Vendrá otra tragedia y olvidaremos la anterior

foto hecatombe

A los periodistas, cuya solo mención a muchos ciudadanos les produce urticaria, nos acusan de muchas cosas, entre ellas que tenemos poca o ninguna sensibilidad para los temas que tocan lo más profundo de la gente.

Y en muchos casos es cierto:

Empecemos por la primera: ¿mirar tragedias (o vivir de ellas) todos los días nos vuelve de piedra el corazón?

Y las que nos repiten todos los días:

Distorsionamos la realidad a nuestro antojo.

Somos cómplices de los medios convertidos en actores políticos.

Somos mercaderes de la información.

Usamos la Ley de Comunicación como pretexto para autocensurarnos y no complicarnos la vida.

Somos irresponsables al elegir el tema, las fuentes, la manera cómo ponemos en escena, la falta de contrastación entre los involucrados en la nota e, incluso, que cuando no tenemos datos precisos nos vamos por las ramas, especulamos o armamos historias que no corresponden a la realidad.

Nos dicen también que somos éticos, no somos neutrales, de no ser “objetivos, veraces e independientes”.

Pero eso, simplemente, no es posible: somos subjetivos (sujetos), creemos tener la verdad (decimos lo que  vemos) y no hay independencia posible frente al entorno donde nos movemos, donde trabajamos, donde el patrono al que respondemos tiene compromisos políticos, empresariales, publicitarios, familiares o de cualquier otra índole y nos obliga a decir lo que él quiere que se publique bajo el pretexto de que esa es la “línea editorial” (¿) del medio.

A todas estas observaciones que hace la gente no podemos responder con una frase tan simple como que no es cierto lo que dicen de nosotros.

O tampoco podemos argumentar que no nos queda otra salida que trabajar donde estamos porque el desempleo es un monstruo espantoso.

El otro día leí que un famoso escritor que abandonó el periodismo lo hizo porque nuestro trabajo consistía en superficialidades y sensacionalismos no solo en crónica roja sino en política, en economía, en temas sociales.

Y de él salió aquel cuestionamiento tan duro, fuerte y, quizás, real: ¿vendrá otra tragedia y olvidaremos la anterior?

Suele ocurrir.

Muchas veces porque los dueños y los directores de los medios ya no ven rating o altas audiencias o compras de ejemplares de periódicos y ordenan “ir bajando el perfil de esa noticia”. Y tenemos que obedecerles.

Muchas veces, también, no porque los periodistas lo decidamos así, sino porque los hechos nos abruman cuando vienen uno tras otro.

Fijémonos en los últimos sucesos: caída del petróleo, crisis financiera estatal, protestas opositoras contra el Gobierno, caída de un avión militar en la selva con decenas de oficiales muertos, inundación en Portoviejo, emergencia por las lluvias provocadas por el fenómeno de El Niño, terremoto en Manabí con secuelas en cinco provincias más, deslave en Alluriquín, caída del helicóptero policial en un cerro quiteño…

¿Cómo manejar tantos eventos, casi simultáneos, sin perder la perspectiva de lo que es, en realidad, importante y trascendente y de lo que es, también en concreto, interesante pero no esencial para la sociedad?

El trabajo del periodista es muy difícil porque se lo hace sobre criterios subjetivos, personales y fragmentados.

Hay que medir, con mucho cuidado, la sensibilidad del lector.

Pero, ¿cómo la medimos?

¿Cómo saber si el despliegue que damos a una nota es el que corresponde a lo que necesita el lector o que estamos provocando pánico en la sociedad al sobredimensionar una situación controlable y quizás cotidiana?

La única alternativa que nos queda en las salas de Redacción es mantener el corazón caliente y el cerebro frío.

Y eso es lo más difícil cuando la pasión por el oficio nos desborda: no dejarnos impresionar ni influir por la agenda del poder o del contrapoder.

La agenda es nuestra. La hacemos nosotros. Desde nosotros. Para nosotros.

Pero no nosotros los periodistas.

Nosotros la gente, los ciudadanos, el país.

Nosotros, los que necesitamos saber por qué hay tanta negligencia y corrupción en los municipios, donde no se controla con rigor los planos de las construcciones y donde se aceptan esos planos firmados por arquitectos e ingenieros civiles corruptos que cobran por su firma sin haber ellos participado del diseño.

Nosotros, lo que requerimos saber por qué el silencio de los medios y los periodistas (privados y oficialistas) en aquellas dos horas luego de las 18:58 del sábado 16 de abril del 2016, una fecha que jamás olvidaremos no solo por la tragedia que dejó más de 660 muertos sino también por la falta de reacción de las autoridades.

Nosotros, los que no debemos permitir que los poderes nos distraigan, eviten la rendición de cuentas y logren que dejemos de cubrir las prioridades sociales que siempre son lo esencial en una nación.

El terremoto dejó al desnudo el periodismo ecuatoriano

fotografía terremoto blog

Por Rubén Darío Buitrón

Fue una utopía (una más) pensar que los medios de comunicación, tanto los privados como los gubernamentales, harían una tregua en sus sesgos políticos y en la búsqueda de cómo ponerle una zancadilla al rival político.

El sábado 16 de abril, a las 18:58, se produjo uno de los peores terremotos que han azotado al Ecuador en los últimos cien años.

El motivo debía ser suficiente para tomar aire, asumir la distancia entre un hecho y otro, relajarse, asumir la responsabilidad por el bien común y dejar a un lado la enconada lucha ideológica, política, demagógica, politiquera, económica y social en la que todos estamos envueltos, querámoslo o no.

Pero ocurrió lo contrario.

El potente sismo ha dejado que afloraran los mejores y los peores sentimientos que los ecuatorianos guardamos en nuestros corazones.

Las redes sociales, con sus sorprendentes cambios de humor y de visión de los hechos (como si fueran seres bipolares), se han dado tumbos.

Si segundos después del terremoto hicieron un trabajo extraordinario al reemplazar con su oportuna y fresca información a los estáticos y enmudecidos canales de TV acerca de lo que empezaba a ocurrir, pasado el polvo de la tragedia, en los días posteriores ensuciaron su reputación al generar miedo, confusión, especulaciones, provocaciones políticas, agresiones personales…

Los medios convencionales, en cambio, en especial la televisión, no fueron capaces de autocriticarse públicamente, de explicar por qué aquella noche ni siquiera se les ocurrió leer el boletín oficial del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional sobre la intensidad del sismo y el lugar del epicentro.

Y no solo eso.

En la historia quedarán titulares de diarios como aquel de Cuenca que publicó “La gente sin agua, Correa alza el IVA” y que mostró toda la miseria espiritual que puede salir de nuestra mente periodística (?) o politica o malintencionada o revanchista.

En estos días me he dedicado no solamente a observar, leer, escuchar y mirar no solamente la manera cómo la prensa local ha cubierto la tragedia y se ha acercado a la gente, sino que también he explorado cómo lo han hecho los medios de comunicación de la prensa internacional.

Resulta obvio que los enviados especiales o periodistas de las agencias de noticias o reporteros que han llegado al país como consecuencia del terremoto informan de una manera muy distinta a la forma en que los hacen los medios ecuatorianos.

¿Será porque ellos no están contaminados por los odios internos y las disposiciones superiores de buscar fisuras para atacar políticamente?

Al mirar la realidad a medias o con anteojeras políticas, dicen con entera libertad (siempre subjetiva, pero lo dicen y, por lo general, lo hacen bien) lo que ven, lo que observan, lo que escuchan, lo que comprueban y verifican, lo que obtienen de las fuentes oficiales, lo que los afectados y las víctimas relatan desde su auténtico dolor.

Entonces me pregunto cómo los periodistas ecuatorianos nos estamos mirando a nosotros mismos, cómo estamos mirando la realidad, con qué filtros y de qué colores vemos los hechos, cuánto hemos llegado a limitar nuestras miradas, cuánto nos autocensuramos, cómo nos autocensuramos, cómo nos restringimos, cómo nos hemos cortado las alas bajo el peso de una restricción en parte real y en parte imaginaria.

Porque si lo dijéramos todo y lo dijéramos bien, ¿qué nos importaría la existencia de una Ley de Comunicación –para unos represiva, atemorizante y disuasiva y, para otros, una legítima normativa contra el históricos abuso de los dueños de los medios de comunicación para chantajear al poder-?

Pero está visto. No somos capaces de aprender ni siquiera de las consecuencias de un terremoto que empieza a pasar al recuerdo y que pronto será desplazado por el deporte favorito de los ecuatorianos: el odio político de unos y de otros.

