La gran farsa de la concesión de frecuencias de radio y televisión

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Por Guillermo Navarro Jiménez

El debate sobre la distribución de frecuencias, ha concentrado su atención en la asignación de frecuencias por tipos de medios y en lo procedimental, relegando a un segundo plano los principios fundamentales que contiene la Constitución respecto a la comunicación, así como normas expresas de la Ley Orgánica de Comunicación.

Efectivamente, en tanto las fuentes oficiales consideran que lo importante para la recuperación de derecho a la comunicación es el establecimiento de “un nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico” mediante un reparto equitativo: 33% para medios públicos, 33% para medios privados y el 34% para medios comunitarios, como lo establece la Ley Orgánica de Comunicación en el artículo 106, los potenciales afectados en la asignación de frecuencias defienden su  derecho, reclamando que el proceso  ha carecido de transparencia y que han sido objeto de un tratamiento discriminatorio.

El debate se ventila en la esfera pública, mediante una serie de declaraciones y comunicados emitidos por las fuentes oficiales, en tanto los posibles afectados han acudido, incluso, a movilizaciones en procura del apoyo político de fuerzas de la oposición, lo que no se ha hecho esperar, como es previsible en este momento en que se desarrolla el proceso electoral para designar Presidente de la República.

Por lo mencionado, el presente análisis pretende develar, sobre la base de los principios y las disposiciones constitucionales aprobadas respecto a la comunicación, y las disposiciones que contiene la Ley Orgánica de Comunicación,  si se han respetado o no los principios y disposiciones de esos cuerpos legales, para, sobre esa base, juzgar la pertinencia o no de la posición oficial, así como si el reclamo presentado por potenciales afectados,  tiene o no razón de ser.

Monopolización y oligopolización

La Constitución vigente contiene tres principios fundamentales, a saberse:

  1. El fomento de la pluralidad y la diversidad de voces;
  2. La garantía que la asignación de frecuencias se producirá “a través de métodos transparentes y en igualdad de condicionesprecautelando que en su utilización prevalezca el interés colectivo”; y,
  3. La decisión de no permitir: “…. el oligopolio o monopolio, directo ni indirecto, de la propiedad de los medios de comunicación social y del uso de frecuencias”.

El mandato constitucional de no permitir la concentración de frecuencias, se desarrolla en forma taxativa, inequívoca en el artículo 113 de la Ley Orgánica de Comunicación (en adelante LOC), cuando dispone:

“Art. 113.- Prohibición de concentración. – Está prohibido que las personas naturales o jurídicas concentren o acumulen las concesiones de frecuencias o señales para el funcionamiento de estaciones matrices de radio y televisión.

La autoridad de telecomunicaciones no podrá adjudicar más de una concesión de frecuencia para matriz de radio en AM, una frecuencia para matriz de radio en FM y una frecuencia para matriz de televisión a una misma persona natural o jurídica en todo el territorio nacional.

Quien sea titular de una concesión de radio, ya sea en AM o FM, puede participar en los concursos públicos para la adjudicación de no más de una frecuencia de onda corta.

En una misma provincia no podrá concesionarse una frecuencia para el funcionamiento de una matriz de radio o televisión a familiares directos de un concesionario con el que tengan parentesco hasta el segundo grado de consanguinidad y segundo de afinidad.”

Sin embargo, de lo explícito de las disposiciones antes mencionadas, tanto CORDICOM como ARCOTEL, argumentan que: “…  la ciudadanía recupera los derechos (el acceso y a la libre expresión GNJ) bajo un nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico mediante un reparto equitativo: un 33% para medios públicos, 33% para medios privados y el 34% para medios comunitarios”, a lo que agregan: “Es por ello que el Concurso Público de Frecuencias, convocado por ARCOTEL  el 16 de abril de 2016, es un  proceso histórico de distribución técnica, equitativa y transparente que garantiza la participación de todas y todos los ecuatorianos”.

En consecuencia, según CORDICOM y ARCOTEL, la desconcentración se produce por el nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico y no por el cumplimiento de las disposiciones constitucional y legal que prohíbe la asignación concentrada de frecuencias en determinadas personas, naturales o jurídicas. Siendo esto así, el recordar que la monopolización u oligopolización reduce el número de prestadores de servicios de comunicación y, concomitantemente, controlar los contenidos de los productos comunicacionales, es irrelevante para ARCOTEL y CORDICOM.

Percepción no sólo ilegal e inconstitucional, sino también equívoca, ya que la realidad demuestra que, en el caso del sector privado, inexorablemente, se observa una tendencia a la monopolización o a la oligopolización, como quedó demostrado en el Informe de la Comisión Auditora de la Concesión de Frecuencias.

Restricción a la diversidad de voces que igualmente se registra en el caso de los denominados “Medios de Comunicación Públicos de Carácter Oficial”, cuya definición y funciones se establecieron ilegalmente en la LOC en el artículo 83[1], puesto que éstos se han convertido en medios de propaganda gubernamental, en voces únicas, antes que en medios que apoyen a la diversidad de voces.

Si lo antes aseverado podría ser objetado por ARCOTEL y CORDICOM, vale acudir a la realidad de las concesiones que han aprobado, las cuales muestran, en forma fehaciente e irrefutable, que, en evidente violación de la Constitución y de la Ley Orgánica de Comunicación, han concedido frecuencias a determinadas personas que conforman conglomerados monopólicos a nivel nacional, como es el caso de las frecuencias de radio y de televisión  concedidas al señor Jorge  Yunda Machado (candidato a asambleísta por PAIS) para sus estaciones de radio y televisión que operan bajo la denominación de Canela, o al señor Remigio Ángel González González, quien, de acuerdo a la información proporcionada por el diario El Universo, no sólo controla medios de comunicación radiales o televisivos, sino también medios impresos[2].

