Las graves ofensas de Donald Trump contra los latinos

 Inmigrantes en una protesta contra Trump el Día del Trabajo en Los Ángeles CreditMark Ralston/Agence France-Presse — Getty Images

LOS ÁNGELES.— Cuando estaba creciendo en Los Ángeles a finales de los sesenta y principios de los setenta, una de mis posesiones más preciadas era el libro de texto de la historia de Estados Unidos de mi padre.

Mi padre solo terminó la primaria en Guatemala y luego, cuando llegó a Los Ángeles a los 21 años, obtuvo un título técnico en un centro de formación profesional.

De ahí viene el libro de texto que todavía conservo: un tomo con tapas rojas sobre los peregrinos, los fundadores, el Destino Manifiesto, la guerra civil y el sufragio de las mujeres.

Cada elección estaba ilustrada con un mapa de los resultados del Colegio Electoral.

Adams vencía a Jefferson. Lincoln vencía a McClellan.

Entonces creía que la historia de los Estados Unidos de América me pertenecía, a pesar de la ausencia de latinos en esos libros de texto, a pesar de que en mi casa se hablaba español y a pesar de la historia de las fronteras que cruzaron mis familiares.

Pronto escribiremos un nuevo nombre en los libros de historia: Donald Trump, el magnate de los bienes raíces y figura del mundo del entretenimiento que comenzó su campaña con una extensa diatriba contra los inmigrantes latinoamericanos y quien ganó popularidad mientras prometía a los estadounidenses que cerraría las puertas del país a México.

La nominación de Trump por parte del Partido Republicano permanecerá en la memoria de los latinos en este país durante muchas generaciones.

Nuestros historiadores del futuro escribirán sobre la campaña de Trump y la furia nacionalista que desencadenó con el mismo dolor que sienten los afroamericanos cuando ven las atrocidades que en el pasado cometió Jim Crow, el mismo que los estadounidenses de origen asiático sienten cuando recuerdan la injusticia de la Ley de Exclusión de Chinos.

La Convención Republicana que comenzó este lunes 18 de julio de 2016 en Cleveland con una hora de testimonios sobre la sangre de inocentes derramada por “inmigrantes ilegales” solo hizo más profundo el insulto.

Cada orador amplificó aún más las palabras que Trump pronunció hace un año, cuando anunció su candidatura en la Trump Tower de Nueva York: “Cuando México envía a su gente, no envían a los mejores”, dijo. “Están trayendo drogas. Están trayendo crímenes. Son violadores”.

“Solo Trump menciona a los estadounidenses asesinados por ilegales”, dijo uno de los oradores de la convención, Jamiel Shaw Sr., cuyo hijo fue asesinado por un inmigrante en Los Ángeles en 2008. “Dios envió a Trump”.

Unas 11 millones de personas viven en Estados Unidos como inmigrantes indocumentados.

Muchos hablan inglés como idioma principal, y casi todos pagan impuestos locales y federales. Pero según la visión que ofreció el Partido Republicano esta semana, son criminales que asesinan a los oficiales de la Patrulla Fronteriza o conductores sin licencia que beben en exceso y matan a ciudadanos estadounidenses.

“Antes de Donald Trump nadie nos escuchaba”, dijo otra oradora, Sabine Durden, cuyo hijo murió en un choque carretero en 2012 en el que estuvo involucrado un conductor inmigrante. “Hay que construir el muro y los estadounidenses debemos ser la prioridad”.

En contraste con estos crímenes y calamidades, consideremos los ritmos de la vida cotidiana en Estados Unidos.

El trabajo de los latinos es una parte esencial de ella: desde la crianza de los hijos hasta la construcción de hogares y la defensa del país, los latinos son fundamentales en laboratorios, campos de lechugas y salas de conferencias.

La ambición y la diligencia estadounidenses se remontan, en mayor medida, a personas que han cruzado una frontera, a los hombres y mujeres que tomaron riesgos para venir a este país, con documentos o sin ellos.

La convención de Trump comenzó difamando a una generación entera de inmigrantes.

Cuando por fin ofreció un reconocimiento a la experiencia inmigrante, provino de un actor italiano naturalizado estadounidense: Antonio Sábato Jr., cuyo físico musculoso alguna vez le permitió trabajar como modelo de ropa interior para Calvin Klein pero ahora criticó a quienes no son capaces de seguir sus pasos. “Los que quieran venir a Estados Unidos deben seguir las mismas reglas”, declaró.

“Hola, Héctor”, dijo en español, y me dio un abrazo.

Como presidente, George W. Bush designó a Marín tesorera de los Estados Unidos. Aún se puede ver su firma en millones de billetes de dólares, cada una con una tilde gramáticamente correcta en español sobre la i de su apellido.

Marín ha asistido a cada convención republicana desde 1996, pero le dijo a Fox News Latino que no asistiría a la reunión de esta semana.

“Me ha insultado”, dijo acerca de Trump, “la gente que amo, la comunidad que represento”. También juró jamás votar por “el pequeño hombre naranja”. “Estoy de luto”, dijo Marín. “Ha sido muy doloroso”.

Millones de estadounidenses con orígenes latinos, como Rosario Marín, recordarán esta ofensa en la cabina de voto.

También la recordarán mucho después de eso, cuando envíen a sus hijos a la escuela y les digan que estudien con más empeño a causa de Trump y todo lo que representa.

Un día, esos niños podrían añadir su propio capítulo a los futuros libros de texto de la historia estadounidense.

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¿Quién es más racista en Ecuador? ¿Un periodista acomplejado o un obispo curuchupa?

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fotografía racismo

Por Rubén Darío Buitrón

El mismo día que las redes sociales en el Ecuador estallaban en el debate acerca de las razones políticas y no decorativas que llevaron al obispo de Riobamba, el conservador español Julio Parrilla, a retirar de la catedral de la ciudad un mural llamado “El Cristo Indio” o “El Cristo Pobre”, se produjo un “boom”, más farandulero que esencial, acerca de lo que el periodista deportivo guayaquileño Carlos Gálvez habría dicho en contra de los jugadores del club de fútbol Independiente del Valle.

Que a muchos ecuatorianos les fascina el morbo no me queda duda.

De lo contrario, ¿cómo se explica que el primer hecho -que implica un intento de sectores políticos y eclesiásticos de derecha de borrar la memoria social de monseñor Leonidas Proaño, el sacerdote que dio su vida por los pobres y los indígenas cuando también fue obispo de Riobamba- haya sido desplazado en el interés de los cibernautas y convertido en “Trending Topic” por un chisme frívolo, sin fuentes, sin certezas, solo con el audio del periodista y el comunicado de la empresa mediática lavándose las manos, y que cientos de twitteros y facebookeros se burlaran de él luego de que el canal de TV declarara que lo deja sin trabajo?

La confusión entre lo trascendente y lo interesante preocupa mucho.

Porque así como ayer la agresión a la memoria social e histórica contra “Taita Leonidas”, como lo llamaban los indígenas, quedó en segundo plano, así pueden ir quedando de lado temas cruciales para el país mientras nos enredamos en un chisme y en linchamiento mediático contra un periodista que asegura no haber dicho lo que supuestamente dijo y que es una información que no tiene fuentes ni está verificada?

El problema de la superposición de lo relevante sobre lo superficial es tan grave que podría llevarnos a que las hoy desbordadas pasiones por un equipo de fútbol que ha sorprendido al país y al cual –recién ahora- la gente lo empieza a valorar, desplacen a debates tan importantes para el presente y el futuro de la nación.