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LAS GRAVES FALLAS DE LA PRENSA ECUATORIANA DURANTE EL TERREMOTO

Por Octavio Islas

Por supuesto entonces no había Internet. Ante la gravedad de lo ocurrido y el autismo que, ante la tragedia, exhibió el gobierno del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, la radio, y particularmente algunas estaciones en la banda de AM, desempeñaron útiles funciones de vinculación y enlace ciudadano.
El sábado 16 de abril, un terremoto de 7.8 grados (MW), registrado a las 18:58 horas local (23:56 GMT), con epicientro en el cantón Pedernales, provincia de Manabí (según el Instituto Geológico de Estados Unidos), en la zona costera de Ecuador próxima a la zona fronteriza con Colombia, ocasionó una gran tragedia.
De acuerdo con información proporcionada por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Ecuador (el pasado martes 20 de abril), cerca de 600 personas fallecieron a causa del temblor; 2 mil más aún no han sido localizadas y 20 mil ecuatorianos quedaron sin casa. Además, se han registrado más de 200 réplicas del sismo, algunas de una magnitud que supera los seis grados en la escala de Richter.
Desde Roma, el presidente de esta nación sudamericana, Rafael Correa, quien interrumpió una gira de trabajo en Europa, decretó estado de excepción a nivel nacional, y de emergencia en seis provincias. El primer mandatario ecuatoriano señaló que ésta es “la mayor tragedia de los últimos 67 años”, desde el terremoto registrado en Ambato el 5 de agosto de 1949.
El terremoto que tuvo lugar el sábado 16 de abril tomó por sorpresa a no pocos medios impresos locales, exhibiendo su limitada capacidad de respuesta ante la situación de emergencia.
El domingo 17, las primeras planas de algunos medios impresos consignaban el retiro del cantante mexicano Vicente Fernández.
Inclusive, la televisión local se mostró desbordada por la magnitud del desastre y la respuesta informativa fue tardía.
Tomado de EL UNIVERSAL de México

Terremoto en Ecuador y periodismo de catástrofe

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Parientes lloran la pérdida de sus familiares, víctimas de un terremoto de magnitud 7,8 durante un servicio fúnebre en Portoviejo, Ecuador, el lunes 18 de abril de 2016. (AP Foto/Rodrigo Abd)

El empleo de herramientas de autorregulación es más bien escaso: códigos de prensa y audiovisuales, así como defensores del lector y del espectador, son figuras poco consolidadas en el ámbito europeo, pese a existir excepciones en países como Francia, España y Dinamarca.

Asimismo, se debe considerar que estos instrumentos no constituyen un mérito que se les pueda otorgar a los medios, sino que son parte de su responsabilidad social, que es el reverso de su libertad de información.

Aznar, muy prolijo en el estudio de estos mecanismos, menciona como tales los principios editoriales, códigos internos, libros de estilo, estatutos profesionales, estatutos de redacción y los defensores del lector.

Dentro de este amplio catálogo de propuestas, los libros de estilo, además de recoger elementos éticos, semióticos y lingüísticos que serán los rasgos de identidad del medio, fijan unos “procedimientos éticos para dar al medio de comunicación una personalidad propia.

Su destinatario ya no es sólo el redactor, sino el público en general, que puede comprobar el cumplimiento de las normas relativas al diseño y redacción, en el caso de algunos medios, como el periódico El Mundo, sus principios deontológicos.

En los libros de estilo de los principales periódicos, poco se puede encontrar en relación a la cobertura de crisis humanitarias y catástrofes.

En estos documentos existen, no obstante, prescripciones generales relativas a aspectos como el uso de la imagen: se intenta evitar que se traspase la frontera entre ‘crudeza y truculencia’ y, de esta forma, marcar una distinción entre “el interés público genuino y el ‘prurito público’. El segundo no puede justificar por sí solo la publicación de un texto o de una fotografía.

Algunos medios aprovechan los libros de estilo para incluir apartados dedicados al tratamiento informativo de temas sensibles[30], como es el caso de la inmigración, donde se cuestiona una cobertura que ignora las acciones positivas de las minorías, su carácter de fuente informativa o la ausencia de un análisis de “la causa o el contexto en el que los problemas se producen”.

Bordeando el campo de las crisis humanitarias, la agencia Servimedia exige prestar atención en la elaboración de informaciones “a los gestos humanitarios de amplios sectores de la población española afectada hacia estas personas, que se suman a la práctica diaria de las ONG e instituciones oficiales”.

Una recomendación que la agencia entiende como una labor de “altavoz” de sectores sociales cuya presencia en los medios es escasa y que, además, deberían estar en igualdad de condiciones con los actores políticos y sociales.

La BBC, en sus directrices editoriales, establece un apartado completo para informar sobre el terrorismo, las guerras y las emergencias.

Y la razón no la esquiva en ningún momento, al aludir directamente a su responsabilidad frente a una audiencia internacional que busca noticias e información rigurosa.

Ante dicha demanda, es necesario “dar sentido a los acontecimientos, ofreciendo un contexto y análisis imparcial y mostrando una amplitud de puntos de vista y opiniones”.

Estas exigencias se extienden al tono y el discurso informativo, conscientes también de la importancia de respetar la dignidad humana –especialmente en las fotografías– sin ‘suavizar’ las realidades de la guerra, el terrorismo, las emergencias o eventos similares.

Una labor realizada siempre con la máxima sensibilidad a las emociones y miedos de la audiencia, sobre todo cuando las historias se adentran en la muerte, el sufrimiento humano o la angustia.

Los estatutos de redacción, más horizontales y creados para dar voz a los periodistas en el debate sobre el contenido y tratamiento informativo, también han hecho sus aportaciones para mejorar la cobertura de las crisis.

El estatuto de televisión pública estatal presta atención a las imágenes, que por su crueldad pueden dañar la sensibilidad del espectador. Aconseja así evitar la “utilización morbosa y fuera de contexto de estas imágenes, sin que ello justifique la ocultación de los elementos esenciales de hechos noticiosos como guerras, atentados, accidentes u otros semejantes”.

La horizontalidad se extiende aún más, y, de hecho, entra en la bidireccionalidad con el público gracias al defensor del lector.

Dado su carácter abierto y centrado en la actualidad informativa, esta figura ha abordado puntualmente aspectos relacionados con las crisis humanitarias y catástrofes. Se han encontrado críticas del defensor del lector a las duras imágenes de Haití, la tragedia de los Grandes Lagos y el secuestro de una cooperante española en Somalia.

Los responsables de la sección denunciaron el comportamiento compulsivo de los medios ante determinados acontecimientos, a la vez que reclamaron una cobertura de las crisis más profunda y sostenida en el tiempo: “Pero tras la saturación llega el silencio, y con el silencio, el olvido. Hasta la próxima tragedia. ¿Quién se acordará de Haití cuando los fotógrafos se hayan ido?”.

Similar crítica se leía 15 años antes con respecto a la tragedia de los Grandes Lagos en África y el olvido del escenario del dolor una vez cubierto el conflicto, así como a la falta de programas preventivos o de desarrollo que perduren en el tiempo

Armada, periodista de El País, sostiene que los problemas de África sólo son objeto de cobertura periodística cuando “la guerra, el hambre, las migraciones y el sufrimiento” coinciden con los estereotipos que los medios han ido creando sobre el continente.

La toma de posición del defensor del lector con respecto a estos acontecimientos demuestra que “los medios son conscientes de que, con el transcurso de los años, se siguen cometiendo errores en el tratamiento informativo de crisis y catástrofes.

Y es que los propios defensores señalan que los medios han de ser testigos, no precisamente pasivos ni mudos, de las catástrofes, allí donde tengan lugar.

Las autocríticas o, mejor dicho, las críticas del público a través del defensor del lector, son la cara más visible de los procesos de autorregulación que, en los medios, se olvidan de regular la cobertura de crisis humanitarias y catástrofes, tanto en los libros de estilo como en los estatutos de redacción.

Prescripciones de este tipo podrían ayudar a los periodistas a elaborar informaciones de calidad en estos campos”.

Sin embargo, sólo se encuentran referencias a las crisis y catástrofes en forma de principios generales, poco o nada sistematizados, con recomendaciones relativas a la contextualización informativa o al respeto a la intimidad y la propia imagen en contextos de dolor y sufrimiento.

La responsabilidad social del periodista 

A pesar de la precariedad que afecta a muchos de los profesionales de los medios, la necesidad de garantizar una información con los máximos estándares de calidad empuja a muchos periodistas a situarse, con frecuencia, en el lado opuesto a los intereses de la empresa.

El planteamiento no es otro que mantener el “sentido personal de la ética y la responsabilidad”, presentado por Kovach como una “brújula moral” que guíe su trabajo.

Siguiendo esa brújula, y sin los condicionantes que se producen en el interior del medio, los periodistas se han agrupado en asociaciones, sindicatos o colegios profesionales que, además de defender o promover mejores condiciones laborales, buscan garantizar que el periodismo se adecue a unos estándares de calidad, siempre basados en el marco legal y con las miras en la información como derecho fundamental.

