Francisco Campos Freire: El periodista nunca debe ser canalla…

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Por Rubén Darío Buitrón

Francisco Campos Freile ama al Ecuador desde que tuvo más espacio para contemplarlo, cuando vino a quedarse un tiempo gracias al programa Prometeo.

O, quizás, antes, desde hace siete años, cuando a la distancia, desde su enorme experiencia en España, empezó a ser parte esencial de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) como asesor de la carrera de Comunicación Social.

Y, después, cuando en su país recibió en la Facultad de Comunicación Social de la legendaria Universidad Santiago de Compostela a estudiantes ecuatorianos que fueron en su busca para que los guiara en sus tesis de doctorado.

Recuerda a colegas como Abel Suing, Karina Valarezo,  Jenny Yaguache, Catalina Mier, Gabriela Coronel, entre otros, de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), hoy doctores en Comunicación y catedráticos de esta institución superior regida por la misión Idente.

Aunque suele dar unos saltos al extremo sur del país, en Loja, para sus asesorías, estudios y teorizaciones en la UTPL, por esta época (y al menos hasta octubre) sus días transcurren en Ibarra como catedrático-asesor de la Pontificia Universidad Católica Sede Ibarra, PUCESI.

Le gustan las dos ciudades porque son pequeñas, apacibles, acogedoras.

Europeo, modesto, sin poses si alardeos, bordeando entre los 50 y 60 años de edad, aparentemente serio y casi tímido detrás de sus lentes de marcos gruesos, es amplio en su concepción de la vida y riguroso en su visión de lo que debe ser el periodismo.

Cuando viaja a Quito, por diversas circunstancias o gestiones atinentes a la función que ocupa en la PUCESI y en la UTPL, le asombra sentir la diferencia entre una metrópoli tan vertiginosa y compleja, tan entrincada, en especial en su sector más moderno, y no puede evitar compararla con esas urbes serenas (Ibarra y Loja) donde la vida transcurre en otro ritmo y donde todo parece fluir con otros colores y con otras sensibilidades.

En la PUCESI encontró a otra de sus alumnas de la Universidad Santiago de Compostela, Nancy Ulloa, alta funcionaria de esta universidad.  A ella la asesoró en la tesis para que alcanzara el PhD y se convirtiera en la primera carchense con ese grado en el país.

Hoy trabajan juntos, unos y otros doctores de la PUCESI y de la UTLP, en un proyecto que será uno de los más importantes eventos académicos del año en el Ecuador: el XESCOM, en Quito.

Se trata de un evento fundamental para conocer en qué anda la comunicación tradicional y la comunicación del siglo XXI.

Por eso se llama “De los medios y la comunicación de las organizaciones a las redes de valor”.

Es el II Simposio organizado por la XESCOM (Red internacional de Investigación de Gestión de la Comunicación) y los departamentos de Ciencias de la Comunicación y de Ciencias Empresariales de la UTLP.

Sin descuidar ese tema, que lo tiene muy ocupado, se da tiempo para hablar de periodismo, como hizo ayer, miércoles 24 de agosto, en el programa La Otra Mirada, de Los Lagos FM http://www.radioloslagos.ec

Uno de sus valores agregados es, a diferencia de lo que ocurre en Ecuador con los catedráticos de periodismo, que trabajó más de 20 años en “La voz de Galicia”, un importante periódico regional de 100 mil ejemplares promedio, y dirigió una compañía de radio y TV de más de 1.000 trabajadores, con un capital de 100 millones de euros.

De sus experiencias como redactor, como reportero, como jefe, como director, nos deja enseñanzas esenciales para ejercer de manera correcta el oficio.

Una, que la mejor forma de enseñar periodismo es “contando lo que no hicimos  bien”.

Dos, que un periodista que se ponga la camiseta de un partido como militante o para hacer proselitismo en el medio donde trabaja está condenado de por vida.

Tres, que está de acuerdo con nuestra línea editorial que reza: “Lejos del poder, cerca de la gente”.

Cuatro, que mientras más cerca esté el periodismo de la gente común, lo que hoy los estudiosos llaman “periodismo hiperlocal”, nunca desaparecerá el oficio porque siempre se necesitará quién lo cuente.

Aquí se detiene. Piensa. Reflexiona: “hay que hacer información local pegada al territorio, hay que andar pegado a la gente, hay que vibrar con ella”.

Y, cinco, en lo que pone mayor énfasis, es en que jamás hay que olvidar que, éticamente, “todo periodista puede cometer errores, pero lo que nunca debe ser es un canalla”.

Las leyendas del helado de paila y de la mujer de hierro

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Por Rubén Darío Buitrón

Ricardo Granja, nacido hace 25 años en Atuntaqui y empleado privado en la Ciudad Blanca, suele desayunar todos los días en el local más tradicional de los legendarios helados de paila de Rosalía de Suárez.

En el céntrico local de las calles Olmedo y Oviedo 782, cuyo teléfono es el (06) 29595872, a Ricardo le fascinan las empanadas de verde y el café negro.

Mientras desayuna junto a sus compañeros Pablo y Ángela, recuerda que desde la primera vez que sus padres le trajeron a visitar Ibarra nunca más ha dejado de venir a este cálido lugar.

Cálido porque así lo han querido sus dueños. Simple. Sencillo.

La forma cómo está estructurado el local tiene un aire tradicional, un aire heredado hace más de 100 años, inaugurado justamente en el año 1916 y que ahora tiene al menos ocho locales, en Ibarra cinco y tres en Quito.

Todos los negocios relacionados con los helados de paila tienen el permiso testamentario de la matrona Rosalía, quien pocos años antes de su muerte decidió que durante seis generaciones se pudiera usar su nombre. Y así lo han hecho y lo siguen haciendo sus descendientes.

Consuelo Terán de Suárez es viuda. Tiene 75 años y detrás de sus gafas de grandes marcos negros y vidrios de color café existe una larga historia.