El Universo afirmaba que: “Con la venta del Grupo El Comercio, en diciembre pasado, se desveló en el país la figura de Remigio Ángel González González, un empresario mexicano-estadounidense de 71 años que en Ecuador maneja 16 medios de comunicación, diez de ellos nacionales (el 16%), incluyendo al diario capitalino, con el que se estrena en el mundo de los impresos en el país.

Entre los medios que controla están, según los registros de la Superintendencia de Compañías revisados por este Diario hasta el jueves pasado, tres canales de televisión (RTS, Red TV Ecuador y Tropical TV), once radios (Galaxia, Fabu, Alfa Stereo, Joya Stereo, Metro Stereo, Platinum, La Fabu, Tropicálida, RQP, Arpeggio y Radio Quito) y dos diarios (El Comercio y Últimas Noticias).

 En la mayoría de los medios ejerce su control a través de parientes, abogados o empleados, una práctica que se repite en los países donde tiene negocios y que él mismo ha reconocido.

 “¿Por qué mentir? En Guatemala utilizo el nombre de mi esposa, en Chile tengo a chilenos, en Perú tengo a peruanos (…). Yo manejo un consorcio de compañías y dejo que mis amigos y parientes controlen todo. Yo no violo ninguna ley”, le aseguró al periodista Will Weissert, corresponsal de la agencia Associated Press, en el 2002.[3]

Concentración que se profundiza y consolida con la salida al aire, el 1 de febrero del 2016 del nuevo canal Televicentro, que puede ser visto en los canales 5 en Quito y 11 en Guayaquil, que presenta tres noticieros con el sello editorial de diario El Comercio. Esta concesión comprueba una vez más que ARCOTEL concedió esta frecuencia sin que medie un concurso público que dispone la LOC. A lo que debemos agregar que para posibilitar la salida al aire de Televicentro, ARCOTEL autorizó que se mueva la señal de RTS del canal 5, al canal 11, canal que no existía en el norte de Quito, en tanto que en Guayaquil le asignaron el canal 11.

Es ineludible agregar que esas frecuencias estaban concesionados a GamaTV, razón por la cual y en el objetivo de posibilitar la concesión a Gonzáles, el gerente de GamaTV, Claudio Moya Rossel, solicitó el 5 y el 7 de agosto del 2016, el canje del canal 11, cuya concesión mantenía en el sur de Quito y el sur de Guayaquil, por otras frecuencias, petición en la que insiste el 17 de agosto, la misma que fue aprobada el 18 de agosto. El mismo 17 de agosto, fecha en la cual GamaTV solicitaba el canje, las empresas de González solicitaron las frecuencias de esos canales que hoy ocupan RTS y Televicentro, replicando el ilegal denominado procedimiento “devolución- concesión”, denunciado en el Informe de la Comisión de Auditoría de la Concesión de Frecuencias.

En conclusión, ARCOTEL y el CORDICOM insisten en que la redistribución por tipo de medios es el mecanismo idóneo para fomentar la pluralidad y la diversidad, puesto que si hubiesen reconocido y respetado  el principio constitucional y la disposición legal sobre concentración y monopolización, no podrían haber concedido frecuencias sin concursos públicos, a conglomerados que concentran una gran cantidad de medios nacionales tanto de radio como de televisión como quedó demostrado.

Observaciones al procedimiento

Tanto la Ministra de Telecomunicaciones Alexandra Ávala, como CORDICOM y la Directora de ARCOTEL, Ana Proaño, sostienen que el procedimiento para la concesión de frecuencias contempla dos fases, una primera que se inicia con la presentación por parte de los postulantes, a y según ARCOTEL, del plan de gestión, de viabilidad financiera y el estudio técnico, y, una segunda en que CORDICOM evalúa el proyecto comunicacional y elabora el informe vinculante[4].

Al respecto es ineludible señalar que los responsables de los organismos mencionados no se atienen a dispuesto en la LOC respecto al procedimiento a seguir. Efectivamente, si bien la LOC contempla las dos fases, la responsabilidad atribuida al ARCOTEL y al CORDICOM, no son los que señalan las autoridades en sus comunicados y declaraciones.

Efectivamente, si se estudia el contenido del artículo 110 de la LOC, todos los solicitantes deben presentar al ARCOTEL para participar en el concurso público para la concesión de frecuencias:

“1. El proyecto comunicacional, con determinación del nombre de medio, tipo de medio, objetivos, lugar de instalación, cobertura, propuesta de programación e impacto social que proyecta generar;

  1. El plan de gestión y sostenibilidad; y,
  2. El estudio técnico”.

En consecuencia, si es cierto que ARCOTEL sólo exigió a los solicitantes la presentación del plan de gestión, la viabilidad financiera y el estudio técnico, como lo afirmó la directora de ARCOTEL, y obvió la presentación del proyecto comunicacional, no sólo incumplió lo dispuesto en el artículo 110 de la LOC, por lo que los concursos serían ilegales, sino además porque impediría el desarrollo de la segunda fase del concurso y la definición de las concesiones solicitadas. Conclusión que contraría la posición de la directora de ARCOTEL, quien asevera que no existen argumentos jurídicos para detener el proceso en marcha.

En relación a la segunda fase del concurso, la CORDICOM, en su carta publicada en los medios de comunicación social, asevera que: “La Ley determina como obligación del Cordicom la evaluación del proyecto comunicacional y la elaboración de del informe vinculante para la asignación de frecuencias”. 

Es  válido afirmar que se desconoce lo dispuesto en la LOC.

Efectivamente, la LOC dispone que la CORDICOM, una vez que ARCOTEL remita los expedientes de hasta los cinco solicitantes mejor puntuados, debe revisar el proyecto comunicacional, esto es una vez que ARCOTEL lo haya calificado en la primera fase del concurso.