Fruto de esa preocupación, desde los diferentes organismos profesionales surgen con frecuencia informes, estudios o análisis relacionados con la función social del periodismo. El instrumento más habitual son los códigos deontológicos que regulan la actividad de los profesionales y que deberían ser recogidos por los responsables de los medios.

Los códigos deontológicos, muchos de ellos auspiciados por organismos internacionales, son la fórmula más utilizada para sentar las bases de una cobertura responsable, a la vez que se adentran también en cuestiones más prácticas del ejercicio informativo.

En todos ellos se repite una estructura similar, con un preámbulo que  destaca la relevancia de la información para garantizar el pluralismo en las sociedades democráticas: el periodista y los medios no deben olvidar su “importante compromiso social, para que se haga realidad para todos los ciudadanos el libre y eficaz desarrollo de los derechos fundamentales sobre la libre información y expresión de las ideas”.

Los códigos insisten en la importancia de los criterios profesionales y éticos, sin olvidar la función social del periodismo.

Las prescripciones sobre lo ético, lo profesional o lo social no son un argumento abstracto y de difícil traducción al ejercicio del periodismo. Los códigos así lo entienden y así lo demuestran en numerosos ejemplos:

Difundir únicamente informaciones fundamentadas, evitando en cualquier caso afirmaciones o datos imprecisos y sin base suficiente que puedan lesionar o menospreciar la dignidad de las personas y provocar un daño o descrédito injustificados a instituciones y entidades públicas y privadas, así como la utilización de expresiones o calificativos injuriosos.

Cuando el objeto de la noticia es una catástrofe natural, una crisis humanitaria, una guerra, etc., su tratamiento periodístico ha de ser exquisito, y la observancia de las normas deontológicas y éticas, permanente.

Por su carácter general, los códigos no suelen contener apartados específicos relativos a la cobertura de diferentes eventos, incluyendo aquí situaciones de crisis o catástrofes.

Es evidente, sin embargo, que todas las normas éticas que se imponen al profesional son perfectamente aplicables a dichas situaciones, como el “compromiso ético a favor de la paz y la no violencia [y su obligación de] defender los derechos humanos y la justicia social”.

En algunos códigos deontológicos también se alude de forma genérica a los acontecimientos que puedan generar aflicción o dolor, donde se exige evitar la “intromisión gratuita y las especulaciones sobre sus sentimientos y circunstancias”.

Pero la importancia de una buena cobertura en las situaciones de crisis ha obligado a algunos de estos organismos a reflexionar acerca de ella. Así han surgido informes y recomendaciones, que en ocasiones desarrollan las recomendaciones genéricas de los códigos deontológicos.

Algunos documentos plantean reducir la ambigüedad en lo que respecta a la “intromisión gratuita [y a las] especulaciones innecesarias”.

Frente a esa ambigüedad, se acude a la perspectiva más universal que otorga la ONU, y en concreto al documento surgido tras un encuentro internacional producido en Yokohama en 1994, en el que se abordó el papel de los medios en la información científica y los desastres.

En ese documento se afirmaba que una buena cobertura del riesgo natural resultaba efectiva para salvar vidas, reducir daños materiales e informar adecuadamente a la población.

Siguiendo estos principios expuestos en Yokohama, todo se centra su atención en la necesidad de respetar la intimidad, evitar las especulaciones y actuar en beneficio de la sociedad.

Todas estas sugerencias van en línea con lo recogido por la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), que en su informe sobre los medios de comunicación en contextos de crisis humanitaria y sanitaria destaca la falta de información y comunicación, especialmente a las “víctimas desamparadas”.

Esta organización de periodistas va más allá de las recomendaciones de cobertura y exige integrar la información y la comunicación en los dispositivos de reacción e intervención en estos contextos.

Una labor protagonista que debe situarse en un triple escenario temporal:

1.-En la respuesta inmediata, para garantizar el libre flujo de información. En este corto plazo, RSF considera que la cobertura mediática debe organizarse en torno a las urgencias derivadas de la situación, para lo que se debe contar con todos los medios técnicos y humanos necesarios. Exige, además, que se mantenga la atención a los criterios profesionales, con la ética y la dignidad de las víctimas como prioridad, sin olvidar que el periodista debe encontrarse seguro al realizar su trabajo. El objetivo de esta fase es integrar la información en el dispositivo de intervención.

2.-En una segunda etapa se deben consolidar las estructuras informativas, marcando una línea de conducta común para aprovechar los medios en la reconstrucción de las comunidades damnificadas, con el protagonismo de los jóvenes. Se insiste en la seguridad de los periodistas, que deben ser incluidos en programas sociales, económicos y políticos.

3.-En el período posterior a la crisis, la meta ha de ser el desarrollo. Se debe priorizar la creación e implementación de marcos legales para los medios, con redes y organizaciones profesionales que tengan acceso a los Gobiernos y comunidades y que, además de formación, puedan disponer de un mecenazgo internacional para beneficiar a los medios independientes.

El solo hecho de que RSF plantee un triple escenario temporal ya implica huir de una concepción del periodismo interesado exclusivamente en el estallido del acontecimiento.

Se trata, además, del preciso momento en el que medios y periodistas pugnan por alcanzar mayor audiencia y prestigio.

Esa lucha se convierte en entorno ideal para caer en el sensacionalismo y la banalidad de la información.

El objetivo de esta organización, al extender la labor de los medios más allá del momento inicial, está en implicar a los profesionales en la construcción democrática y social, poniendo el bienestar de las víctimas en primer lugar.

De esta forma, las víctimas y los acontecimientos no están al servicio del periodismo, sino que es el propio periodismo quien está al servicio de estas víctimas, en un acto que tiene mucho que ver con la empatía que se exige a todo profesional de la información. En palabras de Kapuscinski: “para ser un buen periodista es necesario ser, ante todo, una buena persona”, con capacidad para la empatía y para la comprensión de los intereses, necesidades y tragedias del otro, de modo que el periodista forme parte del destino de sus interlocutores.

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Por Samuel Toledano, Universidad de Navarra (fragmento)

Fotografía tomada de AP

 

“Panama Papers”: El boomerang de dos medios ecuatorianos contra sí mismos

Infografía Panama Papers.png

Un asunto grave del escándalo de los Panama Papers, trabajado por periodistas supuestamente independientes, es que detrás del Corsorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), con sede en Washington (?) esté la USAID (agencia oficial gringa que financia en el Ecuador a ciertos periodistas y portales periopolíticos).

Lo triste es cómo acá los seis periodistas “investigadores” ecuatorianos, de dos medios de oposición al Gobierno, como El Comercio de Quito y El Universo de Guayaquil, niegan cualquier relación política o financiera con la investigación.

Pero el pasado 7 de abril, días después de que estallar el escándalo de los Panama Papers, el diario digital ecuatoriano La República, citando a la agencia EFE, informó que en su conferencia de prensa diaria, el vocero del Departamento de Estado, Mark Toner, reconoció que USAID, la principal agencia que financia en el exterior del país “proyectos de desarrollo”, ayudó al Proyecto de Reportajes sobre Crimen Organizado y Corrupción, el programa del Comité para la Protección de Periodistas (ICIJ) que colaboró en la investigación mundial desatada por millones de documentos financieros filtrados.

“Estados Unidos no financia esto para ir contra ningún gobierno ni individuo en particular, sino para apoyar la conducción de periodismo de investigación independiente que pueda arrojar luz sobre la corrupción”, defendió Toner, al subrayar que USAID “no controla” cómo se invierten los fondos que destina a esa organización.

En principio, hubo rumores, geopolíticamente dirigidos, de que uno de los mayores evasores y lavadores era el presidente ruso, Vladimir Putin.

El mandatario ruso respondió de inmediato: Estados Unidos estuvo detrás de las filtraciones de los Panamá Papers. “Y detrás de esto están cargos públicos y los órganos oficiales del propio Estados Unidos nos lo demostró WikiLeaks”, dijo Putin, en alusión a un tuit emitido por la organización mediática que desde 2007 publicó, a través de su página web, miles de documentos confidenciales estadounidenses.

Putin rechazó rotundamente haber cometido actos de corrupción y destacó que él no aparece nombrado en los Panamá Papers.

Wikileaks también cuestionó la decisión de no publicar todos los documentos y destacó que el gobierno estadounidense y el especulador devenido en filántropo, George Soros, financiaron a una de las instituciones involucradas.

Open Society, la fundación dirigida por Soros que financia a gran parte de las ONG de derechos humanos y libertad de expresión en el mundo, también está registrada como uno de los donantes del Proyecto de Reportajes sobre Crimen Organizado y Corrupción.