Debates como el problema de la desaceleración de la economía, el creciente desempleo, la reelección inmediata del Presidente o el ataque masivo, por todos los frentes, de una derecha que intenta recuperar el poder político de cualquier forma, para lo cual se vale desde la creación y agitación a sectores sociales como las Fuerzas Armadas para mantener la tensión social hasta el uso de un seudoperiodismo crítico –cargado más de veneno que de conceptos y datos- y de un docushow dominical de TV sesgado, lleno de omisiones y sin incluir todos los contextos, disfrazado de periodismo de investigación.

Cuando me dicen que “ahora el pueblo o la gente” son más reflexivos en sus pensamientos, conceptos, opiniones e ideas gracias a la guerra mediática de diez años que ha sostenido el Gobierno contra medios y periodistas, dudo mucho y soy escéptico de que así sea.

Aún creo, y ya lo he dicho en decenas de artículos, que mientras la prensa mal llamada pública y que, en realidad, es solo oficialista, no haga periodismo de excelencia, no podrá competir contra el periodismo convertido en actor político de oposición.

Si quieres vencer a tu adversario, debes ser mejor que él en todos los aspectos, desde lo técnico hasta lo que atañe al contenido. A  ver si alguien se atreve a hacer un gran documental o reportaje de excelencia sobre la vida de Monseñor Proaño, su lucha por los indígenas y el momento coyuntural en que se lo quiere borrar de la memoria social.

¿Podrán hacerlo?

Una experiencia que no es agradable para mí, aunque supuestamente debería sentirme orgulloso, es que suelo tener miles de visitas a mi blog, a este blog, cuando toco temas en los que critico a los programas de farándula o al tratamiento que se da a los temas de crónica roja.

Pero me frustra que no tengo tantos lectores cuando cuelgo temas más intelectuales, de reflexión sobre el periodismo o sobre la política en función de la vida diaria de la gente, o cuando critico que el Gobierno de Rafael Correa nos debe como revolución ciudadana una Ley de Comunicación de mucha mayor altura y profundidad, una Ley de Cultura mucho más democrática o una Ley del Libro que ponga fin a los abusos de las librerías monopólicas (y de las que se hacen las víctimas, también), veo que tengo visitas pero no en la dimensión social, ideológica o periodística que quisiera para contribuir a grandes debates sobre lo que en realidad importa.

Por eso me parece hasta un tema distractivo que la sociedad cibernética y el chisme callejero se preocupen de lo que presuntamente ha dicho un periodista (lo cual no está comprobado, según dice él).

Aunque lo hubiera dicho, la lucha ideológica no es por ahí y eso debemos entender si de verdad queremos cambiar el país y dejar atrás el pasado.

Hoy escribo indignado porque el país, como sociedad, ha subestimado el gravísimo tema de que se pretenda echar tierra sobre la historia de un sacerdote de verdad, un sacerdote que luchó con todas sus fuerzas y su convicción religiosa por elevar el nivel de vida y de conciencia de los indígenas y de los pobres.

Si el pueblo o la gente estuvieran más conscientes y habrían tomado conciencia en estos diez años de cómo se puede omitir una noticia sobreponiéndola otra de menor dimensión pero más sensacionalista, tendrían la certeza de que vivimos una guerra incluso simbólica en la que las fuerzas conservadoras de El Vaticano y de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, en coincidencia con la creciente influencia del Opus Dei en el propio Vaticano, han puesto toda su energía en borrar el pasado y en influir en la cúpula de los líderes políticos del país, tanto de los actuales como de quienes –Dios no lo permita- podrían venir.

Recientemente vivimos la primera sentencia de la historia porque a un excadete afro en la Escuela Militar le torturaron psicológicamente y le dijeron que las Fuerzas Armadas Ecuatorianas jamás permitirían un general negro.

El racismo, según la Constitución vigente, puede considerarse un delito de odio y, de hecho, lo es.

¿Lo sabe la mayoría de la gente que aún consume información triculenta, sensacionalista y morbosa en muchos medios locales?

Pero no elevemos a delito de odio el hecho de que en una conversación informal un colega desleal grabe a su compañero, un periodista incoherente e inmaduro.

Aunque ahora el “bondadoso padre Julio” trate de justificar lo injustificable, sacar el mural de la Catedral y trasladarlo a Santa Cruz es un acto desleal y envilecido en perjuicio de la memoria del Obispo de los Indios.

Delito de odio racial es el atentado de la cúpula eclesiástica católica contra la historia construida a costa de su propia vida por nuestros íconos y nuestros legendarios héroes cotidianos.

fotografía mural Taita Leonidas

Mural que colgaba en la catedral de Riobamba en homenaje al Obispo de los Indios y que ha sido retirado por el actual obispo conservador, el sacerdote español Julio Parrilla

Cómo el mal periodismo infoxica a su audiencia (el caso argentino)

fotografía periodismo argentino

Qué mal hace la mayoría de periodistas y comentaristas deportivos argentinos (muchos de ellos, exfutbolistas sin preparación académica) cuando infoxica a sus audiencias.

Las envenenan. Les mienten. Les crean falsas expectativas. Les presentan espejos que distorsionan las imágenes reales. Les trasladan su complejo de superioridad que, como ya sabemos, en realidad es un complejo de inferioridad.

Los argentinos, por idiosincracia, son apasionados, en especial los porteños, que dicen llevar en su sangre el ADN italiano y europeo.

Pero de ahí hay un abismo a creer que esa condición les convierte en seres de un planeta superdotado o que eso les hace superiores a los demás habitantes de América Latina. En fútbol, en literatura, en periodismo, en cultura.

Un día después del partido que Boca Jr. perdió ante el modesto pero guerrero Independiente exploro las portadas de los periódicos bonaerenses, miro segmentos de los programas deportivos que pasan en TV por cable y leo diarios digitales.

Todos, los pro Macri o los pro Kirchner (menos poderosos estos), manejan la misma matriz argumental: el equipo que derrotó al supuestamente imbatible Boca Jr. no existe porque es ecuatoriano, porque es esconocido, porque es humilde y, sobre todo, porque se atrevió a eliminar al campeón reinante (River Plate) y a Boca Jr. en sus estadios de Buenos Aires.

Para vender humo a las audiencias, minimizan la derrota de Boca Jr. e ignoran al Independiente del Valle.

Y aunque suene un poco cruel, al día siguiente el atentado de un loco que atropelló y mató a casi cien personas en Francia les dio la portada que esperaban para evitar la vergüenza deportiva.

El legendario Diego Maradona los llamó alguna vez “periodismo carroñero”.

Lionel Messi, estrella mundial, es una de las víctimas: se siente tan presionado por la prensa deportiva de su país natal que ya no puede más y decide renunciar a la selección.

Ante la pregunta de un periodista argentino de la cadena FOX, que porqué el equipo ecuatoriano clasificó a la final, el jugador manabita Junior Sornoza le encaró y le dijo: “Algunos colegas suyos nos daban por eliminados pero clasificamos… porque tenemos los huevos bien grandes” y lo calló de la forma más contundente.

El periodismo deportivo es, por esencia, apasionante y apasionado.

Pero cínico, mentiroso e infoxicante, no. Falto de autocrítica, no. Patriotero, no. Arrogante, no.

Mirarse el ombligo y alentar el narcisismo ha hecho mucho daño histórico a los argentinos. No solamente en lo futbolístico, sino también en lo político.

