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Errores usuales en las salas de redacción

Rubén Darío Buitrón

UN TITULAR CUESTIONABLE

En la portada de la edición de EL TELÉGRAFO del viernes 9, previendo la coyuntura, abrimos con un titular principal que ese día fue cuestionado por algunos lectores: “El Presidente de la Asamblea se acerca hacia su destitución”.

Aparte de su construcción gramatical confusa, el titular fue arriesgado, sesgado y subjetivo.

Si bien esta vez resultó acertado y denotó seguimiento y comprensión de lo que estaba ocurriendo en el escenario político, ¿qué hubiera pasado si el presidente de la Asamblea, José Serrano, no hubiera sido destituido? ¿Cómo lo habríamos justificado al día siguiente?

MAL USO DE LAS SIGLAS

Los periodistas, quizás porque para nosotros es un material que circula y pasa todos los días por nuestras manos, solemos pensar, incluso de forma inconsciente, que los lectores entienden de manera fácil todas las siglas que usamos en nuestros titulares y en nuestros textos informativos.

Pero es un error que cometemos con frecuencia y que atenta a la comprensión de las notas y a la seducción que deben ejercer los titulares.

Esta semana, por ejemplo, titulamos:

“ATM admite que buses mantienen marcación de tarjetas”.

“Óscar Pérez recibió un tiro de gracia, señala un informe de la AN”. (Venezuela)

“Petroecuador y la UAFE crearán unidad contra el lavado de activos”.

Seguro que los periodistas conocen que ATM es Autoridad de Tránsito Municipal, en Guayaquil, pero los lectores no.

Y lo más probable es que pusimos “AN” en la nota de Venezuela con dos criterios: uno, que en un titular de pocos caracteres no cabría “Asamblea Nacional” y, dos, que “es obvio” (así acostumbramos decir en las salas de redacción”) que todos deben imaginar a qué se refieren las siglas.

Más delicado es escribir “UAFE” como si fuera “ONU” o “FMI”, siglas que, a fuerza de tanto aparecer durante años en los medios, son de uso común y conocimiento general.

La UAFE – Unidad de Análisis Financiero y Económico- en realidad, es, según su página web, “la entidad técnica responsable de la recopilación de información, realización de reportes, ejecución de las políticas y estrategias nacionales de prevención y erradicación de lavado de activos y financiamiento de delitos”. Tener sumo cuidado en el uso de las siglas es parte de la precisión informativa, obligación básica de nuestro oficio.

LA ESQUINA DEL LUGAR COMÚN

Desde hoy, en esta columna, publicaremos un espacio con los lugares comunes más usados por la gente (incluidos los periodistas), que empobrecen el lenguaje y vacían de contenido las palabras y las frases.

Según la Real Academia Española (RAE), lugar común es “una expresión trivial o muy empleada.

Nos estrenamos con estos, muy populares:

“Tres futbolistas en la mira tras fracaso de su equipo”.

“Serrano se aferra al cargo”.

“Al equipo se le cayó la estantería y lo golearon”.

“La población ya no se da abasto”.

Y un clásico:

“El ministro dijo que se investigará hasta las últimas consecuencias”.

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El periodismo de los hechos, entre lo importante y lo interesante

Por Rubén Darío Buitrón

En la sala de redacción, editores, reporteros, fotógrafos, caricaturistas e infografistas debaten todos los días, incluso en su propia conciencia, acerca de las certezas, los errores, lo que pudo ser o no ser y las omisiones que se cometen en cada edición del medio.

El error puede partir de los temas que se seleccionan en la primera reunión de la mañana, porque es usual y hasta de sentido común que se elijan asuntos que el grupo considera importante para la sociedad, para el país, pero que, quizás, no lo son para las audiencias, para los lectores, para quienes cada mañana compran el periódico con la esperanza de que este satisfaga sus necesidades informativas.

Esta semana, por ejemplo, hubo, entre otros, dos sucesos de trascendencia: una, la muerte de dos adolescentes cañarejos que cayeron del tren de aterrizaje de un avión que decolaba desde la pista del aeropuerto de Guayaquil rumbo a los Estados Unidos.

Dos, la filtración de una conversación telefónica entre el excontralor prófugo, Carlos Pólit, y el presidente de la Asamblea Nacional, José Serrano, donde se escucha hablar a los interlocutores de temas sensibles para el país.

¿Cuál de los dos temas debió tener mayor despliegue?

Es una pregunta sin respuesta precisa.

Parecería, según la lógica con la que se trabaja en los grandes medios a nivel mundial, que el asunto que habría merecido mayor despliegue y atención, incluso en la portada del periódico, hubieras sido el drama de los chicos que quisieron llegar a Estados Unidos en busca de cambiar su vida, basados en el lugar común del “sueño americano”.

Es el clásico tema que a los periodistas nos hace pensar en la necesidad de informar detalle por detalle sobre un hecho del que la gente está hablando en las calles y que, además, merecería profundizarlo porque la migración, en especial de personas del austro ecuatoriano, es un fenómeno social y un drama humano.

Pero, ¿y el escándalo que se produjo por la filtración del audio telefónico entre personajes relevantes del poder?

También, sin duda, merecería un gran titular en primera página y un amplio despliegue adentro, con el detalle de lo que se escucha de uno y de otro y con la contextualización y el análisis acerca de los entretelones de este ajedrez entre tres actores, incluido el Fiscal General de la Nación.

Podríamos decir que es un debate entre lo importante (el hecho político) y lo interesante (el suceso trágico), pero no resulta fácil a la hora de tomar decisiones.

Los dos asuntos ocurridos esta semana demandan profundas reflexiones de los ecuatorianos.

Y la obligación de quienes integran la sala de redacción es que cada uno de los dos tenga la dimensión adecuada en la medida en que las cosas que ocurren y que son públicas deben tener un tratamiento equilibrado, analítico y pedagógico.

He ahí la dificultad, y el reto, de hacer buen periodismo.

__________

Publicado en El Telégrafo, domingo 4 de marzo de 2018

El Telégrafo entra, por fin, en una etapa de periodismo autocrítico

Rubén Darío Buitrón

(El ejemplo de El Telégrafo)

Se trata de un ejercicio de transparencia editorial.

De una autocrítica sana.

De un acto de honestidad que nace desde la sala de redacción y que no espera que lo hagan sus lectores o los organismos encargados de supervisar la calidad de los contenidos.

Redactores, reporteros, investigadores, correctores, editores, diseñadores, fotógrafos, jefes de redacción y directores, a partir de una profunda reflexión colectiva, deciden crear y participar, sin eufemismos, en una nueva sección dominical que, a base de la construcción de una metáfora, lleva un nombre simbólico: “Puertas adentro”.

