¿Sabes por qué Facebook es multimillonario? Gracias a ti…

fotografía de Facebook

Eso que haces mientras esperas el autobús, el metro o cuando tomas un descanso en el trabajo explica, en gran medida, el importante cambio que se ha generado en los negocios y los medios de comunicación.

En esos momentos probablemente revisas Facebook.

O quizá seas de los que prefieran tuitear, navegar en Google, revisar las cotizaciones de la bolsa en Yahoo o leer artículos como este.

Esa seducción constante, esa tentación que satisfaces fácilmente con un teléfono o una computadora explica por qué Facebook le está ganando al resto de las grandes compañías tecnológicas en este momento.

Tu adicción hace que Facebook sea asombrosamente rentable. Pongámoslo de manera más amable: tus interacciones emocionales e intelectuales en esta red social la convierten en un estupendo lugar para que las compañías se anuncien.

Lo que esto representa para Facebook en dinero puede observarse en los resultados financieros del primer trimestre que se dieron a conocer recientemente.

En Estados Unidos y Canadá, durante este primer trimestre, Facebook ganó 11,86 dólares en ingresos de publicidad por usuario. Esto es lo que los patrocinadores están dispuestos a pagar para captar tu atención mientras conversas con amigos y familiares sobre Donald Trump o estás embelesado contemplando fotos de bebés.

Las ganancias de Facebook superaron en un 50 por ciento a las del año anterior, y su ingreso neto se elevó casi 200 por ciento.

Sus acciones subieron mientras el mercado cayó.

El explosivo rendimiento financiero de Facebook destacó debido a que Apple, Twitter y Alphabet, empresa matriz de Google, reportaron números decepcionantes este primer trimestre.

A esta compañía le está yendo bien porque ocupa un lugar grande y conveniente en el mundo conectado, quizá incluso un sitio más grande del que tiene Google.

Google supera a Facebook en ciertos números. Recibe más visitantes —unos 32,3 mil millones solo en marzo— en comparación con los 29,5 mil millones de Facebook, según SimilarWeb.

Además, Google tiene más ganancias, unos 78 mil millones de dólares durante los últimos 12 meses que incluyen el final de marzo; esa cifra eclipsa los 20 mil millones de dólares de Facebook durante el mismo periodo.

Ambas compañías obtienen la mayor parte de sus ganancias de la publicidad.

Sin embargo, la gente permanece en Facebook por más tiempo.

Según SimilarWeb, los usuarios pasaron en promedio un poco más de 17 minutos en la red social en marzo, muy superior a los 9 minutos de Google (estos números no reflejan con precisión qué tan activas están las personas en los sitios; aun así, se puede observar la diferencia).

Google ha gozado durante mucho tiempo de una gran ventaja en la batalla por las ganancias de la publicidad en línea, debido a que los usuarios son más propensos a dar clic en un anuncio de algo que están buscando.

Aunque los usuarios de Facebook no ingresan a esa red para comprar algo, la manera en que se quedan enganchados con los contenidos la convierten en un lugar atractivo para promocionarse.

Otra ventaja de Facebook es que sus costos son menores a los de Google, esto lo ayuda a hacer más dinero por cada dólar de ingresos.

A lo largo de doce meses, las utilidades operativas de Facebook fueron equivalentes al 37 por ciento de sus ganancias; en Google solo fueron del 26 por ciento.

Facebook se encuentra en la envidiable posición de gastar menos y generar ganancias que crecen con más rapidez que las de Google.

Los expertos han hecho un gran alboroto por la manera en que Facebook destaca últimamente, mientras que Apple tropezó.

No obstante, en los resultados de Apple hay una advertencia para Facebook.

Apple depende mucho de un solo producto (iPhone) para obtener gran parte de sus ganancias, así que ahora que las ventas del dispositivo bajaron, Apple no pudo mantener su crecimiento.

Facebook depende mucho más de un solo elemento: las ganancias por publicidad.

Si la gente pasara menos tiempo en Facebook —debido a que, por ejemplo, aparece una nueva y atractiva red social— el crecimiento de sus ganancias podría disminuir.

Todavía no se vislumbra una amenaza de ese calibre en el horizonte. Hasta que se presente estaremos en nuestros teléfonos ayudando a que Mark Zuckerberg haga mucho dinero.

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Tomado de The New York Times

“El nuevo Nuevo Periodismo”

El problema de llamar “nuevo” a algo es que pronto se vuelve obsoleto, y cuando llega lo siguiente… no hay cómo llamarlo.

Después de que Tom Wolfe llamara El Nuevo Periodismo a lo que hacían él y sus amigos en los años 60 y 70, ¿cómo llamar lo que se hace ahora?

Robert Boynton lo llamó “El nuevo Nuevo Periodismo”, y en la colección Periodismo Activo de la editorial de la Universidad de Barcelona acabamos de presentar la primera edición integral en castellano.

Todo nació en la ciudad de Tampere, en Finlandia, en mayo de 2013.

Yo asistía a la Conferencia de la Asociación Internacional de Estudios de Periodismo Literario y su conferenciante estrella era Robert Boynton.

Ya era un fan de The New New Journalism, y allí le escuché una conferencia precisa, elegante, personal y reveladora sobre el periodismo que fue, el que es y el que será.

Esa noche le propuse hacer una traducción completa de su libro y publicarlo en esta colección, que acababa de nacer.

Hoy se convierte en el sexto y más ambicioso libro de la colección.

Primero, una rápida definición: El nuevo Nuevo Periodismo es tan distinto a El Nuevo Periodismo como Robert Boynton es distinto a Tom Wolfe.

El libro de Wolfe era como él: lleno de respuestas.

Era el manifiesto de una revolución.

Contenía una antología de los maestros de la generación de Wolfe: Truman Capote, Norman Mailer, Hunter Thompson, Joan Didion, Joe McGinnis, Michael Herr, Gay Talese y por supuesto, el mismo Tom Wolfe.

Entre todos, muestran un gran abanico de posibilidades a partir de unas cuantas reglas básicas:

Contar en vez de explicar, narrar por escenas, la descripción como forma de orientar y enganchar al lector, transformar a fuentes en personajes y a declaraciones en diálogos.

Y sobre todo, la inmersión: pasar mucho tiempo con los personajes, conocerlos a fondo y escribir sobre ellos como un novelista escribiría sobre los personajes que surgen de su imaginación.

El libro nos obliga a mirar atrás, a aquel volumen pionero de Tom Wolfe, que trajo al castellano el gran editor Jorge Herralde y que se llamó “El Nuevo Periodismo”.

Y así como el de Wolfe estaba lleno de respuestas, este de Robert Boynton está lleno de preguntas.

Boynton es un periodista de alma. Investiga, cuenta y opina con conocimiento y pasión sobre los cambios sociales en Estados Unidos, y ha dedicado los últimos seis años a una investigación en la misteriosa Corea del Norte, el último refugio del estalinismo.

Pero estas lecciones de buen periodismo parten también de su otra vocación: es un maestro.

Desde hace años dirige el programa de la Universidad de Nueva York en la que jóvenes de todo el mundo buscan abrirse camino en las crónicas, los reportajes y los perfiles de revistas. Allí enseña los caminos del periodismo en profundidad.

¿Qué es El nuevo Nuevo Periodismo?

Es una sagaz sucesión de entrevistas a fondo con los herederos de la generación de Tom Wolfe. Uno solo se repite en ambos libros, porque ya era genial hace 40 años y sigue haciendo periodismo del indispensable: Gay Talese.

El resto son periodistas literarios que irrumpieron entre finales del siglo pasado y la primera década de este.

Ted Conover, Jon Krakauer, Michael Lewis, Adrian Nicole Le Blanc, Susan Orlean, Richard Ben Kramer, William Langewische, Jane Kramer… 19 en total.

Solo hay tres mujeres, lo cual es inquietante, aunque en la antología de Tom Wolfe era todavía peor: si mal no recuerdo, solo estaba Joan Didion.

Estos autores son sometidos a una presentación y análisis de sus carreras y obras: son relatos y son ensayos.

De cada uno rescata aquello que los movió a meterse en su porción de realidad, a indagar por asuntos actuales y eternos, y a encontrar el estilo por el que son celebrados.

Y después, lo fundamental: las entrevistas.

Pregunta un poco por el qué, pero más pregunta por el cómo.

Aunque muchas de las preguntas se repiten, parecen nuevas, parecen hechas para cada autor.