¿Entonces? Lo que está en la superficie es la revelación de que miles de personajes mundialmente famosos y de políticos, así como “personalidades y famosos” de la industria, de la cultura, de la literatura y del fútbol profesional estén involucrados en la creación de empresas “off shore” en Panamá con el propósito de evadir impuestos en sus países o en lavar dinero.

Pero lo que está en el fondo es más grave: hay asuntos sociales, políticos y económicos muy delicados.

El propio presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, dolido porque desde Washington (EEUU), donde funciona la Corporación Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) –extraña coincidencia, justamente en Washington- ha dicho que ocultar el dinero no solamente es un delito y un acto inmoral, sino que toda esa enorme cantidad de plata retrasa el desarrollo de los países pobres, pues esos millones podrían servir  para educación, salud e infraestructura.

Desde hace muchos años, cuando Philiph Agee, exagente que operaba en el Ecuador en los años 60 y 70, publicó el libro “Diario de la CIA en el Ecuador” (una suerte de wikileaks, pero rudimentaria debido a los tiempos que corrían), se conoce que el gobierno de los Estados Unidos, a través de sus distintas “agencias creadas para combatir el comunismo”, auspicia, financia y paga a informantes, políticos, periodistas –algunos que trabajaron en Diario El Comercio- dueños de medios de comunicación, dirigentes gremiales de las empresas y de los sindicatos y militantes de izquierda (sí, militantes de izquierda).

El objetivo: recopilar información privilegiada, de primera mano, que pudiera –según los parámetros de la seguridad nacional gringa- afectar los intereses estadounidenses en el mundo y, particulamente, en América Latina.

La CIA, por tanto, es el arma esencial de la geopolítica de los gobiernos de Estados Unidos para corromper a gente local y convertirla en espía criollo. Supongo que paga bien. Y puntual.

No quiero debatir aquí por qué el “premio Nobel de la Paz” Barack Obama, siempre tan ambiguo como han sido todos sus antecesores demócratas (al menos los republicanos nos odian de frente), cuando está a punto de terminar su mandato, ni siquiera cumplió sus promesas de entregar Guantánamo a Cuba y terminar la invasión a Afganistán, sino por qué no desarticuló todo ese gigantesco aparato de inteligencia que tanto daño hace al mundo.

Pero es obvio que la CIA ha sido una suerte de camaleón capaz de aparecer como un organismo de ayuda humanitaria. Ejemplos:

– La Alianza para el Progreso, en los años 60, cuando tras la revolución cubana el presidente Kennedy se acordó que la región existía.

– La creación de medios de comunicación gratuitos e inocentes como La Voz de América o VOA (que entrega información diaria y manipulada a su favor a miles de radiodifusoras en todo el mundo y en decenas de idiomas).

–  La Agencia Interamericana de Desarrollo (AID) que luego se transformó en USAID y que no ha ocultado su auspicio financiero a organismos supuestamente defensores de la libertad de prensa y de expresión en los países donde estas libertades “están en peligro”: vean, si no, el caso de Ecuador y la profusión de fundaciones locales y portales web claramente posicionados en contra de un gobierno incómodo para la Casa Blanca.

La CIA es la siniestra operadora de golpes de Estado (como el de Guatemala contra Jacobo Arbens, el de República Dominicana contra Juan Bosh y el de Chile contra Salvador Allende, a quien sus lacayos militares locales asesinaron).

La CIA es la creadora de monstruos tiranuelos como Saddam Hussein (Irak), Manuel Noriega (Panamá), el general Jorge Videla (Argentina), el general Augusto Pinochet (Chile) o de células terroristas como la tristemente célebre Al Qaeda a la que reclutó, armó, entrenó y cuando se le fue de las manos se convirtió en su más peligroso enemigo con el líder del grupo, Osama Bin Laden.

Y ahora es la culpable del desangre en Siria con la creación de los macabros y sanguinarios ISIS o Ejército Islámico, según confesó la propia precandidata demócrata a presidenta de Estados Unidos, Hillary Clinton.

¿Por qué el interés de Washington para investigar la evasión de impuestos y el lavado de dinero en empresas Off Shore en Panamá y en otros países fiscales, si ellos, los Estados Unidos, tienen sus propios escondites bancarios en Delaware, Nevada y Las Vegas, entre los que se conoce públicamente?

Porque hace un año, como confiesan los periodistas involucrados en la investigación (entre ellos, seis ecuatorianos), cuando se reunieron en la capital estadounidense, los gringos plantearon que tenían millones de documentos filtrados por una persona anónima a un periódico alemán.

¿Qué tiene que ver todo aquello con América Latina?

Que, conociendo como trabajan la CIA y la USAID, esperaban encontrarse con actos de corrupción de los líderes del socialismo en nuestros países, pero lanzaron un boomerang tan poderoso que cuando volvió los golpeó en la nuca, pues la gran mayoría de involucrados en los Panama Papers son de derecha, son opositores a los gobiernos progresistas y son aspirantes al poder político en los próximos años.

Eso quería Estados Unidos: golpear en lo más sensible a la izquierda gobernante, en denuncias claras y probadas de corrupción.

No lo consiguió.

Pero, desde el punto de vista periodístico, es triste que el mejor oficio del mundo, como lo bautizó el romántico Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, aparezca como una pieza de un perverso mecanismo con todo el poder económico para financiar un periodismo de mendigo.

Un periodismo de mendigo que hoy no saber ni siquiera qué hacer con los resultados de la supuesta investigación, pues no es fácil descubrir que no han sido ni el presidente Rafael Correa o el presidente Rafael Correa los que sacan su plata de sus países a paraísos fiscales sino, por citar el caso más grave según The New York Times, el amigo íntimo de Barack Obama, a quien visitó y abrazó hace tres semanas, el presidente argentino Mauricio Macri, así como otros influyentes líderes y personajes de la derecha política y neoliberal planetaria.

Triste, además, el papel de los seis periodistas ecuatorianos que quedarán en la historia de la prensa nacional como quienes se prestaron para un juego claramente geopolítico que no dio los frutos golpistas que la Casa Blanca esperaba.

Triste el papel de quienes se prestaron a indagar miles de documentos personales que según lo dice el propio diario británico The Guardian “no serán publicados todos”.

Entonces, ¿solo se publicará lo que le conviene a EEUU, a la OTAN y al poder occidental?

Y triste, también, porque ahora que el diario gubernamental El Telégrafo se les adelantó en publicar algunos de esos datos luego de que el propio diario El Comercio revelara el domingo pasado quiénes asistieron a las reuniones en Washington, más de una semana después de que estallara el escándalo, ni este diario ni el otro, El Universo, saben con certeza qué publicar y qué no, sin duda escarbando y eligiendo a quienes poner en evidencia y a quiénes no según tantas conveniencias y telarañas que existen en la “gran prensa”.

Muchos gobiernos en el mundo, críticos de Estados Unidos, han acusado a la USAID de financiar a grupos civiles y fuerzas políticas opositoras.

Y si los propios voceros de la Casa Blanca, como dice la agencia EFE, han admitido que la USAID sí tuvo que ver con los Panama Papers en el sentido de que cofinanciaron la investigación, queda claro que la corporación de investigación periodística “sin fines de lucro” recibe fondos de esa agencia, aunque Marina Walker, la coordinadora del ICIJ en Washington, asegura en una entrevista a un diario guayaquileño que la versión de EFE sería inventada (¿por EFE o por una agencia rusa?) y que el ICIJ no recibe ni un centavo del gobierno de EE.UU sino “del público”.

Sin embargo, según El Telégrafo, Gerard Ryle, director del ICIJ, “aclaró al portal Wired que no tienen planes de dar a conocer toda la base de datos de Mossak Fonseca”.

Si como dice Walker hay tal transparencia y no hay compromiso con nadie y les financia la gente, ¿por qué Ryle y The Guardian publicarán a discreción lo que ellos quieran y ocultarán otros datos y nombres?

¿Cuál será el criterio para difundir unos y no otros?

LOS FINANCISTAS PODEROSOS

En relación con el financiamiento “de la gente”, como asegura Marina Walker, del ICIJ, no parece tan cierto.

El exdiplomático británico Craig Murray asegura en su blog que hay poderosas fundaciones detrás del ICIJ, entre ellas las fundaciones Ford, la Fundación Carnegie, el Fondo Familiar Rockefeller, la Fundación Kellogg y la Fundación Soros”.

¿Esas fundaciones son, según Marina Walter, “la gente”?

La filtración de esta información de Mossack Fonseca para los medios corporativos sigue una agenda gubernamental occidental directa. No hay mención alguna del uso de Mossack Fonseca de las sociedades occidentales masivas o multimillonarias de Estados Unidos y Europa- los principales clientes. Y The Guardian se apresura a asegurar a que “gran parte del material filtrado se mantendrá en privado”.

