Cinco claves para que el periodista no incite al odio

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foto odio

La Red de Periodismo Ético  (EJN, por sus siglas en inglés) ha publicado un test para que los periodistas puedan identificar declaraciones que incitan al odio, y entender mejor el impacto que puedan tener al darles difusión.

El test reta a los periodistas a pensar respecto al estatus de quien pronuncia el discurso, el alcance que pueda tener, sus objetivos, el contenido y estructura del discurso, así como el clima político y económico antes de decidir si tales palabras pueden ser calificadas como una incitación al odio.

El test hace parte de la campaña de EJN “Pasando la página del odio en los medios”, en la cual se invita a no sensacionalizar, evitar la prisa y tomar un momento para reflexionar antes de publicar.

1. Considere la posición o estatus del emisor

Los periodistas a menudo son acusados ​​de incitación al odio, y de hecho algunos comentaristas permiten las declaraciones provocativas y abusivas cuando les conviene. Pero en la gran mayoría de los casos, los periodistas y medios de comunicación son culpables por amplificar las declaraciones malintencionadas de los demás.

2. Tenga en cuenta el alcance del discurso

Una conversación privada conocida por un periodista puede contener opiniones odiosas que hacen relativamente poco daño si se mantienen en privado. Pero eso cambia si el discurso se difunde a través de medios de comunicación o Internet.

3. Analice los objetivos del discurso

Normalmente, los periodistas éticos y editores bien informados podrán identificar rápidamente si el discurso pretende deliberadamente atacar o disminuir los derechos humanos de los individuos y grupos. También deben saber si tal expresión es objeto de sanciones penales o de otro tipo. A veces es necesario que los periodistas se rompan las reglas, pero deben estar en todo momento al tanto de los riesgos existentes cuando se deciden a publicar.

4. Examine el contenido y forma del discurso

Los periodistas tienen que juzgar si el discurso es provocador y directo, en la forma que se hace, y el estilo en que se entrega. Hay un mundo de diferencia entre alguien que habla fuera en una cafetería con un grupo pequeño, a quien lo hace en el marco de un discurso pronunciado en un lugar público, ante una audiencia excitable.

5. Tenga presente el ambiente político, económico y social

Los discursos peligrosos o controvertidos surgen sobre todo cuando los tiempos son duros, las tensiones sociales son agudas y los políticos están en guerra unos con otros. El calor de una campaña electoral, cuando los grupos políticos se desafían entre sí, compitiendo por la atención pública se presta a menudo para los comentarios inflamatorios. Los periodistas tienen que juzgar si la expresión es justa, basada en hechos reales y razonables de acuerdo a las circunstancias.

¿Qué hacer? (Una lista de verificación por la tolerancia)

 

1. Cuando se trata de historias en las que se utiliza odio en el discurso político, es vital no sensacionalizar. Los periodistas éticos se preguntarán:
– Puede ser escandaloso, pero ¿es de interés periodístico? ¿Cuál es la intención del emisor?
– ¿Cuál será el impacto de la publicación?
– ¿Existe el peligro de alimentar las pasiones y la incitación a la violencia?
– ¿Está el discurso basado en hechos o se han comprobado las afirmaciones?

2. En la recopilación y edición de material controversial, los periodistas deben evitar afanarse por publicar. Es útil hacer una pausa, aunque sólo sea por unos momentos, para reflexionar sobre el contenido de la historia:
– ¿Hemos evitado clichés y estereotipos?
– ¿Hemos hecho todas las preguntas pertinentes y necesarias?
– ¿Hemos sido sensibles a nuestra audiencia?
– ¿Hemos sido moderados en el uso del lenguaje?
– ¿Las fotos cuentan la historia sin recurrir a la violencia y el voyeurismo? ¿Consultamos diversas fuentes y se incluyen las voces de las minorías relevantes?
– ¿Cumple con las normas establecidas en los códigos editoriales y éticos del medio para el cual trabajamos?

3. Un último aspecto y momento de reflexión es siempre útil antes de pulsar el botón de publicar:
– ¿Hemos hecho un buen trabajo?
– ¿Existen dudas persistentes?
– Y, por último, ¿debería consultar con un colega?

¿Periodismo público? ¿Cuál?

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foto periodismo público Julia Comita

El rol del periodista en los medios privados no es nuevo, así que no tiene mucho sentido quedarse en este punto.

Ese periodista obedece supuestas o reales líneas editoriales que, en realidad, no son rectas sino sinuosas: van en la dirección en la que caminan los grandes intereses económicos y políticos de los dueños de las empresas mediáticas.

¿La alternativa es desaparecerlos? No. Para nada. Más bien hay que fortalecerlos: el lema nacional debiera ser “más Cordicom y menos Supercom”. Es decir, más socialización de los temas informativos y su deontología y menos, mucho menos, represión.

La alternativa, en una democracia, es que existan medios privados bien hechos y que existan otros, de igual forma bien hechos, que se llamen “medios públicos”, lo cuales, en apariencia, en el Ecuador existen desde hace ocho años.

El lector Fabricio Cerón me pregunta: ¿Cómo separar a los medios públicos -que no existen en el país-, de los gubernamentales?

¿Tiene razón Fabricio? Yo creo que sí.

Los mal llamados medios públicos no lo son: son medios gubernamentales u oficialistas.

Si somos honestos, hay que admitir que es así, aunque el debate siempre tiene objetores del otro lado.