Mi amigo y gran cronista argentino Leo Faccio, que leyó con deleite el libro, me comentó que uno de los gustos es saber que cada autor va a tener que responder a esas preguntas, tan precisas, tan difíciles, sobre por qué y cómo hacen lo que hacen.

Pero por supuesto muchas otras preguntas son únicas; tienen que ver con el tipo especial de periodismo narrativo que hace cada uno.

Y también hay un estado de alerta que conocen todos los buenos entrevistadores: la repregunta, el saltar sobre lo que queda poco claro, o a abrir la puerta al secreto y a las razones últimas por las que cada uno hace así su trabajo.

Con todos empieza pidiéndoles una autodefinición.

Y llama mucho la atención el énfasis en la modestia: buscan entender, contar, transmitir.

No la Verdad ni el Arte con mayúsculas. Y una gran diferencia con Wolfe: él mismo se decía representante de una revolución, que cortaba con el periodismo del pasado. Su nuevo periodismo era contra el viejo, era un desafío. Era The Times They Are A’Changin’ de Bob Dylan hecho periodismo. En el libro de Boynton, sus autores se reconocen en la generación anterior. Se ven como una continuidad. Si cabe, un desarrollo.

Entre las muchas cosas que me quedan más claras tras leer el libro de Robert Boynton, destaco esta: si a partir de El Nuevo Periodismo el diálogo central era entre periodismo y literatura, en El nuevo Nuevo Periodismo se agrega a este un nuevo diálogo: entre el periodismo literario y las ciencias sociales.

Los nuevos cronistas se sumergen en las calles de sus propias ciudades y en lejanos poblados como un antropólogo, estudian las relaciones y las conductas como sociólogos y psicólogos, aprenden del pasado para entender el presente como historiadores, y en sus libros analizan y piensan en pluma alta, a la par que cuentan.

Son narradores y ensayistas. Tal vez esto tenga que ver con que estos nuevos nuevos periodistas pasaron todos por la universidad, y también que muchos enseñan, siguen en la academia.

Pero no llevan la calle al lenguaje de las revistas científicas y las tesis. Al revés: llevan la profundidad y la teoría a las calles y al lenguaje de los lectores.

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Tomado de Periodista Narrativo

Nachtwey, el fotoperiodista que se juega la vida por los más débiles

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fotografo James Natchwey III

«No lo esperaba, me ha cogido por sorpresa, me siento muy honrado», aseguraba ayer, 19 de mayo de 2016, el fotógrafo James Nachtwey, horas después de haber sido nombrado premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Tampoco esperaba la llamada de ABC, que le pilló en su casa de New Hampshire, el lugar que habita cuando no está entre fuego cruzado.

Nachtwey es el fotógrafo de guerra más importante de las últimas cuatro décadas.

Su primer encargo fue en Irlanda del Norte en 1981, tras las disturbios por la muerte de un miembro del IRA.

El veneno del fotoperiodismo se instaló en su sangre. Dos semanas después, ya estaba en Líbano.

«Y no he vuelto a mirar atrás», asegura. Elegante y espigado, ha cubierto una treintena de conflictos bélicos y se ha jugado la vida varias veces siempre con la misma idea: ser testigo de lo peor de la experiencia humana, «para que no se olvide y para que no se repita».

Después de tantos años, ¿todavía le conmueve lo que ve?

Sí, no me he endurecido. Todavía lo siento con fuerza, más que nunca. He sido testigo algunas de las realidades más duras de la vida. He visto la violencia, la traición, la maldad, la deshonestidad, y las consecuencias de todo ello. Pero, al mismo tiempo, me ha hecho apreciar la compasión, la tolerancia, la integridad o la capacidad de perdón y entender su verdadero valor.

Ha citado a Goya como una de sus inspiraciones. ¿Cómo ocurrió?

Fue antes de dedicarme a la fotografía. Después de acabar la universidad, viajé por Europa, con mucho interés por el arte. En el Museo del Prado vi «Los desastres de la guerra» y me impactó con fuerza. Era la misma forma en la que yo veía los conflictos, sin glorificarlos. Tuvo un efecto inmediato y potente en mi conciencia. Fue una de las cosas que me llevar a convertirme en fotógrafo de guerra. Para mí, Goya es el patriarca de los fotógrafos de guerra.

¿Qué ha intentado mostrar con su trabajo?

Goya dibujó una idea de la guerra común a todos los conflictos, la de la barbarie, la violencia. Yo me he movido hacia mostrar simpatía y compasión por las víctimas de la guerra. No busco tanto retratar la barbarie, sino sus efectos en las personas.

El retrato de los conflictos ha cambiado mucho en estos 35 años: la guerra transmitida en directo, las redes sociales…

Ahora hay muchas más fuentes de información, estamos inundados de información. Y al mismo tiempo, menos oportunidades, menos páginas y problemas económicos en los medios convencionales.

Esa sobreexposición a imágenes de guerra, ¿nos ha hecho inmunes?

No, pero ahora es un desafío mayor para el fotógrafo. En cualquier caso, el periodismo es todavía necesario, necesitamos medios libres para ser una sociedad libre.

¿Qué le diría a un joven fotógrafo que quiere ir a Siria o a Irak a cubrir la guerra o las atrocidades del Estado Islámico?

Que no vaya. Simplemente, ‘no vayas’. Si necesita hacerlo, lo va a hacer de todos modos, da igual lo que yo le diga. Y esos son los que deben ir, a los que les dé igual mi consejo. Y a esos que ponen toda la dedicación y que hacen todo lo posible para cubrir una guerra, les diría una cosa: cuenta bien lo que ves. Asegúrate de que lo cuentas bien.

¿Y eso cómo lo hace un fotógrafo?

Es muy difícil. Nosotros pintamos el primer boceto de la historia y no sabemos lo que viene después. Lo que hay que hacer es ser abierto, íntegro, respetar la realidad que hay delante. Es un trabajo duro. Hay que ser diligente, pasar muchas horas en el terreno, absorber todo lo que se ve y ser honesto.

En el documental dedicado a usted, «Fotógrafo de guerra», se dice que los fotógrafos que corren más riesgos en el frente son los jóvenes -por inexpertos- y los veteranos -porque se creen que están a prueba de balas-.

No, yo nunca he creído que estoy a salvo de las balas. Lo que sí descubrí desde el principio es que me mantengo con calma. Es algo instintivo. La atención y la concentración se disparan en esas circunstancias, más que en ninguna otra. Pero soy muy consciente del peligro, créame [en 2003, por ejemplo, resulté herido por un ataque con granada en Irak, cuando viajaba con un convoy del ejército de EE.UU.)

¿Lamenta algo que haya hecho como fotógrafo en todos estos años?

Lamento haber sido testigo de tanta tragedia.

Se ha criticado la sesión de fotos que hizo de la familia de Assad para la revista «Vogue», publicada en marzo de 2011, el mismo mes en el que empezaron las protestas que precedieron a la guerra civil y la opresión del Gobierno.

Eso ocurrió meses antes de que comenzaran las protestas en Siria. No me gustó el texto del reportaje, pero yo no soy responsable de ninguna de esas palabras. Fue una oportunidad de colarse dentro de un régimen y hacerse una idea de sus protagonistas, algo poco habitual. Pero tomar una foto no quiere decir que estés de acuerdo con sus ideas. Los ataques a «Vogue» fueron injustos, y decir que queríamos promocionar a Assad fue absurdo y ridículo. No se puede adivinar el futuro.

Se publicó que el Gobierno de Assad había pagado a un lobby para que gestionara y financiara el artículo de «Vogue».

Yo no era consciente de la existencia de ese lobby, y ni siquiera sé si es verdad.

¿En qué está trabaja ahora?

En la crisis de refugiados en el Mediterráneo, he visitado la zona varias veces en los últimos meses.

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Tomado del Diario ABC, de Madrid

Manual contra el sensacionalismo y el morbo mediáticos

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¿Cómo se arma un ideario ético para evitar el sensacionalismo?

Con reflexiones, dudas, deliberaciones, consensos, disensos y autocríticas. Pero, sobre todo, con preguntas, con muchas preguntas.

