Cuando el fanatismo enceguece

Rubén Darío Buitrón

“La manera en que haces tu trabajo determina la forma en que la gente comprende la realidad”.

Lo dice James Natchwey, uno de los más importantes reporteros gráficos del mundo.

La propuesta de Natchwey se expresa en el famoso documental “Fotógrafo de guerra”, estremecedor filme donde el periodista reflexiona sobre la importancia de contar responsablemente la historia presente y mantener viva la memoria social.

Natchwey, nacido en Estados Unidos en 1948, es testigo de su tiempo. Solitario, vagabundo, con altísima sensibilidad social y un elevado manejo de la ética, es el Kapuscinski de la fotografía.

Ha vivido de cerca, incluso a riesgo de su vida, las trágicas experiencias fratricidas en Kosovo y Bosnia.

Ha estado en Indonesia registrando el espeluznante abismo entre la arrogante riqueza y la más dramática miseria. Ha documentado el interminable e infernal conflicto en Oriente Medio.

Al igual que el maestro polaco Kapuscinski, cuya infancia vio el dolor de la guerra fratricida, Natchwey vivió en África.

Registró la irracional matanza de millones de personas en Ruanda y el avance apocalíptico del sida en las regiones más pobres de ese continente.

“El periodista debe ser humano, con sentido social profundo”, dice Natchwey.

Y lo muestra en su práctica cotidiana, con sus fotografías reveladoras.

Sus imágenes revelan que la realidad no como la disfrazan los grandes medios corporativos, sino como es.

Revelan cómo algunos periodistas no alcanzan a entender o deciden ignorar el dolor, el sufrimiento, las guerras, el hambre, la contaminación.

Enseñan que el periodismo debe ejercer el rol de contradictor, cuestionador, sembrador de dudas, generador de consensos alrededor de las grandes causas como la educación, el diálogo social, la construcción de una sociedad deliberante pero no destructora de sí misma.

“Si a Vietnam no hubieran ido fotógrafos y periodistas honestos nunca se habría conocido el horror que se vivió allí”, sentencia Natchwey: esta reflexión lo llevó a decidir que su vida sería contar los hechos más dolorosos del mundo.

“¿Cómo podríamos pensar en un periodismo radical pluralista, consecuente con el liberalismo radical? Repensando el discurso periodístico en una contexto realmente democrático”. (1)

Vivir, sentir, oler, escuchar, compartir. Natchwey no comprende cómo el periodista elude la realidad o no sabe contarla:

“Si el periodista no lleva en su cabeza la biblioteca del sufrimiento es parte de una profesión enferma, a la que no le importa lo que ocurre más allá de sus narices”.

 Natchwey clama porque acabemos con la indiferencia, porque nuestro trabajo sirva para que la gente reaccione, no pueda dormir, cambie sus chips, se despoje de sus prejuicios, actúe.

“La libertad y la igualdad son dos pilares de la democracia. Pero sus ideas van más allá si queremos un proceso profundo de cambio social: existe una visión de que la libertad no ha generado igualdad de condiciones sino que ha generado de inequidad y exclusión”. (2)

Pero cuando los fanatismos enceguecen, cuando la tolerancia pierde el rumbo, cuando la ceguera califica al antecesor de revolucionario y descalifica, sin conocer aún los resultados, los esfuerzos por construir una sociedad menos violenta en su lenguaje y en sus enfrentamientos, es hora de preguntarnos como periodistas y como medios cuál es nuestro deber frente a la urgencia de construir un país basado en la paz y en la justicia, sin miedo al disenso y a la discusión abierta sin violencias verbales ni físicas.

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(1) y (2) Millares, Ana María

Gay Talese y el libro de los sinsabores: El motel del voyeur

Guillermo Rothschuh*

I

Después que The New Yorker publicó el 11 de abril de 2016, un adelanto de 13 mil palabras de El motel del voyeur, The Washington Post salió de cacería y mostró los resultados: cuestionó la veracidad de la historia.

Los prejuicios y reparos que tenía Gay Talese, no fueron suficientes para soltar la carnada puesta en sus manos por Gerald Foos. Tampoco fue adecuada su reacción cuando conoció el embauque. Se sintió mal. Denostó contra Foos. Le llamó deshonesto y nada fiable. Dijo enfurecido que no iba a promocionar el libro. ¿Cómo voy a promocionarlo si su credibilidad acaba de quedar en la basura? Al siguiente día la editorial Grove Press y el periodista italiano-estadounidense, respaldaron la publicación de El motel del voyeur. Un tanto calmado, afirmó que cuando habló con el reportero de The Washington Post, estaba sorprendido y enojado por los embrollos en que lo habían metido. Dejó sentado que el cambio de propietarios del motel, había ocurrido después que sucedieron la mayoría de los hechos descritos en el libro. Estaba enojado y posiblemente dije cosas que creo en verdad. Se comprometió con Grove Press, hacer las correcciones. La edición de Alfaguara en mis manos (Enero, 2017), trae al final una nota de Talese explicativa, reitera que Foos era un narrador inexacto y poco fiable, no obstante de reconocerle como un voyeur épico.