Patricio Lovato Rivadeneira me escribe al Facebook y dice que en este análisis no tomo en cuenta que “hay un escenario de guerra donde (los medios gubernamentales) intentar llenar los silencios u olvidos voluntarios de los medios tradicionales”.

Puede ser, pero no es un argumento de fondo: hay que tomar conciencia de que si en realidad se quiere construir un medio público, habrá que caminar mucho, desde una actitud ética y sincera, construida desde la gente y no desde el capricho de quien manda en el medio, para que este tipo de prensa nos acoja a todos, primero como constructores y luego como protagonistas.

El papel del periodista público (cuando existan él como periodista público y el medio también como público) debiera ser, primero, negarse a convertirse en caja de resonancia del poder, sin posibilidad de objeción de conciencia o de crítica a una línea editorial que le parezca que también podría estar sinuosa.

Segundo, el periodista que pertenece a los medios oficiales debe esforzarse, junto con sus compañeros y colegas, a convertir al medio donde trabaja en un medio público.

Pero, ¿sabe ese profesional qué es un medio público? ¿Entiende cuál sería su rol en ese medio donde todos los ciudadanos debiéramos tener voz o, al menos, estar ampliamente representados?

No, no lo sabe. O prefiere no saberlo.

Porque su prioridad tendría que ser defender y extender el derecho ciudadano, el derecho de la gente a participar en cada esfera de la vida social cotidiana y en cada decisión gubernamental.

Y esa prioridad no sabe ejecutarla. O no puede.

O no lo dejan sus actuales jefes, la mayoría provenientes -paradoja total- de los prensa privada, es decir, gente que viene arrastrando todas las taras de los medios empresariales autodenominados “cuarto poder”- con toda su verticalidad y su sumisión a lo que diga la cúpula del medio, siempre interesada en sus objetivos personales, políticos, económicos o corporativos.

Hacer periodismo no es hacer propaganda, es contar al mundo lo que es el mundo -como dicen los maestros- y no contarle lo que nosotros quisiéramos que fuera el mundo.

Pero, en el Ecuador de ahora, la prensa oficialista actúa bajo los mismos parámetros de la prensa adversaria.

No crea ni construye otro modelo (una tercera vía, por ejemplo) sino que imita sus acciones y su conducta, callando, omitiendo, hablando siempre a favor de la política que establecen sus superiores.

Coincido con mi lector Cristóbal Rodríguez:

“Muchos periodistas están fuera de los públicos y de los privados por no ser sumisos. Y sufriendo las consecuencias”.

Tiene razón. Porque en Ecuador -seamos claros de una vez-, los privados y los oficialistas hacen exactamente lo mismo, pero con actores que desde un medio se enfrentan a sus adversarios desde otro medio. Con poquísimas excepciones, la posibilidad de sentarlos juntos es improbable.

Patrick Charadeau, en su libro El discurso de la información, lo dice claro:

“Los medios crean una jerarquía de acontecimientos (a espaldas de la gente) que de una u otra manera terminan imponiéndole al consumidor de información”.

¿Cómo hacer nuevo periodismo (o periodismo público) con directivos y jefes que hace diez años ya eran obsoletos y que, además, muchos de ellos eran subalternos de los banqueros Isaías y hoy siguen al frente de los medios autodenominados públicos?

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros?

Los medios privados, en especial los de mayor rating y lectura, al menos muestran hambre de calidad en la forma (aunque su contenido sea sesgado y perverso). ¿Por qué los públicos no alcanzan ni siquiera ese nivel técnico?

Qué bueno sería en el Ecuador una competencia de calidad y no de odios ni revanchas ni discriminación a quien no piensa como piensan los que dirigen esos medios.

Qué bueno sería que en el Ecuador cada periodista pudiera responderse a sí mismo, como pide Robert White, la pregunta: “¿Estoy siendo honesto conmigo mismo, con mis colegas, con el público al que sirvo?”.

Porque, si no es así, el país es el que pierde.

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Fotografía de Julia Comita

Contra los violentos

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foto amigos y política Los violentos no van a ceder.

Pero los demás sí podemos hacerlo.

No es mi enemigo quien piense distinto a mi. No odio a quien tenga un plan de vida diferente al mío.

Trato de ponerme en los zapatos del otro y entender sus razones, pero argumentadas, fundamentadas, como trato de que el otro se ponga en los míos si tengo la capacidad de sostener ideas claras y fecundas.

Pero eso sucede cuando no quiero violencia ni venganza.

Porque hoy, más que antes, me ha quedado claro que los violentos de uno y otro lado impedirán con todos sus recursos que podamos dialogar, que seamos un país de paz: cuando puse en mi cuenta de Twitter el símbolo que abre este post, la mayoría reaccionó de manera positiva, sin embargo hubo otros, escasos pero intensamente agresivos, que rechazaron la propuesta.

Dicen que están cansados de ocho años de agresividad, de burlas, de subestimaciones, de persecuciones, de prepotencia, de autoritarismo.

Dicen que están cansados de maltratos, de burlas, de estigmatizaciones, de acosos judiciales, de procesos contra los periodistas, de acusaciones y multas y sanciones contra los medios. Dicen cualquier cosa porque no les interesa dialogar.

Les interesa crear el caos, la convulsión social, “el calentar las calles” todos los días, el no dar tregua al Gobierno, el desprestigiar la propuesta de diálogo, el torpedear cualquier acción positiva del oficialismo en función de un acuerdo social para llegar a un consenso sobre el país que queremos la mayoría de ecuatorianos.

