Los ecuatorianos estamos atrapados en la casa de los espejos

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¿Qué actitud adoptar ante el otro?

¿Cómo tratarlo?

¿Hay que intentar conocerlo?

¿Es ético buscar la manera de acercarnos y entenderlo?

Esas preguntas debieran asaltarnos con frecuencia. Acecharnos y obligarnos a salir de la casa de espejos donde estamos atrapados.

Atrapados en la casa de espejos donde hablamos para nosotros.

Donde no nos importa lo que piensen los otros.

Donde escribimos contra los otros.

Donde subestimamos a los otros.

Donde repudiamos la opinión de los otros.

Donde no escuchamos la voz de los otros.

Donde quisiéramos callar, para siempre, las ideas de los otros.

Atrapados en la casa de espejos que nos impide mirar, entender, admitir que por fuera de estos enormes espejos habita una sociedad vital y compleja que somos incapaces de percibirla, que no la escuchamos, que no la sentimos, que nos es imposible entender.

Atrapados en la casa de espejos donde no son posibles la deliberación ni el disenso.

Donde quienes tienen el poder (cualquier poder) solo reconocen su propia imagen y al mirarse en ella creen que tienen visa para arrasar con todo lo que no encaje en sus proyectos, visiones, maneras de entender la vida, la realidad, el futuro y, sobre todo, su futuro personal.

En la casa de los espejos no es posible la tolerancia, el respeto, el espacio para el otro.

Ni siquiera es posible la coexistencia con el otro: si nosotros tenemos la razón, si nosotros representamos la sensatez, si nosotros somos los heraldos de la ética, si nosotros tenemos las herramientas para difundir y multiplicar y expandir nuestra pregunta hegemonía histórica, ¿para qué escuchar la palabra del otro, del diferente, del distinto?

¿Para qué tomar en cuenta a los agoreros que pretenden alarmar advirtiéndonos que la intolerancia, la arrogancia y el desprecio a los otros podría conducirnos a la derrota colectiva, al funeral de los procesos reflexivos y a la demolición de escenarios para el debate y la búsqueda de consensos?

Citado por el maestro Kapuscinski, el filósofo y caminante griego Heródoto solía decir que cuando unos individuos cierran la puerta a otros individuos, por las razones que fueran, en el fondo son sujetos miedosos que adolecen de un complejo de inferioridad y tiemblan ante la perspectiva de verse reflejados en los sentimientos y las demandas y las necesidades y los pensamientos ajenos.

http://www.vanguardia.com.mx/articulo/los-obstaculos-de-la-democracia

Como dice el mexicano Felipe de Jesús Balderas:

“Uno es el que nos narra Heródoto (484-420 a.C.) en Historias, III, 80, 1 donde nos relata la narración de Darío el rey de Persia y sus generales que discurren acerca de las ventajas y desventajas de la monarquía, la democracia y la oligarquía. Uno desacredita la monarquía porque desarrolla soberbia y desmesura. Otro considera a la oligarquía como una degeneración de la aristocracia y se convierte en tiranía. Otro de los generales defiende la democracia porque es “el gobierno del pueblo” y porque en este sistema afirma, las magistraturas se obtienen por sorteo, se rinden cuentas a la comunidad y los asuntos públicos se someten a la deliberación del pueblo. Finalmente otro de los generales rechaza la democracia por la ignorancia del pueblo.Propone elegir a un grupo de personas bien preparadas, es decir, los aristócratas (los más capaces). Un obstáculo por supuesto, es la ignorancia”.

Muchas veces los periodistas, que también nos creemos poderosos, por sobre el bien y el mal, también nos dejamos cegar por el resplandor de los espejos. Sin visión precisa, olvidamos que nuestro oficio tiene sentido en función de los demás y que el destino moral del periodismo son los otros, conectados a nosotros.

Cercados por esas murallas que nos impiden mirar más allá de nosotros mismos, no alcanzamos a entender que será imposible construir una sociedad más humana si seguimos atrapados en los espejos.

10 de junio de 2017

En Ecuador no se declara la guerra contra la telebasura

Pregúntale a un actor de teatro o a un músico sinfónico o a un escritor de novelas.

Cualquiera de ellos te responderá igual: lo más difícil para el creador o para el actor cultural es conseguir audiencias.

Y, luego, que esas audiencias te sigan y te sean fieles.

Y, después, intentar que tu vocación y tu pasión por el arte te permita vivir. O sobrevivir.

Mientras tanto, en el Ecuador reina la telebasura.

Y resulta extraño que la Superintendencia de Comunicación (Supercom) o el Consejo de Regulación de la Comunicación (Cordicom), que dicen llevar la bandera de la dignidad de los contenidos, no hayan hecho nada o hayan hecho poco en contra de la telebasura.

Los dos organismos (¿quién más?), en representación de los ciudadanos y de quienes nos consideramos afectados por ese tipo de programas burdos y frívolos, deberían combatir y regular la telebasuram sancionar y controlar los programas que bajo la etiqueta de cómicos denigran a las personas, a las etnias, a los grupos sociales, a los pobres, a las mujeres…

Por el impacto que logran en nuestros cerebros, debido a una pésima formación intelectual y conceptual de la educación formal en el Ecuador, son espacios con alto rating que dejan ingentes ganancias a los canales que los producen y los pasan.

Cuando la Asamblea Nacional aprobó la Ley Orgánica de Comunicación (LOC) hace cuatro años, en mayo de 2013, se suponía que se iniciaba un cambio profundo y radical en los contenidos mediáticos, pero todavía, 48 meses después, no se hace nada.