Revisión que por definición, debería tener por objetivo determinar lo que se debe corregir, enmendar o reparar. Como a lo expuesto puede acotarse que la LOC también dispone que el CORDICOM en base a su evaluación emita el informe vinculante, vale preguntarse: ¿Cómo puede el CORDICOM revisar y evaluar los proyectos comunicacionales si ARCOTEL no exigió su presentación para su análisis en la primera fase del proceso? ¿Para qué sirve la primera fase el concurso si se omite le proyecto comunicacional? ¿Cabe en la segunda fase volver a recalificar a los solicitantes sobre la base de un solo requisito, el mismo que no fue solicitado como lo exige la LOC? ¿Es factible comparar cualidades distintas, cuyos objetivos son igualmente distintos como es el caso de los medios privados y los comunitarios? ¿No será que la segunda fase es una suerte de instancia inquisitorial, en la que se decide quien sí o quién no puede acceder a una frecuencia, de acuerdo a criterios ideológicos o políticos?, como lo advertimos oportunamente.

La instancia que decide la concesión o no de una frecuencia, es un organismo en el cual actúan hoy sólo 3 de sus 5 miembros, ante lo cual cabe preguntar: ¿tres ecuatorianos sobre cuya sapiencia en el campo de la comunicación expresamos nuestras reservas, deben ostentar el poder de asignar o negar frecuencias sobre la base de su opinión sobre el proyecto comunicacional? Amén, por cierto, de las prácticas corruptas que denunció el ex asambleísta Gerardo Morán respecto a las coimas solicitadas por el consejero de la CORDICOM, Marcos Párraga Quinteros, delegado ante ese organismo por su calidad de asesor del Vicepresidente de la República.

Porcentaje por acciones afirmativas

Tanto la Ministra de Telecomunicaciones como la directora de ARCOTEL y los directivos de CORDICOM, admiten que se estableció un porcentaje inicial de 15% en favor de los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios.

Acción que califican como acción afirmativa, disposición que se admite casi sin reparo alguno, sin considerar que la Constitución de la República establece que: todas las personas, en forma individual o colectiva, tienen derecho a acceder al uso de frecuencias del espectro radioeléctrico en igualdad de condiciones (artículo 16), disposición que se reitera en el artículo17, en el cual se establece que el Estado, para fomentar la pluralidad y la diversidad en comunicación: “

“1. Garantizará la asignación, a través de métodos transparentes y en igualdad de condiciones, de las frecuencias del espectro radioeléctrico, para la gestión de estaciones de radio y televisión públicas, privadas y comunitarias, así como el acceso a bandas libres para la explotación de redes inalámbricas, y precautelará que en su utilización prevalezca el interés colectivo”.

Principios constitucionales que se reitera en la LOC, tanto en el segundo como en el sexto considerando como en el artículo 34, por lo que el otorgar un porcentaje sólo para quienes solicitan se les asigne una frecuencia para medios comunitarios, desacata el principio igualdad de condiciones, el cual se expresa en forma reiterada en la Constitución vigente y se desarrolla en la LOC.

Adicionalmente a lo antes expresado, es necesario precisar que si bien la LOC establece el Principio de acción afirmativa cuando dispone en el artículo 11:

“Art. 11.- Principio de acción afirmativa. – Las autoridades competentes adoptarán medidas de política pública destinadas a mejorar las condiciones para el acceso y ejercicio de los derechos a la comunicación de grupos humanos que se consideren fundadamente, en situación de desigualdad real; respecto de la generalidad de las ciudadanas y los ciudadanos.

Tales medidas durarán el tiempo que sea necesario para superar dicha desigualdad y su alcance se definirá para cada caso concreto.”

Simultáneamente lo limita a favor de los “… grupos humanos que se consideren en situación de desigualdad real; respecto de la generalidad de las ciudadanas y los ciudadanos, por lo que establecer el porcentaje en favor de todos los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios viola este principio.

Ejemplificando, si se han presentado solicitudes por parte de congregaciones religiosas, es evidente que se viola la LOC, puesto que aquellas no se hallan en situación de desigualdad real, por el contrario, disponen de un poder económico e ideológico que las ubica en una posición privilegiada y, de ninguna manera, en una situación de desigualdad real, como lo exige la LOC.

Adicionalmente a lo antes expresado, es necesario señalar que la LOC, en aplicación del principio de acción afirmativa, acota los alcances de las acciones afirmativas, cuando dispone en el artículo 86, primer párrafo:

“Art. 86.- Acción afirmativa.- El Estado implementará las políticas públicas que sean necesarias para la creación y el fortalecimiento de los medios de comunicación comunitarios como un mecanismo para promover la pluralidad, diversidad, interculturalidad y plurinacionalidad; tales como: crédito preferente para la conformación de medios comunitarios y la compra de equipos; exenciones de impuestos para la importación de equipos para el funcionamiento de medios impresos, de estaciones de radio y televisión comunitarias; acceso a capacitación para la gestión comunicativa, administrativa y técnica de los medios comunitarios”.

Disposición que limita las acciones afirmativas a la creación y fortalecimiento de los medios de comunicación comunitaria, a la vez que dispone que éstas se relacionarán, entre otras, al crédito, exenciones de impuestos, acceso a capacitación comunicativa, administrativa y técnica. Disposición que, en respeto al principio de igualdad de condiciones, no incluye como acción afirmativa la concesión de un porcentaje favorable a los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios, como si lo hace, en el artículo 107, a favor de:

“Las personas jurídicas o naturales concesionarias de las frecuencias de radio y televisión abierta, cuyo plazo expiró, podrán concursar para obtener o renovar su propia frecuencia u otra diferente respetando la distribución que haga la autoridad de telecomunicaciones para medios privados y comunitarios. A estas personas se les reconocerá un puntaje adicional equivalente al 20% de la puntuación total establecida en el correspondiente concurso como reconocimiento a la experiencia e inversión acumulada en la gestión de un medio de comunicación”.

En consecuencia, la inclusión del porcentaje observado en favor de todos quienes solicitan una frecuencia para medios comunitarios, viola la LOC por lo antes expresado.