Yo también podría decir cosas que me molestan del Gobierno, pero no soy miope: la revolución es un proceso complejo, difícil, que requiere de todo nuestro esfuerzo, nuestro talento, nuestra lucha, nuestra decisión de defender ese proceso, pero, sobre todo, nuestra certeza de que ya no debe ser posible dar marcha atrás.

Cuando un legislador de oposición y otros tuiteros adversarios del Presidente advierten que su problema es que “no tienen pueblo” para su proyecto de derrocar al mandatario, lo están diciendo todo: el problema para ellos es que Correa no es Bucaram, no es Mahuad, no es Lucio.

Incluso estuvieron a dos cuadras de Carondelet alguna de las noches de la semana pasada y ellos mismos se detuvieron cuando se dieron cuenta de que, además de “no tener pueblo”, tampoco tienen alguien que, en el caso de un golpe de Estado, se siente a gobernar como un estadista.

(Punto de orden: si tumban a Correa asume Glas y si Glas asume, la vicepresidencia de la República le corresponderá a Gabriela Rivadeneira y la presidencia de la Asamblea a Rosana Alvarado. Es decir, PAIS seguiría gobernando).

Pero, lo esencial, es que aparte de no tener pueblo y no ser fácil derrocar al Presidente, saben que PAIS tiene una enorme capacidad de movilización popular para defender al Régimen y que sería alto el riesgo de una guerra civil.

Tampoco tienen a su favor a las cúpulas de las Fuerzas Armadas ni de la Policía Nacional, aunque sí a una parte de la prensa y aunque produzcan costosos videos dramatizados que suben en YouTube para provocar que los policías de tropa se rebelen.

Lo que no saben o no llegan a comprender, por su capacidad de estigmatizar y generalizar (justo de lo que le acusan al Presidente), es que quienes simpatizan con Correa también están exigiendo cambios internos en PAIS, renovación de la directiva nacional, un gabinete más democrático, una comunicación más proactiva que reactiva, más tolerante y mucho menos agresiva, rigor implacable con los corruptos y mediocres y aplicación real de la meritocracia (donde estén los mejores del país, en todo sentido, no los amigos de los amigos de los amigos ni los ubicados en puestos por cuotas de poder).

Los verdaderos revolucionarios exigen que el proceso se transparente, se limpie, se vuelva un asunto de verdaderos revolucionarios que aman el país y quieren una nación más justa, equitativa, plural y democrática.

El Presidente debe escuchar a quienes creen en él, pero exigen cambios inmediatos.

El Presidente debe escuchar a quienes no creen en él, pero que, no obstante, tienen argumentos e ideas sustentadas.

El Presidente debe hacer una autocrítica profunda del momento histórico-personal que él vive.

El movimiento en el poder también debe hacer una autocrítica profunda sin mirarse al ombligo sino mirando a la nación entera, entendiendo que no todos los que están en el gabinete y en la Asamblea son los más idóneos para ejercer sus cargos y funciones, mucho más en una etapa tan sensible para el país.

Los ecuatorianos, en su mayoría, somos gente honesta y buena. El resto, un pequeño porcentaje, no.

Ellos no quieren un mejor país. Ellos quieren volver al viejo país o buscan el caos y aprovechar de él.

Los violentos no deben tener espacio en el diálogo ni tienen espacio en el presente ni en el futuro del Ecuador.

Ni los opositores ni los seguidores del Gobierno, porque el lenguaje y las actitudes intolerantes y agresivas se encienden y atizan desde los dos lados.

Que los violentos sigan vociferando, descalificándose y amenazándose, que los violentos digan “que ya es muy tarde para hablar de reconciliación”, que los violentos continúen aprovechando los espacios que la prensa cómplice les ofrece.

A esa gente, ignorémosla. En la calle, en las redes sociales, en los espacios públicos. Que digan lo que quieran, porque no podrán hacer más: este proceso, que a diferencia de la oposición sí tiene pueblo, es irreversible.

El gran cantautor chileno Víctor Jara, asesinado por la  dictadura de Pinochet, cantaba: “Yo no quiero/la Patria dividida;/la quiero entera,/es la tierra mía”.

Muchos queremos esa patria unida.

Por eso, a los responsables del manejo de la nación que les quede claro: la manera más eficaz de luchar en un momento histórico complejo es depurar el movimiento responsable de conducir el país y revolucionarlo desde dentro.

Periodismo amnésico, facilista y sin contextos políticos

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Foto David Terrazas

La alternativa es: ¿somos un país de desmemoriados o un país que lo perdona todo, tan fácil?

Muchos lloran, lamentan, se duelen, visten de luto por el reciente fallecimiento de un “legendario radiodifusor quiteño”.

¿Les duele, en realidad? ¿Cumplen el lugar común de “hoy por tí, mañana por mí? ¿Conocen de lo que están hablando?

Primero, no fue quiteño. Fue chimboracense.

Segundo, ¿recuerdan los cuarentones y cincuentones las famosas campañas que en la radio hacía para que la gente diera plata para ayudar a los pobres? ¿Alguien le pidió alguna vez que rindiera cuentas?

Tercero, fue el peor alcalde que tuvo Quito (que lo digan los organismos de control y los quiteños que lo sufrimos aquel tiempo con una ciudad destrozada y caótica).

Cuarto, fue uno de los peores presidentes del Aucas, uno de los culpables del principio del fin del club, por su pésima administración.