Y se pregunta: “¿Hicieron búsquedas en las bases de Mossack Fonseca a los propietarios de los medios corporativos y sus empresas y a todos los editores y periodistas de los medios corporativos de alto nivel? ¿Hicieron en los archivos de Mossack Fonseca búsquedas en todas las personas de más alto rango en la BBC? ¿Hicieron en los archivos de Mossack Fonseca búsquedas en cada donante del Centro para la Integridad Pública y sus empresas?¿Hicieron en los documentos de Mossack Fonseca búsquedas de cada sociedad cotizada en las bolsas de valores occidentales y en todos los millonarios occidentales que se podría rastrear?. No”.

Todo lo que cuenta Murray suena muy sospechoso. Y en este oficio del periodismo, como bien deben saberlo los “investigadores”, hay que ser muy suspicaz.

Ojalá que esta experiencia les sirva a los periodistas y a los diarios ecuatorianos para que, al menos, ya no se mientan declarándose “independientes”.

¿Algunas víctimas valen más que otras para los medios?

fotografía belleza musulmana

Kelly Vaughan, de Brooklyn, es una lectora que vivió un año en Estambul por lo que ha seguido con mucho interés la cobertura mediática sobre la violencia en Turquía.

Ella escribió después de los ataques terroristas de Bruselas, con una preocupación: “No puedo evitar preguntarme por qué se da el nombre de cada víctima de los ataques de Bruselas, ofrece los datos biográficos de algunos, pero no se hizo lo mismo (hasta donde he podido averiguar) con las víctimas de Ankara y Estambul”, escribió.

“Lo mismo ha sucedido”, agregó, “con otras ciudades, bien sea que la violencia ocurra en Líbano, Mali o Kenia”.

Vaughan afirma que puede imaginar numerosas razones para esta discrepancia, “algunas se sienten más legítimas que otras”. Y pregunta: “Por qué los periódicos occidentales cubren tragedias similares de forma tan distinta”.

Muchos otros lectores han planteado inquietudes semejantes. Richard Greenberg, de Nueva York, escribió: “¿Por qué le dedicó tan poca cobertura a los ataques terroristas en Costa de Marfil la semana pasada, en los que murieron 16 personas, tanto africanas como europeas?”.

Y Theodore Glasser, profesor de comunicación en la Universidad de Stanford, sintetiza: “El Estado Islámico mata a más de 30 personas en Bruselas: ocho columnas en primera plana. El Estado Islámico mata a más de 30 personas en Bagdad, una columnita en la página seis. ¿Qué nos dice esto de los prejuicios de las salas de redacción?”.

El año pasado, yo misma hice preguntas similares en una columna en la que comparé la cobertura de los ataques en París con la de los ataques terroristas en Nigeria. Y el mismo diario ha explorado más de una vez el tema de la disparidad de la atención de los medios a las víctimas del terrorismo.

En noviembre pasado, la jefa de la oficina en Beirut, Anne Barnard, escribió un perspicaz artículo titulado “Beirut, también sede de mortíferos ataques, se siente olvidada”. Barnard reportó que los libaneses resentían la diferencia entre la reacción mundial sobre el doble ataque suicida en Beirut, en el que murieron 40 personas, y el ataque de París ocurrido un día después.

Numerosos comentaristas libaneses se quejaron de que eso implicaba que la vida de los árabes vale menos. Era eso o que su país relativamente en calma pese a la guerra en la vecina Siria era considerado como un lugar donde las carnicerías son la norma, una simple esquina de una región desquiciada”.

Y el mes pasado, produjimos un video titulado “Las víctimas olvidadas del terrorismo”, en el que se pregunta por qué el gobierno de Estados Unidos izó su bandera a media asta después de los ataques de Bruselas, pero no tras acciones similares en Turquía, Costa de Marfil y otros lugares.

Pero, ¿The Times siempre narra la historia de las víctimas del terrorismo con total justicia? No pienso que sea así. Ni tampoco el editor Michael Slackman, quien me dijo en una entrevista que esa es una meta a la que el Times aspira a llegar, pero que no siempre se cumple.

“Necesitamos esforzarnos más y no permitir que nos volvamos insensibles al dolor humano de los repetidos ataques terroristas”, afirmó Slackman. “Siempre hay un costo humano y ese costo es el mismo dondequiera que ocurra”.

Slackman mencionó que una de las editoras más destacadas del Times, Susan Chira, excorresponsal extranjera y también editora internacional, siempre “nos está presionando” para que contemos la historia de las víctimas, dondequiera que estén.

Y agregó que los corresponsales en el extranjero han hecho el trabajo de su vida (a veces muy difícil) de “rendir testimonio” y narrar el lado humano de la historia.

Entonces, ¿de dónde viene esa persistente desigualdad que observan los lectores? Parte de la respuesta es el acceso. Es mucho más fácil enviar a un gran número de reporteros a París y Bruselas.

Otro factor es el despliegue de recursos: el Times tiene más de una docena de corresponsables que trabajan en oficinas de Europa occidental. Y, por ejemplo, tiene muchos menos en África. Y además está la legítima noción del valor informativo. Una noticia es, por definición, algo fuera de lo común. En algunos sitios, como Irak, lo trágico se ha vuelto lugar común.

“Por desgracia, el terrorismo se está volviendo menos sorprendente”, señaló Slackman, que también fue corresponsal del Times en Egipto. No hace muchos años una bomba en El Cairo nos habría sacudido, y eso habría sido cubierto”. Ya no: “No podemos cubrir todos los ataques en esa región”.

Otro factor es la relación entre Estados Unidos y el país donde se produce el ataque. Francia, después de todo, es uno de sus principales aliados y por eso lo que ocurre ahí tiene un peso especial. Y, como observó Barnard, después de París, los ataques de Bruselas plantearon la pregunta de “si esto iba a ser la nueva norma en Europa”.

A medida que el Times se vuelve más global en su alcance y ambiciones, adquirirá un mayor significado la pregunta de cómo cubre las tragedias humanas en todo el mundo. Y enfrentarse a sus propios prejuicios culturales se volverá un imperativo, no solo periodístico, sino también comercial.

Me gusta que los periodistas del Times reconozcan la necesidad de reflejar la importancia de todas las vidas humanas que se pierden a causa del terrorismo, ya sea que ocurra en un lugar al que los estadounidenses puedan ir de turistas o uno en el que probablemente jamás vayan a poner un pie. Y sin importar que las víctimas “se parezcan a nosotros” o no.

Porque, de hecho, son iguales a nosotros. Y es que parte de la misión periodística es ayudar a que sus lectores no solo sepan los hechos intelectualmente sino que los sientan en el corazón.

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Margaret Sullivan es la defensora del lector de The New York Times.

¿Quiénes son Mossack y Fonseca, los “abogados genios” del caso Panama Papers?

fotografía Mossack y Fonseca

CIUDAD DE MÉXICO — Los dos hombres se aliaron en una era de incertidumbre política y económica en Panamá: uno era un reservado inmigrante alemán cuyo padre sirvió en el ala armada del Partido Nazi; el otro, un amable escritor en ciernes cuya familia se había opuesto a la dictadura militar de Panamá.

En 1986, mientras el país aún estaba bajo el yugo del General Manuel Noriega, estos hombres fusionaron sus pequeños despachos de abogados y así crearon lo que se convertiría en el centro de las operaciones bancarias sigilosas para la élite, un paraíso fiscal. A lo largo de las siguientes tres décadas, Jürgen Mossack y Ramón Fonseca expandieron su despacho hasta tener 500 empleados, compañías filiales en todo el mundo y una cartera de clientes poderosos, famosos y, a veces, infames.

En enero, un fiscal que investigaba la corrupción generalizada en Brasil dijo que la firma de abogados era “un enorme lavadero de dinero”.

Los socios se habían vuelto muy adinerados, y Fonseca utilizó el éxito de la firma para lograr un papel influyente en los altos rangos de la política.

Le dijo a sus asociados que quería limpiar el gobierno y se convirtió en consejero especial del Presidente Juan Carlos Varela, hasta que el escándalo de Brasil lo obligó a renunciar este año.

En una entrevista, dijo que entrar a la política fue, en parte, una forma de dar algo a cambio: “Creo en compartir la pizza” escribió. “Por lo menos darle a los demás un pedazo”.

La firma Mossack Fonseca fue construida sobre las garantías de privacidad a prueba de todo que ofrecía a sus clientes.

Pero esta semana, una filtración de millones de documentos de la firma dejó al descubierto sus operaciones y expuso la proliferación de empresas fantasmas y paraísos fiscales para las personas más ricas del mundo.

Las revelaciones ya provocaron que el primer ministro de Islandia se apartara de su cargo, y también han desencadenado investigaciones criminales por lo menos en dos continentes.

La filtración de documentos también ha significado más escrutinio a los sectores legales y financieros de Panamá, justo cuando sus líderes intentaban deshacerse de la reputación del país como un lugar seguro para las fortunas de los criminales y los corruptos.

