viceversa, serán revertidas al Estado por la autoridad de telecomunicaciones, aplicando el debido proceso establecido en el reglamento que para estos efectos dicte la autoridad de Telecomunicaciones”.

Incumplimiento que es fácil de demostrar. Basta comparar el número de frecuencias que debían revertirse en aplicación del informe que se elevaban a más de 800 frecuencias, con el número de frecuencias que han sido revertidas y que son objeto del concurso, las cuales, no superan las 300 frecuencias, como lo reconoce el propio ARCOTEL.

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[1] Este tipo de medios no fue incluido en la versión del Proyecto de Ley Orgánica de Comunicación que se discutió en primera en la Asamblea Nacional, por lo que su inclusión en la versión propuesta para el segundo debate violó la Ley de la Asamblea Nacional.

[2] Para el análisis de los grados de concentración de medios de comunicación, es de especial importancia el determinar la propiedad cruzada, esto es la propiedad de medios impresos, televisivos e impresos, por el enorme poder y la restricción de voces que ello genera o ejerce.

[3] Véase, El Universo: “ Un magnate de Estados Unidos controla 10 medios nacionales”, edición del 22 de febrero del 2015.

[4] Véase: Carta publicada por el CORDICOM, 25 de enero del 2016

El yo y el nosotros en el periodismo

EL YO Y EL NOSOTROS (I)

El paso del discurso y la retórica a los hechos es como atravesar una delgada cornisa, con el único sostén de la pared que tienes detrás, con el miedo de dar el primer salto, casi a ciegas, para enfrentarse a la realidad e intentar llegar al otro lado, donde está la gente común, donde está la gente que nos interesa como sujeto y protagonista de la información.

EL YO Y EL NOSOTROS (II)

Aquel primer salto es desprendernos del Yo para intentar llegar al Nosotros. Porque en la medida en que no seamos capaces de dejar atrás el miedo, los complejos, los estigmas, las subjetividades, no podremos entender la necesidad de que para seguir el camino trazado es imprescindible avanzar.

EL YO Y EL NOSOTROS (III)

El rol de un medio de comunicación y de un periodista es igual de arriesgado y desafiante. El periodista podría quedarse estacionado en sus creencias, en sus prejuicios, en sus convicciones. Y no las cambiará a menos que sea capaz de mirarlas desde una perspectiva distinta, justo desde el otro lado de la cornisa.

EL YO Y EL NOSOTROS (IV)

El rol de un medio de comunicación y de un periodista es salir en busca de la realidad en todas sus dimensiones, comprenderla y contarla. Porque no conocemos al Otro. No escuchamos al Otro. No entendemos que es imposible construir una sociedad, peor una nueva sociedad, sin asumirnos como un Nosotros.

Los dueños de los medios y yo

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Rubén Darío Buitrón

Conste que digo “los dueños de los medios” y no “los dueños de la prensa” ni “los dueños de la opinión pública”.

Porque no lo son.

No son dueños de la opinión pública. A lo mucho, de la información que se les antoja publicar, es decir, de la opinión publicada, que no es otra cosa que la sinuosa línea editorial que manejan según sus intereses y los intereses de los publicistas, los accionistas y los financistas que los protegen.

No son dueños de la libertad de expresión.

A lo mucho, de la libertad de tener una gigantesca máquina a la que le veneran y hasta le crearon una fecha: el día de la libertad de prensa.

A lo mucho, son dueños de su libertad de censurar lo que no les parece conveniente.

Son dueños de los medios de producción (la prensa, el papel, las tintas, las computadoras, las impresoras, las conexiones eléctricas y electrónicas, el edificio, sus esclavos periodistas, la infraestructura), pero nunca han sido, son ni serán los dueños de mis puntos de vista, de mis conceptos, de mi forma de ver la vida, de mis deseos de llegar a vivir en un país justo, de no contemplar sus riquezas (que, además, las exhiben con arrogancia), sino de competir con ellos, aunque sea en circunstancias difíciles y desiguales.

Yo tengo un arma: el internet. Un medio alternativo que puede causarles escozor. Y que puede competir directamente con ellos.