Por eso hay mucha gente que todavía le cree a los poderosos clanes mediáticos Clarín, El Nacional y al arrogante Jorge Lanata, todos fieles al presidente Macri, la extrema derecha y el dolo, que, entre otros factores, ganó la presidencia de la República el año pasado por el apoyo de estos medios y por el voto de quienes los creen.

Por eso hay mucha gente ingenua, también en América Latina, que les sigue a los “grandes escritores argentinos”, presuntos pensadores y cronistas notables, que en sus tuits insultan a los chilenos y lo subestiman por ganarle a Argentina o dicen que el terremoto de Ecuador es un castigo de los dioses por la trágica y casual muerte de las dos chicas argentinas en las playas de Montañita.

Por eso y muchas cosas más está claro lo que les pasa a los argentinos.

Pero, qué pena, ni siquiera los periodistas de ese país aprenden que en la vida hay que ser humildes y autocríticos para dejarse de mirar el ombligo.

¿La prensa hace proselitismo o los demagogos hacen las noticias?

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Ahora que se aproxima la hora decisiva para plantear las candidaturas presidenciales y legislativas para las elecciones del 2017 en el Ecuador, los medios de comunicación van dejando ver sus intenciones, expresas y ocultas, en función de sus intereses particulares y en función de sus proyectos empresariales que van ligados, de manera indisoluble, a los contenidos y a la programación.

Ecuavisa lleva la bandera de la oposición en televisión abierta, así como diario El Universo la lleva en prensa escrita diaria y las revistas del mismo grupo Ecuavisa en prensa escrita quincenal o mensual.

Basta ver las portadas de las revistas del Grupo Vistazo (un Ecuador que ya no existe, pero que la derecha intenta restaurar), como la más reciente de la franquicia de la revista española Hola o lo que publican todos los días los llamados “grandes medios de comunicación”, como El Universo, cuya agenda temática es claramente antigubernamental, y el misterioso El Comercio, que vendió la  familia Mantilla a un grupo mexicano comandado por el tristemente célebre “Fantasma” González y al cual el Gobierno, sin que hasta ahora se dé una explicación oficial, le cedió dos frecuencias de televisión mientras muchos otros grupos pugnan por conseguirlas y recién en diciembre próximo se sabrá si las mantienen o no.

¿Será por eso que la otrora poderosa AEDEP (Asociación de Editores de Periódicos del Ecuador) y que el Grupo de Diarios América (GDA) tienen graves resquemores de El Comercio y ya no confían en él como parte esencial de estos gremios?

¿Hasta cuándo El Comercio hará el show de ser oposición cuando se sabe, en los corrillos gubernamentales, que a cambio de los favores recibidos, el Fantasma siempre pone a disposición sus medios para el partido en el poder?

Volvamos ahora a los otros “grandes” medios (siempre entre comillas, porque no son grandes por su calidad ni contenidos sino porque son multimillonarios).

Uno de los grandes puntales para el ataque sistemático de Ecuavisa al Gobierno es su programa dominical “VISIÓN 360”, que, al igual que lo hacía el famoso Jorge Lanata en Argentina en contra del kirchnerismo, se mueve entre el infodocumental  y el docushow.

“Una red de presiones sometidas a los intereses comerciales, la audiencia y la moderniza-ción y renovación de los contenidos habría colocado a este género (al periodismo de investigación) en un lugar que no le corresponde”, dicen las ensayistas españolas Carmen Marta Lazo y María Fernández Montañez.

Es el escándalo farandulero y ciertos rasgos de investigación que no alcanzan a configurar un programa verdaderamente investigativo, pues VISIÓN 360, por ejemplo, si bien hace pensar que la investigación que realizan es profunda y plural, en realidad omiten hechos fundamentales, como por ejemplo las relaciones políticas e ideológicas de los personajes inculpados y los hechos que supuestamente investigan.

¿Por qué en la larguísima secuencia de semirreportajes nunca se entrevistó al Alcalde y nunca se habló de lo que se debatía en el Congreso aquel tiempo? ¿No hubiera sido la pieza que necesitaban para redondear su trabajo?

¿Por qué por las mañanas de Ecuavisa y Teleamazonas (un canal que está bajo investigación pues no existe la certeza de que se lo vendió legalmente) pasan casi todos los días los jóvenes libertarios de la Cámara de Comercio de Guayaquil y el financista-precandidato Guillermo Lasso? ¿Qué  tesis tratan de consolidar?

Del otro lado, tampoco se hace periodismo en su estricto concepto, sino contraperiodismo, publicidad, propaganda, relaciones públicas y temas que defienden (¿por qué?) al Régimen y a sus funcionarios antes o después de que los ataquen en los medios privados.

¿Con qué tipo de prensa nos quedamos los ciudadanos, entonces?

No hay medios públicos. Porque hablar de que existen medios públicos no es correcto: son medios oficialistas, gubernamentales, que con poquísimas excepciones dan espacio a quienes no son parte del Régimen.

Si fueran medios públicos, como mucha gente cree de manera equívoca, su deber sería abrir de forma plural y democrática los espacios, dejar que sean los ciudadanos quienes manejen y administren la empresa y fijen los contenidos según el conocimiento que los ciudadanos, en este caso periodistas no vinculados a ningún poder, puedan investigar, reportear, cubrir y difundir los hechos que sean relevantes para el público.

En los pocos meses que quedan para las elecciones no podemos esperar que los medios de comunicación privados o gubernamentales cambien sus líneas editoriales.

Ambos tienen claro a quién responden y cuál es su rol, aunque unos lo hacen con enorme calidad en su producción y otros creen que los contenidos bastan, sin mejorar su capacidad ni excelencia en las transmisiones que hacen como canales y como radios.

Que la neutralidad y la imparcialidad no existen es un hecho. Pero eso no quiere decir que al tomar posición deban callar el otro lado de la verdad o no contrastar lo que una fuente dice para equilibrar con lo que la otra sostiene.

“Efectivamente –dicen las autoras españolas-, los programas y espacios bautizados como periodismo, no lo son. Entre tanto, los trabajos periodísticos se convierten en un pseudoperiodismo empeñado en retratar una y otra vez una realidad insustancial”.

El problema es que los medios privados ecuatorianos aseguran que la Ley de Comunicación, vigente desde hace tres años en el Ecuador y con vacíos e imprecisiones que deben corregirse, está hecha para reprimir y no para elevar el nivel del periodismo en el país.

Mientras tanto, los periodistas de los medios gubernamentales u oficiales luchan contra sí mismos con agendas impuestas desde líneas argumentales coherentes con las acciones de las cúpulas del poder.

En el un caso y en el otro, basta mirar quiénes son los invitados y los entrevistados de los “anchors”: en los medios privados aparecen, con prioridad, los mismos personajes con su misma retórica, mientras en los medios oficiales los protagonistas -la enorme mayoría del oficialismo- responden, contestan y replican lo que han dicho sus opositores en los espacios donde contradicen sus posiciones.

Esta y aquella tesis hace que los medios de comunicación se hayan convertido en una suerte de “brazo armado” de los intereses políticos de unos y otros.

Y así no se puede hacer periodismo, sino, como ya lo dijimos, relaciones públicas, comunicación institucional o propaganda.

Por eso, las catedráticas españolas aseguran que “los profesionales de la comunicación deben velar por la práctica responsable del periodismo y por su libre acceso, ya que, de no ser así, habrá muerto su verdadera esencia: la de servir como portavoces de la verdad a los ciudadanos y que sean ellos quienes puedan decidir su futuro con entera libertad”.