Su esposo, nieto directo de la legendaria ibarreña Rosalía de Suárez, quien creó el sorprendente helado de paila (un nombre que parecería una contradicción), murió hace diez años, cuando tenía 66 años.

Él era quien sostenía, con enorme entusiasmo, el negocio. Y fue él quien tomó la decisión de que el estilo del local, con dos pisos donde se reparten mesas y sillas de madera pintadas de color blanco, con mesones de granito, se mantuviera así.

Consuelo, que tuvo cuatro hijos con Rubén, trabaja en el local junto a su hija Mónica (odontóloga) y a su nieto Ismael Guevara Suárez.

Sus otros hijos son Álvaro Suárez Terán, quien reside en Quito y por la herencia que lleva en sus genes es un emprendedor del servicio de cafetería y bocaditos: él es dueño de uno de los lugares más emblemáticos del centro de la Capital, “El café del Teatro”, que goza de un enorme prestigio y que justamente está ubicado, de manera estratégica, frente al centenario Teatro Sucre, en la plaza del mismo nombre.

Su otro hijo, Ricardo, es funcionario de Emelnorte, en Ibarra, y su última hija es Alexandra, quien optó por estudiar en la universidad Pedagogía y hoy es catedrática de Inglés en la Universidad Técnica del Norte, UTN, en  Ibarra.

En la heladería laboran con uniformes, vestidos con camisetas negras y delantales a rayas negras y blancas, los empleados Darwin Duarte, de 22 años, Adriana Cando (24), que se enorgullece de permanecer aquí más de seis años, Gabriela y Gloria, de edades similares a la de Adriana.

El local suele tener picos de asistencia de clientes por las tardes, cuando los comensales pueden servirse un helado de conos de marca Campeón, café o empanadas con humitas, ensaladas, batidos y cafetería (expreso, tradicional, capuchino, mocachino y café en leche).

Mientras nos pide que por favor probemos un poco de su helado, aunque entiende que no es lo usual que un periodista acepte regalos o invitaciones de las fuentes, explica que uno de sus orgullos es haber ganado el premio de prestigio y calidad en un reciente concurso turístico que calificó los mejores restaurantes y cafeterías de Ibarra.

El otro orgullo es haber sido la primera a quien se le ocurrió preparar helados dietéticos, para quienes sufren de diabetes y no quieren perderse el placer de servirse un helado de sabor y contextura tan especiales.

Pero Consuelo expresa que no solamente los helados de paila son los productos alimenticios que atraen a la gente, sino también lo más sencillo y lo más barato.

Cuando llega una familia ambateña, por primera vez a conocer y disfrutar los placeres de los helados, Consuelo les comenta que también hay otros productos.

Y, en verdad, quien quiere disfrutar de un buen desayuno o unos antojitos al mediodía o en la tarde (la heladería abre todos los días, incluido los domingos), puede servirse un café con pan y nata (que cuesta solo un dólar con pan y nata), un café con humita (un dólar con cincuenta) y, para rematar con la  tradición, un helado de paleta (de 75 centavos).

Esta amable y cariñosa mujer, que antes de abordarla parece que fuera muy seria y distante, es a su edad mucho más activa que cualquier persona de muchos menos años.

Aparte de administrar durante las tardes la heladería (en la mañana lo hacen su hija Mónica y su nieto Ismael Guerrero) es directora del primer grupo de danza tradicional en Imbabura (el Ñucanchi Llacta o “Nuestra tierra”), que ensaya todos los martes y jueves a las siete y media de la noche en la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), núcleo de Imbabura.

El grupo, que el próximo año cumplirá 50 años de fundación,  suele presentarse, en ocasiones, en la CCE, pero su escenario favorito es la hostería Chorlaví, donde su grupo deslumbra a los turistas los fines de semana, a las dos de la tarde.

Al mismo tiempo, es directora administrativa, desde hace 30 años,  de la Unidad Educativa  Particular “Lidia Sevilla León”.

Y como es una mujer incansable, luchadora y proactiva, también ha incursionado en la política: fue concejala durante los períodos de los alcaldes Mauricio Larrea y Pablo Jurado.

Entre los helados y todas aquellas actividades que no son complementarias, sino que forman parte de la vida cotidiana de Consuelo Terán viuda de Suárez, su vida transcurre sin pausas, sin descanso, y ella lo disfruta así.

Quizás si no hiciera tantas cosas al mismo tiempo.

Si no combinara sus actividades culturales, gastronómicas, administrativas y docentes en el día a día, su aspecto físico sería otro, el de una mujer anciana que se ha dejado vencer por los años y por la vida.

Pero ella no.

Es luchadora y dice que a los comerciantes pequeños y medianos no les dan tregua ni el Servicio de Rentas Internas ni el Ministerio de Trabajo y, por tanto, le toca tener absolutamente todo en regla, tanto con su grupo como en su colegio y, por supuesto, con la heladería.

Y los maneja con solvencia porque es licenciada en Hotelería y Turismo, conoce toda América Latina y Estados Unidos gracias a las presentaciones a las que le invitan a su grupo de baile tradicional y goza del cariño de sus alumnas, porque, me recuerda con esa altivez de mujer incansable, también fue profesora durante 30 años en los colegios María Angélica Idrobo, Alberto Enríquez y Víctor Mideros (en San Antonio de Ibarra).

Insiste en que Ibarra podría ser una potencia turística por sí misma, no porque esté junto a las bellezas de los lagos imbabureños o porque tenga a Yahuarcocha como atractivo.

Desde los tiempos en que ella era concejal y, antes, cuando su padre, Azael Terán, era el director-propietario de Radio Equinoccial, su familia ha hecho enormes esfuerzos porque los comerciantes y quienes ofrecen servicios de turismo no le dejen morir a Ibarra los domingos.

Y dice que lo lógico sería trabajar de martes a domingo y descansar el lunes. Porque el turismo es una fuente de ingresos para muchísima gente que ahora ni siquiera tiene trabajo.