Para un periodista de la calidad y trayectoria de Talese, el guiño resultó fatal, incomprensible para la mayoría de sus seguidores. Algunos se ubicaron en el campo estrictamente moralista. Miguel Ángel Bastenier, aludiendo al libro de Talese —entre distintos argumentos— repara que no todo es reporteable. Con su inveterada propensión de pegar fuerte —para que duela— piensa que Foos es un tipo de mente retorcida. Vivió para la contemplación del porno en directo. Al ejercer el oficio de mirón, violaba de la manera más invasiva la intimidad del prójimo. Dos son los aspectos más criticados: las fechas señaladas por Foos no coinciden con la época que él era dueño del motel Manor House y no participar a la policía el asesinato de una joven por un camello. Foos refiere en el Diario de un voyeur, haber presenciado desde el escondite donde se ubicaba a saciar su apetito, la forma cómo su inquilino estrangulaba a la joven. Los reporteros de The Washington Post buscaron corroborar el dato y no pudieron lograrlo. Talese había encontrado incoherencias en su relato: las primeras citas del Diario de un voyeur, están fechadas en 1966. La escritura de compraventa la obtuvo hasta 1969. Existen otras fechas que no acaban de cuadrar. Talese advierte la imposibilidad de responder por todos los detalles incluidos en el manuscrito.

Expertos en la obra de Talese, coinciden que El motel del voyeur no trae su registro de fábrica.

https://confidencial.com.ni/libro-los-sinsabores/

Coincido con ellos, no se trata de un reportaje digno para cerrar su curriculum. Otros críticos se preguntan si vale la pena cuestionar la calidad de un libro, que escapa a la etiqueta de no ficción como lo han promocionado. José Miguel Silva, insiste —en El comercio de Lima— en apuntar las carencias incurridas por Talase. No contrastó fuentes y hay una aparente relativización del crimen. La propuesta de Silva consiste en ubicar el libro dentro del campo de la ficción, aclarando que su origen proviene de hechos reales. Otro aspecto debatible: el conflicto ético que significó el silencio de Talese, ante la revelación de Foos de haber presenciado el crimen. El periodista de El País, Miguel Angel Bastenier, (poco antes de morir) elogió a Talese como uno de los creadores del llamado nuevo periodismo.

Aprecia que el italiano-estadonunidense, es un autor que pergeña el llamado periodismo narrativo. Un tipo de periodismo que coquetea con los límites de la ficción.

El motel del voyeur bordea —para Bastenier— los límites del trabajo periodístico. Considera que no es un libro salido de la pluma de Talese. Se trata más bien de un diario. Talese ejerce el oficio de comentarista. En verdad deja amplio espacio a Foos. ¿Podría haber sido diferente?

II

Soy devoto lector de los críticos, ejercen una labor invaluable, me refiero a los buenos, los que disfrutan volviendo asimilables las obras sometidas a su escalpelo. No nos atarugan con textos indigestos. Exploran con el propósito de acercarte a la obra sujeta a escrutinio.

Existen otros —que recurriendo a un lenguaje para iniciados— nublan nuestro entendimiento.

Los ensayos críticos de Vargas Llosa —se cuentan por decenas— nos sumergen en un universo puesto a nuestro goce.

El primero de cuatro de sus libros sobre crítica literaria, permite navegar por las entrañas de Cien Años de Soledad (1967). Se trata del ensayo, García Márquez: historia de un deicidio (1971); en otro nos ofrece el afán de Víctor Hugo de conseguir la obra total (La tentación de lo imposible, 2004); luego no revela las caídas y sobresaltos de Juan Carlos Onetti (El viaje a la ficción). El mundo de Juan Carlos Onetti, (2008) y La verdad de las mentiras (2002), veinticinco ensayos sobre novelas imprescindibles del siglo pasado.

Casi siempre prefiero adentrarme en la lectura, antes de leer a los críticos. Con el libro de Talese no pude distanciarme. Me sobresalté al leer sus declaraciones. Agarrado infraganti por The Washington Post, su reacción de negarse a presentar El motel del voyeur venía cargada de gran escepticismo. No me atrevía a soltar el anzuelo.

El libro —pese a cuestionamientos en marcha— se inscribe dentro de su larga carrera de escritor de no ficciones.

El traspié obliga a reflexionar sobre la necesidad de verificar y contrastar fuentes. Se atuvo a lo dicho por Gerald Foos y sus dos esposas —Donna y Anita— y desoyó los reparos de su conciencia.

Para un periodista de la estatura de Talese —acababa de concluir la escritura de La mujer de tu prójimo (1981)— resultaba difícil contener sus impulsos. Se sintió atraído por los pormenores de la oferta planteada por Foos. Talese concluye que los métodos de investigación y las motivaciones del voyeur —para violar la confianza de sus clientes e invadir su intimidad— son muy parecidos a las técnicas a las que él recurrió para escribir La mujer de tu prójimo.

Puesto en el confesionario, revela que él había tomado notas en privado mientras trabajaba como encargado en salones de masajes de Nueva York. Se mezclaba con gente que practicaba el intercambio de parejas en la comunidad nudista de Sandstone Retreat, en el sur de California. Unas son las técnicas y otra espiar sin el consentimiento de las personas, objeto del deseo de Foos, con la complicidad de sus dos mujeres. Se fió demasiado.

La única manera de hacerse una visión —para luego brindar un juicio sobre cualquier obra— pasa inevitablemente por su lectura. Lo demás, pura demagogia. Para poder decir que sabor tiene un caramelo, hay que saborearlo primero.

Alejarse del ruido de la crítica. Escudriñar sus páginas. Busqué con esmero señales que redimieran a Talase. Encontré varias.

Si no se hubiera encajado en la plataforma de observación con Foos —adelanta— habría resultado difícil creerme toda su historia (pág, 93).

Estaba consciente que el voyeur era alguien que fisgaba desde su desván y se arrogaba autoridad moral al tiempo que escrutaba y juzgaba con severidad a sus huéspedes, reservándose el derecho a curiosear con distancia e inmunidad (pág, 170).