Alain Tourane sostiene que “lo que está en juego en nuestra sociedad es defender y hacer crecer la libertad creadora de los sujetos contra las olas de violencia, imprevisibilidad y arbitrariedad que ocupan cada vez más el espacio social y que han logrado consolidarse en la televisión y en las redes sociales“.

http://www.bdigital.unal.edu.co/16299/1/11181-26840-1-PB.pdf

Mientras eso ocurre en la televisión privada y gubernamental ecuatoriana (y en los medios radiales e impresos también, a su manera chabacana y morbosa), la sociedad se va degenerando, va perdiendo el rumbo, se va quedando sin ideas para la reflexión sobre lo que realmente importa (la política y la economía en función de la gente).

Esa mezcla de televisión con internet mal usado lo frivoliza todo, lo faranduliza todo, lo estigmatiza todo.

Y así es cómo millones de personas (adultos, jóvenes, niños y tú y yo) nos convertimos en analfabetos  funcionales y vamos perdiendo lo esencial para nuestras vidas: la sensibilidad social y la capacidad de tomar decisiones razonadas.

La (de) formación del periodista

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Rubén Darío Buitrón
1.
En los últimos años, quizás por una mala interpretación de las políticas estatales sobre la educación superior o porque esta se encuentra mal diseñada, los periodistas se han dedicado más a la formación académica que al verdadero aprendizaje del oficio: en las calles.
Apremiados por obtener su título de licenciados para trabajar y ganar mejores salarios, han extraviado su propia vocación.
2.
Esta obsesión por legalizar su condición de profesionales puede convertirse en una que tienen los medios y la crisis que estos viven, atrapados entre el ser o no ser verdaderos medios de información o partidos políticos opositores.
3.
La “titulitis” solamente servirá para que nadie piratee el oficio, pero esa fiebre tampoco es la solución a los complejos problemas que tiene el periodismo ecuatoriano.
Ser licenciado, ser magíster o ser PhD no tiene nada que ver con la calidad, el rigor, la ética, el equilibrio, la verificación, el pluralismo en las fuentes, la creatividad, la búsqueda de un periodismo diferente que mire al futuro, el acompañamiento a la sociedad que evoluciona cada día.
4.
“Ya soy licenciada en Comunicación Social”, escribía hace poco una feliz graduada, “y ahora voy por mi maestría y mi doctorado en periodismo”.
Por estos días le tocó reemplazar a un compañero suyo en un periódico y le pareció que era la oportunidad de su vida.
Estaba feliz: era en la sección de Cultura, donde haría maravillas porque es el área que más le gusta. Pero chocó con la realidad cuando la maltrataron no solo las fuentes, sino sus jefes y los dueños del diario.
En Facebook concluyó: “Hay que desvivirse por el periodismo, pero no por el medio”.

Sandra Ochoa Naula, (+), la reportera de la gente invisible

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Tenía 44 años apenas. Pero el cáncer había llegado a morder a pedacitos los últimos años de Sandra Ochoa Naula, periodista y abogada cuencana.
Falleció hoy, miércoles 10 de mayo, en el hospital José Carrasco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) en su ciudad.
Allí estuvo internada durante semanas, siempre con la esperanza de que la vida diera un vuelco y de pronto, como suele ocurrir cuando se producen los milagros, volviera a ser la excepcional persona que fue.
El pasado 11 de febrero fue su cumpleaños y la recordé, pero cometí el error de no llamarla.
Nunca supe que estaba grave y nadie me lo contó, quizás porque ella misma no sabía cuánto había avanzado la enfermedad dentro de su cuerpo.
Pero aunque nos hablábamos muy pocas veces, nunca perdimos el contacto, pese a que hacían muchos años, una década quizás, que ya no trabajábamos juntos.
Era feliz.
Se casó con Marco Saltos, tecnológo médico, y era madre de una niña todavía pequeña y de dulce nombre: Amancay, de seis años.
Yo no pude verla en esa intricada estación del tren de su existencia, pero recuerdo cuánto amaba a sus padres,Vicente Ochoa e Inés Naula, y cuánto sufrió en silencio por la enfermedad de su madre.
Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica de Cuenca y fue en esa etapa cuando la conocí en el Diario El Tiempo, cuando trabajaba como reportera y Ricardo Tello y yo dirigíamos el periódico y manejábamos el proyecto de convertir al periódico de vespertino en matutino y de dotarle de una nueva visión, de nuevas percepciones, de nuevos compromisos, sobre todo con el periodismo de la gente común, sobre todo con el periodismo al servicio de quienes nunca o casi nunca aparecen en los medios.
Su anécdota favorita cuando nos reuníamos a conversar era narrar cómo, antes de convertirse en reportera, había decidido que dedicaría su existencia a Dios.
Por eso ingresó a un convento de monjas, donde estuvo poco tiempo: afortunadamente para el periodismo ecuatoriano, se dio cuenta de que aquella no era su vocación y cambió de forma drástica su futuro cuando empezó a estudiar periodismo mientras trabajaba en El Tiempo.
Siempre sorprendente, siempre dedicada a fondo a lo que se proponía, hacía reporterismo y era catedrática, pero resolvió ir en busca de otro objetivo más: la carrera de Derecho.
Sus alumnos la querían porque nunca fue “la licenciada” ni “la doctora” ni la “profesora”. Era Sandra. O Sandrita, como le decíamos todos los que la queríamos tanto.
Cronista de alma y corazón, un día propuso al periódico investigar cómo sus compatriotas, en especial de la zona donde ella nació, arriesgaban y arriesgan su vida para llegar a Estados Unidos.
Era una idea muy arriesgada, porque a diferencia de otros reporteros, que se protegían con la visa y el pasaporte, ella resolvió que viviría exactamente todos los avatares de los migrantes: el viaje en la clandestinidad hacia una playa desconocida, el trayecto en una pequeña embarcación, atestada de personas, por el mar hasta llegar a un punto donde los recogerían los “coyotes”, el terrible momento en que los “coyotes” dejaban solas a las personas para que, por su cuenta, intentaran atravesar desiertos y fronteras a espaldas de la temible policía de migración estadounidense.
Sandra Ochoa lo vivió, lo sufrió y lo contó en una magnífica serie periodística que tuvo repercusión internacional.
Con ese trabajo ganó el premio nacional de reportaje “Jorge Mantilla Ortega”, que organizaba cada año diario El Comercio y era el concurso periodístico más importante del país.
Nunca olvido su gesto cuando ganó el premio: vino a Quito y me llamó para que fuera su invitado especial a la ceremonia de premiación del concurso. Ella consideraba, según dijo aquella noche, que sin nuestro decidido apoyo nunca hubiera podido emprender ese viaje histórico para los periodistas ecuatorianos.
El reportaje llamó la atención de los editores del mundialmente famoso periódico norteamericano The New York Times, que también publicó, en inglés, el testimonio personal de la valiente e intrépida Sandra Ochoa Naula.
El premio nacional y la publicación de su trabajo en uno de los periódicos más importantes del mundo no le cambiaron.
Sandrita fue siempre Sandrita, humilde, modesta, sencilla. Tampoco cambió cuando fue centro de una polémica porque en una rueda de prensa del presidente Correa ella hizo una pregunta y el mandatario la llamó “gordita horrorosa”, en referencia a la insistencia con la que cuestionaba y con la que intentaba obtener la información.
La vanidad y el ego no anidaban en su espíritu limpio y claro, en su cariño por sus colegas, sus amigos, su familia, sus alumnos.
En su decidida manera de hacer periodismo al servicio de la gente de su ciudad, de su provincia, de su tierra.
En su amor por el oficio, amor que queda como semilla para las nuevas generaciones de periodistas y para nosotros, para mí, que siempre recordaré sus abrazos, su alegría, su explosiva forma de reír, su lucha por desnudar realidades dolorosas que la sociedad y los poderes intentaban ocultar.

