Ecuavisa, la gran decepción nacional

“Cuando miro Ecuavisa me arrepiento de haber estudiado periodismo, les queda muy grande el término de prensa libre”, dice Adriana Zambrano Mera en su página de Facebook.

No conozco a Adriana, pero la veo en su foto de perfil: joven, de rasgos finos en su rostro, sus comentarios son interesantes e importantes.

Pero este, el que se refiere a Ecuavisa, me parece esencial: marca un punto de inflexión que debe apuntar hacia la renovación total de la tenencia de las frecuencias de los medios de comunicación.

No es posible que se deje en el olvido lo ocurrido este domingo 2 de abril: el caso del fraude mediático de Ecuavisa, Cedatos y el candidato presidencial perdedor para posicionarlo como ganador y engañar al país.

Pero más allá de que existan sanciones penales y legales contra estos tres protagonistas de un abortado golpe mediático (y político, claro) en contra del proceso de la revolución ciudadana, corresponde ahora repensar en que nuestros jóvenes, como en el caso de Adriana Zambrano Mera, no se decepcionen del periodismo sino de una forma obsoleta y maliciosa de hacer lo que ellos, la gran prensa, llaman periodismo.

Tampoco se trata de defender a la revolución ciudadana como si fuera un proceso intachable en el cual se debe creer a ciegas.

No. Este blog ha sido reiteradamente claro en exigir a los mandatarios y a quienes han estado a la cabeza del movimiento gobernante, Alianza PAIS (AP), cambios radicales que van desde la manera cómo se eligen a los altos dirigentes de AP, que han fallado al no lograr la construcción de un partido o de una tendencia sólida, consistente y plural.

Adriana Zambrano se decepciona del periodismo y espero que no deje de seguir su camino en el oficio, pero detrás de su decepción de cómo se maneja la gran prensa, la que defiende los más poderosos intereses económicos y financieros y comerciales de la oligarquía ecuatoriana arropada ahora en una peligrosa y violenta derecha ideológica.

Esa derecha ideológica que logró reunir, alrededor de Lasso, desde los grupos fascistas extremos y el Opus Dei hasta el extremismo infantil de grupos indígenas militantes de la debilitada Conaie y una izquierda enceguecida y fanatizada incoherente cuya actitud se dibuja con claridad cuando subió a la tarima de campaña presidencial y llegó a cantar, tomada de la mano con el banquero y excandidato, el himno de los pobres, el himno de los desposeídos: “El pueblo unido jamás será vencido”.

Pero la decepción de Adriana Zambrano hay que curarla con nuestra actitud ciudadana frente a los medios de comunicación no solamente privados, tradicionales y, muchas veces, voceros de actitudes y posiciones mercenarias.

Es esencial, en este momento, que comprendamos que hemos perdido tiempo, como Estado y como ciudadanos, en la construcción de un poderoso sistema público de medios de comunicación e información que se convierta en una alternativa contundente y absolutamente confiable.

La UNESCO es muy clara en sus conceptos sobre la prensa pública que, como insisto siempre, no es gubernamental ni estatal, sino ciudadana:

“Los medios públicos y comunitarios deben estar protegidos institucionalmente y deben tener garantizado su financiación para que puedan ejercer sus funciones centrales para la consolidación de las democracias.

Los medios públicos son medios hechos, financiados y controlados por el público, para el público. No son comerciales ni de propiedad gubernamental, son libres de la interferencia política y la presión a partir las fuerzas comerciales.

A través de los medios públicos, los ciudadanos son informados, educados y también entretenidos. Cuando garantizada con pluralismo, diversidad, independencia editorial, financiación apropiada, rendición de cuentas y transparencia, la radiodifusión de servicio público (RSP) puede servir como una piedra angular de la democracia”.

http://www.unesco.org/new/es/office-in-montevideo/comunicacion-e-informacion/desarrollo-de-los-medios/medios-publicos-y-comunitarios/

Esa es la construcción que aún no empieza. O, que si ha empezado, no ha tenido el empuje suficiente en la medida en que los ciudadanos no son conscientes de que ellos, y no ningún grupo político ni financiero, son los dueños, los propietarios, los directivos, los editores y los constructores de las agendas informativas.

¿Cómo se construyen esas agendas informativas en un medio público?

Con la participación directa de un grupo plural de ciudadanos que tengan formación y que lleguen a las instancias directivas sobre la base de concursos de méritos y conocimientos pero, sobre todo, con la comprensión de lo que el resto de ciudadanos que conforman la sociedad quiere y demanda conocer sin sesgos, sin intereses ocultos, sin patrones que diseñan líneas editoriales pensando en sus propios bolsillos.

Hacia esa ruta hay que caminar.

No es fácil, porque, incluso, algún sector del gobierno no logra asumir que los medios públicos en el Ecuador no existen y no existirán en tanto no se deje a los ciudadanos edificar una prensa nueva, fresca, distinta, con alta credibilidad pero también con alta calidad en sus contenidos y en sus puestas en escena.

Mientras eso no suceda, la joven Adriana Zambrano Mera tendrá razón en decepcionarse de lo que tiene a la mano: medios oscuros y sinuosos que se dejan utilizar para fraudes mediáticos, medios comprometidos con el pasado y no con el futuro.

Once libros escritos por periodistas

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Si estás buscando un próximo libro para leer, mira esta selección de 11 libros escritos por periodistas que todos debemos leer.

 

1. A sangre fría – Truman Capote

Seis años le llevó al periodista y escritor estadounidense Truman Capote dar vida a esta novela que fuera finalmente publicada en el año 1966. Aclamada por la crítica, la historia gira en torno a un múltiple asesinato. Un detallado trabajo de campo le permitió a Capote dotar la captura, confesión, condena y posterior ahorcamiento de los autores del crimen de gran realismo.

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2. Operación masacre – Rodolfo Wash

“Operación masacre” es una de las primeras novelas de no ficción escritas en español. El libro, publicado en 1957, reúne toda la investigación del periodista argentino, Rodolfo Walsh, acerca de los hechos ocurridos el 9 de junio de 1956 en Buenos Aires. Tras dos generales sublevarse contra el gobierno de facto, que había destituido a Perón en septiembre de 1955, se produce lugar una brutal represión que tortura y acaba con la vida de varias personas.

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3. Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico – Leila Guerriero

También de mano de una periodista argentina llega este libro de crónicas que logra narrar de manera inigualable la oleada de suicidios que entre los años 1997 y 1999 tuvo lugar en la pequeña localidad alejada de las grandes ciudades, Las Heras. Con un detallado trabajo de campo como trasfondo, Guerreiro logra conjugar la reconstrucción de estas tragedias con la rutina de una localidad prácticamente en el medio de la nada.