Foos gustaba mirar, ¡aborrecía ser visto! Sentía repulsión por las cámaras de vigilancia. El voyeurismo del gobierno ha sido algo repentino. El Gran Hermano ahora se ha incorporado a nuestras vidas, a nuestras opiniones, a nuestros procesos mentales, clama (pág. 212). La dualidad en la conducta del voyeur, queda perfectamente graficada. Las razones que aduce Foos son distintas y las justifica o al menos lo intenta.

El motel del voyeur, un libro bien escrito, ajeno a la pornografía, muestra el comportamiento sexual de la época (1966-1983). Si Talese estaba convencido que Foos no era el tipo de sujeto sobre el que pudiese escribir a pesar de mi permanente curiosidad acerca de cómo acabaría, ¿por qué lo hizo?

Esperó 33 años para obtener su consentimiento y contar la historia en los términos que deseaba. Fiel hasta la temeridad, insiste que él es un escritor de no ficción que no imaginaba nada y que obtenía todo su material hablando con la gente y siguiéndola mientras hacía su vida, (pág. 173).

Jamás pudo quitarse de encima las fantasías eróticas del voyeur. Sucumbió a sus encantos. La relación epistolar que empezó a forjarse a partir de 1980, ¿le obsesionaba?

No existe otra forma de explicar los riesgos que asumió. En la primavera de 2013, estando en Nueva York, recibió la llamada providencial. Gerald Foos daba pase para que contara su atrevimiento.

A sabiendas que se movía sobre arenas movedizas, Talese quedó atrapado en la urdimbre que pacientemente tejió durante tres décadas, con un hombre cuya felicidad consistía en invadir la intimidad de los otros, sin que estos lo supieran.

¡Las puertas están abiertas! Espero se sumerjan en la lectura de esta obra polémica. ¡Tendrán mucho que decir!

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Tomado del periódico Confidencial

La fotografía, elemento clave para el periodismo de excelencia

Por Rubén Darío Buitrón*

Es probable que exista una fuerte carga de subjetividad al calificar la calidad de una fotografía periodística.
Quien la hizo y quien la pensó es posible que defienda la imagen con las uñas y los dientes.
Sin embargo, para quien la ve con distancia, desde la necesidad de componer una estética mediática, quizás aquella foto no cumple los requisitos básicos para ser publicada.
En las salas de Redacción se delibera mucho acerca del tema. Se construyen procesos.
Se arman procedimientos.
Se establecen protocolos.
Todos los integrantes de la Sala de Redacción, desde los reporteros hasta los diseñadores, conocen o deberían conocer esos mecanismos para juzgar la pertinencia de publicar una fotografía o de rechazarla por su irrelevancia o mala calidad.

“Los temas son urgentes, las imágenes se paran con una postura política y tienen una opinión respecto a problemáticas sociales. Es allí cuando el arte hace lo que tiene que hacer”, señala la chilena Daniela Bertolini, coordinadora de carrera de la escuela de fotografía. “Cuestionarnos a nosotros mismos como espectadores y reflexionar sobre lo que consumimos visualmente ”.

http://www.elciudadano.cl/medios/posverdad-irresponsabilidad-que-cambia-la-realidad/06/24/

El reportero gráfico o fotorreportero juega un rol estratégico en estos procesos de selección o de descarte de su trabajo.
Es él quien debe presentar a sus editores lo que considere la mejor opción para publicarse.
Pero tiene que contar con los recursos conceptuales y prácticos –además de la belleza o la oportunidad de la imagen- para convencer a quienes toman la decisión final.
Conscientes todos de que la foto es elemento clave en la puesta en escena (convencional o digital, da lo mismo), un método interno que no puede ni debe fallar es el diálogo.
Sea quien fuere el que toma la decisión final, el reportero gráfico debe presentar no una sino varias propuestas.
Presentar una es no presentar nada, porque reduce al mínimo la capacidad de seleccionar.
Y en periodismo la clave está en elegir.                                                                
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*Rubén Darío Buitrón es periodista y escritor. Tiene un masterado en periodismo en la Universidad de Alcalá, en España. Es director-fundador del portal loscronistas.net

 

Los ecuatorianos estamos atrapados en la casa de los espejos

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¿Qué actitud adoptar ante el otro?

¿Cómo tratarlo?

¿Hay que intentar conocerlo?

¿Es ético buscar la manera de acercarnos y entenderlo?

Esas preguntas debieran asaltarnos con frecuencia. Acecharnos y obligarnos a salir de la casa de espejos donde estamos atrapados.

Atrapados en la casa de espejos donde hablamos para nosotros.

Donde no nos importa lo que piensen los otros.

Donde escribimos contra los otros.

Donde subestimamos a los otros.

Donde repudiamos la opinión de los otros.

Donde no escuchamos la voz de los otros.

Donde quisiéramos callar, para siempre, las ideas de los otros.

Atrapados en la casa de espejos que nos impide mirar, entender, admitir que por fuera de estos enormes espejos habita una sociedad vital y compleja que somos incapaces de percibirla, que no la escuchamos, que no la sentimos, que nos es imposible entender.

Atrapados en la casa de espejos donde no son posibles la deliberación ni el disenso.

Donde quienes tienen el poder (cualquier poder) solo reconocen su propia imagen y al mirarse en ella creen que tienen visa para arrasar con todo lo que no encaje en sus proyectos, visiones, maneras de entender la vida, la realidad, el futuro y, sobre todo, su futuro personal.