Porque, en realidad, es eso: el trabajo de producción y publicación de los contenidos periodísticos no termina cuando se imprimen los ejemplares de El Telégrafo y en la mañana se distribuyen por todo el país y llegan a las manos de los lectores.

La sala de redacción de este periódico va mucho más allá de aquel tradicional proceso cuando el mismo equipo editorial, en sus reuniones cotidianas y a base de cuidadosas y atentas lecturas, realiza uno de los mayores ejercicios éticos de un equipo periodístico.

La autocrítica rigurosa, la puntualización de los errores aparecidos en la edición y el debate colectivo -dentro de un marco de respeto y dignidad- acerca de las fallas, los vacíos, las omisiones, la falta de equilibrio entre los actores de los hechos contados, la ausencia de contrastación de las fuentes y otras debilidades de los textos.

Se trata de un suceso histórico en el Ecuador: diario El Telégrafo se convierte, de esta manera, en el primer periódico ecuatoriano que no se queda en lo convencional (la publicación de cartas de los lectores o la obligación legal de rectificar, aclarar, precisar) sino que va mucho más allá: en mostrarse tal como es y en contarles a los lectores cuáles fueron las razones de sus equívocos.

No obstante, nada de eso significa que “Puertas adentro” sea un acto de inmolación o de flagelamiento del equipo humano cuyo profesionalismo no se pone en duda sino que, como todo acto humano, es siempre perfectible.

Un periódico debe proponer a sus audiencias un espacio de aprendizaje y reflexión que se convierta en un proceso que, a la larga, sea el lugar donde el periodismo y la sociedad se encuentren y vivan con intensidad un proceso de pedagogía acerca del deber ser mediático, no solo de quien produce las noticias sino de quien las lee.

Consecuente con la nueva línea editorial de los medios públicos, uno de cuyos mayores íconos es este Diario, el nuevo espacio dominical es un símbolo de los nuevos tiempos: un diálogo nacional a base de la transparencia y la honestidad.

Domingo, 25 de febrero de 2018

Réquiem por el poeta Euler Granda

Granda, Euler Imagen

Por Rubén Darío Buitrón

Poco le importa lo que digan. Lo que ha dicho. Lo que dirán. Poco le importan el poder, el dinero, la fama, la popularidad.
Pero le importan mucho todos los pocos que a los otros no les importan, como los insomnios sociales, los desamores personales y colectivos, la escaseces y las miserias, los vacíos, el hambre, la humillación, todos los dolores y pesadillas de quienes andan por la vida desamparados de quienes, a pesar de todo, creen el torcido discurso del poder retórico:

“La historia se acelera,
se acelera la pus, 
la muerte se acelera.
Integración, paz, libre mercado, democracia
cantaleta de loras,
cebo para atraparte,
estupidorrea pura”.

Así habla este hombre llamado Euler Granda, este hombre que habla desde su corazón pero también desde su rabia, su desasosiego, su desencanto, su ruptura con lo establecido que, en realidad, es lo que hay que derribar.

“Porque antes esa fuerza, esos desplantes másculos
a ratos todavía,
iban lanzados contra los sátrapas y sus satrapías,
contra los perros de presa de sus amos, 
los mercaderes y sus testaferros,
los escribas,
los falsos profetas.
Pero ahora la persecución y la caza, persistente e
insomne,
se da consigo mismo y contra
sí,
un sí mismo que desde luego nos involucra a todos
sin el menor vestigio de autocompasión”.

Duro, coloquial, irreverente, Euler Granda abre camino “entre sus letales aguijones y su alucinante danza de alacranes”. como dice otro poeta contestatario, Carlos Eduardo Jaramillo, quien describe la poética de Granda como “hondamente humana, inclaudicable, de una lucidez devastadora, aleteando su sangre como pájaros que cantan aún con fuerza de su alma, que cantan el olor y el calor de la piel de la mujer amada, que a diario ganan la batalla a la desolación”.

Claro que el amor también estremece la pluma del poeta. Lo estremece, lo sacude, lo deja desolado, le arrastra, le empuja a un abismo donde solo le queda derramar gritos y murmullos en medio del amor desolado:

“Las cosas son otras debajo del pellejo. 
Así
la sed es agua amordazada,
el olvido 
es el recuerdo con candado
la música es flor con alas,
los que nacen ahora
son los muertos mañana
el hoy es el ayer
la verdad es la mentira más cerdosa;
el amor no es más que el desamor con piel
de oveja”.

Rotundo, iconoclasta, escéptico, irónico, nada de lo que es y existe queda fuera de la temática de Euler, ese médico graduado de samaritano, ese psiquiatra demasiado humano que en su humilde consultorio del barrio La Ferroviaria dejaba que se abrieran las almas de sus pacientes y entraba en ellas para revelar verdades contundentes y desgarradoras:

“Quién fue la puta madre,
quién fue la puta padre;
en dónde está la pulga
que parió al dinosaurio de la soledad;
quién inundó la tierra con sus crías.
Por gusto somos masoquistas.
Por quítame
estas pajas vamos deshabitándonos,
arrinconándonos
hasta asestarnos 
el puntapié de gracia
hasta rematarnos”.

Es poesía para mantenernos despiertos, para que sea imposible el olvido, para que cada día termine desgajado, deshojado, deshilado y deshecho, para que cada día aprendamos y desaprendamos algo más de los demás. Algo más de esa identidad que nos viste y nos desnuda:

“Barrio del “Pobre diablo”
en la cuesta final de Chaguarquingo,
desde aquí en adelante
para que ya no quede
ni siquiera la sombra
de la sombra/ nos devora el camino.
Las frases ostentosas,
las basuras queridas
fueron quedando atrás”.

Es poesía que ama y que odia, que se apasiona y desfallece, que se encuentra en lo más alto y profundo cuando toca el centro de las contradicciones, cuando saca a la luz y pone frente a nuestros ojos todo aquello que no queremos ver:

“(..) Caminos por donde me arrastré
camas donde dormí,
luciérnagas con las tripas afuera,
muñones de colibrí,
violines desollados como puercos,
nombres,
recetas médicas,
relojes desbocados;
ni más ni menos, 
así me fueron sacando este poema”.

Sorprendente y provocador, arremete y desacomoda desde su particular manera de entender que la vida debiera llenarse de intensos brazos y no de crueles mentiras.
Granda expresa una actitud, un gesto, una militancia bajo las muchas noches en las que el poeta caminaba en las calles quiteñas y las iba amando mientras se emborrachaba de palabras y de sensibilidades y de aquella ternura escondida que vertía cuando la noche ya era madrugada:

“Los discursos políticos
que luego de emporcarme
me degüellan;
mi desidia,
desnoche,
mi mío corazón
que se sale de madre y para colmo tú
que me respiras en la oreja
que me atoras la llave
del agua que yo bebo,
que me cortas el aire
que respiro…”.