  1. ¿Cuán importante es para la sociedad el hecho que acaba de suceder?
  2. ¿La noticia tiene relación con el bien común o el interés general?
  3. ¿Voy a manejar con equilibrio, sensatez y serenidad la información para que no se convierta en un instrumento de escándalo, escarnio o morbo?
  4. ¿Cuento con la investigación y la reportería suficientes como para realizar una nota precisa, digna y bien escrita?
  5. ¿Seré capaz de contar con el equilibrio profesional y emocional suficiente para que en la información consten, en los mismos espacios y con los mismos derechos de exponer sus versiones, todos los protagonistas del hecho?
  6. ¿Todo lo que escriba y publique será demostrable, comprobable, verificable, es decir, se basará en hechos concretos y no en suposiciones, subjetividades, prejuicios o emotividades primarias?
  7. ¿Sobre qué escala de valores y principios personales, profesionales y editoriales priorizo los hechos que considero noticiables?
  8. ¿Por qué sí o por qué no decido dar más o menos espacio a un hecho informativo que, si lo enfoco de manera imprecisa o exagerada, puede causar escándalo en la sociedad?
  9. ¿Cómo mantendré el balance adecuado para que la información que voy a publicar tenga el peso justo entre lo importante y lo interesante?
  10. ¿Qué sentido tiene otorgar un amplio espacio a un escándalo si luego este hecho se disuelve y evapora por su propia irrelevancia y poca significación en la sociedad y en los lectores?
  11. ¿Qué es lo que más me importa: ser ético o vender más ejemplares y elevar el rating?
  12. ¿Tengo derecho a usar el poder que me concede manejar un espacio periodístico para venganzas personales o políticas?
  13. ¿Estoy consciente del grave riesgo que implica publicar una información equivocada, tergiversada o sobredimensionada que puede destruir la reputación de las personas, de los grupos o de las instituciones?
  14. ¿Mantengo la suficiente distancia con las fuentes y con el hecho como para que la información que elabore no tenga ninguna carga ni sesgo?
  15. ¿Tendré la honestidad y la valentía de admitir que me equivoqué si comete algún error grave con mi texto publicado?
  16. ¿Seré capaz de decir lo que mi conciencia me ordena publicar a pesar de los riesgos que implique hacerlo?
  17. ¿Podré contar una historia personal trágica sin revictimizar a la víctima y volverla a hacer daño?

Quedan muchas más preguntas para armar un manual antimorbo. Pero no quiero ser solo yo quien haga propuestas. Es un desafío para todos los periodistas y lectores de este blog.
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Ilustración de Lizette Abraham

El poder de penetración y daño de las empresas mediáticas

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fotografía de periodismo colombiano

Por Germán Ayala *

Es un enorme error subvalorar el poder de penetración -y de daño- de las empresas mediáticas. Y creo que en Colombia lo hemos hecho por largo tiempo.

De cara a la firma del fin del conflicto, la implementación de lo acordado en La Habana y la consecuente reincorporación de las Farc y la participación política de varios de sus miembros, entre otros asuntos, es urgente empezar a establecer condiciones que garanticen, por fin, una verdadera pluralidad informativa en el país.

Si bien es claro que los noticieros Noticias RCN y Caracol Noticias cada vez más pierden audiencias, hasta el punto de que quienes consumen sus informativos vienen dudando de sus tratamientos periodístico-noticiosos, el país necesita escuchar otras voces, fuentes, voceros y, sobre todo, otro discurso periodístico y político.

No es sano que el país empiece a caminar hacia la construcción de escenarios de postconflicto bajo la hegemonía informativa de esos dos canales privados. El periodismo necesita oxigenarse y las audiencias deben empezar a ver y oír a otros actores políticos.

Es pertinente que en el marco de lo acordado en La Habana se definan y se otorguen espacios de opinión y de información para las FARC y para otras expresiones de poder.

La izquierda debe contar con el espectro electromagnético para dar a conocer a sus audiencias su ideario político y sus propuestas de paz y reconciliación.

Una vez dadas esas condiciones dentro del espectro electromagnético -que es del Estado- los periodistas deberán revisar y modificar sus rutinas de producción periodística-noticiosa.

En esa dirección, los noticieros de televisión deben dejar de lado la clásica y rentable “fórmula” con la que “examinan” los hechos que alcanzan el siempre caprichoso estatus de noticia. Esa “fórmula” M+G+C debe desaparecer para dar vida a una nueva fórmula para entender los hechos públicos: A+P+CC.

Una vez abiertos y asegurados los espacios informativos para la izquierda, para las FARC y ojalá para el ELN, el tipo de periodismo que vayan a emprender deberá aplicar la nueva fórmula informativa.

No pueden caer los periodistas que estarán detrás de esos nuevos noticieros, por ejemplo, el del Movimiento Bolivariano para la Nueva Colombia (partido político de las FARC), del ELN o de otro sector diferenciado de la izquierda, en la trampa de recoger las rutinas de producción periodística que acompañan a la manida, vieja y dañina “fórmula” M+G+C.

Mientras ello sucede, el Estado debería de asumir la tarea de formar audiencias y una opinión pública que sean capaces de discernir sobre estos asuntos relacionados con el conflicto armado interno, las negociaciones de paz de La Habana y las que se adelanten con el ELN y la búsqueda de una paz estable y duradera.

Y para hacerlo, el Ministerio de Educación, junto con el de Comunicaciones, entre otras instancias, deben emprender la labor de re-educar a los anunciantes y a los propios consumidores.

Ese proceso de re-educación tiene como norte el cambio hacia una cultura de paz, sostenida en principios de pluralidad informativa, respeto a la diferencia, comprensión del contexto de la guerra interna, de un nuevo sentido de lo público y la valoración ética y moral del momento histórico por el cual atraviesa Colombia.

Así mismo, esa nueva cultura de paz deberá servir para exponer nuevas relaciones entre el hombre y la naturaleza y entre lo masculino y lo femenino.

Los espacios informativos y de análisis que se les asignen a las FARC y al ELN una vez constituidos como partidos políticos, no podrán seguir los parámetros y las perniciosas lógicas noticiosas que vienen aplicando de tiempo atrás los hegemónicos noticieros en Colombia.

Es hora de modificar sustancialmente las maneras como opera el periodismo en un país como Colombia, en donde los medios masivos de comunicación fungen cada vez más como actores políticos que usan la información para ocultar hechos y decisiones políticas y económicas y para seguirle el juego a una cultura dominante que hace rato deviene en una profunda crisis desde las perspectivas ética y moral. 

Por eso es urgente cambiar de fórmula.

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* conlaorejaroja.com

 

La izquierda tendrá que empezar de nuevo: Boaventura Santos

fotografia Boaventura Santos III

Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y docente en la Universidad de Coimbra, en Portugal, y en la de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos.

Su trabajo busca producir un conocimiento que respete e incorpore los creados en las luchas populares y les sea útil.

Ha escrito sobre América Latina, los problemas de la izquierda contemporánea y los procesos constituyentes y es un referente del Foro Social Mundial y de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales.

El 16 de abril dictó una charla en la Facultad de Ciencias Sociales, ocasión que se aprovechó para hacer esta entrevista.

Por Diego León Pérez y Gabriel Delacoste

¿Cómo ves la situación en Brasil después de la votación del juicio político a Dilma Rousseff?

-En el momento en que te hablo no sabemos qué va a pasar, pero de todos modos me parece que va a haber un período bastante turbulento políticamente. El impeachment es claramente un acto que configura un golpe parlamentario, sobre todo porque no se ha demostrado la presunta responsabilidad en crímenes que lo justificaría. Pero también por razones políticas, en la medida en que quizá la presidenta Dilma Rousseff es la política menos corrupta de América Latina, y va a ser impedida por un conjunto de los más corruptos de América Latina. Eso es grave para la democracia de Brasil y es grave para el continente. Entonces, me parece que lo que está en juego en este momento es una normalidad democrática.

Si se da el impeachment, va a tener algunas consecuencias. Obviamente, la polarización social en Brasil en este momento es muy alta, y pienso que ni los movimientos sociales, ni los ciudadanos, ni las clases populares van a aceptar este acto, sobre todo porque de él resultaría un gobierno liderado por un partido (el Partido del Movimiento Democrático Brasileño] que es conocido por ser uno de los más corruptos de la historia de Brasil. Y, por otro lado, porque probablemente el fenómeno más importante que está por detrás de todo esto es la operación Lava Jato, o sea, la gran investigación contra la corrupción, que quizá vaya a ser cancelada, ya que, según todos los indicios que tenemos, hay mucha gente involucrada en la corrupción que pertenece precisamente a ese partido que va a estar en el poder.