En la casa de los espejos no es posible la tolerancia, el respeto, el espacio para el otro.

Ni siquiera es posible la coexistencia con el otro: si nosotros tenemos la razón, si nosotros representamos la sensatez, si nosotros somos los heraldos de la ética, si nosotros tenemos las herramientas para difundir y multiplicar y expandir nuestra pregunta hegemonía histórica, ¿para qué escuchar la palabra del otro, del diferente, del distinto?

¿Para qué tomar en cuenta a los agoreros que pretenden alarmar advirtiéndonos que la intolerancia, la arrogancia y el desprecio a los otros podría conducirnos a la derrota colectiva, al funeral de los procesos reflexivos y a la demolición de escenarios para el debate y la búsqueda de consensos?

Citado por el maestro Kapuscinski, el filósofo y caminante griego Heródoto solía decir que cuando unos individuos cierran la puerta a otros individuos, por las razones que fueran, en el fondo son sujetos miedosos que adolecen de un complejo de inferioridad y tiemblan ante la perspectiva de verse reflejados en los sentimientos y las demandas y las necesidades y los pensamientos ajenos.

http://www.vanguardia.com.mx/articulo/los-obstaculos-de-la-democracia

Como dice el mexicano Felipe de Jesús Balderas:

“Uno es el que nos narra Heródoto (484-420 a.C.) en Historias, III, 80, 1 donde nos relata la narración de Darío el rey de Persia y sus generales que discurren acerca de las ventajas y desventajas de la monarquía, la democracia y la oligarquía. Uno desacredita la monarquía porque desarrolla soberbia y desmesura. Otro considera a la oligarquía como una degeneración de la aristocracia y se convierte en tiranía. Otro de los generales defiende la democracia porque es “el gobierno del pueblo” y porque en este sistema afirma, las magistraturas se obtienen por sorteo, se rinden cuentas a la comunidad y los asuntos públicos se someten a la deliberación del pueblo. Finalmente otro de los generales rechaza la democracia por la ignorancia del pueblo.Propone elegir a un grupo de personas bien preparadas, es decir, los aristócratas (los más capaces). Un obstáculo por supuesto, es la ignorancia”.

Muchas veces los periodistas, que también nos creemos poderosos, por sobre el bien y el mal, también nos dejamos cegar por el resplandor de los espejos. Sin visión precisa, olvidamos que nuestro oficio tiene sentido en función de los demás y que el destino moral del periodismo son los otros, conectados a nosotros.

Cercados por esas murallas que nos impiden mirar más allá de nosotros mismos, no alcanzamos a entender que será imposible construir una sociedad más humana si seguimos atrapados en los espejos.

10 de junio de 2017

En Ecuador no se declara la guerra contra la telebasura

Pregúntale a un actor de teatro o a un músico sinfónico o a un escritor de novelas.

Cualquiera de ellos te responderá igual: lo más difícil para el creador o para el actor cultural es conseguir audiencias.

Y, luego, que esas audiencias te sigan y te sean fieles.

Y, después, intentar que tu vocación y tu pasión por el arte te permita vivir. O sobrevivir.

Mientras tanto, en el Ecuador reina la telebasura.

Y resulta extraño que la Superintendencia de Comunicación (Supercom) o el Consejo de Regulación de la Comunicación (Cordicom), que dicen llevar la bandera de la dignidad de los contenidos, no hayan hecho nada o hayan hecho poco en contra de la telebasura.

Los dos organismos (¿quién más?), en representación de los ciudadanos y de quienes nos consideramos afectados por ese tipo de programas burdos y frívolos, deberían combatir y regular la telebasuram sancionar y controlar los programas que bajo la etiqueta de cómicos denigran a las personas, a las etnias, a los grupos sociales, a los pobres, a las mujeres…

Por el impacto que logran en nuestros cerebros, debido a una pésima formación intelectual y conceptual de la educación formal en el Ecuador, son espacios con alto rating que dejan ingentes ganancias a los canales que los producen y los pasan.

Cuando la Asamblea Nacional aprobó la Ley Orgánica de Comunicación (LOC) hace cuatro años, en mayo de 2013, se suponía que se iniciaba un cambio profundo y radical en los contenidos mediáticos, pero todavía, 48 meses después, no se hace nada.

Alain Tourane sostiene que “lo que está en juego en nuestra sociedad es defender y hacer crecer la libertad creadora de los sujetos contra las olas de violencia, imprevisibilidad y arbitrariedad que ocupan cada vez más el espacio social y que han logrado consolidarse en la televisión y en las redes sociales“.

http://www.bdigital.unal.edu.co/16299/1/11181-26840-1-PB.pdf

Mientras eso ocurre en la televisión privada y gubernamental ecuatoriana (y en los medios radiales e impresos también, a su manera chabacana y morbosa), la sociedad se va degenerando, va perdiendo el rumbo, se va quedando sin ideas para la reflexión sobre lo que realmente importa (la política y la economía en función de la gente).

Esa mezcla de televisión con internet mal usado lo frivoliza todo, lo faranduliza todo, lo estigmatiza todo.

Y así es cómo millones de personas (adultos, jóvenes, niños y tú y yo) nos convertimos en analfabetos  funcionales y vamos perdiendo lo esencial para nuestras vidas: la sensibilidad social y la capacidad de tomar decisiones razonadas.