El escritor mexicano Pedro de Reis expresa que el poeta ecuatoriano es “una voz que se da de cabeza contra los seres y los objetos”. “Es un monólogo y un susurro porque este individuo, desde su clamor y su poética, responde por las demás personas. En sus textos la soledad se muestra sin maquillaje y quedan sin sustento las patrañas cotidianas. La sed de belleza convive con la voracidad y la solapada maldad humana”.

Granda no será recordado por sus concesiones ni por sus rubores ni por sus reverencias. Porque Euler no es concesivo ni prudente ni siervo. Porque es el poeta, el hombre, el creador incesante e insaciable, cuya palabra intensa y despiadada conmueve enternece, sacude, golpea y desafía.

“Cómplice mía contra mí, roedor desatado, hambre canina que me come y si esto fuera poco
yo en persona te ayudo
a serrucharme el piso…”.

Euler Granda es el poeta mestizo andino contemporáneo del Ecuador. Quiteño de adopción, y majestuoso como la nieve que le habrá acunado en Riobamba.

Escribe con un enorme caudal de inteligencia y sabrosa ironía política. Está muy lejos de los sonajeros y cosméticos de la estética forzada.

Es el poeta que se expresa desde sus semillas de guambra de barrio, el que acoge y acuna sin importar el tamaño de su casa y su consultorio, el poeta que te da un cafecito con ron y te embriaga con su sabiduría, tierna y profunda, sin necesidad de subir a los atriles ni caminar sobre alfombras rojas ni ocupar ninguna silla en el poder.

Publicada originalmente en 2016 en el libro Batallas personales, de Rubén Darío Buitrón (editorial Gania)

Seis reflexiones sobre periodismo digital y prensa tradicional

periodismos
Rubén Darío Buitrón
1. La esencia del periodismo no cambia
Cuando hablamos de nuevos enfoques en los contenidos informativos por Internet, en medio del vértigo que velozmente lleva al mundo por la autopista de la información, los periodistas debemos tener en cuenta un primer asunto fundamental en el que quiero ser concluyente: no existe la oposición periodistas digitales vs. Periodistas de prensa, no existe periodismo blanco vs. periodismo rojo, no existe periodismo occidental vs. Periodismo oriental y no existe periodismo “militante” vs. Periodismo “objetivo”.
Lo único que existe es periodismo bueno y periodismo malo. De este último hay mucho.
Y ese periodismo bueno -o malo- se lo hizo en el pasado desde las duras teclas de una vieja máquina de escribir Remington o se lo hará en el futuro desde la más poderosa y veloz laptop de última generación y enorme capacidad de memoria.
Se trata de un periodismo que no puede olvidar su esencia, su deber ser. Un periodismo en el cual no es posible hacer oposiciones y antónimos ni hablar de que la tecnología traerá nuevas formas de asumirlo como un oficio al servicio del público: el buen periodista, antes, ahora y en el futuro, se define como un profesional éticamente responsable, debe servir a sus lectores, ser sensible con sus necesidades, reflejar sus tendencias de vida, ayudarlos a tomar decisiones para mejorar su existencia, entregarles antecedentes, consecuentes y contextos para que los lectores entiendan mejor la parte de la realidad que les está contando, ser útil a los ciudadanos, prestarles servicios.
El buen periodista es aquel profesional capaz de orientar al lector en sus dudas y en sus tribulaciones, desde las más domésticas y simples hasta las más decisivas como individuo y para la sociedad a la que pertenece.
Tampoco se puede hablar de que existen innovadoras especialidades académicas como el periodismo de precisión y el periodismo de investigación, cuando estas dos supuestas especialidades son, justamente, elementos esenciales del periodismo de siempre, del buen periodismo de toda la vida: ético, riguroso, detallado, balanceado y puntual (es decir, preciso). Inteligente, persistente, batallador, sagaz, profundo, concreto y revelador (es decir, de investigación).
El buen periodista es un profesional atento a las necesidades del público, fiel y exacto en la descripción de los hechos y del rol que juegan cada uno de los actores activos y pasivos de esos hechos.
Solamente ese buen periodismo ha sido, es y será, supongo que para siempre, la base y soporte de la calidad de los contenidos de cualquier medio de comunicación, desde el teletipo y los viejos periódicos hasta las casi infinitas posibilidades del Internet para la información noticiosa del presente y el futuro.
Solamente ese buen periodismo será capaz de entregar a sus lectores información en las condiciones más adecuadas, independientemente de cuál sea el medio a través del cual la emite.
Por eso quiero recordar ahora los atributos que un buen lector espera de su periódico (noten que no hay ninguna diferencia en cuanto a si es impreso o digital):
1.     Es agradable de leer.
2.     Está escrito para gente como yo.
3.     Me brinda las noticias que yo quiero.
4.     Sabe juzgar lo que es más importante.
5.     Comprende y expone adecuadamente los problemas locales.
6.     Tiene periodistas que saben lo que hacen.
7.     Contiene información precisa.
8.     Cuando presenta una controversia, muestra todos los lados y todas las opiniones.
9.     Está bien escrito.
10.   Es equitativo en el cubrimiento de la noticia.
Entonces, con la certeza de que “no existen periodistas digitales y periodistas de prensa escrita. Solo existen periodistas”,asumimos que frente a las nuevas tecnologías informáticas, los periodistas no debemos  ser distintos en esencia (en nuestra manera de asumir ética y profesionalmente el oficio) sino que, sea cual fuere el medio a través del cual emitimos nuestros contenidos, no debemos cambiar los fundamentos del buen periodismo, como rezan los postulados de la prestigiosa cadena mundial BBC de Londres:
“La precisión, la responsabilidad, la imparcialidad, la independencia y la transparencia informativa son las bases de todo el periodismo que hace la BBC, independiente del medio que utilicemos para llegar a nuestro público.”
2. Un contenido, varios lenguajes
Entendidas las bases filosóficas del oficio, el tema ahora es la necesidad de encontrar caminos para la cobertura, investigación, reportería y presentación al lector de los contenidos informativos en un periódico digital.
Si bien son imprescindibles aquellas pautas éticas para el ejercicio del periodismo informativo de calidad, en cualquier medio que se lo haga, hemos reiterado que los recursos humanos, tecnológicos y de lenguaje con los que funciona un medio son distintos a los que necesita otro medio.
Entonces, los contenidos o el mensaje son los mismos (por ejemplo, una noticia relacionada con un decreto presidencial que conmociona al país o un alerta a la población que habita en las zonas bajas del litoral frente a probables inundaciones en el invierno de la Costa), pero cada medio presentará la información con una técnica, una manera y un lenguaje específicos.
Una rápida comparación de los diarios digitales con los diarios impresos nos muestra de forma clara las diferencias básicas entre uno y otro medio:
El lector digital necesita que el medio jerarquice las noticias.
El lector tradicional tiene varios puntos de entrada a las páginas, aunque puede ser influido por la tipografía, el tamaño de los títulos y el espacio dado a determinada información.