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4. Diez días que conmovieron al mundo – John Reed

Recurriendo en casi toda la obra a la modalidad de reportaje, el periodista norteamericano John Reed, narra desde las calles los sucesos que tuvieron lugar durante la Revolución Soviética de Octubre (1917). Tal fue el impacto de este trabajo publicado en 1919, que el propio Lenin recomendó su lectura, traducción y difusión.

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5. Las aventuras del capitán Alatriste – Arturo Pérez-Reverte

“Las aventuras del capitán Alatriste” es una colección de siete libros que tienen la autoría del escritor y periodista español Arturo Pérez-Reverte. El relato nos llega de mano de Iñigo de Balboa, un pequeño niño que cuenta la historia de Diego Alatriste y Tenorio, más conocido como capitán Alatriste, un veterano que tras servir en los tercios de Flandes malvive en las calles de Madrid.

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6. Ébano – Ryszard Kapuscinski

Considerado por muchos como el mejor reportero del siglo, en este libro Kapuscinski se sumerge en la vida del continente africano. Lejos de caer en los lugares comunes u ofrecer una mirada distante, este periodista nacido en Bielorrusia vive en las casas de los arrabales más pobres, enferma de malaria cerebral, se expone a los guerrilleros y se desespera como cualquier habitante de la región.

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7. La pasión según Trelew – Tomás Eloy Martínez

Este trabajo del periodista argentino Tomás Eloy Martínez que fuera publicado por primera vez en 1973, aunque más tarde prohibido y quemado, relata los hechos ocurridos en Trelew el 22 de agosto de 1972 cuando 16 guerrilleros, acusados de promover un intento de fuga, fueron fusilados por sus carceleros. En sus páginas se esconde una narrativa fascinante acerca de lo que fue una de las rebeliones encendidas de este país latinoamericano.

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8. El corazón helado – Almudena Grandes

Este libro de la escritora y periodista madrileña Almudena Grandes publicado en el año 2007, gira en torno a la vida de Julio Carrión. Un poderoso hombre de negocios de quien, el día de su muerte, sus hijos descubren que además de una acaudalada herencia también les ha heredado varios oscuros secretos de su pasado y su paso por la Guerra Civil y en la División Azul.

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9. El ladrón de orquídeas – Susan Orlean

Publicada en 1998 por la periodista y escritora estadounidense Susan Orlean, esta obra gira en torno a Laroche, un hombre buscavidas que se sumerge en la difícil tarea de clonar una orquídea llamada fantasma, persiguiendo dos finalidades. La primera de ellas hacerse rico y la segunda evitar que esta plantea se extinga por causa de su tráfico ilegal.

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10. La hoguera de las vanidades – Tom Wolfe

Escrita en el año 1987 por el periodista estadounidense Tom Wolfe, esta novela ha sido considerada una excelente sátira a las costumbres de la sociedad en Nueva York. En sus páginas Wolfe aborda las exclusivas fiestas de Park Avenue, el submundo que se esconde tras la policía y los tribunales del Bronx, el universo Harlem, el mundo de las altas finanzas, entre otros rincones que hacen a esta ciudad estadounidense.

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11. Al pie de un volcán te escribo – Alma Guillermoprieto

En este trabajo, la periodista, bailarina y profesora mexicana Alma Guillermoprieto, da vida a 12 crónicas a través de las que cuenta la dolorosa realidad que vivieron varios países latinoamericanos entre los años 1989 y 1993. Historias que cuando las termines de leer te obligarán a ver el mundo con otros ojos.

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Fuente: Universia

Las herramientas del reportero

Reportero gráfico

Rubén Darío Buitrón|@rd_bui

‘Un reportero necesita un conjunto de capacidades que le permitan descubrir hechos y registrarlos con precisión. Requiere también un equipo técnico básico y buen equipo mental”.

La definición del maestro británico David Randall, en su libro ‘El periodista universal’, es exacta.

Y la recordé cuando miraba una foto en la que un grupo de periodistas abordaba a un funcionario público.

En la imagen destacaban dos reporteros: ambos sostenían sus grabadoras digitales con dirección a la persona que hablaba, pero había una diferencia.

Mientras uno de ellos solo tenía la grabadora, el otro estaba armado de lo que Randall define como equipo técnico básico: una libreta y un esfero.

No se trata de satanizar el uso de la grabadora y demonizar el neologismo ‘desgrabar’, pero sí es importante que los reporteros valoren que la herramienta tecnológica, por más sofisticada que fuera, debe ir acompañada, siempre, del instrumental más simple y eficaz: libreta y esfero.

Randall lo explica: “Sin dejar de usar la grabadora, es muy importante el cuaderno de notas. Aparte del riesgo de un fallo técnico, las grabadoras tienen limitaciones: solo registran las voces, pero no lo que se ve. Y transcribir una grabación es más lento que hojear apuntes de un cuaderno”.

Lejos de sentir desconsuelo por el futuro del oficio en una época donde abunda la cibernética y en el cual incluso el celular sirve para entrevistar, un día realicé el ejercicio que Randall aconseja.

Un editor que viajó cuatro días a Sucumbíos para una serie de crónicas vino con tres libretas llenas de observaciones, detalles, descripciones, cifras, ambientes, climas, sabores, gestos, expresiones, rostros.

Otro me contó cómo fusionan la tradición y la modernidad: usa cuadernos y esferos, pero también graba en su iPhone ideas, en especial cuando no alcanza a escribirlas al hablar con la gente o cuando tiene urgencia de describir un hecho que no debe dejar pasar.

Un reportero que viajó al Yasuní, donde estuvo cinco días, trajo tanto material que le costó mucho escribir su crónica al revisar tanto detalle registrado en sus dos grabadoras y sus tres libretas.

Confirmé la sentencia de Randall: “Si un reportero necesita que se le recuerde que debe llevar un esfero, debería ir pensando en dedicarse a otra profesión. Pero sorprende encontrar decenas de reporteros experimentados que olvidan llevar algo tan esencial como la libreta de apuntes”.

Ese periodismo matará a la gran prensa

ESE PERIODISMO MATARÁ A LA GRAN PRENSA (I)

Mientras en los periódicos impresos del mundo, incluidos los de grandes países, aún luchan por entender las semejanzas y diferencias entre la información en papel y la información en formato digital o web y no encuentras las formas de ganar dinero con los contenidos digitales que, en general, son los mismos del impreso, hay ciertas formas de periodismo que van por delante y nosotros y que, metafóricamente, van a matar al periodismo convencional de la radio, la televisión y los medios impresos.