Quinto, de la radio pequeña y modesta que tenía, ¿cómo llegó a tener otra frecuencia importante en FM que arrienda a una empresa que hace una radio informativa y para jóvenes?

Pero los medios, siempre los medios, tan olvidadizos por conveniencia, tan proclives a cumplir el refrán de que no hay muerto malo, escriben:

“Falleció en Quito. Fue un prestigioso y legendario radiodifusor que se hizo popular por un programa muy escuchado donde luchó por mantener la sal quiteña y por contar en sentido inverso los números el fin de año, emocionando a todos sus escuchas”.

Suena parecido al 15 de diciembre del 2008, cuando falleció León Febres Cordero, el expresidente más nefasto que haya tenido el país, que gobernó para sus amigos empresarios, que fue un aliado de los Estados Unidos, que contrató mercenarios israelíes, que encarceló, torturó y mató a centenares de jóvenes que lucharon por un modelo estatal en el que ellos creían, totalmente opuesto al que manejaba Febres Cordero.

No olvido que diario El Comercio, empresa que Febres Cordero quiso en su gobierno (1974-1988) comprar para controlar la información y ponerla a su favor, fue una de sus víctimas, pero tampoco olvido que tras su muerte, durante casi una semana, mantuvieron el tema en sus principales páginas (Actualidad) haciéndole lacrimógenos homenajes. (¿Para vender ejemplares en una plaza que nunca les ha favorecido, como ha sido siempre Guayaquil?)

El Gobierno Nacional, declarado enemigo de Febres Cordero, también cayó en el clásico “todo muerto es bueno”. Envió una alta delegación a su funeral. Lo mismo hicieron otros feroces adversarios del expresidente: el general Frank Vargas Pazzos, el exmandatario Rodrigo Borja.

La amnesia acomodada. La política ambigüa.

La conveniencia del periodismo fácil.

La facilidad del periodismo amnésico.

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Fotografía de David Terrazas

Lee también:

León Febres Cordero, mi “Black Friday favorito” https://rubendariobuitron.wordpress.com/page/10/?app-download=android

La ética de los ídolos

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foto Arturo Vidal Ferrari

Quiero hablar de un tema aparentemente irrelevante, pero que en este mundo globalizado no puede pasar inadvertido.
Se trata del caso del famoso jugador de fútbol Arturo Vidal (corte de pelo de mohicano, tatuajes de pirata en sus brazos y en su pecho), quien después del partido con México salió en su Ferrari con su esposa a jugar en un casino y tomar unos tragos.
La fiesta terminó casi en tragedia, de no ser porque el Ferrari resiste un golpe fuerte con mucha mayor seguridad, pues el lujoso y excéntrico vehículo está hecho con materiales muy consistentes.
Un jugador que es ídolo de millones de personas, que pertenece a uno de los mejores equipos del mundo (Juventus) y es seleccionado nacional de su país (Chile) tiene la obligación moral de ser un modelo ético, en especial para los niños y jóvenes.
Vidal no lo fue, pero el poder del fútbol (corrupto como siempre) impidió que quedara detenido, que se lo juzgara, que se lo sancionara.
¿Cuántas influencias se moverían para que, al final, no pasara nada, a diferencia de cualquier ciudadano como nosotros, que iríamos presos, que el auto se llevaría la Policía y que en el trabajo nos llamarían la atención o nos botarían?
No solamente son los privilegios de la fama, sino los grandes intereses económicos que se juegan en un torneo comercial: lo que más importa a la Conmebol (al estilo FIFA) es que Chile quede campeón, por todo el dinero y los negocios que corren bajo las aguas del torneo.
Cito al diario El Universal,de México:

“El actual técnico pudo haberse mostrado inflexible, pero optó por perdonar a un jugador considerado clave en las aspiraciones de Chile de ganar su primera Copa América y podría verse en situaciones incómodas en el futuro si surgen otros episodios de este tipo.
Sampaoli reemplazó hace tres años a Borghi con el mandato de reinstaurar la era de disciplina y rigor de Marcelo Bielsa, quien llevó a la Roja a un Mundial después de 12 años de ausencia.
Así, el técnico ‐que se considera discípulo del “Loco” Bielsa y es casi tan obsesivo como su compatriota‐ no dudó en 2013 en excluir de varias nóminas de Chile a Charles Aránguiz, luego de que el volante se ausentara de una concentración argumentando que se había quedado dormido tras tomar calmantes para los dolores musculares.
El miércoles, en cambio, Sampaoli dio a entender que el único error cometido por el reincidente Arturo Vidal fue chocar la Ferrari.
“Si no se accidentaba, llegaba a horario, y no me hubiera dado cuenta del nivel (de alcohol) porque no controlo a los jugadores, no les hacemos alcoholemia. No controlo, confío en mi grupo” , señaló en una caótica conferencia de prensa.
El volante de Juventus ya se ha beneficiado de un indulto que le permitió volver a vestir la casaca roja. En noviembre de 2011 fue suspendido por varios partidos tras llegar tarde y presuntamente ebrio a la concentración junto a otros compañeros como Jorge Valdivida, Jean Beausejour y Gonzalo Jara
que hoy también forman parte del plantel que disputa la Copa América.
Los antecedentes de indisciplina de la llamada “generación dorada” chilena no se detienen ahí. En 2012, Gary Medel y Eduardo Vargas fueron excluidos por el antecesor de Sampaoli, Claudio Borghi, por una salida nocturna. El propio “Pitbull” Medel sufrió un grave accidente de tránsito en 2009 al perder el control de su vehículo, dos años después de ser detenido por manejar ebrio y a exceso de velocidad. En 2011, medios locales citaron a testigos que dijeron haber visto a Valdivia y Beausejour en estado de ebriedad en el café Tavelli una hora antes de que entrenara la selección”. Hasta aquí la cita.
Arturo Vidal, como Maradona, quedará en la historia del fútbol como los grandes jugadores a quienes la vida les da todo y ellos convierten en ejemplos sórdidos lo que debieran ser valores y principios. Pero, en su momento, todos le perdonaron: hinchas, dirigentes, entrenadores y, sobre todo, la prensa que lo idolatró y que al no criticarlo le hizo mucho daño.
En el documental que el cineasta Emir Kusturika hace al exdios del fútbol argentino y mundial, un zoom al rostro de la adorada estrella de la iglesia maradoniana lo muestra tan triste cuando, poco antes de terminar el filme, Diego confiesa que si no hubiera sido adicto a la cocaína desde joven, en realidad hubiera sido mucho, muchísimo mejor jugador de lo que fue.
“¿Y ahora, qué me queda?”, se pregunta y responde: “Nada. Adentro solo tengo un tremendo y doloroso vacío…”.