El lector digital necesita conocer la hora de la actualización de la información.

El lector tradicional sabe que está leyendo noticias de ayer.
El lector digital tiene la posibilidad de elegir inmediatamente, sin salir de su computador.
El lector tradicional no puede abandonar con un click el periódico y debe someterse a los contenidos que le impone este medio.

El lector digital no tiene mucho tiempo para leer: el contenido debe ser rápido, directo, fluido, totalizador.
El lector tradicional tiene tiempo para leer, necesita profundidad, contextos, referentes.
El lector digital tiene el hábito de volver a leer lo que le ha interesado.
El lector tradicional usa el periódico como un documento cuando lo considera necesario.
El lector digital necesita selección adecuada de contenidos, no abundancia.
El lector tradicional quiere mucho material para leer, prefiere seleccionar él lo que le ofrece el menú del periódico.

El lector digital ya piensa en la multimedia: texto, audio, video, animación.
El lector tradicional privilegia el texto escrito y la fotografía como elementos principales de la información.

El lector digital necesita rapidez, contundencia y economía de lenguaje.
El lector tradicional acepta inconscientemente las repeticiones de ideas porque las páginas de un periódico de papel están diseñadas con el concepto de entradas múltiples.

El lector digital no tiene límites: su periódico se actualiza permanentemente y no cesa de entregarle nueva información.

El lector tradicional tiene un límite: la edición que tiene en sus manos se cerró a determinada hora y siempre estará desactualizada en relación con el medio digital.

Entonces, con la certeza de que “no existen periodistas digitales y periodistas de prensa escrita. Solo existen periodistas”, asumimos que frente a las nuevas tecnologías informáticas, los periodistas no debemos  ser distintos en esencia (en nuestra manera de asumir ética y profesionalmente el oficio) sino que, sea cual fuere el medio a través del cual emitimos nuestros contenidos, no debemos cambiar los fundamentos del buen periodismo, como rezan los postulados de la prestigiosa cadena mundial BBC de Londres:
“La precisión, la responsabilidad, la imparcialidad, la independencia y la transparencia informativa son las bases de todo el periodismo que hace la BBC, independiente del medio que utilicemos para llegar a nuestro público”.
 