En febrero, Panamá fue eliminado de una lista de países bajo vigilancia por parte de una agencia internacional que establece estándares para combatir el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, pero a nivel internacional aún es considerado por muchos como un paraíso para los evasores de impuestos.

El presidente de Panamá ha prometido cooperar con cualquier investigación judicial que se abra a partir de la información filtrada, lo cual podría incluir una indagación a su exconsejero, sin duda una situación incómoda.

Mossack Fonseca ha negado haber cometido cualquier delito, y Fonseca ha defendido la inocencia de su firma.

“Al final de esta tormenta el cielo será azul y la gente sabrá que el único crimen es hackear”, dijo Fonseca sobre los documentos de la firma en una entrevista de una hora que ofreció mediante WhatsApp.

Pero algunas personas en Panamá que conocen a Fonseca dicen que los documentos filtrados no concuerdan con la manera en la que él ha tratado de presentarse a sí mismo y su papel en el país.

Carlos Guevara Mann, un miembro del mismo partido y exfuncionario del gobierno, dijo que una vez le preguntó a Fonseca, ya un hombre adinerado y novelista exitoso, por qué tenía interés en la política. Según recordó Mann, el abogado le respondió que quería corregir la historia de los derechos humanos en el país.

“Cuando juntas esa conversación con el hecho de que la firma ofrecía sus servicios a notorios violadores de derechos humanos como Gadafi, Mugabe, Asad y Putin es verdaderamente repugnante”, comentó Mann.

Entre los documentos filtrados que obtuvo el Consorcio Internacional de Periodistas, aparece una cadena de correos entre los socios principales de la firma en la que se dan cuenta de que habían trabajado durante años con clientes iraníes que estaban incluidos en una lista de sanciones que publicó el gobierno de Estados Unidos y Naciones Unidas.

“¡Esto es peligroso!”, escribió Mossack en un correo de septiembre de 2010 que le envió a Fonseca y a otros miembros de la firma. “Una alerta debió haberse activado de inmediato”.

Mossack culpó a los empleados de la oficina en Londres y escribió, “no están haciendo la auditoría de manera minuciosa (o quizá no la hacen en lo absoluto)”.

Los documentos filtrados han agitado los sectores bancarios y legales de Panamá, los cimientos de la economía del país, y dejaron fríos a los miembros de la clase empresarial. El colegio de abogados del país ha salido en defensa de la firma, pues dice que la información filtrada es parte de un ataque contra la reputación del país.

“Les están provocando un daño terrible a ellos, a todos los abogados y a su país en general”, dijo José Alberto Álvarez, el presidente de la asociación, en una conferencia de prensa el lunes.

Hay mucho en riesgo para Panamá, un país cuya economía depende en gran medida de las industrias de servicios legales y financieros.

El crecimiento de Mossack Fonseca coincidió con el surgimiento de Panamá como un paraíso fiscal. El flujo creciente del capital a través de fronteras durante los setenta y ochenta creó un mercado para abogados y contadores capaces de proteger el dinero, y Panamá se preparó para tomar ventaja.

Desde principios del siglo XX, su papel como centro de intercambio y embarque –el puente que une al continente y donde convergen el Océano Pacífico y el Mar Caribe– lo convirtió en un candidato claro para la contabilidad offshore.

Los barcos internacionales ondeaban la bandera panameña para aprovechar su favorable estructura fiscal, que, según algunos expertos, fue copiada casi directamente del estado de Delaware (EEUU).

“Como siempre ha sido el centro del comercio internacional, encajó perfectamente con la financiación exterior y la planificación fiscal en el extranjero”, dijo Victor Fleischer, un profesor de San Diego State University. “No sé si se justifica o no, pero la gente siempre ha considerado que Panamá es un lugar un poco turbio”.

La firma fue audaz y ágil y logró responder a un panorama legislativo que evolucionaba. Su reputación floreció.

Pero otras firmas panameñas de abogados también entraron al ruedo, incluyendo bufetes más prominentes y más grandes que Mossack Fonseca.

“Todas las firmas panameñas importantes tienen una división como esta”, dijo Roberto Eismann, el fundador del diario La Prensa en Panamá.

De hecho, Mossack Fonseca es tan solo una de las innumerables firmas en todo el mundo que se dedican a una industria mundial que alberga billones de dólares, y que podría privar a los países de hasta 200 mil millones de dólares en ingresos fiscales cada año, dicen expertos en impuestos y juristas.

Los socios fundadores de Mossack Fonseca compraron casas enormes en vecindarios exclusivos en la capital panameña, así como lujosas casas de fin de semana. Sus hijos tomaban prestado el avión de la compañía y viajaban con sus amigos a la playa o a las montañas.

PERSONALIDADES OPUESTAS

Pero a pesar de su escalada paralela en los negocios y en la sociedad, Mossack y Fonseca aparentemente mantuvieron separadas sus vidas personales. Amigos y socios describen que sus personalidades son completamente distintas.

Mossack nació en Alemania en 1948 y durante la Segunda Guerra Mundial su padre fue miembro de las SS, de acuerdo a los archivos de inteligencia de la Armada de Estados Unidos que obtuvo y aportó el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. La familia se mudó a Panamá en los sesenta donde, según los archivos de inteligencia, el padre de Mossack ofreció trabajar como espía para la CIA.

Mossack ha mantenido un perfil bajo, pues ha evitado los eventos sociales de la alta sociedad panameña y ha sido disciplinado en su trabajo. Aunque está más concentrado en las operaciones diarias, hasta ahora ha rechazado las declaraciones públicas acerca de los documentos filtrados.

En cambio, Fonseca ha sido una suerte de hombre de sociedad durante años. Nacido en Panamá en 1952, estudió en London School of Economics y después trabajó durante varios años en Naciones Unidas en Ginebra ”tratando de salvar el mundo”, como lo expresó en una entrevista.

Fue entonces, dijo, cuando comenzó a pensar en escribir una novela. Décadas más tarde, en los noventa, se volvió famoso como novelista, y ganó el premio literario más reconocido de Panamá.

Pero tenía ambiciones aun más grandes: la política. Un día, cuando se quejó con su padre acerca de lo desgastada que estaba la política panameña, el señor lo regañó. “Mi padre me dijo: ‘No es justo criticar al torero desde tu asiento’”, escribió Fonseca en la entrevista. “’¡Métete al ruedo!’”.

Para la década del 2000, estaba bien acomodado en el Partido Panameñista y se volvió asesor cercano del actual presidente Varela. Después de que Varela se convirtió en presidente en 2014, Fonseca se unió a su gabinete como consejero.

Dentro de Mossack Fonseca, ambos socios fundadores se pavoneaban. Exempleados han dicho que había un equipo de asistentes cuyo trabajo era conseguir cuartos de hotel, servicios de autos y entretenimiento para los clientes adinerados cuando llegaban a la ciudad, como recorridos por la ciudad vieja y el Canal de Panamá.

“No hubo reyes ni príncipes que yo recuerde”, dijo Tarina Rodríguez, y agregó que trabajó en la firma durante tres años  como “directora de hospitalidad”; le reportaba directamente a Fonseca y Mossack. Las visitas, dijo, “eran empresarios muy discretos que querían conservar un perfil bajo”.

También en entrevistas, varios exempleados describieron una cultura disciplinada y dijeron que al parecer los socios dirigían un negocio ético.

Mossack y Fonseca, dijeron, insistían en el cumplimiento de las normas y exigían procedimientos detallados para la mayoría de los asuntos de negocios en la firma.

“Había tantos procesos que debíamos seguir”, expresó Mileidy Castillo, quien dijo haber trabajado en la firma de 2011 a 2013. “A veces, con tal de hacer las cosas correctamente, debías seguir procesos, aunque el proceso fuera más largo”.

Sin embargo, los expertos dicen que marcar una lista de tareas no es todo lo que debe hacerse para cumplir con las normas. En vez de eso, las firmas de abogados deben estar dispuestas a presionar a sus clientes para que revelen la identidad verdadera de quienes están involucrados en transacciones en paraísos fiscales y expongan la fuente de su dinero.

“Muy a menudo, estas firmas en el extranjero están dispuestas a aceptar a cualquier cliente y seguir sus instrucciones”, dijo Jack Blumun, exinvestigador del Senado que ahora se especializa en examinar el lavado de dinero y las evasiones fiscales.

Durante las décadas pasadas, se han multiplicado las cuentas en el extranjero y se han utilizado cada vez más para el lavado dinero, la evasión fiscal o el financiamiento del terrorismo.

Quienes buscan violar la ley a menudo han disfrutado de la misma discreción que quienes tienen cuentas con propósitos ilegítimos.