Y ahora, ¿será capaz la prensa de cumplir su deber social?

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foto caravana aeropuerto III

La confusión social generada por los grandes empresarios y por los políticos obsesionados contra el Gobierno logró su propósito: movilizar a grupos sociales pobres –a quienes poco o nada les afecta las leyes de la herencia y de predios- y desestabilizar al país.

El Presidente respondió con una inusual jugada de ajedrez: marcó la pausa, detuvo el trámite de las leyes  y logró que el tsunami golpista empezara a ceder.

¿Qué pasa en los medios, mientras tanto? Ahora, los pocos periodistas que se han quedado trabajando en ellos –me refiero a los silenciosos y frecuentes despidos masivos que esos medios y sus colegas callan- tienen dos caminos.

Uno, aferrarse a su puesto mediante la absorción de las creencias y valores de la empresa (lo cual es inaudito porque unos trabajan para que otros se lleven el dinero), que hábilmente los dueños llaman “línea editorial”.

Dos, laborar en silencio, obedecer y no expresar en voz alta lo que piensan de la realidad (de la política, de la economía, de lo social, de su misma relación laboral, de la situación del medio donde trabajan).

Pero ahora que la prensa y el poder económico se regocijan, entre dientes y murmuraciones, de que el Presidente haya aplazado el trámite de las leyes de herencia y plusvalía en función de la paz social y con el objetivo de escuchar a todos los sectores, urge ser honestos y sinceros: seguir dedicados a lanzar dardos contra el Gobierno o abrir sus espacios informativos y opinión y convertirlos en un abanico multicolor de voces y posiciones que sean escuchadas por todos.

Ese abanico, si la prensa en realidad quiere contribuir a la paz social del país, debe convertirse en el espacio donde todos podamos expresar nuestros puntos de vista sobre los polémicos temas que generaron inquietud y movilización.

Los sectores, en especial los más pudientes, se sintieron afectados en sus bolsillos y se dejaron influir, con un patético egoísmo social y con una ceguera inaudita para entender las cifras, por dirigentes políticos obsesionados contra el Régimen y por precandidatos presidenciales que utilizaron con poca habilidad pero mucho dinero el argumento que más impacta a la sociedad: el miedo.

Miedo que atizó la hipersensibilidad de la clase alta con la complicidad de la derecha ideológica, amparada en una prensa y unas redes sociales que desinformaron, sesgaron, torcieron la realidad y lograron convencer al poderoso sector económico para movilizarlo y generar opinión contra el oficialismo, opinión que se transformó en una abierta convocatoria a derrocar al presidente Correa.

La imagen de los lujosos autos que el domingo 14 hicieron la caravana hacia el aeropuerto para enfrentarse al Presidente lo dice todo.

Desactivada, en parte, la razón de las movilizaciones de los grupos con mayor poder económico -representados en los medios-, ahora le corresponde a la prensa despojarse de sus banderas y camisas negras como símbolo de sus afanes conspirativos.

Les corresponde hacer periodismo, que es lo que menos hacen.

Su deber, si quieren refutar este análisis, es convertirse en el ancho y profundo espacio de debate nacional.

Buscando el justo medio, mostrando todas las posiciones políticas y ciudadanas, escuchando y amplificando a la sociedad las propuestas, las tesis, las teorías, los pros y los contra que cada ecuatoriano observa en los proyectos de ley.

¿Serán capaces de dejar a un lado sus intereses empresariales y de clase, despojarse de sus prejuicios, subjetividades y odios y, ahora sí, hacer el periodismo social que se espera de ellos para que merezcan conducir la opinión pública desde una computadora, un micrófono o una cámara de televisión?

Y la otra prensa, la que tampoco es independiente, la que sigue las líneas oficiales, también tiene el mismo deber: ser pluralista, democrática, abrir espacios para que todos los sectores se pronuncien.

A partir de todo lo ocurrido en estos días, si algo ha quedado claro es que en el país no existe periodismo independiente. Todos, los privados y los que deberían ser públicos pero no lo son, están obligados a cambiar sus estrategias y sus maneras de hacer periodismo, de entender que hacer periodismo no es hacer propaganda, de contar al mundo lo que es el mundo -como dicen los maestros- y no contarle lo que nosotros quisiéramos que fuera el mundo.