3. Dificultades de convivencia
Uno de los problemas más visibles en las empresas periodísticas donde existen los dos medios, el impreso y el digital, es el de las dificultades de convivencia entre unos y otros.
La irrupción del Internet como medio de comunicación dentro de otro medio de comunicación tradicional ha sido una de las revoluciones más drásticas y sorprendentes en las empresas periodísticas.
Los periodistas del medio tradicional empiezan a preguntarse cómo hacer para sobrevivir y cuentan los meses y los años que les quedan frente a lo que llaman “la amenaza informática”, cuando lo que en realidad deberían estar preguntándose es qué deben hacer ellos y su periódico impreso para lograr sobrevivir.
Y una de las primeras cosas que deben hacer para sobrevivir es aceptar la irrupción del Internet, aprender su uso, captar toda su potencialidad y tender puentes entre uno y otro medio para llegar a la complementación.
El periódico impreso puede ganar calidad y profundidad con la ayuda del Internet, la mejor herramienta para conseguir antecedentes del hecho, cronologías, contextos, temas relacionados.
Y el periódico digital también puede ganar con la ayuda del impreso aprendiendo de su experiencia, su oficio, su prestigio, su credibilidad, sus fuentes y sus contactos.
No obstante estas ideas optimistas y esperanzadoras, que hablan de una posible convivencia racional y simultáneamente provechosa, un problema actual para la gran mayoría de los periódicos digitales parecen ser que sus editores no logran despojarse de la influencia y el lenguaje de los diarios impresos, en especial cuando ambos pertenecen a la misma empresa periodística.
La estructura humana y material del diario digital aún depende demasiado, en su configuración y en sus planes de trabajo cotidianos, de lo que haga la redacción del diario impreso.
De hecho, aún en nuestras redacciones prácticamente se difunden los mismos materiales informativos en lo impreso y en lo digital, sin tomar en cuenta aquella premisa básica ya citada en este trabajo en relación con iguales contenidos pero distintos lenguajes.
Es posible que una de las razones para el diario digital tenga que depender de lo que produce el diario impreso sea que muchas empresas periodísticas todavía no apuestan con mayor riesgo a invertir en el periódico digital como si fuera un nuevo medio al cual hay que apoyarlo con una fuerte inyección de capital (un canal de televisión, una radiodifusora, otro periódico impreso).
A los empresarios les cuesta decidir esas inversiones y más bien, cuando lo deciden, lo hacen con extremada prudencia, quizás porque en nuestros países pobres no ven una luz cercana para el éxito de los nuevos medios y, más bien, destinan sus recursos económicos a crear medios de comunicación de éxito previsible.
Por tanto, aún es difícil la contratación de periodistas de buen nivel (hay que recordar siempre que el periodismo de calidad cuesta dinero) o la dotación de infraestructura y logística propias para el periódico digital, pese a que esta es la única manera de que vaya logrando autonomía y sea capaz de generar sus propios contenidos, en competencia leal con su medio fraterno.
En esta línea, también resulta difícil convencer y estimular a los redactores del impreso para que compartan sus noticias con la redacción de Internet de la propia empresa.
Los prejuicios y temores parten de la tradición de mantener en secreto la noticia exclusiva o el golpe periodístico hasta su publicación en la edición impresa del día siguiente, sin tomar en cuenta que son diferentes lenguajes, incluso diferentes públicos (en ciertos casos, los lectores de la edición digital son, en su mayoría, emigrantes que no tienen acceso al impreso).
Tampoco toman en cuenta que los dos medios pueden complementarse incluso para crear expectativa en uno y en otro.
Existen maneras de difundir información (ganchos periodísticos, pastillas, adelantos) que, por un lado, levanten el interés para que mañana los lectores compren o busquen el diario impreso y se enteren de los detalles de la información exclusiva y que, por otro lado, al poner la noticia en el diario digital, sin esperar al día siguiente, despierte la reacción inmediata de fuentes que pueden enriquecer el hecho informativo, lectores que pueden aportar opiniones o datos relevantes para profundizar la noticia, gente que pueda dar pistas, etcétera, con lo cual, a su vez, el medio impreso gana profundidad en sus contenidos.
4. El proceso de independencia
En un escenario esperanzador para los periódicos digitales, una vez que el empresario decide invertir capital en el proceso de autonomía o independencia del diario en Internet viene la toma de conciencia de directivos y editores para dejar a un lado las rutinas tradicionales de la prensa escrita y buscar en el trabajo diario modos propios para transmitir esos contenidos informativos y noticiosos a unos lectores cibernéticos que, quizás en un alto porcentaje, son muy distintos a los lectores tradicionales del diario impreso.
“La mala utilización de los recursos del diseño impreso para presentar textos en Internet está afectando negativamente la efectividad de muchas páginas de inicio en la red, en particular las de los periódicos, lo que hace ineficiente la entrega de información”.
El periodista colombiano Guillermo Franco Morales, autor del documento “Usted tiene mi atención. ¡Por favor, no me lo repita!”, plantea que existen muchos elementos del periodismo impreso (los títulos, los antetítulos, los sumarios, los leads) que, según muestran las experiencias de importantes periódicos del mundo, “están llegando a ser cosa del pasado” al momento de aplicarlos, sin ninguna innovación, en los diarios digitales.
Según Franco, quien establece como principal recurso del diario impreso la repetición de ideas en títulos, antetítulos y leads, “el efecto neto de utilizar estos recursos, tal como fueron concebidos para publicaciones impresas, es la repetición de información y el aumento innecesario (…) del desplazamiento vertical en la pantalla. En otras palabras, una forma ineficiente de presentar contenidos. Desafortunado resultado si se tienen en cuenta las dificultades de leer en línea”.
Franco precisa varios errores que, según él, cometen los editores de periódicos digitales estructurados como si fueran impresos:
– Uno, creer que el lector lee palabra por palabra todos los elementos principales de la noticia.
– Dos, ignorar que los elementos gráficos de un periódico impreso no pueden ser trasladados exactamente al digital.
– Tres, castigar al lector con la repetición de contenidos.
– Cuatro, que si el lector “scanner” no encuentra toda la información que requiere en el menor tiempo, abandona ese sitio web y busca otro que le informe mejor.
– Cinco, la falta de contexto y de referentes en el sentido de creer o dar por sentado que el lector sabe todo lo relacionado con esa noticia.
El proceso de autonomía empieza por allí, por cambiar los ejes y dejar atrás el facilismo de la tradición y enfrentar la necesidad de crear nuevos lenguajes, nuevas formas de decir las noticias y de contar las historias.
Gumersindo Lafuente, exdirector de la edición digital de diario El Mundo, de España, sintetiza de la siguiente manera el proceso de independencia y autonomía al que llegó el diario a su cargo:
“Lo mejor que hicimos en El Mundo fue manejar con pericia la transición entre el papel y la red y tender sin estridencias un puente entre la redacción tradicional y su versión online. Hemos sabido llevar con cautela la tensión que suele existir entre los diarios digitales y sus organismos madre, los diarios de papel.”
Lafuente asegura que uno de los problemas que aún persisten es la actitud de quienes proveen información.
“Todavía, las fuentes subestiman un poco a las versiones digitales de los diarios para privilegiar el papel. Es decir, las fuentes creen que hablar para el online es algo menor, pero esa percepción, al menos en España, está cambiando a toda velocidad. Los protagonistas se están dando cuenta de que una noticia publicada en un medio online de prestigio tiene cada vez más lectores y que esos lectores tienen muchísima influencia sobre la sociedad. Y entonces hacen clic y dicen: Internet no solo existe, sino que tiene poder”.
No obstante, cuando al periodista online español le preguntan cuáles son los problemas más graves que deben superar los diarios digitales para consolidarse como opción informativa, él responde lo que afirmaría cualquier editor de un medio en cualquier circunstancia y en cualquier época:
“Para que los diarios digitales sean competitivos y rentables, la clave es el rigor informativo y llegar con la mejor información antes que nadie”.
En definitiva, para hablar de nuevos enfoques en las coberturas informativas en Internet, que es el tema de mi presentación, hay que volver a la esencia del buen periodismo:
– Contar la realidad
– Ser leal con los ciudadanos
– Verificar toda información antes de que se la vaya a publicar
– Mantener la independencia en relación a quienes se cubre
– Ser fiscalizadores independientes del poder
– Desarrollar foros y espacios para la crítica y la opinión del público
– Hacer que lo significativo sea interesante y relevante para la sociedad
5. Los temas que interesan al lector
El presente y el futuro de la tecnología son asombrosos. Cada vez la ciencia y la técnica nos sorprenden con productos fascinantes y extraordinarios, fácilmente aplicables y adaptables a la informática.
Hasta hace pocos años, cuando en las redacciones de los periódicos impresos escuchábamos hablar del perfil del periodista del mañana, nos invadía una doble sensación: por un lado, la del escepticismo -porque uno, aunque lo proclame abiertamente, no cree que el futuro esté tan cerca o, peor, es reticente a aceptarlo-; por otro lado, la del asombro -porque uno tomaba como una maravillosa pieza de ciencia ficción aquello de que para hacernos conocer los hechos de manera inmediata al periodista del mañana le bastará un teléfono satelital o un videófono, una cámara digital y un computador portátil o laptop donde no solo pueda escribir sino hacer infografías, gráficos e ilustraciones.
Quizás, en el fondo, era una manera de no pensar en lo que se venía y era, también, una estrategia inútil para evitar que quienes crecimos con el papel impreso como el gran referente de nuestras vidas, nos sintamos arrasados por la tecnología y excluidos de lo que ahora se define como:
“Un tren que está en marcha, que va a toda velocidad y que no sabemos bien dónde va a parar, pero en el que estamos subidos.”
El reto está ahora en asumir los nuevos ritmos y la nueva dinámica de este tren del cual no podremos bajar. Y ese reto se sintetiza en la necesidad de reconstruir los antiguos puentes tendidos por nuestros abuelos y nuestros padres cuando les tocó abordar trenes quizás menos rápidos pero igualmente desafiantes e innovadores como lo fueron, cada uno a su tiempo, el periódico impreso, el cine, la radio, la televisión abierta y la televisión por cable.
“El debate actual está en cómo llegar a la gente a través de ellos”, dice Ricardo Roa, editor general adjunto del diario Clarín de Argentina.
Los diarios impresos hacen cada día enormes esfuerzos por acercarse a la gente, por representarla, por mostrarla, por hacerle sentir que está ahí adentro, en esas páginas, por hacerle sentir que es protagonista de historias conmovedoras, aleccionadoras, bien contadas, por ofrecerle servicios, por entregarle opciones y alternativas para que tome decisiones que tengan como fin mejorar su vida.
El mismo esfuerzo, o quizás mayor, demandan los diarios digitales. Primero, les toca armar un equipo de calidad y mística, comprometido con la misión de informar y dispuesto a correr el riesgo y hacer el enorme esfuerzo de abrir nuevos caminos.
Segundo, construir una base de credibilidad y verosimilitud, lo que a la larga le dará prestigio y lectores fieles. Tercero, les toca ser eficaces en el manejo informativo logrando una sinergia entre la velocidad para poner la información en el sitio web y la precisión, la exactitud y el rigor periodísticos.
La redacción online no puede quedarse en el escritorio. Tiene la obligación de salir a conocer sus públicos, de aprovechar las posibilidades para interactuar con sus lectores, mantener contactos permanentes y enriquecer infinitamente las fuentes de información.
La redacción online debe aprehender la realidad y transmitirla con calidad periodística, multiplicar voces y democratizar los espacios, ser sensible a las nuevas tendencias y ponerlas en escena, saber escuchar de qué está hablando la gente, en qué anda, qué come, qué necesita, qué información le es útil, qué preferencias de lectura tiene, qué desea mirar más allá de la rutina y de su entorno, qué clase de historias quiere leer.
Si muchos diarios impresos se han estancado, han perdido la sensibilidad social o han caído en la rutina, los periódicos digitales están en la obligación de llenar los vacíos que han dejado aquellos medios y cumplir el rol que muchos de aquellos diarios olvidaron: ayudar al mundo a comprender lo que es el mundo.
6. El lector digital y el periodista universal
¿A qué lector deben dedicarse los esfuerzos de la redacción online para satisfacerlo y conocer qué nuevos enfoques son necesarios en las coberturas informativas en Internet? Aunque aún está en proceso la definición de un perfil del lector de Internet, ya se conocen ciertas pautas y puede hacerse un boceto de aquel perfil:
– Tiende a ser más especializado. Tal vez el periódico encuentre su círculo de lectores no en el mismo lugar físico, sino que se encontrarán distribuidos en el planeta. Será parte de una comunidad virtual, personas que comparten los mismos intereses aunque estén localizados a grandes distancias uno del otro.
– Busca sólo las noticias que le interesan. Quiere tener la oportunidad de elegir, entre una amplia oferta, aquella información que le afecte según sus condiciones y aspiraciones personales.
– Tiene conocimientos de multimedia, sabe algo de informática, le interesa las nuevas tecnologías.
– Gusta descubrir cosas: no es pasivo y explora Internet hasta encontrar las páginas que más le atraigan a sus inquietudes de información y entretenimiento. Demanda innovación permanente.
– Es joven o tiene actitud joven. Es una generación menos lectora o refractaria a la solución monomediática de lo impreso y es más abierta a códigos visuales, diseño, interactividad, efectos tecnológicos, etc.
– Se siente más cercano al equipo de redacción de los periódicos digitales. La interactividad y la inmediatez que ofrece el Internet le da la posibilidad de sentirse parte de la redacción, de charlar con los editores, cuestionar su trabajo y ser parte del periódico al proporcionar información.
– Lee Internet en forma discriminada. Sólo entra y se queda en aquello que le interesa.
Muchas veces se dice o especula que las nuevas tecnologías, como Internet o la multimedia, terminarán desplazando a los periodistas y marcarán la muerte de los editores.
Pero no es así. El buen periodismo, el que no pierde su esencia ética ni sus principios de calidad y responsabilidad social, el que tiene la capacidad de visión y perspectiva de la realidad y del mundo, estará siempre vigente, sea cual fuere el medio a través del cual le corresponda transmitir sus noticias.
Termino con una cita del maestro periodista británico David Randall:
“Sean cuales sean nuestras predicciones sobre el futuro, el de los buenos periodistas será más brillante que el de muchas personas que auguran nuestra desaparición. La información se podrá transmitir sobre papel, a través de ondas, mediante cables de fibra óptica, vía satélite o por telepatía, pero, en todo caso, alguien tendrá que filtrarla, investigarla, comprobarla, cuestionarla, escribirla y presentar unos resultados tan dignos de confianza como sea posible. ¿Quién se encargará de estas tareas? El  periodista universal…