Todo esto crea un problema de legitimidad democrática difícil de manejar y cuyas consecuencias son difíciles de prever. Pero el impacto de lo que va a pasar será muy importante para toda la región, porque si el impeachment sale, será una afirmación de que las democracias que existen en el continente son fácilmente manipulables y de que si alguien gana las elecciones y obtiene, por tanto, el derecho de gobernar, cuando importantes fuerzas antidemocráticas deciden que no debe gobernar, tiene maneras de lograrlo por medio de una conjunción de medios: un Poder Judicial conservador, que está al servicio de esas fuerzas antidemocráticas, y fuerzas externas, que en este caso pienso que son del imperialismo estadounidense y que realmente no están interesadas en que continúe en Brasil un proceso que, si bien no es anticapitalista (Dilma no es anticapitalista; obviamente hay muchas críticas a su Gobierno por no cumplir con el programa que propuso realizar cuando fue elegida), Dilma es posneoliberal, en el sentido de que tiene empresas públicas importantes nacionalizadas, como Petrobras, y recursos naturales importantes fuera del mercado internacional.

El propio Partido de los Trabajadores, antes de este proceso de impeachment, ya había llevado adelante una política basada en exportaciones extractivistas y ya había fortalecido a las policías que ahora son parte de las fuerzas conservadoras. ¿Qué queda de todo esto, cuando muchas de las fuerzas que están conspirando fueron desatadas por el propio gobierno?

-Es verdad que, a lo largo de estos años, estos gobiernos populares latinoamericanos, muchos de ellos salidos de movimientos sociales, cometieron numerosos errores. ¿Cuáles fueron los errores en el caso de Brasil? A mi juicio -y esto también puede aplicarse a otros gobiernos, como el de Cristina Kirchner, en Argentina-, lo que ocurrió fue que aprovecharon una coyuntura completamente excepcional, que es lo que llamamos el consenso de los commodities, es decir que, debido al impulso del desarrollo de China, los precios de las materias primas subieron y permitieron ganancias importantes a estos países. Los gobiernos populares decidieron entonces profundizar el modelo de desarrollo extractivista, con el objetivo de sacar algo de la renta resultante de esa alza de precios para hacer algo de redistribución social. O sea, no cambiaron el modelo económico: permitieron que los ricos y las oligarquías se siguieran enriqueciendo. Los bancos, por ejemplo, nunca ganaron tanta plata en Brasil como en los tiempos de Lula, pero, como los precios eran altos, quedaba un excedente significativo para hacer una redistribución sin precedentes. Por medio de mecanismos como bonos, becas familia y otras políticas sociales, se logró que más de 45 millones de personas salieran de la pobreza, lo que es un hecho político importante. Pero no era el socialismo, porque dependía totalmente de los precios internacionales, en cuya formación Brasil no incide de ninguna manera.

Por eso, por aceptar ese modelo de desarrollo, aceptaron también el modelo político que venía detrás, y que viene de muy atrás. Ese modelo político es el colonial. Hay una continuidad enorme con el modelo colonial, que se había interrumpido en algunos países con la industrialización y la sustitución de importaciones. Durante estos gobiernos populares no hubo cambios en el sistema político, ni en el sistema de los medios de comunicación, ni en el sistema fiscal, y eso fue lo que acabó por llevar a que estos partidos quedaran atrapados en el mismo proceso de gobierno que las oligarquías y las derechas tradicionales, que siempre han utilizado la corrupción, que siempre han utilizado los medios, que siempre han utilizado ilegalidades para poder consolidar su poder. Y hubo aquí una tentación: quizá, si se dejaba a los ricos ser aun más ricos, ellos iban a permitir que el país cambiara lentamente en términos sociales. El problema es que el consenso de los commodities duró hasta que los precios bajaron por la crisis de China, y desde entonces dejó de haber plata para poder garantizar las políticas públicas.

En el momento en que la plata escaseó, ¿qué podía hacer el gobierno? Sólo había una solución real, y era una política fiscal distinta: que los ricos pagaran más impuestos. Pero, como no se cambió el sistema político, eso está totalmente prohibido. Y, por lo tanto, el mismo gobierno empezó a hacer dos cosas: por un lado, profundizar aun más el agronegocio, la frontera agrícola, la frontera minera, lo que contribuyó al despojo de las poblaciones, a la contaminación del agua, a la crisis ambiental, en complicidades extrañas con los ejércitos privados que existen, con organizaciones paramilitares que matan a los indígenas y a los líderes campesinos por todo el continente, mientras estos gobiernos miran hacia otro lado. Por eso el ciclo se agotó.

Era una manera de gobernar como siempre se gobernó en América Latina, más a favor de las clases dominantes que de las clases populares, pero, en un contexto favorable, dejando una parte significativa de la riqueza para la redistribución social. Eso dejó de ser posible, se hizo insostenible para estos gobiernos. Por eso la crisis que tiene Brasil es la crisis que tenemos también en Ecuador en este momento, es la crisis que tenemos en Argentina, donde una derecha muy revanchista en pocos meses destruye todos los avances sociales que se habían conquistado en los últimos 12 años. Y por eso hay que empezar de nuevo.

¿Los gobiernos progresistas no se la pusieron un poquito fácil a la derecha? En este escenario, las fuerzas conservadoras van a volver al poder y se van a encontrar con una policía militarizada y poderosa en términos materiales y legales, con leyes más represivas, cambios que a la derecha le habrían costado mucho más.

-Comprendo tu pregunta. Los gobiernos progresistas hicieron mucha continuidad con los anteriores, y por eso las rupturas pueden parecer más drásticas de lo que son en realidad. Realmente los líderes indígenas siguieron siendo asesinados en Brasil durante los gobiernos populares, como lo eran antes. Ahora -y aquí hay una división dentro del pensamiento crítico latinoamericano, dentro del cual estoy por adopción, porque no soy latinoamericano-, yo no voy al punto de considerar que estos gobiernos son gobiernos reaccionarios. Algunos colegas consideran que Evo Morales es un reaccionario. Yo no soy capaz, y te digo “no soy capaz” porque es un límite de mi inteligencia, de mi capacidad analítica. Pero es verdad que el progresismo fue hecho con las maneras antiguas de hacer política, y por eso los resultados están ahí. Y facilitaron realmente la entrada de la derecha. Este fue el gran error que cometieron algunas izquierdas del continente.

Uno de los grandes intelectuales de este continente, Álvaro García Linera, después de los resultados de las últimas elecciones en Bolivia dijo muchas veces que, si la derecha volviera al poder, tendría que reconocer que el centro de la política está desplazado hacia la izquierda, porque las fuerzas de izquierda lograron muchos avances que no se pueden destruir. Dijo que podrían reducirlos, pero siempre a partir de un centro ubicado más a la izquierda que antes. Como tú sabes, no fue eso lo que pasó. Mira a [el presidente de Argentina, Mauricio] Macri. En tres semanas, desapareció casi todo lo que se había hecho en 12 años. La derecha, cuando viene, viene revanchista. Viene con la decisión de eliminar todo lo que fue posible durante estos años, con la idea de que, por un lado, es insostenible y, por otro lado, las clases populares no lo merecen. Son privilegios. Las clases populares tuvieron demasiados privilegios, hay que recortarlos. Y la crisis va a ser la excusa.

Por eso yo creo que estos gobiernos populares han cometido muchos errores: no transformaron el modelo económico, ni el modelo de desarrollo, ni el sistema político. Quizá fueron víctimas de su entusiasmo. Tengo que decir que en el inicio estaba 100% con estos procesos. Participé en la redacción de las constituciones de Bolivia y Ecuador. ¿Cuántas veces cené en casa de [el presidente ecuatoriano] Rafael Correa y acabé cantando canciones revolucionarias, del Che Guevara, como si la revolución estuviera próxima? No podía imaginar que años después la alternativa es que, si no tienes inversión estadounidense de despojo, tienes a China, que te cobra de la misma manera y destruye los territorios de la misma manera. Entonces, muchos intelectuales tenemos que hacer una autocrítica también y ser menos arrogantes. Quizás ahora tienes la clave para las epistemologías del sur: ir más despacio, con menos confianza en que las ideas nuevas crean realidades nuevas. No, las realidades nuevas decantan de algunas ideas nuevas, pero no eres tú el que crea las realidades nuevas, es la gente que está en la calle, en la lucha, son ellos quienes están realmente innovando, no eres tú con la teoría.