Los medios gubernamentales deberían tener más libertad para que en sus espacios puedan reflejar, en realidad, las necesidades y las esperanzas ciudadanas, algo que los medios privados, con la esperanza de recuperar el poder en el 2017, nunca lo harán.

Pero, para que eso suceda, hay que gozar de la tan repetida pero inexistente independiencia periodística (por algo dicen que solo existe la “adjetividad” periodística) que permitan armar agendas libres de presiones y tendencias.

¿Una utopía?

Diez tácticas mediáticas para sostener un presidente de derecha

Chomsky fotografía III

Por Noam Chomsky

  1. La estrategia de la distracción.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación continua de distracciones e informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los problemas sociales de verdad y cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

  1. Crear problemas y después ofrecer las soluciones.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar la reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O por ejemplo: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

  1. la estrategia de la implantación gradual.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, poco a poco, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

  1. la estrategia de diferir.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar de forma ingenua que “todo irá a mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarlo con resignación cuando llegue el momento.

  1. dirigirse al público de forma infantil.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menor aun (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

  1. utilizar el aspecto emocional más que la reflexión.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, el uso del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos.

  1. mantener al público en la ignorancia y en la mediocridad.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea, y permanezca, imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

  1. estimular al público a ser indulgente con la mediocridad.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

  1. reforzar la autoculpabilidad.

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

  1. conocer a los individuos mejor que ellos mismos.

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos conocimientos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado del conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológica. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un gran control y mayor poder sobre los individuos, es mas, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

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Tomado de Página Popular

Gay Talese se enreda con la veracidad de su último libro

Gay Talese fotografía

El reportero y escritor lanza dudas sobre la fuente de ‘El motel del voyeur’, el propietario de un establecimiento que espiaba las relaciones sexuales de sus huéspedes, pero horas después se retracta.

Cristina F. Pereda
CRISTINA F. PEREDA
Corresponsal en Estados Unidos

 

Prometía ser el reportaje y el libro del año. El escritor estadounidense Gay Talese, autor de El motel del voyeur admitió este jueves que no promocionará el título al haber perdido la confianza en la fuente principal de su relato.

Un fragmento de la obra, publicado en la revista The New Yorker, causó un gran impacto la pasada primavera con la sorprendente historia del dueño de un hotel que había espiado durante décadas a sus huéspedes.

“Gerald Foos no es de fiar. Es un hombre deshonesto, totalmente deshonesto”, declaró Talese al diarioThe Washington Post.

“Hice lo que pude en este libro, pero puede que no fuera lo suficiente”. Con esas palabras el escritor estadounidense parecía dar la espalda a su fuente y a su propio trabajo. Pero en un comunicado emitido por su editorial este viernes, Talese alegó que había hablado en un momento de enfado y que probablemente dijo “cosas con las que no estaba ni estoy de acuerdo”.

Adentrarse en El motel del voyeur era avanzar por un laberinto de incómodas sorpresas, incluido el papel del autor. Talese había sido contactado por Gerald Foos, un hombre que reconocía haber remodelado su hotel para crear un falso techo en las habitaciones y poder catalogar las prácticas sexuales de sus huéspedes. Admitía haberlo hecho durante décadas. Para verificarlo, Talese le visitó en el motel en las afueras de Denver (Colorado), durante tres días. Una de esas noches espiaron juntos a una pareja.

Tanto Talese como los editores del libro y la revista The New Yorker, confiaron en una sola fuente de este relato: Foos. Pero nada más salir a la luz el reportaje, numerosos medios intentaron atar cabos desatendidos en la historia. The Washington Post, por ejemplo, intentó verificar que el hotel verdaderamente pertenecía al protagonista durante los años en los que aseguraba haber espiado a las parejas. El relato de Talese se basa en un catálogo con anotaciones durante décadas cuya veracidad acaba de ser puesta en duda por el Post.

El diario asegura en una exclusiva casi tan jugosa como el reportaje original que este miércoles mostraron al autor los registros que demuestran que vendió el hotel poco después de su visita en Colorado. Cualquier afirmación de que Foos conservaba acceso a las habitaciones a partir de ese momento ha quedado cuestionada.

“Yo no voy a promocionar mi libro. ¿Cómo voy a promocionarlo si su credibilidad acaba de quedar en la basura?”, afirmó el autor, de 84 años, al Post antes de cambiar de opinión. “Nunca debería haber creído ni una sola palabra que me dijo”. Talese explicó en el texto adelantado esta primavera que la historia salía a la luz tras llegar a un acuerdo económico por el que Foos cobró a cambio de compartir sus diarios.

La fecha de publicación del que todavía puede ser uno de los libros del año es el 12 de julio. La editorial asegura que han tomado “muy en serio” las alegaciones del Post y que trabajarán con Talese para resolver cualquier discrepancia en futuras ediciones. “Quiero dejarlo claro”, dice el escritor en el comunicado, “no he desautorizado el libro y tampoco lo va a hacer mi editorial. Si hay detalles que corregir en adelante, lo haremos”.

El impacto inicial de El motel del voyeur fue tal que Steven Spielberg compró los derechos para convertirlo en película. Estaba justificado: Talese es uno de los periodistas estadounidenses más respetados de las últimas décadas dentro y fuera de su país.

A pesar de que él mismo reconocía en el reportaje que no había conseguido resolver todas las discrepancias en la versión ofrecida por Foos, la naturaleza de la historia del voyeur atrapaba a cualquier lector, obligándole a dejar las dudas sobre su moralidad hasta el momento en que hubiera cerrado la revista.

Hábitos sexuales

Cuando Talese ya había repasado el catálogo de hábitos sexuales de los huéspedes del motel, revela una de las anécdotas más espeluznantes del texto.

Foos alega ser testigo de la muerte del estrangulamiento de una mujer en una de las habitaciones, pero no avisó entonces a la policía. Talese tampoco.

El escritor asegura en el texto que no consiguió confirmar en los archivos públicos tal asesinato, pero lo atribuyó a una incongruencia en los datos registrados.

Talese sacó a la luz los posibles delitos cometidos, desde el espionaje hasta la omisión de un asesinato a las autoridades o su posible complicidad en el voyeurismo de Foos, 36 años después, cuando ya habían prescrito.

Las indagaciones del Post revelan ahora que Foos no solo no era dueño del motel en aquel momento sino que, en contra de lo que había afirmado anteriormente, tampoco tenía acceso a las habitaciones desde las que espiaba y el nuevo dueño, además, había reformado el falso techo desde el que supuestamente accedía.

Quienes pensaron esta primavera que el escándalo se quedaba ahí, se equivocaron. Días antes de salir a la luz el relato completo, El motel del voyeur acaba de añadir un capítulo más a la que sí puede ser la polémica del año.

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Tomado del Diario El País, De España

Michael Arce: Las FF.AA. me robaron mi sueño por ser negro

foto michael

Por Rubén Darío Buitrón

“Nuestra lucha solo tiene un objetivo: que nunca más un negro sea tratado así en las Fuerzas Armadas”.

Liliana Méndez, de 49 años, nacida en Ibarra, es una afroecuatoriana esbelta, atlética, de ojos vivaces y perfecta sonrisa.

Ella es la madre de Michael Andrés Arce Méndez, el joven de 20 años que en 2011, luego de graduarse como bachiller en el colegio Mejía, ingresó a la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro (Esmil) con el objetivo de convertirse en el primer general afroecuatoriano del ejército nacional.