En la década del 2000 surgió un movimiento de transparencia internacional, encabezado por dos grandes agencias internacionales (ubicadas en Francia), pero Panamá —acostumbrado desde hace tiempo a seguir su propio camino— se quedó rezagado en cuanto al cumplimiento de la ley.

“En los últimos 25 años, más o menos, probablemente hubo 15 años en los que casi no hubo regulación”, dijo Eismann sobre Panamá.

Uno de los grupos internacionales, Financial Action Task Force, se enfocó en los países donde el dinero podía lavarse fácilmente o en los que se pueden financiar actividades terroristas; el otro, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, se enfocó en los países donde una falta de transparencia facilitaba que los cuentahabientes evadieran impuestos.

En 2014, la Financial Action Task Force puso a Panamá en su lista de países donde la transparencia y los sistemas de contabilidad eran muy deficientes, lo que significó un duro golpe para el país. El Presidente Varela rápidamente obligó a que se aceptaran leyes para enfrentar el problema y así Panamá fue eliminado de la lista en febrero.

LA ÚLTIMA RESISTENCIA

Pero Panamá ha sido reacio a seguir una iniciativa de transparencia mundial que la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos lanzó en 2009.

Mientras que la mayoría de los otros centros financieros internacionales, como las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán y Singapur aceptaron la iniciativa rápidamente, Panamá se contuvo.

“Panamá es la instancia más importante que no colabora y sigue permitiendo que los fondos estén ocultos y las autoridades judiciales o fiscales no puedan rastrearlos”, dijo José Ángel Gurría, el secretario general del grupo en una declaración el lunes.

Pero expertos fiscales señalaron que Panamá, con su negativa a cumplir con los estándares internacionales de transparencia, está en buena compañía: Estados Unidos.

El portavoz del Presidente Vladimir Putin, Dmitry S. Peskov, dijo el martes que los ‘PanaMMA Papers’ no contenían información acerca del mandatario ruso.

Los países extranjeros han tenido problemas al obtener información sobre cuentas que sus ciudadanos tienen en Estados Unidos también.

“Panamá no es la verdadera historia”, dijo Matt Gardner, el director ejecutivo del Institute on Taxation and Economic Policy, un grupo de investigación que radica en Washington D. C. “Esta filtración de documentos está abriendo una ventana para ver un mundo mucho más grande, pero debe entenderse como una ventana que ayuda a observar cómo funcionan las cosas en Estados Unidos también”.

Desde que la información filtrada salió a la luz el fin de semana pasado, tanto la firma de abogados como Fonseca han dicho que no son responsables de las acciones de las empresas fantasmas que ellos crean.

En la entrevista, Fonseca dijo que la compañía tenía cuidado de vetar a los clientes y que dejaría de trabajar con quienes tuvieran una “mala reputación”. Pero insistió en que sus clientes eran abogados, contadores e intermediarios… no dictadores, por ejemplo.

“Somos como una fábrica de autos que le vende su auto a un distribuidor (un abogado, por ejemplo), y él se lo vende a una señora que choca con alguien”, escribió en un mensaje. “La fábrica no es responsable por lo que se hizo con el auto”.

Fonseca dijo que su firma intentó determinar “lo mejor que pudieron” al propietario real de una empresa fantasma.

“La industria se está volviendo más regulada y seria en cuanto a ser utilizada por los malos y nosotros damos la bienvenida a ese cambio”, comentó. Y agregó: “Pero, por favor, recuerden que hace 15 años se desconocía el término “diligencias previas de auditoría”.

A lo largo de los años, las cortes y los investigadores gubernamentales ocasionalmente han logrado penetrar el escudo de discreción de Mossack Fonseca.

En Brasil, Mossack Fonseca estuvo relacionada con una investigación de corrupción en torno a sobornos que políticos recibieron de manos de las empresas que negociaban con la compañía petrolera dirigida por el Estado.

Los investigadores comenzaron a enfocarse en la firma después de encontrar una serie de apartamentos que estaban a nombre de familiares de un político encarcelado.

La litigación reciente en EEUU reveló una conexión entre una compañía fantasma establecida en Nevada y las oficinas centrales de Mossack Fonseca en Panamá. El descubrimiento llegó después de casi tres años de una batalla legal, uno de los fondos especulativos mejor financiados del mundo dirigido por el multimillonario Paul Singer (cuya fundación auspició los #PanamaPapers.

El fondo especulativo intentaba rastrear dinero que había sido captado del erario público en Argentina y fue destinado a compañías fantasmas. La razón: el fondo especulativo era propietario de 1,7 mil millones de dólares de la deuda argentina que se originó en la crisis financiera del país a principios de la década de 2000, y Argentina se rehusaba a pagarla.

Pero la tarea del fondo especulativo no era sencilla. Una compañía fantasma conocida como MF Nevada alegaba que no tenía relación alguna con Mossack Fonseca.

Incluso al juez le pareció difícil de creer, y en un momento le preguntó al abogado de la compañía qué significaban las letras “M. F.” del nombre MF Nevada.

“No lo sé”, respondió el abogado, lo cual provocó carcajadas en la sala del juzgado.

Durante el interrogatorio, la persona enlistada en los documentos constitutivos reconoció que recibía órdenes de particulares en Mossack Fonseca.

El juez federal en Nevada dictaminó que la empresa fantasma básicamente era un alter ego de Mossack Fonseca, con lo cual le otorgó al fondo especulativo acceso a información que normalmente retiene la firma de abogados mediante su fachada en Panamá.

“Como abogados tenemos el deber de garantizar la discreción”, dijo Fonseca en la entrevista.

Y siente que a su firma se la han robado.

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Tomado de The New York Times, 7 de marzo de 2016

(Kirk Semple y Azam Ahmed reportaron desde Ciudad de México, y Eric Lipton desde Washington. Ana Graciela Méndez colaboró en este reportaje desde la Ciudad de Panamá).

 

Por qué no hay gringos corruptos en los “Panama Papers”

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LO QUE DICE EL DIARIO DIGITAL GENBETA

Desde el domingo 3 de abril a última hora de la tarde no se habla de otra cosa. Se han desvelado los denominados Papeles de Panamá, y con ellos los ciudadanos de a pie tenemos una mejor idea de cómo se las ingenian algunas de las mayores fortunas del mundo, políticos y familiares de personalidades para ocultar sus patrimonios, a veces recurriendo a paraísos fiscales.

En Genbeta no vamos a entrar en los detalles de sus actividades, para eso han conseguido la exclusiva los medios españoles El Confidencial y La Sexta.

Pero en cambio sí que vamos a intentar poner el foco sobre cómo se inició esta investigación y cuales han sido los pasos a seguir para desvelar la mayor filtración jamás obtenida por periodistas.

¿Cómo se llevó a cabo?

Todo empezó cuando hace algo más de un año el periódico alemán Süddeutsche Zeitung recibió una primera filtración de una fuente anónima.

Se trataba de datos cifrados pertenecientes a un bufete de abogados de Panamá que le facilitaba a algunas grandes fortunas el poder ocultar su patrimonio y negocios más oscuros para evadir impuestos.

Tal y como podemos leer en el propio medio, pocos días después la misma fuente empezó a enviarles más y más datos hasta llegar a los 2.6 terabytes de documentos en total, con los que empezó a comprobar que estaban ante algo como pocas veces se había visto.

Según Süddeutsche Zeitung el filtrador no quería ningún tipo de compensación a cambio de estos datos, sólo medidas para garantizar su anonimato y seguridad.

Y eso que sus papeles revelaban el mundo entre las sombras en el que se movían bancos, firmas legales, y las compañías de gestión de activos que gestionaban en secreto los bienes algunos de los mayores millonarios del mundo como políticos, oficiales de la FIFA, famosos, deportistas profesionales, estafadores y traficantes de droga.

Los Papeles de Panamá podrían ser la mayor filtración jamás obtenida por periodistas según los medios que informan sobre ellos: 11.5 millones de archivos actualizados, fechados entre 1977 y enero de 2016, en un total de 2,6 terabytes. En cuanto vieron lo que tenía entre manos contactaron con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), con el que ya habían colaborado en otras ocasiones.

Junto a la ICIJ el Süddeutsche Zeitung inició una gran cooperación internacional aliándose con al menos 378 periodistas de 78 países y más de 107 medios de comunicación como la BBCLe MondeThe GuardianUnivisiónFusionLa Nación,ABC-TV SydneyNDRMiami HeraldExpressoL’HebdoLe Soir y DIARIO EL UNIVERSO DE ECUADOR.

En España los dos medios involucrados en la investigación han sido El Confidencial y La Sexta.

La filtración está formada por correos electrónicos, fotografías, PDFs y extractos de la base de datos de Mossack Fonseca.