No puede ser que los ciudadanos no tengamos la posibilidad de contar con un solo medio al cual llamar equilibrado y pluralista.

Cómo estamos destruyendo la democracia a partir de un enfrentamiento mediático en el que la gente común solo es una espectadora de una batalla ciega.

El problema del liderazgo y la conducción política

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Foto Mandela

El liderazgo es difícil de alcanzar y duro de mantener.

El Líder que aspira a seguir siéndolo, con mayúsculas, jamás debe olvidar que un pequeño error de cálculo político o una equivocada comunicación con sus seguidores puede hacerle perder autoridad y restarle credibilidad.

Sin embargo, si el líder o su círculo íntimo se equivocan en la lectura de la realidad y toman decisiones que lo ponen en riesgo y que logran atizar el fuego del rival, este crecerá, aunque fuere de manera desordenada, creerá que empieza a desnivelar la balanza a su favor y agudizará el conflicto.

Es un problema de “timing”, además.

¿Cuándo se deben tomar las decisiones?

¿Se estudió de forma suficiente las posibles reacciones de los afectados?

¿Qué porcentaje de la población representan estos y qué capacidad de convocatoria tienen?

¿Han logrado el líder o su equipo, con una táctica previa, preparar el terreno para que la respuesta de la gente sea lo menos agresiva posible o acepte con agrado la decisión?

¿Se aplicaron planes y programas previos de socialización?

¿Si en la puesta en práctica la respuesta es negativa y corre el riesgo de desbordar al líder, está preparado este para aceptar que falló el “timing” y que quizás conviene dar un paso atrás y esperar otro momento o estudiar mejor la medida?

Acudir al ejemplo y a la sabiduría nunca está demás.

Por el contrario, la humildad de aprender de quienes ya vivieron momentos difíciles es la actitud que un pueblo espera de un líder modesto y visionario.

Un líder que quizás debiera pensar este momento si su círculo íntimo lo está ayudando o lo está cercando.

CLAVES DE LIDERAZGO DE NELSON MANDELA

1. Sé objetivo: piensa, analiza, aterriza y ejecuta.
2. No creas en la inmediatez. Los resultados se dan a largo plazo.
3. Primero mi pueblo, después lo demás.
4. Mantén a tus amigos cerca. Y a tus enemigos más.
5. Ten la capacidad de generar empatía en la gente.
6. Recuerda que lo importante no es hallar una respuesta, sino encontrar la mejor.
7. Para ser un gran líder hay veces que tienes que dejar de serlo.

Los diez errores que cometes en tu cuenta de twitter

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Foto twitter

Twitter está de moda. Todos parecen estar obligados a tener su cuenta.

Es fácil abrirla, y mucho más fácil creer que con solo hacer esto y buscar desesperadamente seguidores, el trabajo se hará mágicamente.

Las redes sociales son herramientas para crear comunidades, no fórmulas mágicas. A continuación una lista de los errores más comunes usando Twitter.

1. No atender personalmente tu cuenta. La gente busca en las redes sociales otro tipo de acercamiento; quieren conocer a la persona que está detrás del anuncio espectacular: qué sueña, qué piensa, en qué se parece a él. Delegar la cuenta a un encargado porque “no tienes tiempo” es uno de los errores más comunes y graves. Y los twitteros se darán cuenta, créemelo.

2. No involucrarte en conversaciones. La eficacia de una cuenta de Twitter no se mide por la cantidad de actualizaciones, ni siquiera por su número de seguidores, sino por la cantidad de respuestas y conversaciones que entables con tu comunidad, así como por las veces que dan RT (retweet) a tus contenidos. Ver un timeline sin ningún reply es un signo de que no te involucras con tu comunidad, que solo “transmites” y no creas comunicación real. Esa es comunicación monológica, mientras que la comunicación de los llamados Social Media es, por definición, dialógica.

3. Engancharte en peleas agresivas. Podría parecer obvio que insultar a un seguidor o descalificarlo sin importar los agresivos que sean sus tweets, es una pésima estrategia para quien desea allegarse votos, sin embargo, es muy común ver a políticos engancharse en peleas y discusiones que rebajan el nivel de la discusión democrática. Hay que discutir, sí, pero con argumentos. Los trolls (entes virtuales que solo existen para provocar en las redes sociales), pueden sacara de quicio a cualquiera, pero si los ignoras no solo terminan por cansarse, sino que evitas darles más foro.

4. Sólo transmitir información oficial. Si la gente quisiera leerte más puede hacerlo en la página web o en tu blog; si se ha decidido a seguirte no es para ver la misma información que podría encontrar en otro lado. Vale más hacerse la pregunta: ¿Qué puedo decir en 140 caracteres que refleje, twittwit, quién soy, qué pienso, qué valores honro, qué ideas me animan, cuáles son los principios de mis acciones…?

5. No seguir a tus seguidores. Probablemente hayas visto esas cuentas que son seguidas por miles de personas y que solo tienen a algunos cuantos siguiendo de vuelta. Eso es un lujo para las celebridades. Si eres un político es mejor que apoyes la idea de crear comunidad, de establecer relaciones más igualitarias con tus lectores. Es un principio democrático: el diálogo horizontal. Además de un gesto de cortesía, dar follow back es una forma de decir: también me interesa lo que tú dices. Si te sigue muchísima gente, quizá no puedas responder a todos, pero cuando menos sí puedes mandar tweets que abordan las inquietudes que tus followerste van planteando. También puedes crear una lista donde incluyas a la gente que más menciones te da y, dos o tres veces al día, dedicar unos minutos a revisar tus mentions y hacer comentarios o agradecerles. Además, postea algunas breves reflexiones sobre lo que ves y vives. Estas acciones, más que cualquier otra estrategia, generan interés, promueven la confianza y estrechan tu relación con el mundo twittero.