En la sala de la nítida y ordenada casa de dos pisos en el conjunto residencial Olivares, sector San Camilo, a un costado de la población de Calderón (al norte de Quito), Liliana y Michael conversan sobre la estrategia que aplicarán en el futuro inmediato para seguir su causa.

Las paredes de la casa están pintadas de colores pasteles cálidos y el ambiente tiene plantas y flores, muchas flores, y acuarelas, muchas acuarelas, todas pintadas por Segundo, que cuando llega de su trabajo como distribuidor de productos de una empresa, da un beso a su esposa, abraza a su hijo y se une a ellos para fortalecerlos, para llenarlos de ánimo, para lograr que Michael supere su tristeza.

Vestido con una camiseta de Liga de Quito, un blue jean y zapatos deportivos negros, este joven delgado, de un metro con 80 centímetros de estatura, recuerda detalle por detalle cómo fueron los dos meses que pasó en la Esmil hasta el día en que le pusieron una pesada roca en la mochila y le obligaron a subir una colina.

“Sentía que la espalda se me destrozaba –relata con angustia- y cuando llegué a la cima decidí que debía poner fin a tanta humillación. Era noviembre de 2011. Me frustraron y me robaron el sueño de toda mi vida”.

Liliana mira con ternura a su hijo. Los ojos se le humedecen pero no deja que salgan las lágrimas porque ella es el ejemplo que recibe su hijo para no agachar la cabeza, para no dejar que los hechos se diluyan y no haya sanción ni castigo.

La madre cuenta que Michael fue uno de los cinco mil aspirantes a ingresar a la Esmil. Que después de las pruebas psicológicas, médicas, académicas y físicas solamente quedarían 200. Que gracias a que ella y su esposo se dedicaron intensamente a prepararlo, su hijo logró pasar todos los exámenes. Que la alegría familiar fue intensa cuando el joven se despidió de la casa, ingresó como cadete y no los volvería a ver en tres meses mientras durara el proceso de adaptación.

Pero solo resistió ocho semanas. En ese lapso, el joven asegura que vivió “una terrible presión por parte del teniente F.E”.

El oficial me maltrató psicológicamente, comenta Michael: según el, le puso en contra de su grupo, le ordenaba hacer guardias nocturnas hasta la mañana siguiente sin permitirle dormir lo necesario, le daba un trato distinto a los demás, le hizo subir a un ring para que boxeara simultáneamente contra cuatro cadetes. También obligó a sus compañeras a que lo golpearan. Le daba treinta segundos para que pudiera comer lo que alcanzara, le obligaba a que se arrastrara por el fango desnudo y se quedara así por horas, de pie y sin moverse, le calificaba con cero puntos en cada actividad, le castigaba forzándolo a que restregara las manos en un montón de lastre, lo trataba de “vago” e “inútil” y le gritaba repetidamente que alguien como él no podría llegar a ser oficial del ejército.

Pocos días antes de que le pusieran la roca en la mochila, Michael asegura que el teniente F.E. lo obligó a zambullirse en una piscina helada y que no recuerda nada más. Despertó en la enfermería con hipotermia, asegura.

¿Pudo ocurrir que el joven no tenía “espíritu militar” y que no estaba capacitado para la dura formación que reciben los cadetes? No, replica Liliana: “Michael soñó toda la vida con ser oficial del ejército. Estaba mentalizado en que llegaría a ser el primer general negro en el Ecuador. Entrenó y se capacitó durante meses antes de las pruebas. Era el chico más feliz cuando lo seleccionaron entre los 200 finalistas”.

La madre relata que una noche recibió una llamada de alguien de la Esmil, que no se identificó pero le dijo que fuera a ver a su hijo lo más pronto porque casi estaba muriendo.

Cuando decidieron que Michael se retirara, empezó la lucha de Liliana. Fue a la Defensoría del Pueblo y presentó una demanda.

También reclamó a las autoridades de la Esmil, pero afirma que la respuesta que le dieron fue que no hubo maltrato, que, simplemente, “Arce no resistió” y que, como cualquier otro en su caso, firmó un documento con el pedido de la baja voluntaria.

Durante el careo en enero de 2012, el teniente F.E. negó todas las acusaciones y no aceptó ninguno de los argumentos de Michael. Su versión completa es parte del proceso que, según las leyes, aún no puede difundirse públicamente.

Según Liliana, un alto oficial llegó a decirle que desistiera de su reclamo porque los Arce Méndez debían estar conscientes de algo: “Mire quiénes son ustedes y mire quiénes somos nosotros”.

Michael llora porque, a ratos, no ve una salida a su futuro.

Ahora quiere estudiar Medicina, ha rendido todas las pruebas de preselección y ha obtenido los más altos puntajes, pero su nueva ilusión vuelve a estrellarse contra la realidad: no hay cupos en las universidades estatales y su familia no tiene dinero para pagar sus estudios en una institución privada.

En la Fiscalía General del Estado, que ahora funciona en el edificio tipo fortaleza o búnker donde operaba la embajada de los Estados Unidos en Quito, están las oficinas de la Comisión de la Verdad y Derechos Humanos (DD.HH.).

El doctor Fidel Jaramillo, un joven abogado de 31 años que se formó en universidades estadounidenses, es el director de la comisión, que trabaja con cinco fiscales especializados en DD.HH.

En su oficina de la planta baja, mientras chequea documentos en su laptop, Jaramillo explica que la experiencia de Michael Arce, si se produjera una sentencia en contra de quienes presuntamente dañaron la moral del joven excadete, puede sentar un precedente y volverse un caso paradigmático en el Ecuador.

Se trata de un hecho histórico, enfatiza, porque es la primera vez en el país que se tramita un proceso judicial por el presunto delito de odio y discriminación racial.

Pero, ¿puede establecerse con precisión y exactitud algo tan subjetivo como el odio o la discriminación?

Jaramillo se toma la barbilla y afirma que sí es posible hacerlo. Luego de las investigaciones que ha hecho la comisión, dice, existen todos los elementos para que se concrete la acusación.

En la Esmil, el general Luis Castro Ayala, director de la escuela desde agosto de 2012, se sorprende de que el caso haya adquirido tanta relevancia.

En su despacho, rodeado de dos oficiales, una asistente y la abogada Nancy López, Castro, vestido con uniforme pixelado (camuflaje), detalla algunos nombres de oficiales negros graduados en la Esmil, como por ejemplo el mayor Ramos, los capitanes Luis Atuna, Rubert Navarro y Jaime Vivero, el teniente Artieda y la cadete Carla Carcelén, que cursa el tercer año.

Sentado delante de los tradicionales sables de oficial, de un retrato del general Eloy Alfaro y una réplica de la Virgen del Cisne, el general Castro asegura que jamás se dio un trato racista al excadete Arce.

Defiende al teniente F. E. y asegura que la institución lo respalda no solo porque está convencida de que no hubo discriminación ni odio, sino porque F.E. fue “primera antigüedad” y brigadier mayor, es decir, un oficial con los méritos más altos.

“Aquí nos preparamos para la guerra, para defender la soberanía nacional -enfatiza Castro- y por eso la instrucción militar es rigurosa, disciplinada y fuerte pero, en ningún caso, cruel”.

“Los héroes de la patria, como mi general Eloy Alfaro, se forman gracias al esfuerzo, al sacrificio y al renunciamiento”, sostiene el general. Para él, quienes acusan a F.E. “no podrán demostrar absolutamente nada, por eso la institución pone las manos al fuego por el teniente”.