Periodismo ecuatoriano en crisis

El periodismo ecuatoriano no ha mejorado ni ha empeorado con la Ley de Comunicación, vigente desde hace cuatro años.

Tampoco su nivel se ha elevado a un nivel superior. No ha sido suficiente que a partir de esa ley se crearan la Superintendencia de Comunicación (Supercom) y el Consejo de Regulación de la Comunicación (Cordicom).

No existe un propósito de conseguir excelencia de contenidos pese a las auditorías, advertencias, sanciones y multas de la Supercom ni con la teorización filosófica que hace el Cordicom de lo que, según la Ley y los grandes pensadores de la comunicación mundial, debiera constituirse en el deber ser de los medios y los periodistas ecuatorianos.

Con ciertas excepciones que ameritarían otro análisis, los medios privados y los temas que ellos abordaban antes de la Ley de Comunicación eran el producto de intereses particulares o pasaban por los filtros y la censura del poder mediático empresarial representado en los dueños de la prensa –agrupados, por ejemplo, en la antes poderosa y hoy moribunda AEDEP-.

La Ley de Comunicación, que en su esencia tiene la intención de democratizar el acceso a la información, no ha logrado hasta ahora que el periodismo nacional mejore su nivel y los ciudadanos muchas veces caen en un nivel de confusión por la extrapolación de sus discursos noticiosos.

En el sector público, estatal o gubernamental (habría que precisar que no es lo mismo “público” que estatal y gubernamental), cuatro años después de la Ley y nueve años después de que se incautaran, como toda razón jurídica y moral, los medios de la banca corrupta que destrozó al país hacia fines de los años 90, tampoco encontramos periodismo de calidad.

Los medios mal llamados “públicos” (si lo fueran, en ellos se expresaría el pensamiento plural y democrático de todos los ecuatorianos, sea cual fuere su pensamiento, y no se mostraría solo la parte de la realidad que conviene al oficialismo), que en realidad son progubernamentales o partidistas, tampoco han logrado posicionarse como alternativa a la prensa privada.
Sin embargo, este objetivo tendría que convertirse en su “deber ser” y su programación (en el caso de canales y radiodifusoras) y sus espacios (en el caso de los medios impresos) tendrían que ser la mejor manera de mostrar cómo se hace buen periodismo frente al discurso presidencial.

Discurso contra de la “prensa corrupta” (una generalización injusta, porque en el país hay medios privados, aunque sean muy pocos, que sí hacen su trabajo con honesta dignidad, en especial en las provincias no tomadas en cuenta por el gran poder político y económico, es decir las que no son Guayas y Pichincha).

¿Qué pueden esperar los ciudadanos ecuatorianos de los medios, privados y gubernamentales, si está claro que la obsesión en contra de los autodenominados “grandes medios” es tan intensa y evidente en la confrontación del Régimen contra ellos ignorando que en el país existen cientos de canales, radios y periódicos que no son iguales a El Universo, Expreso o El Comercio, pero que tampoco se asemejan a El Telégrafo?

¿Qué pueden esperar los ciudadanos ecuatorianos de los medios, privados y gubernamentales, si estos ignoran grandes fragmentos de la realidad como lo hacen los medios impresos oficialistas, todos armando sus agendas en función de sus intereses ideológicos o políticos o partidistas o proselitistas o económicos o financieros?

En televisión sería un enceguecimiento inútil negar la calidad de la puesta en escena de un programa como Visión 360 (Ecuavisa), así como no se puede dejar a un lado la crítica al pobre desempeño del noticiero matinal de esa misma estación televisora donde se evidencia la mano del exembajador Alfredo Pinoargote.

Pinoargote es un desequilibrador de cualquier intento democrático y plural de mantener el pluralismo en la forma de entrevistar y en la actitud agresiva o contemplativa frente a unos y otros entrevistados.

También es absurdo negar que en la TV oficialista hay excepcionales intentos de salir del molde, como los programas de Carlos Rabascall, Rodolfo Muñoz, Mariuxi Mosquera y Xavier Lasso, entre los pocos que destacan.

Pero, para ser justos, tenemos que decir que la mayoría de programas tanto informativos como de “entretenimiento” siguen los moldes anteriores a lo que hacían los canales cuando estaban en manos de la banca corrupta, en especial Gama TV y TC Televisión, al punto que la mayoría de sus directores, jefes y reporteros son los mismos que estaban en aquella época.