La (de) formación del periodista

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Rubén Darío Buitrón
1.
En los últimos años, quizás por una mala interpretación de las políticas estatales sobre la educación superior o porque esta se encuentra mal diseñada, los periodistas se han dedicado más a la formación académica que al verdadero aprendizaje del oficio: en las calles.
Apremiados por obtener su título de licenciados para trabajar y ganar mejores salarios, han extraviado su propia vocación.
2.
Esta obsesión por legalizar su condición de profesionales puede convertirse en una que tienen los medios y la crisis que estos viven, atrapados entre el ser o no ser verdaderos medios de información o partidos políticos opositores.
3.
La “titulitis” solamente servirá para que nadie piratee el oficio, pero esa fiebre tampoco es la solución a los complejos problemas que tiene el periodismo ecuatoriano.
Ser licenciado, ser magíster o ser PhD no tiene nada que ver con la calidad, el rigor, la ética, el equilibrio, la verificación, el pluralismo en las fuentes, la creatividad, la búsqueda de un periodismo diferente que mire al futuro, el acompañamiento a la sociedad que evoluciona cada día.
4.
“Ya soy licenciada en Comunicación Social”, escribía hace poco una feliz graduada, “y ahora voy por mi maestría y mi doctorado en periodismo”.
Por estos días le tocó reemplazar a un compañero suyo en un periódico y le pareció que era la oportunidad de su vida.
Estaba feliz: era en la sección de Cultura, donde haría maravillas porque es el área que más le gusta. Pero chocó con la realidad cuando la maltrataron no solo las fuentes, sino sus jefes y los dueños del diario.
En Facebook concluyó: “Hay que desvivirse por el periodismo, pero no por el medio”.

Sandra Ochoa Naula, (+), la reportera de la gente invisible

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Tenía 44 años apenas. Pero el cáncer había llegado a morder a pedacitos los últimos años de Sandra Ochoa Naula, periodista y abogada cuencana.
Falleció hoy, miércoles 10 de mayo, en el hospital José Carrasco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) en su ciudad.
Allí estuvo internada durante semanas, siempre con la esperanza de que la vida diera un vuelco y de pronto, como suele ocurrir cuando se producen los milagros, volviera a ser la excepcional persona que fue.
El pasado 11 de febrero fue su cumpleaños y la recordé, pero cometí el error de no llamarla.
Nunca supe que estaba grave y nadie me lo contó, quizás porque ella misma no sabía cuánto había avanzado la enfermedad dentro de su cuerpo.
Pero aunque nos hablábamos muy pocas veces, nunca perdimos el contacto, pese a que hacían muchos años, una década quizás, que ya no trabajábamos juntos.
Era feliz.
Se casó con Marco Saltos, tecnológo médico, y era madre de una niña todavía pequeña y de dulce nombre: Amancay, de seis años.
Yo no pude verla en esa intricada estación del tren de su existencia, pero recuerdo cuánto amaba a sus padres,Vicente Ochoa e Inés Naula, y cuánto sufrió en silencio por la enfermedad de su madre.
Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica de Cuenca y fue en esa etapa cuando la conocí en el Diario El Tiempo, cuando trabajaba como reportera y Ricardo Tello y yo dirigíamos el periódico y manejábamos el proyecto de convertir al periódico de vespertino en matutino y de dotarle de una nueva visión, de nuevas percepciones, de nuevos compromisos, sobre todo con el periodismo de la gente común, sobre todo con el periodismo al servicio de quienes nunca o casi nunca aparecen en los medios.
Su anécdota favorita cuando nos reuníamos a conversar era narrar cómo, antes de convertirse en reportera, había decidido que dedicaría su existencia a Dios.
Por eso ingresó a un convento de monjas, donde estuvo poco tiempo: afortunadamente para el periodismo ecuatoriano, se dio cuenta de que aquella no era su vocación y cambió de forma drástica su futuro cuando empezó a estudiar periodismo mientras trabajaba en El Tiempo.
Siempre sorprendente, siempre dedicada a fondo a lo que se proponía, hacía reporterismo y era catedrática, pero resolvió ir en busca de otro objetivo más: la carrera de Derecho.
Sus alumnos la querían porque nunca fue “la licenciada” ni “la doctora” ni la “profesora”. Era Sandra. O Sandrita, como le decíamos todos los que la queríamos tanto.
Cronista de alma y corazón, un día propuso al periódico investigar cómo sus compatriotas, en especial de la zona donde ella nació, arriesgaban y arriesgan su vida para llegar a Estados Unidos.
Era una idea muy arriesgada, porque a diferencia de otros reporteros, que se protegían con la visa y el pasaporte, ella resolvió que viviría exactamente todos los avatares de los migrantes: el viaje en la clandestinidad hacia una playa desconocida, el trayecto en una pequeña embarcación, atestada de personas, por el mar hasta llegar a un punto donde los recogerían los “coyotes”, el terrible momento en que los “coyotes” dejaban solas a las personas para que, por su cuenta, intentaran atravesar desiertos y fronteras a espaldas de la temible policía de migración estadounidense.
Sandra Ochoa lo vivió, lo sufrió y lo contó en una magnífica serie periodística que tuvo repercusión internacional.
Con ese trabajo ganó el premio nacional de reportaje “Jorge Mantilla Ortega”, que organizaba cada año diario El Comercio y era el concurso periodístico más importante del país.
Nunca olvido su gesto cuando ganó el premio: vino a Quito y me llamó para que fuera su invitado especial a la ceremonia de premiación del concurso. Ella consideraba, según dijo aquella noche, que sin nuestro decidido apoyo nunca hubiera podido emprender ese viaje histórico para los periodistas ecuatorianos.
El reportaje llamó la atención de los editores del mundialmente famoso periódico norteamericano The New York Times, que también publicó, en inglés, el testimonio personal de la valiente e intrépida Sandra Ochoa Naula.
El premio nacional y la publicación de su trabajo en uno de los periódicos más importantes del mundo no le cambiaron.
Sandrita fue siempre Sandrita, humilde, modesta, sencilla. Tampoco cambió cuando fue centro de una polémica porque en una rueda de prensa del presidente Correa ella hizo una pregunta y el mandatario la llamó “gordita horrorosa”, en referencia a la insistencia con la que cuestionaba y con la que intentaba obtener la información.
La vanidad y el ego no anidaban en su espíritu limpio y claro, en su cariño por sus colegas, sus amigos, su familia, sus alumnos.
En su decidida manera de hacer periodismo al servicio de la gente de su ciudad, de su provincia, de su tierra.
En su amor por el oficio, amor que queda como semilla para las nuevas generaciones de periodistas y para nosotros, para mí, que siempre recordaré sus abrazos, su alegría, su explosiva forma de reír, su lucha por desnudar realidades dolorosas que la sociedad y los poderes intentaban ocultar.