La doctora López enseña documentos que dice son claves para desmentir las acusaciones. En uno de ellos, escrito a mano y firmado por Michael Arce, se lee que el joven pide la baja voluntaria porque no se siente capaz de seguir en la carrera. “No me adapto a esta vida”, pone en el papel con tinta azul.

A las tres de la tarde de hoy, en la Casa de la Justicia de Carcelén, un sector urbano poblado en su mayoría por afroecuatorianos, se realizará la audiencia de formulación de cargos ante el juez sexto de lo penal de Pichincha, Franz Valverde.

“No queremos dinero, no queremos aprovecharnos de nadie, no queremos que mi hijo vuelva a la Esmil. Solo deseamos –insiste Liliana con énfasis, con indignación, con coraje- que en el Ecuador no se vuelva jamás a discriminar por su raza y por su color de piel a ningún Arce, a ningún Méndez, a ningún Chalá, a ningún Quiñónez”.

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Afros celebraron dictamen del juez por presunto delito de odio

El acusado, un teniente del Ejército, permanece en prisión desde ayer (miércoles 3 de julio) y estará recluido por noventa días mientras dure la instrucción fiscal.

“Viva el pueblo afroecuatoriano” gritaron amigos, vecinos y parientes del excadete Michael Arce Méndez cuando el juez sexto de lo penal de Pichincha, Franz Valverde, luego de dos horas de audiencia, ordenó 90 días de prisión para el teniente Fernando Mauricio Encalada Parrales, instructor de la Escuela Militar Superior Eloy Alfaro (Esmil), acusado de cometer, presuntamente, actos de odio racial contra el joven Arce.

Dos momentos simultáneos de dolor y alegría se vivieron tras el anuncio del juez.

La madre de Michael, Liliana Méndez, lloraba emocionada, contenta por el primer paso judicial a favor de su lucha, y abrazaba a todos quienes llegaron a apoyarlos.

Encalada, un orense pequeño, de espaldas anchas, era el único militar que vestía traje de gala. Cuando escuchó al juez y en medio de la confusión de sus abogados militares, en traje camuflaje, dejó escapar unas lágrimas.

Y se conmovió más al escuchar a su esposa, que desde afuera de la sala escuchó el dictamen, gritar que se estaba cometiendo una injusticia contra sus niños y contra su familia.

En la sala permanecían los exfutbolistas afro Iván Hurtado, Agustín Delgado y Ulises de la Cruz, hoy asambleístas de PAIS.

El famoso goleador nacional “Tin” Delgado, hombre de pocas palabras, alto, con traje oscuro, camisa blanca y corbata, dijo que lo que estamos viviendo ahora es, “simplemente, una revolución que está cambiando la manera en que el Estado trata a sus ciudadanos. Eso es lo que quiere el presidente Correa y lo que nos exige el pueblo”.

El “Bam Bam” Hurtado era el más contento pero, a la vez, el más indignado. Buscaba con la mirada al oficial acusado y repetía que ya es hora de decir basta a toda la humillación que sufren los negros en el país.

El exdefensa central de la Tri preguntaba en voz alta:

“¿Qué les hemos hecho a los mestizos y a los blancos? ¿Por qué nos tratan así? ¿Por qué nos devuelven de esa forma nuestra amabilidad, nuestra alegría, nuestra manera de acoger con los brazos abiertos a todos los compatriotas?”.

Del otro lado, los militares que acudieron a apoyar a Encalada seguían desconcertados. Hasta este martes (como relató esta crónica en su primera parte) manifestaban su completa seguridad de que el caso no traería ninguna consecuencia para Encalada y para la Esmil, pues, según ellos, “la parte acusadora no podrá demostrar nada de lo que supuestamente ha ocurrido”.

La cita empezó a las tres y media de la tarde en la sala de audiencias del segundo piso de la Casa de la Justicia en el sector de Ponciano Alto, en Carcelén.

Cientos de personas, la mayoría de raza negra, asistieron a la audiencia de formulación de cargos y escucharon con atención los argumentos que presentó la defensa del teniente Encalada.

El abogado M. Domínguez, un oficial de rostro duro que ni siquiera qiuiso dar su nombre de pila y que mostraba un gesto de frustración, inició su intervención defendiendo a la Esmil, lo cual el juez rechazó al aclarar que la demanda no es institucional sino personal.

De inmediato, Domínguez cambió su estrategia y expuso la manera cómo Encalada suele cuando instruye a los cadetes, según él sin discriminar a nadie y siendo riguroso con todos los estudiantes por igual.

Después le tocó el turno a la abogada Gina de la Torre, una mujer desgarbada pero enérgica, representante de la parte acusadora.

Vestida con el uniforme del personal femenino de la Fiscalía General de la Nación, expuso durante más de treinta minutos las razones para inculpar al oficial en el delito de odio por racismo.

De la Torre fue enfática y radical cuando preguntó a la sala y miró al juez y al grupo de defensores de Encalada: ”Díganme por qué en la historia del Ecuador no ha habido ni hay un solo general negro, un solo coronel negro”.

Ese alegado fue decisivo para la decisión del juez. Afuera, los cientos de afros que apoyaban a Michael aplaudían, se abrazaban, conversaban, prometían que seguirían la causa hasta el final.

Los militares, en cambio, siempre en masa, empezaron a mover los buses y vehículos que habían traído para retirarse, en silencio, desconcertados porque la justicia no falló a su favor.

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Escrito original del 15 de julio del 2003

Los 15 pecados del periodismo argentino (que los periodistas reconocen)

José Crettaz *

En el catolicismo, la religión que inventó el confesionario, los pecados sólo tienen perdón si se dan dos condiciones: el reconocimiento de haberlos cometido y el propósito de enmienda. El psicoanálisis sostiene algo parecido, para «trabajar un tema” primero hay que descubrirlo. Y un viejo aforisma afirma que para empezar a resolver un problema, lo importante es advertir su existencia.
Bueno, sin pretender autoflagelarse sino con la intención de alcanzar sus dos objetivos principales (la ética y la calidad en el ejercicio del periodismo) el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) encaró su reciente IV Congreso Internacional La Responsabilidad Social de los Medios y el Periodismo con la idea de encontrar las propias debilidades de la profesión.

Por eso, el foro invitó a representantes de distintos sectores de la sociedad (dirigentes políticos, sociales, de ONG, religiosos, etc) para que… acusaran nomás.

Y Fernando Ruiz, profesor de Periodismo y Democracia en la Universidad Austral (UA) y tesorero de Fopea, se tomó el trabajo de sintetizar lo mejor (en realidad, lo peor) de esas mesas y listar unos 15 «pecados” del periodismo en Argentina.

Cualquier consultora en recursos humanos -¿por qué son pocos los que prefieren hablar de factor humano?- diría que más que pecados son «oportunidades de mejora”.

Con el permiso del Foro (que integro junto a otros casi 300 colegas de todo el país), me permito reproducir aquí las conclusiones del trabajo de Ruiz (autor de al menos dos muy buenos libros, uno sobre La Opinión, de Jacobo Timermann y otro sobre el periodismo independiente cubano -por este último trabajo estuvo detenido e incomunicado un rato largo en La Habana-). Ahí va…

Este congreso fue un hecho inédito en el periodismo argentino. Una de las principales asociaciones de periodismo convocó a todos los sectores políticos, económicos, sociales y culturales para pedirles que lo critiquen. Durante un día y medio se produjo un desfile de expositores que expresaron aquellas cosas que, a su juicio, el periodismo hace mal, o podría hacer mejor. Para cerrar el congreso, se realizaron tres plenarios, en los que todos los periodistas asistentes al congreso debatieron lo dicho por los diferentes sectores.