Hace una pausa. Pide disculpas para moverse por entre las mesas y preguntar a sus clientes si todo está en orden.

Vuelve a nuestra mesa. Mira, como sugiriéndome que yo también lo haga, la cantidad de reportajes que los medios impresos le han hecho a lo largo de la historia de la heladería.

Pero, apunta, los otros temas nunca he hablado con periodistas, porque no ayudan demasiado.

¿Cuáles son aquellos “otros temas”?

El del turismo.

El de la educación.

El del exceso de controles del SRI y el Ministerio Laboral.

El de destacar que nadie más que ella ofrece tanta variedad de sabores: “Son 16 clases de helados, señor, qué le parece?”

Parece una persona de buen corazón.

Es conmovedora la manera en que se acerca a supervisar el trabajo de Darwin en la paila. “Mi Darwin es una máquina”, pronuncia como si fuera lo último que quisiera decir, aunque precisa que Adriana, Gabriela y Gloria, sus tres otras empleadas, son honestas, trabajadoras y llenas de compromiso y mística.

Cuando el comensal Ricardo Granja y sus dos compañeros de trabajo se van del local, les pregunta en la puerta si todo estuvo bien.

La sonrisa de Ricardo lo dice todo. Porque mañana volverá por un café y una empanada.

María José, una mujer bella y un ser humano sensible e inteligente

Majo Villacís fotografía
María José Villacís es inteligente.
Y no es una ingenuidad decirlo, porque ella y nosotros, quienes la conocemos, sabemos que su belleza física deslumbra.
Pero, ¿de qué sirve la belleza física? Ella misma está consciente de que los años pasan, y rápido, y que la hermosura de un rostro o de un cuerpo se desvanecen.
Por eso hay que cultivar las virtudes espirituales. Y eso es lo que hace María José, dotada de talento para cantar y bailar, pero también dotada -a sus 21 años- de capacidad de reflexión, conciencia social, tenacidad, decisión para construirse como un ser humano cuyas alas siempre están listas para alcanzar los cielos más altos.
No suelo escribir sobre este tipo de temas, pero hoy quiero hacerlo porque presiento y siento que el mundo, al contrario de lo que debería ser, al contrario de lo que parece, cada día está inundado de prejuicios, de estigmas, de recelos, de maniqueísmos, de una patética manera de criticar -en el sentido de denostar- a quien ni siquiera se conoce.
Y lo siento y presiento porque María José Villacís me lo hace recordar cuando habla de que una de sus referentes ha sido la princesa Diana de Gales, quien, pese a todo el poder que parecía tener, no era feliz sino cuando entendía que el mundo no estaba para reverenciarla sino que ella estaba para curar un mundo herido por tanta guerra infinita.
Se suele despreciar y señalar con el dedo índice a las chicas hermosas con la idea de que tienen un cuerpo bello, pero pocas neuronas en el cerebro.
O se suele decir que las mujeres guapas no tienen capacidad intelectual y es mítica la burla a ciertas preguntas que se hacen a las candidatas y a ciertas respuestas que estas dan pese a que, según dicen, conocen con anticipación el tema.
Y así, existen muchos mitos y creencias que en realidad no son ciertos.
O que, si lo son, al menos no caben en el caso de la chica ibarreña María José Villacís.
En un diálogo de dos horas que sostuve con ella en el programa La Otra Mirada, en  radio Los Lagos FM (www.radioloslagos.ec), mostró mucho de lo que es: capaz, apasionada, con metas claras, segura de sí misma.
Es una reina y viste como reina. Zapatos de tacón alto, de unos diez centímetros de altura, quizás innecesarios. Un top y un pantalón ajustado muestran lo que ella misma anuncia: su cuerpo ha cambiado. No es el mismo de hace doce meses, cuando fue candidata a reina de Ibarra y tenía 20 años.
Una candidata a reina de una ciudad pequeña no necesita una figura poderosa, porque basta con ciertas virtudes que no son, precisamente, las de poseer una figura escultural.
Una candidatura a Miss Mundo es distinta: busca fortalecer sus músculos y hacer mucho ejercicio, desde cardio hasta baile, porque depende de esto para mejorar su figura, pero también necesita -y lo está haciendo- capacitarse en técnicas de oratoria y dicción, en desenvolverse en los medios y ante los periodistas, en hablar con solvencia ante el público, en lograr la entereza que se necesita para enfrentar un resultado, sea positivo o sea negativo.
Tiene 21 años y estudia Comunicación Social en la Universidad Técnica Particular de Loja.
Y estudia periodismo porque lo ve como una herramienta para servir a los demás, para hacer un trabajo útil en beneficio de la gente más necesitada.
Como una niña traviesa que escondía un importante secreto, desde noviembre pasado supo que la habían elegido como candidata al concurso nacional que se celebrará en octubre, en Guayaquil, pero recién decidió contarlo en su página de Facebook, que es “Majo Villacís”.
Lo mantenía en silencio por una razón importante: porque debía tener la certeza de que al haber aceptado ser candidata por Imbabura podría cumplir con las exigencias para la competencia.
Y lo hizo cuando empezó a sentir que estaba en el camino correcto, cuando consiguió las personas adecuadas para que la entrenaran, cuando descubrió que sería capaz de dedicarse al menos tres horas diarias al gimnasio y al ejercicio al aire libre y, sobre todo, cuando terminó y envió el proyecto de ayuda social que concretaría si ganara el torneo.
Eso le gustó: la idea de que no es un simple concurso de belleza sino que es un certamen que no solo valora la hermosura (su hermosura) sino la calidad del proyecto en sentido humano.
Un concurso de belleza con propósitos sociales.
María José es hija única. Es la engreída de sus padres y de sus abuelos y de su tía, sin embargo, gracias a la formación familiar, en especial de su “ma” Bachita, es todo lo contrario lo que son muchos hijos únicos.
No es egoísta. No es vanidosa. No es arrogante. No cree que el mundo gira a su alrededor.
Es autocrítica y respeta, incluso, a quienes la critican por parecer una típica reina de belleza. Aprende de quienes la consideran una suerte de muñeca bonita, como un juguete para niñas mimadas.
Ama a los demás. Les tiende una mano. Les ayuda. Le conmueve las inequidades y las personas tristes que no tienen nadie quien les abrace o se solidaricen con ellas. Ayuda a los pobres. Es animalista. Es sensible a las realidades cotidianas.
En octubre, cuando se realice el concurso en Guayaquil y María José deba enfrentar el máximo estrés junto a una veintena de aspirantes y a un público frívolo que probablemente no entienda lo que debe juzgar, ella terminará sintiéndose como la reina.
Porque, pase lo que pase, ya lo es.