¿De obedientes a los hermanos Isaías pasaron a obedientes a las líneas oficiales? ¿Cómo fue ese proceso interior? ¿Espiritual, ideológico, salarial?

¿Será por eso que no se diferencian unos y otros programas de entrevistas matinales o los noticieros del mediodía y la noche que mantienen unos y otros?

Solo se distancian en las visiones sesgadas y en la repetición de un esquema ya obsoleto en muchos países del mundo.

En lo demás, la estructura es la misma porque, entre otras razones, no existen líderes dentro de los canales gubernamentales que sean capaces de proponer alternativas no solo técnicas ni estructurales, sino de contenido, que es lo que más importa para la información, la educación y la promoción de la reflexión social en las audiencias.

Pör eso, si me preguntan a dónde está yendo el periodismo ecuatoriano mi respuesta podría sonar muy drástica.

Pero si seguimos como estamos, nos espera el abismo.

Los medios privados fingiendo ser “independientes” y la prensa oficialista fingiendo ser también “independiente”, sin que ninguno de los sectores lo sea ni lo pueda ser.

Es patético cómo el periodismo ecuatoriano se ha extraviado a nombre de una “independencia” que no existe, así como tampoco existen ni el periodismo objetivo ni el imparcial.

Mientras los medios de uno y otro lado no logren recuperar la credibilidad, por lo menos sincerando sus líneas editoriales y transparentando sus intenciones, no alcanzarán el objetivo de que el público crea en ellos y, más bien, seguirán profundizando, desde un lado y desde otro, las vendas ideológicas que nos impiden a 15 millones de ecuatorianos mirar la realidad en su conjunto.

Eso es lo que deberían reflexionar y profundizar quienes ahora pretenden cambiar la Ley de Comunicación a espaldas del pueblo y de los ciudadanos.

La bofetada de Revista Time a la “sociedad blanca” de los EE.UU.

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La fuerza del periodismo es así.
Y lo es cuando asume la realidad con valentía, con decisión, con un proceso reflexivo interno en la sala de redacción en el que lo que prima es mostrarle a la sociedad frente a un espejo de cuerpo entero para que vea cómo se reflejan todas sus miserias.
“Un medio es una nación hablándose a sí misma”, decía el dramaturgo norteamericano Arthur Miller.
Y lo que ha hecho la prestigiosa revista TIME en su más reciente edición son las dos cosas: ponerle a la sociedad gringa un espejo de cuerpo entero y generar en esa sociedad un profundo debate acerca de sus propias hipocresías, prejuicios y actitudes mojigatas.
Con su portada, en apariencia tan simple pero en realidad tan estremecedora y contundente, TIME dice a Estados Unidos y al mundo que es solo un mito la democracia norteamericana cuando tocamos el tema de los derechos humanos, el racismo contra los negros o “afroamericanos”, la impunidad policial y militar, la igualdad, el cuento de que es el país de las oportunidades porque, supuestamente, en EE. UU. triunfa todo el que quiere triunfar.
Con un simple tachón de marcador rojo a un año simbólico, 1968, TIME cuenta al mundo y a su país la mentira de que en ese año terminó la larga e histórica lucha de los negros contra su discriminación, contra la falta de trabajo, contra la persecución de los fascistas del Ku Klux Klan (movimiento que defiende la preminencia de “la raza blanca” en su país, contra los asesinatos en masa, contra el desplazamiento de los negros a barrios marginales, contra el crimen a los líderes Marthin Luther King y Malcom X.
En Estados Unidos la segregación racial fue practicada como un hecho usual de la “sociedad blanca” hasta mediados del siglo XX, pero como resultado de la lucha por el Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos se firmó la Ley de Derechos Civiles en 1964, en la que se prohíbe la aplicación desigual de los requisitos de registro de votantes y la segregación racial en las escuelas, en el lugar de trabajo e instalaciones que sirvan al público en general (“lugares públicos”) y en 1965 la Ley de derecho de voto.
Pero una ley no es suficiente. Los negros siguieron en su lucha por los derechos que estaban en el papel, pero no en la realidad.
Y de esa lucha surge el liderazgo de Marthin Luther King, asesinado en forma impune -de nuevo- en Memphis, el 4 de abril de 1968.
Los seguidores de Luther King reaccionaron con ira y rebeldía. Se tomaron las calles en decenas de ciudades estadounidenses. Fueron reprimidos con brutalidad.
Y cuando se pensaba que aquella lucha había tenido sus resultados, justo cuando el poder político lo maneja un negro de ancestro africano, el presidente Barack Obama, se suceden uno tras otro los asesinatos a jóvenes negros, la mayoría de ellos atravesados por las balas de los policías “blancos”.
El último incidente colmó la paciencia de una raza y un sector social heridos por la justicia no aplicada, por la falta de sentencia a los asesinos, por un poder que permite a los “blancos” y a su Policía cometer crímenes atroces.
Fue en Baltimore, en la Avenida Pennsylvania, donde se concentró la mayor parte de protestas tras la muerte bajo custodia policial del joven negro Freddie Gray.
Hubo motines, protestas violentas, comercios quemados y saqueados.
Como dice diario El País de España, “los casquillos de las granadas de gas usadas para implementar el toque de queda o la todavía fuerte presencia policial, reforzada por la Guardia Nacional que no se desplegaba en la ciudad desde 1968, recordaban que la situación dista aún de ser normal. Nadie baja la guardia en esta ciudad que seguirá bajo toque de queda entre las diez de la noche y las cinco de la mañana lo que queda de semana”.
La calma regresa tímidamente a Baltimore. Pero la rabia por la muerte de Freddie Gray, que está bajo investigación, sigue ahí. Y no se debe solo a la brutalidad policial contra los negros.
“Esto es por Freddie, pero va más allá de Freddie”, decía Malvin Towns, un joven afroamericano que en las protestas portaba una pancarta con el lema: “Freddie no murió en vano. Derechos civiles ahora”.
Una demanda ampliamente compartida en una ciudad donde la mayoría afroamericana -el 64% de la población- es mucho más pobre que la minoría blanca. Tan solo en el barrio negro de Gray, Sandtwon-Winchester, el 51% de la población activa está desempleada y el salario promedio es menos de la mitad de la media nacional.
“Frustración”, “ira” son los términos que más se usan para definir el estado de ánimo de los jóvenes afroamericanos en Baltimore.
Y ellos son los protagonistas de las protestas y disturbios en una ciudad incapaz de ofrecer a esta juventud salidas al círculo vicioso de pobreza, falta de oportunidades, drogas y cárcel en el que tantos se sumen. El 89% de la población carcelaria de Baltimore es negra, según el Justice Policy Institute. La mayoría no ha cumplido los 35 años.
Christiane Smith, una joven madre afroamericana, escuchaba junto a su hijo de cinco años estas discusiones. ¿La solución? “No lo sé -admitió- pero queremos que se haga justicia para todos los hombres que murieron a manos de la Policía. Y también para nosotros. Tenemos que hacer algo, tenemos que cambiar esto”.
Desde esas mismas calles, el congresista afroamericano Elijah Cummings llamaba a todo Estados Unidos a prestar mucha atención a las voces de Baltimore.
“Esta es la voz de los derechos civiles de esta generación y América debería estar escuchando”, sostuvo el demócrata. Si no, reiteró ante las cámaras de CNN el miércoles, “Baltimore puede volver a pasar en cualquier otro lugar. Y en cualquier momento…”.
Está visto. Quienes suelen ponernos a Estados Unidos como ejemplo de la democracia, la libertad y las oportunidades, están mintiendo.
Estados Unidos es un país enmascarado. Condena a las naciones por la falta de democracia y, sin embargo, no la ejerce a plenitud. Condena a las naciones por violar los derechos humanos y, sin embargo, allí se lo hace todos los días. Condena a quienes luchan por cambiar la sociedad y, sin embargo, su sociedad se cae en escombros por la falta de cambios, por los abismos sociales, porque los pobres son muy pobres y los ricos son muy ricos.
TIME nos ha dado una lección de civismo. Una lección de sensibilidad. Una lección de cómo los periodistas debemos conectarnos con la gente común.
Eso se llama periodismo.