Tengo mi cuenta de Twitter @rd_bui. Tengo mi blog rubendariobuitron.com. Tengo mi fanpage @RDBuitron. Y he abierto un portal para formar y capacitar y mantener actualizados a los periodistas -que es lo que deberían hacer los dueños de los medios de producción- que se llama loscronistas.net

Los medios digitales son baratos, muy baratos, y a través de ellos periodistas podemos comunicarnos, podemos comunicar, podemos decir con plena libertad lo que pensamos -siempre con respeto a la dignidad de los otros-, podemos publicar muchos textos y escritos que nunca aparecerían en los medios de los dueños de los medios.

Y de allí están naciendo los ciudadanos mediáticos. Los que ya tienen posibilidad de discertir entre la trampa y la verdad, entre la ética y la antiética, entre lo real y lo falso, entre las medias verdades y las medias mentiras.

Los dueños de los medios creen que tienen el poder. Pero no lo tienen.

Es más, hace rato que lo han ido perdiendo y no porque ningún gobierno se los haya quitado, sino porque se lo quitaron ellos mismos al configurar en su imaginación la idea de que el país, la sociedad, la política y la economía podía controlarse desde sus titulares y sus editoriales. Y la gente va dejando de creerles.

Y aunque pudieran recuperar su calidad de titiriteros de los gobiernos de turno, como casi siempre lo hicieron, nunca más podrán competir con las redes sociales, con el Twitter, con el Facebook, con el Fanpage, con los portales.

Ahí estamos nosotros, los del otro lado, los que vivimos y vimos tantas atrocidades y tantas mentiras, tanto poder y tanto ego, tanta vanidad y tanta soberbia, tanto dinero en manos de ellos y tan poco en manos de quienes los enriquecimos por muchos años.

Ya es hora de que entiendan que ser dueño de los medios no es ser dueño de los medios de comunicación, porque la comunicación y la información van muchísimo más allá de sus alcances, incluso de su comprensión, incluso de sus arbitrariedades, incluso de su propotencia para sacar a la gente que les es incómoda.

El mundo cambia, señores dueños de los medios. Y un día, pronto, sus medios se esfumarán. Y ya no serán ni siquiera dueños de los medios. No serán dueños de nada.

Los conceptos, las ideas, la filosofía, la información, la comunicación masiva. Nada les pertenece y no les pertenecerá.

No crean que esto durará muchos años más.

Como en cualquier aspecto de la vida, tendrán que rendir cuentas. Y, puedo asegurarles, que el juzgamiento no será positivo para ustedes.

Ya lo dijo el maestro del periodismo Rizjard Kapuscinski: “Cuando los ricos se dieron cuenta de que difundir noticias era un buen negocio, lo convirtieron en otra vil forma de acumular dinero, no de servir a la gente”.

Buenas noches, señores dueños de los medios.

Los saludo, pero sin ninguna reverencia ni admiración a sus ancestros ni a los retratos de sus fundadores, porque pocos saben cómo obtuvieron su fortuna.

¿Qué tipo de periodismo necesita el país?