“Ella nada como hombre”: diez ejemplos de periodismo sexista en olimpiadas de Río

Por eldesconcierto.cl@eldesconcierto

Los Juegos Olímpicos de Río 2016, como quizá nunca antes, han dado el espacio para discutir un tema muy recurrente en las coberturas mediáticas del deporte: el alto contenido sexista al momento de hablar de las atletas mujeres.

Ya hablamos del estudio de Cambridge en que se comprueba, a través del análisis de millones de palabras y textos, que cuando se habla de una deportista en general se refiere a su cuerpo, su condición de madre, su edad o su estado civil.

El análisis de la universidad estableció que cuando se habla de una atleta las palabras más repetidas son “edad”, “embarazada”, “soltera”, “casada” y “mayor”. En cambio, para los hombres los adjetivos son “rápido”, “fuerte”, “fantástico” y “grande”.

En esa línea y como para dejarlo en constancia, les dejamos una lista con las coberturas más sexistas de estos Juegos Olímpicos en diversos medios de comunicación del mundo.

  1. “Las tres gorditas”

Esta portada la publicó el diario italiano Quotidiano Sportivo. Sin rubores, titularon así: “El trío de las gorditas roza el milagro olímpico”, para referirse a Guendalina Sartori, Lucilla Boari y Claudia Mandia, tiradoras con arco italianas que quedaron en cuarta posición. Tan fuerte fue la polémica que el director del medio, Giuseppe Tassi fue despedido, tal como consigna El País.

  1. “Ahí está el hombre responsable”

La famosa cadena estadounidense NBC escandalizó a sus seguidores cuando adjudicó el mérito de la nadadora húngara Katinka Osszu, por romper el récord mundial en los 400 metros, nada más y nada menos que a su esposo. El momento ocurrió tras el triunfo de Osszu, cuando la cámara mostró a su marido, Shane Tusup. Entonces, el comentarista Dan Hicks no dudó en asegurar: “Y ahí está el hombre responsable”.

  1. “La mujer de…”

El Chicago Tribune también equivocó el foco para anunciar el triunfo olímpico de la tiradora estadounidense Corey Cogdell, que ganó la medalla de bronce en la competencia de tiro al plato. La atleta ganó la misma medalla en los juegos de Beijing, sin embargo, nada de eso fue publicado en el titular. El diario estadounidense eligió anunciar la noticia como “la esposa de un línea de los Bears gana medalla olímpica”, refiriéndose a un jugador de fútbol americano de la ciudad.

  1. “Parecen estar en medio de un mall”

La NBC tuvo otro episodio cuando el día domingo un comentarista dijo que el equipo de gimnasia de Estados Unidos parecía como “si estuvieran paradas en medio de un mall” luego de que fueran captadas riéndose y hablando por las cámaras de la transmisión de Rio 2016. El comentario fue con un tono de reprobación tras un mal resultado de las deportistas.

  1. “Lo que verdaderamente cautivó al personal fue su flexibilidad para el cuerpo que tiene”

Un ejemplo aún más extremo es el que afectó a la arquera de balonmano de la selección de Angola, Teresa Almeida. El diario Marca de España puso el foco en su habilidad a pesar de su “sobrepeso”. “Lo que verdaderamente cautivó al personal fue su flexibilidad para el cuerpo que tiene”, dice el artículo. Como si fuera poco, el texto fue publicitado en Twitter junto a una foto de ella y los iconos de Whatsapp de una hamburguesa, unas papas fritas y una carita juguetona.

  1. La multicampeona que “nada como un hombre”

La nadadora Katie Ledecky también sufrió algo parecido cuando quebró su propio récord mundial en los 400 metros libres el sábado pasado. Los comentaristas, en vez de aludir a su proeza personal, prefirieron comprarla con un hombre. “Nada como un hombre. Su brazada, su mentalidad, su fuerza… no he visto eso en ninguna otra chica” dijo el nadador Ryan Lochte a Sport Illustrated. No bastó para valorarla tener nueve campeonatos mundiales, doce récords planetarios con menos de 20 años y haber ganado un oro olímpico con 15 años. No… “es que nada como un hombre”.

Las famosas galerías

Y cómo no, llegamos a las archiusadas y repetitivas galerías de fotografías destacando la belleza de las atletas. Varios de los ejemplos a continuación ocurrieron en suelo nacional y otros en medios sudamericanos.

  1. “Las muñecas suecas”

“Las chicas marcaron la diferencia, rubias a más no poder, ojos claros por doquier y figuras estilizadas lograron que los presentes se dieran vuelta para mirarlas”. Así hablaron los argentinos del diario deportivo Olé de las atletas de Suecia después de su paso por el desfile inaugural de los juegos. “No quiere decir que otros países tengan sus bellezas. Pero las muñecas suecas captan la atención de los ojos humanos”.

  1. “La chilena que roba miradas en Rio 2016”

En Chile también hay ejemplos. Y el primero proviene de Terra.cl, apelando a lo que hace años vienen publicando diversos medios en relación a la velocista Isidora Jiménez. Como si se tratara de un concurso de belleza, el sitio concede solo un par de líneas al rol a la participación de Jiménez en Rio para luego dar paso a “sus mejores imágenes” sacadas de su propio Instagram.