ESE PERIODISMO MATARÁ A LA GRAN PRENSA (II)

Se trata del periodismo ciudadano, una manera muy distinta de decir las cosas como son, una forma de mostrar lo que la gente común quiere, necesita, demanda, exige. Ahora que gracias a las redes sociales cualquier persona puede filmar y subir a sus espacios digitales cualquier tema que esté ocurriendo ese momento (por ejemplo, vía Facebook Live), ese periodismo ciudadano viene empujando fuerte y ya se expresa con mucha fuerza en los países donde por una u otra razón la prensa convencional manipula los temas o los regímenes impiden que se difunden ciertos asuntos que políticamente no le conviene sean conocidos por los ciudadanos.

ESE PERIODISMO MATARÁ A LA GRAN PRENSA (III)

Agobiados y cansados de que lo que se llama “la gran prensa” (cada vez más obsoleta, porque sigue victimizándose desde su mito de la “independencia” o porque no encuentra los caminos para actualizarse y ser contemporánea), los ciudadanos mediáticos usan dos herramientas sencillas que si siguen propagándose –como en efecto está ocurriendo- pueden hacer mucho daño, aunque si lo vemos con otra óptica será lo mejor que le pueda ocurrir al mundo y a sus sociedades: que el propio ciudadano, sin intermediarios sesgados o censores oficiales, cuente lo que ve y muestre a todos sus seguidores la realidad sin filtros.

ESE PERIODISMO MATARÁ A LA GRAN PRENSA (IV)

Con solo un “smartphone” y una pequeñísima camarita de televisión, sencilla y barata que se acopla al teléfono, estos ciudadanos de a pie, que no son periodistas pero sí gente con ganas de decir muchas cosas que antes no podía por falta de espacio, filma los hechos noticiosos y los sube a un canal de YouTube. O, más sencillo aún, simplemente activa su teléfono, busca la aplicación de Facebook Live y transmite ese momento, sin necesidad de aparataje complejo ni reporteros ni camarógrafos profesionales, lo que la gente de muchas partes de su país o del mundo quiere conocer. Con esos recursos sencillos y baratos ya se puede informar de la manera que la mayoría de personas viene reclamando hace mucho tiempo. Este es el nuevo periodismo.

¿Periodistas o partidarios?

¿PERIODISTAS O PARTIDARIOS? (I)

Un periodista es un ciudadano que forma parte de una sociedad. En esa dimensión humana, es absurdo que en las universidades al estudiante se le forme, como hasta ahora hacen los malos maestros de periodismo, con los inútiles y absurdos conceptos de que el periodismo debe ser “objetivo, veraz e imparcial”. Ya lo han dicho el gran presidente uruguayo José Mujica: “ser neutral en América Latina es una infamia” y, a su modo, nuestro escritor guayaquileño Joaquín Gallegos Lara: “En América Latina, ser feliz es una canallada”.

¿PERIODISTAS O PARTIDARIOS? (II)

Los mediocres profesores de periodismo suelen repetir la manida (y supuestamente intachable) fórmula de que el periodismo debe ser “objetivo, veraz e imparcial”. Se trata de una fórmula concebida hace más de un siglo y medio por los nuevos y poderosos dueños de los medios de información impresos. Somos seres humanos, es decir subjetivos, no objetivos: si fuéramos “objetivos” perderíamos nuestras particulares sensibilidades frente a los hechos que queremos contar. Somos seres humanos, es decir, no podemos decir que tenemos “la verdad”, pero en tanto seres humanos nos volvemos perfectibles, abiertos a los errores y a percepciones equivocadas o parciales. Somos seres humanos y sentimos que algo nos parece injusto o inmoral o cobarde o truculento, en especial del poder, de los poderes: ¿cómo ser imparciales frente a la realidad?

¿PERIODISTAS O PARTIDARIOS? (III)

Sin embargo, nuestro deber no es abusar de la condición de subjetivos y no neutrales para imponer un punto de vista al público. Hoy, por ejemplo, la gran prensa destaca en sus portadas la presencia en Quito de un líder opositor de un viejo partido al que suele combatir el correísmo. Y la otra prensa, la oficialista (porque aún no existe la prensa pública en Ecuador) intenta ignorarlo con titulares que lo ridiculizan. Un país partido en dos tiene una prensa partida en dos. Y eso no es sano. Una y otra deben explicar con razones su posición y tienen que anticipar a sus lectores que la línea editorial del medio está a favor o en contra de un hecho o de un personaje. Tener esta certeza nos ayudaría mucho a saber de qué nos quiere hablar la prensa.

¿PERIODISTAS O PARTIDARIOS? (IV)

El periodista debe ser equilibrado y justo, lejos de que sus simpatías o antipatías frente a los hechos o a los personajes sean unas u otras. Si sucede algo importante, aunque al periodista y al medio no les guste, aunque el dueño de la empresa noticiosa asegure que aquello no empata con sus valores, el periodista está obligado a informar con el mayor acercamiento a los hechos, sin distorsionarlos ni sesgarlos. Una cosa es lo que siente y otra que vuelque lo que siente y perjudique a las audiencias omitiendo o desviando el punto central de lo que cuenta. Equilibrio y justicia para contrastar, presentar la nota con todas las voces involucradas, sin desbalances. Esa es la ética: el público está por sobre mis creencias, prejuicios y puntos de vista.

Periodistas y censura en los medios

PERIODISTAS Y CENSURA EN LOS MEDIOS (I)

Que quede claro. El único deber social que tenemos los periodistas es servir al interés de la mayoría, al bien común. No nos debemos a nadie más. Y si alguien nos dice o nos ordena que no podemos publicar algo, debe tener argumentos más poderosos que los nuestros para no que lo hagamos, pero argumentos en función del bien común.

PERIODISTAS Y CENSURA EN LOS MEDIOS (II)

Si los periodistas investigamos un tema y este tema puede cambiar las condiciones de las víctimas, de los perjudicados, de la mayoría de los ciudadanos o de los intereses del Estado,  nadie puede impedir que no se publique el tema. Si alguien nos dice que publicar el tema perjudica al medio, esa empresa no está haciendo periodismo sino lucrando del periodismo.