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Una sociedad democrática demanda un periodismo equilibrado, justo, veraz, producido con calidad y brillantez.
Y a todos los ciudadanos nos compete exigir que ese periodismo se instale en los medios de comunicación privados y públicos.
Una sociedad democrática requiere medios que indaguen, investiguen, cuestionen, critiquen o respalden al Gobierno, según sea el hecho.
Medios que ayuden a gobernar con informaciones veraces y opiniones sustentadas y argumentadas que sean luces, que sean faros, que sean linternas, no obstáculos ni piedras ni trampas en el camino.
Medios que respeten las diferencias y diversidades étnico-raciales, que acepten, divulguen y promuevan las distintas tradicionales y culturas de los pueblos, las sensibilidades, las preferencias sexuales, religiosas, ideológicas.
Medios que tengan el don de lograr que nos conozcamos entre nosotros.
Medios que muestren a la nación entera en su pluralidad, en sus diferencias, en sus disensos.
Pero todo eso en un contexto, en un ámbito, en un entorno en donde no existan los abusos.
Donde la libertad de prensa no sea, en el fondo, libertad de empresa y donde la libertad de expresión no implique excesos flagrantes en contra de cualquier persona o institución.
Donde no se calumnie, no se mienta, no se convierta en noticia un rumor, no se inflen los hechos para ganar rating o compra de ejemplares o para resolver disputas personales o ideológicas.
Como dice el catedrático argentino Daniel Dessein, coautor del libro “Reinventar la Argentina” (con el maestro Tomás Eloy Martínez), “la industria periodística –nostálgica por el protagonismo del pasado, presa del vértigo de la actualidad y propensa a la generación de pronósticos lúgubres sobre su destino-, debe repensarse a sí misma si pretende mejorar sus perspectivas”.
En el Ecuador también se trata de eso.
De que los medios que existen, aunque sus dueños y sus políticas editoriales estén apuntalados sobre la base de no simpatizar con el Gobierno, hagan un periodismo que informe los hechos concretos, sin torcerlos ni distorsionarlos, y cuiden especulaciones en los espacios de análisis y opinión. Datos, sí. Adjetivos, no.
Una sociedad democrática siempre necesita y necesitará de la más amplia pluralidad de medios, cada uno con sus estilos de contar los hechos y sus maneras de hacer información y opinión.
Una sociedad democrática siempre necesita y necesitará que los ciudadanos, a través de los medios, le digan, con argumentos y hechos, que algo anda mal, pero que lo digan con pruebas contundentes, con documentos, con investigaciones responsables.
Una sociedad democrática siempre necesita y necesitará una prensa madura, serena, profunda, que apunte a parámetros de excelencia y que, a su vez, contribuya a que el gobierno, cualquiera sea su tendencia política, también se proponga y alcance, en beneficio de todos, parámetros de excelencia.
En el libro Nuevos desafíos del periodismo, Ricardo Kirschbaum, presidente de la Global Editors Network (GEN) y editor general del diario Clarín, de Buenos Aires, afirma que cuando hay visiones periodísticas en pugna, como ocurre hoy en América Latina, “no esperen de nosotros una cultura de la resignación. Eso implicaría abandonar a los lectores pero, antes que nada, no poder enfrentarnos al espejo. Esperen sí, de nosotros, un trabajo cotidiano que no tiene adversarios sino compromisos: una sociedad en la que circule toda la información, todas las versiones, todas las ideas”.
Si la palabra de Kirschbaum es sincera, que así sea.
Y que los editores generales de los medios en Ecuador la recojan con la misma sinceridad.
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Fotoilustración de Kirsty Mitchell

¿Enamorarse del periodismo o de la empresa de comunicación?

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Rubén Darío Buitrón

Un viejo zorro del periodismo me enseñó que uno debe enamorarse del oficio, pero jamás del medio de comunicación donde trabaja.

Y lo explicaba así: “Tu pasión por el oficio y tu vocación tienen que ser los amores de tu vida profesional, pero no de la empresa donde trabajas, porque nadie, ni tú, sabes dónde estarás mañana. Por esos amores tienes que jugarte porque esa pasión y esa certeza son una certeza consistente cuando realmente está enamorado del periodismo.

Entendí que teóricamente decirlo era fácil. Él trabajaba para un medio importante pero nunca se creyó el cuento de que la empresa “es una familia” o que “hay que ponerse la camiseta por la compañía”.

Sin embargo, en la cotidianidad, en el trabajo diario, no es tan fácil la decisión. Primero, porque me parece que lo uno no choca con lo otro: yo sí soy orgulloso de donde he trabajado, aunque ahora (ahora, no antes) le digan “prensa corrupta” (muchas veces con razón).

A diferencia del amor del pareja, en el periodismo llegas a enamorarte del oficio pero, por el orgullo que sientes cuando el medio hace un trabajo de calidad o tú mismo publicas algo de excelencia, sí llegas a sentir un fuerte sentimiento de pertenencia que, al final, puedo decir con entera certidumbre que es una ingenuidad.

Los primeros meses o años no te das cuenta. Defiendes a muerte tu trabajo, tus temas, el esfuerzo de tus compañeros, tu gente, el producto periodístico que ayudas a parir todos los días, y lo haces con más entusiasmo y pasión porque la línea periodística del medio (esto e raro) coincide con la tuya.

Pero un día te dices que no, que a tal persona o funcionario o autoridad no puedes tocarla porque es la que pone el mayor porcentaje de publicidad. O que no pongas a tal otra persona o funcionaria o que minimices lo que hace porque “no con la nueva línea editorial del medio”.

Y entonces recuerda al viejo zorro, mentalmente le das la razón, alzas la frente con dignidad y te vas para siempre mientras te recuerdan que nunca te integraste del todo a “la familia” y hasta te piden que devuelvas la camiseta.