  1. “Las postales del volley femenino”

Otra nota que creó polémica en redes sociales fue la galería de Cooperativa sobre las jugadoras de volleyball playa femenino. Al postear la galería en Facebook generó cientos de comentarios negativos respecto al tratamiento sexista. Sin siquiera dar información sobre los encuentros, el medio muestra una serie de fotografías de las mujeres practicando su deporte.

  1. “Las deportistas más guapas en los Juegos Olímpicos”

Chilevisión también tuvo espacio en su pauta para las atletas. Sin duda que no para hablar de sus competencias. El foco, como en cientos de sitios a lo largo del mundo, estuvo en su belleza. Ni una línea sobre su participación en los juegos pero muchas imágenes para conocer “a las mujeres más sexys que estarán presentes en estas olimpiadas. La chilena Isidora Jiménez destaca en el listado”, explican.

Amo la vida, pero con 97 años ya es suficiente: Manuel Calderón

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Por Rubén Darío Buitrón

En 1960 cambió la vida de Manuel Abdón Calderón Cadena.

Aquel año lo aceptaron como socio de Flota Imbabura, una de las empresas de transporte interprovincial más importantes del país.

Tenía 56 años y para entonces, en su autobús de pasajeros, había recorrido el Ecuador decenas, centenas, quizás miles de veces.

El auto era suyo, pero con su tenacidad y coraje para trabajar era muy raro que dejara que otra persona lo condujera.

Por eso conoce la patria tanto que la ama en todos los sentidos y que la ha servido en todos los sentidos, desde conductor de un bus hasta legislador de la nación por la provincia de Imbabura, a la cual se debe tanto.

Eran los viejos tiempos.

Aquellos cuando las carreteras no eran carreteras sino vías de segundo o tercer orden.

Aquellos cuando tocaba manejar con extremo cuidado porque los caminos eran estrechos, mal asfaltados o empedrados, sin iluminación ni señalización.

Aquellos cuando había que tomar las curvas con extremo cuidado, porque el peso de un bus lleno de pasajeros es como la vida: una maniobra equivocada podía terminar en el fondo de un abismo.

Todo eso le obligaba a trabajar mucho más que lo que hoy trabajaría un conductor de bus, pues las condiciones geográficas y viales obligaban a que la unidad de transporte consumiera mucha gasolina.

El trayecto entre Quito y Tulcán lo lo hacía en diez horas.

El trayecto entre Quito y Guayaquil lo hacía en 15 horas.

Y así…

Por eso es que fue tan decisivo ingresar a Flota Imbabura: eran otras condiciones.

Había más seguridades.

Los socios se defendían y cuidaban como grupo, como compañeros, como

parte de un gremio que históricamente ha sido fuerza política en Ecuador.

Pagó 700 sucres como cuota de entrada con un bus que le costó (no lo recuerda con precisión) unos 16.000 sucres y que cuando fue necesario cambiarlo por una unidad más moderna lo vendió en 100.000 sucres e invirtió 10.000 más para comprarse uno mucho más nuevo. Era bastante plata.

Fue uno de los primeros choferes profesionales.

De aquellos a los cuales les costó mucho esfuerzo obtener el brevet, una suerte de licencia para conducir, con apariencia de pasaporte.

Lo consiguió en 1938, cuando decidió que aquella sería su vida luego de trabajar seis meses en una mecánica y de hacer chauchas en el bus de su cuñado.

Con un impecable traje de casimir, camisa blanca, corbata de color lila claro con vivos blancos y zapatos negros perfectamente lustrados, sonríe cuando recuerda lo que en aquellos tiempos era Ibarra: una ciudad tan pequeña que todo estaba en la calle Colón y algo en la Olmedo.

Su casa, número 171, es la tercera de la calle Pedro Rafael Rosales, que hace esquina con la

Flores y está frente a la gasolinera Primax, de Flota Imbabura, tiene dos pisos, las puertas y

ventanas enrejadas y un techo a dos aguas de tejas sintéticas.

La ciudadela donde vive es una de sus obras como dirigente de los transportistas.

Él la creó cuando el metro cuadrado costaba 20 sucres, porque tuvo la visión de que el gremio de choferes merecía una viga digna y que llegaría a crecer en un número significativo.

Es viudo. Y como católico practicante y devoto, se considera un santo varón: no traicionó a su esposa, sus hijos nunca lo vieron “chumado” y fue un deportista incansable.

Se retiró cuando llevaba manejando 28 años.

Pero su vocación nunca lo alejó del gremio.

Fue cuatro veces secretario general del sindicato.

Fue delegado al Consejo Nacional de Tránsito (CNT).

Fue director del CNT.

Fue asesor voluntario de las nuevas cooperativas de taxistasque se formaban en su época.

“Había más disciplina que ahora”, dice en un momento en que la mirada se le pierde hacia

abajo, como buscando la nostalgia.

Aquella fortaleza gremial, un “poder fáctico”, lo llevó a la política.

En Atuntaqui fue concejal 10 años seguidos.

Combatió al cinco veces presidente de la República José María Velasco Ibarra y a las dictaduras militares, fue amigo del presidente Jaime Roldós y, posteriormente, legislador socialcristiano.

Explica por qué: “Nunca quise nada para mí en la política. Solo fui un puente entre gobiernos y pueblo”.

Estuvo casado con María Guillermina Placencia Gudiño, de Natabuela, con quien tuvo cinco

hijos: Dora, Ramiro, Nelly, Marcelo y Ligia.

Pero a su esposa la muerte se la llevó el 19 de marzo de 2007.

“Desde ahí paso encerrado”, expresa con aire de tristeza, aunque sus hijos saben que está bien cuidado por la empleada o hija de toda la vida, Celia Filomena Potosí, de 60 años, quien le dice “papá”.