Imaginas, entonces, un escenario en que las cosas vuelven a la normalidad, Estados Unidos vuelve a mirar a América Latina, los precios de las commodities vuelven a estar bajos y el ciclo termina. Has sido una figura protagónica de este ciclo que ahora termina. ¿Cómo te imaginas lo que viene? ¿Qué ciclo puede venir ahora? ¿Qué tipo de cosas habría que empezar a pensar en relación con lo que acaba de terminar?

-Pienso que no estamos regresando a lo normal; cuando mucho, vamos a tener una nueva normalidad bastante turbulenta. Va a ser una democracia de fachada, pero cada vez más vaciada; ya no una democracia de baja intensidad, sino una de bajísima intensidad. No podemos pensar esto como la normalidad, sino como el resultado de un fracaso histórico que se debe analizar, de modo de encontrar las fuerzas que hagan posible un nuevo ciclo más duradero, menos frágil, en el que las conquistas sean menos reversibles. No sabemos en qué condiciones va a ocurrir eso, pero, con alguna turbulencia institucional, va a implicar una reforma política, que va a ser quizá demandada en las calles, reivindicada por los movimientos sociales, por las organizaciones sociales. Quizá necesitamos otro ciclo constituyente. Una nueva asamblea constituyente u originaria, digamos, que haga una reforma política fuerte, para que esta democracia pueda defenderse de las fuerzas capitalistas que la secuestraron.

Eso va a exigir, por ejemplo, que de una vez por todas se acepte que en las condiciones actuales del mundo no hay alternativa socialista en la agenda política, que no existe la posibilidad de una política revolucionaria, como hubo en otros tiempos. La democracia es el único instrumento de lucha que nos queda. Esa democracia tiene que ser reinventada, no puede ser apenas la democracia representativa. El nudo central del proceso político es que va a ser necesario articular democracia participativa con democracia representativa. ¿Qué quiero decir?: que los partidos políticos van a dejar de tener el monopolio de la representación política. Las asociaciones, las organizaciones sociales, los movimientos sociales, reunidos en asambleas, organizando los barrios, en el campo, en la ciudad, van a tener que encontrar formas de participar, no solo a nivel de consulta, sino también a nivel de implementación, en algunas o en muchas de las políticas públicas -consejos populares de educación, de salud, de infraestructura-, o sea, una forma de que los ciudadanos, además de elegir representantes, puedan tomar algunas decisiones ellos mismos.

Hay que inventar otras formas políticas que permitan esa articulación entre la democracia representativa y la democracia participativa. Para que sea eficaz, va a ser necesario que esté presente en los propios partidos. Hay que refundar los partidos existentes o inventar otros partidos de izquierda construidos con una lógica de base distinta, y esa lógica tiene que incluir la democracia participativa desde el inicio. Tenemos en España a Podemos, que representa esta nueva voluntad política de crear lo que llamamos partidos-movimientos. Articulaciones varias y distintas entre círculos de ciudadanos, asambleas de ciudadanos que deliberan sobre las políticas del partido, que escogen a los candidatos y toman decisiones, que después son asumidas por los liderazgos partidarios. Es una manera totalmente distinta de hacer política, y además es la única que puede impedir que el dinero domine las decisiones político-partidarias y lograr que la corrupción deje de ser endémica.

Hay un campo muy grande para la creatividad democrática. Por eso yo lucho en mi trabajo por lo que llamo las epistemologías del Sur, en el sentido de crear también una reforma en el conocimiento. Porque no pienso que sea posible la justicia social global sin justicia cognitiva global, o sea, una democracia entre diferentes formas de conocimiento. En la raíz de todo el sistema político está el conocimiento académico que controla las universidades y que es eurocéntrico, como la ciencia política, la sociología y la antropología. Son los instrumentos que produjeron las políticas y las formas de representación política que tenemos. Eso tiene que transformarse, aceptando que hay otras maneras de conocer, que la representación del mundo es mucho más amplia que la representación occidental del mundo. Hay otras formas de transformación social que quizá no se van a llamar socialismo ni comunismo: se van a llamar respeto, dignidad, protección de los territorios, derechos del cuerpo de las mujeres. A esto le llamo una ecología de saberes, que implica también una reforma de la universidad.

Si me preguntas cómo definir este nuevo ciclo en términos progresistas (porque también puede ser una nueva barbarie, todavía peor), diría que tiene que tener una dimensión epistemológica muy fuerte, y que esa revolución epistemológica va a pasar por las universidades. Las universidades van a tener que aceptar que dentro de ellas circulen otras formas de conocimiento. Otras concepciones de vida son posibles, pero en nuestros departamentos de ingeniería, de ciencia, de biología, de física se ríen si hablamos de la Pacha Mama, de la Madre Naturaleza o de derechos de la Madre Tierra.

¿Cómo hacer avanzar ese tipo de pensamiento político sobre el conocimiento en un campo universitario en el cual se van a reír? ¿Cómo compatibilizar esta concepción más política, que intenta legitimar saberes externos a la universidad, con dinámicas universitarias para las que cierta forma de producción parece ser la única forma de legitimar cierta forma de conocimiento?

-Es una buena pregunta. Si miras históricamente, gran parte del conocimiento innovador y novedoso que siglos después se lee con atención y provecho no fue creado en la universidad, sino fuera de ella. Frantz Fanon, David Hume, David Spinoza, Karl Marx, Galileo Galilei, no sé… [ríe]. En el siglo XIX, las universidades de este continente seguían enseñando una ciencia aristotélica, que no tenía nada que ver con la realidad. Fue después, con Alexander von Humboldt y la revolución universitaria, y en Argentina con la reforma universitaria de Córdoba, en 1918, que las universidades empezaron a tener una idea de lo que es la responsabilidad social. No fue una reforma epistemológica, pero por lo menos fue una reforma social, que les dio una responsabilidad social más intensa. Y se debió a los estudiantes.

No es claro que esta renovación epistemológica necesaria vaya a ser producida dentro de las universidades. Quizás en el siglo XXI va a haber una división entre universidades hegemónicas, que sigan produciendo el conocimiento reproductor de la dominación capitalista, colonialista y patriarcal, y universidades o sectores de universidades con un papel contrahegemónico, en un contexto que me parece favorable y que resulta de que, contrariamente a los períodos anteriores, las universidades públicas, sobre todo en nuestro continente, pero también en gran parte del resto del mundo, ya no tienen el apoyo de las élites económicas y políticas. Las élites están formando a sus hijos en las universidades globales: en Harvard, en Europa. No confían ni siquiera en la enseñanza media, y sus niños van desde muy temprano a otros países. Porque las universidades eran importantes para crear un proyecto de país, pero ahora ya no es necesario un proyecto de país. Hay un proyecto de mundo, para el que el ejecutivo financiero trabaja hoy aquí, mañana en Hong Kong y pasado en Malasia. Por eso las universidades no tienen apoyo de las élites, y por eso tenemos un problema de financiación de las universidades públicas. Pero tampoco en este momento tienen el apoyo de las clases populares, debido a la arrogancia con que han tratado a las clases populares, sus luchas, sus movimientos y sus conocimientos, siempre usando y mirando con desprecio toda la creatividad popular.

Hay gente en la universidad que está intentando incorporar en ella estos saberes. Y esa gente no puede aguantar que les enseñen como héroes a los que mataron a sus ancestros. Eso, más tarde o más temprano, va a llevar a una revolución, a un conocimiento más fuerte, más articulado, más diversificado. Como digo siempre, el conocimiento científico no se debe demonizar. En algunas de las luchas en que hemos estado muy involucrados, como la lucha contra Monsanto, contra el agronegocio, contra el glifosato y los insecticidas, necesitamos ciencia para conocer, por ejemplo, el porcentaje exacto de veneno en una frutilla o en una papaya. Y hoy podemos decirlo. Los campesinos saben cuándo beben agua contaminada por lo que les pasa, pero no saben exactamente la cantidad de veneno que están tomando. Por eso, la ciencia que va a ser necesaria va a ser la que pueda dialogar con otros saberes, como el de los campesinos. Siempre que un dirigente campesino, indígena o urbano es asesinado, lo es porque está luchando por otra manera de ver la ciudad, por el derecho al agua limpia, por el derecho al territorio. Y no es sólo su lucha, sino también la de los estudiantes y las futuras generaciones; es por la calidad de los alimentos de tus hijos, por tu salud en el futuro. Es una lucha por el mundo. Son guardianes de nuestra salud, y por eso los están matando.