PERIODISTAS Y CENSURA EN LOS MEDIOS (III)

Es necesario, sin embargo, estar claro en qué medio estamos trabajando. Y ahí es donde entra la ética personal. Si los valores y los principios de la empresa de comunicación no empatan con los del periodista, este no tiene nada que hacer allí porque tarde o temprano chocarán su ética y su responsabilidad social con el afán de ganar dinero a cualquier costo antiético.

PERIODISTAS Y CENSURA EN LOS MEDIOS (IV)

Lo ideal casi siempre no es lo real. Pero jamás hay que ceder en la lucha de los periodistas por descubrir, investigar, denunciar y revelar lo que la sociedad necesita conocer. Y son los periodistas los responsables de hacerlo. Si la censura empresarial no los deja publicar es legítimo derecho del periodista buscar otros espacios en los cuales pueda decir lo que tiene que decir.

Un perverso modelo para los canales de televisión

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Rubén Darío Buitrón

Un documento de Harvard Business School (2004) narra el caso de Christine Day, vicepresidente senior de administración de la empresa cafetera Starbucks, de Estados Unidos, quien en 2002, mientras su jefe, Howard Schultz, se jactaba de que su negocio “era a prueba de recesión”, se alistaba para presentar un plan a Schultz y a Orin Smith, director general de la empresa.

El proyecto de Christine Day, que debería presentarse en dos días a sus superiores, pretendía “invertir anualmente 40 millones de dólares adicionales en los 4.500 locales de la compañía, lo cual permitiría que cada local añadiera el equivalente de veinte horas de trabajo a la semana. ‘La idea es mejorar la velocidad de servicio y, por consiguiente, aumentar la satisfacción del cliente”, pensaba Day.

Lo que en el fondo ocurría, sin embargo, era que Schultz y Smith manejaban el boyante negocio con la suposición de que Starbucks daba un buen servicio al cliente, pero Day estaba convencida de que habían “comenzado a perder de vista al consumidor (…). Debido a nuestro foco en construir la marca e introducir productos nuevos, simplemente hemos dejado de hablar acerca del cliente. Hemos perdido la conexión entre satisfacer a nuestros clientes y hacer crecer al negocio”.

¿Sobre qué argumentos podría Day sostener sus argumentos frente a los máximos directivos de la empresa? Según el documento que estamos analizando, “la estructura organizativa también implicaba que que el mercado y las tendencias relativas al cliente muchas veces pasaban por alto. “Tendemos a ser muy buenos en recopilar datos del mercado –advertía Day-, pero no siempre usamos esta información para informar la toma de decisiones”.

El tema de fondo, para Day y muchos de los “socios” o empleados de Starbucks, era que les llegaba información de los estudios de mercado que contradecían ciertas suposiciones fundamentales acerca de nuestra marca y de nuestros clientes. El problema fue que esta evidencia estaba por todos lados –pero nadie estaba mirando la ‘película completa’. Como consecuencia, perdimos mucho tiempo antes de que nos diéramos cuenta”.

Lo mismo ocurre con los medios convencionales en el mundo. Sus directivos siguen manejando las empresas de comunicación e información a base de supuestos y de percepciones.

“Muchos canales de televisión se amodorraron en conceptos de programación que no cambian, mientras la gente sí lo hace… (Rey, 2005)”.

En el libro “Del consumidor al ciudadano”, el sociólogo y periodista colombiano Germán Rey asegura que la prensa tradicional no cambia bajo la presunción de que tienen su público cautivo y que no es necesario arriesgar:

“Los públicos se han segmentado. La uniformidad de las audiencias ha desaparecido para dar paso a la creación de parrillas a la orden y a la existencia de comunidades específicas de televidentes. Grandes transformaciones se han vivido en la cultura y en la vida social. Al lado de la urbanización, la revolución de las mujeres, la secularización de la vida cotidiana, el auge de las culturas masivas. Vivir en la ciudad, ser joven, mujer u homosexual, pasar del barrio a la ciudadela, la aparición de los centros comerciales, los conciertos masivos o la renovación de las relaciones afectivas… Todo esto tiene relación con ver televisión”.

Parecería, sin embargo, que muchos directivos, propietarios o accionistas de los canales de televisión no se han percatado de estos cambios esenciales en la vida cotidiana, en los hábitos de la gente. Y que, aferrados a un poco creíble medición de audiencias o “rating”, prefieren cerrar los ojos ante la realidad.

En el estudio “El rating es un misterio en el Ecuador”, del 14 de febrero de 2012, publicado en https://tvparami.wordpress.com, queda claro que el manejo de este tipo de medición presenta fragilidades y es poco transparente, pues depende de factores que, en verdad, no permiten al propietario o dueño del medio mirar y valorar sus cifras con precisión para diseñar planes de cambio en función de esos datos.

Leamos un fragmento del estudio citado: “La percepción ciudadana contrasta con la realidad cuando se intenta determinar cuál es el canal de televisión más visto en el Ecuador. En un sondeo rápido, de 250 personas consultadas, más del 40 por ciento opinó que dicho canal es Ecuavisa y solo el 1,6 por ciento pensó en TC Televisión. No obstante, el canal con mayor sintonía en el territorio nacional –refiriéndose a la oferta local, por supuesto, es TC.

“En eso concuerdan los directores de programación de siete frecuencias en el mercado ecuatoriano (Ecuavisa, RTS, Teleamazonas, Gama, TC, Canal Uno y Ecuador TV), quienes disponen de datos de medición de audiencias en el país, información proporcionada por la única compañía dedicada a medir el rating en Ecuador: la empresa brasilera Ibope, la más grande empresa de investigación de mercados en Latinoamérica, según afirma en su propia página web.

“Si existen tales estudios, ¿a qué se debe la desinformación de los televidentes? La respuesta se anida en las políticas de Ibope, que solo otorga los datos de rating a los canales que contratan sus servicios. Los beneficiarios manejan la información con secretismo, a veces reservándola para instancias gerenciales, sin transparentarla ante su clientela (los televidentes) y en algunos casos hasta manteniéndola oculta de los propios empleados.

“La periodista y catedrática de Teorías de la Comunicación, Torffe Quintero, dice que la estrategia de Ibope apunta, igual que los medios de televisión, a ocultar los datos para que los televidentes se conformen con aquello de que los medios ‘dan lo que pide’ el público.

“Quintero considera que si un usuario no sabe realmente cuál es el rating de un programa debe limitarse a creer lo que el mismo medio dice, lo que contribuye a disminuir la criticidad del público. Lastimosamente –concluye Quintero- la sociedad se acostumbró a recibir información del poder, desde el poder y favorecedora al poder”.