“Periodismo por dentro”, de Rubén Darío Buitrón y Fernando Astudillo

Libro Periodismo por dentro

Por Rubén Darío Buitrón

Periodismo por dentro fue escrito por los periodistas Rubén Darío Buitrón y Fernando Astudillo, sobre la base de su intensa experiencia de trabajar juntos, codo a codo, en la dirección editorial de Diario El Universo.

Rubén Darío Buitrón fue Editor General del Diario desde 1999 hasta mediados de 2004, mientras que Fernando Astudillo, quien era parte del equipo de dirección, sigue trabajando en El Universo hasta ahora.

La experiencia fue tan enriquecedora, tan nueva y tan desafiante que ambos decidieron escribir este libro, no solo de la vida cotidiana en la sala de Redacción de El Universo, sino sobre todo, como reza el subtítulo del libro, en torno a la necesidad de que los medios y los periodistas tienen la obligación ética de hacer “una pausa en medio de vértigo” para reflexionar y saber exactamente qué se está haciendo bien y qué se está haciendo mal.

El libro habla también acerca de las reflexiones profundas que los autores hacían sistemáticamente con relación a la responsabilidad del periodista desde su formación académica y personal hasta su inserción en un equipo informativo cuyo norte fundamental era servir a los demás, ser útiles a los lectores y crear secciones, páginas y espacios destinados a los nuevos públicos a la par del crecimiento de Internet, por ese entonces no tan avasallante como ahora, una década después de que Ciespal publicara el texto.

Ciespal admite que Periodismo por Dentro es uno de los libros más consultados en su serie Inti Yan por catedráticos, analistas, profesores, jefes de redacción, periodistas y estudiantes http://ediciones.ciespal.org/libros/periodismo-por-dentro-ruben-dario-buitron/

Por ciertos hechos internos y externos no pudo volver a ser editado ni actualizado, lo cual hubiera sido un acierto tras el cambio profundo que experimentaron los periodistas, las salas de redacción, los medios, los lectores y los ciudadanos cuando asumió el poder por diez años el presidente Rafael Correa.

Correa fue un conservador progresista que se declaró enemigo de lo que él llamó “prensa corrupta” en referencia al rol que juega en la sociedad la prensa privada (tema de nuestro siguiente análisis en este blog) y que creó en el imaginario colectivo la idea de que todos los periodistas mienten, distorsionan, sesgan y perjudican a la sociedad al informar de una manera interesada y poco transparente.