¿Deberíamos recuperar la reflexión sobre la ética en la universidad?

-Creo que sí, pero no una ética según las epistemologías del norte, de ontologías individualistas, como cuando en la ciencia política o en la sociología la unidad fundamental es el individuo. Hay que seguir otras ontologías, para, por ejemplo, rescatar el concepto de comunidad, que se ha perdido en las ciencias sociales.

En toda la construcción de la ciencia social moderna, de [Thomas] Hobbes, [John] Locke y [Jacques] Rousseau, de hecho está siempre presente una tensión entre el principio del mercado, el principio del Estado y el principio de la comunidad. La comunidad de toda la vida, de los ciudadanos, de las obligaciones horizontales entre ciudadanos que no son mercantiles: mi cuidado por ti, mi amistad, que te ayude cuando estás en dificultades. Con el tiempo, ese concepto de comunidad desapareció; las universidades y las ciencias sociales lo redujeron a una cosa que no existe, llamada sociedad civil, un concepto que nunca he usado en mi trabajo. Es un conjunto de individuos hostiles a todos los otros individuos. Hoy en día, lo que les dicen todo el día a los estudiantes es: “tienes que ser un emprendedor”; o sea, para que tengas éxito, es necesario que otros fracasen. Tu éxito es perfectamente simétrico con su fracaso. No hay ninguna posibilidad de que todos ganemos. Este sistema es de un individualismo total. Una ética basada en esta idea es la ética de la autonomía, por ejemplo. Tenemos que ser autónomos. Pero ¿cómo puedes ser autónomo si no tienes condiciones para serlo? ¿Qué es eso de que el emprendedurismo quiere decir trabajar sin derechos y tal vez sin plata durante mucho tiempo? No es eso lo que queremos. Necesitamos buscar otra ética, con otras ontologías.

Las ontologías no occidentales son mucho más ricas. Aquí, en este continente, están en las calles, en los pueblos; ontologías que tienen un respeto muy grande por los ancestros, que todavía son considerados vivos dentro de la comunidad. Por eso el territorio es sagrado. Es el territorio donde enterraron a sus muertos. Nosotros tenemos hoy pueblos de Mozambique, donde hago investigación, en los que los cementerios son cambiados de lugar todos los años porque se descubrieron recursos mineros debajo de ellos. ¡Es una ofensa enorme para la ontología de la gente! Sus ancestros están con ellos y, por otro lado, para ellos también están vivas las futuras generaciones. Nosotros, en el mundo occidental, no logramos entender que tenga derechos quien no tiene deberes. Por ejemplo, las futuras generaciones no tienen derechos, porque tampoco tienen deberes. La naturaleza no tiene derechos, porque tampoco tiene deberes. Esa simetría es totalmente desastrosa. Tienes que entender que las futuras generaciones tienen derechos sobre los que ya están entre nosotros hoy, como garantes de un futuro. Y de la misma manera, la naturaleza. Si no cambias la ontología, si no cambias la epistemología, más tarde o más temprano tu ética va a justificar el individualismo posesivo, el emprendedurismo salvaje, la idea de que eres un ser antisocial y de que para que tengas éxito en la vida debe haber ruinas alrededor de ti. Entonces eres un creador de ruinas.

En Uruguay hay una gran discusión en torno al tema de la extensión, que ha sido históricamente una vía institucional para que la universidad se relacione con otros saberes. ¿Cómo ves esa función?

-De por sí es rebelde y reveladora de la naturaleza de la universidad. Si debe extenderse, es porque está cerrada sobre sí misma. Fue construida así, y por eso la extensión fue una respuesta positiva, sobre todo a principios del siglo XX, en la reforma de Córdoba. Era una de las diez demandas de los estudiantes. Es una respuesta en el marco convencional de una universidad que debe compartir su conocimiento con las clases populares, que muchas veces son las que más lo necesitan, pero no tienen acceso a él. La extensión fue una manera de profundizar un poco la responsabilidad social de la universidad sin que perdiera su identidad. Pero se hizo, en general, de una manera muy débil, porque se concibió como un área al lado de otras dominantes. Investigación, docencia y extensión. Como si la extensión no fuera también docencia e investigación. Los profesores que se dedicaron más a la extensión, porque tenían sus propias lealtades políticas y compromisos con las clases populares, nunca fueron bien vistos en las universidades. La extensión es siempre algo que no tiene la misma dignidad que la docencia o la investigación, como una forma degradada de ser universitario. Extensionista es una palabra horrible.

Yo no quiero despreciar de ninguna manera el trabajo que muchos profesores hicieron, a menudo con el sacrificio de sus carreras, para que la universidad se articule de una manera más dinámica con las clases y los barrios populares. De ninguna manera. Pero eso tiene que ser complementado con otra cosa en el ciclo que viene ahora. Es lo que llamo la extensión al revés. No es llevar afuera la universidad, sino traer el conocimiento popular a la universidad. Los universitarios tienen que partir de la idea de que hacer extensión no es simplemente llevar afuera el conocimiento académico. Es para aprender. Aprender con la gente, con los movimientos, con las organizaciones, de sus luchas, con la idea de que ellos, trabajando y viviendo cotidianamente esas luchas, tienen maneras de ver la realidad, la convivencia humana, la ética, la vida digna que quizá no están en nuestros libros ni en los artículos científicos, pero que deben ser tenidas en cuenta y nos pueden ayudar a producir conocimientos socialmente más solidarios y más eficaces.

Tenemos maestros populares, sabios, médicos populares, jueces tradicionales de las comunidades campesinas e indígenas que vienen a la universidad a explicarles a los estudiantes otras maneras de resolver conflictos. De resolver casos criminales sin que haya prisión. Que hay otra forma de integración de los jóvenes en la comunidad que no pasa por la cárcel. Entonces, ¿extensión? Y sí, pero con extensión al revés. Traer a otros para adentro de la universidad. En eso, los estudiantes deberían tener un papel muy importante, y es necesario un cambio curricular muy fuerte. Tan fuerte que yo pienso que los estudiantes y los profesores que se interesen por esta reforma tendrán que asumir algún riesgo.

Cuando se entra a la universidad, el primer año o los dos primeros años deberían ser dedicados a desaprender. A olvidar muchas cosas que tenemos en nuestras cabezas. De nuestra historia, de nuestra realidad, de nuestra manera de vivir, de nuestra manera de consumir. Para poder abrir un poco los ojos a otra realidad y aceptar que hay otras maneras. Yo tengo que imaginar una necesidad para hacerla real. Por ejemplo, tengo que imaginar que este producto [toma un celular] va a ser válido durante dos años. Ya sé que dentro de un año o dos voy a empezar a pensar que no me satisface: que la batería debería durar más, que ya inventaron otro, etcétera. Imaginamos necesidades para hacerlas reales. Y, al mismo tiempo, la gran mayoría tiene necesidades inimaginables de agua, de electricidad. Y a veces están a tu lado. Por ejemplo, en un taller que estamos organizando en Minas Gerais, con la Universidad Popular de los Movimientos Sociales, en una comunidad indígena, será necesario un acuerdo de convivencia para usar el agua, porque vamos a tener 40 personas con un solo cuarto de baño durante 200 días, y no se va a poder gastar más de dos litros de agua al bañarse. Imagínate. Vamos a aprender eso porque haremos un taller fuera de la universidad con los movimientos sociales. Será una ocasión sorprendente para ver la realidad de la vida, que está por todos lados. Eso es parte de lo que llamo la sociología de las ausencias, de los invisibles, los que no cuentan. Si los mencionas de alguna manera en tu universidad, los profesores te dirán: “Ah… sí, ese problema existe, pero ya se va a resolver. Es una cuestión de tiempo, de desarrollo. Necesitamos más Monsanto, vamos a electrificar obviamente todo el país, y ahí se va a resolver”. Así que cuando el país esté totalmente destruido, estará totalmente desarrollado.

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Los autores

Diego León Pérez tiene 26 años y es estudiante de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de la República, Gabriel Delacoste tiene 28 años y es docente de teoría política y estudiante de la maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de la República.