Igualmente, cuando el CORDICOM califica como acción afirmativa en el reglamento para la concesión de frecuencias, probó el porcentaje en mención, irrespetó el principio constitucional de igualdad de oportunidades y los alcances que la LOC estableció en el artículo 86 para las acciones afirmativas, violación que proporciona otro argumento legal adicional por el cual debe detenerse el proceso de adjudicación de frecuencias. Proceso que debería reiniciarse corrigiendo el irrespeto a las disposiciones constitucionales y todas las ilegalidades que hemos mencionado y precisado, y el incumplimiento por parte de ARCOTEL de lo dispuesto en la Décima Disposición Transitoria de la LOC, que reza:

“DÉCIMA.- De conformidad con el informe presentado el 18 de mayo de 2009 por la Comisión para la Auditoría de las Concesiones de las Frecuencias de Radio y Televisión, creada por disposición constitucional las frecuencias de radio y televisión que no hayan sido otorgadas por autoridad competente; las que no han iniciado la operación en el plazo señalado en el contrato de concesión; las que no hayan pagado las tarifas de uso de concesión durante seis meses consecutivos; las que se hayan arrendado por más de dos años o transferido bajo cualquier modalidad el uso de la frecuencia a terceros; y, las que han convertido estaciones repetidoras en matrices o viceversa, serán revertidas al Estado por la autoridad de telecomunicaciones, aplicando el debido proceso establecido en el reglamento que para estos efectos dicte la autoridad de Telecomunicaciones”.

Incumplimiento que es fácil de demostrar. Basta comparar el número de frecuencias que debían revertirse en aplicación del informe que se elevaban a más de 800 frecuencias, con el número de frecuencias que han sido revertidas y que son objeto del concurso, las cuales, no superan las 300 frecuencias, como lo reconoce el propio ARCOTEL.

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[1] Este tipo de medios no fue incluido en la versión del Proyecto de Ley Orgánica de Comunicación que se discutió en primera en la Asamblea Nacional, por lo que su inclusión en la versión propuesta para el segundo debate violó la Ley de la Asamblea Nacional.

[2] Para el análisis de los grados de concentración de medios de comunicación, es de especial importancia el determinar la propiedad cruzada, esto es la propiedad de medios impresos, televisivos e impresos, por el enorme poder y la restricción de voces que ello genera o ejerce.

[3] Véase, El Universo: “ Un magnate de Estados Unidos controla 10 medios nacionales”, edición del 22 de febrero del 2015.

[4] Véase: Carta publicada por el CORDICOM, 25 de enero del 2016

El yo y el nosotros en el periodismo

EL YO Y EL NOSOTROS (I)

El paso del discurso y la retórica a los hechos es como atravesar una delgada cornisa, con el único sostén de la pared que tienes detrás, con el miedo de dar el primer salto, casi a ciegas, para enfrentarse a la realidad e intentar llegar al otro lado, donde está la gente común, donde está la gente que nos interesa como sujeto y protagonista de la información.

EL YO Y EL NOSOTROS (II)

Aquel primer salto es desprendernos del Yo para intentar llegar al Nosotros. Porque en la medida en que no seamos capaces de dejar atrás el miedo, los complejos, los estigmas, las subjetividades, no podremos entender la necesidad de que para seguir el camino trazado es imprescindible avanzar.

EL YO Y EL NOSOTROS (III)

El rol de un medio de comunicación y de un periodista es igual de arriesgado y desafiante. El periodista podría quedarse estacionado en sus creencias, en sus prejuicios, en sus convicciones. Y no las cambiará a menos que sea capaz de mirarlas desde una perspectiva distinta, justo desde el otro lado de la cornisa.

EL YO Y EL NOSOTROS (IV)

El rol de un medio de comunicación y de un periodista es salir en busca de la realidad en todas sus dimensiones, comprenderla y contarla. Porque no conocemos al Otro. No escuchamos al Otro. No entendemos que es imposible construir una sociedad, peor una nueva sociedad, sin asumirnos como un Nosotros.

Los dueños de los medios y yo

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Rubén Darío Buitrón

Conste que digo “los dueños de los medios” y no “los dueños de la prensa” ni “los dueños de la opinión pública”.

Porque no lo son.

No son dueños de la opinión pública. A lo mucho, de la información que se les antoja publicar, es decir, de la opinión publicada, que no es otra cosa que la sinuosa línea editorial que manejan según sus intereses y los intereses de los publicistas, los accionistas y los financistas que los protegen.

No son dueños de la libertad de expresión.

A lo mucho, de la libertad de tener una gigantesca máquina a la que le veneran y hasta le crearon una fecha: el día de la libertad de prensa.

A lo mucho, son dueños de su libertad de censurar lo que no les parece conveniente.

Son dueños de los medios de producción (la prensa, el papel, las tintas, las computadoras, las impresoras, las conexiones eléctricas y electrónicas, el edificio, sus esclavos periodistas, la infraestructura), pero nunca han sido, son ni serán los dueños de mis puntos de vista, de mis conceptos, de mi forma de ver la vida, de mis deseos de llegar a vivir en un país justo, de no contemplar sus riquezas (que, además, las exhiben con arrogancia), sino de competir con ellos, aunque sea en circunstancias difíciles y desiguales.

Yo tengo un arma: el internet. Un medio alternativo que puede causarles escozor. Y que puede competir directamente con ellos.

Tengo mi cuenta de Twitter @rd_bui. Tengo mi blog rubendariobuitron.com. Tengo mi fanpage @RDBuitron. Y he abierto un portal para formar y capacitar y mantener actualizados a los periodistas -que es lo que deberían hacer los dueños de los medios de producción- que se llama loscronistas.net

Los medios digitales son baratos, muy baratos, y a través de ellos periodistas podemos comunicarnos, podemos comunicar, podemos decir con plena libertad lo que pensamos -siempre con respeto a la dignidad de los otros-, podemos publicar muchos textos y escritos que nunca aparecerían en los medios de los dueños de los medios.

Y de allí están naciendo los ciudadanos mediáticos. Los que ya tienen posibilidad de discertir entre la trampa y la verdad, entre la ética y la antiética, entre lo real y lo falso, entre las medias verdades y las medias mentiras.