Así que, al igual que los grandes ejecutivos de Starbucks, que se concentraban en mirar el bosque y no los árboles, abandonando sus valores fundacionales y perdiendo la perspectiva de la necesidad de las transformaciones externas, los canales de TV “no están interesados en reflejar la realidad sino en competir entre ellos. Una cadena televisiva no puede permitirse carecer de la noticia que posee su rival directo y, en consecuencia, todos acaban observando no la vida real sino a la competencia”. (Kapuscinski, 2003).

La urgencia de los directivos de los canales ecuatorianos de TV es tomar decisiones de cambio en función de los nuevos tiempos, así como  Shultz transformó sus conceptos, pero no todo logra redondearse cuando el propietario no termina por entender que vivía una crisis de estancamiento pese al crecimiento económico, asunto que  Christine Day lo tuvo claro siempre:

“He tenido que tomar decisiones duras y he llegado a la conclusión de que los intereses de la organización son contrarios a los intereses de una persona o un grupo. Sacrificar los sentimientos de las personas y, en más de una ocasión, una relación personal por el bien de miles de socios ha sido uno de los elementos más dolorosos de mi trabajo en Starbucks. Se hacía necesario un cambio de rumbo”. (Schultz, 2011).

¿Hasta qué punto Schultz resuelve la situación y en qué medida ha dejado su obsesión por ganar a pesar de su descuido con los clientes?

“La normalización se celebra con mucho bombo como cultura global y se utiliza contra los intereses de los empleados, que quieren una remuneración decente y condiciones de trabajo humanas. Si alguien opone resistencia, le recuerdan la ideología de la ‘gran familia’ o, si eso no da resultado, lo silencian con controles y despidos”. (Wallraff, 2010).

La lección final es que el equilibrio es la clave para el éxito, pero un éxito que debe basarse en la satisfacción de todos: propietarios, socios, empleados y clientes, no sobre la explotación de uno de los dos últimos.

Schultz lo logra, en apariencia, a costa de la explotación de sus empleados. El dueño de un medio, en cambio, como  Day, está obligado a conseguir el justo medio, el punto donde el modelo de negocio es una circunferencia que abraza a todos por igual.

En el caso de los medios, “la transformación social que ya venía en camino –y sobre la cual no hay dudas- está rompiendo los viejos monopolios de la comunicación y del poder para crear nuevas posibilidades de expresión libre y democracia política porque la clave es entender que el carácter del público cambió y este selecciona y desecha rápidamente lo que le gusta o no”. (Starr, Paul, en “El fin de los periódicos”).

La fijación de Shultz o la sensatez de Christine Day. He ahí los dos caminos que los medios tienen para su futuro inmediato.

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Bibliografía

-“Starbucks: Brindando servicio al cliente”, ensayo de Youngme Moon y John Quelch. Harvard Business School, febrero 2014.

-La TV, del consumidor al ciudadano. Compilador: Omar Rincón. La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2005.

https://tvparami.wordpress.com/2012/02/14/el-rating-es-un-misterio-en-ecuador/

-“Los cínicos no sirven para este oficio”. Riszard Kapuscinski. Editorial Anagrama, Barcelona, 2003.

– “El desafío Starbucks”, por Howard Schultz. Prisa Ediciones, Madrid, 2011.

-“Con los perdedores del mejor de los mundos”, Günter Wallraff. Anagrama, Barcelona, 2010.|

¿Qué revolución se juega en el Ecuador después del domingo 19 de febrero?

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Corrupción, política y periodismo

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Rubén Darío Buitrón

Un escandaloso caso de corrupción con fondos del Estado ha dejado en evidencia, otra vez, pero ahora con más claridad, que hay dos tipos de periodistas: los que se venden y sirven a intereses oscuros y los periodistas que mantienen incólume su actitud y su trabajo y su esfuerzo por el bien común.

No hablo de periodismo privado ni “público”. Con excepción de lo que está haciendo la radio gubernamental bajo la dirección de Giovanna Tassi y algunos programas aislados y uno o dos espacios de EcuadorTV, donde brillan Carlos Rabascall, Rodolfo Muñoz o Mariuxi Mosquera, nada o casi nada los diferencia del viejo pero siempre vigente estilo (?) de las parrillas de programación de los tradicionales y poderosos canales privados.

Igual puedo decir de los periódicos. ¿Qué les diferencia a los privados y al supuesto “diario público”?

¿Sus líneas editoriales sesgadas, sus titulares a conveniencia, sus actores y protagonistas según el interés de unos u otros, su manera de ver fragmentos de la realidad (pero solo fragmentos) y su poder para crear portadas que influyan en una o otra dirección política a los lectores?

Por eso sostengo, aún a mi pesar, que en estos diez años de gobierno de la revolución ciudadana sus directivos, en especial los encargados de manejar la comunicación (no la propaganda, que es totalmente otra cosa), no han podido armar un proyecto de información creíble que incida en la sociedad, que nos haga sentir a todos como parte de eso que llaman “medios públicos”, pero que no lo son.

Tres medios privados han sido noticia esta primera semana de febrero: Ecuavisa, con Tania Tinoco; Teleamazonas, con Janeth Hinostroza; y Diario Expreso, con su conocido reportero Andersson Boscán y un misterioso y oscuro periodista español llamado Ricardo Árquez.

¿Por qué? Cada uno por su lado (al menos, es lo que parece, pero no puedo asegurar lo contrario) fueron a Miami, el refugio de los corruptos latinoamericanos, a entrevistar a Carlos Pareja Yanuselli, exfuncionario gubernamental y mano derecha del vicepresidente Jorge Glas, quien lo designó para que encargara de conducir uno de los ministerios esenciales de nuestra economía.

Ese ministerio fue el de Petróleos y Pareja Yanuselli, que burdamente creó empresas y desvió dinero a las cuentas de una empresa CAPAYA (fíjense el apuro o la poca imaginación de este delincuente).

Pareja resultó un corrupto que creó grandes empresas fantasmas y se apropió de millones de dólares junto con una banda (no cabe llamarlos de otra manera) de pillos integrada por su familia directa y por parientes y amigos de otro corrupto, este sí en prisión, Alex Bravo, quien en menos de medio año se convirtió en uno de los más millonarios del país con empresas, mansiones, dinero escondido hasta en los techos de las casas de otros funcionarios cómplices.