 

Marcelo Villamarín: En PAIS hay gente de derecha y oportunistas

fotografía Marcelo Villamarín

Por Patricio Pérez Ramírez *

OTAVALO. El libro “Socialismo y Revolución Ciudadana (preguntas y respuestas)”, no es un recetario que tenga soluciones para todo, pero sí es un conjunto de elementos informativos que proporciona luces para orientar a la gente de izquierda y progresista, que ha hecho del socialismo su ideal, en el debate ideológico que ha despertado el proceso actual, no solo en Ecuador, sino en América Latina, dijo en el programa “Pulso Informativo” de radio Los Lagos, el filósofo Marcelo Villamarín Carrascal.

El intelectual otavaleño, exgobernador de Imbabura, presenta esta tarde (viernes 13 de mayo de 2016), a partir de las 16h00, su nuevo libro, en las instalaciones de la Coordinación zonal 1 y 2 de la SENESCYT en Ibarra (Sucre 774 y Pedro Moncayo).

El diálogo con Villamarín Carrascal, pretendió en cambio, clarificar la vigencia de la Revolución Ciudadana en el momento político actual.

¿El Socialismo Siglo XXI y más concretamente la Revolución Ciudadana en Ecuador, vive, sobrevive o está a punto de morir?
Su pregunta nos pone frente a una problemática que estamos viviendo en los momentos actuales, pero que no es nueva. Sobre la muerte del Marxismo y del Socialismo se ha hablado muchísimo, incluso se dijo que se acabaron las ideologías, que el Socialismo había muerto y hasta se puso velas en el cementerio del Marxismo…

¿Quién se encargó de poner esas velas?
El Capitalismo, la derecha conservadora, el Neoliberalismo a quien definitivamente no le interesa los cambios estructurales de la sociedad.

¿Eso no se profundiza más ahora, en que Cuba y EEUU se acercan fraternalmente?
Yo tengo una concepción muy particular sobre la historia, que no es como una gran parte de los ideólogos de la derecha piensan, que es un proceso lineal que avanza por etapas hasta llegar a una finalidad suprema.

¿Por qué se da una acción pendular entre los modelos de desarrollo en el mundo?
No es que los cambios han retrocedido. La derecha ha utilizado una serie de elementos para hacer valer sus posiciones y ha tratado de minimizar los logros, en este caso concreto de la Revolución Ciudadana.

Las intenciones de la derecha, ¿no son legítimas?
Por supuesto que son acciones legítimas.

¿Del actual modelo qué puede destacar?
Las políticas públicas en beneficio de la nación han dado resultados positivos, hay una reducción de la pobreza, hay un incremento del empleo…

Aparentemente, porque hoy hay crisis, hay pobreza y el desempleo grita en las calles…
No tan aparentemente. Hay situaciones y una de ellas es que no hemos llegado a los niveles anteriores y eso lo digo porque las conquistas logradas son conquistas que no pueden retroceder.

No se puede negar las conquistas, pero hay gente que no tiene trabajo…
Por supuesto que sí, las cosas no se producen de manera definitiva de hoy y para siempre, pero lo que tenemos que ver es el aspecto medular de la política y hacia dónde se orienta.

¿La Revolución Ciudadana, ha entrado en crisis?
No, en este momento está en un profundo proceso de reconstitución.

¿Reconocen los errores que se ven a nivel regional?
Tenemos que reconocer que se han cometido errores y los últimos resultados en Argentina, Brasil, Venezuela, etc., demuestran la poca capacidad que han tenido los dirigentes políticos para responder a las necesidades de los sectores populares.

¿El movimiento PAIS incurre en similares errores?
El movimiento PAIS no es que esté unificado, sólido, con una ideología única. En PAIS sí hay también muchos oportunistas y sectores de derecha. Eso tenemos que reconocerlo.

¿Qué se hace por sanear esos defectos?
No se puede identificar quién es de derecha o de izquierda, no se trata de personalizar sino de saldar cuentas desde el punto de vista ideológico y político.

¿PAIS no es un movimiento de revolucionarios?
En todas partes hay de todo. Yo no puedo decir que Alianza PAIS sea un movimiento puro, en el cual están solo elementos de izquierda y revolucionarios. Al interno tenemos que generar la lucha ideológica a fondo contra las tendencias derechistas, conservadoras y contra las prácticas políticas que son reproducción de la partidocracia que nosotros creíamos enterrada.

*Patricio Pérez es director de Diario El Norte, el periódico regional más importante y de mayor circulación en las provincias del norte del país.

 

El incierto futuro de los medios y de los periodistas

fotografía incierto futuro

Por Santiago Gallur *

América Latina, desde siempre, ha sido vista como un “continente” lleno de posibilidades, riquezas y recursos naturales sin fin.

Pero a la vez todas estas bondades han sido, paradójicamente, el motivo que atrajeron a los imperios europeos (primero) y a las potencias europeas, norteamericanas y del resto del mundo (después) a dominar económicamente los países a través de empresas transnacionales.

Todo ello, que fue apoyado por una parte relevante de las élites de los países latinoamericanos, acaba provocando que, como uno de los muchísimos ejemplos, el mexicano Carlos Slim sea uno de los hombres más ricos del mundo (desbancado hace poco del primer puesto por Bill Gates) mientras en su país existen más de cincuenta millones de pobres (casi la mitad de la población) y otros cuarenta millones están en riesgo de caer en la pobreza.

Así, una revisión histórica en el caso concreto de México (situación que comparten también muchos otros países) confirma que las propias élites económicas y políticas han fomentado desde siempre la incursión de empresas extranjeras en el país.

Esto que ha sido común en toda América Latina, ha traído como consecuencia una relevante inequidad que a la vez repercute en la poca cohesión social.

A su vez, los medios tienen una forma de funcionar que provoca que conviva un periodismo de gran calidad (que usa frecuentemente las nuevas tecnologías para socializar y difundir la información, para que llegue a un público mucho más amplio que aquel al que tendría acceso utilizando los métodos de difusión tradicionales que se arriesga a sacar a la luz situaciones que ponen en riesgo la propia vida del periodista, mientras otros medios se acoplan perfectamente al poder sirviendo de “portavoces” de las clases poderosas de los países.

De este modo la prensa se enfrenta a un reto que tiene que ver con una elección profesional, e incluso “vital” en algunos casos, para los propios periodistas: asumir su deber y responsabilidad con los códigos deontológicos, a través de los cuales la sociedad deposita en los medios la confianza de que estos garantizan el derecho fundamental a la información y la libertad de expresión.

Y así, surgiría la gran pregunta que desde hace ya algunos años muchos se hacen: ¿cuál es el futuro del periodismo y los periodistas?

Dudas como estas se unen a aquellas que se plantean sobre el propio futuro de América Latina en un mundo globalizado donde la realidad es inestable de un día para otro, planteando nuevas perspectivas y posibles cambios para poder seguir adaptándose a las necesidades de una sociedad dominada por el capital y los intereses económicos.

No olvidemos que los medios de comunicación viven en un perpetuo dilema: son empresas, por lo que su fin último es la obtención de beneficios económicos, pero, a la vez, estas corporaciones se deben en todo momento a los intereses de la sociedad, por su obligación de garantizar el derecho fundamental a la información.

Y si bien este concepto es universal, su significado en América Latina adquiere un significado muy particular, ya que cumplirlo supone muchas veces un riesgo para la propia vida.

De este modo, cuando es evidente que la autonomía y la transparencia del periodismo están puestas en entredicho, nos podemos hacer la pregunta para este contexto en concreto: ¿hacia dónde va el periodismo en América Latina?

Este futuro necesariamente tiene que pasar por una profunda reflexión sobre el propio sentido humanista del periodismo y sobre qué ideas se deben contar en los medios para cambiar el “mundo”, para evitar por una parte que se oculten los hechos que afectan a la propia sociedad y por otra, para que las medios no se llenen de sangre, tanto fuera como dentro de los propios formatos periodísticos.

Y es que en múltiples ocasiones, con la excusa de informar a la sociedad, se impone la idea de vender, aunque para ello se coloquen en las portadas imágenes llenas de sangre mediante cabezas cortadas, cuerpos desmembrados y decapitados colgados de puentes, o incluso mensajes cínicos y amenazantes grabados en sangre sobre los cuerpos sin vida, a veces incluso de los propios periodistas.

Todo ello marca un camino posible y deseable, el de la calidad periodística en los medios de comunicación de la mano de una interacción novedosa con las audiencias, que demandan más participación en los medios de la mano de la ética periodística.