El siguiente documento está elaborado con las críticas expresadas por los diferentes expositores y los documentos elaborados por los tres plenarios.

Estos serían, según los expositores del Congreso, los quince problemas principales del periodismo argentino:

(1) Tiene extrema facilidad de pasar del caso particular a la generalización, y allí comete la injusticia de poner a todos en la misma bolsa. El que más generaliza es el que más ignora. Esta crítica se mencionó en las mesas relacionadas con la cobertura del Poder Judicial, de las religiones y de la actividad política.

(2) Ignorancia estructural sobre el funcionamiento de algunas áreas específicas del Estado, como el Poder Judicial, el funcionamiento de los organismos de control, las áreas de salud y educación, el poder legislativo, y la estructura estatal en general. Se dijo que los periodistas utilizan poco los informes que el propio estado genera en sus distintas áreas.

(3) Coberturas reduccionistas de temas públicos de enorme importancia. En el caso del Poder Judicial la cobertura se limita sobre todo al fuero penal. En el caso de la violencia de género esta tiende a aparecer como problema policial y no como un tema social. También en esta mesa se dijo que la mujer tiende a ser considerada como testimonio, y no tanto como especialista. En la mesa sobre derechos humanos también se indicó que la agenda de este tema se había ampliado pero, sin embargo, los medios seguían reduciendo este tema a las violaciones de la etapa de la última dictadura. En el caso de los chicos en situación de delito, nada se dice de la cantidad de veces que la policía los detiene en forma arbitraria. En el caso de los políticos, el reduccionismo consiste en cubrir solamente las diferentes internas partidarias de los partidos más grandes. Para los movimientos sociales, consiste en cubrir las formas de protesta y no tanto las demandas que tiene ese actor social para protestar.

(4) Difusión de mitos. En la mesa de niñez, se habló de cómo los medios distribuyen mitos sin verificación: “entran por una puerta y salen por la otra”, o “cada vez hay más chicos que roban”.

(5) Falta chequeo de la veracidad y precisión de la información. Esta crítica se mencionó en la mesa sobre el poder judicial y los organismos de control. En la mesa de salud se indicó que hay falta de verificación de la pertinencia de fuentes supuestamente expertas.

(6) Tendencia a sostener prejuicios en sus coberturas. Esta crítica se mencionó en la mesas sobre justicia, organismos de control, y educación. En la mesa de empresas se habló de un prejuicio anti-empresario que no sería exclusivo de los periodistas sino que forma parte de la cultura argentina.

(7) Sospechas de connivencia entre los periodistas y los intereses políticos y empresarios. En la mesa de los políticos se refirieron a la “permeabilidad” de los medios a las operaciones de prensa.

(8) Tendencia a la estigmatización y a la discriminación. Esta crítica surgió en la mesa de educación para señalar que a los jóvenes se los estigmatiza como una generación poco comprometida. También surgió en la mesa de géneros, y en la mesa sobre niñez al referirse a los chicos en situación de delito.

(9) Ausencia de buenas noticias. Esta crítica se menciona en la mesa sobre temas educativos. Se menciona que la cotidianeidad de las aulas no aparece en la cobertura informativa, mientras que se sobredimensiona la violencia y la conflictividad en la escuela. En la mesa sobre niñez también se dijo que la enorme mayoría de noticias vincula a los chicos con la violencia.

(10) Centralización informativa.

(11) Tendencia a la emocionalización. Algunos temas tienen poca cobertura en la televisión pues los enfoques periodísticos que se utilizan no pueden darle un suficiente nivel de atracción para la audiencia.

(12) Falta de contextualización. Esta crítica se mencionó en la mesa de género para señalar que la violencia machista muchas veces se cubre en forma aislada y no como un problema social.

(13) Mucha dependencia informativa de las fuentes oficiales. Para el caso de la violencia de género se indicó que la dependencia de fuentes policiales refuerza la visión machista. Para el caso de los chicos en situación de delito, rara vez estos son fuente.

(14) Dificultad para informar en situaciones de gran incertidumbre. En la mesa de salud, haciendo referencias a las epidemias ocurridas durante el 2009, se dijo que el periodismo contribuyó a aumentar la incertidumbre.

(15) Falta de seguimiento. Se mencionó en la mesa de género y en la de Poder Judicial y organismos de control.

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* José Crettaz es licenciado en Comunicación Social (Universidad Austral) y Magíster en Administración de Empresas MBA (UADE Business School). Es redactor de La Nación y miembro de Fopea. Este texto lo publicó en su blog Latin American media & Entertainment Observatory.

Tomado de saladeprensa.org

Víctor Jara, la justicia llega 43 años después (y en Estados Unidos)

 El cantautor chileno Víctor Jara posando en Santiago de Chile. El famoso cantante fue asesinado pocos días después del golpe de Estado que llevó al general Augusto Pinochet al poder. CreditFundacion Víctor Jara, vía AP

SANTIAGO, Chile — Cuatro décadas después de que el cuerpo acribillado del cantautor chileno Víctor Jara apareciera en medio de la violencia del golpe militar que sacudió a Chile, su familia ha encontrado algo de justicia en un tribunal de Florida.

Un juzgado federal en Orlando concluyó que un exoficial del ejército chileno que emigró a Estados Unidos y trabajó como cocinero es responsable de la tortura y la ejecución extrajudicial de Jara en el Estadio Chile, en Santiago, donde estuvo detenido tras el golpe que llevó al poder al general Augusto Pinochet.

El tribunal también ordenó una indemnización de 28 millones de dólares para la familia Jara.

Pedro Pablo Barrientos, de 67 años, ahora tiene la nacionalidad estadounidense y vive en Deltona, Florida. Se le acusaba en el marco de una demanda civil basada en una ley que apoya a víctimas de violaciones de los derechos humanos cometidas fuera de Estados Unidos.

En Chile, Barrientos ha sido procesado por el homicidio de Jara y la justicia chilena ha solicitado su extradición. No está claro de qué manera la decisión del tribunal en Florida influirá sobre la petición de extradición.

Jara, que tenía 40 años cuando fue asesinado, era un cantante y director de teatro de gran éxito y popularidad. Militaba en el Partido Comunista y apoyaba al gobierno de Salvador Allende. Sus canciones, enraizadas en sus propios orígenes humildes en una familia campesina, hablaban de pobreza e injusticia y aún se escuchan en todo el mundo. Se le describe muchas veces como el “Bob Dylan de América del Sur”.

Su viuda, la bailarina británica Joan Jara, y sus hijas Manuela y Amanda, que tenían 13 y 8 años en aquel momento, se mudaron al Reino Unido tras el golpe y desde entonces han tratado de llevar a los responsables al banquillo de los acusados. Volvieron a radicarse en Chile en 1991.

Joan Jara, de 88 años, habló de cómo su vida fue “cortada en dos” tras el golpe de estado y el asesinato de su marido.

“Fue el final de mi primera vida porque perdí mucho ese día”, dijo. “Perdí mi trabajo y mi profesión. Mis hijas dejaron la escuela, sus amigos, su casa y su país. Nunca pude casarme de nuevo. Estuve muy enamorada de Víctor”.

Barrientos compareció ante el juez el 13 de junio acusado por el Center for Justice & Accountability, una organización de derechos humanos de San Francisco, y por la firma de abogados de Nueva York Chadbourne & Parke.