Pero este tema ya es un asunto de un nuevo libro que Rubén Darío Buitrón se encuentra escribiendo y que aparecerá a mediados de este año.

Mientras tanto, recuerden que aún pueden comprarlo vía online entrando a la página de Ciespal o acercándose a su biblioteca.

Nos complace reproducir lo que Ciespal expresa de este libro que, en forma particular, me enorgullece mucho haberlo escrito junto con Fernando Astudillo.

Dice Ciespal:

“Esta publicación está escrita por periodistas y dirigida a periodistas; reúne las experiencias de dos reporteros a lo largo de su trajinar recorriendo fuentes, realizando entrevistas y preparando noticias.

Es un análisis que plantea una filosofía común de trabajo y unifica el concepto de cómo debe funcionar una Sala de Redacción y cómo debe ser un medio de comunicación.

Es el resultado de un alto en el diario trajinar de un periódico, donde la adrenalina y el vértigo de hacer noticias son maravillosos, pero dejan poco espacio a la reflexión, al análisis y, especialmente, a la autocrítica”.

 

 

 

¿Un periódico ciudadano?

Periòdicos en kiosko

Por Rubén Darío Buitrón

La historia ocurrió en Riobamba y me la contaron estudiantes de periodismo de la Universidad Nacional de Chimborazo.

Un día llegaron tres altos funcionarios de la Secretaría de Comunicación del Régimen.

Recibidos por periodistas locales y con auditorio lleno, los altos funcionarios expresaron su orgullo por uno de sus productos estrella: el periódico El Ciudadano.

En el foro, una estudiante de periodismo preguntó por qué si el periódico se llama El Ciudadano los protagonistas de los temas que aparecían en ese diario eran el Presidente de la República, los ministros, los viceministros, los voceros oficiales, las autoridades locales, pero no la gente común..

Era (es) una pregunta pertinente. De sentido común. Una pregunta que implicaba pedir a los representantes del Gobierno que explicaran por qué hablaban de una revolución ciudadana si en ella no está la gente, sino un específico grupo de políticos que maneja el poder.

Una pregunta que demandaba conocer de qué revolución se habla si, en realidad, lo que habíamos vivido era una transición entre el populismo de derecha y el populismo de izquierda.

La estudiante contaba que la explicación que dieron los altos funcionarios fue esta: “Es un periódico institucional y respondemos a una línea política”.

Se trató de una curiosa respuesta de quienes tienen del deber de expresar los sentimientos del pueblo, de quienes nunca han estado en el poder, de los pobres, de los explotados, de la gente que jamás fue tomada en cuenta por la prensa burguesa discriminatoria.

La estudiante que hizo la pregunta fue parte de un grupo universitario al que, justo por esa época, se le había frustrado el proyecto de mantener vivo su periódico mensual La Primicia.

Su visión era llegar a ser un diario con un estricto sentido del rigor periodístico, un diario en el cual el protagonista no fuera el poder sino la gente común, la gente que tiene mucho que decir, mucho por contar.

El periódico solo pudo circular seis números porque el entusiasmo no fue suficiente: un medio impreso cuesta mucho dinero y los anunciantes no apostaron por una propuesta nueva.

La Primicia tenía un código de ética y principios inclaudicables: buscar la verdad confrontando versiones, tener claro que la información no pertenece al periodista sino a la sociedad, estar cerca de la gente…

La Primicia quiso ser un periódico de la gente, pero no tuvo financiamiento para sobrevivir.

El Ciudadano tenía todo el dinero, pero atravesaba dificultades para hacer honor a su nombre.

Paradojas de la revolución del siglo XXI.


Rubén Darío Buitrón: ¿Es posible el “fair play” en la política ecuatoriana?

“La guerra es la continuación de la política por otros medios” es una célebre reflexión de un genial estratega militar del siglo XIX: Clausewitz.

Recordé esta frase en medio de la ruptura interna de Alianza PAIS y la vorágine ideológica y militante dentro y fuera de la organización, con ciudadanos confundidos y desorientados, con dardos venenosos contra fantasmas de humo y con seguidores de una u otra tendencia que creen todo lo que ven o escuchan en las redes sociales.

Parafraseando a Clausewitz, en el siglo XXI “la guerra es la continuación de la política por las redes sociales”.

Meses antes de morir, en 2015, el intelectual y novelista italiano Umberto Eco (autor, entre otras grandes novelas, de El nombre de la rosa) fue implacable contra el daño que hacen las redes sociales cuando se las usa con fines amarillistas o para envenenar a la sociedad.

En una conferencia en la Real Escuela de Equitación, en Turín, donde recibió el doctorado honoris causa a la Comunicación, desató la polémica cuando -según refirió el diario La Stampa- dijo que “el drama del internet es que ha promovido al tonto del pueblo como portador de la verdad”.

Y remató: Las redes sociales dan la palabra a una legión de idiotas y pidió a la prensa –a la cual también dio palo- “crear filtros para mejorar la calidad de la información”.

Ecuador no debe permitir lo que alguien llamó “la victoria de los necios”. ¿Una sociedad democrática puede debatir, apasionada pero respetuosamente, sus puntos de vista?

¿Debe temerle al disenso o gracias a la actitud de escuchar a quien discrepa construye cimientos más firmes?

Desde hace tiempo asistimos a una vertiginosa sucesión de ataques y contraataques ocultos en la creciente ola de fake news (noticias falsas) que mucha gente cree y toma posición a partir de ellas.

No comparto que la disputa deba llevarnos a extremos de irrespeto a las personas. La política debiera debatirse bajo las reglas futbolísticas del fair play: jugar limpio y no crear hechos que jamás ocurrieron solo para agredir y dañar al adversario.

Por un país maduro y sereno, anhelo que, esta vez al menos, Eco y Clausewitz estén equivocados.

Rubén Darío Buitrón, el periodista que escucha los latidos de la sensibilidad

Monseñor Luna

Por Carlos Berrezueta

La frialdad de la pantalla de mi Apple no dejará huella alguna de las lágrimas que se han escapado de mis ojos al hacerlos correr por las cristalinas, tibias y sencillas palabras con que Rubén Darío Buitrón captura un instante – el del ocaso- de un ser poseído por el fuego de la verdad que, generosamente, repartía a manos llenas desde lo más profundo de su corazón a los sedientos de justicia, de amor y comprensión.

Es que el poeta ha hecho un alto en la diaria batalla por la verdad que representa su otra gran pasión: el periodismo.

Por eso, la magia de su palabra ha alcanzado el vuelo de los astros para acercarnos a descubrir el alma de un verdadero seguidor de Cristo.