Periodismo ecuatoriano en crisis

El periodismo ecuatoriano no ha mejorado ni ha empeorado con la Ley de Comunicación, vigente desde hace cuatro años.

Tampoco su nivel se ha elevado a un nivel superior. No ha sido suficiente que a partir de esa ley se crearan la Superintendencia de Comunicación (Supercom) y el Consejo de Regulación de la Comunicación (Cordicom).

No existe un propósito de conseguir excelencia de contenidos pese a las auditorías, advertencias, sanciones y multas de la Supercom ni con la teorización filosófica que hace el Cordicom de lo que, según la Ley y los grandes pensadores de la comunicación mundial, debiera constituirse en el deber ser de los medios y los periodistas ecuatorianos.

Con ciertas excepciones que ameritarían otro análisis, los medios privados y los temas que ellos abordaban antes de la Ley de Comunicación eran el producto de intereses particulares o pasaban por los filtros y la censura del poder mediático empresarial representado en los dueños de la prensa –agrupados, por ejemplo, en la antes poderosa y hoy moribunda AEDEP-.

La Ley de Comunicación, que en su esencia tiene la intención de democratizar el acceso a la información, no ha logrado hasta ahora que el periodismo nacional mejore su nivel y los ciudadanos muchas veces caen en un nivel de confusión por la extrapolación de sus discursos noticiosos.

En el sector público, estatal o gubernamental (habría que precisar que no es lo mismo “público” que estatal y gubernamental), cuatro años después de la Ley y nueve años después de que se incautaran, como toda razón jurídica y moral, los medios de la banca corrupta que destrozó al país hacia fines de los años 90, tampoco encontramos periodismo de calidad.

Los medios mal llamados “públicos” (si lo fueran, en ellos se expresaría el pensamiento plural y democrático de todos los ecuatorianos, sea cual fuere su pensamiento, y no se mostraría solo la parte de la realidad que conviene al oficialismo), que en realidad son progubernamentales o partidistas, tampoco han logrado posicionarse como alternativa a la prensa privada.
Sin embargo, este objetivo tendría que convertirse en su “deber ser” y su programación (en el caso de canales y radiodifusoras) y sus espacios (en el caso de los medios impresos) tendrían que ser la mejor manera de mostrar cómo se hace buen periodismo frente al discurso presidencial.

Discurso contra de la “prensa corrupta” (una generalización injusta, porque en el país hay medios privados, aunque sean muy pocos, que sí hacen su trabajo con honesta dignidad, en especial en las provincias no tomadas en cuenta por el gran poder político y económico, es decir las que no son Guayas y Pichincha).

¿Qué pueden esperar los ciudadanos ecuatorianos de los medios, privados y gubernamentales, si está claro que la obsesión en contra de los autodenominados “grandes medios” es tan intensa y evidente en la confrontación del Régimen contra ellos ignorando que en el país existen cientos de canales, radios y periódicos que no son iguales a El Universo, Expreso o El Comercio, pero que tampoco se asemejan a El Telégrafo?

¿Qué pueden esperar los ciudadanos ecuatorianos de los medios, privados y gubernamentales, si estos ignoran grandes fragmentos de la realidad como lo hacen los medios impresos oficialistas, todos armando sus agendas en función de sus intereses ideológicos o políticos o partidistas o proselitistas o económicos o financieros?

En televisión sería un enceguecimiento inútil negar la calidad de la puesta en escena de un programa como Visión 360 (Ecuavisa), así como no se puede dejar a un lado la crítica al pobre desempeño del noticiero matinal de esa misma estación televisora donde se evidencia la mano del exembajador Alfredo Pinoargote.

Pinoargote es un desequilibrador de cualquier intento democrático y plural de mantener el pluralismo en la forma de entrevistar y en la actitud agresiva o contemplativa frente a unos y otros entrevistados.

También es absurdo negar que en la TV oficialista hay excepcionales intentos de salir del molde, como los programas de Carlos Rabascall, Rodolfo Muñoz, Mariuxi Mosquera y Xavier Lasso, entre los pocos que destacan.

Pero, para ser justos, tenemos que decir que la mayoría de programas tanto informativos como de “entretenimiento” siguen los moldes anteriores a lo que hacían los canales cuando estaban en manos de la banca corrupta, en especial Gama TV y TC Televisión, al punto que la mayoría de sus directores, jefes y reporteros son los mismos que estaban en aquella época.