En 2013 habían presentado una demanda civil contra Barrientos en nombre de la familia de Jara acogiéndose a la ley de protección de víctimas de la tortura, aprobada para que violadores de derechos humanos que viven en Estados Unidos rindan cuentas por sus actos.

Un día después del golpe del 11 de septiembre de 1973, Jara fue detenido, junto a cientos de profesores y estudiantes, durante el asalto del ejército a la Universidad Técnica del Estado, donde trabajaba. Los llevaron al Estadio Chile, convertido en centro de detención. En 2003 el estadio pasó a llamarse Estadio Víctor Jara.

Tres días después el cuerpo de Jara, con docenas de heridas de bala, apareció en las afueras de un cementerio en Santiago junto a otras cuatro víctimas. La autopsia de sus restos, exhumados en 2009, confirmó dos disparos en la nuca y otras 44 heridas por todo el cuerpo.

Un exsoldado, José Navarrete, testificó que Barrientos se jactaba de ser quien disparó a Jara dos veces en la cabeza. “Solía sacar su pistola y decir ‘con esta maté a Víctor Jara’”. Navarrete, que dio testimonio en un video grabado el año pasado, dijo que no había hablado antes por temor a represalias.

No se conocía el paradero de Barrientos hasta mediados de 2012, cuando un equipo de la televisión chilena lo encontró en Florida, donde se había mudado tras el final de la dictadura chilena en 1990. En diciembre de 2012 un juez chileno, Miguel Vásquez, condenó en ausencia a Barrientos por el asesinato y lo pidió en extradición a Estados Unidos.

 Joan Jara, al centro, con sus hijas Manuela, a la izquierda, y Amanda afuera del tribunal en Orlando, Florida. “La cultura de la mentira, el encubrimiento y el matonaje ha sido pulverizada por el peso de la verdad en este tribunal”, declaró Manuela. Associated Press

El abogado del acusado, Luis F. Calderón, describió a Barrientos como un inmigrante trabajador que trataba de “vivir el sueño americano”. Barrientos trabajó en el Restaurante Perkins de Deltona durante 10 años. “Es un hombre sencillo que vive una vida sencilla”, dijo el abogado.

Barrientos le dijo al juez que se fue a Estados Unidos para ganar dinero para la educación de sus hijos y no para evadir la justicia. Pero cuando solicitó la nacionalidad en 2010 no informó de su pasado militar. Dice que nunca estuvo en el Estadio Chile y niega haber sabido quién era Víctor Jara hasta 2009, a pesar de la enorme popularidad del cantante.

Varios exsoldados testificaron que formaron parte de la sección del regimiento Tejas Verdes bajo ordenes directas de Barrientos en el estadio. Uno de ellos, Gustavo Baez, describió el ambiente en el estadio y le explicó al jurado cómo vio a oficiales torturando prisioneros en los vestuarios. Le pidieron que cargara una docena de cuerpos en camiones.

Dos personas que estuvieron detenidas en el lugar relataron con detalle la violencia, los asesinatos y los suicidios que sucedieron al interior del estadio y cómo a Victor Jara lo separaron del resto y fue golpeado desde el mismo momento en que entraba al lugar.

“Esa noche exhibieron a Víctor como un trofeo ante el resto de los oficiales. Ellos también lo golpearon”, dijo Boris Navia, quien estuvo detenido allí. Dijo que uno de ellos le aplastó las manos a Jara y lo golpeó en el brazo mientras le decía “no podrás volver a tocar nunca”.

A Jara lo separaron para llevárselo a un vestuario, lo golpearon y lo ejecutaron. Navia dijo que el 15 de septiembre, cuando lo sacaban del estadio, vio entre 20 y 30 cuerpos apilados a la entrada y que uno de ellos era el de Jara.

“Víctor amaba la vida. Estoy contenta de que podamos hacer algo por él, aunque sea en Estados Unidos. Es nuestro deber”, dijo Erica Osorio, estudiante de ingeniería de 22 años en el momento del golpe. Ella reconoció a Barrientos como uno de los oficiales en el estadio.

Almudena Bernabeu, abogada española del Center for Justice & Accountability que ha llevado el caso, dijo que ella y sus colegas están “profundamente satisfechos” del veredicto tras un juicio que ha durado ocho días. “Por muchos motivos, esta sentencia no es el final sino el comienzo del esfuerzo para conseguir que sea deportado o extraditado a Chile y así se haga justicia para la familia Jara”.

Manuela, la hija de Jara, dijo que “estos ochos días han sido emocionalmente intensos”.

Añadió que “en ellos se ha concentrado todo el dolor, la pena y la rabia por las que ha pasado Chile y específicamente el horror por lo que sucedió en el Estadio Chile. La cultura de la mentira, el encubrimiento y el matonaje ha sido pulverizada por el peso de la verdad en este tribunal”.

Los noticieros de televisión: reinventarse o morir…

fotografía set de televisión

Por Rubén Darío Buitrón

El destino de los noticieros de televisión, al menos como están estructurados hoy, es muy corto.

Sus formatos, que no han cambiado desde hace al menos dos décadas y que los nuevos canales (incluso los gubernamentales e “incautados”) siguen su estructura al pie de la letra.

Para demostrarlo solo bastaría mirar los noticieros de unos y otros con el volumen en silencio.

Alguien dirá que estoy omitiendo “los contenidos” y mezclando dos cosas que no tienen nada que ver, pero el juego es importante: ¿un medio alternativo no debería ser alternativo en todo?

¿No debería armar otra estructura?

¿No debería tener otro ritmo, otros tiempos, otro ordenamiento lógico?

Por eso, la muerte de los noticieros de televisión es inminente: una de las razones es el avance de la tecnología del “streaming”, que consiste en la transmisión audiovisual en directo de cualquier hecho que ocurra desde un simple teléfono celular o “smartphone”.

Si la gente cuenta con este servicio en tiempo real, si puede escuchar sin ediciones ni palabras dichas en pocos segundos, si ya sabe de qué se trata lo que le anuncian, ¿qué le informarán de nuevo los noticieros de los canales de televisión convencionales, incluidos en ellos los oficialistas y los “incautados”?

¿Podrán editar a su antojo los hechos grabados para sesgarlos y omitir lo que no les conviene que se publique y solamente dejar lo que sí favorece a sus intereses empresariales, políticos o comerciales?

No, ya no podrán hacerlo. Y, si lo hicieran, cada vez perdieran más y más credibilidad. ¿Cómo ser fiel a los hechos, cómo ser equilibrados, cómo ser justos sin seguir una línea editorial sesgada que ataca u omite todo lo que no conviene a sus intereses?

Entonces ganaremos otra final: tendremos un público activo, que no permitirá la mentira, las medias verdades, las ediciones y los cortes intencionados, las declaraciones con las palabras cortadas según la conveniencia del medio y del dueño y del patrón.

El ciudadano será más dueño de la realidad porque la vio en vivo, porque ya sabe que mañana y en el futuro no le podrán engañar, porque ya conocerá previamente el tema, porque ya sabrá de qué le están hablando y porque ya ni siquiera necesitará que un reportero de voz impostada y con corbata intente contarle qué es lo que pasó.

Es una buena noticia que los informativos de televisión y de radio se enfrenten a sí mismos.

Frente a un público capaz de informarse a sí mismo y en tiempo real, a los medios audiovisuales les queda solo una alternativa: o se reinventan o mueren.

 

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