Manuel quiere vivir cinco años más. ¿Por qué cinco? Sonríe. “Amo la vida, pero con eso es suficiente”.

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Un ibarreño nacido en Atuntaqui

Manuel Abdón Calderón Cadena nació en Atuntaqui, cantón Antonio Ante, el 3 de enero de 1924.

Tiene 92 años y su lucidez es asombrosa.

Usa audífonos para escuchar mejor, pero aunque sus parientes piden que se le hable alto, no es necesario hacerlo en muchos casos si se le dirige la palabra mirándolo a los ojos.

Es como si la vida le hubiera enseñado a leer los labios de sus interlocutores.

Ha sido chofer, dirigente gremial de los transportistas, autoridad política local,

congresista.

Toda una leyenda en la provincia de Imbabura.

Machismo o feminismo en las salas de Redacción y en los medios

 

fotografía sala de redacción II

Por Rubén Darío Buitrón

¿Cambiaría el periodismo si quienes lo manejaran, en su mayoría, fuesen mujeres?

No necesariamente, porque no es un asunto de género.

¿Cambiaría el periodismo si quienes lo manejaran, en su mayoría, fueran mujeres comprometidas con la gente?

Sí, definitivamente, porque es un asunto de cómo se mira el mundo, de cómo cambiar sus injusticias, discriminaciones e inequidades, de cómo exponer en los medios la realidad sin omitir ni sesgar.

En mi carrera viví dos experiencias bajo dirección femenina (en un país como Ecuador donde en la prensa mandan los hombres) y en comparación con otras vivencias y medios periodísticos donde el mando lo tuvieron los varones, nunca observé cambios sustanciales según si quien mandaba era de un género u otro.

Lo que ocurre en los medios se parece mucho a lo que sucede en la política.

Los dones y sensibilidades distintas que poseen las mujeres en relación con los hombres no tienen relevancia a la hora de las decisiones finales, porque no son las mujeres, por más jefas que fueran, las que intervienen en el proceso de decisiones y edición del producto que llega al público.

En el caso de mis experiencias, en el primero se trataba de una revista de amplia circulación.

Mi jefa directa en Quito (de quien aprendí muchísimo) y la editora general (con base en Guayaquil) eran mujeres, pero quien tenía la última palabra era el dueño de la revista.

Él, con esferográfico en mano y mirando, tachando o acomodando línea por línea y página por página, decía sí o no a cualquier tema. Y eran el sí o no definitivos.

Quitaba párrafos o fotografías que no le agradaban.

Ordenaba que un tema no saliera porque afectaba a su ideología o porque el tema era contrario a los intereses económicos y de poder de él o de su grupo.

Pedía cambios si la nota tocaba a ciertos anunciantes poderosos.

¿Puedo enorgullecerme de haber tenido dos excelentes jefas que me enseñaron mucho? Sí, en especial de quien dirigía la corresponsalía en Quito.

¿Puedo enorgullecerme de que en ciertas circunstancias su esfuerzo, y el mío, fuera inútil? No. Porque era evidente que se cuidaban intereses particulares y no se pensaba en el interés general o en el bien común.

Mi segunda experiencia la viví algunos años en un periódico quiteño que, en determinado momento histórico, fue decisivo para el país.

En este caso, las condiciones parecían mucho más propicias para que fueran diferentes las miradas de la realidad: una mujer madura era la dueña de la mayoría de acciones,  era la presidenta de la empresa y  la directora del medio.

Si extrapolaríamos las cosas y fuéramos ingenuos, ella habría tenido que establecer líneas editoriales con visiones distintas de los hechos y habría tenido que estructurar una sala de redacción plural y democrática en todo sentido, desde pensamientos políticos plurales y democráticos hasta la selección de personal con propuestas periodísticas cercanas a lo social y a distintas voces. Pudo hacer un periódico democrático.

Pero nunca fue así. Era mujer, mas sus intereses económicos, su entorno empresarial y su ideología conservadora no la diferenciaban del director (hombre) del medio anterior.

El periodismo sería mejor, mucho mejor, si lo liderasen personas (mujeres u hombres, indistintamente) que se jugaran por los sueños y necesidades de la gente común, por los objetivos de la mayoría de la sociedad. Si fueran, al menos, líderes con formación anti-establishment.

Porque no es un asunto de género. Es de ideología. Es de compromiso con los que pobres, con los rezagados y con los que no tienen voz.

Puedo apostarlo.

La última librería en español que aún sobrevive en Nueva York

Un mural con la imagen de García Márquez decora la entrada de la librería Barco de Papel, única con títulos en español en Queens.  (Michelle V. Agins) 

Debajo de la descascarada plataforma de la línea 7 del metro, a lo largo de la frontera entre Elmhurst y Jackson Heights en Queens, más allá de los vendedores de collares y pulseras, y de maíz y brochetas de carne, hay un mural de Gabriel García Márquez que adorna una pequeña tienda en un callejón.

Se trata de la librería Barco de Papel, uno de los cada vez más escasos locales que venden libros en español en Nueva York.

Con su ubicación en un callejón y sus estantes llenos de libros usados —algunos difíciles de encontrar o para coleccionistas— apilados sin ton ni son, tiene algo que recuerda vagamente a García Márquez: da la impresión de que la pequeña tienda es de alguna manera más grande que la suma de sus partes polvorientas.

El nombre de la librería, Barco de Papel, remite a un intelectualismo analógico, de otra época.

Ramón Caraballo, el dueño, abrió la tienda en 2003, después de años de ahorrar dinero de la venta de libros en la calle.

Una noche de viernes, hace algunos días, sentado en una silla en el centro de la librería, Caraballo hablaba con sus clientes mientras sonaba una suave música de jazz. “Dígame, ¿qué es la cultura?”, le preguntó a uno de ellos.