Glas, quien es candidato de nuevo a la vicepresidencia de la República con Lenin Moreno, exvicepresidente de Rafael Correa y hoy de nuevo aspirante a ser mandatario, ha dicho muchas veces que él “es el funcionario más auditado e investigado de la historia”.

¿Con eso quiere decir que él no tiene ninguna responsabilidad en el caso? No, necesariamente. Porque hasta ahora nadie nos ha dicho cómo y por qué Glas o el presidente Correa resolvieron seleccionar a Pareja.

Y ahí es donde entran los grandes medios o la gran prensa, como yo la llamo irónicamente.

Grande por su poder económico, no por su trascendencia ni por su actitud patriótica. Grande porque hasta hace diez años ponía presidentes, ministros, embajadores, funcionarios en puestos clave para que la favorecieran, por ejemplo en que sus empresas no paguen impuestos por la importación de papel o que tengan información privilegiada que les permitiera hacer negocios, entre otras ventajas. Un ejemplo: ¿con cuánta anticipación conocieron los dueños de los medios que el país iba a dolarizarse y cuánto ganaron al comprar dólares?

Pareja, en cambio, siempre deambuló entre la burocracia de gobiernos pasados, siempre (quizás buscando la oportunidad idónea para dar su golpe) quedándose pocos meses y, esto es una presunción, conociendo la telaraña de los trámites estatales para volverse millonario y empresario off shore cuando fuera oportuno.

Pero deambuló también por la gran prensa, en especial por diario Expreso, que lo acogió y lo mantuvo como uno de los “expertos petroleros” más significativos e importantes de su plantilla. Tenía sus páginas dominicales con grandes análisis y mantenía columnas donde era articulista, siempre centrado en el tema del petróleo.

Ahora es fácil saber para qué lo hacía. Tuvo la astucia de esperar muchos años hasta consolidarse como un imprescindible ciudadano que debía integrar la filas de la revolución ciudadana en calidad de sabio del manejo del petróleo. Se posicionó así. Y llegó a las alturas.

No olvidemos nunca esa imagen en la que Pareja está a la derecha y Bravo a la izquierda. Al fondo, la refinería de Esmeraldas, repotenciada a un costo muy superior al previsto.

En la mitad de ellos, emocionado, el vicepresidente Jorge Glas, encargado siempre de los sectores estratégicos del Estado, levantando las manos de Pareja y de Bravo y diciendo al país: “Lo logramos, Carlos y Alex, lo logramos”.

¿Qué pensará ahora Jorge Glas cuando ve esa repetida imagen? ¿Por qué nadie le ha preguntado sobre aquello? ¿Cómo se sentirá?

Hago un salto en la historia.

Meses después de que la Interpol supuestamente lo estaba buscando, con etiqueta roja (la más grave) porque huyó del país y se presumía que estaba en España, según los mismos funcionarios estatales, Pareja aparece en un hotel de Miami.

Aparece en calidad de víctima. Y en calidad de “testigo”, pero de testigo cobarde que no se atreve a decir lo que, según él, tiene que decir sobre la corrupción gubernamental.

Apenas si se arriesga a decir que “todo lo que se decidía en los sectores estratégicos lo conocía y lo avalaba Jorge Glas”. ¿Puede demostrarlo?

“El resto me me lo llevaré a la tumba”, dice el prófugo que, según se sabe ahora, mantenía correspondencia con el Presidente pidiéndole clemencia (aunque queda el sabor agridulce de que el Mandatario no nos contó ese pequeño pero clave detalle de los mails que iban y venían).

¿Capaya se lo llevará a la tumba junto con los millones de millones dólares que robó? Y, entonces, ¿para qué el show del polígrafo? Que lo aproveche en el infierno.

Pero voy al punto que más me interesa tocar: el de que hay una conspiración mediática para desprestigiar al Gobierno apenas a dos semanas de las elecciones.

Decir eso, aunque su mentor sea el venerable Atilio Borón, es ligero y poco sustentado, además de previsible.

¿No bastaron diez años de guerra abierta contra la prensa privada para restar la credibilidad de esta?

¿No fue capaz la revolución ciudadana de construir, pese a la amplia red de medios con los que cuenta, de construir una información no sesgada -igual que la de la privada- para que el país crea en su palabra?

¿Se confiaron o confundieron (voy más por la segunda) de que la maquinaria propagandística era suficiente?

Y ahora estamos presenciando las consecuencias de una comunicación gubernamental manejada desde el periodismo más con el hígado que con la razón.

Más con arrogancia intelectual que con la necesidad de demostrar a su competencia que sí se puede hacer periodismo público pero cuando se cuenta con el público, no cuando se toman decisiones (igual que lo hace la prensa privada) desde una mesa de editores donde priman la sabiduría, la percepción, la prepotencia y el carácter intuitivo de quienes manejan medios cuyo rating y cuya venta (en el caso del periódico) son mínimos frente a la prensa privada.

Se ha dicho mucho sobre los mercenarios del periodismo que fueron en busca de Pareja a Miami. Y hay decenas de preguntas:

¿Quién pagó el viaje de los mercenarios?

¿Cómo y quién los contactó?

¿Por qué se prestaron a lavar la imagen de un poderoso corrupto y van contra los intereses del país y contra el bien común?

¿Cómo es posible que se autodenominen “periodistas” y no sean capaces de cumplir el manual básico del periodismo que es constrastar, verificar?

¿Por qué se arriesgaron a ser cómplices del corrupto al conocer dónde está y no informar a la lenta (o calculadora) fiscalía ecuatoriana que ahora dice (este es otro problema que despierta sospechas desde el otro lado) que ya tiene los nombres del otro escándalo, el de Odebrecht, pero que aún “no puede revelar”?

¿Por qué la gran prensa no se atreve a publicar al menos una crónica, sino se arriesga a hacerlo con la entrevista, en sus medios, de manera formal, y lanzan a la víctima corrupta o al corrupto que hoy quiere aparecer como víctima, al aire desde espacios fantasmas en las redes sociales o, en el caso del periódico de marras, que grita a enormes titulares de que no publicaron por “ética”, cuando en realidad no lo hacen para que no les cayera el peso de la Ley de Comunicación ni un juicio penal como el que enfrentó El Universo cuando Emilio Palacio huyó a Miami después de fungir de “valiente editorialista”?

Cuando la gente escribe en redes sociales que los medios ecuatorianos son corruptos y que los periodistas también lo son, yo rechazo, públicamente, esas opiniones.

No son periodistas los que están dando la cara y los que están detrás.