Los dueños de los medios creen que tienen el poder. Pero no lo tienen.

Es más, hace rato que lo han ido perdiendo y no porque ningún gobierno se los haya quitado, sino porque se lo quitaron ellos mismos al configurar en su imaginación la idea de que el país, la sociedad, la política y la economía podía controlarse desde sus titulares y sus editoriales. Y la gente va dejando de creerles.

Y aunque pudieran recuperar su calidad de titiriteros de los gobiernos de turno, como casi siempre lo hicieron, nunca más podrán competir con las redes sociales, con el Twitter, con el Facebook, con el Fanpage, con los portales.

Ahí estamos nosotros, los del otro lado, los que vivimos y vimos tantas atrocidades y tantas mentiras, tanto poder y tanto ego, tanta vanidad y tanta soberbia, tanto dinero en manos de ellos y tan poco en manos de quienes los enriquecimos por muchos años.

Ya es hora de que entiendan que ser dueño de los medios no es ser dueño de los medios de comunicación, porque la comunicación y la información van muchísimo más allá de sus alcances, incluso de su comprensión, incluso de sus arbitrariedades, incluso de su propotencia para sacar a la gente que les es incómoda.

El mundo cambia, señores dueños de los medios. Y un día, pronto, sus medios se esfumarán. Y ya no serán ni siquiera dueños de los medios. No serán dueños de nada.

Los conceptos, las ideas, la filosofía, la información, la comunicación masiva. Nada les pertenece y no les pertenecerá.

No crean que esto durará muchos años más.

Como en cualquier aspecto de la vida, tendrán que rendir cuentas. Y, puedo asegurarles, que el juzgamiento no será positivo para ustedes.

Ya lo dijo el maestro del periodismo Rizjard Kapuscinski: “Cuando los ricos se dieron cuenta de que difundir noticias era un buen negocio, lo convirtieron en otra vil forma de acumular dinero, no de servir a la gente”.

Buenas noches, señores dueños de los medios.

Los saludo, pero sin ninguna reverencia ni admiración a sus ancestros ni a los retratos de sus fundadores, porque pocos saben cómo obtuvieron su fortuna.

¿Qué tipo de periodismo necesita el país?

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Una sociedad democrática demanda un periodismo equilibrado, justo, veraz, producido con calidad y brillantez.
Y a todos los ciudadanos nos compete exigir que ese periodismo se instale en los medios de comunicación privados y públicos.
Una sociedad democrática requiere medios que indaguen, investiguen, cuestionen, critiquen o respalden al Gobierno, según sea el hecho.
Medios que ayuden a gobernar con informaciones veraces y opiniones sustentadas y argumentadas que sean luces, que sean faros, que sean linternas, no obstáculos ni piedras ni trampas en el camino.
Medios que respeten las diferencias y diversidades étnico-raciales, que acepten, divulguen y promuevan las distintas tradicionales y culturas de los pueblos, las sensibilidades, las preferencias sexuales, religiosas, ideológicas.
Medios que tengan el don de lograr que nos conozcamos entre nosotros.
Medios que muestren a la nación entera en su pluralidad, en sus diferencias, en sus disensos.
Pero todo eso en un contexto, en un ámbito, en un entorno en donde no existan los abusos.
Donde la libertad de prensa no sea, en el fondo, libertad de empresa y donde la libertad de expresión no implique excesos flagrantes en contra de cualquier persona o institución.
Donde no se calumnie, no se mienta, no se convierta en noticia un rumor, no se inflen los hechos para ganar rating o compra de ejemplares o para resolver disputas personales o ideológicas.
Como dice el catedrático argentino Daniel Dessein, coautor del libro “Reinventar la Argentina” (con el maestro Tomás Eloy Martínez), “la industria periodística –nostálgica por el protagonismo del pasado, presa del vértigo de la actualidad y propensa a la generación de pronósticos lúgubres sobre su destino-, debe repensarse a sí misma si pretende mejorar sus perspectivas”.
En el Ecuador también se trata de eso.
De que los medios que existen, aunque sus dueños y sus políticas editoriales estén apuntalados sobre la base de no simpatizar con el Gobierno, hagan un periodismo que informe los hechos concretos, sin torcerlos ni distorsionarlos, y cuiden especulaciones en los espacios de análisis y opinión. Datos, sí. Adjetivos, no.
Una sociedad democrática siempre necesita y necesitará de la más amplia pluralidad de medios, cada uno con sus estilos de contar los hechos y sus maneras de hacer información y opinión.
Una sociedad democrática siempre necesita y necesitará que los ciudadanos, a través de los medios, le digan, con argumentos y hechos, que algo anda mal, pero que lo digan con pruebas contundentes, con documentos, con investigaciones responsables.
Una sociedad democrática siempre necesita y necesitará una prensa madura, serena, profunda, que apunte a parámetros de excelencia y que, a su vez, contribuya a que el gobierno, cualquiera sea su tendencia política, también se proponga y alcance, en beneficio de todos, parámetros de excelencia.
En el libro Nuevos desafíos del periodismo, Ricardo Kirschbaum, presidente de la Global Editors Network (GEN) y editor general del diario Clarín, de Buenos Aires, afirma que cuando hay visiones periodísticas en pugna, como ocurre hoy en América Latina, “no esperen de nosotros una cultura de la resignación. Eso implicaría abandonar a los lectores pero, antes que nada, no poder enfrentarnos al espejo. Esperen sí, de nosotros, un trabajo cotidiano que no tiene adversarios sino compromisos: una sociedad en la que circule toda la información, todas las versiones, todas las ideas”.
Si la palabra de Kirschbaum es sincera, que así sea.
Y que los editores generales de los medios en Ecuador la recojan con la misma sinceridad.
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Fotoilustración de Kirsty Mitchell

¿Enamorarse del periodismo o de la empresa de comunicación?

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Rubén Darío Buitrón

Un viejo zorro del periodismo me enseñó que uno debe enamorarse del oficio, pero jamás del medio de comunicación donde trabaja.