En esta época donde la comunicación se convierte en algo no sólo posible si no habitual, los ciudadanos empiezan a reclamar un papel que consideran propio: el de reportero.

Esto alcanza una lógica evidente en un momento histórico en el que los celulares vienen con cámaras con tanta calidad y resolución que pueden tomar fotos o grabar vídeos con los elementos técnicos suficientes como para ser utilizados por los medios.

Así, cuando en las primeras noticias de una manifestación o movilización popular las foto o vídeos pertenecen a alguna persona anónima que se encontraba en dicho evento, ya nadie se sorprende.

Ante las nuevas formas de conflicto social sucedidas como consecuencia de las características de los tiempos convulsos de globalización que vivimos, la sociedad se está adelantando al reto que tienen por delante los medios, y ante un panorama mediático que muchas veces refleja “mentiras”, manipulaciones, “teatros” y medias verdades, una parte relevante de la población reacciona, empleando nuevas formas de “periodismo” poco habituales previamente.

De este modo, se le está trasmitiendo un mensaje muy claro tanto a los medios de comunicación como a los periodistas: es necesario que los medios atiendan a las demandas éticas planteadas por la sociedad.

Aquí, en un punto en el que el poder político debería convertirse en un facilitador para que los medios pudiesen cumplir dichas demandas sociales, se convierte en realidad un obstáculo para la calidad del periodismo en América Latina.

El problema es que si hablamos de calidad debemos empezar por plantearnos cuáles son los modelos o indicadores de calidad en el periodismo en América Latina que deberíamos tener en cuenta como referencia.

Y aquí aparece un problema encadenado al anterior, ¿qué criterios tomaremos como ejemplo?

Pues probablemente acabará pasando como siempre y se terminarán usando modelos similares a los de los grandes medios de comunicación de las grandes potencias mundiales, europeos o estadounidenses.

Modelos exitosos, es cierto, pero de un éxito efímero, ya que hoy ni los medios más prestigiosos del mundo hacen del todo bien su trabajo.

Existen millones de noticias que se excluyen de las parrillas informativas por intereses claramente económicos de los medios, puesto que estos están obviamente vinculados al poder económico y por ende al poder político, tanto nacional como internacional.

Los propios periodistas, encargados de garantizar el derecho, se enfrentan a unas condiciones laborales tan duras que los someten, en países como México a jornadas de trabajo interminables, a bajos salarios y a un desamparo institucional obvio.

Lo positivo de todo esto es que, precisamente estas condiciones provocan que los profesionales de la información empiecen a buscar opciones alternativas de organización, como son las redes de colaboración entre ellos, consiguiendo de algún modo escapar al estricto control de las dinámicas productivas en los medios.

Sin embargo, es una alternativa a largo plazo, ya que mientras existen muchas reformas legales que deben hacerse en los países para garantizar el trabajo de los periodistas, ya que no se puede tener transparencia en los gobiernos ni derecho a la información.

as.Todo ello implica cambios en las condiciones laborales, pero también una mayor revisión del cumplimiento de los códigos éticos sobre todo en los casos de la llamada “prensa roja” o “nota roja”, así como evitar que los medios se conviertan en plataformas para la propaganda de las ideas políticas o económicas.

Y es que el panorama periodístico en América Latina tiene un gran futuro por delante, eso sí, lleno de retos, dificultades, dilemas en esta llamada sociedad de la información, cuyo futuro en la región ofrece perspectivas y tendencias que necesitarán también de un impulso y apoyo social.

La anterior es la perspectiva más halagüeña, ya que existe otra tendencia desde el punto de vista teórico que señala que de seguir la situación como hasta ahora en América Latina, en unos años es posible que se produzca la “muerte” de la libertad de información como tal en la región.

Esta situación, que quizás no se dará de modo homogéneo en todos los países si, ocurrirá en una parte de ellos, debido a la dinámica actual de violencia contra los periodistas, sobre todo en el caso de México y en concreto en la prensa (probablemente debido al carácter de investigación que lleva asociado su periodismo).

  • Y es que después de las celebraciones de los Bicentenarios de las independencias en América Latina han quedado en el aire muchas preguntas sobre la propia evolución de los Estados, hasta el punto que las voces más críticas señalan que precisamente ahora es eso lo que queda por hacer: construir el Estado como tal y la democracia que debe acompañarlo.
  • Paradójicamente, en un mundo globalizado como es este, los países y las regiones deben asociarse con otras para conseguir obtener nuevas oportunidades de progreso y de futuro, en un mercado mundial realmente competitivo.

Así, en los últimos años se han alzado muchas voces que señalan que precisamente América Latina debe aprovechar sus nexos culturales e históricos con España y Portugal para hacer frente a los retos que tiene a nivel político y sobre todo económico.

En el caso de Latinoamérica, España y Portugal pueden representar la puerta de entrada a Europa, con la importancia que tiene este gran mercado a nivel mundial.

Para España y Portugal, es algo muy similar.

El mercado de América Latina, además de enorme, tiene unas perspectivas de crecimiento realmente prometedoras por lo que se sitúa como una gran posibilidad de futuro en todos los aspectos, incluido el de los medios de comunicación.

Como todos los grandes mercados, Latinoamérica cuenta con una movilización importante de recursos económicos pero también humanos, hasta el punto de que en los últimos años se le ha prestado especial atención el estudio de la cobertura que los medios de comunicación llevan a cabo sobre los movimientos migratorios en todo el territorio latinoamericano.

Y es que en general, América Latina, a pesar de la gran diversidad cultural, lingüística, étnica, política y social que tiene, padece una serie de problemas comunes a casi todos los países. Uno de ellos es el machismo y la desigualdad de género.

Sin embargo, a la vez que esto sucede, en los últimos años han surgido medios de comunicación en distintos países latinoamericanos que han apostado seriamente por un cambio tanto en la cobertura informativa como en la forma de llevarla a cabo.

Así, la agencia de noticias mexicana Comunicación e Información de la Mujer, A. C., (CIMAC), ha conseguido sacar a la luz un sinfín de problemas a los que se enfrentan las mujeres en México y en toda América Latina, apostando además por una cobertura de la realidad femenina con perspectiva de género.

De este modo, una realidad frecuentemente invisibilizada en la mayor parte de los medios de comunicación, ha empezado a salir a la luz, acompañada por la versión de los hechos de las mujeres como fuentes, y gracias sobre todo a la apuesta por la transmisión y difusión de contenidos.

La problemática de la discriminación femenina no solo aborda el tema de la falta de cobertura de las noticias que afectaban a las mujeres, sino también una falta de reconocimiento a sus versiones como fuentes válidas para las noticias.

Hace falta plantear la necesidad de vincular el género a la comunicación con total naturalidad, ya que los problemas que enfrentan las mujeres en todo el mundo son muy específicos y concretos, y en muchas ocasiones completamente distintos de aquellos a los que enfrentan los hombres.

Esto obliga a revisar los paradigmas de producción informativa tradicionales que, bajo patrones claramente patriarcales han mantenido y todavía hoy mantienen a las mujeres lejos del panorama informativo, tanto por las temáticas que tratan, como por el hecho de que en muy pocas ocasiones son utilizadas como fuentes de información y, por lo tanto, su versión de la realidad es silenciada, con todo lo que ello supone.

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  • Fragmento de un trabajo académico de Santiago Gallur, catedrático mexicano.

Tuits desacertados sobre #TerremotoEcuador

Pensar en clave de igualdad

Cuando estudiaba periodismo siempre era una novedad poder leer las perspectivas del periodista y escritor argentino Martín Caparrós. Con el paso de los años, fui revisando sus enfoques para retroalimentar los análisis en las clases que daba sobre Teoría de la Comunicación. Por eso, cuando recientemente visité la cuenta de twitter @martin_caparros pensé que se trataba de una suplantación en la red social, cuando leí su tuit sobre el terremoto que sufrió Ecuador el 16 de abril y donde más de 600 personas perdieron sus vidas.

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Ante el dolor de un pueblo y de países hermanos por lo sucedido frente a las costas de Manabí y Esmeraldas, hoy no puedo ser indolente ante estas opiniones, que solo hacen que actúe desde el corazón. Y es que el periodismo es eso, es vivir sintiendo las alegrías y las esperanzas, pero también representa el gran desafío de vivir las tristezas y la…

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