6. Buscar seguidores desesperadamente. Una comunidad de seguidores para el común de los mortales, se construye pacientemente. Los candidatos que gozan generalmente de una mayor cobertura mediática, tendrán, por lo general, un crecimiento más rápido los días o semanas de mayor exposición. Aprovecha este boom. Postea información relevante. Como dicen los geeks, “en los social media el contenido es el rey”.

7. No twittear. Si abriste tu cuenta porque un amigo te lo recomendó pero sólo tienes tres tweets (los primeros que pusiste), no esperes que Twitter te beneficie en nada. Si no twitteas no tendrás tantos seguidores (y los que te siguen se formarán una mala opinión de ti en razón de tu ausencia). Si tu cuenta está descuidada, tu branding personal no sólo no te beneficiará; sino que se puede ver perjudicado.

8. Saturar el timeline. Por el contrario, si Twitter ya te atrapó y te has vuelto prácticamente “twitteradicto” y compartes cada pensamiento o cosa que haces, el efecto es igualmente contraproducente, tanto sobre tus ideas políticas como sobre tus aficiones y sueños.

9. Tratar a Twitter como Facebook. Twitter es una red de información. Involucra entablar conversaciones, no sólo “actualizar tu estado”. A nadie le emociona mucho saber si ahora te estás tomando un café o la felicitación de cumpleaños de personas que sólo tú conoces. Escribe tweets que generen respuestas; involucra a tu comunidad con preguntas, o debate con ellos información relevante. Y por favor no ligues todos tus tweets a Facebook. Cada medio merece su espacio y tiene su propia lógica.

10. Un mal diseño. ¿En el wallpaper de tu cuenta de twitter tienes todavía las nubecitas? ¿Tu bio sólo dice “candidato a tal”? ¿Tu foto parece de pasaporte? No desperdicies estas herramientas de presentación acerca de ti. Pueden ser un medio para poner información más personal y relevante acerca de ti. Pon alguna foto interesante más la dirección de tu sitio web y blog personal. Saca el mayor provecho al espacio y haz de Twitter un gran puente de comunicación con la gente.

Adaptación del blog de Ana Vásquez 

El periodista en su peor momento histórico

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foto prensa y ética

prensayetica.blogspot.com.ar

La precarización, la flexibilización, la degradación profesional, el sometimiento a las leyes del mercado y la decadencia gremial son algunos de los males que sufre el periodismo al promediar la segunda década del siglo XXI.

La dignidad profesional de muchos trabajadores anónimos, la proliferación de comunicadores que buscan llegar a la audiencia a través de las redes sociales y de otras herramientas que ofrece Internet, los intentos de reorganización gremial y el fin de la sacralización de los medios configuran, tal vez, una perspectiva que despierta alguna esperanza por el futuro del periodismo.

Es un momento en el cual la libertad de expresión, la creación de ciudadanía y la responsabilidad social de los comunicadores han quedado sometidas al mandato de empresarios cuyos negocios se conjugan con intereses comerciales, políticos e ideológicos con raíces en en el poder financiero nacional e internacional.

Los procesos de concentración de los medios, las grandes sumas de dinero que los grupos destinan no sólo a multiplicar hasta el infinito sus redes de comunicación sino a sostener la formación y cooptación de analistas refugiados bajo una pátina de supuesta neutralidad académica, son parte de la degradación de un oficio o profesión que deberían ser base de la publicidad democrática.

La ecuación no tendría sentido si no se hubiera desarrollado por décadas un proceso de pauperización de los trabajadores de prensa, cuya precarización bajo la figura de “colaborador” o el término anglosajón “free lance” se aceleró gracias a los cambios económicos introducidos a comienzos de los años 90.

La proliferación de “colaboradores” en los medios, la aplicación de regímenes en los que no se respetan los horarios, la tendencia a confundir la participación de la audiencia a través de las redes sociales con el trabajo gratuito, contribuyen a la decadencia de la profesión, término que, por cierto, no usamos en el sentido liberal.

Con la precarización, la flexibilización y la concentración de medios se produjo, además, un quiebre en las organizaciones gremiales de prensa.

En la Argentina el día del periodista se celebra el 7 de junio. Pudo haber sido otra fecha, pero es la que eligieron los delegados de todo el país reunidos en mayo de 1938 en el Primer Congreso Nacional de Periodistas, que se realizó en Córdoba. Es un homenaje a la aparición de La Gazeta de Buenos Ayres, cuya cabeza era el patriota Mariano Moreno.

Como asegura el docente e investigador platense César “Tato” Díaz -sin por ello disminuir la grandeza de Moreno, un símbolo de jacobinismo revolucionario- el primer periodista del Río de la Plata fue otro luchador de mayo, Manuel Belgrano. Pero Moreno y La Gazeta quedaron como un ícono por la oportunidad de la publicación y la impronta que dejó en aquellos días cruciales para la región.

El acto de fijar una fecha simbólica fue una de las 18 resoluciones que tomó aquel primer congreso y no se trata de la más importante.