Wikitribune, un nuevo sitio web contra las noticias falsas

Walles, Jimmy

“Los periodistas y los ciudadanos trabajarán mano a mano en Wikitribune”, asegura Jimmy Wales.

A Jimmy Wales, el fundador de Wikipedia, le molesta especialmente “que la gente tome decisiones basadas en mentiras e informaciones falsas”.

Por eso ha decidido crear Wikitribune, a tiempo para las elecciones generales en el Reino Unido el próximo 8 de junio, pero con la intención de ir mucho más allá.

Wales se propone trasladar el modelo Wikipedia al periodismo, aunque poniendo un énfasis especial en la transparencia y el fact checking, para contrarrestar la avalancha de fake news que ha comprometido la fiabilidad de los medios (los digitales y los tradicionales).

Wales se ha apoyado entre otros en el profesor de Periodismo de la CUNY Jeff Jarvis, creador de BuzzMachine, y en la actriz y activista Lily Cole, fundadora de Imposssible, para el lanzamiento de su nueva iniciativa, que aspira a romper moldes en el periodismo digital.

“Por primera vez, los periodistas profesionales y los ciudadanos periodistas trabajarán mano a mano y como iguales, escribiendo las noticias según ocurren, editándolas sobre la marcha y creando una comunidad de comprobadores de datos“, advirtió Wales, que empezó a concebir la idea cuando escuchó por primera vez a la asesora de Donald Trump, Kellyanne Conway, justificando la difusión de “hechos alternativos”.

Pese al vínculo personal de Wales, Wikitribune no está afiliado con Wikipedia ni con la Wikimedia Foundation.

El nuevo medio aspira a financiarse inicialmente por crowdfunding (la campaña se inició el 25 de abril) y a contar pronto con una plantilla profesional, reforzada con equipos de voluntarios.

El acceso a Wikitribune será en principio gratuito, aunque Wales ha reconocido que los modelos usados por el New York Times (cobrando a partir de un número de artículos) o por The Guardian (que ha creado su red de “miembros” que contribuyen económicamente a su versión digital) podrían servir de guía para el futuro del nuevo medio.

“Tenemos que desarrollar un modelo para que los medios no dependa exclusivamente de la publicidad online y de la tiranía del click“, ha declarado Wales en el anuncio de la nueva plataforma. Wikitribune no tendrá accionistas, anunciantes o subscritores, sino “seguidores” que pagarán entre 12 y 17 euros al mes, y a cambio podrán participar en la toma de decisiones sobre qué temas deberá cubrir la plataforma.

Los periodistas, por su parte, trabajarán bajo los principios de transparencia total, facilitarán el contenido íntegro de sus grabaciones y accederán a que sus artículos pasen por un proceso de community checking and rechecking“, con la participación de voluntarios que comprobarán (y recomprobarán) los datos.

Por CARLOS FRESNEDA

Los trolls van ganando la batalla en las redes sociales

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En el 2008, Barack Obama estableció un parteaguas al integrar las redes sociales en su estrategia de campaña presidencial, un factor que contribuyó a ganarse su lugar en la Casa Blanca. Su estrategia se convirtió en el emblema del poder de las redes sociales en la opinión pública y las democracias.

Con el paso del tiempo también han aumentado prácticas deshonestas como el uso de bots que buscan difundir masivamente un mensaje y posicionarlo en la conversación digital; o de trolls que pretenden desacreditar adversarios y críticos.

Se ha documentado que hasta el mismo gobierno mexicano se ha valido de estas prácticas en su comunicación digital que no le han permitido repuntar en los niveles de aprobación.