Y lo explicaba así: “Tu pasión por el oficio y tu vocación tienen que ser los amores de tu vida profesional, pero no de la empresa donde trabajas, porque nadie, ni tú, sabes dónde estarás mañana. Por esos amores tienes que jugarte porque esa pasión y esa certeza son una certeza consistente cuando realmente está enamorado del periodismo.

Entendí que teóricamente decirlo era fácil. Él trabajaba para un medio importante pero nunca se creyó el cuento de que la empresa “es una familia” o que “hay que ponerse la camiseta por la compañía”.

Sin embargo, en la cotidianidad, en el trabajo diario, no es tan fácil la decisión. Primero, porque me parece que lo uno no choca con lo otro: yo sí soy orgulloso de donde he trabajado, aunque ahora (ahora, no antes) le digan “prensa corrupta” (muchas veces con razón).

A diferencia del amor del pareja, en el periodismo llegas a enamorarte del oficio pero, por el orgullo que sientes cuando el medio hace un trabajo de calidad o tú mismo publicas algo de excelencia, sí llegas a sentir un fuerte sentimiento de pertenencia que, al final, puedo decir con entera certidumbre que es una ingenuidad.

Los primeros meses o años no te das cuenta. Defiendes a muerte tu trabajo, tus temas, el esfuerzo de tus compañeros, tu gente, el producto periodístico que ayudas a parir todos los días, y lo haces con más entusiasmo y pasión porque la línea periodística del medio (esto e raro) coincide con la tuya.

Pero un día te dices que no, que a tal persona o funcionario o autoridad no puedes tocarla porque es la que pone el mayor porcentaje de publicidad. O que no pongas a tal otra persona o funcionaria o que minimices lo que hace porque “no con la nueva línea editorial del medio”.

Y entonces recuerda al viejo zorro, mentalmente le das la razón, alzas la frente con dignidad y te vas para siempre mientras te recuerdan que nunca te integraste del todo a “la familia” y hasta te piden que devuelvas la camiseta.

 

 

El periodista sumiso

Man in Tuxedo with Panama Hat

Rubén Darío Buitrón

Siempre he tenido sospechas de aquellos periodistas que cuando entrevistan mueven la cabeza haciendo la venia, asintiendo, como si estuvieran de acuerdo con todo lo que les dice el personaje que tienen al frente.

En algunos casos puede ser una manía, un tic adquirido por los años, pero aun así es preocupante: los gestos hablan de un periodista sumiso, no de uno dispuesto a luchar por conseguir la mejor información con el rigor, la entereza, la frontalidad y la contextualización.

Porque ese es nuestro trabajo: cuando hablamos con un político, con un candidato, con un funcionario, con un analista, con un experto, con alguien que, se supone, tiene información relevante para la sociedad o para el país, es esencial que nuestra actitud sea horizontal.

Horizontal en el sentido de mirarlo a los ojos. De preguntar con argumentos. De repreguntar hasta conseguir lo que se busca. De formular preguntas documentadas. De contextualizar cada tema y cada subtema. De no permitir que sea el entrevistado quien saque provecho de su presencia en el medio. De ponerlo contra la pared, si es necesario, hasta que diga lo que el periodista, en función del interés general, tiene la obligación de lograr.

El periodista no puede ni debe asentir y, peor, pronunciar palabras como “claro”, “por supuesto”, “ajá”, “sí”…

Si bien la mejor entrevista es la que se convierte en una conversación entre dos personas que conocen los temas que se tratan, la clave está en el intercambio de conceptos, de razones. La clave está en no permitir al entrevistado que se escape con información que se pudo y que, por obligación profesional, se debió obtener.

El periodista no puede olvidar, porque de lo contrario pierde la confianza de su público, que cada vez más los ciudadanos van entendiendo que el único modo de que una sociedad se desarrolle es sintiendo que existe transparencia no solamente de los representantes del Estado o del Gobierno o de otro tipo de poderes fácticos, pero también transparencia del periodismo.

Es imperativo entender que los ciudadanos ejercen una función de control social y que depende de nosotros, los comunicadores e informadores, que una idea política, económica, social o comunitaria puede ser socialmente aceptada o rechazada según la manera en que la presentemos a las audiencias, pero está muy claro que conseguirlo requiere del periodista una actitud decidida, un estado mental lúcido y claro, un modo de preguntar respetuoso pero sin concesiones.

Y un asunto esencial: si el periodista X no consigue la información que busca en el entrevistado, téngalo por seguro que otro periodista la obtendrá.

Si este periodista (llamémosle Y) alcanza a captar todos los datos que son imprescindibles y los difunde, su colega X está perdido: ha sido derrotado en la batalla por contar con la noticia que el público exige.

En el Ecuador se necesita cambiar el chip de muchos entrevistadores, en especial de radio y de televisión.

El chip de aquellos que asienten y hasta se muestran de acuerdo, sonrientes y compasivos, con lo que dice el personaje que  tienen al frente porque no se prepararon lo suficiente para una de las estrategias clave del frente a frente: la contrastación.

Contrastación que se complementa con el estudio previo del caso que se trata con el entrevistado, con la investigación de los datos que se quieren ratificar o rectificar, con la acertada navegación en los hechos anteriores y la visión de las posibles consecuencias.

Con las herramientas digitales contemporáneas que cuenta el periodismo, dice Noelle-Neumann, “nada se puede esconder para siempre y nadie puede escapar para siempre”.

La TV ecuatoriana, políticamente obsoleta

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Por Rubén Darío Buitrón

LA TV, POLÍTICAMENTE OBSOLETA (I)

Los medios, privados y no privados (porque no existen los públicos en el Ecuador, sino los gubernamentales), tienen un vicio contradictorio: a pesar de que entre ellos se dicen “la competencia”, tienen una vocación de manada que no la pueden disimular. Ahora que estamos a las puertas de las elecciones presidenciales y legislativas en el Ecuador, todos han decidido hacer programas para invitar a los candidatos en formatos similares: preguntas convencionales, respuestas convencionales, invitados  convencionales.