¿De obedientes a los hermanos Isaías pasaron a obedientes a las líneas oficiales? ¿Cómo fue ese proceso interior? ¿Espiritual, ideológico, salarial?

¿Será por eso que no se diferencian unos y otros programas de entrevistas matinales o los noticieros del mediodía y la noche que mantienen unos y otros?

Solo se distancian en las visiones sesgadas y en la repetición de un esquema ya obsoleto en muchos países del mundo.

En lo demás, la estructura es la misma porque, entre otras razones, no existen líderes dentro de los canales gubernamentales que sean capaces de proponer alternativas no solo técnicas ni estructurales, sino de contenido, que es lo que más importa para la información, la educación y la promoción de la reflexión social en las audiencias.

Pör eso, si me preguntan a dónde está yendo el periodismo ecuatoriano mi respuesta podría sonar muy drástica.

Pero si seguimos como estamos, nos espera el abismo.

Los medios privados fingiendo ser “independientes” y la prensa oficialista fingiendo ser también “independiente”, sin que ninguno de los sectores lo sea ni lo pueda ser.

Es patético cómo el periodismo ecuatoriano se ha extraviado a nombre de una “independencia” que no existe, así como tampoco existen ni el periodismo objetivo ni el imparcial.

Mientras los medios de uno y otro lado no logren recuperar la credibilidad, por lo menos sincerando sus líneas editoriales y transparentando sus intenciones, no alcanzarán el objetivo de que el público crea en ellos y, más bien, seguirán profundizando, desde un lado y desde otro, las vendas ideológicas que nos impiden a 15 millones de ecuatorianos mirar la realidad en su conjunto.

Eso es lo que deberían reflexionar y profundizar quienes ahora pretenden cambiar la Ley de Comunicación a espaldas del pueblo y de los ciudadanos.

La bofetada de Revista Time a la “sociedad blanca” de los EE.UU.

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La fuerza del periodismo es así.
Y lo es cuando asume la realidad con valentía, con decisión, con un proceso reflexivo interno en la sala de redacción en el que lo que prima es mostrarle a la sociedad frente a un espejo de cuerpo entero para que vea cómo se reflejan todas sus miserias.
“Un medio es una nación hablándose a sí misma”, decía el dramaturgo norteamericano Arthur Miller.
Y lo que ha hecho la prestigiosa revista TIME en su más reciente edición son las dos cosas: ponerle a la sociedad gringa un espejo de cuerpo entero y generar en esa sociedad un profundo debate acerca de sus propias hipocresías, prejuicios y actitudes mojigatas.
Con su portada, en apariencia tan simple pero en realidad tan estremecedora y contundente, TIME dice a Estados Unidos y al mundo que es solo un mito la democracia norteamericana cuando tocamos el tema de los derechos humanos, el racismo contra los negros o “afroamericanos”, la impunidad policial y militar, la igualdad, el cuento de que es el país de las oportunidades porque, supuestamente, en EE. UU. triunfa todo el que quiere triunfar.
Con un simple tachón de marcador rojo a un año simbólico, 1968, TIME cuenta al mundo y a su país la mentira de que en ese año terminó la larga e histórica lucha de los negros contra su discriminación, contra la falta de trabajo, contra la persecución de los fascistas del Ku Klux Klan (movimiento que defiende la preminencia de “la raza blanca” en su país, contra los asesinatos en masa, contra el desplazamiento de los negros a barrios marginales, contra el crimen a los líderes Marthin Luther King y Malcom X.
En Estados Unidos la segregación racial fue practicada como un hecho usual de la “sociedad blanca” hasta mediados del siglo XX, pero como resultado de la lucha por el Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos se firmó la Ley de Derechos Civiles en 1964, en la que se prohíbe la aplicación desigual de los requisitos de registro de votantes y la segregación racial en las escuelas, en el lugar de trabajo e instalaciones que sirvan al público en general (“lugares públicos”) y en 1965 la Ley de derecho de voto.
Pero una ley no es suficiente. Los negros siguieron en su lucha por los derechos que estaban en el papel, pero no en la realidad.
Y de esa lucha surge el liderazgo de Marthin Luther King, asesinado en forma impune -de nuevo- en Memphis, el 4 de abril de 1968.
Los seguidores de Luther King reaccionaron con ira y rebeldía. Se tomaron las calles en decenas de ciudades estadounidenses. Fueron reprimidos con brutalidad.
Y cuando se pensaba que aquella lucha había tenido sus resultados, justo cuando el poder político lo maneja un negro de ancestro africano, el presidente Barack Obama, se suceden uno tras otro los asesinatos a jóvenes negros, la mayoría de ellos atravesados por las balas de los policías “blancos”.
El último incidente colmó la paciencia de una raza y un sector social heridos por la justicia no aplicada, por la falta de sentencia a los asesinos, por un poder que permite a los “blancos” y a su Policía cometer crímenes atroces.
Fue en Baltimore, en la Avenida Pennsylvania, donde se concentró la mayor parte de protestas tras la muerte bajo custodia policial del joven negro Freddie Gray.
Hubo motines, protestas violentas, comercios quemados y saqueados.
Como dice diario El País de España, “los casquillos de las granadas de gas usadas para implementar el toque de queda o la todavía fuerte presencia policial, reforzada por la Guardia Nacional que no se desplegaba en la ciudad desde 1968, recordaban que la situación dista aún de ser normal. Nadie baja la guardia en esta ciudad que seguirá bajo toque de queda entre las diez de la noche y las cinco de la mañana lo que queda de semana”.
La calma regresa tímidamente a Baltimore. Pero la rabia por la muerte de Freddie Gray, que está bajo investigación, sigue ahí. Y no se debe solo a la brutalidad policial contra los negros.
“Esto es por Freddie, pero va más allá de Freddie”, decía Malvin Towns, un joven afroamericano que en las protestas portaba una pancarta con el lema: “Freddie no murió en vano. Derechos civiles ahora”.
Una demanda ampliamente compartida en una ciudad donde la mayoría afroamericana -el 64% de la población- es mucho más pobre que la minoría blanca. Tan solo en el barrio negro de Gray, Sandtwon-Winchester, el 51% de la población activa está desempleada y el salario promedio es menos de la mitad de la media nacional.
“Frustración”, “ira” son los términos que más se usan para definir el estado de ánimo de los jóvenes afroamericanos en Baltimore.
Y ellos son los protagonistas de las protestas y disturbios en una ciudad incapaz de ofrecer a esta juventud salidas al círculo vicioso de pobreza, falta de oportunidades, drogas y cárcel en el que tantos se sumen. El 89% de la población carcelaria de Baltimore es negra, según el Justice Policy Institute. La mayoría no ha cumplido los 35 años.
Christiane Smith, una joven madre afroamericana, escuchaba junto a su hijo de cinco años estas discusiones. ¿La solución? “No lo sé -admitió- pero queremos que se haga justicia para todos los hombres que murieron a manos de la Policía. Y también para nosotros. Tenemos que hacer algo, tenemos que cambiar esto”.
Desde esas mismas calles, el congresista afroamericano Elijah Cummings llamaba a todo Estados Unidos a prestar mucha atención a las voces de Baltimore.
“Esta es la voz de los derechos civiles de esta generación y América debería estar escuchando”, sostuvo el demócrata. Si no, reiteró ante las cámaras de CNN el miércoles, “Baltimore puede volver a pasar en cualquier otro lugar. Y en cualquier momento…”.
Está visto. Quienes suelen ponernos a Estados Unidos como ejemplo de la democracia, la libertad y las oportunidades, están mintiendo.
Estados Unidos es un país enmascarado. Condena a las naciones por la falta de democracia y, sin embargo, no la ejerce a plenitud. Condena a las naciones por violar los derechos humanos y, sin embargo, allí se lo hace todos los días. Condena a quienes luchan por cambiar la sociedad y, sin embargo, su sociedad se cae en escombros por la falta de cambios, por los abismos sociales, porque los pobres son muy pobres y los ricos son muy ricos.
TIME nos ha dado una lección de civismo. Una lección de sensibilidad. Una lección de cómo los periodistas debemos conectarnos con la gente común.
Eso se llama periodismo.