Lo cierto es que estas prácticas, más que impulsar los espacios, resultan dañinas para el ejercicio democrático pues alejan a los ciudadanos de estas plataformas y desconectan su realidad de su actividad digital.

NOTICIA: Twitter: desde los “trolls” hasta el futuro incierto de la red social

“Es un riesgo muy grande porque pervierte el medio y si Twitter se convierte en una batalla campal, deja de ser interesante para los que vamos a escuchar a aprender, a debatir incluso y entender por qué el otro piensa distinto”, explica David Ruiz, director general de la agencia de marketing digital Smartup España, en entrevista con El Economista.

No es un secreto que en las épocas electorales, la presencia de los bots y trolls va en aumento y es previsible una mayor actividad debido a las elecciones del Estado de México, Veracruz, Coahuila, Nayarit del 2017, y las federales del 2018.

Esto puede resultar contraproducente. Las redes sociales distan de convertirse en un reflejo fiel del comportamiento de los ciudadanos en las urnas, situación que se demostró en las elecciones de Estados Unidos con la poco previsible victoria de Donald Trump, o la victoria del
Brexit en el referéndum del Reino Unido, también inesperada.

Pero estas plataformas sí representan un termómetro de tendencias, dice David Ruiz. Plataformas como Facebook o Twitter son un vertedero de ideas, discusiones y preocupaciones sobre los cuales los candidatos pueden apoyarse para desarrollar su plataforma electoral.

NOTICIA: Los trolls están ganando la batalla en Internet

Con el aumento de los bots y el ruido que generan en las redes sociales, los usuarios reales son ahuyentados de las conversaciones y los estrategas tienen menos posibilidades de “escuchar” las preocupaciones, motivaciones o problemas que las personas enfrentan y que podrían servir para diseñar los mensajes de los candidatos durante sus campañas. Y el ambiente se ensombrece con la proliferación de las noticias falsas.

Smartup confirmó que esto es vital para poder acercarse a los ciudadanos durante las pasadas elecciones españolas, cuando desarrollaron una campaña en la que se generaron más de 10 millones de menciones en redes sociales. Y la lucha contra los bots es una constante.

“La batalla continua la que teníamos. Cada que un candidato político para el que trabajábamos hacía una manifestación en medios, automáticamente los bots mandaban los mensajes de los otros partidos políticos contrarios. Es algo con lo que debemos seguir peleando y no veo que haya una evolución positiva al respecto porque determinadas formas de entender la política creen que es adecuado hacer esto”, comenta.

Si bien los tweets no necesariamente se traducen en votos, sí les permitió generar mensajes clave a los candidatos y acercarse tanto en línea como fuera de ella con el electorado. Y justamente esa es la clave en el análisis de las redes sociales: más que traducir usuarios en votos, se trata de lograr empatía y acercamiento real con las personas.

NOTICIA: Watson combate trolls en Twitter, videojuegos y exploración petrolera

“Realmente nosotros sí estábamos viendo las tendencias que estaban ocurriendo y le íbamos indicando al partido político por dónde iban las acciones, por qué se veía y el ruido que estaba ocurriendo de un lado y del otro, lo cual no quiere decir que se traducía en votos”, asegura.

A pesar del avance de las nuevas herramientas digitales como las transmisiones en vivo de Facebook, Instagram o Snapchat, el director de Smartup dice que en las estrategias políticas digitales deben prevalecer los valores de antaño: la cercanía y la sinceridad.

“Muchas veces el candidato no lo entiende y pretende utilizarlo como el medio comunicación más, y ese es el error”, señala.

julio.sanchez@eleconomista.mx

La nefasta alianza entre los medios y los “exit poll”

Por Rubén Darío Buitrón

La grave crisis política y el desorden social que provocó un exit poll mal hecho (o malintencionado) el domingo 2 de abril (“pudimos haber fallado”, se justificó días después de generar el caos nacional el director de Cedatos, Polibio Córdova) lleva a la conclusión, por el bien del futuro del país, de que se reforme el Código de la Democracia, la ley que regula todo procedimiento relacionado con las elecciones ciudadanas para elegir autoridades.

El hambre de rating llevó a los canales de televisión a contratar “exit poll”: Ecuavisa y Canal Uno lo hicieron con Cedatos y los autodenominados “medios públicos” (controlados por el Gobierno) lo hicieron con Perfiles de Opinión.

La ansiedad por ser los portadores de la primicia, que en realidad no lo era porque el “exit poll” es un simple sondeo a los ciudadanos en las puertas de los recintos electorales, donde se puede mentir, negar, cambiar el nombre del verdadero candidato por el que se votó y otros deslices, llevó a que los canales privados, en especial Ecuavisa y Canal Uno, ni siquiera tuviera cuidado con el lenguaje.

A las 5 de la tarde, hora en la que se cierran las votaciones, el veterano y experimentado Alfonso Espinosa de los Monteros, vicepresidente de Ecuavisa y presentador de noticias, con una sonrisa poco conocida en él, pese a sus más de 40 años en el oficio, anunció que “ya tenían los resultados electorales” y que enseguida los anunciaría la conductora Gabriela Baer.

Lo mismo, con distintos estilos, lo hicieron Canal Uno (cuyo conductor y vicepresidente, Rafael Cuesta, renunció una semana después como responsable de lo que produjo el exit poll), y Teleamazonas, con el presentador Milton Pérez.

Pero los medios llamados públicos, que siempre insistiré en que son gubernamentales y que los dos conceptos no son compatibles), también lo hicieron.

Bajo la conducción del entrevistador Carlos Rabascall, la cadena de canales formada por Ecuador TV, Gama TV y TC (estas dos, estaciones incautadas por el Gobierno hace ocho años a los exbanqueros Isaías), presentó simultáneamente a lo que ese momento hacía la competencia privada un “exit poll” de la encuestadora Perfiles de Opinión.