Los que están detrás son titiriteros, son manipuladores, son compradores de conciencias, son auspiciantes de candidatos de extrema derecha, son corruptos en sus maneras de actuar, son cómplices de los autodenominados periodistas que son, en realidad, mercenarios y fanáticos enceguecidos en contra el gobierno de Rafael Correa.

Y los dueños de los tres medios implicados, ahora tan inocentes y tan morales y tan transparentes, usan misteriosas redes sociales para no comprometer su marca ni su empresa: lo ocurrido con Tania Tinoco es una vergüenza nacional. En un extraño “editorial” leído con tono admonitorio contra su compañera en el noticiero de la noche del domingo, dijo que “Ecuavisa no conoció del viaje de Tinoco (nótese el trato por el apellido) ni se responsabiliza del tema porque ella lo hizo a título personal).

En Ecuavisa, señores, como decía Pinochet, no se mueve una hoja de árbol sin la orden del jefe máximo, en este caso “Don Xavier”. Así que si Tania Tinoco no renuncia o no la botan, será otra de las tantas mentiras del Canal del Cerro.

Pero, en el fondo de todo, me quedan dos sensaciones devastadoras.

Una, que en diez años no hayamos sido capaces (me incluyo como ciudadano y como periodista) de vencer en la batalla contra la gran prensa.

Dos, que si no hay una revolución profunda, la cloaca de la corrupción en el Ecuador será más grande y más amplia cada día, como una enorme mansión abandonada en Samborondón.

Hay que cambiar el chip social y estar claros de que ofrecerle al agente de tránsito 10 dólares para que no nos multe es tan corrupto como llevarse millones de dólares de las arcas del Estado. Se trata de una actitud honesta y transparente en cada acto de la vida.

De lo contrario, la corrupción seguirá como uno de los grandes males históricos del país que nunca pudimos combatir.

Y no hemos podido hacer porque ni la derecha ni el progresismo de izquierda ha creado una estructura política autocrítica, que depure sus malos cuadros, que forme nuevos líderes honestos, que expulse a los expertos en moverse en las pantanosas aguas de la vieja y de la nueva partidocracia y que, realmente, haya un gobierno de manos limpias, bien limpias.

Y sin justificar que el problema de la corrupción es histórico ni pensar -qué ingenuo sería- que Carlos Pareja Yanuselli y su banda son los únicos que en estos diez años mancharon sus manos limpias y sus corazones ardientes.

‘Las crónicas e historias tienen gran futuro en medios digitales’

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Nueve lecciones de Martin Baron, director de The Washington Post *

Hemos sobrevivido a los cambios tecnológicos

Los cambios tecnológicos han provocado un auténtico tsunami en el periodismo que no solo no es posible ignorar, sino que es necesario acoger, aceptar y tomarlo con entusiasmo.

Baron dice que en los últimos 12 años hemos sido testigos de cómo los avances tecnológicos han causado una devastación en el periodismo. Unos cambios abrumadores, pero a los que hemos sobrevivido.

Hemos sobrevivido, pero, en muchos aspectos, apenas si lo hemos logrado. Así que ciertamente no hay espacio para la satisfacción ni para la complacencia.

De todo este cambio surge una conclusión ineludible. Ignorarla sería temerario. Sería negligencia profesional.

Esta es la conclusión: estamos en una sociedad digital y será mejor que nos adaptemos. No solo adaptarnos, sino acoger el cambio con entusiasmo.

Resistirse a los cambios es inútil

La segunda lección se refiere a la actitud de los periodistas ante estos cambios. La actitud personal todavía que se ve en algunos periodistas hacia esta nueva forma de hacer periodismo a la que nos tenemos que adaptar.

Baron habla de negligencia profesional de aquellos periodistas que se resisten a reconocer que la profesión ha cambiado, que sienten nostalgia del periodismo que se hacía en el pasado.

Es obvia la dirección que debe seguir nuestra profesión, aunque todavía haya muchos periodistas que se resisten a las demandas que trae el futuro. Sienten que el pasado los jala. Están apegados a cómo solían ser las cosas. Están cómodos de esa manera.

Yo tuve mi propia etapa de duelo por lo que pensaba se estaba perdiendo en medio de todos estos cambios. Era difícil no sentir nostalgia. Sin embargo, el luto debe terminar en algún momento. Debemos seguir adelante. Así ocurre cuando afrontamos la pérdida de un familiar cercano o de un amigo. Y así también ocurre en nuestra profesión.
Lo cierto es que resulta inútil, e incluso contraproducente, resistirse a los inevitables cambios en nuestra profesión.

El futuro es móvil

Baron afirma que nuestra sociedad no es solo una sociedad digital, sino sobre todo una sociedad móvil, a pesar de que el smartphone no tiene ni una década de vida.

La nuestra no es solo una sociedad digital. Es una sociedad móvil. Tenemos que apropiarnos también de esa realidad. Para 2020, es decir, dentro de solo cuatro años, se estima que el 80 por ciento de los adultos en la Tierra tendrá un teléfono inteligente. 

Internet, prácticamente de la noche a la mañana, ha dado origen a un nuevo medio. Está dando lugar a una nueva forma de periodismo.

Internet ha cambiado las reglas de juego y hay que asumirlo

Cuando llegó Internet, y más adelante las conexiones de banda ancha de alta velocidad, la industria periodística reaccionó como si no hubiera ocurrido nada”, explica Baron. “Vimos a Internet como una nueva forma de distribuir nuestro trabajo pero, por alguna razón, no pensamos en él como un nuevo medio”.

Hoy debemos reconocer, de una vez por todas, que estamos frente a un medio completamente nuevo. 

Este nuevo medio reclama sus propias formas de contar historias, de la misma manera que la radio y la televisión tienen las suyas. 

Y puede que resulte que los móviles representen un nuevo medio por sí mismos, con narrativas distintas a las que uno encuentra navegando el Internet desde un computador.

Por tanto, las empresas informativas, los medios de comunicación deben pensar desde ya en los móviles: cómo crear contenido específico, qué tipo de contenido, cómo lo van a distribuir. Porque Baron lo tiene claro: el futuro es móvil.

Los móviles van a dominar. Hay empresas de capital de riesgo que no financiarán ningún producto digital que no esté pensado principalmente para móviles. Los medios deberán tener una mentalidad enfocada en la experiencia móvil.

Las redes sociales son un aliado

Para el director de The Washington Post las redes sociales son un aliado. Los periodistas y los medios nos quejamos mucho del imperio que están forjando las redes sociales, Facebook, por ejemplo, a costa de un contenido que toman prestado de los medios. Sin embargo, para Baron “las personas están conversando en las redes, así que los medios debemos entender profundamente cómo funcionan”.