Los derechos sociales -como un sistema jubilatorio- y la demanda de los derechos fueron algunos de los reclamos que, para desagrado de los dueños de los grandes diarios, se fueron concretando durante la gestión de Juan Domingo Perón en la secretaría de Trabajo y Previsión y luego como Presidente.

Crearon la Federación Argentina de Periodistas (FAP), un mensaje directo al corazón de los círculos porteños que pugnaban por mantener a los periodistas como profesionales liberales cuya tarea era, supuestamente, la de defender la libertad de expresión que, como ahora, se suele confundir con la libertad de empresa y con los intereses de los empresarios periodísticos.

Los Mitre (La Nación) y los Paz (La Prensa) miraban con horror a quienes imaginaran a los periodistas como trabajadores y mucho peor si pretendían agremiarse.

El decreto ratificado por el Congreso y finalmente promulgado por Perón en 1946, se basaba en gran parte en los reclamos de la FAP y en el primer proyecto, que databa de 1926, cuyos fundamentos, rescatados por el periodista Daniel Parcero, decían mucho sobre lo que ya se estaba gestando en el seno de una actividad que se debatía entre la condición de trabajadores y la de profesionales:

“Nadie que conozca las condiciones de trabajo de los periodistas, el término medio de los sueldos que se les paga, su incierta situación dentro de las empresas que utilizan su actividad intelectual, las perspectivas que para su bienestar ofrece su carrera, podrá considerar innecesaria o superflua una legislación que les fije una remuneración decorosa, les garantice una relativa estabilidad en el empleo, y los ampare ante las arbitrariedades y las injusticias que esterilizan tantos esfuerzos y terminan tantas carreras iniciadas con entusiasmo y abandonadas luego con desencanto y amargura.

“La profesión de periodista en nuestro país es una vocación a la miseria. No proporciona reputación, desde que la modalidad de la prensa aprisiona en el anonimato la colaboración del talento más claro, la obra de la conciencia más lúcida, la prestación material del espíritu más cultivado. Toda actividad intelectual alcanza su recompensa. Dolorosa excepción es la labor periodística, al servicio de la cual se pone tanta ignorada inteligencia, tanta probidad moral, tanto espíritu de sacrificio prodigado sin énfasis…”

“El periodismo no da gloria, pero tampoco da provecho… Lo común, lo corriente es que un obrero del periodismo viva y envejezca sin estímulos ni compensaciones, adosado a su mesa de labor, para retirarse de la redacción, cuando las agotadas energías mentales y físicas tornen ineficaces sus servicios y decidan su relevo o sustitución.

“Tal es el destino, a no ser que un niño afortunado de la suerte le haya permitido acogerse a tiempo a un refugio burocrático de alguna plaza administrativa, en donde, cuando menos, pueda aguardar sin mayores sobresaltos el día de su jubilación… Me ha sido dado comprobar que existe en el país un proletariado periodístico cuyos lamentables destinos se elaboran sordamente desde la apariencia fastuosa y próspera de esa prensa cuya grandeza se amasa con tanto sacrificio, miseria y abnegación en las salas de redacciones y en los talleres de la imprenta…

“Un diario no es simple empresa industrial o comercial consagrada a la elaboración y venta de opiniones y noticias, bajo el aliciente utilitario del lucro que habrá de reportar la operación. Su naturaleza es otra, su función social muy diversa e infinitamente más noble…”.

Los periodistas lucharon colectivamente durante casi toda la primera mitad del siglo XX para ser reconocidos como trabajadores con sus derechos, fueron consolidando sus organizaciones gremiales durante las primeras cuatro décadas de la segunda mitad del siglo XX y comenzaron su decadencia en los años 90, no por casualidad en un marco de avances de la concentración de los medios y la aparición de recursos tecnológicos que fueron aprovechados para potenciar la expansión de los grupos concentrados y convertir, otra vez, a los trabajadores de prensa en profesionales más productivos pero menos reconocidos.

Son algunos de los desafíos del siglo XXI.

David Carr: El periodismo debe tener método y rigor

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Foto David Carr II

Las noticias son  un ecosistema. Si mañana desapareciera The New York Times, otras organizaciones periodísticas aparecerían para llenar el vacío. Yo vivo en Nueva Jersey, que tiene un muy buen periódico local, The Star-Ledger, pero ahora es apenas de la mitad del tamaño que solía tener.

Nueva Jersey es un repositorio de la corrupción —la última vez que el FBI pasó por aquí, se necesitaron tres autobuses para que se llevaran a alcaldes y concejales—.

No puedo menos que pensar que la ausencia de un periodismo de alto nivel y permanente escrutinio tiene algo que ver con eso.

Yo no creo que un montón de actualizaciones de estado en Facebook y algunos tuits van a poder reemplazar esto en ningún momento.

Porque el periodismo de verdad, el periodismo que debemos hacer, tiene método y rigor.

Y usted puede reírse de lo arcaico y tonto que esto resulta en un ciclo 24/7 de noticias, pero a mí me parece que es de un valor significativo contar con una gran organización que muchas veces le estará diciendo al lector:

“Hey, espera un momento…”, porque le estará contando las historias del día verdaderamente importantes”.

David Michael Carr fue un escritor y periodista estadounidense, columnista distinguido del The New York Times. Escribió para ese diario impreso estadounidense, entre otros, la columna Media Equation. Nació el 8 de septiembre de 1956, en Minneapolis. Murió el 12 de febrero de 2015, en Nueva YorkEstuvo nominado al Premio Pulitzer por Mejor Columnista.

 

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