La gravedad de lo que ocurría después empezó ahí, cuando Ecuavisa y Canal Uno, en especial (Teleamazonas fue más cauto y prefirió ir silenciándose en ese terreno), confundieron a los televidentes y al propio candidato perdedor, Guillermo Lasso, de la alianza CREO-SUMA, haciéndolo creer que había ganado las elecciones y que era el presidente electo, pero la única cifra que tenían era una probable no verificada, la del exit poll de Cedatos.

Es la visión mercantilista del manejo de un medio. Es la vieja tradición, ya obsoleta en muchos países, de que el mejor medio es el que tiene la primicia. Pero, en este caso, una primicia demasiado arriesgada porque no se sustentaba en la realidad.

El periódico digital más prestigioso del Ecuador, en cambio, que tiene habituados a sus miles de lectores a conocer la noticia antes que cualquier otro medio, había anunciado el viernes anterior a la elección que no contrataría exit poll y que, como corresponde en una democracia madura, esperaría hasta las ocho de la noche, hora en la que la máxima autoridad en esta instancia, el Consejo Nacional Electoral (CNE), daría las cifras oficiales del conteo rápido realizado técnicamente por una institución solvente y no politizada como la Escuela Politécnica Nacional y sus mejores especialistas en matemáticas y estadísticas.

Ecuadorinmediato fue objetivo de críticas por esa actitud, pero los hechos futuros le dieron la razón. A quienes le dijeron que no era lógico que teniendo la posibilidad de emitir los resultados de un “exit poll” los lectores tuvieran que esperar el resultado oficial del CNE, el medio digital respondió:

“Esa es la crítica que recibimos por asumir una posición ÉTICA y RESPONSABLE ante la opinión pública. Nos sentiríamos asqueados de publicar falsedades y promover el odio entre los ecuatorianos para que salgan a las calles instigados por una medición totalmente cuestionada. No, gracias, no es censura de prensa, es decencia la que nos mueve a ser respetuosos con la nación”.

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Y por supuesto que Ecuadorinmediato tuvo razón. No era prudente exponer a mayor tensión, enfrentamientos y hasta graves conflictos políticos (como después ocurrió) a un país sometido durante casi un mes, en el ballotage, a una de las campañas más duras y virulentas, con guerra sucia de por medio, con acusaciones de uno y otro lado, con injurias, burlas, calumnias y ofensas a los candidatos opositores.

Pero otros medios no hicieron lo mismo. Incluso hubo uno, local, que a las cuatro de la tarde, cuando aún faltaba una hora para cerrar la votación, empezó a difundir tomas del “festejo” de la tienda de Lasso.

Y, para colmo, un diario guayaquileño, Expreso, al día siguiente, el lunes 3, publicó el perfil del supuesto presidente electo, Guillermo Lasso.

http://ecuadorinmediato.com/index.php?module=Noticias&func=news_user_view&id=2818818188&umt=expreso_nombro_a_guillermo_lasso_como_45_presidente_republica_rafael_correa_reacciona_lo_tenian_todo_preparado

Como dijo el presidente Rafael Correa, “Otro “periodista” que proclamó presidente electo a Lasso… ¡y al día siguiente! ¡Lo tenían todo preparado! (Es el mismo “periodista” que entrevistó a Capaya. ¿Lo recuerdan?) Otra muestra más de nuestra prensa libre… ¡Pero de toda ética y escrúpulos!”, enfatizó el Mandatario en su cuenta en la red social de Twitter”, señaló Ecuadorinmediato el día siguiente a la elección.

La convulsión social se inició así, por la irresponsabilidad de tres canales y un periódico que no tuvieron el cuidado de verificar sus datos, así como por la presentación de otro exit poll en los medios gubernamentales que discrepaba totalmente con el de Cedatos.

El caos, el descontento, el desconcierto, la sorpresa y la actual convulsión en ciertas avenidas de Quito contiguas al CNE por parte de violentos grupos simpatizantes de Lasso debe investigarse de oficio por el fiscal Galo Chiriboga que, como suele ocurrir con él en episodios graves para el país, no tuvo la agilidad para actuar.

Ahora, una vez confundido y mucho más tenso el país, cabe proponer que se siga la línea de Ecuadorinmediato si no se quiere que en las próximas elecciones, que serán en dos años para designar autoridades seccionales, vuelva el país a estremecerse.

No a los “exit poll” en el Código de la Democracia. Es simple. Y los medios tendrán que aguantar hasta que el CNE divulgue los resultados oficiales. Nada de competir por absurdas primicias que despiertan el odio entre ecuatorianos.

“Algunos países, como el Reino Unido Alemania, han hecho que sea un delito conocer las cifras de la encuesta de salida antes de que todos los centros de votación han cerrado, mientras que otros, tales como Singapur, los han prohibido por completo”.

https://en.wikipedia.org/wiki/Exit_poll

Esa es la salida. Pocos, los violentos, quieren que el Ecuador estalle en pedazos tras una elección democrática.

Lo civilizado es que el perdedor, aunque sea por un voto, reconozca el triunfo del ganador y el país siga adelante.

No hacia atrás, como quiere un sector que apoyó a Lasso y está convencido de que lo mejor que se puede hacer este momento es hundirle al país en una crisis política, luego social y, finalmente, económica.

Con ayuda de los medios que por intereses financieros, empresariales y políticos seguirán alentando la discordia y el caos.

El periodismo mercenario en el Ecuador

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Nunca, como ahora, se ha desnudado el papel de los medios y de sus periodistas en el Ecuador.

Sin ningún prejuicio, equilibrio, rigor, contrastación o verificación de los hechos están cumpliendo un libreto deleznable en favor de lo que, justamente, han dicho que lucharon durante los diez años del gobierno de Rafael Correa (en varias elecciones legítimas).