Ha ayudado que la entidad fuera creando archivos con cada firma, poniendo en cada una correos, contractos y transcripciones. Ahora corresponde a las autoridades seguir investigando para desvelar qué parte tienen de verdad estas filtraciones y qué consecuencias legales pudieran tener.

¿Quienes son los señalados?

Los esfuerzos combinados durante 12 meses de estos 378 periodistas han sacado a la luz las actividades de Mossack Fonseca, que ofrecía compañías offshore a las grandes fortunas del mundo. Las sociedades offshore son empresas que se registran en países en los que no realizan actividades económicas, normalmente paraísos fiscales, para beneficiarse de sus ventajas fiscales.

En la lista de las celebridades más destacadas a las que se acusa de posible evasión de impuestos con estas actividades, nos encontramos con jefes de estado como el Presidente de Argentina Mauricio Macri, el Primer Ministro de Islandia, Sigmundur Davíð Gunnlaugsson – que ya es famoso por su reacción cuando le preguntan por ellos-, el Rey de Arabia Saudí, el Presidente de los Emiratos Árabes o el Presidente de Ucrania, Petro Poroshenko.

A su vez están los exprimeros Ministros de Georgia, Iraq, Jordan, Qatar o Sudán, ministros, directivos de bancos, asambleas y entidades gubernamentales.

También familiares y colaboradores de políticos de alto nivel como el padre de David Cameron, el hijo de Kofi Annan, la hermana del Rey Juan Carlos I, o el secretario personal del Rey Mohammed VI de Marruecos. Incluso hay indicios que parecen apuntar al mismísimo Vladimir Putin.

La filtración también ha golpeado al mundo del fútbol, ya que en la lista aparecen nombres como Michel Platiní, ex-presidente de la UEFA, el Vicepresidente y miembro del comité ético de la FIFA, Eugenio Figueredo o el ex-Secretario General de la FIFA, Jérôme Valcke.

También está el futbolista Lionel Messi y otros ex-jugadores como Iván Zamorano o Gabriel Heinze. En la industria del cine han sido señaladas otras grandes personalidades como Jackie Chan o Pedro Almodóvar.

Junto a ellos hay por lo menos otras 33 personas y empresas que aparecen en la lista negra del Gobierno de EEUU por su supuesta relación en actos ilícitos, como hacer negocios con capos de la droga, organizaciones terroristas como Hezbolá o naciones rebeldes como Corea del Norte e Irán.

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NOTAS IMPORTANTES:

  • Toda información que consiguen los periodistas del ICIJ va a la sede en Washington, EE.UU., donde la procesan.
  • USAID (CIA) financió a los periodistas “investigadores”, según confesó el vocero de la Casa Blanca.
  • En los Panama Papers no aparecen datos de ningún personaje ni empresa de Estados Unidos, Alemania, Japón e Israel.
  • The Guardian argumenta que no hay estadounidenses en #PanamaPapers por el acuerdo del comercio al que llegaron Panamá y EE.UU. en 2010.
  • ICIJ es un grupo de medios pagado por las fundaciones Ford, Carnegie, Rockefeller, Kellogg y Soros, todas de EEUU. No hay gringos corruptos.
  • Diario El Universo es miembro del “grupo investigador” del escándalo financiero de Panamá. ¿Le creemos?
  • El Comercio de Quito, comprado misteriosamente a la familia Mantilla por El Fantasma mexicano, es miembro del grupo que hizo la investigación. El Gobierno le entregó a dedo frecuencias de televisión.
  • ¿Les creemos?

 

Réquiem tardío para el eterno maestro Ryszard Kapuscinski

fotografía Kapu fotos África.jpg

Por Rubén Darío Buitrón

Este hombre nunca dejará de sorprenderme. Aunque ya no escriba. Aunque hace más de siete años haya decidido apagar su luz. Aunque el mundo dejó de sentir sus pasos.

Este hombre al que nunca conocí me enseñó tanto en cada párrafo que escribió, en cada texto que publicó, en cada pensamiento y en cada reflexión y en cada propuesta teórica y temática que hizo en los 20 libros que alcanzó a ver publicados mientras existió, en los millones de jóvenes periodistas que lo siguieron y que nunca han dejado de intentar convertirse en otros hombres íntegros, amantes de la palabra, gigantes de la crónica, maestros de la descripción precisa y exacta, militantes de un oficio que él puso al servicio de los pobres, de los humildes, de los hambrientos, de los derrotados, de los sedientos, de las víctimas inocentes de las guerras culpables.

Este hombre que me hizo vivir, como si yo hubiera estado allí, en recónditos lugares abandonados del continente más discriminado del planeta, allí donde los bosques ya no están más, allí donde los desiertos desatan tormentas de arena para recordar al ser humano cuánto daño hace a la naturaleza, al futuro, a la paz, a la existencia, a la armonía.

Este hombre que un día me llamó desde uno de sus libros y me dijo que los cínicos no sirven para este oficio y que solamente las buenas personas pueden ser buenos periodistas.

Este hombre al que después de muerto un mal periodista (que se hacía pasar como amigo) quiso enlodarlo con un libro que hoy ya nadie recuerda.

Este hombre que se llamó Ryszard Kapuscinski y que nos enseñó los cinco mandamientos del periodista: ir, ver, comprender, sentir y contar.

Este hombre que caminó el mundo con la pluma y la ética en la mochila.

12 reflexiones sobre los medios públicos y la democracia

fotografía medios públicos y periodismo

1. El periodismo participativo es un fenómeno emergente que se produce desde la base hacia arriba. Se amplía la democracia mediática y se construye un verdadero medio público.
2. El acercamiento a la gente transforma el rol tradicional del periodismo y crea una ética dinámica e igualitaria. Eso es un medio público.
3. “En una era en la que cualquiera puede ser reportero u opinar en las redes, el mundo se mueve en un periodismo de dos vías”. Jhon S. Brown
4. Si el periodismo de la gente emerge sin la ayuda de periodistas o de iniciativas de los medios, ¿qué sentido tiene la prensa tradicional?
5. La semilla desde la cual crece el periodismo público es el diálogo y la conversación, característicos también del periodismo democrático.
6. Los blogs refrescan las voces en el país y ayudan a la sociedad a entender y opinar sobre temas distintos a los de la prensa tradicional.
7. La semilla desde la cual crece el periodismo público es el diálogo y la conversación, característicos también del periodismo democrático.
8. “La gente común plantea poderosas ideas y las divulga en las redes sociales. Es el periodismo que será poderoso en este siglo”. Dan Gillmor
9. “En el futuro inmediato, la noticia on-line dará al lector el derecho a escoger solo los temas y fuentes que le interesen”. Negroponte
10. Propaganda e información se distinguen en que una interesa a la fuente y la otra al público. Recuérdalo cuando te envíen notas de prensa.
11. Las audiencias están modelando el futuro de las noticias y la información.
12. No son lo mismo medios públicos que medios oficiales. En los públicos manda la gente y es quien decide la agenda temática. En los oficiales, el poder político o las autoridades del Estado.

“El cazador de historias”, un nuevo libro de Eduardo Galeano

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fotografía posada de Eduardo Galeano

“El cazador de historias” el libro póstumo de Eduardo Galeano, el autor comprometido que escribió “Las venas abiertas de América Latina”, será publicado en Argentina y México el próximo cuatro de abril.

Un libro, publicado por Siglo XXI, que el autor dejó íntegramente escrito y corregido y en el que muestra con crudeza, ternura y humor el mundo actual, al tiempo que “desnuda ciertas realidades que, pese a estar al alcance de la mano, no todos llegan a ver”, según la editorial.

La obra, que el autor terminó un año antes de morir, se cierra con varias historias poderosas que sorprenden porque ofrecen pistas de su biografía, de sus años de infancia y juventud, de los primeros viajes por América Latina y de las personas que marcaron su vida y su escritura.

Historias en las que también Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-2015) expresa sus ideas sobre la muerte.

“En el verano de 2014 habíamos cerrado hasta el último detalle de ‘El cazador de historias’, incluida la imagen de cubierta que, como solía suceder, él mismo había elegido, la del Monstruo de Buenos Aires que ilustra esta edición.

Había dedicado los años 2012 y 2013 a trabajar en este libro. Dado que su estado de salud no era bueno, decidimos demorar la publicación, como un modo de protegerlo del trajín que implica todo lanzamiento editorial, explicó Carlos Díaz, editor del libro, en una nota.

“En sus últimos meses de vida siguió haciendo una de las cosas que más disfrutaba hacer, que era escribir y pulir los textos una y otra vez -continúa Díaz-.

Había empezado una nueva obra, de la que dejó escritas unas cuantas historias; le gustaba la idea de llamarla Garabatos.

Después, tras su muerte, la editorial retomó el plan de publicar El cazador de historias e incluir también en el libro una veintena de esos garabatos.

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Tomado de revista dominical 7 DÍAS, República Dominicana

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