La librería abrió en 2003 y es uno de los pocos establecimientos que quedan en la ciudad de Nueva York en donde se venden títulos en español (Michelle V. Agins/The New York Times)

Es una pregunta simple sin respuestas fáciles, pero tiene gran importancia para la tienda que, a pesar de su pequeño tamaño, funciona también como un centro cultural dedicado a celebrar las tradiciones, literarias y de otros tipos, de América Latina.

Aproximadamente, la mitad de los 67.000 habitantes de Jackson Heights se identifican a sí mismos como latinos.

Los eventos del año pasado incluyeron charlas y lecturas con un ilustrador argentino, un trovador cubano y dos autores peruanos.

Además de una selección muy completa de escritores latinoamericanos, los estantes guardan también literatura de España, desde la época medieval hasta textos contemporáneos.

Una tarde, hace poco, se juntó una pequeña multitud afuera de la librería para ver a Zenen Zeferino, un cantante, guitarrista y escritor mexicano de libros para niños.

Enfundado en un guayabera blanca y con un sombrero de paja, Zeferino estuvo acompañado por otro guitarrista y una bailarina con un vestido azul con mucho vuelo, los tres sobre una pequeña plataforma de madera mientras interpretaban sones jarochos.

Zeferino dijo que su música estaba dedicada a “las personas que vienen a trabajar pero no quieren que sus hijos pierdan el vínculo” con su tierra.

Su voz, acentuada por el ritmo de la bailarina, se levantaba por encima del bullicio de la zona; los peatones se paraban a escuchar, sin distraerse con el estruendo intermitente del metro.

Barco de Papel ofrece una selección de títulos de escritores latinoamericanos y españoles. (Michelle V. Agins/The New York Times)

Hernando Cuervo, de 65 años, taxista de Jackson Heights y visitante asiduo de la librería, se sentó a ver el espectáculo.

“Aquí la gente viene a trabajar y a producir, y se les olvida de dónde vienen”, dijo Cuervo, nacido en Colombia. “Es muy importante que la gente tenga la oportunidad de reconectarse con sus raíces”, explicó.

Ese es uno de los propósitos de la Librería Barco de Papel, que se encuentra en una de las zonas de la ciudad con más diversidad. Su dueño describió de la siguiente manera la tensión que enfrentan muchos neoyorkinos: “¿Eres lo que trajiste de tu país o eres lo que has aprendido aquí?”.

Caraballo afirmó que el objetivo de la tienda, que opera con la ayuda de voluntarios, es mostrar “nuestras riquezas, nuestros valores culturales”, al tiempo que se deja espacio para que se desarrollen las ideas.

Después de los sones jarochos hubo teatro, poesía, música y una sesión a micrófono abierto, organizada en colaboración con el Instituto Cervantes, sobre el tema de la identidad.

Caraballo habló de otras dos librerías de libros en español, la Librería Lectorum y la Librería Macondo, que según él relacionaban la literatura con la cultura de una forma que él espera mantener viva. Ambas cerraron sus locales en la calle 14 de Manhattan en 2007.

“Me siento como el último de los mohicanos”, afirmó.

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Cada día somos más brutos: César Hildebrandt

fotografía César Hildebrant II

El periodista hace una dura crítica al nivel intelectual de los peruanos y de lo que llama “estupidización colectiva”.

“Tengo la convicción de que el cociente intelectual peruano disminuye cada día”.

Con estas palabras, el periodista César Hildebrandt criticó el nivel cultural de los peruanos, sobre todo para quienes programas como Combate y Esto es Guerra es su paradigma.

En su última columna en el semanario “Hildebrandt en sus Trece”, el periodista opinó que el “porcentaje de brutos se ha incrementado exponencialmente en el Perú” y que la falta de cultura se refleja en todos los ámbitos, incluso en la política.

“Qué Javier Velásquez Quesquén, que fue presidente del Congreso, diga “teníanos” y “habíanos” es algo de lo más decidor”, señaló.

Señaló que en muchos casos la televisión, las redes sociales  y la masificación de la educación privada “trucha” contribuyen a lo que llama “estupidización colectiva” y una “epidemia de apoplejías voluntarias”.

“Nada más parecido a un festival de babuinos trapecistas que Esto es guerra o Combate. Por eso es que los gimnasios están llenos y las bibliotecas vacías. El mensaje es claro: la imbecibilidad es rentable”, agregó.

Pero esta situación no es exclusiva de nuestro país, Hildebrant considera que la televisión por cable también deja mucho que desear.

“Ejércitos de descerebrados violentos, de mamarrachos vivientes que lucen bíceps o tetas y apenas pueden silabear “mi mamá me mima”, le dicen al mundo que no está de moda pensar, amar, reflexionar, quedarse callados, derramar una lágrima, recordar”.

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Tomado de capital.com.pe

 

“¿Entienden por qué ya no confiamos en Uds., periodistas?”

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,fotografía carta de los lectores

Esta carta fue redactada el pasado 29 de enero del año 2016, cuando un grupo de periodistas, empresarios, líderes de la salas de redacción y estudiantes se reunieron en Macon – Georgia, Estados Unidos, para una cumbre patrocinada por el Centro para el Periodismo de Colaborativo y GroundSource centrado en volver a imaginar las relaciones entre las organizaciones de noticias y las comunidades a las que sirven.

El producto de esta cumbre fue un manifiesto, cada una de las cuales revela el descontento con la cultura actual del periodismo, articulando una visión para una participación más genuina, y sugiere algunos primeros pasos concretos que pueden ayudar a romper la resistencia al cambio.

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Estimados periodistas:

Estamos escribiendo una carta porque creemos que un texto tan largo no sería admitido en su sección de comentarios – y además sabemos que ustedes no suelen leer los comentarios de sus lectores de todos modos.

Queremos saber: como sus clientes, ¿por qué parece que ya no se preocupan por nosotros? ¿Por qué creen saber qué es lo mejor para nosotros sin siquiera preguntarnos?

La verdad es que los temas que nos interesan no se reflejan en sus historias.