¿Cómo es posible que Ecuavisa, el canal de televisión que se jacta de cumplir 50 años de experiencia y que dice ser el de mayor sintonía y de “share” (televisor encendido) entre los televidentes del país, esté participando en el complot mediático y político para no reconocer el legítimo triunfo del presidente electo Lenín Moreno?

¿No quieren aceptarlo porque no era su candidato? ¿Debe tener un medio de comunicación un candidato preferido y actuar en contra del ganador si no triunfa ese candidato preferido?

Puede tenerlo, claro, porque los medios, los periodistas y cualquier ciudadano tiene derecho a optar por una alternativa electoral, pero, en el caso del periodismo, lo puede hacer solo si su decisión es ideológica y reflexionada, no si responde a los intereses económicos y financieros tanto del candidato al cual se le dio 80 por ciento de espacio durante seis meses frente al 20 por ciento que se les concedió a las vocerías del candidato del oficialismo.

Ecuavisa, como Teleamazonas, como RTS, como Canal Uno, vienen haciendo periodismo mercenario desde hace diez años, cuando sus amigos, allegados, financistas, empresarios, miembros de las cámaras de industrias, socios del Club de la Unión y analistas sesgados porque fueron ministros de la partidocracia vieja, perdieron el poder.

“El periodismo mercenario confunde prudencia y paciencia en el análisis con neutralidad. Objetividad con inmediatez. Visión de país con conciencia de clase. Arbitrariedad con subjetividad. Redundancia con honestidad intelectual. Militancia con neurosis. El Yo del periodismo mercenario se llena con el dios al cual identifica, al cual se funde, en este caso al libre mercado, al neoliberalismo, a las promesas de un individualismo abstracto, formal y excluyente. El periodismo mercenario se apropia o genera disputas de poder y se pone del lado del grupo al que obedece o se pertenece. El periodismo mercenario usa (este es el caso de la gran prensa en el Ecuador) la  tradición, el prestigio y la reputación –falsas o reales- de las que goza convirtiéndolo en servilismo disimulado. La honestidad, de la que se jacta, no es más que vulgar cinismo”.

https://leonardosai.wordpress.com/2011/04/06/periodismo-mercenario/

Periodismo mercenario es el diario Expreso, que publica, sin vergüenza alguna, el perfil del “presidente electo Guillermo Lasso”, al día siguiente, 12 horas después de que ya se conocía que el Consejo Nacional Electoral diera el triunfo legítimo a Lenín Moreno.

¿Por qué lo hizo? ¿Se equivocó? No lo creo. Es parte de la colusión de los medios para posicionar, a cualquier costo, a Lasso como presidente, pese a que el país y el mundo ya le han dado la espalda y nadie ni siquiera lo reconocer como parte beligerante.

Solo basta fijarse en el panegírico escrito a favor del candidato perdedor a la vicepresidencia de la República: Páez, nacido en Ibarra, figura como el ala dura del proceso de cambio que, desde el próximo 24 de mayo, liderará el presidente electo Guillermo Lasso”¿Cuál es la fuente de diario Expreso para asegurar semejante mentira y publicarla? ¿Quién le dijo a este periódico que Páez era “vicepresidente electo”?

http://www.expreso.ec/actualidad/el-fiscalizador-de-la-decada-del-correismo-GB1210787

O lo que hizo este mismo periódico al publicar un supuesto exit poll de Informe Confidencial, que según los directivos de esta entidad nunca realizó, como aclararon al periódico al día siguiente ellos, indignados por la falsedad.

http://www.expreso.ec/opinion/cartas-de-lectores/de-iesop-informe-confidencial-GE1215976

¿Qué decir de las portadas de este y otros periódicos llamados “la gran prensa nacional” cuando publican la información oficial entregada por el CNE acerca de los resultados y en sus titulares informativos (¿informativos o malintencionados?) colocan entre comillas la palabra “irreversible”, cuando el presidente del Consejo no dio los resultados como si fueran una posibilidad sino una realidad.

http://www.elcomercio.com/actualidad/cne-resultados-elecciones-balotaje-juanpablopozo.html

Si todo este juego que están haciendo los medios no es mercenario y no es a cambio de los miles de dólares en publicidad del Banco Guayaquil y no es por odio a quien ejerce ahora el poder político, se podría entender que son errores o puntos de vista respetables de la llamada gran prensa.

Por ejemplo, cuando el reportero de Teleamazonas, Freddy Paredes, le dice al presidente electo que “en el eventual gobierno suyo”, cuando el CNE ya dijo que es el mandatario escogido por el pueblo, ¿hay o no mal intención?

Por ejemplo, cuando el radiodifusor Diego Oquendo, preocupado porque hay un proceso para revertir su frecuencia de Radio Visión, se convierte en el por muchos tan aborrecido Paco Velasco de  Radio La Luna en tiempos de los forajidos y abre los micrófonos para soliviantar a que la gente salga a las calles, ¿hay o no mala intención?

Pero cuando miran hacia otro lado mientras las fuerzas de choque de CREO continúan sitiando Quito, mientras la gente que pasa cerca del edificio del CNE es agredida si no grita la palabra “fraude”, mientras las autoridades del Estado –especialmente el fiscal Galo Chiriboga, a quien nadie ha visto en estos días- no decidan (casi una semana después) qué proceso iniciar a Ecuavisa y a Cedatos, la encuestadora que al equivocarse de manera rotunda pretendió suplantar al CNE y generó tres horas de incertidumbre, desmentidos y hasta, como dice Expreso, discursos del “presidente electo Guillermo Lasso”, tenemos que decir lo que estamos diciendo.

El periodismo mercenario en el Ecuador está actuando, como asegura en este post, el estudioso Leonardo Sai:

“El periodismo mercenario se apropia o genera disputas de poder y se pone del lado del grupo al que obedece o se pertenece. El periodismo mercenario usa la  tradición, el prestigio y la reputación –falsas o reales- de las que goza convirtiéndolo en servilismo disimulado. La honestidad, de la que se jacta, no es más que vulgar cinismo”.