Wikitribune, un nuevo sitio web contra las noticias falsas

Walles, Jimmy

“Los periodistas y los ciudadanos trabajarán mano a mano en Wikitribune”, asegura Jimmy Wales.

A Jimmy Wales, el fundador de Wikipedia, le molesta especialmente “que la gente tome decisiones basadas en mentiras e informaciones falsas”.

Por eso ha decidido crear Wikitribune, a tiempo para las elecciones generales en el Reino Unido el próximo 8 de junio, pero con la intención de ir mucho más allá.

Wales se propone trasladar el modelo Wikipedia al periodismo, aunque poniendo un énfasis especial en la transparencia y el fact checking, para contrarrestar la avalancha de fake news que ha comprometido la fiabilidad de los medios (los digitales y los tradicionales).

Wales se ha apoyado entre otros en el profesor de Periodismo de la CUNY Jeff Jarvis, creador de BuzzMachine, y en la actriz y activista Lily Cole, fundadora de Imposssible, para el lanzamiento de su nueva iniciativa, que aspira a romper moldes en el periodismo digital.

“Por primera vez, los periodistas profesionales y los ciudadanos periodistas trabajarán mano a mano y como iguales, escribiendo las noticias según ocurren, editándolas sobre la marcha y creando una comunidad de comprobadores de datos“, advirtió Wales, que empezó a concebir la idea cuando escuchó por primera vez a la asesora de Donald Trump, Kellyanne Conway, justificando la difusión de “hechos alternativos”.

Pese al vínculo personal de Wales, Wikitribune no está afiliado con Wikipedia ni con la Wikimedia Foundation.

El nuevo medio aspira a financiarse inicialmente por crowdfunding (la campaña se inició el 25 de abril) y a contar pronto con una plantilla profesional, reforzada con equipos de voluntarios.

El acceso a Wikitribune será en principio gratuito, aunque Wales ha reconocido que los modelos usados por el New York Times (cobrando a partir de un número de artículos) o por The Guardian (que ha creado su red de “miembros” que contribuyen económicamente a su versión digital) podrían servir de guía para el futuro del nuevo medio.

“Tenemos que desarrollar un modelo para que los medios no dependa exclusivamente de la publicidad online y de la tiranía del click“, ha declarado Wales en el anuncio de la nueva plataforma. Wikitribune no tendrá accionistas, anunciantes o subscritores, sino “seguidores” que pagarán entre 12 y 17 euros al mes, y a cambio podrán participar en la toma de decisiones sobre qué temas deberá cubrir la plataforma.

Los periodistas, por su parte, trabajarán bajo los principios de transparencia total, facilitarán el contenido íntegro de sus grabaciones y accederán a que sus artículos pasen por un proceso de community checking and rechecking“, con la participación de voluntarios que comprobarán (y recomprobarán) los datos.

Por CARLOS FRESNEDA