LA TV, POLÍTICAMENTE OBSOLETA (II)

En los canales de televisión nacionales y locales todos repiten, con ligeras variaciones, la estructura que venimos mirando hace decenas de años cada  vez que se avecinan los comicios. Las cadenas de TV promocionan no a los candidatos, sino a sus estrellas, a lo que llaman, con sobra de insensatez, sus “talentos de pantalla”. Quizás en sus planificaciones previeron, ahora que está de moda, averiguar qué quiere saber la gente común, pero de ahí no pasan. Lo máximo que hacen es poner pequeños videos con preguntas preseleccionadas.

LA TV, POLÍTICAMENTE OBSOLETA (III)

Los programas políticos en la televisión adolecen de una pobreza conceptual, sociológica, educativa y orientadora que se vuelven un espectáculo más de los tantos que circulan por la pantalla: programas de farándula, de cocina, de salud, telenovelas con guiones que dan la vuelta a las historias que desde hace 40 años nos cuentan los brasileños, los mexicanos y los venezolanos, los previsibles noticieros paracializados y los burdos espacios mal llamados de “humor popular”que caen en el ridículo. Por eso se llaman “telebasura”.

LA TV, POLÍTICAMENTE OBSOLETA (IV)

En el Ecuador, a nadie se le ocurre cambiar los esquemas. Nadie arriesga dar un paso que podría tener riesgos pero que, si salen bien las cosas, instalaría a la cadena de TV a la cabeza de las demás que, por supuesto, de inmediato empezarán a imitarla. Los dueños de los canales de televisión pretenden obtener ganancias económicas (y recuperar el poder político que han perdido en los últimos años), pero no más. No piensan en los televidentes. No piensan en la gente común. No piensan en el país. Ni siquiera en que su propia obsolencia les está quitando rating o mercado, como les gusta hablar.

Los peligros de la propaganda política para la democracia

En Mein Kampf, Hitler argumentaba que la propaganda efectiva apela a “los sentimientos de la audiencia más que a su capacidad de razonamiento”; se basa en “fórmulas estereotipadas” que se repiten una y otra vez para meterles esas ideas en la cabeza a las masas, y usa fórmulas sencillas de “amor u odio, bien o mal” para atacar al enemigo, mientras se hace referencia a argumentos “unilaterales e intencionalmente sesgados”.

Aunque por lo general la propaganda se ha asociado con regímenes totalitarios como la Alemania Nazi y la Unión Soviética, el académico Jason Stanley, profesor de filosofía en la Universidad de Yale, nos recuerda en su último libro que la propaganda también puede ser un verdadero peligro para las democracias.

El tema no podía ser más relevante en la actualidad, dada la proliferación de noticias falsas y la desinformación en la red, la existencia de un público con un apetito voraz de escándalo y entretenimiento, los medios de comunicación obsesionados con los ratings y los clics, los rusos inmiscuidos en la campaña presidencial estadounidense de 2016 y un presidente electo que ha avivado los temores y el resentimiento de quienes lo apoyan y que, además, cambia repentinamente de opinión y siembra confusión con sus tuits.

En la reciente edición de bolsillo de How Propaganda Works, Stanley analiza la propaganda moderna: su operación, técnicas y efectos colaterales.

Stanley comienza por darnos una definición de propaganda que va más allá de las descripciones del diccionario que dicen que es información sesgada o engañosa que se usa para promover una causa política o un punto de vista.

El autor nos dice que la propaganda es una parte característica del mecanismo mediante el cual se engaña a la gente respecto de cómo puede hacer realidad sus metas y en consecuencia se le impide ver qué es lo mejor.

Esto se logra a través de medios probados con el tiempo, al apelar a las emociones de tal forma que el debate racional se haga de lado o haga cortocircuito; al promocionar una dinámica de nuestra gente/intrusos que contamine la conversación más amplia con estereotipos negativos de grupos minoritarios y al erosionar las normas comunitarias de “lo razonable” para profundizar en “normas de respeto mutuo y responsabilidad mutua”.

En una columna de opinión que publicó en The New York Times justo antes de la elección presidencial de este año, Stanley escribió que “Trump se ha dedicado a tácticas retóricas sin precedentes en la historia electoral reciente de Estados Unidos.
Repetidamente respaldó argumentos que eran falsos de manera evidente” e hizo muchos “comentarios extravagantes, retractaciones, retractaciones a medias y emitió declaraciones rotundamente falsas”, y en el proceso promovió intencionalmente una imagen distópica (y distorsionada) de Estados Unidos como un país disfuncional que sufre los efectos de la violencia y el crimen, y que necesitaba de él para restaurar la ley y el orden.
Denunciar a Trump por “ser un mentiroso”, argumentó Stanley, “es no entender del todo lo que es la propaganda autoritaria. Los propagandistas autoritarios están tratando de transmitir poder al definir la realidad. La realidad que ofrecen es muy sencilla, y se ofrece con el objetivo de cambiar el sistema de valores de los electores por el sistema de valores autoritarios del líder”.

En este libro (que se publicó originalmente en pasta dura en 2015), Stanley no lidia directamente con la retórica de Trump ni con el lugar que ocuparon las “noticias falsas” en la elección de 2016.

No obstante, este libro sí nos da información útil de los peligros de la propaganda y de su dependencia de hechos tergiversados, argumentos falsos y reduccionistas e historias maniqueas.

El autor observa que el discurso demagógico en las democracias suele usar un lenguaje que parece apoyar ideales democráticos (libertad, igualdad y razón objetiva) “a fin de socavar esos ideales”.

Stanley señala que la propaganda suele generar miedos que muy probablemente limitan el debate racional, por ejemplo, al “vincular a Saddam Hussein con el terrorismo internacional” después del 11 de septiembre, y que podría aprovecharse de prejuicios más profundos hacia grupos religiosos o étnicos para socavar nuestra “capacidad de sentir empatía hacia ellos”.