Además, los periodistas debemos asumir que la gente ya no va al medio a buscar noticias, sino que espera a que las noticias los encuentren a ellos, por lo que Baron propone algo muy sencillo: escuchar.

Las redes sociales mantendrán una posición de supremacía en la manera en que las personas consumen las noticias y el tipo de noticias que consumen. La gente no considera que les corresponda a ellos buscar la información y las noticias. Ni siquiera lo consideran necesario. La gente espera que la información y las noticias relevantes los encuentren a ellos, a través de las redes sociales.

Tecnología y periodismo van unidos de la mano

Durante su intervención expuso cómo The Washington Post tiene un equipo de ingenieros que trabaja codo con codo con los periodistas de la redacción para crear herramientas, plataformas y productos que enganchen a la gente.

“Si nos quedamos tecnológicamente rezagados, seremos perdedores”, alerta Baron. Por eso anima a los periodistas en general a formarse.

Pero además, hace una llamada a una alianza de los medios con las empresas tecnológicas, que algunos, sobre todo aquí en España, siguen viendo como sus enemigas.

La tecnología de punta será la clave de nuestro éxito. Sin ella, el éxito no será posible. 

No podemos quedarnos atrás. Tenemos que ser líderes. Si nos quedamos tecnológicamente rezagados, seremos perdedores.

Los medios necesitarán personal que maneje tecnología de punta al interior de las redacciones. Tendremos que responder rápidamente a los cambios. Tendremos que crear nuevos productos atractivos para los lectores y para los anunciantes, y tenemos que hacerlo rápido. Como parte de nuestra rutina, tendremos que trabajar en alianza con empresas tecnológicas como Facebook, Apple, Twitter, Google, Snapchat y seguramente muchas otras que aún no han nacido.

El tráfico, las visitas, la audiencia por la audiencia en los sitios web no lo es todo

Por supuesto que es necesario tener lectores, tener público, pero Baron advierte de que esta búsqueda de la audiencia debe ir acompañada de otros factores.

Debo decir que el aumento de tráfico por sí solo no se traducirá en éxito. Si queremos ganar dinero, la innovación y la creatividad en el área de ingresos deberán coincidir con lo que observamos en la sala de redacción.

Volver a las historias profundas

Baron se declara abiertamente optimista respecto al futuro del periodismo. Y explica las razones que justifican este optimismo.

Con frecuencia me preguntan si me siento optimista acerca de nuestra profesión. Yo digo que sí. Aquí les cuento por qué.

Las nuevas narrativas están demostrando que son efectivas a la hora de enganchar a los lectores. La conexión con las historias puede llegar a ser sorprendentemente alta.

El uso del vídeo, las redes sociales, los gráficos interactivos, los documentos originales – todo ello- pueden generar narrativas más vívidas, más viscerales. Incluso más creíbles, porque significa que podemos mostrar, no solo contar.

Las presiones de nuestra industria nos están forzando a prestarle gran atención a nuestros consumidores –lectores, espectadores, oyentes- y eso es algo bueno. Ya no hay espacio para la autoindulgencia. El trabajo que hacemos debe resonar en un público que de manera rutinaria es impaciente, se distrae fácilmente y se aburre rápido.

Así que tenemos un público que se aburre y se distrae fácilmente. Es lógico, los medios de comunicación no solo compiten entre ellos, sino que compiten con las redes sociales, Youtube, Spotify y otras aplicaciones para conseguir la atención de la audiencia.

Entonces, si luchamos por conseguir un poco de atención, la pregunta sería: ¿qué tipo de contenido tenemos que hacer los periodistas? Y aquí el director de The Washington Post lo tiene claro: apuesta por volver a las historias profundas.

Esto no significa que únicamente debamos hacer historias cortas. No tiene que significar que hagamos titulares engañosos. En absoluto. Las historias largas pueden atrapar lectores, y retenerlos, pero deben ser escritas de manera convincente y presentarse en formatos que tengan en cuenta la forma en la que hoy la gente consume la información. Todo lo que hagamos debe merecer el tiempo y la atención que el público le dedica.

Hay una nueva generación de periodistas con un gran potencial

Respecto a las nuevas generaciones de periodistas, las palabras del director de The Washington Post no pueden ser más optimistas y motivadoras. Sus halagos hacia los jóvenes periodistas son claros y directos.

“También me siento alentado por lo que veo en la nueva generación de periodistas que entran a nuestro campo. Llegan con las habilidades necesarias, con las sensibilidades adecuadas. Pueden pensar bien, escribir bien. Son brillantes, enérgicos, entusiastas. Aman lo que el periodismo puede lograr. Entienden su rol vital en la sociedad. Aprecian que haya nuevas formas de contar historias altamente efectivas, que aprovechan las poderosas herramientas que tenemos disponibles”.

Estos jóvenes periodistas son verdaderos nativos digitales. Se nota. Y están determinados a lograr que el periodismo funcione para la gente de su generación. Por eso, no puedo estar más agradecido. 

Los retos más importantes: recuperar la credibilidad y buscar la verdad

Y el último aspecto que quería destacar del discurso de Baron es lo que él considera como el reto más grande que tiene ahora mismo la profesión. Y ese no es otro que recuperar la credibilidad ante la audiencia y buscar la verdad con sus informaciones.

Ahora es posible, como lo anota Applebaum, “vivir en una realidad virtual”, donde las mentiras son aclamadas como la verdad oculta.

De todos los retos que hoy enfrentamos en los medios, éste es el más grande.

Es más grande que nuestro reto de la financiación, es más grande que nuestro reto tecnológico.

Esta es la razón por la cual los periodistas debemos permanecer fieles a nuestro propósito central. Puede que seamos objeto de sospecha, puede que nuestra verificación de datos no tenga acogida, pero se necesita que alguien siga diciendo las cosas como realmente son.

Y no podemos ser tímidos. En medio de la conversación acerca de cómo debemos ser justos en nuestro rol de periodistas – y sí, debemos serlo-, por encima de todo nuestra obligación es ser justos con el público.

Esto significa que debemos perder el miedo a contarle a la gente lo que hemos aprendido, y contárselo de la manera más sencilla posible.

Este es nuestro deber hacia el público. No importan las dificultades y los retos que enfrentemos, es un deber que no debemos abandonar nunca.

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* Tomado del blog del maestro Enrique Bullido