O mejor: el periodismo se confunde con la poesía cuando se trata- como en esta caso- de escuchar los latidos, de adivinar en el silencio de la memoria perdida los intersticios de una vida al servicio de los condenados de la tierra, de quien fustigó la mezquindad de los poderosos, la arrogancia y vanidad de gobernantes cegados por el brillo de la efímera pompa del poder.

Gracias al escritor Rubén Darío Buitrón por hacerme palpar que sí hay seres capaces de reavivar mi fe y amor por el Ecuador.

Gracias por exponer el ejemplo de vida de monseñor Luis Alberto Luna, que se contrapone a tanto fatuo que ejerce el poder pensando en alimentar su megalomanía con premios y dudosos doctorados honoris causa.

Gracias por correr la cortina y hacerme ver que no hay más grande honor que una vida entregada al servicio de los demás.

Gracias por honrar a quien representa la fuerza telúrica del Ecuador profundo.

La cristiana y sencilla vida de monseñor Alberto Luna es la única causa de honor que merece respeto, y que es y será un faro eterno para las venideras generaciones.

¡Viva la revolución del espíritu!

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Lee la crónica sobre Monseñor Luna en loscronistas.net

 

 

 

 

 

La mediocre y vengadora prensa digital ecuatoriana

Redes sociales II

Por Rubén Darío Buitrón

No voy a generalizar. En el periodismo ecuatoriano existen medios, digitales y tradicionales, que realizan esfuerzos notables por construir un periodismo bien escrito, documentado, ético, contrastado, verificado, al servicio del bien común.

También existen periodistas que viven en el país o fuera de él y que van consolidando la presencia del Ecuador como uno de los referentes periodísticos en América Latina.

Esta vez, sin embargo, quiero hablar de un medio digital que es un ejemplo de lo que está pasando con al menos una treintena  de ellos.

Aquel se produce en Guayaquil, que lleva el nombre de la ciudad -aunque de manera críptica anglosajona, como jugando con las palabras y los sentidos en la línea Tarantino- y que ha venido mutando de un espacio donde se exponía, con plena libertad y con altos niveles intelectuales, lo mejor del pensamiento social, político, cultural y ciudadano de los artistas, creadores y pensadores de esa ciudad.

Su aparición, que fue un suceso notable tanto por sus contenidos como por sus colaboradores, fue un soplo de aire fresco, tan necesario y oportuno cuando el Ecuador, hace más de diez años, había empezaba su camino en busca de su propio reencuentro tras una larga crisis económica, política y social que vivió el país.

Por eso era importante que se expusieran la diversidad y la calidad de reflexiones sobre la realidad de la ciudad y del país en el contexto de una sociedad cuya contundente mayoría buscaba una salida a sus círculos viciosos, a sus incertidumbres, a sus preguntas, a sus dudas, a sus derrotas, a su manera tan particular –comparada con la idiosincrasia de los hermanos de otros países de América Latina- de mirar la realidad a través de un velo de pesimismos colectivos, de históricos complejos de inferioridad, de frustraciones patrióticas y de sueños de venganzas patrioteras.

El Ecuador cambiaba poco. A veces nada. Pero fue al inicio de este siglo, paradójicamente tras la firma de la paz con el Perú -por una absurda enemistad que los militares de los dos lados de la frontera común la usaron para enriquecerse con las comisiones, porcentajes y coimas que recibían de la poderosa industria bélica mundial- y luego de que estallara una crisis bancaria que desnudó la corrupción de la plutocracia y que provocó el masivo éxodo a España, Italia y Estados Unidos de más de dos millones de compatriotas cuyo dinero depositado en los bancos se lo robaron los dueños de esos bancos.

El siglo XXI es, por obra de aquellos dos sucesos que marcaron la historia contemporánea de nuestro país, la época en la que han venido surgiendo nuevas tendencias, nuevos grupos, nuevos intentos de hacer política, nuevas tribus urbanas, nuevos pensamientos y nuevos espacios para difundir estos nuevos pensamientos.

En ese contexto fueron apareciendo productos digitales de la más amplia diversidad temática y técnica: se fortalecieron las redes sociales, en especial Facebook y Twitter, con más de 11 millones de seguidores y usuarios, y el internet pasó a convertirse en la herramienta básica de los ecuatorianos para comunicarse, informarse, entretenerse, reflexionar, divertirse, abrir nuevos espacios de expresión como los blogs, los canales de youtube, instagram, entre otros.

Así apareció aquella revista digital que empezó con los mejores augurios y que ahora es un pasquín dedicado a manchar reputaciones, a especular con hechos no comprobados, a repetir, sin comprobarlo, rumores, versiones, calumnias, infamias, vilezas y hechos distorsionados.

Es un pésimo resultado de todo lo que ocurrió entre el 2006 y el 2016.

Los medios gubernamentales declararon la guerra a los grandes medios privados y ambos sectores se encerraron en sí mismos.

Construyeron fortalezas unidireccionales y sesgadas, dejaron de hacer periodismo y convirtieron a sus canales de televisión, radiodifusoras, periódicos y páginas web en armas de destrucción de unos contra otros.

Por esa razón, muchos creímos que era urgente, necesaria y legítima la aparición de espacios digitales alternativos a esas dos fuerzas omnipotentes.

Hoy contamos con al menos 30 periódicos y revistas digitales en el país, si consideramos los espacios que mantienen regularidad, aunque la mayoría son trincheras de ataque político disfrazadas de “plataformas periodísticas de investigación”, sin que quien les sigue en redes sociales llegue a entender por qué sus líneas editoriales (si las tienen) se basan en odios, en venganzas, en desprestigios, en la construcción del enemigo, como decía Umberto Eco, para luego tener un blanco al que apuntar.

El problema de los otros, de los que aparecen en una coyuntura y desaparecen en otra, de los que tienen financiamientos oscuros de distintos poderes (desde la CÍA hasta los dueños de los bancos privados) en qué manos cayeron, quiénes los dirigen, quiénes están detrás de ellos, quiénes usan los espacios para revanchas personales, quiénes hacen periodismo y quiénes entienden el oficio como una herramienta para injuriar a sus adversarios.

Cuánta necesidad tenemos ahora en el Ecuador de volver a los orígenes éticos del periodismo y a su función esencial: construir ciudadanía, construir sociedad y construir país sobre la base de una información responsablemente elaborada, plural y democrática e inteligente.

Mucho más si más de 13 millones de cibernautas locales navegan en las redes en busca de información que no sea sesgada, que no sea gris, que no sea escrita desde las vísceras de unos y otros, enfrentados desde el poder y desde el contrapoder. Es decir, desde las mismas trincheras que intercambian según el humor de los clientes de las urnas.