En una sección sobre lenguaje despectivo, Stanley escribe que “los insultos comunes hacia los grupos étnicos son demasiado fáciles de reconocer como tales para incluirse en el debate político en una democracia liberal” (aunque “a medida que una democracia liberal se rompe, como sucede en la Hungría de nuestros días”, añade, “los insultos explícitos se vuelven más aceptables”).

Al mismo tiempo, “palabras aparentemente inocentes” o expresiones como bienestar, ética laboral, inmigrante ilegal, pueden adoptar connotaciones negativas a medida que “se acompañan, mediante un mecanismo de asociación repetida, de imágenes o estereotipos problemáticos”.

Los estereotipos son herramientas poderosas para los propagandistas y demagogos porque proveen, en palabras de Stanley, “guiones sociales que nos guían por el mundo, le dan sentido y legitiman nuestras acciones en él”.

Afectan “la información que adquirimos a través de la percepción” y se resisten a la revisión (mediante la presentación de hechos contradictorios o argumentos lógicos) porque están emocionalmente “conectados con nuestra identidad” y ayudan a legitimar creencias que se tenían previamente.

Es por ello que la propaganda —que nos da una arquitectura narrativa sencilla, conveniente y aparentemente coherente para procesar acontecimientos— se desarrolla en un entorno polarizado donde la verdad se considera realista y los hechos son intercambiables.

Así es como la propaganda que distorsiona la realidad debilita la deliberación razonada, que es tan esencial en la democracia.

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Tomado de The New York Times

La publicidad electoral: regale una limosnita, por favor…

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Rubén Darío Buitrón *

UNA LIMOSNITA, POR FAVOR (I)

Una de las asesoras de comunicación de un candidato (póngale cualquier nombre) a las elecciones presidenciales y legislativas del próximo 19 de febrero toma el teléfono, marca y pide a la persona que responde al otro lado de la línea hablar con el director y, casi siempre, dueño de la radiodifusora. Ella, muy amable y tratando de ser lo más profesional, le solicita al director/dueño de la estación un espacio en alguno de sus programas informativos para que el candidato sea entrevistado por los locutores y exponga su plan de trabajo.

UNA LIMOSNITA, POR FAVOR (II)

La asesora de comunicación termina de hablar y escucha un misterioso silencio de fracciones de segundo. El director/dueño de la estación radial le responde con una voz en tono tajante, ríspido, duro y le pregunta: ¿Su candidato ha pautado publicidad electoral en mi radio? Ella le responde, con sinceridad, que no, porque los recursos económicos que maneja la campaña no les ha permitido, lamentablemente, poner cuñas en todas las estaciones y distribuir los fondos a la mayor cantidad de medios.

UNA LIMOSNITA, POR FAVOR (III)

La asesora de comunicación mira de reojo a sus compañeras y trata de explicarle al director-dueño que vivimos en un país democrático -al menos, eso dicen- y que, por tanto, todos los candidatos, pauten o no pauten publicidad electoral en uno u otro medio de (in) comunicación, tienen derecho a que se les entreviste y que todas las radios, canales de televisión, periódicos, revistas y portales web están en la obligación de ser plurales, equilibrados, objetivos, imparciales y otros etcéteras.

UNA LIMOSNITA, POR FAVOR (IV)

La asesora cierra el teléfono. Su rostro expresa una mezcla de sentimientos y sensaciones: frustración, impotencia, rabia, indignación, orfandad… No hay a qué institución quejarse. ¿Al Consejo Nacional Electoral? ¿Para qué, si la respuesta es absolutamente previsible, pues fue el mismo Consejo el que puso las reglas, los montos, las restricciones y generó estos desencuentros entre quienes trabajan por la democracia y quienes a cambio de “conceder espacios” piden una limosnita, sin un ápice de ética ni moral periodísticas?

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*La fotografía de este post solamente es representativa e ilustrativa. No tiene ninguna relación con el caso denunciado.

Ecuador 2017, la hora de la investigación periodística y del “baño de verdad”

Rubén Darío Buitrón

La urgencia de investigar (I)

Puede ser, como han dicho las más altas autoridades del gobierno, que sea una estrategia geopolítica para manchar el nombre de nuestros mandatarios el anuncio de la secretaría de Justicia de los Estados Unidos sobre el caso Odebrechet, una gigantesca compañía constructora brasileña cuyo presidente, Marcelo Odebrecht, se encuentra preso en el país del norte acusado por tráfico de influencias.

La urgencia de investigar (II)

Pero, a diferencia de la ceguera de ciertos fanáticos que prefieren cerrar los ojos, puede ser que sí existan altos funcionarios gubernamentales en el caso de las coimas de Odebrecht para conseguir grandes contratos en el Ecuador. ¿Por qué no? En el caso Petroecuador tomaron preso a uno y dejaron escapar a otro para saber que sí era cierto. Así que no es tan fácil como dijo el fiscal Chiriboga a los asambleístas: “Ya tenemos la mitad del caso resuelto: el corruptor es Odebrecht”.

La urgencia de investigar (III)

A menos de 40 días para las elecciones presidenciales en el Ecuador, las dos tesis son posibles. Una, que el Departamento de Estado de los Estados Unidos esté planeando un “golpe blando” para seguir -en su lenguaje- limpiando de gobiernos progresistas a América Latina mientras sostiene a los regímenes más neoliberales de las últimas décadas, como el de México y el de Argentina.

La urgencia de investigar (IV)

Por eso la urgencia de investigar. Y mientras más organismos públicos y privados lo hagan, eso sí con responsabilidad ética y profesional, mejor. Como se ha dicho siempre por parte de los demagogos que nos han gobernado desde 1830, “el país necesita un baño de verdad”. Los ciudadanos exigimos y demandamos conocer toda la verdad, no solo una parte. Exigimos y demandamos que no se cubra ni esconda a nadie. Pase lo que pase. Y caiga quien caiga. De lo contrario, los ciudadanos actuarán por sí mismos.