A menudo están demasiado ocupados tratando de obtener una primicia o tratando de obtener clics, sacrificando la publicación de historias que harían una diferencia significativa en nuestras vidas.

La cantidad de noticias reales y útiles está disminuyendo, mientras que una avalancha de información errónea, sensacionalismo y chismes nos rodean.

Nos damos cuenta de lo que están haciendo: se preocupan más por sus métricas y sus anunciantes que de nosotros.

Lo peor de todo, ven de forma errónea lo que somos, perpetuando estereotipos negativos que carecen de empatía y comprensión.

Como resultado, en realidad están haciéndole daño a nuestras comunidades al no ayudarnos. A decir verdad, no están sirviendo a nuestras necesidades.

Para colmo de males, cuando se aparecen sorpresivamente entre nosotros para conseguir una historia rápida, terminan escribiendo mal.

¿Les sorprende entonces que ya no confiemos en ustedes?

Cuando hacemos todo lo posible para colaborar con ustedes, nadie nos responde.

A veces nos esforzamos mucho para darles retroalimentación o información, pero luego ni siquiera sabemos si eso fue de alguna utilidad.

¿Por qué deberíamos tomarnos la molestia?

Somos personas reales con una diversidad de antecedentes y una riqueza de experiencias y perspectivas, y queremos ver la plena representación de lo que somos en sus historias.

Queremos información que nos ayude a tomar decisiones sobre temas que afectarán a nuestras vidas y nuestras comunidades.

Y de vez en cuando, también queremos ser entretenidos.

Hasta entonces, francamente, no queremos gastar dinero en un producto que no sea valioso para nosotros.

Pero aquí está el dilema: intuitivamente sabemos que el periodismo es importante para la democracia, y nos importan las noticias, así estemos enojados con ustedes en este momento.

Así que queremos extender una rama de olivo, por si ustedes están dispuestos a reunirse con nosotros en donde estamos. (Literalmente donde estamos).

Queremos invitarlos a visitar nuestros barrios.

Queremos conocerlos y que ustedes lleguen a conocernos.

Vamos a mostrarles nuestros sitios favoritos y contarles por qué estamos orgullosos de vivir en donde estamos.

Queremos ser socios suyos —podemos ayudarles a escribir las historias que resonarán.

Podemos ser importantes fuentes de información para ustedes.

Podemos ayudarles a aprender cosas nuevas, conocer nuevos lugares, conocer gente nueva. Si nos dejan.

Sabemos que esto significaría empezar a hacer su trabajo de forma un poco diferente de lo que están acostumbrados a hacer, y entendemos que esto implicaría asumir riesgos de su parte.

Pero podemos hacer que valga la pena.

Lo que estamos diciendo es esto: queremos que inviertan en nosotros. Invertir en nosotros profundamente. Si lo hacen, vamos a invertir en ustedes —con nuestro tiempo, nuestra energía, nuestro respeto y nuestro dinero.

Sinceramente,

(f) La gente antes conocida como la audiencia.

Tomado de @connietu

 

El combate contra la telebasura no se hace desde un sofá, sino desde las acciones concretas

fotografía telebasura.png

Por Rubén Darío Buitrón

Cada vez es más grave lo que ocurre en la televisión ecuatoriana: la obsesión de elevar el rating ha vuelto a este medio de (in)comunicación en una manera de analfabetizar a los espectadores, al público, a los ciudadanos.

Es una manera de estupidizar a la sociedad: hacer que se preocupe de cosas irrelevantes, dejar que su tiempo diario se consuma en frivolidades, contravalores, obsesión por creer que es verdad lo que se ve en la pantalla, e impedirle que aprenda a reflexionar sobre los hechos más trascendentes de su vida, desde lo cotidiano hasta la alta política.

El rating, muchas veces interesado y mentiroso, porque las empresas encargadas de medirlo favorecen a quienes pagan más por ese trabajo, tiene directa relación con la publicidad, la publicidad tiene directa relación con los ingresos económicos de las empresas mediáticas y los ingresos económicos tienen directa relación con la influencia que la prensa pueda ejercer sobre (o contra) el poder político.

“(La telebasura”) es antiética porque manipula y menosprecia al público al negarle las partes de la verdad que estimulan su pensamiento. Recibe solo las partes sórdidas o triviales de la realidad”, dice Javier Darío Restrepo.

Existe en el Ecuador un creciente malestar por la cantidad de telebasura que se emite en los canales abiertos, pero también en decenas de estaciones de televisión por cable, las cuales repiten películas viejas de mala calidad o difunden programas que se copian entre ellos (¿han visto la cantidad de espacios dedicados a la cocina que, en el fondo, traslucen un machismo solapado porque están dedicados a las amas de casa bajo el supuesto de que no tienen más que hacer que mirar televisión?).

El problema, sin embargo, como suele ocurrir con muchas situaciones que molestan a los ciudadanos, es que estamos haciendo activismo de sofá, mientras los canales actúan, de hecho, y siguen produciendo esos desechos, y los auspiciantes continúan colocando publicidad porque aquella basura es la más fácil de digerir junto con la basura -también- que venden al público las empresas cómplices.

Qué fácil es quejarse por Twitter o por Facebook y hasta crear “trending topics” (tendencias temáticas seguidas por mucha gente en las redes) donde los que se rebelan contra la telebasura lo hacen cómodamente desde su zona de confort.

Cuando realmente se quiere cambiar una realidad que creemos perjudica a la sociedad hay que actuar en lo concreto y no solo en las palabras. Hay que salir a pelear.

¿Qué tal si nos organizáramos y una noche de alto rating, como la de los domingos, armáramos un apagón nacional?

¿Les parece buena idea?

Entonces, hay que convocar (solo convocar) desde las redes sociales, pero lo esencial es levantarse del sofá, activar reuniones para organizarnos, planificar, coordinar y actuar.

¿Estamos dispuestos a hacerlo?

Si no lo estamos, dejemos de quejarnos desde nuestra zona de confort.

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